Agradecimientos:

Mis más sinceras gracias a: marun15, setsuna17, Naomi y Sakinu_tsuki por sus reviews

También agradezco a todos aquellos que han seguido y no dejaron sus comentarios pero agregaron este fanfic como uno de sus favoritos.

Notas: Hola a todos… nuevamente me tienen aquí, entregándoles el segundo capítulo de este Fic; nuevamente los cambios son un poco referentes a la redacción y la narración, lo que hará un poco más comprensible la lectura del Fic. Bueno, creo que es todo por el momento. ¡¡Disfruten del Capitulo!!

Disclaimer: Los personajes Inuyasha no son míos (ojala pudieran serlo ¬.¬) son propiedad de la señora Rumiko Takahashi.

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Capitulo 2: Reencuentro

Ya habían pasado dos días desde que hubiese llegado a la isla de Ferinno, dos días en los que los preparativos para llevar a cabo su venganza estaban a punto de terminar… era el atardecer del tercer día, y ella se encontraba de pie en la cima de un acantilado que veía hacía el mar y que se encontraba cerca de la casa que ocupaba. Su mirada enfocada sobre el mar, abarcando todo lo que pudiese, esperando a que su amigo llegase en poco tiempo; porque sabía por sus cálculos en el tiempo, que esa misma tarde debía de llegar Miroku,… intuía que posiblemente llegase cansado y hasta estresado, tomando en cuenta el tiempo de viaje que debía de cubrir para así cumplir con el objetivo que se había fijado… aun así, había algo que le preocupaba y eso tenía que ver más específicamente por la conversación que tuvo ese mismo día con Inuno Taisho.

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El desayuno tenía poco tiempo de haber terminado, Hiroshi había salido de la casa al lado de Sango y Kohaku, acompañándolos a realizar las compras de los víveres que les hacían falta para realizar la comida y cena de ese día; mientras que los demás sirvientes se encontraban realizando sus labores… fue entonces que Inuno Taisho hizo su aparición dentro de la casa, cruzando la puerta sin necesidad de anunciarse y llegando directamente hasta el estudio de la propiedad, donde la encontró revisando algunos documentos. La presencia del peli plateado no le extraño, siendo que se había figurado que en algún momento debían de hablar y dado que la casa era de su propiedad, él podía entrar y salir a su antojo.

- ¿Por qué querías que esperara por ti? – preguntó Kagome una vez lo vio entrar al estudio, dándole una seña con la mano para que se sentase en uno de los sofás.

- … Hay algo que tienes que saber y que no te había mencionado antes…- contestó Inuno al tiempo en que se sentaba en uno de los sofás… un largo silencio continuo después de esas palabras, donde dos miradas se enfrentaban, una dorada y otra marrón.

- Sé claro Inuno… - exigió Kagome, sentándose elegantemente en uno de los sofás, teniendo de frente a su invitado.

- Antes que nada, quiero decirte que si no te informe de esta situación, fue para evitar que cometieras alguna locura… - comenzó Inuno escuchándose la seriedad en su voz, lo que indicaba la importancia de lo que estaba por decirle.

- ¿Qué es tan importante? – Kagome demostró igual seriedad en su rostro y tono de voz, viendo fijamente al otro.

- … Hace poco más de 3 meses mi hijo Inuyasha, me dio la sorpresa de que se había comprometido con una mujer que conoció en uno de sus viajes y de la que se enamoro a primera vista… - dijo Inuno, viendo el rostro de su compañera, que hasta el momento se mantenía impasible - … bueno, aunque yo no estuve completamente de acuerdo, al final acepte la decisión de Inuyasha y estuve dispuesto a conocer a aquella mujer… y la conocí hace apenas un mes atrás, un poco después de la muerte de Bankotsu… - e inhalando un poco más de aire continuo. - … al principio cuando la vi, no lo creí posible, más sin embargo cuando fuimos presentados, comprobé mis temores… la prometida de mi hijo… es Kikyo. – terminó diciendo Inuno temiendo la reacción de Kagome, ante la información dicha.

- … - parecía no reaccionar ante las palabras de Inuno, pero segundos después Kagome dijo aquellas palabras que, aun no se explicaba, expresaban tranquilidad… - ¿eso era todo?, no sé porque has tardado tanto, el hecho de que ella esté aquí, no cambia mis planes ni mucho menos será capaz de interponerse… - su rostro, a pesar de encontrarse serio, demostraba lo que su tono de voz.

- … Kagome… a pesar de que te he dicho esto, no quiero que intervengas en el compromiso que ellos tienen… - dijo Inuno, la seriedad no abandonaba su persona a pesar de la sorpresa que sentía por que su joven amiga reaccionase tan tranquilamente.

- ¿Acaso ellos se aman realmente? – pregunto Kagome, intrigada por el comportamiento de su amigo.

- Sé que mi hijo esta deslumbrado con ella, y estoy casi seguro que Kikyo sólo busca hacerse de la herencia que será entregada a él. – confesó seguro de sus palabras el peli plateado.

- Bueno, no veo entonces en que te afecta que yo intervenga. – comentó Kagome ante las palabras del otro.

