TITULO: Del odio al amor

Serie: Todos los caminos conducen a la carretera.

Primera Parte

TV Show: Supernatural

Pairings/Warning: D/S (Wincest)

Category: Slash. Angs, Drama, Romance, etc, etc

Raiting: PG-13

Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de Supernatural, pertenecen a sus creadores y respectivos socios comerciales. Ésta solo es una historia escrita de fan para fans, sin fines lucrativos.

Lo único mío son la historia, las ideas y OCC (Personajes originales).

De todas maneras si te gusta la historia y quieres publicarla, te pediría que antes lo consultes conmigo.

CAMPAÑA LE FAY : No permitamos que el PLAGIO se lleve nuestro trabajo, así que si conoces una historia Robada, por favor denúnciala a sus respectivos dueños. No es justo que nuestras horas de dedicación se vayan a la basura y se vean inmiscuidas en una total falta de respeto para el Autor y los lectores. Entre más luchemos, más saldremos adelante. ALZA LA VOZ, NO TE QUEDES CALLADO ANTE EL PLAGIO.

COPY LE FAY : Después de horas de ingeniar y escribir, me di cuenta que mi trabajo necesita estar asegurado para que lectores como tú, quienes me permiten continuar con vida, sepan que lo que leen y está escrito por mi se encuentra completamente garantizado, en escritura y presencia. te lo mereces y ésta solamente es una de las pocas cosas que haré por ti. Gracias por leerme y espero disfrutes tú lectura. Cualquier comentario, estoy a tus órdenes en FeedBack

Tiempo: En calidad de Universo Alterno.

FEEDBACK: katrinna_le_.mx ó katrinna_le_

MSN: shania_

Nota:Realmente Hago hincapié en la pareja de este fic.

¿Qué es Wincest? Bueno, es una contracción de Winchester (por el apellido de los personajes) y el incesto (amor entre familiares), así que esto es básicamente su significado. Si no te agrada, entonces no lo leas. De esa manera te ahorrarías algún sentimiento de contrariedad. Pero si te da curiosidad, entonces adelante. Gracias ^^

Recordando que esto es AU (y esta vez vaya que lo es), por ende el carácter de los personajes tiene OCC (por algo es un fan fic, ¿no?)

El segundo (en dos partes) de la serie: Todos los caminos conducen a la carretera.

Voy aclarando que esta historia en especial es algo…diferente, pero espero les guste.

Un especial agradecimiento a Maggy porque me tiene la paciencia del mundo y sin ella realmente no se que haría. Además le debía algo y aquí está (ojala te guste), a ustedes por leerme, porque gracias a ti sigo viva en este mundo ^^

Gracias de nuevo por otra oportunidad para expresarme:

KLF

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Cuando Dean lo miró, pensó que era uno de esos niños raros que crecen para ser raros y vivir como raros por el resto de su vida.

La modosita forma de comportarse solo le dio para imaginarlo con lentes, frenillos y risita de nerd.

Cuando Sam lo miró, pensó que era otro de esos niños abusivos que crecen para ser abusivos y viven sometiendo a los demás.

La altanera forma de mirarlo y sonreírle se lo indicó, por eso miró sus nudillos y se imaginó tatuados en ellos un sin fin de nombres intimidatorios.

Cuando Mary Campbells le sonrió a John Winchester supo que se trataba de un buen hombre, amable y servicial, de esos que ya no se encontraban en la actualidad.

Y cuando John Winchester miró a Mary Campbells…supo que era la mujer de su vida.

Todo dio inicio en la esquina de la noventa y nueve y diez, frente a la dulcería del señor Theodore, una de las más visitadas por chicos y grandes, y cuya variedad de golosinas era impresionante. Para estar ubicada en Lawrence.

El incidente fue bastante rápido pero a la vez lento, como todo peligro en la vida. En un segundo Sam Campbells estaba al lado de su madre y al siguiente ya no, lo que provocó un exabrupto en todo el comercio.

Cuando Mary se dio cuenta de que su unigénito se encontraba justo a cruzar la calle, todo lo que pudo hacer fue correr y gritar, tratando de evitar la catástrofe que se avecinaba.

Y las cosas sucedieron deprisa porque cuando ella pensó en la tragedia inminente, una mano protectora la socorrió ayudando a su preciado tesoro.

Mary corrió al lado de su hijo y lo abrazó como solo una madre asustada puede ser capaz de hacerlo.

-¿Estás bien? ¿No te ocurrió nada? ¡¿Pero en qué estabas pensando?! Indagó, zarandeando un poco al pequeño.

-Botón, mami. Se escapó y solo vine por él. Explicó el niño, mostrando al pequeño hámster que se ocultaba tembloroso entre sus ropas.

-¡Dios mío! ¡Gracias a Dios que nada malo te ocurrió! Volvió a indicar, abrazando nuevamente al niño que se dejó hacer.

Fue entonces que Mary miró la mano salvadora y porqué no decirlo, quedó impactada con lo que vio.

