Descargo de responsabilidad: ® Todo lo relacionado a Shingeki no Kyojin es propiedad de Hajime Isayama.
El desayuno transcurría con normalidad. Bueno, casi.
Petra Ral se encontraba sentada a la mesa, hundiendo la cuchara en su plato cada vez con mayor fuerza, como si quisiera desquitar todas sus frustraciones con el cereal que desayunaba. Tenía el ceño fruncido, lo que le daba un aspecto cómico, casi como ver a conejito esponjoso e inofensivo tratando de aparentar ser rudo y feroz.
La razón de su frustración tenía nombre y apellido, aunque ella no quería pensar más en ello. Bueno, en realidad sí, necesitaba alguien que la escuchase —y que le diera la razón de paso—, o por lo menos alguien con quien desquitarse, y a falta de lo último se descargaba con el plato de cereal.
—¿Pasa algo? —le preguntó su padre, alzando la vista de su periódico. Llevaba rato escuchando el tintineo de la cucharilla golpeando el cuenco, pero se había abstenido de hacer comentario alguno hasta el momento.
—No, nada —respondió ella aparentando normalidad, aunque había cierto sub-tono agresivo en su voz, cosa muy extraña en ella dada su personalidad alegre y dulce.
—Entonces ten piedad de ese pobre cubierto, hija —la sonrisa era evidente en la voz del hombre.
Derrotada, la muchacha dejó la cuchara a un lado y alzó la vista soltando un profundo suspiro de frustración.
—¡Argh! —exclamó, y el padre supo que lo que le estaba molestando era serio—. Ese… ese… —se contuvo de soltar una palabrota— ¡ese Levi Ackerman es un antipático insoportable! ¡Es justo como lo describe la prensa! ¡Es un…! ¡Es un…! ¡Es un cretino!
—Entonces eso era lo que te molestaba —sonrió el sr. Ral restándole importancia—. Veo que no te fue bien en la entrevista.
—Ni siquiera me dejó hablar —se quejó la muchacha enterrando la cuchara en el plato como si pudiera apuñalar el cereal—. ¡Hubieras visto como me miró! ¡Me miró como si fuera una cucaracha!
El hombre se puso serio.
—¿Qué fue lo que te dijo que te molestó tanto?
—No tengo tiempo para entrevistas —citó, recreando el típico tonito que se usa para arremedar a alguien.
El hombre dejó a un lado su periódico, listo para hablar. Prefería intentar conciliar las cosas, y no dejar que su hija se quedara estancada en el mal rato que el jugador le había hecho pasar.
—Bueno, tienes que entender, estamos en plena temporada y los entrenamientos se vuelven más intensos —acotó—. Tú misma lo has visto.
—¡Pero no tenía que ser tan grosero! —se quejó ella— ¡Me trató muy mal!
—Bueno, bueno —la tranquilizó él—. Veré que puedo hacer, ¿sí? Pero no te pongas así, te caerá mal la comida —sonrió, y dicho esto, se levantó del asiento y se despidió de la jovencita besando su cabeza.
Petra soltó un largo suspiro, intentando calmarse. Quizá era verdad y estaba exagerando, no podía echarse de enemigo a una persona a quien ni siquiera conocía solo basándose en su primer encuentro con ella. Aunque claro, también se dice que la primera impresión es la que cuenta, y vaya que había sido muy mala. Levi Ackerman se había portado de muy mala forma con ella, tal como había dicho todo reportero del país que había tenido "el placer" de entrevistarlo. Ella intentaba con toda su fuerza ser más abierta y tratar de conocer primero a las personas antes de juzgarlas, sobre todo después de haber juzgado mal a un estudiante al que le daba clases, pero ahora le estaba costando mucho.
Sin duda alguna, la imagen que había dado aquel jugador era la de una celebridad antipática y vanidosa que no perdía su tiempo con el resto de los mortales. ¡Qué diferencia de lo que ella se imaginaba! Al principio se había sentido admirada por su historia, el cómo un niño pobre de Petare que jugaba en las calles con sus amigos había logrado tanto gracias a su talento. Ahora se sentía un poco decepcionada, como si aquel ejemplo de trabajo duro y perseverancia ahora estuvieran muy lejos.
