Sin decir ni una sola palabra me marche lejos, debía de protegerla. MI querida y dulce Bella. No quería ni llamar a mi familia, simplemente comencé a correr, algo en mi me gritaba que regresa con ella, pero no podía, no debía de volver.

Ella estaría mejor si yo estaba lejos, si no la volvía a ver. Desea por unos minutos haber sido mas fuerte desde un principio y haberme alejado, pero la amaba demasiado. Cuando estas enamorado puedes hacer las mayores locuras y yo hice la mía.

Alguien llamo a mi móvil, supuse que era Alice y al ver su nombre en la pantalla lo cogí.

- ¿Que deseas Alice?- le pregunte con la voz rota, mi voz solo daba a conocer una mínima parte de como estaba por dentro.

- Vuelve con Bella inmediatamente, ella esta perdida y sola.

- Alice, la acabo de dejar en el bosque y te aseguro que estaba cerca de su casa.

- ¡Edward Cullen! ¿Estas ciego?- me pregunto enfadada.

Mire al cielo y vi que estaba oscuro. ¿Tan sumergido había estado en mis pensamientos que ni siquiera me había dado cuenta de la hora que era?

- No puedo volver Alice, le haré mas daño.

- Edward, esto ya le esta haciendo el mayor daño posible, vuelve ahora y te perdonara- suplico Alice y por un momento me la imagine haciendo pucheros.

- No Alice, le he dicho palabras que han sentenciado a muerte el amor que alguna vez sintió por mi, ella ya no me querrá más te lo aseguro- le dije y acto seguido colgué el teléfono. No tenia ganas de discutir, y menos aun cuando hacía unas cuantas horas que lo había dejado con Bella.

Sin ninguna decisión definitiva viaje al sur, tan lejos como me fuera posible de Forks para así no tentarme e ir a buscar a B... no, ni siquiera pensare en su nombre ahora. Brasil seria una buena opción y con rumbo a allí fui.

*** Meses mas tarde***

Había pasado casi seis meses desde que la abandone.

Al llegar a Brasil Alice me llamo de nuevo, había visto que Victoria tomo la decisión de irse a Brasil al igual que yo. Que suerte la mía que al menos ella acabaría con mi vida.

Durante los primero día fui de un lugar a otro sin rumbo hasta que un joven universitario me vio vagabundear. Creyó que era otro estudiante y que estaba borracho, me llevo a su piso y allí me quede.

El se llamaba Anthony, ¿casualidad? Todo era posible, al final me hice pasar por estudiante universitario y me quede con el en su piso de estudiante. Haría lo que fuera por olvidarla y volvería a comenzar una nueva vida. Estar lejos de mi familia, me entristeció, pero ellos se fueron a vivir a Alaska y de vez en cuando venia a verme.

- Edward, maldita sea despierta o llegaremos tarde- me llamo Anthony desde el salón.

Me levante de la cama y me fui a la ducha. Monotonía todas las noches desde había mudado con él me las había pasado tumbado en la cama, soñando despierto imaginado una vida que jamas tendría.

- ¡Edward, por favor sal ya de la ducha!- desde luego ese niño parecía una madre. Debería hablarlo con él.

Cuando salí de la ducha me vestí rápido y fui hasta la cocina donde Anthony tenía preparado el desayuno.

Anthony era alto, me superaba por dos cm. Sus ojos eran azules y el pelo oscuro. Él se quejaba de que era feo, pero desde luego no lo era. El era fibroso, casi como yo. Una mala copia de mi mismo, pensaba algunas veces cuando nos íbamos a la playa y las chicas nos miraba preguntándose si eramos hermanos.

- Muy buenos día Bella durmiente- dijo él, yo me estremecí ligeramente, no había escuchado su nombre desde hace cinco meses, y aunque pensaba en ella solo me lo imaginaba y jamas pronunciaba su nombre.

- ¿Dije algo malo?- me pregunto él preocupado.

- Nada, no te preocupes, ¿que clase tenemos hoy?

- Ninguna-me contesto mordiendo la tostada que tenia en su mano, yo le eche una mirada llena de ira.

- ¿Y por que me despertaste?- le pregunte en un tono acusador. Vale, no dormía, pero si soñada despierto imaginando la vida que hubiera tenido si siguiera con... ella.

- Mira que eres olvidadizo, hoy quedamos con tu familia, tenemos que ir a recogerlos en el aeropuerto- me explico. Y otra vez sus ojos están negros, o es la luz que le afecta o estoy loco.

Respire hondo y cerré los ojos, dios tenia que encontrarme con otro que se fijaba mas de la cuenta. Y esos pensamiento me llevaron de vuelta a ella. Mi dulce y adorable...

- ... Edward baja de la nube- dijo Anthony moviendo su mano delante de mis ojos arriba y abajo.

- Aparta la mano de mi cara o te juro que te la arranco- le dije enfadado.

- Mira señor, no soporto a nadie dejadme ser anti-social, llevas viviendo conmigo seis meses y en estos has tenidos un humor de perros.

Gruñí por la palabras.