-Muchas gracias. Musitó, tratando de no parecer más tonta de lo que se sentía.

-No tiene nada que agradecer. Sonrió el hombre que miraba el cuadro atentamente.-Digamos que solo tuvimos suerte de que yo estuviera justo aquí.

-La suerte no existe. Negó la rubia tras abrazar a su hijo por los hombros.-Fue Dios quien lo puso en el lugar y momento indicado. De no ser por usted, seguramente Sam habría…

-Tranquilícese. Pidió él, extrayendo un pañuelo arrugado de su bolsillo.-Todo está bien, nada sucedió.

La rubia se limpió las lágrimas y asintió.

-Tiene razón. Medio sonrió.-Todo está bien.

Ambos se sonrieron y no fue hasta que alguien aclarándose la garganta tras ellos, interrumpió la escena.

-¿Ya terminaste? No es que quiera decirte que no eres un héroe, pero se nos hace tarde. Señaló un niño de no más de diez, quien le mostraba el reloj al hombre.

-Tienes razón. Lo lamento pero debemos irnos. Dijo el salvador, alejándose un paso de la dama.

-Oh, ¿habrá algo que pueda hacer para agradecerle lo que ha hecho por nosotros? Preguntó ella, ocultando su ansiedad.

-No se preocupe, no hay nada…

-Quizá si le dijera a su hijo que no fuera tan tonto, otra cosa sería.

-¡Dean! Gruñó el hombre mirando al niño.

-¿Qué? Es la verdad, ¿o no? Se defendió, alzando los hombros de forma inocente.

-Disculpe a mi hijo, por favor. Se excusó con bastante pena.-A veces creo que no le enseñamos modales.

-No se preocupe. Cuando los hijos crecen suelen ser difíciles. Sonrió la rubia, tratando de ser amable.

-Ni que lo diga. Si esto es ahora no quiero verlo en la adole…

-¡Papá! Apremió de nuevo el chico quien se empeñaba en mostrar el reloj.

-Ya voy, ¿podrías al menos portarte amable y ser paciente? Indicó al niño que prefirió dar media vuelta.-Lo lamento pero debo irme. Un gusto conocerla…

-Mary Campbells. Se presentó ella, tendiéndole la mano al hombre que a partir de ese día sería su héroe.

-Mucho gusto, Mary, yo soy John Winchester.

Ambos se estrecharon la mano con un leve apretón pero sin dejar de mirarse. Tanto uno como otro concordaron en que eran únicos.

Por su parte, Sam parpadeó a la escena y se entretuvo en inspeccionar bien a ese hombre. No es que no le agradara, le parecía una buena persona y un valiente ya que acababa de salvarlo de ser atropellado, pero había algo que no acababa de gustarle y en el paquete se incluía el niño que lo observaba de soslayo. Demasiado grosero para su gusto.

Dean le sacó la lengua a Sam quien solo bajó la mirada efectuando un puchero. A su parecer se trataba de un niño mimado y descerebrado, de esas víctimas perfectas que los abusivos de la escuela prefieren. Por eso cuando elevó la mirada y se encontró con el rostro bonito de esa mujer, intuyó que algo se avecinaba y no era muy bueno.

-¿Qué le parece si lo invito…a los dos, a cenar como muestra de agradecimiento? Indagó Mary, recordando sus modales y soltando la mano de John.

-No tiene que hacerlo. Respondió el hombre, cuyos ojos azules resplandecieron indicando otra cosa.

-No, pero quiero. ¿Qué me dice?

Dean gruñó y haló la chamarra de su padre. Por su parte Sam efectuó un mohín de disgusto y jaló la mano de su madre.

-Ok, parece que los cachorros están impacientes. Rió John tratando de zafarse de su hijo.-De acuerdo, aceptaré con una condición.

-La que desee. Usted acaba de salvar a mi hijo, no puedo ponerme exigente. Rió la mujer en una sutil manera de parecer agradable.

-Yo llevo la tarta. Guiñó el hombre de cabello negro y por toda respuesta ella aceptó.

-Mañana, a las siete. Calle Pinkhood, trecientos siete. Señaló la rubia, antes de que el hombre frente a ella se fuera.

-Estaremos ahí puntuales. Hasta pronto, Mary.

-Hasta mañana, John.

Y así quedó pactada la cita que esa mañana ambas partes ni siquiera se imaginaban.

-¿Y eso que fue? Indagó Dean cuando ya se habían alejado lo suficiente del lugar.

-¿Qué podría ser?

Dean gruñó frunciendo el entrecejo.

-¡Le coqueteaste, y ella a ti! Que descarada.

-¡Dean! Riñó el hombre, mirando a su hijo.-No te expreses así de la gente.

-¿Y cómo debo llamar a toda la telenovela que acabas de hacer? Sino lo supiera, juraría que tú lo provocaste.

John solo suspiró. Su hijo tenía nueve pero a veces parecía de veinte. Sobre todo cuando se molestaba de esa manera.