Miró su grabadora, puesta encima de la mesa junto a su identificación y ahogó otro suspiro de rabia. Enfadada, se levantó de la mesa y salió de la habitación sin terminar su comida.
El entrenamiento matutino prometía mucho. La mañana estaba clara y fresca, perfecta para jugar un partido sin morirse del calor, o simplemente para observar a los jugadores hacer lo suyo y hacer montones de cálculos físicos en base a ello.
Pero ver al enano hablar con una muchacha pelirroja le dio otra idea a Hange Zoë. ¡Qué día tan perfecto!
Hange entró junto al entrenador del equipo y los demás jugadores, tomando asiento en una de las bancas. Observó a Erwin intercambiando unas breves palabras con la muchacha, quien se marchó casi de inmediato. Los demás jugadores entraron y dejaron sus cosas antes de salir a correr, y Hange aprovechó el tiempo que ocuparían calentando para encender su computadora y preparar sus cosas para su estudio.
Un zumbido llamó su atención, el cual provenía del bolso de Erwin. Sustrajo su teléfono y pensó en pasarle la llamada, pero se hallaba muy lejos instruyendo al equipo. Contestó la llamada, siendo recibida por una voz masculina que no pudo reconocer.
—Buenas días, Erwin —dijo la voz al otro lado de la línea.
—Buenos días —contestó Hange con la misma educación— soy su esposa, Erwin se encuentra ocupado, pero puede dejarle su mensaje. ¿Con quién hablo?
—Ah… soy Peter Ral, me preguntaba si el entrenador podría hacerme un favor.
Hange no vio problema en ello, así que animó al hombre a que continuara.
—Verá, mi hija Petra estudia periodismo en la UCV y está entrevistando a algunos beisbolistas como parte de su tesis, así que me preguntaba si él le permitiría hablar con algunos de sus jugadores.
Aquello hizo ¡click! en la extraña cabeza de Hange. Definitivamente el universo conspiraba a su favor. Aquella muchacha pelirroja de hacía unos momentos debía ser su hija, pues recordaba haber visto a una jovencita con la misma descripción cerca de Peter Ral en diversas ocasiones. La mujer sonrió de forma cómplice comenzando a armar todo un plan en su cabeza.
—Claro, por supuesto —contestó con alegría— le daré su mensaje y le diré que le llame tan pronto termine el entrenamiento.
—Muchas gracias, sra. Smith. Estaré esperando su llamada.
—Es un placer —sonrió ella, pensando en el provecho que podría sacar de esto—. Hasta luego, que tenga un buen día.
—Gracias, igual.
Peter Ral se despidió, contento de contar con el apoyo de Erwin Smith. Hange guardó el teléfono y sacó el suyo, lista para iniciar la primera parte del plan.
No le tomó mucho entrar a Google e iniciar su búsqueda. Tenía que estar cien por ciento segura después de todo. Hange era muy buena con estas cosas, cuando de investigar se trataba podía ser tan efectiva como el FBI. Lo primero que hizo fue buscar el nombre de la muchacha en internet, junto a la universidad donde estudiaba y su carrera. Los resultados que arrojó el navegador fueron muy útiles, uno mostraba su nombre completo junto a su número de identificación en un listado de OPSU, y otro con los mismos datos como candidata de las elecciones estudiantiles a la FCU. Había una fotografía también, enfocada en su rostro.
Es muy bonita, pensó Hange. Tenía el cabello corto, apenas le llegaba a los hombros, y era de un tono casi naranja, algo así como el cabello de Bella Thorne o Emma Stone. Sus ojos eran grandes, casi infantiles, y del color de la miel. Sonreía ampliamente, y allí a cada lado de su boca, se dibujaban un par de hoyuelos. Aparentaba unos 20 años como mucho, y por lo que había logrado observar esa mañana, no era más alta que su enano amigo.
