Dos tontos y un bebé.
Mimi y Koushiro no tienen nada en común. Ella es una mujer independiente y liberal mientras que él es un hombre reservado y tradicionalista. Sin embargo después de una noche en la que el alcohol y los besos se entremezclan ambos se ven inmersos en una nueva aventura la cual los unirá por el resto de sus vidas.
Aclaración: Los personajes de Digimon no me pertenecen y hago esto sin fines de lucro.
Género: Romance
Personajes principales: Mimi Tachikawa y Koushiro Izumi
Línea temporal: Año 2017, Mimi y Koushiro tienen 28 años.
Capítulo 2: La preparación
Había pasado una semana desde su regreso a Odaiba y Mimi sinceramente se alegraba de que hasta ahora todo hubiese sido trabajo, trabajo y más trabajo.
Cuando se importa una marca extranjera al mercado japonés siempre es difícil el inicio y el despegue, sin embargo Mimi tenía plena confianza en que lo que le había funcionado tan bien en América ahora le funcionaría de la misma forma en su país natal. Su marca de cáterin era original y diferente, nadie más cocinaba los platillos (y sobre todo los postres) que ella hacía. Sabía a ciencia cierta que su toque original le daría clientes tarde o temprano pero ahora necesitaba empezar a publicitarse y dejar que el mercado despegara.
Dirigir el negocio desde Odaiba había sido una decisión puramente emocional. Su ciudad de origen seguía siendo el único lugar donde Mimi se sentía verdaderamente en casa. No sólo porque era donde Palmon se sentía verdaderamente feliz, sino también porque sus amigos de la infancia, los niños elegidos, seguían allí.
Justo ahora era Sora Takenouchi, la que fue su mejor amiga por años, quien la miraba a través de la mesa.
—No puedo creer que hayas llegado hace una semana y hasta ahora me hayas llamado –Se quejó la pelirroja.
Sora y Mimi habían sido grandes amigas por años. Incluso con la distancia los correos electrónicos, las llamadas, las visitas y las caminatas por el Digimundo nunca escasearon entre ambas. Sin embargo desde que Sora se había casado con Yamato hace casi cinco años y había comenzado su propia línea de kimonos era evidente que ya no tenía el mismo tiempo para dedicarle a Mimi que solía tener el pasado. A pesar de aquello, era propio en ellas verse por lo menos un par de veces al año e intercambiar novedades, chismes y anécdotas divertidas.
Hoy Sora, con un estomago abultado que delataba un prominente embarazo, había accedido a comer en el departamento de la Tachikawa.
—He estado muy ocupada iniciando el negocio –Admitió Mimi. –No es fácil comenzar de cero.
Su amiga asintió.
—Lo entiendo –dijo Sora. –Sin embargo recuerdas que se celebra este fin de semana, ¿No es así? –Preguntó la Takenouchi.
—Claro que si –Respondió Mimi. –Jamás olvidaría el primero de agosto, Sora. Por más ocupada que me encuentre –Añadió con una sonrisa.
—No lo sé, después de todo tenía más de un año que no te veíamos –Repuso su amiga.
—Bueno, eso es porque había estado ocupada planificando el nuevo negocio –Reconoció Mimi. –Además, ustedes son quienes más ocupados han estado. Casándose, teniendo hijos… —Se estremeció. –Han crecido demasiado en poco tiempo.
Sora soltó una carcajada.
—Vamos Mimi, ¿Qué no quiere crecer?
—He crecido –Clarificó la joven. –Pero no me he cargado responsabilidades tan grandes al hombro. No aún.
—Y eso está bien –Concluyó la pelirroja. –No es necesario que te cases y tengas una familia para ser feliz.
Mimi trató de ocultar su decepción con una nueva sonrisa. Era cierto que ella se consideraba a sí misma como una joven liberal e independiente que poco tenía que ver con lo considerado socialmente aceptable en su natal Japón, sin embargo, también era verdad que la idea de un esposo y un par de hijitos monos no le era tan descabellada y le producía un revoltijo en el estómago a causa del miedo que le daba no conseguirlo. Sabía que para sus conocidos ella no sería la clásica mujer que esperaba el amor y un anillo de diamantes sentada en el rincón y no quería serlo, pero a veces el pinchazo en el pecho que recibía cada que alguien se comprometía, que la invitaban a una boda, o que veía fotos en el internet de los hijos de alguien, era tan insoportable que la hacía querer llorar.
