Pequeña Paria
Al día siguiente, nadie me hablo. Es mas, ni me miraron.
Camine agachada bajo la fina lluvia, abrazando mis libros para que no se mojaran. Al entrar al calientito edifico numero tres, lo hice a toda prisa sin fijarme por donde iba, así que me estampe con algo y fui a dar al suelo dándome un buen golpe.
-Auch! - murmure a punto de llorar, por el golpe en mi cabeza y trasero.
Claramente escuche las risas de aquellos malditos testigos, que ni se preguntaron siquiera si yo estaba bien. Pronto las risas se callaron y jadearon al unisono. Lo mas probable es que se estaba derramando mi sangre sobre el suelo, o tal vez jadearon por que yo no me movía.
-Estas bien? - una voz ronca y obviamente desconocida pregunto muy cerca de mi.
Abrí los ojos esperando encontrarme con algún buen profesor que se apiado de mi, pero encontré los ojos negros mas hermosos del mundo.
-Ahh... Yo...
-Lo siento, no te vi -se disculpo-. Te ayudo?
Me tendió la mano y la tome sin dudarlo. Me incopore poco a poco con la ayuda de aquel desconocido que tuvo la osadia de hablarme y ayudarme a levantar del suelo helado. Cuando mi visión no fue borrosa, repare en quien me había hablado. Era el chico de la motocicleta.
Mire a mi alrededor y tenia un circulo de espectadores mirándome, unos con burla, otros con ira y otros con... miedo? El 'chico malo' imito mi gesto, mirando a nuestro alrededor y todos desviaron la mirada, comenzaron a moverse torpemente, topándose unos con otros de manera muy cómica.
Osea que aquel chico alto, moreno y sumamente atractivo si era el chico malo de la escuela?
Oh oh.
El solto mis brazos y me dedico una sonrisa cínica.
-A la otra fijate por donde caminas - dijo en un tono cortante, frió y hasta escalofriante.
A la hora del almuerzo, me senté sola en aquella mesa redonda en una esquina de la cafetería, igual que la mañana anterior. Esta vez en lugar de ver solo mi comida, observe la gran sala de paredes blancas. Todos se sentaban en grupitos como en mi antigua escuela. Estaban los atletas, los nerds, las plasticas -como le dicen en aquella película-, y el resto del cuerpo estudiantil que se veían bastante normales.
Solo un rostro destacaba en aquella multitud de caras pálidas. El rostro bronceado y muy agraciado, de aquel con quien me tropecé por la mañana. El se sentaba en la esquina opuesta a mi, en una mesa vacía. Como no lo había notado antes? Ademas de ser guapísimo, moreno y chico malo, había algo en el, que lo hacia destacar entre aquella multitud de mediocres pueblerinos.
A la hora de la salida, me apoye en mi viejito conejito y espere al 'chico malo'. No para hablarle por supuesto, sino para verlo. Un dulce para los ojos como el, no debería de ser desperdiciado. Nuestros compañeros no lo miraban directamente, solo de soslayo. Le tenian miedo. No sabia el por que.
Me convendría averiguarlo?
No, creo que no, pero quería hacerlo.
El salio por la puerta principal, con su andar seguro y confiado. Tomo el casco negro que reposaba sobre el asiento de su moto y lo coloco en su cabeza y bajo la vicera. Encendió la moto y esta rugió como un felino enojado. Salio a toda velocidad por la calle sin perder el equilibrio.
Suspire.
De la nada comencé a imaginarme en esa motocicleta, con mis manos aferradas a su cintura. Mis risos flotando en el aire tras de mi.
Tonta, todavía ni sabes su nombre y ya estas fantaseando estupideces! - me dije cuando aparque el auto frente a mi nueva casa.
A contrario de mi, Edward ya era super popular en el hospital del condado y mama estaba muy cómoda en su nueva casa y las vecinas la habían invitado a tomar el te. Mama amaba el bosque que rodeaba nuestro patio trasero; ya tenia cientos de dibujos con conejitos, zorros, lobos y de mas criaturas propias del bosque y que sus editores amaban.
El miércoles, volvió a ser igual que el lunes, nadie me hablo ni me miro. Lo unico bueno del día, es que pude ver al chico de la moto cuando llego y cuando se fue. Al día siguiente, fue lo mismo. Ya no me importaba que nadie me hablara. Caminaba con seguridad por los pasillos y cuando me lanzaban un remate de pelota que casi me hubiera decapitado, lo recibía con fuerza y furia... Los que terminaban lastimados eran otros. Yo no.
Miserables pueblerinos de porquería. Me crié en una ciudad y estudie en escuelas en las que había alambradas y detectores de metal, te tenias que defender de los mas grandes o si no te hacían puré. Así que si me hablaban o no me valía un cacahuate.
Al menos mis amigas me mandaban correos y mensajitos.
Mis platicas con mis padres a la hora de la cena eran cada vez mas escasas, no tenia nada nuevo que contarles. Solo que casi le quebre la nariz a una tipeja...
Bueno lo admito, me hacia falta hablar con alguien de tonterías, de cosas de chicas, de las clases, de lo que sea!
Cada noche había llorado antes de dormir.
Por que no me hablaban?
Que les hice?
Había sonreído, sido amable como me dijeron mis padres, a pesar de que yo no estaba cómoda en ese lugar y ellos solo me dieron su desprecio...
Muchas gracias por sus coments Little Perverts!