-Dean. Llamó, antes de que el niño se detuviera.-Ya hemos hablado de esto. Algún día yo debo…

-¿Pero por qué? Indagó con terquedad por milésima vez.- ¿A caso no te gusta tú vida? ¿No te soy suficiente yo?

-Claro que me gusta mi vida y tú me eres suficiente. Indicó, tomando el hombro de su hijo.-Pero a veces me hacen falta cosas que…además, es solo una cena.

Dean volvió a gruñir. La carita de felicidad de su padre no le gustaba en nada, mucho menos cuando murmuró sobre hacer un pastel de manzana esa noche.

Algo le daba mala espina y ni el partido de baseball bastó para hacerlo sentir bien.

-No me gusta. Dijo Sam, cuando caminaban de regreso a casa.

-¿John? Indagó la rubia con una inmensa sonrisa.

-…el niño. Murmuró, acariciando la cabeza de su roedor.

-¿Dan?

-Dean. Corrigió, haciendo un inmenso puchero.-Se llama Dean.

-Oh, es verdad. Dean, que lindo nombre.

-Es un niño horrible, mamá. ¿Por qué viene a cenar?

-Porque no pueden dejarlo solo. Rió ella.

-¿Y no puede quedarse con su madre?

Por primera vez, Mary Campbells meditó en eso que había estado ignorando desde el principio.

-¿Y si es casado?

A Sam no le desagradaba John, acababa de salvarlo, pero su hijo era otra historia y no era digno de pisar su hogar.

-Puedes llamarlo y preguntar si él puede quedarse con su mami. Sugirió nuevamente Sam a una mujer que se detuvo por completo.

-Quizá no fue buena idea invitarlos. Hemos estado tanto tiempo sin…Dios, ¿en qué me he metido? Ojala que en nada malo. Gimió, tomando la mano de su hijo para reiniciar el regreso a casa.

Sam no comprendió mucho de los monólogos de su madre, por eso prefirió no entrometerse y aguardar la llegada de ese hombre. También oró mucho durante la noche, algo le decía que ese niño Dean era como los abusivos de su escuela. Eso no le gustaba.

A las siete en punto del día siguiente, John Winchester trataba de bajar a su hijo del auto.

-Dean, te estoy pidiendo por favor que bajes del auto.

-Pues yo te dije que no quiero. Gruñó, cruzándose de brazos y mirando por la ventana.

-Dean, no te comportes como un bebé.

-Y tú no te comportes como…como… ¿tan desesperado estas de una mujer?

John se frotó el rostro y resopló. Allá iban de nuevo.

-Dean, no pienso discutir esto de nuevo contigo. ¡Por Dios! A veces pareces tan maduro y otras eres solo…

-¿Un niño? Eso es lo que soy, ¿lo recuerdas? Además, no necesitamos a ninguna mujer en nuestras vidas. Los dos solos…

-¡No es como si fuera a casarme con ella!, ¡por todos los cielos, Dean! ¡Es solo una cena!

-Pero después habrá más. Además, ¿qué clase de mujer es, que ni siquiera te pregunta si eres casado? Eso no habla muy bien de ella. Indicó, enarcando una ceja.

-Bueno, es algo obvio sino se lo dije. Además…es solo una cena, ahora baja ya. Llegaremos tarde.

No hubo poder humano que hiciera desistir a su padre, por eso a tras pies y bufidos bajó del auto. Eso si, asegurándose de azotar muy fuerte la puerta del auto, aunque eso le dolió más a él que a su padre. Al parecer.

Dean notó que su padre se alisaba la chaqueta más veces de las debidas y giró los ojos cuando olió su camisa.

-Seguro me puse demasiado perfume.

-Seguro te quedaste sin cerebro. Gruñó el niño, tocando el timbre. Al mal paso, darle prisa.

No tardó mucho para que una atareada, y si, muy linda rubia abriera la puerta.

-Oh, que puntualidad. Sonrió, saludando a sus invitados.

-La puntualidad es virtud de personas educadas. Guiñó John, besando la mano que Mary le tendía.

Dean efectuó un gesto de asco cuando la mujer rió nerviosamente. A veces no reconocía a su propio padre cuando hacía esas cosas. Por lo regular John Winchester era más un todo reglas ex marine hazlo a mi modo, divertido, a veces, y un excelente mecánico que adoraba los autos como él y sobre todo la música clásica que lo embobaba. Aunque no tuviera la edad de su padre.

Verlo así, todo sonrisitas ji, ji, ji, ja, ja, ja con esa…señora, no le gustaba. Así que tenía que buscar el modo de que esa fuera la única y última vez que pisaran esa casa.

-Te traje un pastel. Lo hicimos los dos. Señaló John, cediéndole la tarta.

-Vaya, esto no se ve todos los días. Sonrió ella.-Pero por favor pasen, la cena está casi lista.

Dean entró con sigilo, mirando todo a su alrededor.

La casa era pequeña pero había un no se que, un no se cuánto que la hacía lucir tan…tan… ¿acogedora?

En realidad no sabía que significaba eso, pero debía significar de niñas o algo por el estilo.

