Nota: Como siempre y no por ello deja de ser importante poner en claro que todo, los personajes, nombres y lugares son parte de la creación de Tolkien. Este es el segundo capítulo de esta historia que algunas buenas personas han venido a leer por un par de minutos, y por ello les agradezco, así como las palabras vertidas en torno a ella.
Capítulo 2
Las noticias que las águilas trajeron de Osgiliath llenaron a todos de alegría. Fue en ese instante que Faramir comprendió que el deber le llamaba y debía ocuparse de muchas cosas ahora que el rey había regresado a Gondor. Pese a las recomendaciones que el mayoral de las casas de curación, Faramir asumió el cargo de Senescal, porque ya le habían informado sobre la muerte de Denethor, aunque nadie podía informarle más sobre el asunto.
La gente solamente le decía que Denethor había muerto en el terrible ataque a Minas Tirith. Más no decían porque realmente los testigos habían marchado a la Puerta Negra, el mediano, Beregond y Mithrandir. Si alguien conocía algún rumor simplemente respondía con evasivas y le recordaban que por el momento había que atender cosas más urgentes.
Faramir siempre les daba razón en esto, porque habían muchas bajas y mucho daño en la estructura de la ciudad. Había demasiado trabajo con los sobrevivientes como para ocuparse de los difuntos en esos días.
Con cierta tristeza dejó de visitar el jardín donde él y Eowyn compartían las tardes. El deber era primero, pero cuando podía dirigía miradas anhelantes hacia las casas de curación.
Fue un poco después que llegaron otros mensajeros desde Cormallen trayendo notas para la dama de Rohan y para el hobbit que todavía permanecía en la ciudad. Uno de era de Eomer, quien probablemente preguntase por la salud de su hermana, la otra era de Aragorn y Faramir sintió una nube cubrir el sol. La tercera nota la mandaba Peregrin.
Como primer impulso quiso ir él mismo a las casas de Curación para darle los mensajes a Eowyn, pero sus múltiples ocupaciones alistando el regreso del rey no le permitían tomarse siquiera unos minutos.
Al anochecer tuvo un poco de tiempo, sentía que su corazón latía más a prisa a medida que se acercaba. Había pensado en el momento todo el día, el ver nuevamente a Eowyn.
Ella estaba en el jardín como casi todas los días mirando hacia el este, tal vez por costumbre. Ahora que el mal había sido derrotado, no había motivos, pero ella seguía en esa rutina.
Sin darse cuenta la dama de Rohan sonrió al ver a Faramir acercarse, él le sonrió de vuelta. Ella estaba pálida y parecía la única persona infeliz en la ciudad.
—Merry me ha dicho que le llaman a Cormallen para los festejos del triunfo —ella le explicó a Faramir —, se irá por algunos días.
—Me avisaron ya, estamos alistando las cosas para el viaje. Partirá mañana temprano.
—Mi hermano también me llama —dijo ella —, siempre y cuando esté lista para viajar —luego hizo una pausa como si no quisiera decirle a Faramir sobre la carta de Aragorn, tal vez esperando ver la reacción de Faramir.
De pronto la cabeza de Faramir tejió una y mil posibilidades, ¿qué significaba esto? Merry le había informado inmediatamente de que se le pedía ir hasta Cormallen para reencontrarse con sus viejos amigos. En cambio Eowyn había recibido el mismo llamado, pero ella no dijo nada hasta esa hora. ¿Sería que ella no querría ir? ¿Por qué lo haría? ¿No quería ver a Aragorn porqué le traía dolorosos recuerdos o simplemente no quería ir porque él no iba?
Tomó la decisión de preguntarle, sintió que debía hacerlo porque desde el primer día que posó sus ojos en la doncella guerrera sus días no habían sido los mismos y una esperanza perdida por los largos años de amenaza de guerra, volvió a nacer en su corazón.
—Aragorn También me ha escrito —dijo Eowyn esperando ver la reacción en Faramir —. Me pide por favor acompañarles en su regreso, por lo menos que les espere en Osgiliath si el viaje por el río se me resulta muy pesado.
Faramir bajó la mirada, temía que algo así podía suceder, perder lo que había encontrado en medio de la desolación. Merry ya le había puesto al tanto de los sentimientos de la dama hacia Aragorn. Ahora el rey parecía interesarse en ella, por lo menos para tomarse la molestia de escribirle y solicitarle su presencia. La pequeña luz de esperanza que había abrigado pareció apagarse. Otra vez, como cuando Denethor o Boromir imponían su criterio, él tendría que guardar silencio.