Sonriendo de esa forma que solo anunciaba problemas, Hange guardó su teléfono y se dispuso a trabajar en su propia investigación, esperando el momento preciso para dar rienda suelta a sus planes.
El entrenamiento de la mañana terminó poco antes de mediodía, y el ánimo de los jugadores estaba muy alto. Seguramente esa noche apalearían a las Aguiluchas y se anotarían los puntos suficientes para evitar que los eliminaran del campeonato. Incluso Erwin se veía de muy buen humor, satisfecho con el trabajo de su equipo.
—¿Todo bien? —le preguntó Hange aparentando normalidad, pero por dentro se moría por ir a molestar a Levi.
—Sí —le contestó el entrenador distraídamente mirando su tablilla.
—Peter Ral llamó esta mañana —informó.
—¿Qué quería?
—Solo un pequeño favor.
—Bien, le llamaré en un rato. ¿Estás lista para irnos?
Hange ocultó su sonrisa.
—No, aún tengo cosas por hacer. Nos vemos más tarde.
—Adiós.
—Adiós.
En cuanto Erwin se perdió de vista, Hange se levantó y se aproximó hasta donde se encontraba su objetivo. Levi revisaba su teléfono, escribiéndole a su hermana seguramente, totalmente ajeno a las intenciones de su amiga.
—Entonces… —comenzó— ¿quién era la muchacha bonita de esta mañana?
Por un momento Levi no supo a qué se refería. Aunque siendo honestos, la mayoría de las veces no sabía de qué comino hablaba esa mujer. Levantó una ceja, exigiendo una explicación.
—La pelirroja, enano.
Levi se encogió de hombros y guardó su teléfono.
—No era nadie.
Hange le dirigió un gesto de incredulidad, aunque solo buscaba provocarle. Sabía la respuesta, aun antes de saltar a conclusiones precipitadas, sin embargo pensar que podría tratarse de "alguien especial" resultaba muy tentador. Sonrió, de esa forma tan peculiar que tenía, coreando y celebrando mentalmente, olvidándose de que Levi seguía a su lado. Por su parte el beisbolista se limitó a ignorarla, como siempre hacía, y se dirigió a las duchas para asearse.
Pero Hange Zoë no había terminado. No, apenas comenzaba. Sin pensarlo dos veces le siguió disimuladamente, esperándolo fuera de la ducha hasta que fuera el momento apropiado.
Minutos después, cuando los demás jugadores se marcharon y calculó que Levi se había quedado solo, procedió a entrar sin pedir permiso. Era hora de continuar con la fase uno del plan. Bueno, en realidad el plan no tenía una fase uno pero resultaba divertido decirlo así.
—Magallanes será campeón —comenzó a canturrear, luego de asegurarse de aprenderse bien la letra que encontró en internet—, porque sabe jugar beisbol. Con la melena de los leones y un buen sancocho de tiburones...
A Levi casi se le cayó la toalla de la sorpresa. Se la sujetó con fuerza, a la vez que le preguntó a Hange qué carajo hacía allí. ¡Ese era el baño de hombres!
—Oh, no sabía que estabas aquí —mintió ella descaradamente. Por supuesto que sabía que él seguía allí, si no, no habría entrado allí para empezar.
—Este es el vestidor de hombres —le reclamó el frunciendo el ceño—. No deberías estar aquí.
—Ya, ya, solo venía a ver cómo estabas —se defendió ella en gesto conciliador.
Obviamente a él no le convenció para nada la excusa, pero no hizo comentarios al respecto.
—Bien, ya viste como estoy. Ahora lárgate.
Hange sonrió, de una forma que no le inspiró confianza a Levi, y llevando las manos a su espalda, salió de allí canturreando la molesta cancioncita.
—Magallanes será campeón, Magallanes será campeón. ¡Comemos tigres! ¡Comemos leones! ¡Y hacemos sopa de tiburones!