Todo estaba en su sitio y aunque en su casa todo también estaba limpio y ordenado, había un algo en esa casa que la hacía lucir iluminada, diferente.

-Antes que nada quiero pedirles una disculpa. Señaló Mary al entrar en el comedor.

-¿Por qué? Cuestionó John.

-Por ser tan descortés y no invitar a tú…esposa. Bueno, la invitación era para la familia en realidad.-Se giró. Se sentía tan abochornada que no pudo sostenerle la mirada a ese hombre. Lo había estado meditando todo el día y creía que la única manera de rectificarse era esa.

-La verdad. Señaló el hombre un tanto apenado.-Es que…estamos aquí toda la familia.

Mary suspiró y solo cuando sintió que su rostro no era color semáforo, volvió a girarse.

-Lo lamento. Es solo que…

-No tienes porqué disculparte.

Se sonrieron. Se agradaban y eso era visible hasta para un ciego, por eso Dean giró los ojos y salió del lugar. Solo faltaba que rebotaran contra él corazoncitos rojos o suspiros. Eso no lo soportaría.

La sala era agradable y había retratos de esa mujer y su hijo por toda la habitación. Al parecer les gustaba fotografiarse. Además, sonreían demasiado.

Hizo una mueca de fastidio y se sentó.

-Ojala que la dichosa cenita no dure tanto. Murmuró, escuchando la risa de los adultos.

Fue en ese momento que algo golpeó su zapato y al mirar se topó con algo peludo.

Con una sonrisa entre maldosa y divertida se agachó y tomó a la bola de pelos por la cola. Lo que parecía un ratón comenzó a moverse con rapidez y miedo, soltando pequeños chillidos de defensa.

-Hey, tranquilo. Solo quiero jugar contigo. Dijo Dean, riendo cuando el roedor intentó morderlo.-Esto será divertido, ¿cuánto soportarás así?

-¡Deja a botón! ¡Déjalo ahora!

Dean dio un pequeño brinco al escuchar aquella voz, pero de inmediato volvió a sonreír cuando se percató de quien se trataba.

-Pero si es el enano. ¿Esto es tuyo?

Sam, enfadado, se acercó a grandes zancadas al otro niño.

-¡No es esto, es un hámster y se llama botón! Señaló, estirándose un poco para parecer más grande.

-¿Botón? ¿Pero qué clase de nombre ridículo es ese?

El mayor rió como nunca en su vida y Sam se sintió tan ofendido que todo lo que hizo después de hacer un enorme puchero y apretar las manos, fue patear a Dean.

-¡No vuelvas a hacerle eso a botón! Amenazó, tomando al roedor antes de que cayera.

-¡Maldito chiquillo! Gritó Dean, soportando las lágrimas pero antes siquiera de que pudiera desquitarse, los adultos hicieron acto de presencia.

-¿Qué ocurre aquí? Indagó John, viendo pasar rápidamente a Sam quien se ocultó tras su madre.

-¡Ese…niño me pateó!

-Sammy, ¿por qué hiciste eso? Riñó Mary pero el aludido simplemente se limitó a apretar fuertemente la boca y a mirar a su contrincante amenazadoramente, como advirtiéndole que podía patearlo de nuevo.

-Déjalos, Mary, son solo niños. Sonrió John, advirtiéndole con la mirada a su hijo que se comportara.

-¡Pero ese niño me…!

-¿Pasamos a cenar? Propuso la rubia entendiendo la indirecta.

El primero en correr fue Sam, dejando atrás a un enfurruñado Dean y a unos sonrisitas Mary y John.

-Ya me las pagarás, enano. Murmuró el niño, quien siguió muy de cerca los movimientos del más pequeño.

Después de eso, la cena pareció transcurrir en aparente calma.

John le contó a Mary que era mecánico y que tenía un taller herencia de su padre. Le relató del auto aparcado afuera, que lo había adquirido en una ganga cuando joven, era su adoración; pero quizá lo era más de Dean, quien siempre se preocupaba por verlo impecable.

Mary le relató a John que era profesora de artes en la preparatoria, que daba clases de autodefensa los martes y jueves, y que gustaba de las plantas, al igual que de los buenos autos.

Quizá para Dean y en otras circunstancias, habría sido bueno escuchar eso, pero dado su actual condición deseo que no lo hubiera hecho. Sobre todo por el brillo en la mirada azul de su padre.

Necesitaba detener eso, necesitaba evitar que las cosas intimaran. Él no necesitaba una mujer en sus vidas, su padre y él eran felices en la soltería y así serían por siempre. Por eso y antes siquiera de meditarlo, las palabras salieron de su boca.

-No me gustó.

-¿Qué, cariño? Preguntó Mary en tono maternal.

-El filete. Estaba…rancio.

-Dean. Advirtió John sin éxito.

-Lo…lamento, quizá el puré…

-Está echado a perder…no sabes cocinar.

Mary enrojeció tanto como no creyó posible y su padre se pareció mucho a un psicópata en potencia. Sabía que había sido cruel, hasta para él eso había sido duro, pero esperaba ganar un poco de terreno con eso y pensar en algo más.

