Tratado de Soledad
Universo Alterno
Capítulo 7 – bajos las nubes de lluvia
Era tan irónico y simple lo que se había vuelto su vida. Observaba el techo color cascara de la habitación y su memoria divagaba en las intenciones de su anfitrión. Cada día era fetiche del castaño, quien podía pasar largas horas observando su rostro, sus manos, su cuerpo en general, solo acariciando y haciéndola sentir cada vez más insegura de lo que ella creía que su vida era. El abandono del pasado le decía que Terrence tarde o temprano se iba a olvidar de su existencia y volvería a su vida sin sobresaltos, eso quería y deseaba creer, antes que reconocer, que estaba enamorada, era lo mejor para ella, las personas siempre abandonan… ¿o no?, curvó sus labios en una débil y esforzada sonrisa. Vio al castaño ingresar con una bandeja al cuarto, era su ritual sagrado, por lo menos tres veces al día – Señorita, le traje su comida – él sonrió y dejó el plato a su costado – Di algo Pecosa – Ella suspiró y con una voz desafina que empezaba a estrenar respondió con un poco de dificultad – Gracias.
Reconocía ante todo que era un hombre obsesionado con controlar todo, su pasado de carencias le había enseñado que debía de ser cauto y calculador si no quería vivir nuevamente en el terror del día a día, pero ella se escapaba a su control. En los primeros meses y luego de haber degustado esos labios carnosos más de una vez a la semana, pensó dejar sin efecto su pacto una y otra vez, pero luego de frecuentar a otras mujeres, no podía dejar de volver a cobijarse entre sus pechos suaves y cálidos, se estaba volviendo una adicción insaciable, se resigno a su destino. Todas las noches de los últimos 3 años, pasaba al departamento de la joven, él conservaba una copia de las llaves, había veces en la observaba dormir, otras las despertaba con un beso y se metía entre sus sabanas, eran sus mejores mañanas como lo repetía cada vez que se encontraba con Anthony en la puerta del edificio, otras donde encontraba la cama vacía, se recostaba a dormir con su aroma y despertaba cansado como si algo le faltase, él nunca lo admitiría que realizaba esa locura y a ella no pareció molestarle la frecuencia en sus visitas.
Muchas veces se preguntó en las noches de soledad, si en esos extensos viajes al extranjero, Candy tenía algún amante, varias veces más se lo preguntó en el lecho y ella solo respondía - Me acuesto contigo, ¿eso cuenta? –le hervía la sangre con su humor ácido y la llevaba al borde del placer tocando sus puntos débiles, no se detenía hasta sentir su respiración entrecortada y su voz agotada diciendo basta. Ahora era distinto, en los ojos de la rubia solo había necesidad de cariño, necesidad de caricias, lo necesitaba a él y eso era impagable – Hermosa, sería bueno que salieras de aquí, no sé, ¿tal vez dar una paseo? – Por primera vez en semanas la rubia tembló de pies a cabeza – No – Fueron las escuetas palabras que salieron de sus labios y tenía sentido, el temor de que la gente la mirara como una bestia de circo la congelaba, ella nunca dependió de nadie y aceptaba que Terrence la ayudara, pero que el mundo la viera como un espectáculo, no podía concebirlo siquiera – No por favor – repitió de con temor en la débil voz – Tranquila, no haré nada que no quieras… - acaricio su rostro y beso sus labios – Y si bajamos al living y vemos unas películas – No era lo optimo para la mujer, pero era aceptable, relajo su cuerpo y sus facciones y acepto con un casi imperceptible movimiento de cabeza.
Las visitas a casa de Grandchester siempre fueron rápidas, directo a su dormitorio y con las demás luces de la casa apagada, ahora que bajaba de forma pausada en los brazos del castaño, se daba cuenta de buen gusto, muebles finos, decoraciones delicadas, no escatimaba cuando se trataba de él o de ella y eso lo comprobó mucho antes con las joyas que de vez en cuando llegaban a sus manos, ante alguna cena o fiesta a las cuales lo acompañaba – ¿Te gusta? – Terrence le había preguntado por la casa – Si es hermosa.
Al llegar a la sala la recostó en el sofá más grande y él se sentó en el otro extremo – Candy, te gustaría vivir aquí… ¿conmigo? – Hasta ahora era un hecho que compartía aposentos con él, pero sabía que eso llegaría a un final, cuando ella tuviese que volver a depender de una enfermera que pagase su pensión de invalidez – ¿Lo dices enserio?, quieres vivir con una mujer que no te puede responder ni en la cama – su sorpresa fue interrumpida el timbre – Dame un momento, volveré a responder eso.
