1: Consecuencias, Reprimendas, y Despedidas.

Mientras estaba inconsciente, Naruto vagaba entre sus recuerdos con aburrimiento. Sus memorias eran, en su mayoría, los abusos de sus hermanos y las alegrías que le habían dado sus amigos.

Paso un tiempo particularmente largo viendo su octavo cumpleaños, en el que había recibido de su madrina un curioso libro sobre animales de invocación, cuando llegó a la parte de su cerebro (o era allí donde creía que estaba) que más odiaba.

El Sello en el suponía debía estar sellado el Alma del Kyūbi...¡Ja! Patrañas, pensó el rubio con una mueca.

Había intentado hablar con el desde que tenía ocho años, sin ningún éxito. La jaula siempre estaba vacía, no había ningún ruido, y cada vez que trataba de entrar en la prisión una fuerza invisible le repelía. Lo más seguro era que le habían mentido, pensó, intentando hacer que se sintiera especial o para distraer la atención negativa de sus hermanos, o inclusive solamente para que no les molestara más de lo que ya lo hacia.

Apretó los puños con fuerza, pero luego se calmó.

No tenía caso enfurecerse por cosas fuera de su control. Ya había hecho bastante luchando contra sus hermanos, y logrando mantenerse en pie hasta el final. Se sentía orgulloso del resultado, pese a que no era el que deseaba.

Valla, valla. Me sorprendiste esta vez, mi otro yo... —Comentó una voz sarcástica y lacónica a sus espaldas. No tuvo que darse la vuelta para saber quién era.

—¿Qué quieres, Yami? —Preguntó conteniendo su indignación. A su lado paso el mencionado "Yami", riéndose suavemente y negando con la cabeza.

Era una de las pocas cosas en el mundo que odiaba y temía con pasión. Lo único que se encontraba en el sello, que desgraciadamente le hacia compañía, y que en raras ocasiones ofrecía un consejo útil: Su oscuridad.

Toda emoción o pensamiento negativo vuelto ser, una copia de el que encarnaba todo su desprecio. Ninguno de los dos tenia idea de cómo se había manifestado, pero debe tener que ver con el sello. Era por ello que Naruto solía leer en la biblioteca libros sobre sellado, los problemas relacionados con este, y otros efectos de estos. Claro, no había hecho muchos avances, pero esperaba encontrar algo a la larga.

Yami lo vio con sus ojos, que eran completamente el opuesto de los de Naruto: Rojos, negros, y llenos de emociones negativas. Eso era quizás lo único que lo diferenciaba en apariencia.— ¿Por qué ese tono? Estoy siendo sincero, Lucecita, en verdad te luciste. Ese par merece haber sido humillados frente a tanta gente.

—¿Humillados? —Preguntó Naruto sin entender. Yami soltó una risotada y negó con la cabeza.

¿No lo entiendes? Ambos tan poderosos y tan orgullosos de su poder, "Contenedores del Poder del Kyūbi", "Los Dos Prodigios", derrotados por su hermano mayor supuestamente sin talento. ¿En serio crees que no se sienten humillados? Tal vez pienses que perdiste, al igual que otros, pero ellos se sienten humillados por que tú —Lo señaló con sus indices.— Pudiste no solo soportar su fuerza, sino también hacerles daño. Sin dudas, impresionante, ¿No, Lucecita? ¿No pensaste en eso?

Tenia razón, no había pensado en ello.

Hasta ahora, solo se había concentrado en su derrota sin darse cuenta de los sentimientos de sus hermanos.

Yami sonrió complacido.— Veo que te distes cuenta. Un corazón alimentado con orgullo y arrogancia es uno de los más débiles en su haber, se desinflan con mucha facilidad cuando ven que no son todo lo que creen. Recuerdalo bien, y no caigas como ellos.

Esas eran unas de las pocas cosas que le agradaban de Yami: Era sincero, directo, y solía aconsejarlo. Tal vez odiara a media Konoha, y deseara la muerte a sus hermanos por tantos años de abusos, pero aparentemente no deseaba para Naruto más que el bienestar.

—¿No a habido algún cambio con el sello? —Preguntó Naruto con curiosidad.