Sin embargo se olvidó de un pequeño detalle.

-¡HAAAY!

-¡SAM!

John Winchester miró al pequeño niño sentado frente a él. Se encontraba sentado muy rígido, mirando a Dean que estaba sentado a su lado. Sus expresivos ojos bicolores mostraban vestigios de derramar lágrimas en cualquier momento y el enorme puchero marca cachorro era más que evidente. Y aunque pensó que lloraría, jamás se imaginó siendo testigo del más grande e incondicional amor fraterno.

-¡MI MAMI ES LA MEJOR COCINERA DEL MUNDO! ¡MI MAMI HACE COSAS DELICIOSAS! ¡TONTO!

Y salió corriendo.

Por su parte, Dean intentaba a toda costa quitarse el puré que Sam le había lanzado a la cara.

John no sabía si echarse a reír o a…reír.

-Cielos. Cuánto lo lamento, traeré algo para…

-Descuida. Señaló John a la rubia, quien se hallaba sumamente consternada. -Estas cosas suelen pasar. Nunca has de ofender a la madre de tu semejante.

Mary se mordió el labio inferior y no pudo más que mirar a Dean, quien tras maldecir cosas que su padre le castigaría mas tarde, se retiró de la mesa y se dirigió al auto.

-¡MALDITO CHIQUILLO! ¡MALDITOS TODOS!

Cuando el sonido de la puerta se escuchó, John se echó a reír y con él la rubia, quien había estado buscando alguna escapatoria a todo ese desastre.

-Los niños…son niños al fin y al cabo. Dijo él, cuando pudo controlar la risa.

-Siempre dirán lo que les agrada o no. Quizá…quizá…

-Ya se les pasará, ¿no crees?

Como decirle no a esa mirada. Mary no podía, por eso asintió, tratando de verle el lado positivo a todo eso.

-Pues, aunque no lo creas, a mí si me gustó la cena.

-Es un alivio saberlo.

-¿Qué te parece un territorio neutral para la próxima?

Mary parpadeó.

-¿L-la próxima?

-Si. Es para disculparme por el hijo tan bocaza que tengo.

La rubia negó con la cabeza, sonriendo discretamente ante eso.

-Es solo un niño.

-¿Entonces? ¿Aceptas?

Mary no lo pensó mucho para aceptar, quedando pactado el lugar y la hora de la próxima cita.

Y así la llamarían porque era ya evidente que se atraían, a pesar del desagrado de sus hijos.

Y sucedió entonces lo inevitable, que después de algunas salidas y del disgusto de ambos niños, Mary Campbells y John Winchester formalizaron una relación. Un cuadro que para los adultos era maravilloso, pero que para los hijos…

-¡¿QUÉ TE VAS A CASAR?!

El grito de Dean se escuchó a dos cuadras a la redonda, como mínimo.

-Si, ¿qué tiene de malo?

Oh, había mucho de malo si su padre no lo notaba.

-Pero, ¿con quién?

-¿Cómo que con quién? Con Mary, obviamente.

Un gancho directo al hígado.

-¿Con Mary? ¿Mary Campbells? ¿La madre de ese latoso chiquillo que parece sacado del mundo de los Quién?

-Si, la misma.

Un derechazo más y estaría noqueado.

-Pero…pero…

-Dean, ya tienes doce. He salido con ella casi tres años. Creí que era obvio.

-¡¿OBVIO!? Volvió a gritar, tratando de seguirle el paso a su padre que iba y venía por el taller.-Obvio es que salga el sol en la mañana. Obvio es que llueva cuando está nublado, obvio es que si un auto viene aquí salga arreglado. ¡QUÉ TÚ TE CASES CON ESA SEÑORA NO ES OBVIO!

-Shhh, baja la voz, ¿quieres?

Dean estaba a punto de tener un paro respiratorio o algo por el estilo.

Estaba híper ventilando. Necesitaba oxígeno. ¿A caso siempre hacía tanto calor ahí?

-Vamos, Dean, actúas como un desquiciado. Pensé que la noticia te agradaría.

Oh, su padre en verdad quería que muriera muy joven.

-¡¿Agradarme?! Papá, ¿a caso tienes una maldita idea de lo que me alegra?!

-Cuidado con esa boca, Dean. Soy tú padre y me debes respeto.

-Y yo tú hijo y también me debes respeto, y entre eso se adjunta las consultas de estado. ¿Qué no te enseñaron trabajo en equipo en la marina?

John enarcó una ceja mientras se limpiaba las manos.

-Se supone que somos equipo, ¿verdad?

El hombre asintió.

-Por ende debes consultarme todo. No avisarme el día de la boda.

-Pero aun no es el día de la boda, Dean.

-¡PERO YA SE LO PROPUSISTE!

-Eso si.

La sonrisa de su padre delataba dos cosas: una, que estaba totalmente enamorado y dos, que en ese momento nada de lo que alegara sería escuchado.

