Infierno Desatado

Capítulo 2: Segunda Oportunidad


—Guren…eres un idiota…

—Ya lo sé.

Había llevado a Yuu a la habitación de Shinoa, sin saber que más hacer. La había despertado de tanto golpear la puerta de su balcón y luego de un rato ella la había abierto para dejarlo pasar. Bien pudo llevar a Yuu al curandero, pero sabía que no lo ayudarían siendo él un Vampiro. Así que su única opción era ir con Shinoa a pesar de que ella le estaría recordando su error una y otra vez.

Guren lo colocó sobre la cama de Shinoa, apartando las sábanas y dejándolo reposar mientras presionaba la herida abierta de su vientre. Shinoa buscó entre sus cosas, algún vendaje o camiseta que pudiera ser el reemplazo del vendaje, pero mientras más rebuscaba, menos esperanza tenía de encontrar algo. Se conocía a sí misma: Nunca guardaría cosas así en su habitación.

—T-Tengo que ir a la enfermería —anunció ella—. Aquí no tengo nada que nos pueda servir.

—Si todo está allá, entonces llevémoslo —dijo Guren—. No hay nadie a estas horas, ¿o sí?

—N-No lo sé —dijo Shinoa mirando a todos lados—. Se supone que todos estamos dormidos.

—Entonces vamos —dijo Guren levantando a Yuu en sus brazos de nuevo—. Antes de que El Cosechador venga por este tipo.

Shinoa rodó los ojos.

— ¿De verdad aún crees ese cuento de niños malos?

Guren no le respondió. Shinoa abrió la puerta de su habitación y echó un vistazo al pasillo. Cuando confirmó que no había nadie, le dijo a Guren que la siguiera. Caminaron silenciosamente por los pasillos del castillo, hasta llegar a la enfermería, que era una puerta blanca que estaba cerrada. Shinoa intentó abrirla pero resultó inútil.

—Genial —murmuró disgustada.

—Hazlo más fuerte.

Shinoa intentó girar la cerradura con ambas manos, pero mientras más segundos pasaban, más le resultaba inútil su esfuerzo.

—No creo que esta cosa c-

Fue interrumpida debido a que la puerta se abrió súbitamente. Guren dio un suspiro de exasperación y entró a la enfermería, caminando a un lado de Shinoa, que ahora estaba tirada en el suelo. Dejó a Yuu sobre una camilla y luego miró a los alrededores en busca de alcohol y vendas.

—Vaya, parece que alguien ya no saluda.

Se detuvo en seco y giró la cabeza para encontrarse con un conocido muchacho. Estaba sentado sobre una camilla y su espalda apoyada en la pared. Su mirada azul estaba un poco opaca, su cabello platinado estaba enmarañado, en su rostro fino tenía heridas y rasguños. Sostenía su escopeta cerca de su brazo mientras respiraba con dificultad.

Parecía que venía de una pelea.

— ¿Shinya? —Dijo Guren.

— ¿Qué tal…? —Trató de sonreír—. Ya llevaba tiempo sin saber de ti.

Shinoa se levantó del suelo, miró a Shinya y se cubrió la boca mientras se acercaba a él con expresión preocupada.

—Shinya…

—Estoy bien, Shinoa —dijo Shinya—. Solamente fui un poco descuidado.

—Cierra la puerta, Guren.

Guren cerró la puerta dándole una patada.

—Qué fino —se burló Shinya.

Shinya dirigió su mirada al chico que estaba agonizando en otra camilla. Apenas podía respirar y llevaba una gran herida en el vientre. Lo recordaba: El Vampiro de hace un rato, el que había decidido salvar porque los demás lo llamaron "traidor". No le sorprendía que lo hayan llamado así si estaba aquí en este momento. Pero no comprendía algo… ¿Por qué estaba herido? Si lo vio irse en un estado saludable. Pero no quería que Shinoa y Guren lo involucraran en algo como esto. No, señor, preferiría callar ahora.

—Ayúdame, Guren.

Shinoa se acercó a Yuu luego de haber dado con las vendas y el alcohol. Guren alargó su mano a un estante donde había agujas e hilo. Las cogió y se las mostró a Shinoa. Ella comprendió al instante.

Le tomó algo de tiempo coser toda la herida apropiadamente. Guren le dio a Shinya vendas y alcohol para que se curara él solo, mientras el peliblanco solo veía como Shinoa se esforzaba tanto en salvarle la vida al Vampiro.

—Creo que ya está…

Guren se acercó a Shinoa y echó un vistazo a su trabajo. La sangre alrededor de la herida cerrada de Yuu le molestaba, especialmente porque era su culpa. Las manos de Shinoa también estaban empapadas de sangre del Vampiro. Guren apretó la boca y pensó que si no hubiese sido por él, esto no hubiera pasado. Se sentía fatal.

Por otro lado, ahora veía a Yuu respirar con mayor regularidad. Shinoa parecía aliviada de cierta manera.

— ¿Qué haremos ahora? —Preguntó Shinoa—. No puedo mantenerlo en mi habitación.

—Mi casa…—dijo Guren—. Puedo llevarlo a mi casa.

— ¿Estás seguro?

—Eso creo…

—Entonces está bien.

Shinya, luego de haberse curado, se levantó de su lugar y puso a su escopeta en su hombro con cuidado. Shinoa y Guren lo observaron un momento, pero luego Guren apartó la vista. Shinoa se mordió el labio inferior, pensando que quizás Shinya fuera a delatarla, pero el peliblanco simplemente dejó escapar un pequeño suspiro y se dirigió a la salida sin decir nada. Le pareció extraño, pero no dijo nada. Tenía la corazonada que su hermano adoptivo no diría nada al respecto.