- Tengo mis propios planes para ello… - dijo Inuno, siendo tan misterioso como ella.

- …. Bien, te prometo que no intervendré… después de todo mi objetivo no es ella. – termino diciendo Kagome después de pensarlo por unos segundos.

- Con respecto a eso, ¿Qué es lo que planeas hacer? Naraku se ha vuelto muy importante, en esta isla él tiene espías por donde sea, por lo que puede saber rápidamente lo que planeas… - comentó Inuno, queriendo saber qué es lo que haría su amiga para destruir a su enemigo sin que saliese dañada o involucrada en ello.

- Yo no planeo ocultarme a mí o mis intenciones… al contrarío, me presentaré ante él y después, si el destino se pone de mi parte, te aseguro que ante su desesperación cometerá demasiados errores... – fue todo lo que hablaron con respecto al tema, pero le siguió una conversación de inversiones.

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Minutos antes de que fuese la hora de la comida Inuno Taisho había salido de aquella mansión, sin aceptar la invitación de parte de Kagome a quedarse a compartir los alimentos. Una vez que hubo terminado la hora de la comida, ella salió de la casa alegando querer bajar la comida y se encamino a aquel lugar…siempre pensando en las palabras dichas, pero sobre todo en aquel importante punto, establecido por Inuno… Kikyo… sólo podía pensar en aquel nombre que se repetía constantemente en su cabeza… era imposible que no fuese ella, si Inuno le había dicho aquello hasta entonces, es porque lo había llegado a comprobar, y si era ella eso significaba… ¿qué significaba en realidad?, en todo este tiempo en que estuvo alimentando el odio hacia Naraku, en los 8 años en que se mantuvo al lado de Bankotsu, nunca se había planteado la posibilidad de volver a encontrar a su hermana, y no tenía la intensión de hacerlo pues sabía que sin importar el daño que ella le había hecho, fuese directa o indirectamente, no podría pagarle con la misma moneda; después de todo compartían un lazo de sangre… sin embargo, aun así no sabía si debería de ir a verla y hablar con ella o simplemente dejarla de lado en todo aquello, "Después de todo ella no sabe que estoy aquí y tal vez nunca lo sepa, es decir si Inuno no quiere que yo interfiera es porque no se atreverá a decirle de mi presencia, y nadie más que él sabe de…" y entonces su línea de pensamiento se vio interrumpido por el recuerdo de una persona que no había tomado en cuenta… Inuyasha Taisho… ciertamente él no sabía de la relación que existe entre Kikyo y ella, pero eso no le impediría hablarle a ella sobre su llegada y apariencia… si es que no lo había hecho ya…

Sus pensamientos se vieron cortados por la vista de un hermoso barco que se aproximaba al muelle, un barco de color plata, muy raro en verdad, pero no por ello menos hermoso que cualquier otro, sus velas blancas como la nieve, y con la figura de una hermosa mujer al frente de aquel navío, lo hacían ver igual de sublime como lo era el Shikon… un barco que reconoció casi de inmediato a pesar de la lejanía de esté… Rápidamente se dirigió a aquella mansión que hacía de su hogar en aquellos días, al llegar ahí ubico a su hijo jugando a las escondidas con Kohaku, interrumpiendo su diversión les dio la noticia del avistamiento de aquel barco, después de lo cual se encamino sola al encuentro de aquellos que por fin habían llegado a su destino. Cuando llegó al muelle se encontró con la docena de hombres, que eran los tripulantes del barco, descargando algunos baúles que podría decir lo que contenían sin necesidad de abrirlos... era más que obvio que Miroku había obtenido lo que deseaba encontrar en esa travesía.

- Mira muy fijamente aquellos baúles Kagome-sama - fue el comentario dicho por la voz de un hombre al que conocía muy bien.

- No estarás desconfiando de mí, ¿o sí? – pregunto Kagome girándose completamente hacia él, notando el cansancio en su expresión facial, que siempre era calmada y alegre, así como sus ojos azules que siempre mostraban aquel brillo tan único en él, se encontraba algo opacado.

- Por supuesto que no… después de todo usted tiene ya suficientes propiedades como para tomar más. – dijo él en respuesta, mirando fijamente las facciones de Kagome antes de hacer su pregunta - ¿Le ha encontrado? – su rostro cansado logró adquirir seriedad.

- … - Kagome lo miro seria y fijamente, tratando de adivinar cómo es que él reaccionaría ante la afirmación que daría, pero finalmente decidió que la única forma de saberlo era viendo ella misma la reacción…soltando un suspiro contestó - … si, lo he encontrado; pero también he encontrado lo que podría ser un problema si nos descuidamos.

- … ¿Qué clase de problema? – pregunto él antes de sacar sus propias conclusiones, estaba calmado pero serio.

- Se trata de Kikyo, al parecer ella se encuentra también en esta isla y muy posiblemente apoyando a Naraku en todo lo posible. – contesto Kagome comenzando a subir a aquel barco, siendo seguida por el de mirada turquesa, cuando finalmente se detuvieron en el inicio del tablón Miroku le habló nuevamente.