—Loca —murmuró Levi chasqueando la lengua, en busca de sus pantalones.
Hange sonrió complacida. Su plan estaba funcionado. Fastidiar a Levi con el tema había resultado muy divertido, aunque el hombre no parecía darse cuenta del por qué. Tal vez lo había tomado como Hange siendo Hange, es decir, molesta e irritante con él, pero no había atinado a dar con la verdadera razón. Quizá era muy pronto, pero no iba a desperdiciar la oportunidad de chalequearlo un poco más.
De muy buen ánimo, Hange se dirigió a cierto centro comercial de la ciudad, popular por ser el lugar de reunión predilecto de los adolescentes de clase acomodada. Según su informante, es decir, el ingenuo Farlan, Levi estaría almorzando allí esa tarde junto a Isabel. Esto era perfecto, Isabel era tan inocente como cabría esperar de alguien de su edad, y si se pasaba de la raya, Levi se contendría por estar ella presente.
Efectivamente, Isabel llegó al sitio que Farlan le había dicho, acompañada por su hermano. Aparentando que todo era casualidad, Hange se acercó hasta la adolescente para saludarla. La inocente jovencita la saludó con entusiasmo, y para el no mucho entusiasmo que digamos de parte de Levi, la invitó a almorzar con ellos.
La comida estuvo repleta de comentarios de doble sentido de Hange, haciendo cuanta alusión podía del equipo rival, cosa que no le hizo mucha gracia a Levi. ¿Y todo eso era porque lo vio hablar con esa pelirroja del Magallanes? Si eso era así, no quería imaginar cómo serían las cosas si fuera su novia… Impotente por la presencia de su hermanita, Levi Ackerman tuvo que contenerse y no ser Levi Ackerman por esa tarde, guardándose para sí sus insultos y palabrotas, y conformarse con negar cualquier tipo de relación con aquella muchacha preguntona. Isabel se sintió decepcionada, por supuesto, pero Hange la pasó de lo lindo metiéndose con Levi y tentando su (poca) paciencia.
Cuando llegó a casa era pasada la una de la tarde. La voz de Erwin le llegó desde su habitación de trabajo, un cuarto empapelado de artículos de prensa, fotografías, y con trofeos deslumbrando su brillo metálico por aquí y por allá.
—Sí, acabo de recibirlo —decía al teléfono, tecleando en su computadora. Esta noche hablaré con ellos y así podremos programar una entrevistar —hubo una pausa—. Por nada, hasta luego señorita Ral.
Erwin colgó y dejó el teléfono en la mesa, saliendo de su oficina. Había escuchado alguien llegar y esperaba que fuera Hange, ya que se había tardado bastante en llegar.
—¿Dónde estabas? —le preguntó en cuanto la vio— Te esperaba para almorzar.
—Ah, estaba ocupada —respondió ella despreocupadamente.
Erwin no le dio importancia, tenía demasiadas cosas en mente.
—Iré a descansar un rato —anunció—. Despiértame en dos horas.
Erwin se dirigió al dormitorio, y Hange esperó a que se alejara para revisar su teléfono. Trazó una "H" para desbloquear el dispositivo, y revisó la última llamada. También había un mensaje reciente, proveniente del mismo número. Decía lo siguiente:
«Muchas gracias por su apoyo, sr. Smith. Acabo de enviarle un correo con las preguntas que haré en mi entrevista y los ítems de la encuesta, y también la carta de autorización de la facultad. Si necesita algo más por favor avíseme, y de nuevo gracias por su ayuda.»
La remitente, por supuesto, era Petra Ral. ¡Sí! ¡En definitiva el universo conspiraba a su favor! Hange tomó nota del número, y dejando todo como estaba, abandonó la habitación y salió de casa.
Petra Ral no podía creer la suerte que tenía. La mismísima Hange Zoë, esposa del entrenador de Los Leones del Caracas la había llamado para ayudarla con su investigación. ¡Nada podía ser más perfecto!