—Lo llevaré.

Guren volvió a cargar a Yuu con cuidado. Shinoa alargó una mano pero luego la regresó a su lugar, claramente nerviosa.

— ¿Puedo ir contigo?

Guren la miró divertido.

—A Kureto no le gustará si no te ve por la mañana. Mejor no te metas en problemas, Shinoa.

—Pero Yuu…

—Estará bien —la tranquilizó—. Pero mañana temprano, antes de que él despierte, me gustaría que estuvieras en mi casa —dijo con seriedad—. Hay que hablar sobre esto. Fue tu idea.

—Sí, sí —agitó su mano frente a él—. Allí estaré.

"..."

La noche, para Guren, fue extraña. No había podido dormir mucho debido a que el vampiro pudiera despertar y matarlo o algo por el estilo. No tenía toda la certeza de que no pudiera herirlo luego de que él le hubiera enterrado su katana en las entrañas.

Fui un estúpido, se reprendió a sí mismo.

Ya eran cerca de las siete de la mañana y Shinoa aún no había aparecido. El vampiro estaba sobre su cama, respirando con normalidad, pero no gracias a él. Había dormido parte de la noche en el suelo, porque el resto de la noche se la pasó vigilándolo mientras movía sus dedos con nerviosismo. Para su propia seguridad, su katana estaba cerca de él, aún con manchas de sangre de la noche anterior.

No había tenido el valor de tocar el filo que desgarró las entrañas del vampiro.

Escuchó un gruñido. Se fijó en Yuu, que parecía estar despertando. El sol le pegó en la cara. No le sorprendió que no le afectara, pues según sabía, conforme el tiempo iba pasando, estos vampiros se habían hecho invulnerables al sol, diurnos, aún más peligrosos. Yuu se cubrió el rostro con ambas manos y se dio una vuelta en la cama. A Guren le pareció chistoso porque afuera, él parecía un guerrero sin piedad, y en este momento, un pequeño niño que no quería levantarse.

—Ferid, Ferid…no lo hagas…—murmuró entre sueños—. No vayas…

A Guren se le hizo conocido el nombre "Ferid", pero le restó importancia cuando Yuu se incorporó de golpe y se toqueteó todo el cuerpo con un rostro preocupado. Aún no había visto a Guren.

—Ah, un sueño…—murmuró en voz baja.

—Yuu.

Finalmente decidió llamarlo. El joven vampiro lo observó, sorprendido y un poco enojado, recordando lo que había sucedido anoche.

—Antes de que digas algo…—dijo Guren alzando una mano—. ¿De verdad has venido por lo que dijo Shinoa?

— ¿Quién es Shinoa? —Torció el gesto.

—Shinoa es la princesa —aclaró Guren, un poco molesto por la ignorancia de Yuu—. ¿Cómo no vas a saber su nombre?

—El título vale más que el nombre —aseguró el pelinegro—. Pero, respondiendo a tu pregunta, sí, he venido por lo que me dijo la princesa.

—Entonces está bien —sonrió Guren.

— ¿Qué está bien?

—Lo que me acabas de decir. Parece que alguien se ha ganado su segunda oportunidad, Yuu.

Yuu tragó saliva cuando lo vio levantarse del suelo y dirigirse hacia él a paso lento. El vampiro, entre asustado y confundido, se apoyó contra la pared que estaba al lado de la cama. Guren se quedó frente a la cama, mirándolo de forma extraña, pero luego sonrió ampliamente, como si le acabaran de decir algo sumamente gracioso.

— ¡Demonios, cómo te extrañé!

Con una vieja familiaridad, Guren lo abrazó, envolviéndolo entre sus amigables brazos que Yuu encontró reconfortantes y cálidos. Se sentía bienvenido en el mundo de los humanos gracias a Guren y la princesa Shinoa. Por alguna razón, sintió lágrimas resbalar por sus mejillas mientras correspondía al abrazo de su viejo amigo.

—Nunca vuelvas a traicionarme —le pidió Guren cerca de su oído—. O sino, en serio, te mataré.

—Y si vuelvo a traicionarte…no pondré resistencia a tu voluntad.

Se escuchó el golpeteo de la puerta, pero ninguno de los dos escuchaba nada por la emoción de volver a ser amigos. Luego de unos momentos, la puerta se abrió, y un joven de cabello castaño entró en silencio.

—Guren, la princesa Shinoa me ha dicho que…

Yuu y Guren lo miraron, sorprendidos, y el muchacho también se sorprendió. Dio un traspié y se apoyó en la pared, demasiado asustado para reaccionar. Los chicos fueron conscientes en qué posición estaban. Guren se separó de Yuu, algo avergonzado y Yuu solamente se acomodó las ropas y vendas.

—Y-Yoichi —dijo Guren—. ¿Q-Qué haces aquí tan temprano?

—A-Ah…—dijo el castaño—. S-Shinoa me dijo que viniera aquí temprano…

— ¿Para qué?

Yoichi miró a Yuu un segundo, que tenía el rostro un poco somnoliento y las mejillas húmedas con los ojos rojos. Reconoció que era un vampiro. Pero temía más por la seguridad de Guren, aunque sí se le hizo raro que se estuvieran abrazando antes.

Iba a responderle, pero la puerta se volvió a abrir. Shinoa apareció vistiendo ropa normal, sin su vestido. A Yuu se le iluminó el rostro al verla, porque había ansiado hablar con ella desde anoche. Debían aclarar ciertas cosas.

—Oh, hola —sonrió ella—. Bueno, ya que todos estamos reunidos…Que empiece la reunión.


¡Gracias por leer!

By: Dazo :p