Hola mis queridos súbditos muajajaja, Okno. hola mis lectores, acá traigo el siguiente cap de este nuevo fic y de este viejo escritor, espero les agrade.
Por cierto, este sera el penúltimo capitulo que profundizara en el pasado del personaje. Los siguientes responderán mas incógnitas, espero que no canse tanto el ver la historia de este tipo, sin mas que decir.
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Anonimol,fuera.
Segunda estación: Siempre frio
Ha decir verdad, la época en la que viví con mi familia es algo a lo que solía recurrir muy a menudo. Debo decir que no fue una época del todo feliz. Ya que aunque yo era un joven preadolescente llegue a entender a mi familia. El verlos reír y festejar junto a mí era algo que me daba una tranquilidad y un calor interno tan grande en mi corazón que dicha calidez pensé que nunca desaparecería.
Mi padre era un hombre de mente abierta siempre lo vi como un ejemplo a seguir. Siempre con una sonrisa en la cara aun en sus trabajos pesados, siempre apoyando a quien lo necesitara. Lo quería mucho en realidad pues él me enseño cosas importantes en mi vida. Desde cosas simples como ir en una bicicleta así como también a ser responsable en mis tareas del hogar sin buscar un premio a cambio.
Mi madre por otro lado. Bueno ella era la mayoría del tiempo alguien de carácter fuerte. Recuerdo una vez de niño que ella detuvo a unos tipos problemáticos que planeaban hacer desastres en la entrada de nuestro hogar. Sola y armada con solo una sartén los echo a todos como si fueran unos simples animales. Fue por ese carácter que tenía ella que me enseño que debía ser fuerte en situaciones difíciles, cosa en la que yo no era realmente bueno.
Pero no fue solo eso lo que me enseño mi madre. El cariño que ella me daba a mí y a mi hermano me hizo entender que así como alguien puede parecer duro como una roca, eso no significaba que no pueda ser amable con los demás.
Y claro, ¿cómo olvidar a mi pequeño hermano?, yo le llevaba tres años de diferencia y aun así el me enseño más cosas de las que yo a él o por lo menos eso creo yo.
Él era inocente pero no por eso se dejaba engañar de cualquiera, si el caso lo ameritaba él se ponía en frente de personas y les hablaba con un carácter fuerte si estas le estaban mintiendo. Sinceramente jamás supe como sabía que lo estaban engañando.
Vaya hermanito me había salido, era difícil de tratar pues cuando yo mentía para ocultar alguna jugarreta mía él se daba cuenta y le avisaba a mis padres o en algunos casos me chantajeaba. Aun con eso debo admitir que lo quiera tanto como mi corazón me lo permitía.
Gracias a una familia como esa fue que el afecto familiar se hizo tan fuerte en mí. Ellos eran las primeras personas que conocí en mi vida y eran los que más quería proteger sin importar que. Pero claro esto era la vida real y en esta vida no existen los "felices para siempre"
Años después, antes de que mi infancia terminara mis padres se separaron, eso había sido algo que cogió por sorpresa a mi hermano y a mí. Para mí en ese entonces no podía creer lo que pasaba. Me partía el corazón el ver a mi familia separarse.
Tal vez fue por esa misma razón y por el hecho de que mi hermano y yo aún éramos unos niños que mis padres decidieron no abandonar la casa, pues creían que era su deber el estar con nosotros juntos aun que ellos no lo quisieran. Eso me hizo feliz por un tiempo sin embargo las cosas no eran las mismas.
Mi madre se había vuelto alguien temperamental e infeliz mientras que mi padre se veía sin ganas de hacer cosas nuevas o creativas como solía hacerlo. Se sentía como si él estuviera en esa casa más que todo por un deber que por un placer, yo no fui el único que noto eso, mi hermano también lo noto. Eso me ponía triste y aun que mi hermano y yo solíamos ignorar eso y jugar como los niños que aun éramos, la realidad no podría ser ignorado para siempre.
Un tiempo después mi padre no aguanto más todo el estrés y aburrimiento que le daba el hogar. Así que un día en la madrugada vi como este en secreto salía de la puerta de la caza con una maleta en sus manos. Él se dio cuenta que lo estaba viendo y me miro. Me dio un abrazo y entre lágrimas, él se despidió. Creo que fue la primera y última vez que vi a mi padre llorar, aun así se veía tranquilo por irse de la casa y con su ida, la esperanza de que en algún momento ese calor familiar volvería a mi vida desapareció.