Aquel día había sido un vaivén de emociones. Se había levantado muy temprano esa mañana, emocionada por poder hablar cara a cara con el beisbolista más popular de la temporada, luego esa emoción se transformó en enojo por la respuesta poco alentadora que recibió del jugador, y ahora tenía esta mega-oportunidad de la mano de alguien tan cercano al equipo. Estaba muy feliz, emocionada, completamente llena de ilusiones y esperanza.
Hange Zoë llegó a la hora acordada, y se reunieron en un tranquilo cafetín cerca de la facultad. Petra llevó su grabadora, una libreta para tomar apuntes, y sobre todo, mucho entusiasmo y preguntas que hacerle a su nueva amiga.
—Muchísimas gracias por concederme esta oportunidad —le dijo en cuanto se vieron, estrechándole la mano animadamente.
—Nah, no es nada —le respondió Hange de buena gana—. Lo que sea por una compañera de investigación.
—¿También está usted haciendo una tesis? —preguntó la muchacha tomando asiento.
—Sí, algo así —le respondió Hange animadamente—. Estoy trabajando en mi tesis de doctorado, así que tengo mucho por hacer y sé lo mucho que se necesita para presentar una buena investigación.
—Sí, es muy difícil —concordó ella, tomando un sorbo de su café.
—Pero siempre vale la pena, ¿verdad? Yo estuve meses trabajando en mi tesis de grado, y mira ¡mención publicación!
—Wow —la chica hizo una perfecta "o" con su boca— ¡eso es increíble!
—Ajá ¡20 puntos por el pecho! —asintió orgullosa.
—¿Y de qué trataba su investigación?
—Nada difícil, hablé sobre cómo la física puede ser usada para mucho más que cálculos aburridos para fastidiar a los bachilleres. Ahora estoy expandiendo el tema, desarrollando un software que permitirá que los jugadores mejoren sus habilidades mucho más y corrijan sus debilidades en el campo de juego. Con este programa, todo lo que el jugador es y posee se convertirán en estrategias útiles para el juego. Analizando su peso, estatura, edad, la fuerza y velocidad que posee en diferentes condiciones climáticas, este software convertirá esos datos en información útil que le permitirá usar eso a su favor. ¿Es fuerte y veloz? Pongámoslo como pitcher. ¿Es alto y tiene una vista aguda? Dejemos que cuide alguna de las bases. ¿Es enano y delgado? Que batee cuando las bases estén llenas. Y así sucesivamente… Aún está en fase de prueba, así que no he podido avanzar mucho. Además, Erwin no me deja probarlo ahora, así que tendré que esperar hasta que termine la temporada y planifiquen algún partido amistoso…
La muchacha parecía casi incapaz de asimilar tantos datos, y comprendió que Hange Zoë era toda una entusiasta de la investigación. La próxima vez tendría más cuidado con lo que le preguntaba…
—Eso… suena impresionante —la sorpresa era auténtica.
—Y espera a que esté listo —sonrió con orgullo—. ¡El equipo será imparable! Aunque claro —disminuyó la emoción en su voz—, para ello primero tendría que convencer a Erwin que me deje probarlo con los chicos para poder demostrar que funciona…
—Ah, bueno, mucha suerte entonces —contestó Petra sin saber qué más decir.
—Gracias. Y dime, ¿cuál es tu tema?
—Bueno, estoy hablando sobre la relación entre la prensa y los beisbolistas —comenzó a explicar—. Al principio quería hacerlo más amplio y hablar sobre la relación de la prensa y las celebridades en general, pero mi tutora dijo que debía delimitar el tema y tratar de "ir de lo general a lo particular" así que pensé en hablar de los beisbolistas, ya que creí que sería más sencillo porque mi papá conoce a muchos de ellos…
—Y por eso querías hablar con Levi —al fin estaba entendiendo.
Petra asintió, tomando otro sorbo de café.