El hombre estaba embobado, embrujado… ¡idiotizado!

Y la culpa de todo eso la tenía esa mujer rubia de ojos bonitos que con una sonrisa y una palabra cariñosa pretendía arreglarlo todo.

Si su padre estaba pensando en hacer una gran familia feliz, ya podía irse olvidando de él.

-No la meterás en nuestra casa. Amenazó, tirando lejos la llave inglesa.

-Dean…

-¡Es nuestra casa! Es… ¡Es la casa de mamá y no permitiré que otra mujer la pise! ¿Me escuchaste?

John no pudo detener a su hijo y prefirió que se fuera. Quizá solo, lograría tranquilizarse mejor.

Suspiró hondo y se recargó en el auto que estaba reparando. Deyna había sido buena esposa y madre, la mejor del mundo. En sus años mozos no habría podido elegir a mujer mejor, pero la mala fortuna y una enfermedad se la habían llevado demasiado pronto, dejándolo con un hijo que necesitaba por completo de él.

Había hecho lo posible con Dean, educándolo lo mejor que pudo. Jamás podría remplazar a una madre y aun así sabía que no había hecho las cosas mal, pero a veces se sentía solo y el conocer a Mary terminó con la promesa de no saber de mujeres de forma permanente. La amaba y sabía que su difunta esposa lo entendería.

Había sido difícil su recuperación y sanación, pero para Dean no. Él seguía viendo como sagrado el lugar de su madre y alejarle toda mujer se había convertido en su tarea extracurricular.

Decirle que se casaría precisamente con la mujer que había agredido y ofendido más veces que a nadie en la vida, había sido arrojarle una bomba de la que probablemente jamás se recuperaría.

Estaba haciendo bien, su corazón se lo decía. Ahora solo faltaba que el de Dean comprendiera que siempre recordaría y querría a su madre, y que nadie jamás ocuparía su lugar pero que la vida le ofrecía una oportunidad que no desaprovecharía.

-Ojala puedas entender, que yo solo quiero lo mejor para los dos. Murmuró, esperando no tener que tomar medidas verdaderamente drásticas con su hijo.

Dean corrió todo lo que pudo y se detuvo en ningún lugar en especial, solo se detuvo porque las lágrimas arremolinándose en sus ojos estaban molestándole y los pulmones le exigían aire.

¿Cómo podía su padre hacerle eso? ¿Cómo se atrevía a arruinar esa pequeña familia?

No se lo perdonaría, jamás. No tenía el derecho de hacer algo sin consultarlo, mucho menos con la memoria de su madre.

-Te odio. Gimió, hipando un par de veces antes de seguir corriendo. El viento lo ayudaría a calmarse y a hacerse la promesa de jamás querer a esos dos intrusos, mucho menos a la mujer que osaba usurpar a su madre.

Y no es que fuera mala, era agradable, tierna y maternal, pero no era su madre y jamás lo sería. Nunca.

***

***

-¿Casarte?

-Si, casarme.

Sam parpadeó un par de veces antes de dejar el lápiz sobre su escritorio y mirar a su madre que aguardaba alguna clase de respuesta.

-¿Con quien? Indagó, cuando pudo encontrar su voz.

-Con John, ¿con quien más iba a ser?

La sonrisa de su madre era descomunal. Ha decir verdad, desde que salía con John Winchester que sonreía de esa forma tan limpia y feliz.

En cierta forma le daba gusto, pero…

-Sabes que me gusta verte feliz. Indicó, dejando salir al geniecillo educado que siempre había sido.-Pero…ya sabes lo que opino de su hijo. Y frunció el seño para dejarlo más en claro.

Mary rió y le indicó a su hijo que se sentara junto a ella en la cama.

-Se que Dean es…un tanto difícil, cariño.

-¿Difícil? Mamá, esa no es la palabra que elegiría. Ese niño es un total y rotundo…

-Si, lo sé. Sonrió, besando la frente de su hijo.-Pero John y yo hemos estado saliendo por casi tres años y créeme que hemos pensado en todo. Quizá si se tratan más…

Sam rió un poquito, solo un poquito para no parecer grosero.

-Mamá, no te ofendas, pero tengo ocho años y soy más inteligente y educado que él. Si ustedes ya han olvidado los incidentes entre los dos, ponernos bajo un mismo techo será homicidio.

-Sammy. Rió la rubia acariciándole el cabello.-Mi pequeño caballerito, sabemos que entre ustedes existen diferencias y estamos conscientes de todo lo que ha sucedido, pero simplemente ya no podemos esperar. Lo amo y me ama, y creo que tres años de noviazgo a nuestra edad, es ya un poco ridículo, ¿no crees?

-Por mí, la soltería está bien.

Mary abrazó a su hijo. Ella sabía que comprendía y que a pesar de su enemistad con Dean estaba haciendo un enorme esfuerzo por apoyarla y no anteponer su situación.

Pero así como amaba a su hijo y a John, también sabía que esas diferencias podían llegar a solucionarse.

