Aquí sí tuve que hurgar en cosas que, honestamente, quería dejar quietecitas. Aproveché un ataque depresivo para escribirlo. Mi beta brilla por su ausencia, así que ha de haber errores aunque lo revise como mala de la cabeza.

Abajito, advertencias antes de aventurarse.

Lo que podrán observar aquí es, principalmente:

– Problemas psiquiátricos (trastornos de la personalidad, entre otros más.)

– Trastornos alimenticios

– Problemas conductuales

– Problemas sociales y familiares.

También advierto otras cosas como lenguaje soez.

Como siempre, Digimon no me pertenece, tampoco sus personajes.


Los dulces de la felicidad


Hikikomori

—¡Me rindo contigo, por un demonio que me rindo! —más allá que furiosa, aquella voz femenina se oía herida, preocupada, cansada, ¡tantas cosas!

—Hazlo, nadie te obligó a venir en primera instancia. —La voz sonó irrealmente tranquila, como si no sintiera nada más además de los gritos de la fémina—. No vuelvas a importunarme, por favor.

¡Eres de lo peor! —bramó una última vez.

Y tras un portazo, Koushiro observó a la chica irse a través de la ventana, entornando los ojos al reloj y volviendo al seguro encierro de su habitación; porque si no había salido de su casa en casi cuatro meses, no lo haría porque alguien lo forzara a hacerlo. No ahora, no se sentía listo. Ni para eso ni para tener contacto alguno además de las visitas ocasionales de Miyako o Sora, la primera cada vez más nerviosa y la segunda cada día más hundida en un pozo de tristeza. Él le había pedido expresamente a Taichi que dejara de intentar persuadirlo con eso de abandonar el encierro, los demás también estaban cansados de tratar con problemas propios y encima problemas de otros.

Si había pasado lo de Sora para que se diera una especie de efecto dominó; primero Mimi había dejado de comer durante las reuniones, Ken siempre tenía excusas para faltar o llegaba cuando las reuniones habían casi finalizado y encima no emitía palabra alguna, Hikari constantemente estaba más en otra parte que allí con ellos, Yamato aún más taciturno, Miyako o andaba irritable o andaba en extremo sensible –hasta paranoica– y más de uno aseguró que en cualquier momento echaría a llorar, Takeru se mostraba casi agresivo y ni hablar de Daisuke… Koushiro miró por la ventana tras mover la cortina y volvió a irse a la cama, sin reparar en el desorden.

Alguna vez leyó algo que decía, más o menos, «Japón presenta uno de los mayores índices de suicidio y enfermedades mentales, tales como depresión y diferentes tipos de trastornos anímicos y de la personalidad», no recordaba con claridad el origen de la frase, pero más o menos recordaba las tristes estadísticas, que de cada diez individuos, cuatro a cinco padecían o padecieron problemas así. Ni hablar de las altas tasas de suicidios y miraba de nuevo a su grupo próximo, de doce, tres presentaron problemas graves y otros cuatro problemas relativos a la salud mental leves. Koushiro suspiró, juntando sus frías manos sobre el pecho y quedándose largo rato mirando hacia el techo y sus formas, apenas programaba algunas cosas y volvía a la cama, haciendo con mucho una comida al día.

Y sin embargo había casos peores que el suyo, ¿alguien podía estar peor que él, con su claustro autoimpuesto?

Miró el calendario, ¿qué día era del mes?, ¿qué fecha era con exactitud? ¿Qué estación? Cuando se está encerrado en casa tanto tiempo se pierde la noción del tiempo.

Tal vez Miyako tenía razón y era un ser de lo peor, rechazando la ayuda de quienes le tenían cariño. La primera en desistir, perturbada por sus propios problemas, fue Hikari. Mimi lo había estado tratando hasta hace pocas semanas y hoy se había rendido Miyako, tras gritos y llantos. Sólo Sora seguía presente en la red de apoyo –por llamarlo de alguna forma–. De los chicos, Ken ni siquiera intervino –ya mucho con lo suyo tenía, ¿no?– Taichi y Yamato estuvieron insistiendo largamente –y Taichi lo hacía de vez en cuando aún–. Jyou, como de costumbre, estaba demasiado metido en sus propias obsesiones como para intentar un acercamiento. Y los demás, intentaban sólo "lo justo y necesario". Es que, si era honesto consigo mismo –o tenía la decencia de serlo alguna vez–, era sólo perder el tiempo.

Dos veces lo vio la psicóloga, pero tampoco fue de utilidad. Yoshie, desesperada, intentó convencerlo en más de una ocasión de que saliera de su cuarto a tomar aire, ¡si quiera que saliera a la puerta! Masami también ya había agotado sus fuerzas.

