Una mota de polvo resaltada por la luz de la ventana llamó mi atención, era lo único que parecía moverse en la habitación, como un intento de desafiar la quietud.
Había llegado temprano, esperándola, con una falsa convicción que aparecería en cualquier momento, porque era imposible que faltara, lo había sentido en la biblioteca, el tiempo separados solo nos había acercado más, como cuando un elástico se estira hasta su tope y al volver lo hace con más fuerza. Sin embargo tenía dudas, como esas que asaltan cuando te enfrentas a lo impredecible.
Diez minutos antes de la hora de encuentro, esa que no cambiaba como tampoco lo hacía el lugar, ella llegó, abriendo la puerta para mirarme con una seguridad tan falsa como mi convicción, tan inestable como la mota de polvo.
- no recuerdo la última vez que llegaste temprano – le dije devolviéndole la mirada.
- nunca llego temprano – esbocé una media sonrisa, como si no lo supiera.
No se había movido de su lugar, a tan solo unos pasos de la puerta aguantaba el duelo silencioso que establecimos, como un preámbulo ya acostumbrado.
- no puedo hacer esto – abandonó y se giró hacia la ventana, fijando la vista en el vacio – el sí y el no, nos hacen daño.
- es una lucha Rose, no podemos decir siempre que sí.
- entonces diremos siempre que no.
- sabes que eso tampoco es posible, hoy rompiste la regla, has dicho que sí – me acerqué a ella, aspirando el olor de su cabello rojo, sin tocarla, mirando también el vacio, esperando poder encontrarnos en él.
- en realidad he dicho que tal vez.
- entonces, busca el equilibrio en el tal vez.
- estoy cansada de todo, y al mismo tiempo todo me hace falta.
- bienvenida al club de las contradicciones en donde el negro es más luz que oscuridad.
Un largo suspiro ocupó el lugar de su siguiente frase, ahí entendí que no debíamos estar juntos, ella no debía ser mi luz, también lo entendió.
Se dio la vuelta, encontrando mis ojos otra vez con fuego, ahí entendí que debíamos estar juntos, ella también tenía oscuridad, lo entendió. Y el fuego fue suficiente, porque el resorte había vuelto con fuerza.