—Así es, larga vida a la mujer trabajadora moderna –Exclamó con una fingida mueca de diversión. –Hablando de trabajo, toma un par de tarjetas, lo que necesito ahora es darme a conocer más.
Sora asintió. — ¿Por qué no te encargas de la fiesta del sábado? –Preguntó. –Será en casa de Ken y Miyako y estoy segura de que les encantaría que te ocuparas de la comida.
— ¿Estás segura? –Indagó Mimi. –No quiero que se sientan obligados a nada.
Sora sonrió conciliadoramente.
—Se los comentaré, si les gusta la idea les diré que te llamen, ¿Te parece?
—¡Eso sería genial, gracias!
Abrazó a su amiga como pudo debido al gran vientre que se interponía entre ambas. Sora le regresó el abrazo antes de que se excusara para ir al baño diciendo que un bebé aplastaba más la vejiga que cualquier otra cosa en el mundo. Mimi sonrió mirando con dulzura como la pelirroja sostenía su panza al ponerse de pie. Le pareció realmente bello como Yamato y Sora podían haber logrado algo tan hermoso con su amor.
Pasados un par de minutos Sora se marchó. Mimi continuó arreglando su nuevo departamento, cosa que hasta ahora había estado posponiendo más bien por pereza cuando recibió una llamada de Miyako. Ésta sonaba tan chillante y emocionada como la recordaba mientras le decía lo encantada que estaría si se ocupara de la comida para la fiesta del primero de agosto, alegando el poco tiempo libre que tenía y lo poco le gustaba cocinar. Mimi le ofreció pasar a su casa a revisar el menú pero Miyako aseguró que lo que ella eligiera estaría bien y se despidió agradeciéndole y prometiendo mandar el cheque lo más pronto posible.
Al colgar Mimi se encontró con una extraña sensación mezcla de la felicidad y la nostalgia.
Koushiro llevaba añorando el fin de semana desde que el lunes lo había golpeado.
No sólo porque era el único día que se podía dar el lujo de dormir hasta tarde (aunque no lo pareciera ser un genio le provocaba un gran cansancio que se acumulaba y que hacía que abriera los ojos hasta el mediodía del sábado). Sino también porque significaba no tener que ver a Yui en por lo menos un par de días.
Y es que no había nada peor que trabajar con tu ex.
Además de que Yui no era cualquier ex. Estuvo a unos minutos de que Koushiro le propusiera pasar el resto de su vida con él y si a eso le agregamos que había dormido con su vecino, el atlético y atractivo Hisagi Ishiro, siendo aún novia del pelirrojo tenemos como resultado a la última persona que él quisiera volver a ver en su vida.
La odiaba. La odiaba tanto que había querido despedirla, había querido verla desamparada sin empleo, rezagada, sola y humillada, así como él. La odiaba como jamás había odiado a nadie y aquel sentimiento comenzaba a volverlo una persona amargada y constantemente enojada con la vida, de la cual sus mejores amigos comenzaban a hartarse.
Sabía que no podía odiarla por siempre y que en algún momento debía encontrar la paz de perdonarla, sin embargo justa ahora con un anillo de compromiso en su mesita de noche, se sentía incapaz de hacerlo.
—Koushiro tienes visitas –Anunció Tentomon tan pronto como lo vio abrir los ojos.
Cuando Koushiro salió de la habitación aún en pijama, se encontró con que Taichi se encontraba en su cocina, sirviendo un espléndido desayuno que parecía haber sido preparado por él. Una conocida sensación de gratitud inundó al pelirrojo antes de que la humillación golpeara como una bala en su pecho.
— ¿Qué estás haciendo? –Preguntó ligeramente anonadado.
—Preparándote el desayuno, ¿No lo ves?
— ¿De nuevo? Has estado haciendo esto por dos fines de semana, creo que estoy listo para preparar mi propio desayuno –Se molestó el pelirrojo.
