Capítulo 1: De Oradores, Invocadores y el Devorador.

En el principio de los tiempos, antes de los Oradores y los Invocadores, el Devorador del Tiempo apareció desde el mar. El viento y el cielo se oscurecieron con un aroma a putrefacción, el monstruo se levantó como una ola de fétidas algas y cadáveres de peces, y como una sombra de desolación que viajó en el viento del Oeste hacia tierras verdes.

Cuando la sombra sin corazón tocó tierra, Rikkidai fue el primer reino que abatió hasta su destrucción. No quedaron estructuras en pie ni edificios, ni esculturas ni conocimientos, los campos se convirtieron en zonas repletas de veneno y sus habitantes estuvieron a punto de desaparecer en medio de la nube de tonos violeta que quita la respiración al tocar la piel, y te convierte en un vagabundo sin destino, te Devora.

Luego Hyotei, Seigaku, ni siquiera Higa, de las costas lejanas, logró mantenerse a salvo del hambre babosa y pestilente del Devorador. Todos y cada uno de los habitantes de Seishun le vieron pasar sobre sus cabezas, unos se convirtieron en caminantes eternos, mientras otros lograron escapar del agua de niebla maligna.

Incluso, mil años después de ese primer encuentro con la criatura, el original Rikkidai es solo un conjunto de ruinas tétricas donde crecen escorias, no quedan rastros del esplendor que alguna vez hubo en esa enorme ciudad dorada. Aún se respira el olor a muerto, aún se ven huesos intentado escapar de las ruinas, el Devorador del Tiempo lo destruyó todo a su paso.

El nuevo emplazamiento de Rikkidai se ubica varios kilómetros más hacia la costa de la zona Este de Seishun, oculto entre riscos y dunas, para que sea más fácil protegerla de un ataque. Aunque sus habitantes saben muy bien que no pueden evitar ser devorados con las armas de milicia, ni con oraciones.

La única forma de detener al Devorador es que los Invocadores se enfrenten a él.


"Dentro de la línea de los Invocadores, Yukimura Ren es recordado como uno de los primeros descubridores de la forma correcta de encerrar a ese demonio".

Sanada Genichirou había sido convocado por su padre al dojo de la casa familiar. Mientras el Patriarca de los Sanada bebía sake frente al altar ofrecido a Nishiki, la Invocación de Rikkidai, el joven le escuchaba con atención.

"Sabes que Yukimura Ren no fue sin compañía a enfrentarse a ese demonio".

Ante el silencio de su padre, Genichirou le contestó. "Atobe Kato y Echizen Dori". Eran nombres que sus profesores no dejaban de mencionar en la escuela.

Su padre le tomó de los hombros y le miró a los ojos. " Ellos son los invocadores que le acompañaron, sin embargo yo me refiero a aquellos que la historia no menciona". Ante la mirada de confusión de Sanada, el hombre le contestó. "Genichirou, vienes de una familia de larga data en Rikkidai, con una tradición tan sólida que ha sobrevivido a ser devorada".

El hombre se levantó y caminó con paso firme hacia la pared donde colgaban las espadas de la familia. "Ya va siendo tiempo que sigas mis pasos, los de tus abuelos y de todos tus ancestros". Diciendo eso, sacó una de las espadas y se la tendió a su hijo. "Los Sanada hemos sido la escolta de los Invocadores de la familia Yukimura desde el primer momento, y esta vez no es ni será la excepción".

De cierta forma, Genichirou sentía que era demasiada información para tan pocos minutos.

"Yukimura Seiichi ha completado su entrenamiento como Invocador y sus padres han solicitado que, uno de nosotros, le acompañe en su viaje". El padre se acercó a Sanada, entregándole la espada en las manos. "La Familia ha decidido que estas listo para ir con él".

Para el segundo hijo de los Sanada, la parte más difícil de digerir de todas las noticias que había recibido ese día no era precisamente el hecho de que en unos días saldría como escolta de un Invocador, probablemente a recorrer todo Seishun en busca de los Espíritus que formarían el poder de su protegido, de cierta forma, ya lo sabía. No era un secreto que 13 años atrás, su padre desapareció por meses, para volver a casa envuelto en vendajes, recordaba haberlo visto tendido en la cama, quieto o retorciéndose de dolor mientras el padre de Yagyuu le cubría de emplastos verdes y amarillos, y cuando preguntaba a los adultos ninguno le respondía, sólo le empujaban fuera de la habitación. Fue su hermano quien le respondió: El Devorador nos devolvió a papá; desde entonces ese monstruo que tantas veces parecía salir de debajo de las sombras de su cama, cobró una forma más real.