- … ¿así que temes que tu hermana interfiera en lo que planeamos?, ¿así de peligrosa te parece en estos momentos? – preguntó más que nada para asegurarse de haber entendido bien, después de todo él conocía a la perfección el pasado que envolvía a Kagome y todo lo que tuvo que pasar durante los últimos ocho años.

- … tú no has tenido en placer de conocerla, no sabes lo astuta que puede llegar a ser cuando ve en riesgo todo por lo que ha trabajado. – fue la respuesta seria que dio Kagome sin que viese directamente a los ojos de su amigo.

- Tienes razón, no he tenido el gusto de conocerla, pero el hecho de que tú estés tan preocupada de que pueda interferir en nuestros planes, me da cabida a pensar que ella está involucrada con una persona cercana a ti o a Inuno Taisho, ¿no es así? – fueron las conclusiones a las que Miroku llego después de pensarlo bien por un par de segundos.

- … Eres muy inteligente Miroku. – comentó Kagome como toda respuesta, sin poder evitarlo una tenue sonrisa se dio paso a través de su rostro, externando así lo orgullosa que estaba por tener una migo con ese tipo de capacidades intelectuales.

- Eso ya lo sé Kagome-sama… pero me gustaría saber quién es la persona con la cual está involucrada Kikyo. – menciono Miroku con seriedad.

- Esa pregunta está a punto de ser respondida… - respondió ella, fijando su vista hacia la parte derecha de donde se encontraba el barco… Miroku al percatarse de aquello, siguió la dirección a la cual Kagome dirigía su atención, observando a un hombre de aproximadamente 27 años, cabello plateado, ojos dorados, un porte demasiado arrogante y con una altura casi como la suya… el hombre con semblante serio se estaba dirigiendo al barco donde ellos se encontraban… Y por todas aquellas características físicas, supo que aquel sujeto era algún familiar de Inuno Taisho y muy posiblemente uno de sus hijos por la edad que le calculaba… "Si él es la persona con la cual está involucrada Kikyo y es hijo de Inuno Taisho, entonces eso significa… que realmente estamos en problemas o que en realidad no hay nada que temer.", fueron los pensamientos de Miroku al mismo tiempo que en su rostro se dibujaba una sonrisa como diciendo 'Hey, yo sé algo que tu no'.

- Creo que podemos aprovecharnos de esto en lugar de preocuparnos Kagome-sama. – comentó Miroku aún sosteniendo aquella sonrisa, pero sin apartar la vista del peli plateado.

- ¿Por qué dices eso Miroku? – preguntó Kagome al tiempo que veía como el peli plateado se detenía frente al barco; para instantes después dirigir su mirada hacía el barco y observarla a ella al lado de Miroku.

- Te lo explicaré después. – respondió el de mirada turqueza, para después dirigirse nuevamente al muelle hasta donde se encontraba aquel personaje; llevando del brazo a una Kagome algo sorprendida y confundida.

- Buenas Tardes Señor – Saludo Miroku mostrando una sonrisa alegre - ¿Puedo ayudarle en algo? – terminó preguntando, notando como es que el otro miraba insistentemente a Kagome.

- Sólo observaba su barco – respondió el peli plateado - … Señora Takeda, es una sorpresa encontrarla por aquí… – continuó al tiempo en que fijaba su miraba en la mencionada.

- Lo mismo digo Señor Taisho – contestó ella mostrando la misma seriedad que hasta ese momento había ocupado ante a aquel personaje. – No esperaba encontrarlo en este lugar.

- Bueno, mi padre me envió a recibir una carga que llegaba hoy… sólo que no he visto el barco aún. – respondió él de forma áspera, demostrando la desesperación que se estaba apoderando de él por el tiempo que llevaba buscando un barco que, posiblemente, aún no había arribado. – Y usted, ¿qué hace en este lugar? – la curiosidad lo obligo a hacer esa pregunta; de algún modo quería alargar un poco más la conversación que estaba teniendo con ella… algo que no lograba explicarse por completo… aunque lo atribuía al hecho de que ella le recordaba a su dulce prometida…

- Creo que venimos a lo mismo, sólo que en mi caso ya he encontrado el barco… pero, que maleducada, no los representado con propiedad… - exclamó ella dándose cuenta de que había prácticamente dejado a un lado a Miroku, aunque hubiese sido por un momento. – Señor Taisho, déjeme presentarle a Miroku Houshi, un amigo mío y dueño de este barco… Miroku, él es Inuyasha Taisho, el hijo menor de Inuno Taisho. – presentó ella emitiendo entonces una tenue sonrisa que dedico enteramente a su amigo moreno.

- Es un gusto conocerle Señor Taisho… su padre ha hablado de sus hijos tanto que me preguntaba cuando los conocería. – dijo Miroku tendiéndole la mano a Inuyasha y así saludarlo como era debido, la sonrisa en su rostro no había desaparecido a pesar de los segundos que paso desapercibido por los otros dos.

- Para mí también es un gusto conocerlo, sólo que yo no he tenido la fortuna de escuchar de mi padre hablar de usted… - contestó Inuyasha correspondiendo al saludo, sin apartar la seriedad de su voz y haciéndola más notoria después de escuchar que Miroku conocía a su padre.

