Pues aqui les dejo el capitulo 2; espero que dejen mas reviews
Capitulo 2: Llama muerta
Agua. Mucho agua. Las nubes plomizas descargaban toda su furia sobre la villa. El sonido del chaparrón era ensordecedor, no escuchaba absolutamente nada.
Su pelo estaba empapado y caían varios mechones en su frente, despeinados. Las gotas resbalaban, recorrían su cara, rodado por su barbilla, para morir haciendo ondas en el agua.
Se encontraba sentado sobre un muelle, enfrente de un lago, el agua estaba removida por el temporal. Su ropa estaba empapada y su vista estaba fija en la superficie de agua. Apenas distinguía su reflejo, ahora difuso por el aguacero, pero se diferenciaban sus rasgos. Sus ojos, azules como el cielo en una tarde de verano, su pelo rubio, que caía en mechones sobre su frente y su chaqueta negra y naranja un poco desabrochada dejando ver su camiseta negra. Sus ojos no eran los de siempre, estaban apagados, sin brillo, sin ilusión. No se encontraba aquella chispa que los caracterizaba. Estaban... estaban húmedos. Pero no era debido a la tormenta. No, ni mucho menos. Su corazón lloraba, sangraba.
No podía estar en aquel lugar, ni en aquel lago, ni en aquel territorio. Le traía malos recuerdos, pero, cada tarde, sin romper la rutina, iba allí. Y se sentaba en el mismo sitio, con la misma postura, con un mismo pensamiento. Ya... nunca volverá.
Iba allí para consolarse, para pensar, que algún día aquellas casas volverían a estar habitadas; con niños riendo y correteando por las calles, adolescentes entrenando, provocando fogatas con su propia boca, a mujeres recogiendo la colada, a ancianos encargándose de los comercios... No iba a encontrar nada, ni ahora, ni nunca.
-eso en muy bonito para ser verdad –susurró para sí. –Parece que nunca estuvo aquí. –cerró los ojos, y suspiro. Apretando los puños contra sus piernas y cerrando la mandíbula. Parecía rabioso, cabreado, furioso, pero no era a si, aquel muchacho rubio, que, años atrás era el que daba alegría al grupo, el mas optimista de todos, el mas cabezota, el que nunca se hubiera rendido por nada del mundo; ya no era igual, este, al buscar en su interior al muchacho revoltoso, de 12 años, de sonrisa zorruna, ya no encontraba nada. Era como si hubiera muerto, le parecía casi irreal. Aquello, ya era historia, ya era... su infancia.
Nunca, nadie hubiera pensado, que el, Naruto, Uzumaki Naruto. Se iba a derrumbar, se iba a rendir, nadie lo hubiera pensado, pero era así.
Ya no tenía esperanzas, aquella última se había apagado para no volver a lucir. Hiciera lo que hiciese, tomara la decisión que tomara. Eso nunca lo iba a olvidar. Por que, las cosas nunca se olvidan, y este no lo iba a hacer.
Sus hombros se convulsionaron, dejando escapar un pequeño gemido.
Gotas cálidas caían sobre el lago. Lagrimas. Lágrimas amargas. Todo lo llenaba y a la vez tan poco.
Las horas pasaron. Como siempre, no supo cuanto tiempo estuvo allí. Sumido en sus reflexiones y razonamientos. La verdad, era que se había vuelto mas maduro desde la última vez que se encontró con Sasuke. Ya cinco años atrás. La lluvia seguía cayendo sobre su cara nublándole la vista. El tiempo había empeorado desde que, unas horas antes se había sentado allí. Se levantó con un suspiro y volvió a clavar su azulada mirada en la superficie del agua. Rodó los ojos. Su pelo había crecido mucho y su cuerpo había cambiado, haciéndolo mas adulto. Se encaminó hacia las escaleras que había detrás de el. Lo que vio al andar un poco mas, era lo de siempre; casas derruidas y manchas sangrientas en las paredes. Cintas rodeaban todo el recinto y se podía leer "prohibido el paso", cristales por el suelo... era un cementerio de almas muertas. Almas de todo un Clan. Como tantos otros días, pensó en entrar y observar donde había vivido el Uchiha sus primeros años. Otras tardes habría desviado la vista y se encaminaría hacia su casa, dejando aquel lugar atrás, para, al día siguiente volver.
Pero esta vez le dio una corazonada, algo dentro de el se removió, y le insistió en que entrara. Respiró hondo y se encamino hacia la estancia. Pasó por debajo de la cinta y empezó a recorrer las calles. Ya no había inertes cuerpos por ningún sitio, pero la pena se palpaba en el ambiente. La lluvia golpeaba los tejados con estrépito. El territorio era inmenso, las casas eran gigantescas y de casi todas colgaban telas rasgadas con el símbolo de su clan.
Observaba cada recodo con interés, con curiosidad pero a la vez con incertidumbre.