Taichi negó con la cabeza.
—No te enojes, sólo quiero ayudar.
—Ayuda en tu casa –Espetó Izumi. — ¿O qué? ¿A tu esposa no le molesta que cada sábado salgas de la casa temprano y vengas a preparar el desayuno para alguien más?
El moreno compañero de Agumon soltó una sonora carcajada mientras Koushiro rodaba los ojos. Sin duda Taichi intentaba tomárselo con seriedad pero siempre terminaba fallando en el intento.
—A Sayuri no le molesta –Aseguró él. –Así que tampoco debería molestarte a ti.
—Lamento enfadarme porque mis amigos me traten como un inválido –Escupió venenosamente.
Taichi se sentó a su lado y por primera vez borró aquella boba sonrisa de su cara.
—Vamos, Kou –Habló. –Sabes que queremos apoyarte, lo último que quiero es que te deprimas y no dejes tu departamento.
—Eso no pasará –Refutó el genio.
— ¿Ah sí? ¿Pensabas ir a la fiesta del primero de agosto?
Koushiro no respondió. Era cierto que no había estado dentro de sus planes asistir a una tonta fiesta. Sabía que para Tentomon y los demás era una fecha importante, pero sinceramente a él no podía antojársele menos ir y pararse en casa de los Ichijouji y fingir frente a todos sus conocidos que todo iba marchando de maravilla en su vida. Menos cuando a estas alturas ya todos se habrían enterado de lo de Yui.
—Yamato piensa que deberías ir.
El desespero se apoderó del pelirrojo quien se puso de pie enfadado. Tentomon y Taichi lo observaron con los ojos como platos.
—Si Yamato pienso eso entonces déjame decirte que no me interesa, Taichi –Explotó. –No me interesa ni tu opinión, ni la de Yamato, ni la de Jyou, ni la de nadie. Estoy cansado de que me vean con lástima, estoy cansado de que vengas a mi casa y me hagas el desayuno como si me tratara de un huérfano con cáncer. ¡Estoy cansado de que sientan compasión por mí! ¡Sólo déjenme en paz!
Taichi lo imitó y se puso de pie encarándolo por primera vez. Se notaba la diferencia de altura pues para desgracia del pelirrojo, su amigo le sacaba un buen palmo y aquello no ayudó a su amor propio.
—Déjate de tonterías, somos amigos –Excusó Yagami. –Y los amigos van y te sacan de tu casa cuando lo único que quieres es pudrirte en tu cama. No dejaremos que esa perra de Yui…
—Taichi… —Le reprendió Izumi, sin poder soportar escuchar aquella expresión refiriéndose a su ex novia. Por más que la odiara escuchar de la boca del moreno esas palabras le provocaba una punzada en el pecho
—¡Eso es lo que es, una perra! –Gritó cansado. –Y no dejaremos que te arruine la vida, así que come tu desayuno, dúchate y prepárate para la fiesta.
—No tengo ánimos de ninguna fiesta –confesó Koushiro dejando atrás el enojo y cayendo en un estado depresivo.
—Vamos, Kou –Habló ahora Tentomon. –Deberías salir, distraerte, tomar un trago.
—Tal vez acostarte con una linda chica –Bromeó Taichi recibiendo una mala mirada de parte de su amigo. — ¿Qué? No es una idea tan descabellada. Yamato cree que deberías hacerlo.
Koushiro entrecerró los ojos antes de contestar.
—Yamato esto, Yamato el otro… —Se quejó. — ¿Crees que su palabra es ley acaso?
Taichi rio contento y Koushiro extrañó eso. Echó de menos aquella sensación de sentir la alegría fluir por tu cuerpo. Extrañó esa felicidad.
—Sólo estoy tratando de convencerte –Aludió el moreno. — ¿Te veo allí?
—Supongo que sí –Concluyó Koushiro. –Nos veremos allá.
Muchas gracias a quienes comentaron el primer capítulo, de verdad pensé que nadie se iba a animar a leer esta pequeña locura.
En el próximo capítulo tendremos: El encuentro.
Saludos y un beso enorme!
Liss.
