Titulo: La niñera de Kanda.
Autor: Haru no Ookami.
Pareja: Yullen.
Género: Romance - Comedia.
Advertencia: Yaoi - Lime. (Así que si no gustas de ésta temática, te recomiendo, SALGAS CORRIENDO! ^^U)
Extras: Cross tiene una apuesta con Tiedoll, pero Allen termina pagando los platos rotos... como es costumbre ya, cuidando a un... ¡¿Qué demonios? - Sumimase, soy muy mala para los summery.
: DGM no me pertenece, sino a Hoshino-sama!
: Se agradece el hecho que estén visitando estos rumbos…
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El azabache con la intensa y misteriosa mirada seguía estudiándolo tratando de causar algún temor o alguna respuesta en el cuerpo del menor, pero éste solo mantenía un semblante atónito al oír aquel hecho, y juzgando por el rostro del mayor, se notaba que era verdad y no una jodida broma.
- ¡Señorito Timothy! –una voz angustiada había interrumpido el silencio de aquella habitación, dejando ver por la gran puerta, a la mucama que lo había recibido. -¡Cuánto lo siento, Señorito Kanda! ¡El señorito Timothy se me perdió de vista por un momento cuando volví a mis labores! ¡Lo lamento…! –El hombre levantó su mano para que cesara las explicaciones y entendiéndolo así, la mujer con lágrimas en los ojos lo hizo, entrelazándose las manos jugando con sus dedos, con nerviosismo.
- Moyashi… -llamó Kanda con aquella voz tan seria y potente. El chico frunció el ceño para mirarlo, más cuando iba a protestarle sobre aquel apodo impuesto sin su consentimiento, el hombre comenzó a hablar. –No necesito ninguna niñera con complejo de anciano, -dice mirando despectivamente a la blanca cabellera del joven, haciendo que éste apretara sus puños con molestia. –Así que puedes cargar tus maletas y la salida ya sabes dónde se encuentra… -dice para comenzar a caminar en dirección hacia la puerta que salía de la sala, pero antes de retirarse, su voz se dirigió hacia la mujer. –Quiero que éste insecto haya dejado la casa, ¿oíste?
- S-Si, se…
- Esa no es la forma de hablarle a una dama. –la voz potente y juvenil del adolescente resonó en toda la habitación, haciendo que, tanto el niño como la mujer lo miraran con los ojos abiertos. Mas que, Kanda, había detenido el paso por unos segundos para así decir.
- ¿Lo has entendido, Miranda? –volvió a recalcar en un tono intimidante a la mujer que se estremeció por aquella voz tan temerosa.
- Te he dicho que ese tono no es el indicado para con una mujer. –dijo nuevamente Allen frunciendo el ceño con molestia.
- Y ¿Tú, moyashi? –El chico abrió los ojos por la pregunta; Kanda se giró levemente para mirarlo a los ojos. –No lo repetiré otra vez… Te quiero fuera de MI casa.
- Lo siento, Kanda. –dice Allen alzando los hombros y con un semblante despreocupado. –Pero tu padre me contrató para cuidarte, así que…
- Así que te largas de aquí por las buenas o te quito por las malas. –amenazó Kanda haciendo que Miranda y Timothy sudaran frío ante el miedo que provocaba el joven japonés, más que eso, no le inmutaba al albino, quien mantenía un semblante sobrio ante aquella calamidad.
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- ¿Enserio? Pues, creo que tienes razón nuevamente, Allen-kun –dijo con una gran sonrisa.
- ¿En qué? –preguntaron los otros dos.
- ¡Te daré el trabajo a ti, Allen-kun! –la mandíbula del albino cayó por los suelos mientras Cross sostenía una de victoria en su rostro.
- P-Pero… -antes de que pudiese objetar, Cross lo tomó del brazo y lo acercó hacia él para poder hablarle al oído. -¿Q-Qué demo…?
- Escucha, Allen… -Cross comenzó a hablarle. –Imagínate, si no aceptas esto, ¿crees que Tiedoll olvidará el dinero que le debo? Si no lo aceptas, y yo tampoco, tendremos que pagarle el dinero, y… ¿Con que piensas pagarle y pagar tus estudios, Allen? Ademas… -Una sonrisa vencedora se acentuó en los labios del pelirrojo rematando el trato. –Sabes que si no conseguimos el dinero, tendrás que ganártelo de "esa" manera, y estoy seguro que no quieres volver a ese lugar, ¿verdad?