Capítulo 8 – Por amor o soledad
Un paso a la vez se repetía mentalmente una rubia que caminaba por la acera en frente de la casa de Grandchester. Se suponía que debía odiarlo, que tenía que estar furiosa, ella era simplemente mil veces mejor que esa mujer postrada, no era posible que la hubiera despreciado de esa manera, pero pese a todo eso no podía tener rabia, sabía que él sentía solo compasión por ese cuerpo sin movimiento, sin vitalidad, era solo cuestión de tiempo que Terrence se percatara de ese pequeño, pero gran detalle. Por ahora solo le quedaba izar bandera de tregua y entrar una vez más en su vida. Grandchester era su batalla final.
No pudo evitar recordar el día que ella le propuso ser su novia, los recuerdos la paralizaron casi al llegar a portón de entrada de la casa.
Señor Grandchester le espera la Señorita Susana, la hago pasar – El hombre rodó los ojos en blanco, Susana era una mujer que conoció hace un par de semanas, no era tonta y se movía con rapidez en los negocios de la bolsa, lo que la hacían una mujer muy interesante para algunos corredores de bolsa, pero para él era solo interesante su cuerpo y los fugases momentos que compartió mientras su adorada estuvo de viaje en Egipto – Hágala pasar y si me demoro más de 10 minutos con ella, interrumpa dando alguna escusa – Terminada sus palabras una elegante mujer de cabellos rubios y ojos azul profundo entró – Terry – la rubia se acercó a grandes pasos y le robó un beso apasionado - ¿A que me debo tu visita? – Respondió el hombre un poco asustado e intrigado tras la escena – Quiero ser tu novia – El castaño con su singularidad, rió de buena gana dejando absorta a la rubia - Lo lamento dama, yo vivo la vida libre – con un poco de arrebato pegó en el piso con su taco - ¿me rechazas? – El negó con la mano – No querida, solo que tengo una muy buena amante, que no pide nada – de forma rápida y aprovechando su cercanía, ella busco la mano del castaño y la posó sobre sus pechos – Dime si esa amante tuya tiene tan buena posición y tan buen cuerpo – El suspiró, pese a todo era un hombre de carne débil – Está bien, me ganas… Pero te advierto que no dejaré a mi amante – Ella le extendió una invitación para esa noche – Ya lo veremos, por ahora me gustaría conocerla – El hombre tomó el papel por cortesía y lo lanzó directo a la basura – Ya tengo planes para hoy, ahora mi querida novia… Tengo que seguir con mis labores, ¿te retiras por favor?.
Ya desde ahí sabía que sería una batalla complicada, pero nada que no pudiera resolver con su elegancia, estirpe y contactos. Tocó el timbre y salió el castaño – Susana… ¿Qué deseas? – La mujer levanto los ojos y lo observó de forma indescifrable para él – A ti… y no me importa cómo – El hombre respiró, tenía que volver pronto adentro, lo esperaba su mujer – Susana es mejor que te retires, no te hagas daño, ni me incomodes a mí, disculpa tengo que entrar – y la dejó ahí parada en la puerta con sus arrepentimientos.
Capítulo 9 – Equidistante
Me gustaría decir que la interrupción estuvo fuera de lugar, pero fue lo mejor y en el momento preciso, luego de sacar de forma cortes a Susana de mi vida por segunda vez, me quedé a las espaldas del sofá donde se encontraba Candy, quería responder de una forma serena y no explotar como siempre cuando algo me parecía mal. Intente por varios medios ponerme en su lugar, pero que podría hacer yo, no había nada más que amor en mi para ella – Es una afirmación falsa… - Intentó parecer lo más sereno que pudo, mientras ingresaba a la habitación y se ubicaba en el mismo sofá que ella – Tienes que ser sincero contigo mismo, es difícil para alguien paralitico… – hizo una pausa debido a un pequeño nudo en su garganta – Devolver las mismas caricias – Fue una forma sutil de expresar aquello que verdaderamente estaba en su cabeza – El solo hecho de verte ahí… me deja a mil, ¿eso responde tu pregunta? – Al observar sus piernas, pudo determinar que era verdad – Aun así, tarde o tempranos te aburrirás de que no pueda responder – el castaño, ya estaba perdiendo la paciencia, su respiración se volvía entrecortada y apretaba con fuerza los puños – Por favor, reacciona – La rubia esquivó la mirada, tanto como su actual condición se lo permitió – Es mejor no soñar despierto Terrence – Su paciencia había llegado al límite – ¡Por un carajo Candy! – Golpeó en la mesa de centro, haciendo saltar los objetos de decoración - ¿no bastan estos tres años para ti? – Intento respirar hondo y bajar sus revoluciones, pero al mirarla sólo conseguía que su corazón se acelerara aun más - ¿no basta que te haya puesto por sobre Susana?, ¿Acaso no basta que sea yo precisamente él qué esté cuidado de ti? – Estos días en paz, le decían a Terrence que era posible que ella se quedará ahí, junto a él, pero como árbol en otoño, aquellas ilusiones que había estado gestando dentro de sí, el viento se las llevaba y quería retenerlas… Pensaba mientras que aun sentía sus latidos, Dios, Candy, di algo – ¿Para qué?, si estoy consciente que tarde o temprano te irás.
