El otro era el capitulo piloto ;) y prometo que para el proximo ya empezará todo. Este capitulo está más corto y parece un poco irrelevante, pero es igual de importante que otros.
Lean, comenten, hay un espacio para expresarse a tan solo un clic :) Y gracias a mis primeros reviews, que aunque han sido pocos me alegraron infinitamente el dia.
Capítulo 1
Como era de esperar, Ginny no pudo dormir esa noche. Pasó dando vueltas en su cama, con los ojos bien abiertos, pensando en lo que había pasado con Malfoy. Pero, ¿había sido todo en serio?
Los mismos pensamientos rondaron por su cabeza hasta que salió el sol. Ella no trabajaba, a diferencia de todos sus hermanos, y eso la hacía sentirse como una completa inútil. No era demasiado buena para el tipo de empleo digno que ella quería. ¿Cuándo habría podido imaginarse que después de sus estudios su vida fracasara en ese aspecto? Pero no podía darse por vencida. Aún tenía muchos años por delante, y muchas oportunidades que todavía no se le presentaban. Tenía más de un año sin hacer nada más que ayudar a su madre en su casa. Y si había acepado el trato con Malfoy, había sido porque no dejaba de pensar en una sola cosa: su padre. Por su culpa, él podía perder su empleo. Y por su culpa, también, podría conservarlo. Estaba en sus manos esa decisión; Malfoy se lo había asegurado y no había otra solución más que aceptar. Su mirada fría y despiadada le había asegurado que hablaba en serio. Era lo único útil que podía hacer por su familia, o así lo creía ella. Mentir. Y con eso, hacer un gran sacrificio. La incógnita y única preocupación era ¿cuál sería? ¿qué le pediría Malfoy a cambio?
No sabía si había hecho lo correcto. Sólo sabía que era lo único que podía hacer.
El sol apenas se asomaba, y Divina Malfoy estaba sentada en la cocina de su casa, con un vaso de agua lleno frente a ella. La invadía un silencio sepulcral. Traía puestas las ropas de viaje, y estaba sumida en sus pensamientos.
Cuando Malfoy abrió la puerta y entró, ella dio un respingo, sobresaltada. Lo miró aturdida.
-Draco, es muy temprano, ¿qué haces despierto? -
-Tengo que salir a unos asuntos. ¿Tú qué haces despierta? –preguntó.
-N-nada. Vine por un vaso de agua –
Él la miró de arriba hacia abajo.
-Veo que estás lista para marcharte –había un destello de reproche en su voz.
-Así es…- contestó con voz apagada.
-Que tengas buen viaje –le dijo con frialdad. Tomó una manzana del canasto de frutas y se dio la vuelta.
-Draco… -
El chico se detuvo con la mano en el picaporte.
-¡Te extrañaré! –
Y antes de que la rubia terminara la palabra, ya estaba abrazando con todas sus fuerzas a su hermano. Atónito, dejó caer la manzana. Su abrazo de despedida fue cálido. Y era el último dentro de mucho tiempo.
Ginny se levantó de su cama, sintiendo los párpados más pesados que nunca. Ahora se arrepentía de no haberse esforzado por dormir, porque estaba segura de que caería rendida en cualquier momento. Con toda su disposición, entró a su cuarto de baño y se dio una ducha. El agua bien fría lograría despertarla. Quince minutos después salió vestida, y bajó a la cocina. Ahí se encontró con sus hermanos; Fred, George y Ron.
-Buenos días –los saludó.
-Hola Ginny –contestó George. Los tres estaban muy concentrados en su avena.
-¿Ya se van a trabajar? –preguntó, como quien no quiere la cosa.
-Sí, tenemos que llegar temprano a hacer unos pedidos –respondió Ron con la cucharada de avena en la boca.
-Oh…-dijo disimuladamente. -¿Podría ir con ustedes? Tengo que ir a Londres…a hacer unas cosas –pidió dulcemente.
-No. Tienes que pedirle permiso a mamá –contestó cortante.
-¿Qué? –dijo indignada. -¡No tengo que pedirle permiso a nadie! Ya soy una adulta y yo puedo ir a donde quiera sin el permiso de nadie… -empezaba a molestarte. No le gustaba que sus hermanos la vieran todavía como una niña pequeña.
-¡Está bien, está bien! –dijo Fred. –No te pongas así, porque te pareces a nuestra madre –
-Y es cuando parece que está a punto de golpearnos… aún a nuestra edad –susurró George.
Ginny no pudo evitar sonreír.
-Bueno. Dense prisa .los apuró, y ella también se sirvió una taza de avena. Fred y George alzaron una ceja, mirándose.