Tarde o temprano ambos llegarían a quererse.

-¿Entonces? ¿Tengo tu bendición?

Sam asintió un poco a la fuerza, pero se trataba de la felicidad de su madre. Esa mujer que lo había dado todo por él desde que su padre se fue dejándola embarazada, y quien jamás había pensado en si misma hasta que conoció a John.

Tal vez ya era tiempo de obsequiarle más sonrisas a su madre y menos preocupaciones.

Él, estaría bien. Si hasta ese momento había sabido lidiar con Dean, también lo haría estando bajo el mismo techo.

-Solo quiero que seas feliz, mami.

Decir que después del matrimonio serían una gran familia feliz, era decir una gran mentira. Sobre todo por el profundo despecho que sentían los hijos entre sí.

Dean había optado por no hablar con su padre en un buen tiempo y como aun era menor de edad no podía hacer su voluntad, por eso a regañadientes tuvo que mudarse de casa y aceptar a la nueva mujer en su vida.

Su padre había sido de la idea que ninguna de las dos casas era ideal para iniciar una nueva vida, por eso la bonita casa de dos pisos a las afueras de la ciudad fue el destino final de la nueva familia.

Sam había optado por acercarse más a John. El hombre le agradaba y aunque era extraño compartir el mismo espacio con él, sabía que era un paso importante para la felicidad de su madre quien jamás se había visto ni sentido tan dichosa.

Con respecto a Dean…entre más lejos se encontrara de su espacio personal, más tolerante podría tratar de ser, aunque eso no descartaba la defensa personal por alguna agresión que el otro pudiera llegar a hacerle.

Dean era de la misma idea, aunque no dejaba de verlo como queriendo desaparecerlo del mapa. Su misión en la vida había dejado de ser la de un rebelde sin causa y enfocar toda su energía en hacer miserable la existencia de esos dos intrusos, o al menos del enano.

A tres semanas del enlace y de vivir en la nueva casa, John se preguntó por enésima vez si aquello había sido una buena idea. Desde que la nueva familia se formó, las peleas entre los niños no dejaban de rebotar en su cabeza. Que si Dean le ha quebrado un florero en la cabeza a Sam; que si Sam se ha vengado empujado al otro de la bicicleta en plena pendiente. Que si en la escuela se agarran a golpes, que si el hámster botón de Sam está nadando en el escusado, que si…

Era un martirio para él regresar a casa y escuchar de boca de su esposa todas esas cosas. Bien, estaba consciente de que eso podía suceder pero estaba llegando al grado de querer darse un tiro en la cabeza o al menos mandarlos a un internado. Por separado.

-¿Te sientes bien? Indagó Mary aquella noche, cuando el acabose de su paciencia fue el brazo roto de ambos niños. Ni siquiera quería saber cómo había pasado.

-No, no me siento nada bien. Respondió, dejándose caer pesadamente en el sofá.

-Lo lamento, John. Creo que no he podido ser una buena…adulta con Dean. Ni siquiera Sam me obedece ya. Medio sonrió la rubia, tomando asiento junto a su esposo.

-No te lamentes, querida. Animó el hombre con una palmada en la mano.

-Ninguno de los dos pensó jamás que todo esto podría llegar a pasar. Es como…como vivir en el infierno. ¡Por Dios!

Mary asintió. No habría querido admitirlo pero desde que llegaron a esa casa todo se había volteado de cabeza. Por una parte porque Dean continuaba mirándola como a un cero a la izquierda y no había nada que pudiera decirle porque simplemente no la obedecía, y por otra estaba Sam. El niño paciente y educado se había vuelto demasiado rebelde, al grado de no poderlo controlar y aunque no deseaba culpar a nadie…de verdad, ambos niños se odiaban.

Dejó escapar un suspiro y se recargó en el hombro de su esposo.

-Quizá fue mala idea casarnos. Dijo, sintiéndose un poco culpable por todo eso.

-A veces también lo pienso. Confesó él.-Pero merecemos ser felices, aunque ese par…

-Si tan solo existiera algo que los hiciera sentirse unidos. Lo que sea, tal vez de esa forma no querrían irse a la yugular del otro. Gimió ella.

Ambos permanecieron en silencio unos minutos hasta que John Winchester tuvo una idea.

-Tal vez…si los hacemos sentir familia.

-¿Cómo? Se odian, por si no lo habías notado. Ironizó la rubia, mirando los ojos del hombre.

-Si, pero…yo crié a Dean con la convicción de anteponer y respetar a la familia pese a todo.

-Eso es muy lindo, cielo, pero no creo que aquí eso funcio…

-No lo entiendes. Negó John tomando las manos de su esposa. De un momento a otro parecía renovado en bríos.-Lo que trato de decirte es que para ganar la guerra hay que buscar el punto débil del oponente.

-John, aquí no hay oponentes. Solo es una pequeña diferencia.

-¿Pequeña? Rió el aludido.

-Bueno…como sea. El punto es que tus metáforas militares son tan…

-Pero funcionarán. ¿No lo ves?