Los ojos del albino se abrieron de par en par al oírle decir eso, porque simplemente, tenía razón; Allen debía de terminar sus estudios, y sabía de sobre manera que si no aceptaba esa propuesta, volvería a hacer lo que menos quería hacer; se mordió el labio inferior por la importencia de solo recordar esos sucesos, pues fue por eso que comenzó a trabajar por las noches jugando póker, para no tener que asistir a "ese" lugar que tanto odiaba. Estaba decidido…
- Tiedoll-san, cuidaré de su hijo con mucho gusto. –dijo con una sonrisa realmente amable. Tiedoll sonrió como cual niño recibiendo su regalo esperado para navidad, y Cross, disfrutaba el hecho de que todo le saliera como él quería.
.,:´))Fin´:-:´Flash´:-:´Back((´-´:,.
- No renunciaré ante esto, téngalo bien en claro, Kanda. –dijo nuevamente obstinado el albino, Kanda comenzó a perder la paciencia y a zancadas se encaminó amenazadoramente hacia Allen quien no vaciló. Kanda lo tomó por el cuello de su chamarra negra y lo alzó hasta que sus pies no tocaran el suelo, fue allí donde Allen perdió igualmente la calma. -¡Bájeme de inmediato!
- ¿Crees que tienes madera para estar en este lugar, condenado moyashi?
- No lo creo… Lo sé. –el porte del menor era admirable ante la terrorífica presencia del mayor, haciendo que un brillo de esperanza se reflejara en los ojos de la mucama. -¿Y por qué no se permite una niñera, Kanda? ¿Acaso tienes miedo a quedar mal parado ante los demás?
- Hmp… -sonrió altaneramente, haciendo que la confianza en el albino dudase. –Me importa una mierda las personas… Mas bien, es el hecho de que termine violándote, pequeño moyashi, y más con el porte de niña que tienes. –dijo bajando la mirada por el cuerpo del joven, quien se sonrojó al sentir aquella mirada terriblemente penetrante estudiando su cuerpo.
Fue entonces que Kanda soltó de mala gana al menor, haciendo que cayera sobre el sofá casi tirando el mueble; la mujer de nombre Miranda, se acercó rápidamente a ayudar al inglés, mientras que Kanda se dirigía hasta la puerta ya con intenciones de salir, pero antes de hacerlo volvió a hablar, dirigiéndose al chico.
- Veremos si tienes las agallas de pisar este lugar, enano… -luego se dirigió hasta la mucama. –Miranda…
- ¡Señor!
- Prepara la habitación de huéspedes para el señor…
- All…
- No me interesa. –interrumpió Kanda, haciendo que el aludido frunciera el cejo. –Se quedará una semana hospedado en mi casa… -luego miró al albino con una sonrisa de auto suficiencia, para continuar. –Tienes una semana, mocoso; si no duras a lo que dure una semana, te largas de aquí, ¿oíste bien? ¡Una semana! –y así cerró la puerta de un portazo tras de sí.
- Una semana… -murmuró Allen con la mirada puesta en la puerta por donde salió el apuesto japonés, para luego sonreír confiado. –Es más que suficiente.
- ¡Wah! –oyó un gritillo de alegría por parte del niño de nombre Timothy. -¡Nunca antes había visto a un tipo con tantas agallas que enfrentase así a Kanda! ¡Ó eres muy valiente, chico, o…Un estúpido!
- ¡Señorito Timothy! –dijo Miranda algo avergonzada por aquellas palabras.
- ¿Qué? Solo digo la verdad… -dice llevándose sus brazos tras la nuca caminando hacia la puerta sin preocupación, y al tocar la perilla de la puerta vuelve su vista a Allen. -¡Suerte! La necesitarás… -sonrió burlonamente haciendo que Allen sonriera forzosamente, y así el chico también partió por la puerta.
- Lamento mucho eso… -dice Miranda con una reverencia.