-Todavía que te decimos que sí y encima nos apuras –musitó George.
Ginny pareció escucharlo, porque lo fulminó con la mirada.
-¿Saben si el empleo de papá ya no corre peligro? –preguntó de pronto la pelirroja.
-El empleo de papá no corre peligro. Él es el que corre el peligro de perderlo –corrigió Fred.
-Entonces… ¿todo sigue igual? –preguntó abatida.
-Al parecer nuestro padre y Malfoy hablaron un rato en la fiesta, pero no concluyeron nada. Por lo que, sí, creemos que todo sigue igual –respondió Ron.
Ginny sopló aire. Eso no la tranquilizaba, pero al menos tenia la seguridad de que aún no sucedía nada. Ella todavía podía intervenir.
-Pero no te preocupes, hermana. Todo saldrá bien –le aseguró uno de los gemelos. Ella sonrió débilmente. En sus manos estaba que todo saliera bien.
Llegaron a Londres por medio de la red Flu, aterrizando en el Caldero Chorreante. Ginny fue la segunda, después de Fred, y en cuanto llegó el resto de sus hermanos y se sacudió el polvo, se despidió de ellos con extremada rapidez y salió del lugar. No tenía alguna razón especial por la cual estar ahí, pero había querido salir cuanto antes de su encierro para pensar. Decidió ir a un parque para sentarse y ver el tiempo pasar. No había otra cosa mejor, ya que no llevaba mucho dinero y no podía tener el gusto de gastarlo. Se dirigió entonces al Sakura Garden Park (*atención: nombre inventado. Cualquier parecido a la realidad es mera coincidencia) y se sentó en una banca frente a una pequeña laguna. Pensar de nuevo lo que ya sabía sería en vano. Las mismas cosas daban vueltas en su cabeza. Y no dejaba de pensar en una de las personas más odiosas que conocía, y por la que más desprecio sentía: Draco Malfoy.
Esa familia de rubios, la más respetada y repudiada por todos. ¿Y ahora tenía que hacer un trato con uno de ellos? Por su bien. Por el de su familia. O de eso quería convencerse.
Malfoy había salido de la Mansión con el extraño propósito de ir a Londres. No tenía ningún asunto pendiente, lo único que quería era salir y despejarse. Se dirigió a un parque, el más cercano del lugar donde estaba. Vislumbró a una muchacha muy guapa. Comúnmente se acercaría a ella y le invitaría una copa, pero esa era muggle, y él no se enredaba con personas de tan baja categoría. Hizo una mueca cuando un hombre con un niño se acercó a la mujer. Era casada.
Y eso le recordó el ultimátum de su padre. Estaba aún muy fresco en su memoria, y pensar en ello le hizo estremecer. El tiempo se estaba agotando. Y él tenía que encontrar una solución para que su padre no lo desheredara. Porque un Malfoy siempre hablaba en serio, y más cuando se trataba de amenazas.
Flash Back
Eran las cuatro de la mañana. Malfoy entró a su casa sigilosamente, la cual estaba completamente en penumbras. Estaba tomado. Acababa de pasar la noche con dos mujeres y sus cinco sentidos no se encontraban en buenas condiciones. Pasó el vestíbulo a hurtadillas, para no despertar a nadie, y en cuanto puso un pie en el primer escalón de las escalinatas, las luces se prendieron. Entrecerró los ojos, cegado por la luz, y se protegió la cara con ambas manos. Escuchó una fría y monótona voz. La voz de su padre.
-Vuelves a llegar bebido… –le dijo. Sonaba más bien como un reproche. Malfoy lo miró. -…y tarde. No creas que puedes engañarme. Sé dónde has estado. Y con quién –recalcó.
-No creo que te afecte en algo –le respondió intentando no sonar grosero, pero sin lograr su cometido. Lucius Malfoy lo desafió con la mirada.
-Estoy harto de tu mal comportamiento –dijo arrastrando las palabras.
-¡Atiendo muy bien tus negocios! –reclamó. -¿Qué más quieres? –
-Quiero que dejes de manchar el apellido de los Malfoy –le exigió con la mandíbula apretada. –La gente se da cuenta de lo que haces todas las noches y se pone a hablar. ¿Crees que eso no nos afecta? –
-Que hablen lo que quieran. No me importa –
-Pero a mí sí –interrumpió vehemente. –Es hora de que dejes tus aires de macho y sientes cabeza –
-¿Qué? ¿Sentar cabeza? –repitió estupefacto. Estaba borracho, pero no tonto. Y a pesar del estado en el que había discutido con su padre, lo recordaba a la perfección.