Sólo Sora seguía persistiendo en sus visitas, pese a que la pelirroja, de alguna manera, decía que aquellos estragos en el grupo fueron culpa suya.

Y Koushiro nunca respondía a esos lamentos, sólo se limitaba a escucharla hablar, sentado sobre su propio trasero, con la barbilla apoyada en las rodillas, sin mirar realmente algún punto específico del espacio reducido que solía ser su alcoba, su único hábitat en esos últimos cuatro meses.

Sí, era de lo peor.

Suicida

Lo intentó tan sólo tres veces, pero la última fue la que más bullicio causó, la que más repercutió, la que más dolió, a ella y a los demás. Si antes entre ella y Toshiko existía un mundo de distancia, ahora estaban a galaxias enteras lejos. Sora estaba en casa, sedada con aquellos malditos tranquilizantes que la tenían como un guiñapo, pero al menos calmaban los impulsos. Sí, se sentía miserable, lo bueno del asunto –si es que tenía un lado "amable"– era el no sentir las ganas de correr a llenar la bañera y dejar caer algún artefacto eléctrico conectado y meterse allí.

De todos modos, Toshiko alejaba cualquier cosa que pudiera ser usada como un arma, ¡hasta los benditos alambres para los arreglos florales! Claro, no estaba mal puesto que fuera a cortarse las venas con alambres endebles o intentar construir una soga para colgarse del techo, ¡hurra!

La primera vez lo intentó encerrándose en casa, con todas las entradas de aire cerradas y abriendo una de las válvulas de gas, una muerte indolora y sin mayor escándalo, morir asfixiada sonaba tentador. Además del amago de incendio y pasar por descuido, no pasó nada. Cometido fallado.

La segunda fue un mes después del incidente "escape de gas", fue más drástica, cortes. Cortes a lo largo, cortes profundos. Aún recuerda las manchas escarlatas en la baldosa blanca del baño y le dan escalofríos. Allí, Toshiko decidió que era hora de meterla en una terapia. Y la terapia implicaba fármacos. Nadie supo, salvo Yamato. Le costó caro, la relación se fue a la mierda de manera irremediable y no tardaron en romper luego de casi tres años de relación.

Y la maldita tercera vez. No tomaba los fármacos, los acumulaba hasta que fueran una cantidad sustanciosa y poder llevar a cabo su acometido. Pero aquellas cuatrocientas píldoras, entre antidepresivos y sedantes no fueron suficientes, esta vez fue Haruhiko quien la encontró completamente lívida en su habitación. Debió trancar la puerta si quería morir en paz.

Tonterías, pese a aquello, Sora pedía a gritos silenciosos ser salvada de su propia mente. Miraba ahora con expresión indeterminable las cicatrices de sus brazos.

La tercera vez se había hecho pública la "tragedia". Supo que Yamato y Taichi discutieron y hasta intercambiaron golpes, Mimi lloró y lloró hasta agotarse, que Jyou entró en una etapa más fuerte de su trastorno obsesivo-compulsivo… y de los demás no escuchó nada –o eligió el no hacerlo–.

Con ella en estado grave, en un coma inducido por los médicos, definitivamente un "algo" en su querido grupo se rompió de manera definitiva.

¿Habría pasado lo mismo si ese día no hubiera tomado aquella decisión? Quizás sí, quizás no, porque cada cabeza es un mundo y tal vez aquel acto –el acto cobarde, como lo apodaba Taichi– sólo fue un catalizador, como cortar el cable equivocado, provocando que la bomba estallase antes de tiempo.

Se bajó las mangas de la blusa, hasta la mitad de las manos, se arregló apenas el cabello y miró la hora; era la hora de salir, la hora de ir a ver a alguien, alguien que la escuchaba quejarse y ella, a cambio, no le forzaba a mejorar, porque las cosas deben darse con reales intenciones.

¿Entonces ella no tenía reales intenciones de morir y tan sólo buscaba un escape al dolor?

Probablemente aquello era toda la verdad tras el asunto; no el cuadro clínico, sino que el real asunto de peso tras toda la secuencia de sucesos acaecidos en los últimos dos años.

Ellos ya no eran los de antes.

Buscar una solución

Sus encuentros siempre eran iguales, él miraba a algún punto inexistente dentro de la habitación, ella hablaba un poco y luego se quedaba a su lado. Raras veces Koushiro se disponía a hablar y entonces Sora encontraba pequeños consuelos en esas charlas inconexas, en una ocasión podían hablar sobre el Digimundo –cerrado hasta nuevo aviso– como hablar de sociedad, clima y de aberraciones varias, en cada ocasión era un tópico diferente.

Mas, las cosas relativas a sus emblemas nunca se tocaron como tal; nunca se hablaron en plenitud, porque las palabras duelen. Porque duele admitir que, en realidad, estamos más que equivocados.