Capítulo 10 – Remordimiento
¿Qué harás, acaso te quedaras con los brazos cruzados? – Las palabras de aquella mujer que decía ser su madre le retumbaban en la cabeza, el tenía la posición económica y social para hacer que el mundo diera la vuelta alrededor de marte, pero frente a la situación con esa mujer no había hecho nada, se lo había impedido y lo peor de todo es que se enamoro de su víctima. Recordó…
Había pasando poco más de un día desde el accidente que le cambio la vida, la mujer se encontraba postrada aun sin un diagnósticos certero y él solo quería ver el resulto de sus actos, es escabullo entre los pasillos del hospital, debía evitar encontrarse con cualquier persona que lo reconociera luego, no le fue difícil ubicar la habitación con sus dotes de don Juan, una enfermera lo ayudo con una bata y le avisaría en caso de que alguien desconocido viniese – Antes de saber quién eres, te pido perdón – Lo dijo en voz casi imperceptible a los pies de la cama – No es necesario que comprendas, solo que escuches… - se dirigió lento hacia el costado de la cama, donde pudo observar sus risos dorados, que caían cual cascada desde el cielo, sus labios se observaban quebradizos y sedientos, aquellos que no perdían un hermoso color rosa – Dios, esto es un pecado – Se acercó lento, deslizando la mascarilla, para poder fundir sus labios con los de ella – Señor viene un pariente de la señorita – La enfermera le advirtió a tiempo, tras su partida entraba un hombre que se convertiría en parte de su pesadilla.
Capítulo 11 – El sobrante
Uno o dos meses que se hacía cargo de la empresa de su amigo, verdaderamente no era tan malo y las rentas eran bastantes generosas, a veces sentía que se estaba aprovechando de su querido amigo y luego recordaba que su amigo se llevó con él lo que más amó durante toda su vida. Desde niños él y Candy jugaban juntos, jugar era un decir tremendo, pues en la escuela ella se sentaba en un rincón con mucha sombra a leer sus extensos libros y él se sentaba a sus pies a jugar con un auto de madera que lo acompañaba siempre, cuando ya no había tiempo de aquel silencio cómodo, estudiaban juntos en la biblioteca.
A los 13 años de ambos, la señora Pony, quien era la tutora de Candy murió, la encontramos en su cama un día que volvíamos de la escuela, ella no derramó una lágrima y sepultó a la única figura materna que tenía en el olvido de su memoria. Cuando ya tuve uso de razón y de conciencia sobre mi cuerpo y mi alma lo supe… Estaba colado hasta los huesos por ella, intenté acercarme como un hombre normal, con rosas y chocolates, la verdad es que me ignoró, hasta sus 18… Es tan vivo el recuerdo…
Anthony, no juegues con fuego – quería gritarle que no era un juego, que ella era todo lo que yo deseaba, pero si lo hacía ella se esfumaría como un cigarrillo – No estoy jugando – Le dije de forma seria y besé sus labios, sus ojos que permanecían abiertos no decían nada, la situación se dio vuelta y al estar solos en su casa con una botella de vodka, pude besar más que su piel, fue nuestra primera vez. Descubrí el cuerpo de una mujer sin pudor. Sé que mi inexperiencia aquella vez le debe haber dejado un sabor amargo y un dolor intenso en su intimidad, pero como no querer volver a probar ese néctar que me embriagaba, conocí junto a ella el sabor de una piel dulce, las intimidades de una mujer que se está descubriendo a sí misma. Quedar exhaustos luego de haber entrado en ella más de una vez, se volvía una rutina, esperada e inesperada cada tarde, mi mente se permite ser mas especifico que yo y me remontan a cuando probé su miel directamente desde la fuente, ese pequeño montículo que mordí solo para escuchar sus gemidos.