Y ahora, no le era difícil aceptar que debía recorrer Seishun para acabar con ese ser hambriento, es más, ya lo sentía como su deber.

Lo difícil de aceptar era su deber de proteger a un completo desconocido.


La familia Yukimura sobresalía de entre los demás almas en Rikkidai, pues eran los únicos con el cabello de color azul oscuro. Tampoco era desconocido que de esa familia nacían los Invocadores más prometedores, y probablemente haya sido la principal razón por la que todos les respetaban.

"Tienes que escoger quienes irán contigo". La madre de Seiichi le acarició los brazos a su hijo. "Recuerda que será un viaje largo y que tienes que confiar en quienes te ayudarán".

El joven miró a su madre, sabiendo que sus palabras iban cargadas con el peso de la experiencia, después de todo, ella fue la Invocadora anterior, y todas las cicatrices que portaba en su cuerpo eran signo de una misión fallida.

"No éramos los Invocadores indicados".

"Lo sé". También era conciente de que su guardián principal sería escogido para él, seguramente un luchador fuerte de alguna familia antigua.

Su madre le sonrío y caminó hacia una de las ventanas de la habitación, su paso firme y delicado, claramente testimonio real de las grandes habilidades de un sanador de la familia Yagyuu. "No quiero dejarte ir con algún muchacho que no sea capaz de reconocer su misión y protegerte con su vida".

"Madre". Seiichi cerró el libro que estaba sobre sus piernas. "Tu Guardián nunca se olvidó de su misión, me lo has contado desde pequeño, que Sanada-san casi dio su vida por protegerte, aún cuando él tenía a su familia esperándolo aquí en Rikkidai".

"Por esa razón he solicitado a la familia Sanada, que uno de sus hijos te acompañe". Su madre le miró con ojos cargados de cariño. "Me han dicho que el mayor ha contraído nupcias hace poco tiempo, por lo que el menor de ellos estaría disponible para acompañarte".

Seiichi asintió, pero internamente el hecho de que su madre se refiriera a su guardián como el menor de la familia, le hacía pensar en un muchacho más joven que él, y que al final no cumpliría con su misión como debía hacerlo.

Lo último que necesito es ser el niñero.

"También quiero que vayas con uno de los hijos de Yagyuu-san". Continuó su madre. " Ha completado el entrenamiento en Sanación mayor, será de gran utilidad en el camino".

Seiichi suspiró. " ¿Podrá acompañarme Renji?". Esperaba que al menos uno de sus amigos pudiera ir con él, para no sentirse incómodo entre tantos extraños.

Su madre le sonrió. " Yanagi-san ha aceptado, el joven Renji irá contigo como tu interprete".

Al menos Renji me conoce.


Hyotei, una ciudad plateada al sol en el Norte del Continente mayor, una ciudad de hielo ubicada en el lugar más frío de toda Seishun. Donde el cielo se cubre de tonos blanquecinos y el horizonte azuloso hace honor al color de los ojos del príncipe.

La carta que el Rey Atobe sostiene en sus manos, escrita por el puño y letra del Rey Echizen, firmada por el sello real de las casas regentes de los otros nueve reinos, espera la inscripción de su propio sello, para autorizar a su único hijo a marchar a la guerra contra el Devorador.

No lo entendía, ese maldito monstruo había sido destruido por el bisabuelo de su esposa, y ahora reaparecía desolando cuanta vida hubiera a su paso. Y ahora estos reinos le exigían que enviara a su único heredero, sólo por su herencia de Invocador…

"Padre, debo ir".

Su hijo tenía razón, pero él no quería aceptarlo.

"Padre". Su hijo, su heredero. "Escoge un buen Guardián para mi, busca entre las mejores familias a aquellos que puedan ir conmigo y así estarás brindándome la seguridad que temes que no tenga".

Su valiente Keigo.

Atobe Keigo, el príncipe heredero de Hyotei, no podía decirle a su padre que él también tenía miedo de ir.


Ser Orador y ser Invocador son tareas que se complementan, pero que rara vez se encuentran cumplidas por una misma persona. El rol del Orador es recolectar y filtrar la energía que alimenta a las Invocaciones, invitar a las personas a orar por el buen viaje y la bienaventuranza de aquellos que salen en busca de las Invocaciones de templos lejanos para enfrentar al Devorador del Tiempo. Esos viajeros son los Invocadores, quienes se hacen acompañar por un grupo de personajes que puedan ayudarles en su misión, sanadores, cartógrafos, mediadores de idioma, y un guardián en quien puedan confiar su vida.

