Disclaimer: los personajes no me pertenecen, pero la trama si.

Lo que está escrito "entre comillas" son los pensamientos de la gente.

Lo que está escrito en cursiva son conversaciones en la distancia o por teléfono.

La historia está escrita desde el punto de vista de Renesmee.

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2. CAPÍTULO 1.

- Renesmee, en pie.

- Qué?

- Es lunes. Levanta, tienes que ir al instituto.

- No me encuentro bien. Mira, tengo fiebre.

Cogí la gélida mano de mi madre y la puse sobre mi frente.

- Yo creo que estás bien.

- Pues yo no me encuentro bien. – dije tapándome la cabeza con la almohada.

La cama se hundió bajo el peso de mi madre, que empezó a acariciar mi espalda.

- Cariño. – dijo con una dulzura que me hizo sentir culpable por mi comportamiento. – ya se que es difícil para ti.

- Tú no sabes nada.

- Renesmee…

- tú no sabes como se siente una cuando la llevan arrastras a una ciudad desconocida.

- No, pero…

- Y cuando tienes que dejar atrás a tus amigos contra tu voluntad.

- No, pero…

- Y cuando tienes que empezar nueva en un instituto, con gente a la que no conoces de nada, y que seguramente pensarán que eres un bicho raro.

- Creo que lo se. Eso es lo que me pasó cuando llegué a Forks.

- Pero es que tú elegiste ir a Forks, y yo no he decidido marcharme de allí. – dije, recordando el dolor que me había causado el marcharme de mi pueblo natal.

- Cariño, en apenas cinco años has pasado de ser un bebé a una adolescente. – intentó quitar la almohada de mi cabeza, pero la cogí con fuerza y terminó desistiendo. – no podíamos seguir allí.

- Así que es culpa mía. – me di la vuelta y me destapé la cabeza.

- Yo no he dicho eso.

- Claro que sí. – lancé la almohada a la otra punta de la habitación y me levanté de la cama.

Salí corriendo de la habitación, en dirección al cuarto de baño, pero no llegué a entrar. Un cuerpo duro como el mármol me bloqueó el paso y caí de culo al suelo al chocar contra él.

Levanté la vista poco a poco y me encontré con la dura mirada de mi padre, que me taladraba con sus fríos ojos negros. Iba a abrir la boca para quejarme pero cambié de idea al momento. Me levanté del suelo y volvía a mi dormitorio. Pasé por el lado de mi madre, que estaba en la puerta, mirándonos a los dos, y me metí en el armario, que era casi tan grande como mi habitación.

No sabía que ropa ponerme para mi primer día de instituto. Pija o skate? Vaqueros o falda? Tacones o deportivas?

Yo soy de las que se ponen lo primero que pillan, sin molestarme en mirar si voy conjuntada o no, pero ese día no podía hacer eso. "Necesito a tía Alice y a tía Rosalie."

Di unas cuantas vueltas más por el armario/vestidor, pero terminé dejándome caer de culo en el suelo.

Toc, toc.

- Se puede? – dijo la voz de Alice desde el otro lado de la puerta,

- No. Estoy intentado vestirme.

- Y para que te crees que estamos aquí?

La puerta se abrió y tía Rosalie entró en mi armario, con tía Alice a sus espaldas. Rose me tendió su mano y la tomé al cabo de unos momentos.

- Vamos.

Sin soltarme la mano, tía Rosalie, tía Alice y yo dimos una vuelta por el armario. Yo no miraba nada pero, como si se hubieran puesto de acuerdo, Rosalie cogió una prenda de ropa y Alice otra.

- Vístete y sal para que te peinemos y maquillemos. – dijo Alice cogiendo a Rosalie del brazo.

- Paso de maquillarme.

- Fingiré no haber oído eso. – dijo mirándome ofendida.

Cerraron las puertas y, bastante a desgana, empecé a vestirme.

Mis tías habían elegido unos vaqueros negros y una camiseta azul turquesa, estrecha y larga, que me cubría el trasero. Cogí unos tacones negros y salí del vestidor.

Me senté en el taburete que tenía frente a mi tocador y Alice apareció al momento con su maletín de maquillaje.

- Alice, por favor. – dije apartándome un poco. – sabes que no me gusta maquillarme.

- Pero Nessie, solo será un poco de maquillaje suave.

- Solo tengo cinco años. Aunque aparente diecisiete, no tengo edad para maquillarme.

- Dime que no es cierto. – dijo Alice, soltando el maletín de golpe.