Ya nada fue lo mismo después de eso. Mi madre tenía que trabajar demasiado, por lo que mi hermano y yo tuvimos que ayudarla en lo que podíamos. Tuve que ser el nuevo hombre de la casa, así que hacia pequeños encargos con los vecinos del barrio para así conseguir un poco de dinero y ayudar a mi madre, era cansador pero yo quería que la cara de cansancio e infelicidad de mi madre ya no la tuviera en su rostro.
Crecí rápido entonces, poco a poco tenía más responsabilidades en la casa. Aun así yo me sentía feliz porque podría ayudar a mi madre a tener una vida más sencilla.
Cuando menos me di cuenta ya estaba acabando la secundaria y ya era alguien mayor, no me arrepiento de nada, eso lo puedo asegurar. Es cierto que no tenía la misma libertad que otros chicos en la escuela, aun así eso no me hacía infeliz además de que de vez en cuando podía salir con ellos a divertirme en mis tiempos libres, claro está que entre diversión y diversión descubrí la bebida. Algo que tuve que tomar con calma pues para ser joven tomaba sin considerar las consecuencias y eso era malo, aun que mis amigos se reían y me decían que era un barril sin fondo a la hora de beber.
Creo recordar que yo estaba satisfecho en esa época, mi madre estaba bien y mi hermano que aun que no tenía tantas responsabilidades como yo, parecía estar feliz de ayudar en la casa, claro no era el mismo calor que sentía cuando era más joven pero aun así era algo tranquilizante ver a mi pequeña familia algo más unida.
Ahora, sé que se preguntaran algo, ¿En qué momento de mi vida conocí aquella dichosa serie para niñas? Bueno, tal vez haya sido mi propia curiosidad o que el destino me atrajo a esto. Pero un día en mis tiempos libres encontré algo curioso en un sitio de internet, algo sobre una serie para niñas que muchos jóvenes y adultos varones la veían. Me extraño en un principio eso era obvio, pero ese día estaba algo cansado y quería ver algo mientras recobraba fuerzas, para mi sorpresa aquel show de caricatura que encontré esa tarde me pareció bastante entretenido e interesante, se podría decir que se volvió un tipo de hobby estar viéndolo cada vez que mi tiempo me lo permitía.
El tiempo tomo su curso y yo me gradué. Poco después mi hermano siguió mi camino sin embargo a diferencia mía, él estaba listo para ir a estudiar a una universidad, yo por otro lado había durado un tiempo indeciso sobre qué hacer. Quería hacer a mi madre feliz sin dudas, pero también quería hacer algo que me complaciera a mí mismo, esta inseguridad pronto se volvió incomodidad conforme pasaban los meses, de todas maneras podía relajarme de vez en cuando viendo aquel show de infantes o acompañando a mis amigos a bares, eso me quitaba de mis problemas.
Después de unos meses la incomodidad de no tener un estudio fijo paso a segundo plano y yo me concentre nada más en sostener mi hogar aun que me sentía aburrido, no pude evitar sentirme en un ciclo sin fin después de semanas así. Trate probando cosas nuevas para evitar esto.
Consiguiendo parejas era una forma, para mi suerte, yo era un tipo algo atractivo o por lo menos sobresaliente en la sociedad. así que conseguir pareja no fue tan difícil, ya había tenido parejas antes en mi tiempo de secundaria, pero jamás funciono, pues en mi mecánica vida jamás tuve el tiempo suficiente para ellas, aun así quería hacer una relación estable esta vez.
No demore en tener una pareja, una chica cerca de mi trabajo me comenzó a hablar, me parecía divertida y graciosa, y eso me hacía feliz. Pensé por un tiempo que ella sería la chica ideal para mi vida, más la verdad era otra pues conforme pasaban los días, semanas y meses, su sonrisa desapareció. Y al final ella me dejo, eso me había dejado devastado, lo único que me podía mantener con un objetivo era mi familia, sin embargo con mi hermano en la universidad, yo solo tenía que ocuparme de mi madre, cosa que dejo de ser necesaria después de un tiempo.
Mi madre había conocido a un hombre nuevo, ella lo llevo a nuestro hogar y nos lo presento a mi hermano y a mí. El tipo no era alguien odioso, de hecho se podría decir que era divertido, nunca vi a mi madre tan feliz en mucho tiempo pero en parte esa felicidad me hacía triste a mi pues me di cuenta que ella ya no me iba a necesitar. Aquel sujeto era alguien con el suficiente dinero como para mantener a toda una familia sin problemas, eso me hizo perder mis objetivos y cuando menos me di cuenta el hecho de despertarme todas las mañanas e ir al trabajo ya había perdido significado, solo lo hacía por seguir la rutina de mi vida.