- ¿Por qué te disculpas? Bien, ¿vamos a mi habitación, Miranda-san? –dice con una sonrisa amistosa, sorprendiendo a la mujer por aquella preposición de respeto en su nombre, haciéndola sonrojar un poco, para luego caminar seguido del albino en dirección por la puerta y salir de la habitación, en dirección al nuevo cuarto del muchacho inglés.
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CAPÍTULO 2:
Plazo de prueba: "Una semana"
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Sus fríos y oscuros ojos miraban detenidamente el recipiente de vidrio, con la forma de un reloj de arena; pero en lugar de arena, albergaba agua y flotando sobre ella, la culpable de que su atención se dirigiera, todas las mañanas al levantarse y por las noches al acostarse, hacia su bella presencia. Una extravagante flor con los pétalos en rosa, flotaba pacífica sobre el agua, mientras que en el fondo del reloj se podían notar tres pétalos caídos.
- TCH… -chasqueó su lengua con molestia, mientras se ponía de pié dirigiéndose hacia la ventana que daba con el balcón, pero antes de abrir las persianas, se quedó viendo a través del cristalino vidrio, la figura que mostraba paralelamente a él.
No más de dos metros, se encontraba un balcón del mismo tamaño al suyo, claro que en éste se podía notar la presencia de cierto albino mirando de forma empalagosa, la bella y estrellada noche; no podía negar que era una noche realmente bella, pero aquel sujeto no le agradaba, la verdad, casi nadie le agrada, pero éste tipo era quien menos lo hacía. Gruño levemente al recordarle hablar, aquella forma tan inocente y romanticona de hacerlo.
Odiaba los tipejos como él, con la ingenuidad de un niño y el corazón de un idiota. Ya conoció a alguien así y su relación terminó desastrosa. Casi por inercia, volteó su vista hacia la flor que descansaba dentro del reloj, y no pudo evitar recordar las palabras de aquel viejo.
Llamaron a la puerta levemente, y dando la orden, la mucama entró como siempre muy cohibida a su recamara.
- S-Señorito Kanda, la cena está lista… -informó la castaña.
- Bien, informa a Timothy y al pendejo con complejo de viejo. –Dice para luego sentarse nuevamente en su escritorio fingiendo escribir.
- Señor Kanda, ¿no piensa bajar a comer? –preguntó cautelosa la mujer.
- No, aquel enano me quitó el hambre, además, tengo muchas cosas que hacer antes de que Emilia llegue. –dice sin mirarla y con rastro de desprecio en su voz hacia el albino. –Si no tienes nada más, te pido que te retires. –dice con aquel tono tan autoritario, haciendo que la mujer sudara frío.
- B-Buenas noches. –y así hace una leve reverencia para dejar la habitación.
Al sentir que la mucama se alejó lo suficiente como para no sentir los tacones de la mujer golpeando levemente el suelo, dio un leve suspiro para así dejar la pluma que traía en las manos, a un lado de la libreta donde fingía escribir, para así recostarse por el respaldo.
Mañana sería un día realmente agotador para su corta paciencia y la presencia de aquel moyashi hacía que su calma se fuera al demonio. Solo esperaba que el enano fracasase en lo que respecta una semana o si lo hacía antes, sería un alivio para el japonés. Porque simplemente, no quería que la molesta de Emilia lo viese.
Al recordarla, solo podía volver a su mente su molesta y chillona voz al hablarle, y de la jaqueca que le producía aquello. Recordó que no era masoquista y así que cambió de tema en sus pensamientos, preocupándose más por las cosas que merecen más importancia, como por ejemplo su trabajo; encendió la laptop sobre su escritorio y comenzó a ordenar los documentos de sus clientes por orden de contrato, mientras que revisando en el expediente de los casos pasados, encontró algo realmente interesante.
- ¿Qué es…Esto? –volvió a releer las palabras en el destinatario y recalcó que no era un error. –El expediente de… ¿Qué hace esto aún aquí? –Abrió sus ojos de par en par al leer el apellido del sujeto protagonista del expediente, y por unos segundos, su mente le trajo la imagen del moyashi albino. -¿Cómo era su apellido? ¿Walker? Si, ese era… ¿Pero qué demonios…?