—Sí, pero eso no salió muy bien…
—¿Qué pasó? —quiso saber Hange, puesto que había visto de lejos el intercambio, pero no había oído nada, pero conociendo a Levi, ya se imagina qué pudo haber pasado…
—Pues… —la muchacha parecía dudosa de continuar, como si temiera ofender a su acompañante—. Él no pudo atenderme.
Hange entrecerró los ojos, percibiendo la mentira.
—¿Te echó, verdad?
Petra se puso roja, avergonzada por haber sido descubierta.
—Bueno… sí… —titubeó—. Creo que no le gusta mucho que lo entrevisten… —Hange la miró inquisitivamente, y no tuvo más opción que decir la verdad—. En realidad no fue muy amable conmigo.
—¿Qué fue lo que te dijo?
—"No tengo tiempo para entrevistas" —citó, esta vez sin arremedarlo.
Hange sonrió ligeramente, de forma comprensiva.
—Y ahora seguramente estás pensando que es un antipático insoportable.
—Sí, de hecho sí —admitió derrotada.
Hange soltó un suspiro, y se recostó en su silla.
—Sí, bueno, eso le pasa por no ser amable. Siempre bromeo con eso, diciéndole que no sea tan mala gente y se porte mejor, pero no me hace caso. Así que todos los periodistas lo odian y la opinión pública lo deja muy mal parado. Pero como siempre, eso le vale gorro. Dice que le importa… —se cortó, antes de citar sus palabrotas— muy poco, y sigue actuando igual. A veces pienso que nunca cambiará…
Petra estaba impactada de que la propia Hange, amiga cercana del aludido, hablara tan libremente de él de esa forma con una chica a la que apenas acababa de conocer. ¿Eso quería decir que en realidad Levi Ackerman era un pedante sin remedio? Qué decepción…
—Pero en realidad él no es así como lo pintan —agregó de pronto, con la mirada perdida como si evocara un recuerdo lejano—. Lo que pasa es que no confía mucho en los periodistas, y trata de evitarlos tanto como pueda. Es muy reservado con su vida privada, y detesta que la prensa se inmiscuya en ella. Verás, cuando su hermana terminó el noveno grado, el liceo hizo una reunión para celebrar que los estudiantes pasaban a cuarto año. Ya sabes, esas reuniones donde los chamos se rayan las camisas y los directivos les entregan un montón de papeles…
»En fin, Levi estaba allí acompañándola, y un periodista de esos programas de chismes se metió allí para tomarle fotos a él y una supuesta novia que tenía, lo que por supuesto a él no le gustó para nada. Comenzaron a discutir e Isabel trató de calmar las cosas, pero se interpuso en el peor momento y el tipo le pegó por error. Ya te imaginarás cómo terminaron las cosas. Levi se molestó muchísimo y casi le da una paliza, y de no ser por Farlan hubiera sido peor. Al final Isa terminó con un morado en la mejilla, y aquel reportero con la nariz rota y un brazo entablillado. Demandó a Levi y todo… fue un gran problema.
Petra estaba asombrada.
—Por supuesto no le digas que te lo dije, o me mataría —soltó una risita—. Pero en fin, como ves su forma de evadir las cámaras tiene su razón de ser, y mientras respeten eso, no tiene por qué haber problema alguno.
—Entonces… ¿dice usted que debería darle una segunda oportunidad?
—Ay, no me trates de usted que me haces sentir vieja —corrigió Hange—. Pero sí, tal vez descubras que no es tan gruñón como parece. Si tienes suerte —pensó para sus adentros—. ¡Hasta puede que te sonría!
—¿En serio? —Petra no ocultó el sarcasmo en su voz, sintiendo ganas de bromear.
—Solo si le llevas algún producto de limpieza —contestó Hange, y ambas mujeres soltaron una carcajada—. Bueno —continuó luego de recobrar la compostura—, Erwin hablará con el equipo así que no tienes de qué preocuparte. Tal vez no consigas una entrevista con el enano, eh… con Levi, pero podrás hablar con el resto del equipo. Seguramente Oluo te dirá que sí, le encanta lucirse.
