Disclaimer: los personajes no me pertenecen, pero la trama si.
Lo que está escrito "entre comillas" son los pensamientos de la gente.
Lo que está escrito en cursiva son conversaciones en la distancia o por teléfono.
En ésta historia, los protagonistas son humanos.
La historia está escrita desde el punto de vista de Renesmee.
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2.
La luz del sol empezó a filtrarse por la ventana de mi habitación, lo que me provocó un intenso dolor de cabeza. Tenía una resaca de narices, debido a que la noche anterior me había bebido yo sola casi toda la botella de tequila. Eh... bueno, aquel chaval se había quedado medio dormido, de la borrachera que llevaba encima, en el baño de los chicos después del segundo polvo. Bueno, medio polvo. Al final, se quedó tirado en el suelo, roncando.
La canción Gangsta's paradise, mi canción favorita, empezó a resonar por toda la habitación, incrementando desmesuradamente mi dolor de cabeza. Me di la vuelta para levantarme de la cama pero calculé mal y me caí de la cama. Ni siquiera podía moverme. Realmente estaba hecha polvo. Fui a gatas, casi arrastrándome, hasta que encontré mi móvil por el suelo.
- Diga?
- Renesmee, donde estás?
- En mi casa. – dije sentándome como pude en el suelo. Se me quedó el culo helado, ya que iba desnuda. – Joder, que frío! – exclamé.
- Que pasa?
- Me he caído de la cama y me estoy helando el culo. – apoyé la cabeza contra la pared y cerré los ojos, deseando que ese infernal dolor de cabeza desapareciera.
- Solo quería saber como fue la noche.
- Deja que me de una ducha y que coma algo. Estoy malísima.
- Ya veo. Le diste bastante al tequila.
- Si. – suspiré. – comemos juntas?
- A las doce te pasaré a buscar. – dijo antes de colgar.
Dejé caer el teléfono al suelo, pero no me moví. Cada vez que salía de fiesta, al día siguiente me encontraba igual de mal, pero no podía evitarlo. Me encantaba salir de fiesta.
Me dejé caer de lado en el suelo, refrescando mi mejilla con el frío mármol. Cerré los ojos y me quedé tumbada hasta que, al fin, el dolor de cabeza desapareció.
Cuando me puse en pie, me encontraba mucho mejor. Me puse una camiseta larga y ancha y me fui a preparar algo para desayunar. Cogí la caja de los cereales y un cartón de leche y me senté encima de la mesa de la cocina. Un trago de leche y otro de cereales. Ese solía ser mi desayuno, motivo por el que Alice siempre me regañaba. "Ni que fuera mi madre."
Después de una ducho rápida, me vestí con unos vaqueros, un top violeta y unos zapatos blancos de tacón. Me dejé el pelo suelto, que mojado me llegaba hasta la cintura, cogí mi pequeña mochila con mis cosas y salí del apartamento. Me puse las gafas de sol y fui camino al trabajo.
- Buenos días! – exclamé al entrar.
- Buenos días señorita Nessie! – dijeron todos a coro.
Sonreí. Me encantaba ese trabajo. Cada vez que entraba en la clase y veía a mis niños, me convertía en la mujer más feliz del mundo. Si, era maestra. Maestra de niños de seis años.
- Como ha ido el fin de semana? – me quité la mochila, la colgué en el respaldo de mi silla y empecé a pasearme por el aula.
- Bien! – dijeron de nuevo a coro.
- Bueno, pues hoy vamos a empezar haciendo una redacción. Papel y lápiz, por favor.
Los niños sacaron sus cosas de sus pupitres y esperaron, en silencio.
- El titulo es: Como he vivido el cuatro de julio.
Fui a sentarme a mi silla y me quedé mirando a los niños. Eran las nueve de la mañana y estaba hecha polvo.
Estaba tan concentrada en mis cosas que no me enteré de que alguien había entrado en la clase, hasta que no le tuve a mi lado. Volví la cabeza cuando el chico se puso en cuclillas a mi lado.
- Buenos días. – dijo con sus manos en la mesa, apoyando la cabeza sobre ellas. – No me has oído llamar a la puerta?
- No.
- Como te ha ido el fin de semana?
- Bien. Como todos. – dije poniéndome en pie, y él hizo lo mismo a mi lado. – Y el tuyo?
- He ido a ver a mis padres al pueblo. – me explicó.
Mientras pasaba por su lado, los niños me iban entregando las redacciones terminadas.
- Emmett, es que no tienes clase? – dije al cabo de diez minutos.