Sora lo sabe bien, Koushiro también. Esa tarde apenas Sora llegó a su habitación, Koushiro se sentó en el piso, con la espalda apoyada en la pared, mirando de frente hacia la puerta. Sora le imitó, pero desde la puerta.

Permanecieron horas mirándose en silencio, como intentando resolver lo que ocultaba la mirada ajena, como observando los cambios en las facciones del otro o simplemente como un par de idiotas que no tiene nada mejor que hacer, salvo mirarse durante eternas horas que se van volando, porque vuelven la vista a la ventana y ya ha anochecido.

Koushiro baja la mirada, alzando las gruesas cejas en un gesto que parece demasiado tranquilo, como de costumbre, Sora entonces recuerda que ha venido a verle vistiendo un vestido de mangas largas y cierra las piernas, sin embargo, ¿qué más da? Sora no sabe que Koushiro no ve el espacio entre sus piernas abiertas, no sabe que, en verdad, la atención, la curiosidad, están puestas en sus brazos que se empeña miserablemente en esconder.

—Tú no eras así de destructiva —Sora cree que es un reproche, pero a la lógica de Izumi aquello es sólo una observación—. ¿Por qué te avergüenza? ¿No han cicatrizado?

Y con un dedo pálido señala los brazos, Takenouchi se abraza a sí misma, como si el abrazo pudiera cubrir las cicatrices y hacerlas desaparecer. Y ella sigue sin comprenderlo.

—Estamos mal, Kou. Deberíamos salir de este lodazal y buscar ayuda… tampoco sigues conductas sanas.

Ahora es Koushiro quien no comprende sus motivos, sus palabras, sus argumentos. Frunció el ceño otra vez, cruzándose de piernas en su posición, mirándola a tres metros de distancia.

La luz de la noche le favorece, sin lugar a dudas, brilla en su piel morena. Koushiro se ríe con risa discreta y Sora se acerca a gatas, no le importa pillarse con cosas inoportunas en el piso alfombrado. Ahora sólo les separa el espacio que las piernas cruzadas de Koushiro han generado, Sora le sigue mirando en silencio, como si su cerebro hubiera huido con todo lo que quería decirle.

—Gracias por todo, Sora —comienza, mirándose los calcetines con la poca luz del cuarto—. Si no fuera por ti, definitivamente yo…

No continúa, unos labios cálidos, impetuosos, irrespetuosos lo callan. Quiere responder, pero la misma boca imprudente se aparta y Sora vuelve a ocupar la distancia de sus piernas cruzadas.

—Vamos mañana a ver a la doctora, ¿quieres?

Las manos sobre los hombros le indican que él ha aceptado el trato; mañana mismo se irán a buscar ayuda.

Porque cuando has tocado el fondo, tienes dos opciones: o nadas a la superficie o te mueres en el fondo por falta de aire.

Y ellos dos, por esta vez, quieren pelear la batalla, de la manera más limpia posible.

Ellos realmente quieren una solución a sus problemas.

. . . —


Este capítulo me salió increíblemente corto, en comparación al otro, pero el final de éste no es tan… ¿oscuro?

Y me salió escribir el Koura/Soshiro, de alguna manera… lo vi como esas relaciones que no caen ni en sanas ni en enfermizas. ¿Qué estoy tratando de joderles a todos la psiquis en este fic? Sí, sino no me explico cómo tuétanos haría esto. Me gusta juntar personajes en mal estado en situaciones poco favorables.

En capítulos venideros explicaré cosas que pueden quedar en el aire, como porqué Sora buscaba desesperadamente la muerte, porqué Koushiro sencillamente renunció a la vida social. Y las menciones de los demás.

Ahora, ¿qué es un Hikikomori? Un Hikikomori es, básicamente, una persona que se recluye en su propio cuarto por largos periodos, a veces tiene conexión con el mundo exterior (por redes sociales) o viendo la televisión todo el día. O, en casos más extremos, se quedan siempre en la misma posición sin hacer jamás nada. El encierro puede ir desde salir muy de vez en cuando a otras partes de la casa –ir a buscar comida o al baño– o puede ser un encierro total, sin salir jamás de su habitación. La conducta puede presentarse desde semanas hasta años enteros. En Japón no suele hablarse mucho del tema porque tener un Hikikomori en la familia es "deshonroso".

Al medicamento que mantiene "tranquila" a Sora pueden ponerle el nombre que se les ocurra, yo lo llamaré "Valproato sódico". Pueden googlearlo.

Gracias por leer, éste capítulo sí lo escribí bajo el efecto de pastillas, ¡bendita Clorpromazina! Pueden ignorar ese momento de estupidez, gracias.

* . Carrie.