Eran frías aquellas noches en las cuales solo podía dormirme por el cansancio pues las preocupaciones y el frio no me dejaban tranquilo. Paso un tiempo y decidí entonces abandonar la casa de mis padres, recuerdo haberme ido sin problemas, aunque mi madre estaba algo triste ella se veía tranquila, por alguna razón sentí ganas de hablar con mi padre, pero no era fácil encontrarlo, así que solo recordaba las enseñanzas que me había dado de pequeño, yo no lo detestaba, pero él no verlo durante la mayor parte de mi vida me hizo indiferente a los temas relacionados con él.
Como odiaba el frio, la eterna monotonía que se formaba en mi vida a diario era desgastante, pero el frio era más horrible que esto. El frio de estar solo en una habitación, el frio de no tener a nadie a tu lado para que protejas o que te proteja. Solo sentía el vacío de seguir una rutina día tras día, si este frio dejara de existir entonces estoy seguro que sería alguien más feliz, pero yo no sabía cómo detener esa sensación sin embargo algo pronto me daría un nuevo calor a mi vida y ese algo vino en forma de un boleto dorado.
-Tan… frio- Fue lo último que sentí antes de abandonar todo en aquel viejo edificio, y también fue lo último que sentí antes de presenciar el dolor mismo al ver como la propia realidad me rompía en pedazos una y otra vez para luego dejarme mareado y cansado en un lugar que desconocia.
Aquel lugar que en un principio no pude ver por una luz cegadora poco a poco comenzó a hacerse visible, cuando ya pude ver vi que parecía más algún tipo de alucinación.
Cuando recupere mi vista solo pude ver lo incomprensible para ojos humanos. Frente a mi tenía a un ser extraño para muchos y familiares para otros.
Aquel ser era de pelaje blanco con alas enormes y de ojos violetas, los cuales tenían una mirada amable al igual que divina. No tenía dudas, frente a mi estaba algo que había visto hace años en una serie de televisión pero que ahora parecía ser un espejismo ante mí.
-Hola- Dijo aquel ser blanco el cual tenía cabello multicolor, este se movía por si solo de manera hipnotizante. Aquel saludo que me había dado era tan suave y cálido que parecía más el arrullo para un niño.
-C-Celestia- Dije débilmente mientras que poco a poco caminaba ante ese ser. Nada podía ver además de aquella yegua. Aquella luz hacia que ella se iluminara de forma angelical.
Vi como ese ser llamado Celestia me miraba fijamente, por un momento vio a un lado y vi como su ala se levantaba, más sin embargo eso no detuvo mi andar. Vi como unos grandes caballeros de armadura dorada aparecían o más bien yo hasta ahora me daba cuenta que estaban ahí. Al parecer ellos me iban a detener al ver como un ser extraño se acercaba a su líder.
La verdad es que aun si ellos me hubieran intentado detener, yo ni siquiera me hubiera dado cuenta. Estaba en una especie de trance al ver aquel ser alado frente a mí. Con lentitud me acerque a ella, con una emoción que estaba entre el miedo y la felicidad. De paso en paso me acercaba más. Ella no me quitaba la vista de encima, me miraba con aquel aura llena de tranquilidad.
Con los últimos pasos fueron dados, yo termine frente a este ser que irradiaba paz y sabiduría. Con delicadeza levante mi mano para intentar tocarla, escuche a lo lejos como unos jadeos de sorpresa iniciaban al ver lo que yo hacía sin embargo eso no me detuvo.
Mi mano estuvo cerca de tocar a lo que yo creía que era algo falso. No podía pensar en nada mas, nada a excepción de ver si era real, suavemente toque su rostro. Uno que llegaba sin problemas a mi altura, lo toque y lo acaricie frotándolo y mirándolo como si de algún sueño se tratara esto era increíble, era asombroso yo no podía creerlo mi mente no podía aceptarlo.
-P-Princesa- oigo algo a mi derecha veo con dificultad a lo que produjo el sonido, veo y me quedo anonadado al ver que era otro ser alado y con cuerno, este era de color morado. Parecía mirarme sorprendido o más bien sorprendido, fue entonces que me quede quieto, nada pasaba por mi cabeza, absolutamente nada.
Dejo de mirar la a ella y pongo mi mano frente a mí. La veo para comprobar que esto fuera real. Sin embargo eso fue lo último que pude ver, pues poco a poco un mareo comenzó a inundar mi cabeza. Aun que intente, no pude soportarlo, senti como perdía el equilibrio para al final caer torpemente al suelo. Después de esto comencé a escuchar con debilidad lo que me rodeaba, oí gritos y sonidos de sorpresa que con el pasar de los segundos se hacían más y más lejanos. Antes de que todo se pusiera oscuro alcanzo a oír algo.
-¡Traigan un médico!-
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Fin del capítulo.
(Actualizado... Marzo 2017)