-Si te vuelvo a encontrar en este estado, no lo pensaré dos veces y te desheredaré –amenazó con su voz gélida. Malfoy abrió los ojos como platos. Su padre no podía estar hablando en serio. Él era el único. Ni siquiera su hermana tenía los derechos que él tenía. Su expresión era de estupor.
-T-t-tú no… tú n-no puedes… -balbuceó.
-Lo cumpliré si no te acomodas. Espero que sea la última vez. Divina se puede hacer cargo del apellido perfectamente –y dicho esto, se desapareció.
Malfoy quedó alucinado. Era lo peor que le habían dicho en toda su vida. Su herencia estaba en riesgo. Y él tenía que hacer algo para evitarlo. Pero ¿qué podría hacer? Sería extremadamente difícil dejar su adicción por las mujeres…
Fin del Flash Back
…y no la había dejado. Pero afortunadamente para él, su padre no se había dado cuenta de ello.
Pensando en eso se topó con una pelirroja. Esbozó una sonrisa y la miró desde lejos. Estaba sentada en una banca, frente a una laguna. ¿Sería obra del destino haberla puesto ahí, en su camino? Se dirigió hacia ella impaciente, porque había una plática pendiente entre ellos. Cuando se acercó lo suficiente, Ginny lo vio con la sorpresa reflejada en sus ojos. ¿Quién diría que se encontrarían justo en ese lugar? ¿Cuántas posibilidades había de eso? Y sin embargo, por más escasas que hubieran sido, había sucedido.
-Qué sorpresa encontrarte por aquí –comenzó el chico.
-Créeme que más sorprendida estoy yo –le dijo sincera.
-¿Puedo saber qué haces por aquí? –preguntó sentándose a su lado.
Ginny lo miró con asombro. Apenas eran dos oraciones las que le dirigía y en ninguna de ellas la había ofendido. No era que le agradara, pero no era algo normal en él. Asintió con lentitud y él se colocó a su lado. Una brisa les inundó la cara y sacudió la cabellera de Ginny. Entonces, inevitablemente, Malfoy no pudo negar que la chica olía irresistiblemente bien; incluso para ser una pobretona.
-No es nada de tu incumbencia –respondió altiva.
-Tienes razón –le contestó con indiferencia.
Ambos se quedaron en un silencio incómodo. Ginny apretó los puños, decidida a romperlo.
-Gracias por mantener el empleo de mi padre. Por el momento… -comenzó. ¿Ella dándole las gracias a Malfoy? ¿Cuándo imaginó algo así?
-No me des las gracias –contestó, pero no era amabilidad la suya. –Porque todavía no puedes cantar victoria –finalizó con una media sonrisa.
-¿Por qué te esmeras en…? -
Pero Malfoy no la dejó terminar. El chico puso un dedo sobre sus propios labios, haciendo que Ginny se callara de repente.
-No, yo no me esmero en nada –le contradijo. –Sólo en una cosa, pero no creo que sea necesario darte detalles –sonrió altanero, y con aires de superioridad.
-Eres un desgraciado –le dijo con desprecio. –Y no puedo creer que tú y yo estemos sentados en la misma banca –se levantó de un brinco y se alejó lo suficiente, aún mirándolo de frente.
-Es necesario si quieres llegar a un acuerdo –le comunicó.
Ella lo fulminó con la mirada. No tenía otra opción más que escucharlo. Él cruzó su pierna, una sobre la otra.
-Sabes que con solo abrir la boca, puedo despedir a tu padre… –
-Tú no eres su jefe –le interrumpió, desafiante.
-Pero puedo hacer que lo despidan. Nadie quiere a los traidores a la sangre. Son iguales que los sangre sucia… -
-Cállate Malfoy, porque tú eres una basura y cucaracha…-interrumpió de nuevo. Empezaba a enfurecerse.
-No te conviene hablarme de esa manera. Porque entonces pierden todos –amenazó con la misma mirada desafiante.
-No tienes por qué hacernos esto… -musitó, rindiéndose.
-Oh sí. Recuerda que si hacemos un trato, los dos podemos ganar. Ambos saldremos beneficiados, incluso más que otros… -en ese momento se puso de pie, y se acercó a Ginny, quien estaba con la vista fija en otra cosa que no fuera Malfoy.
-No quiero hacer ningún trato contigo… -no tenía que mostrarse tan fácil porque entonces él creería que ella era vulnerable. Al menos podía tener esa actitud al principio. Porque al final de cuentas, aceptaría. No había otra opción para ninguno de los dos.