- No ha venido nadie. Deben de estar todos con resaca.
Emmett era maestro de secundaria. Adolescentes de dieciséis años que, efectivamente, debía de estar durmiendo la mona. "Si siendo tan jóvenes no aguantan salir de fiesta, como estarán cuando tengan mi edad?"
- Nadie? – pregunté, incrédula. No le creía.
- Bueno, solo los tres empollones.
- Pues ve a dar clase a esos tres chicos. – dije empujándole hacia la puerta. La abrí y no la cerré hasta que no estuvo fuera. Me miró a través del cristal de la puerta y me guiñó un ojo antes de irse hacia su clase.
Cuando me di la vuelta, encontré a todos los niños mirándome.
- Como van esas redacciones?
En cuanto dije eso, todos continuaron escribiendo, excepto los que ya habían terminado, que estaban leyendo. Cuando tuve todas las redacciones sobre mi mesa, hice que los chicos retiraran las mesas y nos sentamos en el suelo, cogidos de la mano. Siempre jugábamos a algo durante la clase de tutoría. Ya eran las diez y yo era la tutora.
- Que hacemos hoy? – pregunté. – porque no hablamos sobre lo que habéis escrito en esas redacciones?
Durante la hora siguiente, todos estuvimos hablando sobre lo que habíamos hecho, incluida yo, ya que todos los niños me preguntaron por mi fin de semana. Claro, que no les conté mi noche de fiesta en la discoteca. No era apta para menores.
Cuando dieron las once, colocamos los pupitres en su sitio y fuimos al recreo. Allí volví a encontrarme con Emmett y vigilamos juntos a los niños.
- Quieres que salgamos hoy?
- Hoy es lunes. – dije sentándome en uno de los bancos.
- Y?
- Que mañana madrugamos.
- Quien dice que salgamos por la noche?
- No lo se, Em. – me puse las gafas de sol y miré a los niños. – no me parece buena idea.
- Porque?
Qué porque? No podía quedar con Emmett por una simple y, a su vez, complicada razón. Emmett y mi hermana habían salido juntos y, después de que su relación se terminara, se habían convertido en grandes amigos. Y mi hermana y yo no nos llevábamos precisamente bien. Bueno, ella me odiaba.
- No puedo, Em.
- Es por Bella? – dijo cogiéndome de la mano.
- Si. – para que mentir.
- Pero… tú y yo somos amigos.
- Emmett, he dicho que no. – miré mi reloj y me puse en pie. – tengo que irme. Tengo clase. Niños! – grité, yendo hacia la puerta.
Los niños dejaron lo que estaban haciendo y vinieron a hacer cola. Pasé lista y, cuando hube comprobado que no me faltaba ningún niño, volvimos a la clase, donde continuamos con el trabajo de manualidades de la semana anterior. Un dibujo de puntillismo en un folio A3. Los niños parecían estar disfrutando haciendo ese dibujo, que yo misma había hecho.
No podía dejar de pensar en la conversación que había tenido con Emmett. Era un chico estupendo y en realidad me gustaba mucho. Pero es que las cosas eran muy complicadas. Yo era la complicada. Sabía que Emmett quería una relación, pero eso no era lo que yo quería. O si?
- Ya he terminado mi dibujo. – dijo Paul, uno de los niños de mi clase.
- Es precioso Paul.
- Gracias.
- Ve a sentarte. – me levanté de mi silla y me puse la mochila. – bueno, chicos, guardad los dibujos para la semana que vine. Ahora vendrá la señorita Sue.
- Vale. – dijeron a coro.
Vi a Sue al lado de la puerta y salí de la clase. Ignoré a Sue, como de costumbre, y salí del colegio. En la puerta, en su porshe amarillo, me esperaba mi mejor amiga. Puso el coche en marcha y tuve que salir corriendo para poder subirme al coche. Siempre me hacía lo mismo.
- Cada vez te cuesta más subir al coche. – dijo riendo. – estás perdiendo facultades.
- Si esperaras a que me montara en el coche para ponerlo en marcha… - dije a la vez que me ponía el cinturón.
- Venga, va, cuenta. Como fue la noche?
- Bien.
- No, si ya os vi en los sofás. – dijo aun riendo. – Como es?
- No estuvo mal.
- O sea, que la tenía grande.
- Ni te lo imaginas. – dije recordando la noche anterior. Grande era poco. – Aunque la segunda vez me dejó a medias. Yo bebí más que él y él cayó el primero.
- Que flojucho.