—Si me habrías avisado más temprano hubiésemos conseguido un mejor medio de transporte —dijo tratando de ocultar su tristeza —, pero siendo un pedido del rey haremos lo posible porque vuestro viaje sea el más confortable —suspiró —. Creo que a Merry le alegrará de tener vuestra compañía.
Para Eowyn no pasó desapercibida la actitud de Faramir, porque antes le hablaba de tú a tú y de manera afectuosa, según ella percibía, pero de pronto todo parecía cambiar. Repentinamente nació en ella un sentimiento de no querer partir. Ella que le había pedido al mayoral dejarle ir al campo de batalla, ahora simplemente quería volver a esos días en los que caminaba en compañía del Senescal y conversaban sobre todo y nada. Encontró que Faramir no era solamente un guerrero en busca de gloria, de hecho parecía más inclinado a buscar el conocimiento y la sabiduría, sentía compasión por todas las criaturas aunque parecía que había sido un guerrero gran parte de su vida. Algo contradictorio, pero que parecía tener sentido en él.
—Me encargaré de inmediato de vuestro viaje — Faramir le hizo y venia a modo de despedida.
La siguiente mañana era fresca. Temprano habían venido doncellas para alistar a Eowyn para el viaje, un poco más tarde Merry fue a las casas de curación para acompañar a Eowyn hasta el carruaje.
—Me alegra que vengas conmigo en este viaje —decía Merry con su habitual modo despreocupado de hablar —. Cuando Pippin se entere de que vengo contigo y no con las provisiones le va a dar un infarto. Claro, no me hubiese importado viajar con unas cuantas botanas para el camino, pero sé que también envían una buena parte en la carreta que viene, así que no deberíamos preocuparnos por si nos da hambre en el trayecto.
Merry hablaba sin parar mientras Eowyn buscaba con la mirada a alguien más que le fuera a buscar.
—Casi lo olvido —dijo Merry recordando el paquete que llevaba consigo —, esto me lo envió Faramir para ti, dijo que podrías sentir frío durante el trayecto.
Eowyn vio el manto azul que Faramir con el que Faramir le abrigara el día en que Sauron había sido derrotado. El día en que sin notarlo sus manos se entrelazaron y él besara su frente cuando se acercó sin saber que era lo que ambos esperaban de ese día.
—Te ayudo —dijo Merry colocando el manto sobre la doncella —. Es muy bonito. Pareces una reina —luego siguió hablando —. Es un buen hombre —dijo Merry —. Boromir también me agradaba mucho, pero creo que a Faramir tiene otro aire. ¿Sabías que ambos se parecían mucho, pero ahora que conocí a Faramir, creo que es diferente de todos los guerreros que he conocido
—Sí, Faramir es el mejor —dijo Eowyn sorprendida por sus propias palabras.
—Eso fue lo que me dijo Boromir mientras viajábamos con él. Pippin y yo sentimos afinidad con Boromir desde el principio y a veces solía hablarnos de esta ciudad y de sus esfuerzos por conservarla él junto con su hermano y su padre. No creo que hubiese personas que amase más en toda la Tierra Media, a él y a su padre. Aunque ya sabes cómo terminó.
—No, no lo sé —porqué ni a Eowyn ni a Faramir les había hablado de los últimos días de Denethor pues pensaron que sería lo mejor mientras se recuperaban —, ¿tú sabes algo?
—¡Oh! Lo lamento, se supone que no debía decir nada, por lo menos hasta que estuviese completamente recuperado. Soy muy torpe, olvida lo que dije.
—Merry puedes confiar en mí.
Y mientras descendían por la ciudad Merry le relató lo que Pippin le había relatado, todo sobre como aún a sabiendas que Osgiliath había caído y estaba infestado de orcos Faramir siempre obediente volvió al lugar y fue herido, luego la locura del Senescal y como de no haber sido por la intervención de Pippin Denethor habría quemado vivo a Faramir.
Eowyn sintió ternura por él, porqué como ella también había sentido el frío de los nazgul en carne propia.
Llegaron a los portones de la ciudad y ahí estaba él. Viendo a la dama blanca de Rohan partir. Eowyn le vio y sonrió, como si solamente hubiese esperado ese momento de verle una vez más.
Faramir también vio a Eowyn, pero pensó que esa sonrisa se trataba de la felicidad de la dama de volver a ver a Aragorn, pues parecía que finalmente el rey correspondía el afecto de ella, se alegró por Eowyn, aunque por dentro su corazón se rompía.