- Es comprensible, después de todo su padre no querrá hacerlos convivir con nosotros. – fue lo que dijo Miroku cambiando su sonrisa por una mueca seria.

- ¿A qué se refiere? – preguntó Inuyasha frunciendo el ceño no comprendiendo el significado de esas palabras.

- No le haga caso a Miroku, Señor Taisho… - intervino Kagome, en esa ocasión mostrándole una sonrisa al oji dorado, desviando así su atención – él es un bromista la mayoría de las veces.

- Pues no debería de hacer esa clase de bromas, señor Houshi. – comentó Inuyasha mirando fijamente a Miroku, que nuevamente mostraba una sonrisa, pero en esa ocasión demostraba diversión… Miroku estaba divertido con lo que escuchaba y observaba.

- Oh, por favor señor Taisho, llámeme Miroku. – dijo él aludido sin borrar la sonrisa.

- Muy bien Miroku, déjeme decirle que tiene un barco espectacular… ¿desde hace cuanto que es dueño de él? – preguntó Inuyasha cambiando el tema de conversación, y es que desde el momento en que había visto ese barco le había parecido sumamente intrigante… había escuchado antes de un barco con las características que ese presentaba, pero no esperaba verlo en su isla algún día.

- Hace poco más de 5 años que me hice acreedor de este barco, pero desde hace 10 años que ya navegaba en él. – respondió Miroku reduciendo un poco la brillantez de su sonrisa.

- ¿Y cómo es que lo obtuvo? – Inuyasha no se pudo contener de preguntar.

- En una apuesta… el antiguo capitán me retó a hacer algo que creyó no llegaría a realizar, y al final él tuvo que conformarse con pagar la apuesta. – dijo Miroku tranquilamente, girando su rostro lo suficiente como para poder observar el navío del cual hablaban – … Claro que me hubiese gustado aún más que el barco por el que peleamos hubiese sido el Shikon… él barco más perfecto que he tenido la oportunidad de conocer. – terminó por decir un brillo extraño instalándose en su mirada azulina.

- ¿Qué tiene de especial Shikon? Para mí sólo es otro barco más. – dijo Inuyasha tratando de entender al oji azul, si bien era cierto que el barco donde había llegado Kagome lo había impresionado, no creía que en realidad pudiese superar al navío que tenía frente a él en esos momentos.

- El barco Shikon, no es sólo un barco señor Taisho… tal vez usted no sabe las historias que hay acerca de él, pero déjeme decirle una cosa… - Kagome comenzó a explicar lo especial que era su barco, haciendo una pequeña pausa antes de continuar - … Shikon es el navío más codiciado por todos los que alguna vez han tenido la oportunidad de verlo y navegar en él. – enfocó su vista entonces en un punto lejano del muelle, con la mirada perdida… como recordando algo… – Ha habido incluso quienes han perdido la vida por tratar de obtenerlo.

- Y aún así usted no ha dejado que nadie lo obtenga… - comentó Inuyasha con una sonrisa burlona – … a pesar de que ese barco no pertenece a las propiedades de la familia Takeda. – terminó de decir, recordando cómo es que a pesar de que ella había llegado en aquel navío, él no había observado ningún grabado del escudo familiar, lo cual le hacía sospechar lo que acababa de decir.

- Tiene razón, aquel barco no pertenece a la familia de mi difunto esposo… es más bien una propiedad que yo obtuve hace ya algunos años… una herencia familiar, por decirlo de algún modo. – contestó Kagome mirando directamente a los ojos a Inuyasha, con la mirada aun más sería de lo que había llegado a mostrar en todos aquellos años – Por lo cual no dejare que nadie me lo arrebate.

- Sin duda debe de ser muy valioso para usted… - declaró Inuyasha sosteniendo la mirada con la de ella, para unos segundos después desviarla hacia el lado izquierdo del muelle, donde a lo lejos pudo divisar un barco que él ya conocía muy bien, y la razón por la que se encontraba ahí. – Si me disculpan debo marcharme, el barco que esperaba ya ha llegado… – y tomando la mano derecha de Kagome coloco un suave beso en ella, despidiéndose de ese modo – … fue bueno volver a verla, espero que esto se repita pronto.

- No tenga duda alguna de ello… – contestó Kagome, mostrando por primera vez una sonrisa completamente distinta a cualquier otra que hubiese mostrado antes… no de aquellas que mostraban felicidad o una hipócrita… más bien fue una sonrisa tímida, poco usual en ella, pero que a Inuyasha le pareció encantadora y perfecta. Y después de unos segundos se dirigió a Miroku, estrechando la mano de él, también se despidió – Hasta después Miroku.

- Hasta después Señor Taisho. – respondió a la despedida mostrando una sonrisa más sincera que las anteriores. Kagome y Miroku solo vieron como se alejaba del barco en busca del que debía de encontrar, y una vez que estuvo fuera de la vista de ellos, ambos retomaron la conversación que habían dejado de lado cuando él llego.

- Así que, él es el hijo de Izayo-sama… – comentó Miroku con seriedad sin dejar de ver el camino por el que Inuyasha se fue.