Esa curiosidad aumentó cuando vio a su oscuridad desviar la mirada.

Pues...creo que deberías verlo tu mismo...—Se apartó, dejando ver como los barrotes parecía un tanto oxidados. Naruto se acercó, sintiendo como estos estaban también muy levemente dañados.— ¿Recuerdas cuando Menma-teme intentó convertirte en una mancha en la pared con el chakra de Kyūbi? Creo que algo pasó dentro, algo malo. No puedo acompañarte allí, así que ten cuidado.

El Uzumaki dio un profundo suspiró, y dio un paso dentro de la jaula. Alentado por el hecho de que no había sido despedido por el aire como otras veces, se adentró en el sello con pies de plomo y el corazón latiendo desbocado en su pecho.

El agua comenzó a subir hasta cubrir sus rodillas, haciendo difícil el moverse. Gruesas gotas caían del techo como si fuese un gran chaparrón, dándole severos escalofríos cuando una pasaba por su cuello.— ¿Por qué esto tiene que ser una maldita cloaca? —Pensó con una mueca, hubiera preferido que fuese aunque sea una cueva o un espacio en blanco. ¿Quién podía culparlo por odiar caminar entre agua estancada?

Cuando pensaba que no encontraría nada, miles de pequeñas luces brillantes atravesaron la oscuridad. De color plateado como la luna, y azul como el cielo, dieron una luz leve al sello. Y lo que se ocultaba entre las sombras le dejó boquiabierto y sin palabras.

Una enorme mandíbula llena de dientes, pelaje naranja brillante que parecía emanar su propia luz, un gran par de ojos carmesí. Un cuerpo tan grande como su aldea, y nueve colas que se alzaban amenazadoras.

—¡K-k-k...Kyūbi! —Por unos momentos temió que la enorme bestia que había destruido Konoha lo devorara, lo aplastara, o lo desgarrara con sus terribles garras. Pero al verse a salvo, abrió los ojos confundido.— Etto...¡¿Estas allí?!

El zorro no respondió, quieto como estatua, viéndolo con sus ojos vacíos. Soltó un profundo suspiro y limpió el sudor de su frente. Eso estuvo cerca.

—¡Yami! ¿Seguro que no puedes entrar? —Espero unos segundos, y una sombra diluida con un par de ojos rojos se alzó a su lado.— ¿Yami? ¿Eres...tu?

La sombra suspiro.— Mientras más entro en el sello, más me diluyo. Si voy más lejos, posiblemente me deshaga. ¿Qué necesitas? —Vio al enorme zorro y se estremeció de pies a cabezas. Al notar que estaba tieso com estatua, suspiro con un extremo alivio.—Creo que ya sé lo que pasa, pero no te va a agradar. Mucho menos a tus padres, así que no lo menciones ¿Ok? —Naruto asintió con fuerza.— Esta bien: Tu solo tienes el cuerpo del Kyūbi sellado en tu interior. El alma y su conciencia jamás estuvieron aquí, y estoy seguro de que tampoco está en tus hermanos.

Naruto se sacudió de pies a cabeza con los ojos perdidos, a punto de derrumbarse en el suelo, pero se negó a caer. Esa...esa bestia...¿Estaba libre desde quién sabe cuando? Se levantó con ayuda de Yami, y respiró un par de veces para calmarse. Entonces preguntó:— ¿Hay una forma de encontrar el alma?

La sombra difusa pareció meditarlo un poco.— No estoy seguro. Pero si hay algo que sí se, es que vendrá a por ti y tus hermanos. Ten cuidado con los extraños, Naruto. No sabemos qué forma tomó, o si esta cerca. —Se acercó al cuerpo de Kyūbi, revisándolo con sus ojos flotantes.— Tal vez haya algo bueno de esta situación...si, sin dudas, algo bueno...o malo, según el punto de vista...

—¿A qué te refieres?

