OHAYOOOOO~ ¡aquí estoy de nuevo como prometí!
Muchísimas gracias a todas las maravillosas personas que se han tomado la molestia de visitar y leer el primer capítulo, a aquellas que han dado follow y fav y, por supuesto, ¡a las encantadoras personas que han tomado un momento de su tiempo para dejar un review!
¡Me alegra tanto que les haya gustado!
Espero no decepcionarlos con el nuevo,
Besos & Abrazos.
Ciclo rubí.
Rin Matsuoka.
Martes.
Te miró una y otra vez, parpadeando. Su cerebro dejó de funcionar por una milésima de segundo antes de que la bomba de recuerdos estallara y fuera consciente de qué estaba pasando. Revolvió su cabello pelirrojo ya de por sí rebelde, desesperado, mientras miraba cómo respirabas tranquila. Dormías. Pero no en cualquier sitio. Dormías en su dormitorio, en la cama de Nitori. Ah… Nitori… durante un segundo se preguntó si aquello sería suficiente para ver a su compañero de cuarto enfadado por primera vez.
Por kami-sama, ¿qué demonios había hecho?
Sabías que Rin estaba en aquellos momentos más furioso de lo normal por el encuentro nada gratificante que había tenido con el nuevo integrante del club Iwatobi. No estabas segura de cómo se llamaba, tu memoria nunca ha sido buena para los nombres, pero recuerdas que Gou alguna vez atrás te había dicho que él estaba tomando el puesto del pelirrojo con el estilo mariposa.
No, no, no es como si él te lo hubiera dicho. La verdad es que no recuerdas una sola vez desde que ingresaste a Samezuka en la que Rin te haya hablado… bien. Suspiraste. Lo sabías porque habías estado recogiendo las pelotas perdidas de tu club de tenis. Hubieras intervenido, quizás, pero sabías que si lo sabías Rin probablemente se enfadaría muchísimo. Así que aunque el chico de Iwatobi se fue tú no te acercaste en ese momento, te quedaste anclada al suelo percibiendo la tremenda soledad que se apoderó del cuerpo de Rin y tal vez habrías dicho algo, pero Rin entró de nuevo al edificio.
Parada contra el atardecer pensaste en todo lo que habías hecho para poder tener la oportunidad de estar de nuevo con él. Sin ir más lejos, moviste cielo y tierra para encontrar a Gou y que ella te informara de a qué preparatoria iba a ingresar Rin. Sin embargo, Rin había cambiado y no un poco precisamente, sino mucho, muchísimo. Aun así tenías la esperanza de que dentro del adolescente atormentado siguiera existiendo aquel alegre niño que te hacía sonrojar por todo. La verdad es que ni siquiera parecía tener en cuenta tu existencia y eso te había dolido más que su marcha a Australia.
Pero todo eso no había podido contigo, habías reunido todo el valor posible para estar allí: plantada delante de la puerta de su dormitorio con los nudillos sobre esta. Tragaste saliva notoriamente. Un último empujón y tocaste.
De dentro se escuchó un gruñido y la suave voz de Nitori diciendo algo, te hubiera encantado escucharlo, pero te viste obligada a dar un paso atrás cuando la puerta se abrió bruscamente y pudiste ver al atractivo pelirrojo. Te sorprendió que su expresión se suavizara un poco al verte aunque siguiera siendo seria.
- Nitori.
- ¿Si, sempai? – el joven acudió a su llamado y te sonrió a modo de saludo.
- Ve con Mikoshiba, dile que necesitas ayuda con la tarea para mañana o algo – respondió, echando con una mano al ojiazul del cuarto y metiéndote a ti después de que su otra mano se aferrara a tu muñeca.
Cerró la puerta con fuerza, colocándote con despreocupación detrás de ella.
- ¿EEEEEEHH? ¡SEMPAAAAAI! ¡MOOOOOOOOU!
A pesar de las quejas iniciales de Nitori, Rin te miró intensamente y tú sentiste un leve pitido en tus oídos así que si el compañero del tiburón seguía gritando afuera tú no lo estabas escuchando.
- ¿(T/N), qué haces aquí? – preguntó, calmado, algunos mechones pelirrojos escapándose de la descuidada coleta.
Te encantaba verlo con el cabello recogido.
- Y… y-yo sólo quería saber cómo estabas… - él alzó una ceja sin entenderte.- Os vi – aclaraste.- A ti y al chico de Iwatobi… - hizo una mueca de desagrado al oírte hablar del otro nadador y tú pensaste que probablemente él ya lo había olvidado o, al menos, desplazado y tú acababas de recordárselo. Volviste a tragar saliva nuevamente y te diste un golpe mental. Bien por ti.
- No es asunto tuyo – él apretó los dientes, muy molesto.
- P-pero…
¡PUM!
Cerraste los ojos y te encogiste sobre ti misma por acto reflejo. Tu corazón martilleó aún más fuerte y sentiste un leve mareo.