Maldito suertudo – Se dijo cuando volvió a la realidad, sonrió para tomar el teléfono y comunicarse con el infeliz, era necesario que supiera a donde viajaría en su "luna de miel".
Capítulo 12 – A tajo abierto
Las palabras de Candy habían dado en el blanco, podría haber jurado que sentía exactamente los mismo que ella, ¿Qué pasaba si ella se iba de su lado?. Se dirigió al bar que se encontraba en una esquina de la habitación, tomó una copa y la llenó con whisky – No te lo puedo negar – sus manos temblaban y no era capaz de mirar a los ojos verde la rubia – No te preocupes – Ella dijo en voz entrecortada – Es normal, la gente viene un día y se va al otro, es algo tan normal… - Ella intentaba apretar con fuerza la tela que estaba bajo su mano - Es lo mejor, una vez que pueda resolver el lado legal, no tendrás que hacerte cargo de mi, ya no seré una carga – Sintió un nudo en la garganta tan grande que le dificultaba seguir hablando, pero se obligó a sí misma a terminar, aunque esa frase determinar el final de su corta fantasía. Un cristal rompiéndose en el suelo fue la escueta respuesta del castaño, antes de llegar a su lado besar su frente y decir aquellas palabras que rompieron sus corazones en mil pedazos – Te amo.
Capítulo 15 – El tiempo a solas
A penas salió de la su casa, tomó el móvil y se comunicó con Anthony, ella se quedaría sola en casa y necesitaba de la compañía de alguien para subsistir. Aun así solo pensaba en su bienestar y era ilógico no hacerlo, pues sabía que en el fondo ella tenía razón, tarde o temprano ella misma podía tomar las maletas y salir por la puerta, sin dejar un solo rastro o una sola pista, ¿acaso no había sido esto lo que llevo que sus 35 años aun no hubiera nadie con la cual compartir su vida?, ¿Qué haría desde ahora?, sus impulso le decían, vuelve tras tus pasos y has que entienda que estarás para ella, pero su razón y cuestionamientos de decían, ¿cómo puedes asegurar algo de lo que ni tú mismo estás seguro?.
Los pasos errantes lo habían llevado hasta aquel departamento, donde había compartido poco más de mil noches con ella, saludó al portero y subió tranquilo por el ascensor, al entrar todo se encontraba tal cual lo dejaron, la cama deshecha, las copas de vino sobre la mesa, su ropa tirada en el piso, le fue imposible no recordar.
Aquella noche fue furtiva, como siempre ingresó con cautela, se suponía que ella aun no llegaba de su viaje, pero la encontró mirando por la ventana – Te quería sorprender y fui yo el sorprendido – No hizo caso de contestar hasta que se vio envuelta en los brazos del castaño y una mano se deslizaba por su entrepiernas - ¿Se supone que te esperase desnuda y cubierta por chocolate – a él, le pareció simpático el comentario y tras besar con furia sus labios replicó – No sería una mala opción hacerlo ahora – Ella se descubrió sonriendo ante el comentario, mientras que de forma diestra metía sus manos en el pantalón – Alto señorita – Le dijo en voz ronca al oído – Esta noche la manejo yo – se vieron envueltos en un juego de poder, el sacó su corbata y ató sus manos de forma suave, pero firme, luego la puso contra la mesa y deslizó sus pantalones de cuero rápidamente descubriendo las piernas de la mujer, sonriendo ella y en forma de burla lo desafió – Si vas a jugar con fuego… Deberías aprender – Los ojos azules del castaño se oscurecieron, aceptando el desafío – Cuando quiera tu opinión dulzura, la pediré – No tardó un par de segundos en envestirla de forma brutal, la mesa no contenía la fuerza aplicada y se corría centímetros en cada movimiento, para él no era suficiente y cargando su ímpetu la arrojó en la cama, abriendo sus piernas frente a él - Quiero más – Dijo cegado por el deseo, comenzó jugando con sus labios, pasando su lengua lentamente por las delgadas y sensibles paredes – Maldición. Detente – dijo la rubia intentado correr la cabeza del castaño – No preciosa… Te lo dije, esta noche mando yo – le detuvo las manos a un costado, mientras que la respiración y los gemidos de la oji verde se volvían profundos y suplicantes – Terrence, detente – el hombre seguida mordiendo y degustando la intimidad de la mujer – Suplícame preciosa… Vamos, suplícame – no pudo escuchar las palabras que tanto anhelaba, la rubia hubo acabado en grandes espasmos, sintiendo un placentero orgasmo que la dejó tiritando sobre el lecho – es mi turno – La volteó rápidamente y se concentró en llegar al éxtasis lo más rápido posible – Déjame – Suspiraba nuevamente, era lo que marcaba que estaba nuevamente al borde.