Yami soltó una risotada.— Dime, que hace el cuerpo sino crear y almacenar chakra. Si separas el alma y la conciencia del cuerpo, ¿El chakra deja de producirse? —Sin esperar a su respuesta, la sombra se alzó formando una pequeña plataforma en la que montó Naruto. Se elevaron hasta quedar frente a los fríos ojos del zorro.— La respuesta es no, al menos no totalmente. Si, el alma y la conciencia permiten que el chakra se cree, y al separarse este debería dejar de producirse. Pero el cuerpo del zorro es mucho más complejo que el tuyo, mucho mucho más complejo. Absorbió el poco chakra del Kyūbi con el que te atacó Menma-teme y comenzó a replicarlo. Es decir...

—Esta haciendo más chakra, como una gigantesca batería peluda —Completó el rubio con una enorme sonrisa.— Si es así de grande, debe tardar un poco, pero será útil para enfrentar a Menma. ¡ Y claro! Puedo usarlo como el Byakugō no In (Sello de Fuerza de un Centenar) de Obāchan.

Yami asintió, o al menos pareció hacerlo.— Creo que sería mejor llamarlo Akagō no In (Sello de Fuerza de Nueve Centenares), pero tardará un poco en llenarse. Deberías ir dándole tu chakra. —El rubio hizo lo indicado. Tocó la frente del Kyūbi y le mandó su chakra como hacia con su Kirameki, sintiendo como este lo absorbía sin ningún problema. Prolongó eso por unos minutos antes de dejarlo, sorprendido de que aún hubiese demasiado espacio en la bestia. No tenia idea de cuánto tiempo tardaría en llenarlo, pero sin dudas era una versión más fácil que el jutsu de su abuela.

Entonces todo comenzó a brillar y a distorsionarse. Recordaba esa sensación, pues ya la había sentido antes: Estaba despertando.

Su oscuridad sabía esto y asintió.— Tu vete tranquilo. Yo vigilaré a nuestra nueva batería.

Naruto sonrió y se dejó de llevar, despertando.

El rubio abrió sus ojos con lentitud, sintiendo su cuerpo pesado pero...sorprendentemente mejor de lo que esperaba.

Fiuuuu, por lo menos no me convertí en una mancha en la pared. —Pensó viendo el techo blanco, como el resto de la habitación. Era claro que estaba en el hospital, pero no esperaba que fuera...tan falto de color.

Su cuerpo estaba cubierto de vendas, concretamente sus brazos, pecho y parte de sus piernas. Además, en su pecho tenía una sensación extraña, como si fuese una quemadura.

Entonces notó algo pesado y suave sobre su pecho. Vio una larga cabellera azabache, junto a una rubia platinada. Un momento, el reconocía esas cabelleras.— Un momento, ¿Satsuki-chan, Ino-chan?

—¿N-Naruto-kun? —Ambas frotaron sus ojos adormiladas, antes de entender lo que sucedía y estallar de alegría.— ¡Naruto-kun!

—H-hehe, en-entiendo que estén felices pero...¡No me aplasten! —Gritó el rubio de dolor, sintiendo muchas cosas suaves frotándose contra el. Le gustaba la sensación, pero con sus heridas...No era lo más satisfactorio.

—¡Oh! ¡Perdón! ¡Hey! ¡¿Qué haces tú aquí?!

Ambas comenzaron a discutir, haciendo entrar a Hiruzen seguido de Sasuke y el resto de sus amigos.

—¡Estuviste increíble, Naruto! Hiciste "¡Pum" "¡Crash! Y "¡Boom!" —Comentó Kiba con una sonrisa lanzando golpes al aire. El rubio solo rio apenado, no creía que fuese tan increíble.

Shikamaru solo dijo "problemático", y Choji le felicitó con una bolsa de papas.

—Tsk, dormiste por una semana. Eso pasa cuando eres tan imprudente, ¿Sabes? —Comentó el azabache con una mueca, sorprendiendo al rubio. ¿Tanto tiempo había estado inconsciente?— Tenías muy preocupadas a esas dos, pero bueno...Quién soy yo para regañarte...

Sasuke, que venía con un aura casi más emocionada que la de Kiba, exclamó.— ¡Naruto! ¡Te exijo que me enseñes a hacer eso que hiciste contra Menma! Si combino esa velocidad, y esa fuerza con mi Sharingan !Seré Imparable! —Clamó dando golpes al aire, para ser callado por su hermana e Ino.