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- ¿No bajará? –se oyó la voz un tanto sorprendida del chico universitario, mientras dejaba de comer y dirigía una mirada extrañada al plato servido e intacto donde debería de estar ubicado el japonés, mientras recibía como respuesta una negación desanimada por parte de Miranda. -¿Por qué no?
- Pues… -cuando la mucama iba a responderle, el chico Timothy la interrumpió para así hacerlo él mismo.
- Haa… No es novedad en esta casa, que Kanda no baje a cenar, con la excusa de que "mantenga" la casa lo hace ser el dueño y señor de ella. –dice burlonamente el niño.
- ¿A qué te refieres? –volvió a preguntar Allen.
- Lo que el señorito Timothy quiere decir… -la atención del albino se dirigió hacia la castaña. –Es que el señorito Kanda tiene muchos trabajos pendientes y no quiere perder tiempo.
- Pero necesita comer, ¿o no? –replicó Allen.
- ¡Bah! Si con ese fideo que come prácticamente no come nada, no entiendo como algo así puede llenarlo. –dijo despectivamente el niño cruzándose de brazos y hacer una mueca de desagrado.
- Veo que Kanda es muy malcriado… -dice en un murmuro Allen, con la mirada gacha y pensativo. –Bien, creo que no estuvo de más mi llegada… -levantó su rostro y con una sonrisa retadora el muchacho se poniendo de pié.
- ¿Qué pretende, señorito Allen? –preguntó preocupada Miranda de perder al chico en las mortales garras de su patrón.
- Soy la niñera de Kanda ¿no? –Dice guiñándole el ojo a la mujer, haciendo que ésta parpadee sin comprender las decisiones del joven; Allen se limpió la boca con la blanca servilleta sobre sus piernas, mientras se ponía de pie. –Miranda-san, ¿podría traerme una bandeja y un vaso de jugo, por favor?
- ¿E-Eh? Y-Ya enseguida… -dijo para partir hacia la cocina.
- ¿Acaso no aprecias tu vida? –preguntó Timothy ante las acciones del albino y recibiendo una sonrisa confiada por parte de éste último.
- ¿Por qué dices eso? Kanda no puede ser tan malo. –Grandes carcajadas se expandieron por todo el comedor, provenientes del niño con la cabellera de pigmento extravagante, haciendo que Allen solo acentuara su sonrisa.
- Me caes bien, si sales vivo de allí, jugaré contigo. –dice el chico aún reponiéndose de la pérdida de aire tras aquellas risas.
- De acuerdo. –dijo con la confianza intacta.
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Sus ojos se movían al compás de su lectura, mientras que estudiaba el caso de cada uno de sus clientes y los ordenaba alfabéticamente, teniendo en cuenta los archivos que respectaban a cada uno. No sabía cuánto tiempo le tomaría aquello, pero debía de estar antes de la llegada de la joven italiana, porque sabía que durante el lapso de tiempo (indefinido) que se quedaría Emilia en su hogar, no podría trabajar en paz debido a su persistente presencia.
Aunque esperaba que el chico albino no fuese mucho problema para él, contando que…
Llamaron a la puerta con dos toques; Kanda, simplemente, levantó los ojos sobre la pantalla de la laptop, preguntándose quién era, puesto que ni Miranda ni Timothy tocaban de aquella manera la puerta, bueno, el último ni siquiera lo hacía, solamente entraba a la habitación sin nada como un aviso; recordó que ya no se encontraba solamente los dos individuos recién nombrados, había un intruso en la casa. Chasqueó la lengua contra el paladar para así dar la orden de entrada.
- Adelante. –no pasó ni dos segundos para que la puerta se abriera algo cautelosa, hasta verse completamente abierta y la figura ya definida en la habitación.
- Miranda-san me había dicho que no bajarías… -Allen cerró la puerta con su espalda, puesto que aún seguía sosteniendo la bandeja con ambas manos. –Creí que tendrías hambre y el exceso de trabajo te impedía venir, así que…
- No quiero comer nada, gracias. –dijo fríamente sin deleitarle ninguna mirada al albino, sintiéndose ofendido por ello, así que ignorando su rechazo, siguió hablando mientras que se dirigía hasta donde se encontraba el azabache.
