Después de recibir un par de peticiones, he decidido continuar un poco la historia. Este es el capítulo dos y si me lo siguen pidiendo puede que haya un tercer capítulo. Por favor, comentar si podéis porque los comentarios me ayudan un montón para saber qué va bien y qué va mal en la historia. Un saludo.
Capítulo 2
Ni una ducha fría había conseguido que Bill olvidara a Laura Roslin. Se sentó en su mesa y empezó a ojear los informes de la mañana, mientras se tomaba el café, confiando en que eso lo distraería. Pero nada más lejos de la realidad porque la mayoría se referían a transferencias de hombres y suministros de la flota en órbita a Nueva Cáprica. Actualmente, todo giraba en torno al asentamiento y a la mejora de las condiciones en el planeta y eso hacía que su mente volviera, una y otra vez, a pensar en cómo estaría Laura. Sus ganas de verla solo se incrementaban a medida que pasaban los minutos y se dio cuenta de hoy iba a ser incapaz de concentrarse en nada más. Por segunda vez desde que se despertara, volvió a suspirar. La única forma de solucionar su situación era encontrar una buena excusa para bajar al planeta y verla aunque solo fueran unos minutos. Sí, eso valdría, con que solo la saludara y viera que estaba bien, podría seguir con su rutina y olvidarse momentáneamente de sus sentimientos. Solo tenía que seguir revisando los informes hasta dar con uno que justificase la supervisión de algún trasvase hacia Nueva Cáprica. Y con el poco personal que quedaba no tendría más remedio que ocuparse él personalmente. Esperaba que el pretexto fuera lo suficiente convincente para su XO, aunque sabía que Saúl no se iba a creer nada de lo que le dijera. Al menos, esperaba que no le tomara demasiado el pelo.
Un rato después, sentado en el raptor, Bill pensó en la mirada burlona y el comentario jocoso que le había dirigido Saúl cuando le comunicó su decisión de bajar al planeta para supervisar uno de los envíos de hoy. Los dos se habían reído pero su XO no había añadido nada más, entendiendo perfectamente las razones de su viaje y dándole su aprobación con un ligero asentimiento. Después de tantos años de amistad, no necesitaban muchas palabras para entenderse. Ahora tocaba calmar sus crecientes nervios y en cuanto pusiera pie a tierra, encontrar la tienda de Laura sin llamar demasiado la atención.
Aquel planeta era tal cual lo recordaba: gris, frío y húmedo. Un lugar que a él le parecía deprimente y que solo la presencia de Laura hacía que para él tuviera algún interés. Después de orientarse y dar unas cuantas vueltas, se detuvo un momento para asegurarse de cual era la tienda correcta. Intentó recordar algún detalle de la última vez que había estado allí y justo en ese momento, se abrió la cremallera de una de ellas. No se podía creer la suerte que había tenido porque era la propia Laura Roslin la que estaba saliendo. Vio como se giraba y cerraba la cremallera para dejar su tienda cerrada. No le había visto y aprovechó la ocasión para fijarse mejor en ella mientras se acercaba por detrás. Vio como se ajustaba mejor la chaqueta, como si tuviera frío, y miraba hacia arriba. Le pareció que sus pómulos eran más pronunciados y que estaba un poco más pálida que la última vez que la había visto. Sorprenderla no estaba en sus planes, pero ahora que lo pensaba le parecía una buena idea. Ver la expresión de su cara al verle seguro que no tenía precio.
Cuando se echó en sus brazos, Bill se encontró entre sorprendido y encantado con la reacción de Laura. No esperaba un recibimiento así del que, por supuesto, no tenía nada que objetar. Pensaba que cuando lo viera se alegraría de verlo y le dedicaría esa sonrisa que tanto le gustaba. En eso había acertado, pero que además lo abrazara de esa forma, era lo último que se le había pasado por la cabeza. Era una sorpresa agradable y una oportunidad para sus sentidos. Era algo que no iba a olvidar fácilmente.
Después de unos segundos en los que el mundo a su alrededor parecía haber desaparecido, Laura se dio cuenta de lo que estaba haciendo. Como pocas veces desde el fin de las colonias, se había permitido dar rienda suelta a sus emociones sin pensar primero en las consecuencias. Pero la sensación de poder estar en los brazos de Bill Adama era embriagadora. Poco a poco se separó de él y lo miró a los ojos con las mejillas sonrosadas. No podía parar de sonreír y parecía que a él le pasaba lo mismo.
- Te he echado de menos - consiguió decir.
- Yo también.
De repente, Laura recordó dónde estaban. Miró a su alrededor y vio que las personas que pasaban por allí los miraban con curiosidad.
Bill también miró un poco incómodo a su alrededor y se dio cuenta de que estaban a la vista de todo el mundo. Su despliegue de alegría no estaba siendo muy discreto y en un sitio así las noticias volaban. Tampoco es que estuvieran haciendo nada malo, pero la gente tendía a hablar y a sacar conclusiones precipitadas que, a menudo, eran erróneas. La miró a los ojos y vio que ella estaba pensando lo mismo.
Laura había pensado prepararse un café, pero con los ánimos con los que se había levantado había desistido. Había decidido salir un poco antes y tomarlo tranquilamente al llegar a la escuela, mientras corregía algunos trabajos sin que nadie la molestara. Ahora que Bill estaba allí, su ánimo había cambiado totalmente y compartir un café recién hecho se le antojaba muy apetecible, pero tendrían que seguir con su plan inicial, porque si la gente los veía entrar o salir de su tienda a primera hora de la mañana estaría oyendo rumores sobre ellos hasta el fin de los tiempos.
- ¿Un café? En la escuela tenemos uno al que se le puede llamar así.
- Me encantaría - dijo Bill sonriendo, entendiendo al momento su reticencia a tomarlo en su propia tienda.
Se fueron caminando tranquilamente, en un silencio confortable, disfrutando del hecho de estar el uno junto al otro, mirándose de vez en cuando para asegurarse de que no era un sueño, de que realmente estaban allí, sin poder reprimir una sonrisa cada vez que lo comprobaban.