- Si, y al parecer heredo muy poco de ella… se parece más a su padre. – habló Kagome, girándose hacia Miroku e igualando su seriedad continuo – Pero parece ser menos perceptivo que Inuno.

- Lo dices por Kikyo ¿cierto?, ¿qué relación tienen ellos? – preguntó Miroku posando su mirada sobre la chocolate de su amiga.

- Están comprometidos en matrimonio. – declaró Kagome mostrando preocupación en su rostro – Lo cual me hace pensar que él le tiene la suficiente confianza como para hablarle de los negocios que haga su padre… - terminó externando lo que le preocupaba.

- Y por lo tanto ella ya debe de estar enterada de tu llegada a este lugar. – completó Miroku el razonamiento de Kagome, viendo lo acertado que estaba en la mirada de ella. – Pero como te había dicho antes, lo que tú crees que puede ser perjudicial para nosotros, de igual modo puede ayudarnos.

- ¿Qué es lo que tienes en mente? – preguntó Kagome mostrando curiosidad en su mirada, desde que había escuchado por primera vez el razonamiento de su amigo había querido preguntarle exactamente a lo que se refería.

- Bueno, así como ella se puede dar una idea del porqué llegaste a esta isla, nosotros sabernos el secreto que podría cambiar la vida que hasta el momento ha estado llevando. – comenzó Miroku, su mirada volviéndose astuta y un tanto fría – Sé que a ti puede no agradarte la idea de que se divulgue una cosa como esa, pero podría ser la única forma en que podemos detenerla de hacer algo en nuestra contra. – terminó diciendo Miroku, con la mirada ahora seria, dirigida a su amiga.

- … - Kagome observó atentamente a Miroku pensando en la propuesta un poco… después de unos segundos, soltó un suspiro y continuo hablando… - … A mí no me interesaría que más personas se enteraran de lo que me sucedió cuando tenía 15 años, sin embargo a mi me parece que este método resulta más un arma de doble filo, y que en cualquier momento podría volverse en nuestra contra. – dijo Kagome, mostrando sus pensamientos con respecto al tema.

- Pero de igual forma nos daría el tiempo que necesitamos para iniciar con nuestro plan, hasta que ese momento llegue... – dijo Miroku sin cambiar su expresión seria.

- Tal vez tienes razón, pero por el momento no hay que apresurarnos en utilizar este método, pues me imagino que hasta que Kikyo no esté segura de que soy yo quien ha llegado a esta isla no le comentará nada a Naraku, después de todo llevo el apellido de mi esposo y no el de mi familia. – Terminó por darle la razón a Miroku. – Y cambiando de tema, dime ¿acaso traes contigo aquel tesoro que fuiste a buscar? – finalmente terminó preguntando mostrando una sutil sonrisa.

- Por supuesto. – dijo Miroku cambiando su rostro a uno lleno se felicidad y orgullo, sus ojos azules brillando nuevamente, caminando esta vez hacia uno de los baúles que aún faltaba por subir a los carruajes que los llevarían a la casa donde Kagome se hospedaba – Claro que me costó un poco de trabajo hacerme su dueño, pero al final he logrado obtenerlo.

- Me alegro mucho por ti, con esto podrás convencerla de que has cambiado y de que de verdad te importa. – dijo Kagome sonriendo a Miroku, mientras este último destapaba el baúl y dentro podrían observarse hermosos vestidos de diversos colores y finas telas.

- Eso es lo que espero Kagome-sama, de verdad que necesito que Sango confié en mí por completo. – confesó Miroku soltando un suspiro al final de su frase.

- Te aseguro, que con lo que acabas de recuperar, ella más que nunca confiará en ti y estará realmente agradecida contigo. – dijo Kagome al tiempo que retiraba uno de los vestidos que había dentro del baúl, dejando entre ver un objeto de madera de una forma difícil de apreciar por completo.

- Es mejor que terminemos de cargar el equipaje, no quiero llegar tarde al encuentro con mi querida Sango. – dijo alegremente Miroku, cerrando el baúl y haciendo una señal a algunos de los hombres que se encontraban ahí, para que subieran aquel último baúl a uno de los carruajes.

- Ya lo creo que no pue... – dijo Kagome, siendo interrumpida por las risas de unos niños que llegaban corriendo hacia el lugar donde ellos se encontraban.

Girando para saber de qué lugar provenían, Kagome pudo observar cómo es que un niño de 11 años, cabello rojizo corto, ojos verdes, de 1.30 m de estatura y de piel blanca, corría alegremente a la vez que se burlaba de una joven de 15 años; cabello negro atado en una trenza que le llegaba hasta pocos centímetros arriba de la cintura, ojos color café, de 1.50 m de estatura; que iba tras de él, tratando de alcanzarlo, en su rostro podía apreciarse una hermosa sonrisa que demostraba lo feliz que se encontraba. Ambos niños dejaron su diversión de lado cuando notaron que Kagome se encontraba en el muelle, y fueron a su encuentro, más felices de lo que ya estaban.

- Kagome-chaan – gritó feliz el pequeño niño, al momento en que se lanzaba a los brazos de ella, abrazándola hasta donde sus, aún pequeños brazos, le permitían – Que bien que estés aquí, ya te extrañaba.