Mientras los Oradores, desde muy niños, viven atados al Templo y en constante contacto con la comunidad, los Invocadores son separados de la comunidad para comenzar su entrenamiento. Los primeros son llevados a los Templos como ofrenda de sus familias, los segundos, son escogidos por linaje, por pertenecer a la generación más joven de la aparición actual del Devorador del Tiempo, en una familia que ha enviado Invocadores anteriormente.

En los rebordes costeros de Seigaku se alzan los cuatro Templos de Hashira, el espíritu pilar que protege a los habitantes del Reino azul y blanco, quienes dejan sus buenos deseos y energías después de un arduo día de trabajo, en forma de sus plegarias y oraciones.

De la familia Ryuuzaki, la vieja Sumire es quien enseña a los Oradores de Hashira cada una de sus obligaciones, y los secretos que se resguardan entre los laberintos subterráneos que unen los cuatro templos.

"Arai". Le llamó la mujer a uno de los jóvenes que avivaban la llama azulada del centro del altar. De inmediato, el aludido bajó los escalones para dirigirse a ella.

"Si, sensei".

"Tráeme a Tezuka".

Cuando Arai desapareció por el pasillo de la salida del altar, Yamato avanzó hacia la vieja Oradora.

"No puedo creerlo". Yamato aun no aceptaba las noticias de la vieja Ryuuzaki, le parecían inverosímiles, sacadas de un mal relato de horror.

"Son órdenes del Rey". Le contestó la Oradora, con un tono cansado, estaba harta de continuar discutiendo con Yamato sobre el futuro de Tezuka.

"¿Cómo Seigaku enviará un Orador híbrido a enfrentarse al Devorador?". Yamato estaba molesto, no sólo porque esta decisión tan abrupta del Rey Nanjiro podía significar una futura guerra para Seigaku, sino porque estaba sacrificando una vida sin un fundamento para su propia ética.

Ryuuzaki suspiró. " Yamato, eso ya no está en nuestras manos".

"Si lo está, Tezuka no sabe Invocar".

"Si no sabe hacerlo, aprenderá antes de partir con el grupo a reunirse con los otros Invocadores". Ryuuzaki se volteó hacia Yamato. " No se hable más del asunto, Tezuka irá y no hay nada que puedas hacer para impedirlo".


La familia Tezuka sólo ha entregado dos Invocadores a lo largo de la historia de Seishun, sin embargo se aseguran de proveer de al menos un Orador por generación. Nada espectacular o que les permitiera obtener un rol protagónico dentro de la lucha contra el Devorador del Tiempo, ya que es la familia Echizen el núcleo desde donde salen los Invocadores que han participado en cada una de las destrucciones de la Sombra sin razón.

No hay comparación entre un Invocador de los Echizen, y un Orador de los Tezuka. Y aún así, el mismo Rey les ordenó sacar a un Orador de entre los Templos para enviarlo como el Invocador de Seigaku.

No tenía sentido. Yamato lo sabía muy bien, y el Orador frente a él, también.

"Tezuka". Yamato siempre le habló con un tono suave, casi con un dejo de cariño. "Tampoco comprendo la decisión del Rey Nanjiro, pero estoy completamente seguro de que puedes cumplir con tu nueva misión".

"Yamato-sempai, no soy un Invocador".

"Tendrás que aprender". Le dolía ser duro con este Orador, pero era necesario para que él mismo no interfiriera en las órdenes del Rey Echizen y escogiera a otro. "En dos semanas partes con un Guardián y un grupo que te ayudará a llegar a los Templos y recoger las Invocaciones necesarias".

"¿Por qué yo?".

Yamato inhaló para calmarse. "Echizen Ryoma es el único heredero de Seigaku, no podemos arriesgarlo por una misión tan peligrosa como esta". Yamato buscaba las palabras indicadas para que Tezuka simplemente aceptara su nueva misión. "Eres el único Orador joven con entreamiento de Invocador que queda en el reino, no hay otra opción para nosotros".

No hubo respuesta.

"Tezuka, se quien lleve el pilar de Seigaku". Yamato estaba seguro que bajo todo el atuendo del Orador Híbrido, este le miraba con furia. "Como es tradición, nosotros escogeremos a tus acompañantes, lamentablemente, tendrás que decidir entre utilizar tu mano derecha o viajar con las ropas de un híbrido".

El Orador frente a él solo se inclinó levemente.

"Comienzas mañana a primera hora".