- Bueno, pues no quería que sufrieras hambre así que te traje tu cena hasta tu habitación. –sonrió amablemente, tratando de forjar buenos lazos con el japonés, aunque por lo visto, el nombrado no pensaba lo mismo.
Kanda seguía leyendo los documentos archivados en carpetas corroborando con las de la máquina, mientras que Allen seguía parado firmemente a un lado del azabache esperando a que dijera algo o se rindiera para así comer al menos un bocado. No pasó absolutamente nada de lo pensado para el albino, y su honorable paciencia llegaba su límite. Pensó dar un poco más de insistencia al asunto, aunque la respuesta de Kanda fue la misma. La impaciencia de Allen comenzó a aflorar y el disgusto era su acompañante; Allen contaba hasta diez tratando de traer la armonía y la paciencia, aunque cuando iba a llegar al siete, Kanda…
- Moyashi, ¿podrías correrte?, me tapas la brisa. –fue la gota que agotó al vaso de la paciencia.
- ¡Ya fue suficiente! ¿Acaso no puedes dejar de pensar solamente en ti?
- ¿Ah? ¿Aún sigues aquí? –preguntó mirándolo algo extrañado.
- ¡Esto es el colmo! –Allen dijo realmente hastiado dejando de manera dura la bandeja sobre una mesita y mudarla al lado del japonés, para así ir a sentarse en un sofá que se encontraba cerca del mismo, cruzarse los brazos y las piernas, con la mirada fija en el mayor. –Me quedaré aquí hasta que pruebes la cena.
El japonés solo lo miró algo extrañado por la insistencia del joven, preguntándose "¿Por qué lo hace?" sin más, volvió su vista hacia su computador y reanudó su labor, ignorando por completo la presencia del adolescente quien sostenía una mirada fulminante sobre el mayor.
- "¿Cómo es posible que exista una persona tan egoísta como él? Y además que lo tome como algo sin importancia… Me enferma." –pensaba con los nervios de punta el chico mientras alzaba los hombros con resentimiento y ladeaba el rostro en otra dirección, mirar a ese sujeto le hacía enfadar aún más.
Sus ojos se abrieron con sorpresa al notar la bella flor dentro del cristal, pero lo que le llamó más la atención fueron los pétalos caídos, descansando ya sin vida al fondo del agua; su mirada se serenó y sus músculos se relajaron, mientras estudiaba la paz que emanaba aquella flor tan bella. Volvió su vista hacia el mayor y lo miró atentamente durante unos minutos, hasta que éste se cansó de ello.
- ¿Qué demonios estás viendo, moyashi? –la calma que había reinado en el joven, se hizo añicos al oír aquella frase y el maldito apodo que al parecer era oficial ante el japonés.
- ¡Mi nombre es Allen! –recalcó molesto, cruzándose nuevamente de brazos y haciendo un puchero, que el nipón solo chasqueó la lengua contra el paladar, volviendo a su trabajo. –Oi… -Llamó el albino, mas el azabache no se inmutó nada; Allen no le importó y siguió hablando. –Esa flor… ¿Cómo se llama?
- …
- Es tuya, supongo.
- …
- ¿Puedo tocarla?
- …
- Bien. –Allen se puso de pié para así acercarse hasta donde el cristal, mas cuando iba a posar un dedo sobre el vidrio, se oyó la voz profunda y ronca del hombre, deteniendo su acción.
- Deja eso, moyashi.
- Veo que ahora hablas, BAKANDA. –Enfatizó el apodo recién creado para la persona sentada en el escritorio, quien enarcó una ceja, esperando haber escuchado mal, puesto que nadie se atrevía a tratarlo de aquella manera.
- ¿Qué has dicho, MOYASHI? –el mismo tono enfatizado en el insulto o apodo se escuchó, haciendo que el albino frunciera el ceño.
- Nada, Bakanda. –dijo para así volver a sentarse en el sofá, aunque no se esperaba que el japonés fuera tan rápido ni tampoco, tan vengativo.
- Maldito moyashi… -Allen no se había percatado en qué momento, el japonés había dejado su sillón, ni en qué segundo se encontraba amenazadoramente cerca de él solamente pudo darse cuenta de aquellos hechos, cuando sintió la presión de su gran mano sobre su níveo cuello, contra el sofá.