—¡¿No ves que esta herido, Sasuke-nii?! ¡Deja de molestar con tu ego! —Dijo Satsuki.

—Además, ¡Esa técnica es peligrosa! ¿Cierto, Hokage-san? —Preguntó Ino, atrayendo la atención de todos. Hiruzen asintió severamente.

—Me alegro de que tengas amigos que se preocupan por ti, Naruto. —Comentó el anciano dando unos pasos hacia el frente.— Eso es cierto, la Hachimon Tonkō (Apertura de Puertas Internas) esta catalogada como Kinjutsu, por los efectos colaterales que tiene abrirlas.

—¿Kinjutsu? —Preguntó Kiba sin entender.

—Es un jutsu que, pese a ser más fuerte que los normales, tiene muchos efectos dañinos. —Explicó Ino, con lo que Hiruzen estuvo de acuerdo.

—En concreto, las Hachimon desgastan el cuerpo al abrir los, por llamarlos de alguna forma, "sellos", que limitan el chakra que pasa por nuestro sistema. Esto conlleva a una mayor fuerza, pero el desgaste es bastante peligroso, más aún en un niño. Su uso al máximo al abrirse las ocho le da al usuario una fuerza cien veces superior al suyo normal, y que dicen es capaz de superar a los Gokage (Cinco Sombras). Pero el precio para ese poder...es la muerte. —Todos quedaron en silencio al escuchar aquello. Satsuki e Ino soltaron un sollozo y abrazaron al rubio, quien volvió a sentir muchas cosas suaves.— El abrir la octava puerta, La Shimon (Puerta de la Muerte), haría que sus cuerpos se desmoronen en cenizas y posteriormente mueran, habiéndose prácticamente cocinado de adentro hacia afuera. Escúchenme bien, no intenten ese jutsu jamás. Si sus cuerpos no son adecuados, habrán repercusiones horribles. E incluso si lo son, de todas formas recibirán un daño atroz.

Sasuke y Kiba, quienes pensaban pedirle a Naruto que les enseñara el Jutsu, bajaron la cabeza.

—Tranquilo Ossan, estoy aprendiendo. ¡Estoy seguro de las dominaré´Ttebayo!

La expresión de Hiruzen se endureció.— ¿Aprendiendo? —De un momento a otro levantó su voz, haciendo retroceder a los jóvenes en la habitación.— ¡¿Has estado entrenando con las Puertas Internas?! ¡Naruto, sabes perfectamente las consecuencias! ¡¿Cómo puedes ser tan inconsciente?!

Naruto bajó la mirada, su pelo cubriendo sus ojos. Una leve aura azulada lo cubrió.— Tu no lo entiendes... —Todos se sobresaltaron al escuchar el tono frío y resentido de su voz, uno que jamás hubieran esperado oír. Toda la frustración de su pelea con sus hermanos estaba siendo liberada.— ¿Crees que no lo sabía? ¡Esa era mi única opción´Ttebayo! Ellos...ellos... Acabaron con todos mis sueños. ¡No iba a quedarme de brazos cruzados!

Hiruzen no dijo nada. Sabía que no era adecuado regañarlo, cuando estaba con no solo sus sueños, sin su orgullo, por los suelos. Asintió, y salió con lentitud de la habitación. Debía mandar algunos mensajes y cobrar algunos favores.

—Ah cierto —Dijo Sasuke, intentando aliviar el ambiente tan pesado que estaba.— Tu regalo de cumpleaños —Le dio un Kunai.

...

—J-jeje, gracias Sasuke...es...muy bonito —Comentó el rubio contrariado. Todos parecían sentir lo mismo.

—Tenemos que irnos, ¡Mejorate pronto, Naruto-kun! —Comentó Ino, yéndose con e resto de sus amigos.

Naruto quedó solo en aquella habitación, apretando con fuerza sus puños. Estaba muy frustrado, lo había perdido todo en una noche y no tenia muchas posibilidades de recuperar lo perdido. Una solitaria lagrima se deslizó sobre su rostro.


Residencia Namikaze.

En aquel lugar, Minato y Kushina se encontraban discutiendo los sucesos de la semana pasada con una mueca.