Malditos los recuerdos que lo arrebatan en esos momentos, era ella y solo ella la que debía estar ahí, pero ¿Cómo confirmarle un futuro que ni el mismo estaba seguro?, he ahí nuevamente el dilema, se lanzó a la cama a respirar ese aroma embriagador y trató de dormir, aunque esa noche fuera imposible.
Capítulo 14 – Tiempo al tiempo
Los días se volvieron semanas y las semanas meses, el silencio había apoderado de sus corazones y sus miradas. Un día después de la conversación que quebró sus corazones, él había regresado a cuidarla, se ocupaba como siempre de ella y le sonreía seguido, pero el mutismo era su extraña forma de hablar. Tampoco habían estado juntos, ni él se dedicaba a observarla, tenía que reconocer que extrañaba sus miradas y su compañía activa, la hacía sentir viva y querida, pero idiota ella que siempre alejaba a las personas que amaba, si que ama, por fin podía aceptarlo.
Entró por la puerta de la recamara como cada mañana, dejó la bandeja a un costado, la observó directo y le sonrió, con la voz temblorosa y quebrada, se decidió a romper el tímpano de hielo que se había formado en torno a ellos – Terry – El hombre levantó la cabeza y la observó con resignación en la mirada – No tienes que decir nada, solo un par de días más y te podrás ir – respiró hondo y como pudo acercó su mano a la del hombre que preparaba su comida – Yo… - el castaño sintió el contacto y su sangré hirvió – Por favor, si no quieres estar aquí, si no deseas aceptar que esto puede pasar y puede terminar, no digas nada – con su voz lastimada y las pocas fuerzas que tenía, se abrazó al hombre a su costado – quiero intentarlo, yo también te amo – Los ojos del hombre soltaron lagrimas de alegría, esperanza y miedo, acaso lo que escuchaba era una mala broma – Candy – buscó sus labios y probó la dulzura que siempre los caracterizó.
Capítulo 15 – Tratado de Soledad
Anthony observaba por la ventana de su nuevo despacho, desde ahora y por un buen tiempo, era el gerente general de Empresas Grandchester S.A. Su amigo ahora solo era el dueño y delegaba en el todo las responsabilidades, desde las inversiones, hasta la administración de compra y venta. No pudo evitar derramar un par de lagrimas cuando supo que ella y el estaban formalmente soñando en la misma cama. Se habían ido de viaje, al más puro estilo de luna de miel, la diferencia es que no habría un vestido blanco, no habría rosas, ni una noche de bodas, ninguno de los dos era de estilo, de eso ya un año.
El rubio había conocido una mujer impresionante, en el aspecto físico no era la gran cosa, a ojos de Terry, pues el insistía que no había mejor que Candice, Anthony secretamente coincidía 100% con él, pero esa mujer sin gracia había captado su atención, era tan hábil como él, en las finanzas y podía hacer estimaciones tan confiables, que sus servicios eran contratados por las mejores empresas de distintos rubros, su nombre era Alison. Se casaron poco después del regreso de Terry y Candy, de su viaje.
Susana por su parte, había dejado de insistir, viajó por el mundo varios años, intentado encontrar la paz… Mitos y leyendas urbanas dicen que jamás se volvió a saber de ella.
La verdad es que esta historia fue maquinada hace alrededor de 15 años, con el tiempo encuadrado y sin final. Pero gracias a las palabras de Liz, La continue…
Gracias por sus rew y por leer pese a que a veces soy bastante inconstante por mis actividades.
Saludos y Cariños a todas y todos, a los lectores silenciosos y a aquellos que se animan a dejar su huella.
Dedicado a ustedes.
Querida Liz Esta historia se la dedico a usted y además… Se viene un Epilogo…
By Anngel