- K-Kanda… -nombró en un hilillo cortado de voz.
- Mi paciencia se fue a la mierda y estoy dispuesto a matarte el primer día de tu "prueba", de todas maneras, diré que te caíste de la escalera "accidentalmente" y te rompiste el cuello, al fin y al cabo, nadie te recordará… -dijo convencido de aquellas palabras, mientras Allen trataba en lo posible de alejar las manos de su cuello, mas su única luz de esperanza ante aquella amenaza asfixiante, era… -¡Maldito, suelta mi cabello!
No pasó ni un minuto para que cansándose de ello, Kanda soltó al albino, aunque no se alejó de él, simplemente posicionó sus manos sobre las muñecas del chico pero sin hacer mucha presión. Allen dio un suspiro para así calmarse, aunque cuando se fijó bien, Kanda se encontraba realmente cerca de su rostro.
- ¡K-Kanda! –dijo para tratar de alejarlo, pero sus muñecas estaban presas en las manos del japonés. ¿Podrías alejarte?
- ¿Qué haces aquí? –preguntó con el semblante serio.
- ¿Eh? ¿Cómo que…?
- ¿Por qué persistes tanto en quedarte? ¿Qué es lo que te importa tanto en hacer este trabajo? –preguntó Kanda con el semblante aún serio; Allen estudiaba al joven sobre suyo, los ojos oscuros tan misteriosos y con un brillo seductor en ellos, la larga y bien cuidada cabellera que caía por un lado de su gran hombro, su piel bien cuidada y lisa con aquel pigmento tan pálido, casi como el suyo.
- Y-Yo…
- ¡Respóndeme! –su voz se hizo más severa mientras que presionaba más el agarre en Allen, y éste solo trataba de alejar aquellas manos de él, mas al leer los labios del hombre y oír aquella potente voz, sus ojos quedaron encantados con los finos y atrayentes labios del mayor, mas cuando se dio cuenta de lo que estaba pensando…
- ¡¿P-Por qué estoy pensando en eso? –dijo casi en un grito desesperado, mas al darse cuenta de lo que había dicho, el hombre solo frunció más el ceño para así ponerse de pie y alejarse de Allen, para volver a su labor, ante la atenta mirada del joven inglés, quien se incorporaba sobre el sillón de terciopelo realmente cómodo. -¿No comerás? –preguntó Allen.
- Deberías de saberlo, moyashi… -No le dedicó ninguna mirada, y Allen se molestó por eso nuevamente.
- ¿Tanto cuesta mirarle a las personas cuando le hablas?
- No, solamente a las cuales no quiero mirarlas. –dijo como si fuese la cosa más normal del mundo, haciendo que Allen acentuara su disgusto.
- ¡Me rindo, eres la persona más insoportable con quien tuve que lidiar! –dice de brazos cruzados cerrando los ojos y con el cejo fruncido.
Nadie dijo nada, el silencio prevalecía en la habitación durante bastante tiempo. Kanda seguía con la mirada puesta en la pantalla, y así siguió hasta unas dos horas después, con que había acabado los expedientes pendientes, y apagó su laptop, mas cuando se disponía a incorporarse, se fijó el chico que tanto persistía con infantiles cosas, yacía durmiente en su sofá.
Kanda chasqueó la lengua contra el paladar, de tener que pasar por esto.
- "Ni le pienso llevar a su habitación" –pensó con molestia, para acercarse a despertarlo aunque antes de hacerlo se pudo fijar en lo tranquilo que se encontraba, en aquellos parpados cansados y las pestañas resaltantes como las pertenecientes a una señorita a excepción del extravagante color blanco en ellas, su apacible respiración que casi era silenciosa, su pecho bajando y subiendo al compás de su respirar, y sus finos y rozagantes labios entre abiertos, casi invitándolo a probarlos… Se detuvo en el último pensamiento, ¿En qué demonios estaba pensando?
Se retiró el saco y le colocó sobre el cuerpo del menor como sábana, puesto que a pesar de ser una habitación cerrada, por las noches se sentía el frío por el material de las paredes que fácilmente enfriaba la habitación.