—Ese niño...¡Cómo se atreve a arruinar el cumpleaños de sus hermanos! —Espetó molesta la pelirroja, sin recordar que ellos habían hecho lo mismo.

—Debí decirle sobre eso antes, tal vez hubiera evitado todo esto —Comentó con tristeza Minato.— El tenía sus razones para actuar así...

Kushina hizo un ademán de furia.— Aún si eso es verdad, no es razón para destruir su cuerpo con un Kinjutsu. Eso fue muy irresponsable. ¿No crees?

Minato asintió, aún un poco arrepentido.— Con su corta edad, no sabemos qué secuelas puede tener por usar ese Kinjutsu. Creo que con su regeneración podrá escaparse de los daños más graves, pero... —Dio un profundo suspiro.— Creo que debemos pensar bien si dejarlo seguir yendo a la academia con sus hermanos.

Kushina asintió.— ¿Recuerdas como te llamó? Tendrá un gran castigo cuando vuelva de hospital.

—Me alegra que Menma y Miaka estén bien, aunque esa herida que tenía en el pecho nos dió un buen susto. —Dijo Minato pensando en la profunda herida que dejó la espada de Naruto en su hermano, sin pensar en las propias que recibió el rubio.— No creo que debamos siquiera permitirle estudiar por su cuenta. No quiero que gane malos hábitos, o se vuelva más imprudente.

Apoyada en el muro de la habitación contigua, Miaka escuchaba las palabras de sus padres con una mueca de ira y apretando con fuerza sus puños.

—¿Por que tan molesta, bicolor? —Preguntó Menma, quien venía tomando un refresco de la cocina, aunque ya sabía la razón. Miaka lo vio con odio en los ojos, pero retrocedió al ver la mirada del zorro reflejarse en la de su hermano.

No pasaba mucho desde que Menma comenzó a superar a su hermana controlando el chakra de Kyūbi, aprovechándolo bastante pero a la par volviéndose más violento. En concreto, el poseía el Chakra Yang del Kyūbi.

—No puedo creer que el débil de Aniki nos haya sorprendido de esa forma.

Miaka rechinó los dientes, de acuerdo con el pelirrojo.— Ese bastardo pagará por ello.

Menma la vio marcharse a su cuarto, mientras que el se quedó recostado en la pared disfrutando de su bebida.— Claro que pagará, Nee-chan —Estrujó en su mano la lata vacía, sabía que ella estaba frustrada de que su jutsu fuese copiado por su hermano, e incluso llevado a otro nivel.

Oi, Gaki. Fue divertido ver como humillabas a tu hermano —Dijo una voz en su mente.

El pelirrojo negó con la cabeza mientras se dirigía a su cuarto, haciendo una mueca.— Te equivocas. El me humilló a mi.

Ya veo. Para ti, vencerlo es aplastarlo sin ninguna oposición ¿Cierto? —La voz hizo una pausa.— Pero, cuando termino la pelea, el más herido era el...mientras que tú estabas intacto..

Menma se detuvo bajando la mirada. Sus manos sangraban, pues sus uñas se enterraban en ellas con mucha fuerza.— El pudo igualarme, pudo resistirme, incluso con tu chakra. ¡El no tiene entrenamiento! No debería poder hacer lo que hizo... ¡No debería haber podido igualarme! —Apretó su mano contra su pecho, sintiendo la cicatriz que le hizo.— Incluso me dejó marcado...El hecho de haya podido herirme ya es una humillación...

El hablaba con algo insólito, un compendio de emociones negativas que junto a la conciencia residual del zorro se hicieron algo semejante al alma. Un Kyūbi que no era el Kyūbi, una copia inferior de su conciencia con solo los recuerdos de pocos meses antes del Incidente. Por supuesto, esa copia no estaba al tanto del hecho de que el verdadero Kyūbi estuviese libre, vaticinando para recuperar su cuerpo y chakra.

Menma apretó con aún más fuerza su pecho, rechinando los dientes.—Por eso...por eso... —Sus ojos se tiñeron de rojo.— ¡Debo hacerme más fuerte! Más, y más...¡Hasta que pueda aplastarlo contra el suelo!