-¿A no? Pero si anoche parecía todo lo contrario… -su aliento rozó su cara y por poco Ginny se estremece. Era un experto en asuntos de seducción.
-No creas que vas a pisotearme ni a mí ni a mi familia –exclamó la pelirroja, mirándolo por fin fijamente a los ojos.
-Yo pisoteo a quien yo quiera, sobre todo si son de tan baja categoría como tu familia –
-No pienso seguir escuchándote –bramó la chica. Malfoy la jaló fuertemente del brazo antes de que ella se volteara y la detuvo ahí.
Se miraron por unos instantes, hasta que el niño pequeño que el rubio había visto al llegar al parque se acercó y le gritó a su madre:
-¡Mira mamá, qué bonito! ¡Unos novios! –el niño se fue corriendo mientras reía para que su madre no lo alcanzara.
Ginny y Malfoy se miraron con mutua repugnancia, y el chico soltó inmediatamente a la pelirroja como si le hubiera quemado la mano.
-Qué asco me da tocarte –
-Asco me debería dar a mí –gruñó Ginny.
Malfoy la miró de arriba hacia abajo y se dio la vuelta lleno de indignación. Ginny lo vio furiosa marcharse, pero se arrepintió de no haberlo dejado decirle lo que ella necesitaba saber.
Esa noche Malfoy llegó en un mínimo estado de ebriedad a su casa. Había pasado la tarde con diferentes mujeres y eso lo había dejado cansado. Para su suerte, se encontró con su padre antes de llegar a su habitación.
-Draco, ¿dónde has estado? –preguntó su padre con cierta frialdad e interés, mirando su cabello despeinado y su ropa descuidada. Ni siquiera había tenido la intención de disimular dónde había estado.
-Salí a divertirme un poco… -se excusó.
-Sí, lo puedo notar. Y me imagino que fue una diversión sana… -
-Nadie puede divertirse sanamente, padre –le interrumpió.
-No quiero descubrir que volviste a hacer de las tuyas, Draco –le amenazó. –Ya te advertí que estás a punto de perder tu herencia –
-¡Lo sé! No me lo tienes que repetir. Pero soy hombre y necesito satisfacer mis necesidades… -le espetó. Lucius levantó la mano y estuvo a punto de pegarle, pero se contuvo. Malfoy miró fijamente su mano.
-No me vengas con esos cuentos –
-¿Ahora tú me vas a decir que nunca hiciste cosas así? –le desafió. -¿Que eras un hombre de una sola mujer? A otro con esos cuentos –le imitó. Cada vez más iba subiendo el tono de su voz. Lucius lo miraba furioso.
-A ti no te importa lo que yo haya hecho. Si tu vida privada fuera exactamente eso: privada, no estaría dándote sermones. Pero te has ganado una reputación… -
-¿Y acaso la reputación que tú tienes no es peor? ¿Que eres un mortífago? –bramó.
Lucius lo miró con vehemencia y decidió poner fin a la discusión.
-Tu herencia está en juego. No lo olvides –y se alejó hasta desaparecer. Malfoy entró hecho una furia a su habitación. Cerró la puerta de un portazo y pateó todo lo que estuviera a su alcance en su camino a su cama. Se recostó. Pero dos minutos después tuvo una idea y se levantó de golpe. Fue a su mesita de noche y sacó un pedazo de pergamino y un tintero que estaban por ahí. Remojó la punta de la pluma importada de Alemania y comenzó a escribir. Hizo un breve recado y sacó a su lechuza para enviar la carta. Esperaba que llegara a tiempo a su destino. Porque no había tiempo que perder. Y necesitaba una respuesta.
Ginny bajó en pijamas a la cocina. Ya todos se habían dormido, pero ella había bajado por un vaso de agua. Se sirvió y bebió el vaso en medio minuto. Tenía mucha sed. Cuando se estaba volviendo a servir, escuchó un extraño ruido en la ventana. Se acercó y vio a una lechuza con un recado en el pico. ¿Quién mandaría algo a esas horas de la noche? Si era tan urgente, pudieron haber enviado un patronus. Curiosa y preocupada abrió la ventana y dejó entrar a la lechuza. En cuanto le arrebató el pergamino, el ave se marchó a toda velocidad. Vio la caligrafía y se sorprendió de que estuviera escrito su nombre. Decía: G. Weasley. Abrió impaciente el recado y leyó. Abrió los ojos como platos. Soltó una exclamación. Se quedó paralizada. No supo qué pensar. Y dejó caer inconscientemente el pergamino. Era de Malfoy.