- Yo también ya comenzaba a extrañarlos, Shipou. – declaró Kagome mientras devolvía el abrazo al niño.

- Me alegro mucho de volver a verla Kagome-san – comentó la joven con un imperceptible sonrojo en las mejillas, una sonrisa tímida y la mirada viendo el suelo.

- Ya te dije que me llames solo Kagome, después de todo nos conocemos desde hace 8 años Rin. – dijo Kagome soltándose del abrazo de Shipou y acercándose a la joven.

- E-es que, después de todo yo sigo siendo una sirvienta más. – dijo Rin con la cabeza gacha, mostrando lo avergonzada que estaba con sólo decir aquellas palabras.

- Tú no eres mi sirvienta Rin… eres una amiga muy querida de mi hijo y por lo mismo es que te considero parte de mi familia también, de no ser así ¿crees que hubiese pedido a Miroku que te trajera hasta aquí y te cuidara? – preguntó Kagome haciendo que Rin levantara su mirada y sonriéndole con dulzura.

- Vamos Rin, no es tan difícil llamarla por su nombre, además ¿piensas que Hiroshi aceptará que sigas llamando de esa forma a su madre, sabiendo lo mucho que ellos nos quieren? – dijo Shipou, envolviendo en un abrazo amistoso a su querida amiga.

- Pero, es que es difícil para mí llamarla de aquella forma, ya que yo no vengo de una familia de sociedad… es más ni siquiera sé quien es mi padre. – dijo Rin con una mirada melancólica.

- A mí no me interesa quienes eran tus padres Rin, a mí lo que me importa conocer es la forma en que una persona es, los sentimientos que esta posea y por supuesto que me interesa aún más el saber que puedo confiar en ella… y tú eres esa clase de persona, y eso es todo lo que yo necesito saber de ti para considerarte parte de mi familia. – dijo Kagome, ganándose con esto una abrazo muy emotivo de la joven enfrente suyo, ocultando su rostro en el pecho de la otra y desatando así en un llanto incontrolable.

La escena duro por varios minutos, hasta que Rin pudo calmar su llanto, y después de eso, tomando uno de los carruajes dispuestos, los tres subieron dispuestos a llegar a aquella mansión en la colina, no sin antes Miroku haber dado las instrucciones necesarias para que su tripulación llevase aquel barco a una playa lejana del muelle, pero cerca del lugar conde se encontraba la casa; y así poder partir lo más pronto posible en cuento se necesitase.

En el camino hacia la casa Shipou y Rin se enfrascaron en el juego de encadenar palabras, por lo cual la mayor parte del camino se encontraron riendo por las palabras tan absurdas que a veces soltaban sin pensar siquiera; mientras que Miroku y Kagome los miraban divertidos y hasta cierto punto aliviados… sí, aliviados de que ellos no tuviesen todavía conocimiento de lo que sucedía a su alrededor, del terrible mal que se avecinaba y de lo que ellos harían para poder seguir con sus vidas tranquilamente. Llegando a la casa, los cuatro carruajes en los que habían dispuesto todos aquellos baúles, fueron descargados con prontitud llevándolos dentro de una de las habitaciones, en la cual estaban hospedados Sango y Kohaku, los cuales al ver aquello se sorprendieron en demasía.

- P-pero, ¿qué significa esto? ¿por qué meten estos baúles dentro de mi habitación? – preguntó una muy consternada Sango al observar 4 baúles dispuestos en el piso de su habitación, después de que solo quedaban los 6 en la habitación (N/A: me refiero claro a Kagome, Miroku, Sango, Kohaku, Rin y Shipou n.n)

- Mi querida Sango, solo son unos pequeños obsequios que traje para ti y tu hermano, esperando que sea del completo agrado de ambos. – declaró un muy sonriente Miroku.

- Pues a mí no me agradaron mucho tus regalos – comentó Kohaku poco después de haber abierto un par de baúles y haber observado el contenido de estos – por si no lo sabías yo soy un chino no una niña – terminó diciendo al momento en que sacaba un hermoso vestido color esmeralda.

- Pues yo creo que te quedaría muy bien. – bromeó Miroku, con una sonrisa burlona en su rostro, para segundos después recibir de pleno aquel vestido en su cara.

- Jajajaja – fueron las risas de Kagome y los niños al observar aquella escena.

- Vamos, no sean así… el verdadero regalo se encuentra debajo de aquellos vestidos. – declaró Kagome a los hermanos, tratando de contener la risa que aún no quería abandonarla.

Kohaku, que fue el primero en reaccionar ante las palabras de Kagome, se puso a la tarea de sacar aquellos vestidos que hacían interferencia con los verdaderos obsequios que Miroku había llevado para ellos dos… tardándose apenas un par de segundos en quitar los obstáculos, una vez logrado su objetivo se quedó realmente sorprendido por lo que había encontrado. Dentro de aquel baúl y debajo del montón de vestidos, se encontraban ocultos varios trajes oscuros acompañados de algunas armas filosas, sacando dichos objetos del baúl los dispuso en el suelo, acomodándolos de forma cuidadosa, ante una sorprendida Sango, que inmediatamente se dispuso a abrir los demás baúles. En cado uno de ellos se encontraba de igual forma un traje junto con un arma distinta, objetos que fueron puestos juntos en el suelo, objetos que fueron la causa de las lágrimas de los hermanos.