Mary solo podía ver a un hombre sumamente emocionado por algo que se le acababa de ocurrir y como no fuera enviar a los niños a la militarizada, no veía nada claro aún.

-Lo que trato de decirte, linda, es que…voy a adoptar a Sam.

Muy bien, era oficial, su esposo se había vuelto loco por fin.

-John, es un detalle muy lindo pero eso solo va a empeorar las cosas. Si siendo hermanastros no se soportan, mucho menos llevando el mismo…

Pero la sonrisa del hombre la hizo detener sus palabras y ver el punto que estaba viendo.

-Creo que estoy captando tú idea. Pero, ¿funcionará?

Al fin una pequeña luz al final del túnel.

-Tiene que funcionar, Mary. Ya no podemos seguir así porque esta será una familia feliz, les guste o no.

Se escuchaba muy drástico pero como ahora ella era Mary Winchester…tal vez darle un verdadero cambio a sus vidas funcionaría.

Ambos estaban convencidos de que esa era la solución para terminar con las enemistades, pero una vez más se dieron cuenta de que los hijos piensan diferente.

-¡¿ADOPTARLO?!

Se estaba haciendo costumbre de Dean gritar cuando algo no le parecía.

-Si, adoptarlo. Así serían hermanos.

Dean realmente, realmente ya estaba empezando a odiar a su padre.

-Se que si Sam es realmente parte de la familia, se llevaran bien.

-Eso no puedes asegurarlo. Riñó el niño, colocando la cabeza entre las piernas. Si, le estaba dando un ataque de ansiedad.

-Dean…recuerda que la familia está primero y ahora ellos son parte de esta familia. Ya no tienes cinco años, y sé que sabrás comportarte de ahora en adelante a la altura de la situación. Creo, hijo, que ya basta de niñerías.

¿Niñerías? ¿Había dicho niñerías?

Su padre realmente no comprendía el concepto de odiarse mutuamente.

-Yo solo quiero que comprendas. Murmuró John tocando el hombro de su hijo.

-Que quiero lo mejor para ti y que entiendas que Mary jamás será tú madre, pero quizá puedas abrirle un espacio en tú corazón. Mamá lo querría así.

Dean elevó el rostro solo un poco, lo suficiente para ver la sonrisa esperanzadora de su padre.

-Si estás esperando que te diga que lo entiendo y que así será, pierdes el tiempo. Indicó incorporándose. Pero antes de salir de la habitación, agregó.

-Pero si aun te preocupa la lealtad familiar, quédate tranquilo. Desde el momento en que ese enano pase a ser un Winchester yo…trataré de dejarlo tranquilo y de respetar a tú mujer. Pero no me pidas que lo acepte, porque quizá jamás lo haga.

Sería lo más cercano que le sacaría sobre una aceptación. John estaba seguro que su hijo cumpliría con su palabra y aunque pudo sentirse satisfecho, no lo hizo.

-Tienes mi carácter, Dean.

Por su parte, Sam se mostró desconcertado cuando ambos adultos le externaron la nueva.

-¿Adoptarme? ¿Tú?

-Bueno, solo y si lo deseas. Sonrió John. Con Sam era un poquitín más fácil entablar conversación sin necesitar casco y protectores.

-John cree que si vamos a ser familia, lo más natural es acercarnos más. Opinó su madre, tratando de transmitir alegría.

Sam jamás pensó en que John estaría interesado en adoptarlo. Él estaba conforme con el apellido que su madre le había dado y sin embargo la posibilidad de cambiarlo abría para él un deseo oculto de ser parte de algo nuevo.

-No…se escucha tan mal. Murmuró, no muy seguro aún.- ¿Qué dijo Dean al respecto? Indagó. Aunque no le preocupaba lo que el otro dijera, al menos tenía que saber su opinión.

-Está de acuerdo. Indicó John, sorprendiendo al niño.

-¿Eso es verdad? Indagó Sam sin creérselo.

-Mi vida. Dijo su madre.-Tú sabes lo difícil que es Dean y aun así está dispuesto a respetarte cuando seas un Winchester.

-¿Eso quiere decir que saca la bandera blanca? Cuestionó, parpadeando un par de veces.

-Algo por el estilo. Fue la respuesta de John antes de ver a su esposa.

El chico no estaba totalmente convencido de eso pero si a Dean no le importaba…

-De acuerdo, háganme Sam Winchester entonces.

Los adultos estuvieron felices por la decisión y en poco tiempo la familia quedó registrada como Winchester con todas las de la ley.

Sin embargo no todo cambió. Dean continuaba con su carácter reacio, aunque debía reconocerse que se esforzaba por tratar bien a Mary y molestar menos a Sam.

La familia ante todo. El estigma que quizá acompañaría al mayor de los "hermanos" por toda la eternidad.

Continuará…

Bueno, como esto se salió de control y se hizo inmenso

decidí publicarlo en dos partes.

Ojala les haya gustado la primera.

¿La continuación? Muy pronto

Gracias por leer ^^

KLF

Enero 2009