Petra tomó nota del nombre, cualquier ayuda que le proporcionaran sería útil.
—Gracias por todo, Sra. Smith… ah, es decir, Hange. Pensé que sería imposible conseguir hablar con los jugadores del equipo rival, ya sabe, por la competencia y todo eso, pero gracias a usted y a su esposo podré hacerlo.
La sonrisa que le dedicó fue tan sincera que casi parecía angelical. Hange no comprendía cómo Levi pudo haberla tratado tan mal, si la chica era un sol.
—De nada, Petra —le sonrió con igual sinceridad—. Lo que sea por una colega investigadora.
Tras eso, las mujeres se sumergieron en una conversación, que poco a poco se fue alejando del tema principal y dio un giro que paseó por sus carreras, metas sueños e incluso vida amorosa. Hange supo que Petra estaba soltera y libre de compromisos, esperando el momento y la persona adecuada para iniciar una relación, mientras que Petra aprendió que Hange se había casado con Erwin tres años atrás, y que se habían conocido cuando ella estudiaba a su equipo cuando estaba haciendo su tesis de postgrado. El tiempo voló sin que apenas lo notaran, y entre cafés, risitas y anécdotas fueron conociéndose un poco mejor, entablando una nueva amistad.
Y, durante todo ese tiempo, Hange sentía que estaba olvidando algo, pero como lo consideró poco importante, enterró el pensamiento en lo más profundo de su cabeza y siguió con la amena cháchara hasta que el reloj dio las seis de la tarde y su acompañante tuvo que regresar a casa.
Los rayos moribundos del sol apenas iluminaban la habitación, dejándola en penumbras. Erwin Smith se removió bajo las sábanas, regresando muy lentamente a la consciencia. Se sentía más descansado de lo que debería, pero su mente embotada por el sueño apenas lo percibió. Abrió un poco los ojos, acostumbrándose a la escasa luz diurna, y sin quererlo sus ojos se posaron en el reloj junto a su cama.
6:04 pm
El sueño se esfumó de inmediato, como si le hubieran golpeado con un martillo. Hange no lo había despertado y ahora no era tarde, ¡era tardísimo! ¡Se suponía que lo despertara dos horas atrás! ¡DOS HORAS!
Erwin se levantó velozmente de la cama, enredándose con las sábanas, buscando su ropa. Un papelito pegado a la puerta llamó su atención, y todavía con una pierna fuera del uniforme cojeó hasta allí para leer su contenido.
«Salí a ver a una amiga, te llamaré al teléfono»
Promesa que por supuesto, la atolondrada investigadora no había cumplido. Erwin quiso ahogar un suspiro de frustración.
—¡HANGE!
UCV: Universidad Central de Venezuela.
OPSU: No me acuerdo qué significan las siglas, pero es esa cosa que te asigna a la universidad y carrera que quieras si tienes buenas calificaciones.
FCU: Federación de Centros Universitarios
Chalequear: sería el equivalente venezolano a "to tease"
20 puntos es la calificación máxima otorgada en las instituciones educativas, al menos por ahora.
Finalmente, estoy aquí.
Argh, no saben lo que me pasó. ¡Fue horrible! Escribí este capítulo hace como dos semanas, pero como estuve trabajando directamente en el documento abierto del winrar, sin haberlo extraído antes, cuando lo guardé y lo volví a abrir ¡tarán! Todo mi arduo trabajo había desaparecido mágicamente.
3500 palabras desaparecidas en un segundo. Casi lloro.
Me tomó más de lo que quería reescribirlo, pero al final pude hacerlo. Y es así como llegamos aquí. Todavía no sé cuántos capítulos me tome esta historia, o si podré terminarla, no les prometo nada. Avanzaré hasta donde pueda, pero no les aseguro que llegue al final. Lo único que sí puedo decirles es que tendrá un final feliz, porque después de tanto drama y tragedia estos dos se merecen un respiro.
—Fanfiction, 10 de enero de 2017.
PD: ¡viva el eruhan! ( ノ^ω^)ノ゚