- Oh Miroku, ¿Cómo es que pudiste encontrarlos? – preguntó Sango mientras abrazaba a su hermano y lagrimas recorrían sus mejillas.

- Fue muy sencillo Sango, pero de eso no tienes de que preocuparte ahora, sino de guardar estos objetos en un lugar seguro. – dijo Miroku en contestación entregándole una sonrisa comprensiva.

- … gracias, muchas gracias. – fue lo único que se le ocurrió decir a Sango, mientras soltaba a su hermano y tomaba entre sus brazos lo que parecía ser un boomerang de madera gigante.

Mientras los hermanos se sumergieron en un llanto de felicidad, tanto Miroku, Kagome, Rin y Shipou, salieron de la habitación dejándolos en la privacidad de la noche que ya había llegado. Los cuatro se dirigieron hacia una de las habitaciones que se encontraba al fondo del pasillo y que hasta ese momento estaba vacía.

- Esta será tu habitación Miroku, y como veras aquí ya se encuentran los baúles con tus cosas. – dijo Kagome cuando hubo abierto la puerta, mostrando dos baúles que se encontraban en el piso.

- Muchas gracias Kagome-sama; realmente me encuentro muy cansado después de este viaje. – dijo Miroku, demostrando que sus palabras eran ciertas cuando un bostezo se hizo presente de su parte.

- Será mejor que descanse, ya mañana me darás cuentas de todo lo que tuviste que hacer en aquel viaje. – dijo Kagome mostrándose nuevamente seria.

- No hay mucho que contar… - contestó Miroku mientras se adentraba en la habitación dispuesto a descansar, pero antes de cerrar la puerta nuevamente volvió a hablar. - … por cierto también traje unos cuantos regalos para ti, que de seguro ya estarán en tu habitación. – terminó de decir para después cerrar la puerta.

- … Bueno, será mejor que ustedes también vayan a descansar. – dijo Kagome dirigiéndose a Rin y Shipou – se que quieren ver a Hiroshi, pero me parece que en estos momentos debe de estar ya descansando, además de que necesitarán de muchas energías para su reencuentro. – terminó de decir Kagome con una sonrisa en su rostro.

- Mou, está bien… - dijo un resignado Shipou, mientras que Rin solo asentía con la cabeza.

Una vez que Kagome hubo colocado a cada uno en una habitación, se dirigió a la que estaba destinada a su hijo, entrando silenciosamente llegó hasta la cama de él y lo vio dormir plácidamente… sonrío ante aquella visión y haciendo a un lado el cabello que en esos momentos cubría su frente coloco un beso en ella, para después arroparlo y salir de allí tan silenciosamente como había llegado. Se encamino hacia la cocina de la casa pues necesitaba tomar un vaso de agua para poder refrescarse un poco y así pensar mejor en la situación en la que se encontraba en esos momentos; sin embargo en el momento en que bajaba las escaleras, alguien tocó la puerta… Extrañada por aquella visita a esas horas, ella misma se dirigió a abrir la puerta, cuál no sería la sorpresa que se llevó al encontrar a la razón por la cual se encontró toda la tarde pensando y preocupándose… porque sí, frente a ella se encontraba aquella mujer elegantemente vestida con un traje de color blanco, mostrando sus brazos y parte de sus pechos desnudos, con el cabello recogido y maquillaje en su rostro… frente a ella se encontraba Kikyo.

- Así que en verdad eras tú. – dijo Kikyo entrando a la casa, aun sin ser invitada… su mirada inmediatamente comenzó a recorrer la casa a la que en muchas ocasiones había deseado entrar – Pareces sorprendida de verme, hermanita. – declaró cuando giró nuevamente a ver el rostro de su hermana menor y lo observo mostrando una pequeña mueca sorprendida.

- Claro que estoy sorprendida – comenzó Kagome al momento en que cerraba la puerta de la entrada, su tono y mueca seria extrañaron un poco a la otra – después de todo no creí que fueses a venir por voluntad propia a visitarme.

- ¿Qué crees que estás haciendo aquí, Kagome? ¿Por qué es que has venido? – preguntó Kikyo no pudiendo evitar la curiosidad, su mente le decía que la menor estaba en la isla para hacer daño a su vida y la de Naraku.

- Creo que tú mejor que nadie conoces la respuesta… ¿no creerías que dejaría inmune aquello que sucedió hace ya 8 años o sí? – declaró Kagome de forma rencorosa.

- Bueno, la verdad es que pensé que lo habrías olvidado, después de todo no me dirás que no disfrutaste de estar al lado de Naraku. – comentó Kikyo burlonamente, sus sospechas eran ciertas pero no debía permitir que la preocupación por la presencia de Kagome se externara.

- No tanto como tú debiste de estar disfrutando del dinero que te pago… - dijo Kagome mirando de manera fría a Kikyo.