Hospital de Konoha.

—Cien...ciento uno...ciento dos...

Naruto, pese a su estado, se encontraba entrenando. Sabía que no era suficiente con todo lo que había hecho, necesitaba llegar aún más lejos.

Por eso (Y por su aburrimiento) se encontraba haciendo abdominales. Ya llevaba unas cien, y planeaba llegar a las doscientas. Un entrenamiento "ligero", o al menos lo era para el.

En otra parte de la villa, un hombre de grandes cejas y un joven demasiado parecido a el vistiendo spandex verde y un corte de tazón estornudaron, tal vez alguien estaba siguiendo el camino de la juventud.

Su mente vagaba lejos, buscando formas de aprovechar el cuerpo de Kyūbi en su interior.

Ummm, tal vez debería aprender a usar jutsus de absorción de chakra —Pensó. Kirameki absorbía chakra, pero esta lo aprovechaba para hacerse más fuerte y alterar sus propiedad, por lo que la descartó. Además, no sabia dónde conseguir jutsus para hacer eso.— Si cada noche descargó todo mi chakra en Kyūbi, tal vez pueda almacenar una cantidad razonable...pero tardaría demasiado...

Recordó la charla que tuvo ese día con Hiruzen sobre las Puertas Internas. Según había investigado, el activarlas ponía en mucho estrés al cuerpo, causando así que las células murieran.

Eso podría arreglarlo combinando mi regeneración con el Akagō no In, pero... —Recordó a sus hermanos, y la regeneración que les brindaba el poder del Kyūbi. Ese poder sería casi mil veces más efectivo que lo que planeaba, pero esa su mejor respuesta. Su mirada se endureció.— Si no puedo vencerlos con talento puro, tendré que hacerlo con trabajo duro. Debo ser más fuerte...más que ellos...para cumplir con mi ambición...

La puerta se abrió, sorprendiéndolo.

Allí estaba Mikoto, cargando un bento. Al verla, se detuvo y sonrió un tanto nervioso.

—Etto...¡Hola, Mikoto-san —Al verla cruzada de brazos y viéndolo con reproche, solo musitó una disculpa.

Ella suspiró profundamente y comenzó a cambiarle las vendas a Naruto.— Eres muy imprudente, ¡Incluso herido! Debes cuidarte más.

—Hehe, eso creo. El hospital es muy aburrido´Ttebayo. No tengo ganas de volver a el en un buen tiempo.

—Lo tienes merecido. Deberías pensar antes de actuar, especialmente contra ese par —Recordó a los hermanos del rubio, y se sacudió de ira. No podía entender el placer perverso que les producía molestarlo, pero le molestaba más que sus padres no les corrigieran.— Si no te gusta el hospital, entonces no te lastimes cada cinco minutos-

La Uchiha contuvo las lagrimas al ver la enorme herida del pecho: Era como una gigantesca quemadura que abarcaba todo su pecho, con cinco marcas semejantes a garras pasando por sobre sus hombros y por su cintura. Su brazo derecho también tenia cicatrices, producto de haberse roto el brazo dos veces usando su Ikkotsu.

—Dime...¿Te gustaría vivir con nosotros? —Soltó de repente, sorprendiendo al rubio.— Así...tendrías una familia que de verdad te aprecia...Unos hermanos a los cuales querer...y...y

Naruto la calló poniéndose de pie. Negó suavemente, al tiempo que se colocaba sus prendas.

Una camiseta negra de mangas bajo un jersey abierto naranja con rayas negras en las mangas, un pantalón negro y sandalias del mismo color. En su espalda llevaba una mochila naranja cilíndrica, que había llenado previamente con las pocas cosas que llevaba encima y unas cuantas sabanas del hospital (Después les pagaría...si se acordaba).

—No hace falta, Mikoto-san, de veras. —Abrió la ventana, y guardó el bento en su mochila.— No quiero incomodarla. Además, si lo haces, seguro mi madre y mi padre los molestarán a ustedes solo para recuperarme —Sonrió como el lo hacía, intentando animar a la mujer que siempre sería más madre para el que Kushina.— Estaré bien por mi cuenta´Ttebayo. Me cuidaré, lo prometo.