Las plantas estaban salvajadas, debido a que nadie las cuidaba.
Llegó al portal de una casa, donde otra vez, se veían las cintas que prohibían el paso. Dos árboles crecían a cada lado de la entrada, y sin pensárselo dos veces se encaminó por el empedrado, sin pensar en que se podría encontrar. A su derecha, dibujados en la pared había símbolos del clan. Los observó pero no se atrevió a acercarse a la pared, no obstante vio, que uno de ellos tenía una grieta, como si hubieran tirado un kunai contra la pared. Se giró y sus ojos se toparon con una casa. Una casa que, sin saber por qué le dio un escalofrió. No por miedo, si no por nostalgia, anhelo, no lo sabía ciertamente pero esa casa parecía como si llorara. La miró con sumo respeto.
-esta es... –pudo decir antes de que dos lágrimas cayeran al suelo confundiéndose con la lluvia.
Pasó por debajo de las cintas y, abriendo la puerta principal, entró.
No había sangre, ni cristales rotos, solo vacío. Polvo y lagrimas de una familia.
Lágrimas del Clan Uchiha. Enfrente de el, habia, lo que unos años atrás fue la entrada, aun estaba el armario de los zapatos. Lleno de polvo.
Siguió andando, dejando, a un lado las escaleras, y tras de si gotas de lluvia que resbalaban de su cuerpo. Entró en la cocina, encima de la mesa aun habia platos. Los miró con tristeza. Imagino a una familia sentada en derredor de la mesa, comiendo, riendo, y contándose todo lo que se habia hecho durante el día.
Sonrió con tristeza, lo que habría dado el por tener un familia.
Salió de allí y recorrió toda la planta de abajo, observándola con cuidado y andando despacio.
Después, subió por las escaleras hasta la planta de arriba.
Entro en la habitación que había a su derecha.
Pudo deducir que era la de los padres de Sasuke. Una cama de matrimonio reinaba al lado de una pared. No se atrevió a entrar. Se giro y, al final del pasillo, vio una puerta entre abierta. Se encaminó hacia ella y, con cuidado asió el pomo y terminó de abrirla.
Lo que vio le pareció desolador.
La habitación era de un niño pequeño.
Se sentó en la cama y observó lo que había a su alrededor.
Junto a la cama, una mesilla con una lámpara, y al lado de esta un escritorio, donde, aun reposaban pergaminos. Se levantó y los observó. Dos lágrimas recorrieron sus mejillas.
Se los habían dado en la academia, era la técnica del cambiazo. Sonrió con anhelo y empezó a llorar, ya no podía retener las lágrimas. Todo era demasiado doloroso.
Todas las ocasiones en las que estuvo con el, le agolpaban constantemente.
Su media sonrisa a veces, otras su cara de pánico, sus técnicas, la pelea en el valle del fin, el reencuentro en la guarida de Orochimaru, su altitud, su comportamiento sereno y calculador, su competitividad... se tumbó en la cama, boca-arriba había pasado mucho tiempo desde que le vio por última vez.
Aun estaba la habitación desordenada, como la dejó aquella tarde tan angustiosa en la que fue a entrenar.
Miró a su izquierda allí había una estantería junto a una pequeña televisión. Y un ventanal terminaba de decorar la blanca pared, con la cortina corrida completamente.
Se sentó en la cama, y con sigilo se acercó a la estantería.
La mayoría de los libros trataban de técnicas, clanes de Konoha, los distintos países y regiones del mundo. Casi todos los había visto en la biblioteca o en la academia.
Mientras dejaba un libro sobre las distintas villas en la estantería, se calló a suelo un pequeño cuaderno con el emblema de los Uchiha como portada.
Lo cogió con cuidado, casi con miedo a que lo rompiera tan solo con tocarlo.
En la primera página tan solo, en la esquina inferior derecha, ponía: Sasuke Uchiha.
Respiró hondo y tragó saliva. Podría poner cualquier cosa en las páginas siguientes. –pensó Naruto.- Lo que iba a hacer en esos momentos era leer, y saber, el pasado sobre el pequeño de los Uchiha. Lo que nunca había contado, lo que quería olvidar con toda su alma. Años atrás hubiera abierto el cuaderno y empezado a leer, para después reírse sin arrepentimientos del Uchiha. Pero en ese momento, no.
Cuando, empezando a leer la primera página escrita, algo le hizo dudar y dejar donde estaba el cuaderno, pero, con todo lo que había pasado quería saber lo que le hizo ser así, lo que le hizo tener un corazón de hielo. Lo que le cambió la vida, en tan solo una tarde, en una angustiosa tarde.
les gusto? (espero que si) n.n el proximo capitulo el viernes siguiente!! pondre uno cada semana espero que les guste, acepto sujerencias, quejas, alagos... lo que quieran, un Kisu, Sayo!