Comenzó a aflojar su corbata y desprender los botones de su camisa, para así lanzarlos a un lado de Allen. En una mirada fugaz se fijó en el plato intacto de soba en la mesita a un lado de su escritorio. Se encaminó hasta él y tomó el plato en manos mientras que con la otra, tomaba los palillos y probó un bocado del recipiente, aún seguía algo tibio a pesar del tiempo transcurrido, así que comenzó a comer lentamente, como le gusta a él, degustando su alimento.
Aunque no se percató del ojito entre abierto del albino y de la sonrisa satisfecha del mismo a sus espaldas, quien había cumplido con lo previsto, así que cerró por completo sus ojos para así quedarse completamente dormido.
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¿Fin?
Notas finales:
¡Hi! *Saluda efusivamente* Gracias a sus reviews y del interés que muestran en esta historia, quise continuar! Yeah!
¿Cómo están? Espero que bien *sonrisitas*
¿Qué tal les pareció el capi?
Un poco larguito, creo… sumimase u_u aunque me tardé en actualizar así que creo que compensa mi tardanza, ¿desho? o.O?
¿Cómo lo califican? Bueno, malo, pésimo, una cita con un siquiatra? Jojo bueno, eso no! ^^ Aunque mi madre piense lo contrario… jejeje Te quiero mami! *saludando a la cámara* ¿Cuándo hubo cámara? O.o? lo que nunca sabremos… cha cha cha chaaaan! *música de fondo*
Bien! Muchas gracias a todos los que están leyendo ésta historia…!
En especial a las personitas que dejaron un reviews! ^^ Nya~ *dando vueltas y vueltas por toda la habitación*
Así que quiero agradecerles contestando sus comentarios! Desho?
NikoNiko-chan: Arigato por tu comentario, y seguiré, *mirada decidida* YOSH! Espero que el capi haya sido de tu agrado, también! Jeje Bueno, voy despidiéndome, Ja ne! XD
Yuki Souma: Relax, aquí estoy sentada frente a la compu comenzando el otro capítulo, así que no desesperes! En cuanto esté listo lo saco del horno…! (¿?) jeje XD Gracias por tu comentario, espero recibir otro, desho? ^^
Alice Minatsuki: Wiii! ¡Qué bueno que te haya gustado la historia! Y traigo por eso mismo la conti bien larguita para que me disculpen mi tardanza! u_u, sip, pobre Allen, pero también, cuidando a Kanda… *¬*… ¡Malos pensamientos! Jeje, bueno, saludos! XD
Chibi Chebe: Gracias gracias! Y aquí traigo recién horneadito para degustar! Itadakimasu! XD
Chizuru Elric Asakura: Jeje, sip… Yo también quiero cuidar a Yuu-chan! *conformándose con un peluchito de Kanda-chibi* Gracias y actualizaré lo más rápido posible! Matta ne!
SeikaDragon: Bueh, Tiedoll es muy excéntrico y kawaii, pero sus razones personalizadas estarán próximamente en los siguientes capis, así que, sigue leyendo, Seika-san! Y al igual que lo recién nombrado, los motivos de Allen fueron nombrados, pero ¿qué es "ese" trabajo que no quiere hacer? Pues, te estarás imaginando pero para el próxima capi ya estarán disipadas tus dudas! Adiosito!
Alhena Star: Ojojo, El pequeño Yuu torturará a su niñera… muajajaja coff coff *nota: la risa de científico loco no hace bien a la salud.* Pero la tortura de Kanda ¿será Allen o Timothy? Jojojo XO Arigato y espera el siguiente capi que estará mejor! Desho?
Yu Okawa: Tranquila, no será el fin para ésta historia! ^^ Gracias en serio por tu comentario… Me siento halagada! Wii…! Adoro tus fics, por cierto, y de seguro encuentras uno que otro review mio, ojojo! Bueno, gracias nuevamente y nos vemos! Nee?
Y bien, agradezco nuevamente tanto a las personas que dejaron un comentario como a las que pasan a ver "What up?" *estilo scary movie* por aquí, ojojo y espero que esta historia les siga gustando como a mí me gusta darle pie a una continuación…! *Reverencia* Me despido, chaito! XD