Se fue saltando entre los edificios, dejando a una sollozante Mikoto en su habitación.

Una triste sonrisa se dibujó en su rostro, entre las gruesas lagrimas.— Kushina, Minato, son unos idiotas...No saben cuán alto llegará...mucho, mucho más alto que ellos...


Torre Hokage.

Hablando de ellos, estos se encontraban hablando con los dos Sannin que seguían siendo leales a Konoha. Tsunade los veía con abierto reproche, mientras que Jiraiya intentaba contenerse. Era claro que ambos estaban hartos de escuchar sus quejas sobre Naruto.

—Entonces, Minato, ¿Menma rechazó el puesto de Líder de Clan? —Preguntó el peliblanco para cambiar de tema, no sabia cuánto tiempo duraría la paciencia de Tsunade y no estaba de humor para tentar el destino.

El rubio asintió.— Más que rechazarlo, el considera su lucha contra Naruto como un empate o algo así y quiere una revancha.

—Ese niño es algo, una verdadera sorpresa. Pensé que la profecía se refería a sus hermanos, pero también podría ser candidato —Su mirada se afiló.— Y no lo digo solo por su fuerza.

Kushina suspiró. Sabía que se refería a su habilidad de sentir las emociones, pero estaba empeñada en negar la realidad. Esperaba que la profecía se refiriera a otra cosa.— Así es, pensamos entrenarlo a parte de sus hermanos. No solo por su pésima actitud, sino que sus emociones pueden afectarlo. No quiero que termine desechando su vida a la primera señal de peligro en una misión —Dijo Kushina recordando al padre de Maito Gai, que murió al usar la Séptima Puerta para salvar al equipo de su hijo de los Shinobi Katana de Kiri.

—Bueno, si te refieres a usar las Puertas Internas contra sus hermanos, no puedo culparlo —Comentó Tsunade atrayendo la atención.

—¿A qué se refiere, Tsunade-sama? —Preguntó Minato sin entender.

—El no tenía nada con que enfrentarlos, solo su cuerpo y determinación. Nunca fue entrenado, su chakra no es tan grande como el de ellos, al igual que su regeneración. Debió pensar "Es todo o nada" —Explicó Jiraiya con seriedad.— EL sabía los riesgos, y los aceptó para poder salir de la oscuridad.

—¿A qué quieres llegar? —Dijo Kushina comenzando a molestarse.

—Tanto Tsunade como yo hemos hablado y ayudado en ocasiones a ese niño. Pero si tengo algo claro, es que no es ningún suicida. Como dije antes, el sabía las consecuencias y las aceptó de pecho. —Dijo con orgullo, que paso a ser una profunda pena.— No puedo imaginar cómo ha de estar sintiéndose.

—Pero aún así —Fue interrumpida por Tsunade, quien la veía fijamente.

—Dime, Kushina ¿Qué tanto sabes de ese niño? —Al ver a la pelirroja callada, siguió.— Y tu, Minato, ¿Qué me puedes decir de el? ¿Acaso sabes por qué hizo lo que hizo?

Minato intentó decir algo, pero de su boca no salieron palabras. Vio perturbado sus manos, ¿Podía recordar algo de Naruto? ¿Era posible que no supiera nada de el?

Al ver que ninguno respondía, la Sannin se dio media vuelta y salió azotando la puerta.

Jiraiya la imitó, pero antes de irse, vio fijamente al par.— Yo no sé tanto como ella, pero sin dudas lo conozco más que ustedes, que son sus padres. Le gusta el Ramen, y sus sueños eran ser Hokage y liderar su clan. O al menos, lo era antes de que destruyeran sus sueños.

El peliblanco se fue, dejando a ambos solos.

Estos comenzaron a revisar álbumes de fotos, buscando entre ellos alguna foto de su hijo. Sin embargo, apenas y lo encontraban.

Kushina sentía como su alma se derrumbaba, ante la verdad de que no sabía prácticamente nada de su primogénito. Allí quedaron, solos y arrepentidos. Esperando una oportunidad que hace mucho se había desvanecido.