- No quiero maquillarme. – me puse en pie, cogí un coletero y me hice una cola alta sin siquiera peinarme. – y tampoco quiero peinarme como si tuviera veinte años.

- Renesmee!

Rosalie me miraba con el dolor pintado en el rostro. Alice la estaba abrazando. Me miraba como si fuera una desconocida.

Cogí mi mochila, que estaba en mi silla de escritorio, y bajé corriendo las escaleras. Emmett y Jasper estaban en el salón, pero salí de la casa sin despedirme. No estaba de humor para hablar con nadie.

- Estás lista? – dijo mi padre, que estaba en la puerta del garaje.

- Volveré a la hora de comer.

Fui hacia mi coche, pero encontré que estaba cerrado, algo muy extraño. Yo nunca cerraba mi coche.

- Quien ha cerrado mi coche?

- Yo.

- ¿Por qué?

- Yo te voy a llevar al instituto.

- No! – exclamé, intentando abrir, inútilmente, mi coche. – dame las llaves de mi coche!

- Al coche.

El tono de su voz llegó a asustarme. Cuando quería, podía llegar a dar miedo., pero yo seguí empeñada en abrir mi coche. Tiré con tanta fuerza de la maneta del coche que terminé sacando la puerta de su sitio. Mi padre no dejaba de mirarme y, al final, fui hacia el volvo de mi padre y me senté en el asiento del copiloto.

No me reconocía a mi misma. No era la primera vez que me enfadaba, pero es que me había pasado. "Alice y Rosalie no tienen la culpa de nuestro traslado. En realidad, ellas se opusieron a que nos mudáramos. Les debo una gran disculpa."

- Eso espero. – dijo mi padre, poniendo el coche en marcha. – te comportas de forma extraña.

- No. Me comporto como una chica normal.

- Pero es que tú no eres normal.

- ¿Qué? – "no me lo puedo creer." – déjame salir del coche.

- No. Ya estamos llegando.

Me crucé de brazos y no me moví hasta que no frenó en la puerta del instituto.

- ¿Entiendes porque soy tan duro contigo? – me cogió de la mano cuando me iba a quitar el instituto.

- No.

- Claro que si, solo que no quieres aceptarlo.

- Papá, tengo que irme. Es mi primer día y no quiero llegar tarde.

- Es por Jacob, ¿verdad?

- Es porque me dormí en mi cama, en Forks, y me desperté en el coche, a medio camino a Canadá. – abrí la puerta y salí del coche. – no pude despedirme. Ni siquiera del abuelo Charlie.

Mi padre abrió la boca, pero no emitió ningún sonido. En su interior sabía que no habían hecho las cosas bien y que tenía todo el derecho a estar dolida.

- Vendré a buscarte. – dijo cuando cerré la puerta del coche.

Me colgué la mochila a la espalda y seguí a la gente hacia el interior del edificio. Todo el mundo parecía saber a donde iba. Todos menos yo, que no lograba encontrar la puerta de la secretaria.

- Aparta! – exclamó una voz antes de que algo me golpeara el hombro y me tirara al suelo.

"Maldita sea!"

- ¿Necesitas ayuda?

Levanté la vista y vi a un chico que me tendía su mano. Dudé un poco, pero terminé tomándola y me levanté del suelo.

- Si, gracias. – me puse bien la ropa y cogí mi mochila del suelo. – ¿que estás haciendo tú aquí?

- Bueno, los chicos se han marchado a clase y yo, como buena persona que soy, me matriculé en secreto en el instituto para no dejarte sola. – dijo, sonriendo, empezando a caminar por los pasillos, con nuestras manos unidas.

- Te lo agradezco, tío Jasper.

- Nada de tío Jasper. Ahora soy solo Jasper. Tu primo Jasper. – dijo guiñándome un ojo.

- ¿Lo sabe Alice?

- Ahora seguro que si. – llegamos a la secretaria y llamamos a la puerta, que estaba cerrada.

Tanto mis padres como mis tíos se habían matriculado en la universidad, salvo Jasper, que nos había engañado a todos e iba a estudiar conmigo. Era un alivio saber que no iba a estar sola, y sobre todo que Jasper era quien iba a estar a mi lado. Era mi mejor amigo.

- No hay nadie. – terminó diciendo a los cinco minutos. - Por cierto ¿Por qué estabas en el suelo?

- No lo se. No lo vi venir, algo me golpeó en el hombro y… - apoyé la espalda a la pared y me dejé caer hasta sentarme en el suelo. Tío Jasper hizo lo mismo a mi lado.

Me cogió de la mano y empezó a acariciar la palma con un dedo.