- Y aun lo sigo disfrutando… después de todo cien lingotes de oro vale mucho en estos tiempos. – dijo Kikyo devolviéndole la misma mirada, a pesar de que le sorprendía que su hermana fuese capaz de demostrar ese tipo de mirada, no se dejaría amedrentar – Además de que he obtenido mucho más, gracias a los hombres ricos, tan fáciles de conquistar.

- Hombres como Inuyasha Taisho, ¿no es así? – preguntó Kagome.

- Por supuesto que no, Inuyasha es distinto a cualquier otro hombre y me he enamorado de él realmente – intentó convencer a la otra de que lo que decía era cierto.

- Tal vez alguien más te crea eso, peo yo no… después de todo he sido yo quien ha vivido en carne propia que es lo que más te importa, y eso es el dinero. – dijo Kagome sin quitar su mirada rencorosa y fría.

- No creo que seas la adecuada para darme ese tipo de sermones, después de todo tú eres la que se casó con un hombre millonario, y ahora te encuentras disfrutando de ello. – dijo Kikyo mirándola cínicamente.

- La fortuna de mi difunto esposo sólo la utilizo para cosas estrictamente necesarias, y eso solo incluye los negocios que sus hermanos desean realizar… – comentó Kagome con seguridad y sin dejarse llevar por la furia que le ocasionaba escuchar ese tipo de comentarios – … pero volviendo al tema principal por el cual te presentaste aquí, sólo has venido a confirmar que soy realmente quien creías ¿no es así? – terminó preguntando, dando muestra por primera vez de una sonrisa cínica.

- Por supuesto, a Naraku le interesará mucho saber que te encuentras en la isla. – comentó Kikyo con burla, queriendo amedrentar ella ahora a su hermana.

- Bueno, según tengo entendido él no regresara hasta dentro de un par de días, así que no veo como es que pueda enterarse hasta entonces… pero si tú puedes ayudarme en eso, te estaría completamente agradecida. – declaró Kagome mirando de manera divertida a Kikyo.- después de todo yo no pretendo esconderme de él.

- ¿Quieres decir que te enfrentaras a él personalmente? ¿acaso no sabes que él tiene un gran poder en esta isla? – preguntó Kikyo, un tanto sorprendida por la sagacidad de su hermana.

- Por supuesto que sé del poder que posee Naraku en este lugar, y es por esa misma razón que yo tengo mis propias cartas bajo la manga… así como él está dispuesto a denigrarme si algo sospechoso llegará a pasarle, yo también estoy dispuesta a denigrarlo a él y por supuesto que a ti. – dijo Kagome mostrándole nuevamente una sonrisa burlona.

- ¿Qué quieres decir? – pregunto Kikyo mirando a Kagome con el ceño fruncido.

- Lo que quiero decir es que si Naraku o tú llegaran a tratar de hacerme algo, a mí o a mis amigos… Inuyasha Taisho y todos en este pueblo se enterarán de la clase de personas son ustedes… en especial tú. – declaró firmemente Kagome, por su tono de voz permitió saber a Kikyo que no dudaría en cumplir con su amenaza.

- No te atreverías… - dijo Kikyo, pero al apreciar la mirada de Kagome supo que hablaba muy en serio.

- Intenta probarme y ya verás de lo que soy capaz. – la seriedad y seguridad de Kagome dejo sin palabras a la otra.

- … - completamente enfadada y derrotada, Kikyo supo que no importaba lo que hiciera o dijera, Kagome tenía todas las cartas en su poder y podía disponer de aquello cuando quisiese, así que sin más que hacer ahí, salió de aquella casa sin decir una sola palabra más, para dirigirse a la suya propia y así poder pensar en algún método para poder destruir a su pequeña hermana y que no interfiriera en sus planes.

Mientras tanto, Kagome, una vez que Kikyo se hubiese marchado, pudo soltar el aire que había contenido, en un suspiro… aquel encuentro le había quitado la sed que tenía, además de impedirle poder relajarse por completo… ahora que Kikyo sabía que se encontraba en esa isla y aun a pesar de la amenaza hecha en su contra, aun cabía la posibilidad de que pudiese hacer algo en contra suya, puesto que ni Kikyo y ni mucho menos Naraku eran personas de fiar. Se encaminó hacia su habitación dispuesta a por lo menos tratar de dormir un poco, aunque sabía que no lo lograría, dejando de lado el baúl que Miroku le hubo dejado y los regalos que se encontraban dentro… aquel, había sido un día muy complicado y lleno de noticias, algunas alegres y otras malas e inesperadas… pero por sobre todas las cosas la que más le impacto fue sin duda la visita de ella, su reencuentro con ella nunca lo hubiese imaginado de aquella manera; y así entre todas esas marañas de pensamientos Kagome quedo profundamente dormida.

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Continuara…

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Notas: Bueno, que tal les pareció??, espero que no los haya enredado más con este capítulo, jejeje … para el viernes espero traerles el tercer capítulo ya completamente editado… Ok, creo que es todo de momento, me despido de ustedes esperando sus criticas… nos vemos!!! (o más bien nos escribimos v.v)

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Para escribir sólo hay que tener algo que decir.

Camilo José Cela

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