- Y tú qué, Alice?
- Dos veces, en los baños. He quedado con él esta noche.
- O sea, que no era solo un polvo de una noche? – dije, viendo como le brillaban los ojos. Solo le brillaban los ojos así cuando realmente le gustaba un chico. – me alegro mucho por ti.
- Gracias, Ness.
- A donde vamos?
- Al italiano del puerto.
- Genial.
Llegamos allí en veinte minutos. Alice había reservado mesa, así que pudimos saltarnos la cola que siempre se formaba en la puerta. En cuanto nos sentamos, pedimos nuestra comida y, mientras que esperábamos, nos trajeron una botella de vino blanco.
Alice me habló de su ligue. Se llamaba Jazz, al menos ella lo llamaba así, tenía veinticinco años y estaba en la universidad, estudiando su segunda carrera, filosofía.
Esa era una de las diferencias entre mi amiga y yo. Ella hablaba con los chico y yo, en cambio, iba directamente al sexo. Por eso Alice nunca me preguntaba por el chico.
- Buenas tardes, chicas. – dijo nuestro camarero y amigo Sam.
- Hola.
- Aquí tenéis vuestra comida.
Sam dejó nuestros platos en la mesa y nos trajo otra botella de vino. Nos sonrió y se fue. Estaba canina. Me comí mi enorme plato de spaghetti a la boloñesa y, aun así, me quedé con hambre. Llamé a Sam y le pedí una ensalada, aunque lo que me apetecía en ese momento era una pizza, pero intenté controlarme. Por no mencionar que me bebí una botella de vino yo sola.
- No te estás pasando con el vino?
- Tú tienes que conducir. – dije llenando de nuevo mi copa. – Como ha ido el trabajo?
- Bien. – dijo, aunque le vi sonrojarse. – me he dormido.
- Como?
- Estaba en mi oficina, dibujando uno de los vestidos de mi proyecto actual, y me he dormido sobre mis papeles. – dijo mientras jugaba con la comida que le quedaba en el plato. – es que me dormí a las cuatro de la mañana.
- Y porque me has llamado a las siete? Porque no te has quedado durmiendo hasta las ocho y media?
- Es que en ese momento no tenía sueño.
- Ya… bueno… pues duerme esta tarde, no vaya a ser que te duermas durante tu cita con ese tal Jazz. – dije empezando a comer de su plato.
- Si. Tienes razón. Donde quieres te lleve?
- A ningún sitio. Iré andando. – como Alice no comía, le cogí el plato y me comí el resto de sus macarrones a la carbonara. – necesito que me de el aire.
- Como quieras. – dijo buscando su monedero.
- Hoy pago yo. – terminé de comer y me puse en pie. – soy la única que ha comido.
Dejé el dinero encima de la mesa y me fui, despidiéndome de Alice con un beso en la mejilla.
Fui caminado hacia el centro y me paseé un rato por el centro comercial. Por las tiendas de ropa, por la sala de juegos, el parque infantil, la cafetería…
- Hola.
Me di la vuelta y me encontré con un muchacho alto, rubio y un poco musculoso. "No está nada mal. Pero que nada mal."
- Hola. – dije devolviéndole el saludo.
- Me llamo Mike. – dijo tendiéndome su mano.
- Yo… - "que hago? Le digo mi nombre? No, de eso nada." – me llamo Bella. – dije estrechando su mano.
- Bonito nombre.
- Gracias.
- Te he visto dando vueltas por el centro comercial y… bueno… aquí estoy.
- Ya te veo.
- Quieres que vayamos a dar un paseo?
Asentí con la cabeza y empezamos a caminar. Pasamos por una zona en la que no había nadie y, sin decir palabra, me estampó contra una pared y empezamos a besarnos.
- Desde que te he visto que deseaba hacer esto. – dijo sin dejar de besarme, desabrochando el botó de mis vaqueros.
- Vamos. – le cogí de la mano y le metí en el baño de los chicos.
Cerré la puerta con el cerrojo e hice que se sentara en el retrete. Me miró sorprendido, pero complacido al mismo tiempo.
Toc, toc, toc.
- Policía del centro comercial. Salgan ahora mismo.
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Hola! Que os ha parecido el capítulo?
Os vais haciendo una idea de por donde van los tiros?
En el siguiente capítulo habrá un encuentro que, en el futuro, tendrá mucha importancia.
No digo nada más.
Ante cualquier pregunta, duda y/o cometario, ya sabéis donde encontrarme.
Besitos a todas.