- Desde que volví… - abriste lentamente los ojos, aún abrazada a ti misma.- Desde que volví has estado detrás de mí – dirigiste tus ojos hacia la mano que había golpeado la pared, se había hecho daño.- ¿No pillas las indirectas? – contuviste un suspiro de resignación, él era demasiado impulsivo y nunca medía las consecuencias de sus actos. Espera, concéntrate, te está diciendo algo.- ¡No quiero que estés cerca de mí! – te gritó y te agarró con fuerza de los hombros.
Sentiste un picor bastante familiar en tus ojos ya fuera por tan duras palabras, por el daño que te estaba haciendo al agarrarte de aquella forma o por la mezcla entre furia y desolación que había en aquellos tormentosos rubíes. Sin que pudieras hacer nada para evitarlo las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas. Él era la persona que más amabas en el mundo. Más bien, era la persona más terca y más cabezota que amabas en todo el mundo… y también la que más daño te hacía.
La alerta se encendió en sus ojos, pero tú no fuiste capaz de notarlo por la abundante cortina de agua.
- Es-espera, no llores… - te soltó como si le hubieras dado un calambrazo.
- ¿Por qué me alejaste…? ¿Por qué me alejaste de tu lado, Rin? – cerraste los puños, a pesar de que ya casi no tenías fuerzas, tratando en vano de parar de llorar.
- Yo sólo… - entonces subiste la cabeza y tus ojos encendidos, desafiantes, se toparon con los suyos, en ese momento él tomó una decisión.- ¿Estás dispuesta a aceptarme? ¿A aceptar a la persona en la que me he convertido? ¿Estás dispuesta a aceptar mi oscuridad?
- ¿Q-qué…? – jurarías que tus mejillas se estaban encendiendo de indignación.- ¿Acaso no es eso lo que he hecho desde que volviste? ¡Fuiste tú quien…!
Pero no pudiste seguir hablando porque sus labios callaron los tuyos con brusquedad. Intentaste disimular el gemido producido por sus afilados dientes clavados en la tierna carne de tu boca y te aferraste a él con toda la fuerza de la que disponías cuando sentiste temblar tus rodillas. Los dedos de Rin se estaban clavando en tu cintura sin ningún tipo de cuidado, seguramente al día siguiente aparecerían marcas, pero te encendía tanto que ni siquiera te importaba.
Lo único que querías y podías asimilar en aquel momento era su lengua contra la tuya, húmeda y caliente; su bien fornido y trabajado cuerpo de nadador olímpico contra tu menuda y delicada figura; sus manos ásperas pasando de tu cintura a tu rostro, a tu nuca, a tu espalda, a tus pechos; el aire escapando traicionero de tus pulmones por los atrevidos toques; el cosquilleo en tu estómago… Estabas siendo devorada por el tiburón. Y te encantaba. Tanto que no te diste cuenta de cuándo tu camisa terminó en el suelo, de cuándo sus labios comenzaron a recorrer la piel que quedaba expuesta, de cuándo tu espalda chocó con la suavidad de la cama… por un instante, sólo por un instante fuiste capaz de asimilar que aquella cama era de Nitori, pero una mordida en tu pecho desechó toda clase de pensamientos coherentes.
Y de una manera u otra a Rin Matsuoka se le había ido completamente el asunto de las manos. Pasó una mano por su cara. De verdad… ¿por qué siempre que se trataba de ti le pasaba lo mismo? Era tan sencillo y tan tentador dejarse llevar por los sentimientos que (T/N) le producían y que él había intentado obviar hasta el punto de tratarte mal. Recordó el día que fuiste a buscarle al aeropuerto, ¡fue tu sonrisa la que lo hizo sentirse en casa! Aunque la confusión y la sorpresa le hubieran jugado una mala pasada y en esa ocasión te haya tratado mal… y aquella otra… y esa otra…
Mientras acariciaba la piel de tu espalda con la delicadeza y suavidad que le habían fallado en el acto de hacerte el amor, tomó la determinación de estar contigo, de cuidarte, de amarte… a cambio de que tú aceptaras sus peores miedos, sus más oscuros temores y sus más egoístas ambiciones. Tú eras la luz que le faltaba, tú eras lo que necesitaba para superar la decepción de Australia. Lástima que no se hubiera dado cuenta antes… se habría ahorrado tanta soledad al tenerte cerca…
- ¿Rin…?
Tu suave voz lo sacó de sus pensamientos y te dedicó una pequeña y muy suave sonrisa que hizo que te pusieras del mismo color de su cabello.
- Será mejor que nos cambiemos de cama antes de que llegue Nitori y le provoquemos un paro cardíaco.
Sonreíste. Contenta. Feliz.
Te ofreció su mano para ayudarte a subir y cuando la tomaste la sábana se deslizó por tu cuerpo y su rostro se sonrojó.
Curioso, teniendo en cuenta lo que habíais hecho horas atrás.
Buenoooo... ¡aquí está!
Aaaaah... a la chica que me dijo que Rin era su favorito, ¡espero de todo corazón que te guste!
Hasta el momento Makoto y Rin han sido fáciles de tratar. Es decir, el primero muy dulce y el segundo increíblemente rudo, pero el siguiente es un poco más difícil... sí, queridas y encantadoras personas, el próximo es Haruka Nanase con su amada inexpresividad y poca labia.
Espero que nos veamos pronto,
Buenos días & Buenas tardes & Buenas noches.