- Primero parecías que te hubieran robado algo, después estabas normal, unas semana mas tarde el mal humor. Luego el quererse tirarse todo lo que se mueva para pasar en cero coma un segundo a " quiero despertar de esta pesadilla" y ahora vuelves con el humor de perros- comenzó a enumerar sin respirar apenas- He sido tu amigo desde que te conocí, pero ya esta bien o vuelves a ser normal... que digo o eres mas sociable o te juro que tu cambiante humor sera el menor de tus problemas.

- Y yo que creía que tu problema era mi cambiante humor.

Anthony gruño, cogió su desayuno y se fue al sofá para poder terminarlo. Rápidamente simule comerme el mio pero en realidad hacia lo de siempre tirarlo a la basura. Menos mal que yo era el que tiraba después la basura si no se hubiera dado cuenta.

- Edward termina el desayuno debemos de estar en el aeropuerto dentro de una hora.

- Anthony, deja de ser una madre y una novia para mi al mismo tiempo- le dije lavando mi plato.

- Oh perdona si le molesto señor "yo no irrito a nadie"-me contesto con sarcasmo- Tendrás cara, pues te juro que como sigas asó me volveré aun peor.

- Oh por favor no, ya tengo suficiente con una madre-le dije con sarcasmo a lo que me respondió tirándome el cojín del sofá.

Maldita sea, el puede ser todo lo irritable que quiera que aquí el único que lo aguanta no puede decir ni una sola palabra.

Pobrecito, si de verdad supiera por que estoy así me emprendería. Cuando él termino de desayunar, cogí sus platos y los lave mientras él se terminaba de vestir.

Durante estos últimos mese me ayudo mucho, era un gran amigo. Casi como un hermano, o lo era ya que le había cogido cariño.

- ¿Listo para ver a tu familia?- dijo saliendo de su cuarto.

- Tan listo como tu la primera vez que Rosalie te dio un beso en la mejilla.

El se sonrojo visiblemente.

Al segundo mes de pasarlo con Anthony, mi familia me visitó. Y como no, el ego de Rosalie se hizo mas grande cuando vio la baba de mi amigo caerse. Ella al despedirse le beso en la mejilla y durante los posteriores día estuvo como un zombie sin dejar de frotarse la mejilla. Eso y además un temblor.

- Oh vamos que solo fue un beso de nada en la mejilla- me contesto él.

- Si claro, pero ¿y que te paso los demás días?

- Examenes- dijo cogiendo las llaves del coche.

Ese chico no tenia remedio.

Como siempre, fui yo quien cogió el coche. No pensaba permitir que él lo cogiera, era desesperante ver como conducía, agarraba con fuerza el volante y se mantenía alejado. Muchas veces le hice la broma de que el volante no se lo iba a comer, pero me soltó una risita llenad de nervios. A partir de entonces decidí coger el coche yo no fuera que nos estrelláramos y seria muy posible con el conduciendo.

- Edward, ¿Crees que podría conquistar a tu hermana?- me pregunto de improviso. Ni lo leí en su mente.

Le mire a los ojos y él me señalo la carretera para que mirara hacia delante.

- Ella esta con Emmett, ellos... se ... aman- decir esas palabras me costaban, me resistia a decirlas, como si pronunciarlas me matara lentamente.

- Tienes razón, aunque no hago daño a nadie si lo intento- dijo Anthony acomodandse nerviosamente en el asiento.

- No, solo te harás daño a ti mismo cuando Emmett se entere y te de la paliza del siglo que acabara con tu vida- le conteste- ¿Has visto sus músculos?

- Si, y también las consecuencia de los esteroides.

El chiste me hizo gracia y comencé a reír con ganas, Anthony primero me miro asombrado para después reír conmigo. Al parar me miro fijamente.

- ¿Que te pasa ahora?- le pregunte.

- Jamas te he visto reír, has sonreído, pero ¿reír? Eso nunca tío- me contesto- Sea lo que sea lo que te paso parece que se te esta olvidando.

Olvidando... mi dulce Be..Bella... Entonces algo me golpeo con fuerza en el pecho, gire bruscamente y pare el coche en el arcén. Baje y me senté en el suelo. No podía respirar, algo no me dejaba respirar y para un vampiro eso era un sentimiento un poco absurdo y a la vez necesario. No necesitaba respirar realmente, pero la falta me ponía nervioso. El aire me ayudaba a encontrar a mis presas o ver si había alguien extraño que me pudiera hacer daño.

Anthony también se bajo del coche y vino hacia mi. Su rostro reflejaba preocupación.

- Tío, ¿Te encuentras bien?

- Si, solo necesito respirar.

- ¿Estas seguro?

- Anthony, solo necesito respirar, es algo pasajero.

- ¿Quieres que yo conduzca?

- Ni loco, ambos sabemos que si te dejo conducir dejare de respirar para siempre.

- Eh, que antes de que tu vinieras yo conducía- se quejo

- Y doy gracias a dios por haberte ayudado por que de verdad, antes o después hubieras tenido un accidente.

Anthony gruño algunas palabrotas, yo suspire cansado. Me levante y volví al coche. Cuando él se subio seguimos directos al aeropuerto. Después de dos meses volvería a ver a mi familia. Y como siempre se verían tensos, intentando no llevar sus pensamientos hacia alguien en especial. Al menos me concedían eso, un poco de paz en medio del caos que era ahora mi vida.