- ¿Alice te ha contado lo que ha pasado esta mañana? – dije cerrando los ojos, avergonzada por mi comportamiento.

- Lo he oído, y he sentido lo mismo que ella.

- ¿Está triste?

- Mucho.

- En cuanto llegue a casa, me disculparé y me la llevaré de compras.

- No está triste por lo sucedido esta mañana, sino por el motivo por el que tú estás triste. – dijo, besó el dorso de mi mano y volvió a acariciarla.

- No entiendo.

- Ya sabes, por la forma en que sucedió todo. Ella se negó desde el principio.

- Pero primo Jasper, ¿Por qué nos fuimos de Forks?

- ¿Llevan mucho rato esperando? – alzamos la vista y nos encontramos con una señora de unos sesenta años.

- Solo un ratito. – dijo Jasper al tiempo que se ponía en pie y me ayudó a levantarme. – Somos Jasper Hale y Renesmee Cullen. Somos nuevos.

- Adelante, pasen.

La señora abrió la puerta y nos invitó a pasar. Nos entregó nuestros horarios y un mapa con la distribución de los tres edificios que componían el instituto. Salimos de allí a los diez minutos, por lo que terminamos llegando tarde a clase. Por suerte, el profesor aun no había llegado. Jasper y yo nos sentamos en los únicos asientos que había libres. En la primera fila.

- ¿Cómo vas?

- Bien. – mentí.

- ¿Y porque has roto ya dos lápices?

Miré los lápices rotos que descansaban sobre mi mesa y junté mis manos.

- ¿Recuerdas tú primer día en el instituto de Forks? – susurró acercando su silla a la mía. – Lo nerviosa que estabas.

- Si.

- ¿Cómo te fue?

- Al final bien, pero porque...

- Pero que…

- Jacob vino a verme a la hora del desayuno y, no se, ello me tranquilizó mucho.

- Entiendo. Uy, ya viene.

Nos sentamos bien en nuestros sitios y, al momento, un joven de unos veinte pocos años entró en el aula. Fue a sentarse a la mesa del profesor. Se hizo el silencio en el aula.

- Buenos días.

- Buenos días señor Callaway. – dijeron todos a coro. Todos menos Jasper y yo, claro, que no conocíamos al muchacho.

- Hoy tenemos a dos nuevos alumnos. Jasper Hale y Renesmee Cullen. – dijo leyendo nuestros nombres de un cuaderno. – poneos en pie, por favor.

Jasper y yo nos pusimos en pie. Todos se nos quedaron mirando, lo que provocó que empezara a ponerme de los nervios. Gracias a Dios, el maestro no nos hizo hablar ni nada de eso y empezamos con la clase de lengua al momento.

La mañana fue más o menos bien, hasta que llegó la hora de comer y Jasper y yo fuimos hacia el comedor. En cuanto entramos, todos volvieron a mirarnos, cuchicheando.

- Mira ese tío.

- Está como un tren.

- No se como puede estar con esa.

- ¿Has visto que tacones?

- ¿Cómo puede andar con ellos?

- No hacen mala pareja.

- ¿De donde dicen que vienen?

- Que pálido es.

- Que guapa. Me gusta su ropa.

- Jasper, ¿de verdad tenemos que estar aquí? – susurré cuando fuimos hacia la cola para coger la comida. – No me siento cómoda.

- Vamos, todos te envidian. Lúcete un poquito.

- No me gusta que me miren. Ya lo sabes.

- Pero tienes que comer algo. Vamos. – cogió una bandeja y empezó a llenarla de comida.

Cuando llenó la bandeja, me cogió del brazo y fuimos hacia una mesa vacía que estaba un poco apartada.

- Come algo. – dije dándole un trozo de pizza. – finge que eres humano. – dije hablando todo el rato entre susurros.

- Que asco.

- Come y calla. – cogí un batido y empecé a beber.

- ¿Cómo vas a volver a casa?

- Edward vendrá a buscarme.

En cuanto dije eso, Jasper pareció atragantarse.

- ¿Edward?

- Si.

- ¿Es que no has venido en tu coche?

- No. ¿No lo sabías?

- Lo único que se es que me tengo que ir ya. – se puso en pie y besó mi mejilla. – Nos vemos en casa.

- ¿A dónde te crees que vas tan deprisa?

Ambos nos dimos la vuelta y nos encontramos con los ojos negros de la persona que menos deseaba ver en esos momentos.

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Hola!

Lo se, lo se. He tardado mucho, pero es que no he podido actualizar antes.

Ya me diréis que os ha parecido.

Besitos guapis.