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¨Feliz cumpleaños a ti
feliz cumpleaños a ti
feliz cumpleaños amada Serena
feliz cumpleaños a ti.¨

El pastel con cubierta de chocolate y frutos rojos tenía tan solo una velita, la flama se tambaleaba de un lado a otro; negándose a ser extinguida. Pero aquella velita inconscientemente significaba en la vida de Serena la única prueba de su existencia. Año tras año había pasado, pero para ella o mejor dicho para su memoria estos años se habían extinguido.

–Sopla la velita y pide un deseo...

Lo único que iluminaba el comedor era el fulgor de la flama de aquella velita. La penumbra le daba una apariencia de una muñeca de porcelana, con un rostro bello como el de un ángel, pero con una mirada vacía que se centraba en la esquina izquierda a un lado del ventanal.

–No te preocupes, desde este día también será mi cumpleaños... –se agacho un poco, para poderla abrazar, y soplo– ...y mi deseo ya se ha hecho realidad.

Beso su mejilla, se separo de ella y aplaudió para que se encendiera la lámpara; alrededor de la mesa se encontraba una infinidad de regalos que cubrían por completo el suelo. Él los desenvolvió y le mostraba el contenido de cada uno: Hermosos vestidos, zapatos, joyas, accesorios para el cabello, ropa interior, pijamas. Su mano tembló al tomar el último regalo: una cajita de terciopelo blanco con un monito rosa; al abrirla, brillo el hermoso diamante del anillo de compromiso. Se hinco aún lado de la silla de ruedas y tomo su inerte mano para colocarle el anillo.

–Serena, te amo, se que decirlo no es suficiente; te lo demostrare con acciones.

A cualquier mujer esa confesión la habría hecho inmensamente feliz, sin embargo aquella joven no podía sentir nada; su corazón y mente estaban enterradas como en un profundo y oscuro pozo. Su ¨prometido¨ deposito un beso en su mano izquierda y del bolsillo de su impecable pantalón de vestir, saco un pastillero de plata, coloco la pastilla blanca sobre sus labios, se acerco a los de Serena y le dio un beso.

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Mamá, ya me voy a la sesión fotográfica –vio por la transparente cortina, la camioneta roja aún lado del edificio.

–Mina, no olvidas algo –Mina le dio un beso en la mejilla.

Su madre asintió, y siguió colocando los cubiertos sobre la mesa y la despidió con una sonrisa.

Al salir del departamento, apretó el botón del ascensor y mientras lo esperaba; la hermosa joven, trato de no ver hacia aquella puerta. En el fondo Mina tenía la extraña sensación de que aquel lugar estaba maldito.

Cuando por fin se abrieron las puertas metálicas, entro sigilosa, temiendo que el ruido que provocaba el tacón sus zapatillas doradas fueran escuchadas por ella. No paso mucho tiempo, para que ya estuviera enfrente de la camioneta y le abrieran la portezuela.

–Mina, buenos días.

–Andrew, buenos días.

Lo saludo de beso y se dispuso a ver su ¨Face¨ por su teléfono inteligente.

–Mina aún no me acostumbro... –encendió el motor y por el retrovisor vio que no pasara ningún automóvil.

–A que te refieres –dijo sin quitar la mirada de la pantalla táctil.

–A que Serena no venga con nosotros, era una chica muy alegre y me hacía reír con sus ocurrencias. Es una pena lo que le paso... Cuándo fui a visitarla aún no podía recibir visitas y con todo el trabajo que hemos tenido en la agencia me ha sido imposible ir de nuevo a verla. ¿Tú has sabido algo de ella?

–No, no he sabido nada de ella –prefirió ocultarle que Serena ya había regresado a su departamento hacia más de tres meses.

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–Serena, ya esta listo el desayuno...

El agua que había cubierto la bañera, corría presurosa por la pequeña abertura. Su cabello permanecía seco, gracias al gorro de baño; dejo que él la ayudara a salir de la tina. Él tomo la toalla que se encontraba sobre el estante y cubrió su cuerpo. Serena había seguido sin protestar la rutina de cada día: él comenzó a vestirla. Al final un vestido color agua marina cubrió las cicatrices que se cernían sobre la mayor parte de su cuerpo famélico; pero su mirada no dejaba de centrarse en una de las esquinas de la habitación. Mientras tanto él peinaba su sedoso cabello rubio y cuando termino coloco sobre este una delgada diadema plateada.

La siguiente parte de la rutina, tenia que ver con el desayuno, pero como cada mañana ella se negaba a probar bocado. La paciencia de aquel que la cuidaba como el mas preciado tesoro; era infinito. Después de unos veinte minutos, tomo uno sorbos de jugo de naranja, un poco de fruta picada y unos bocados de omelette.

–Estamos a tiempo para llegar a la cita... sólo hay que lavarnos los dientes.

Después de unos minutos, ya estaban listos para salir. Él tomo su chamarra de cuero que se encontraba en el perchero aun lado de la entrada principal. El salió primero, para de cerciorarse de que no hubiese nadie, especialmente la vecina chismosa. Afortunadamente no había nadie en el pasillo y dirigió la silla de ruedas al ascensor. Cuando por fin salieron del edificio, llegaron al estacionamiento subterráneo y le colocolo el cinturón, él se sintió más tranquilo.

Conecto su teléfono a la entrada USB del estéreo y la primera canción que se escucho fue la de: Diamond de Rihanna. Así transcurrió el tiempo hasta que llegaron a su destino.

–Serena, sí no quieres contestar las preguntas del psicólogo, no lo hagas. Sólo recuerda no mencionar nada de ese supuesto novio –trato de ocultar su furia, al pronunciar aquella última frase, pero su mirada reflejaba odio, al ver por el espejo a uno de los asientos traseros del automóvil.

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La sensación de recostarse sobre el diván de tela, la reconfortaba. Cerro sus parpados, respiro el peculiar aroma de aquel lugar y disfruto de su tiempo a solas o mejor dicho sin la presencia de aquel joven que no se separaba de ella.

–Serena, en esta ocasión quiero que me digas: ¿Quién eres?

Ella no dijo nada, así pararon diez minutos, y el rostro apacible de Serena no se inmuto durante ese tiempo.

–¡Abre los parpados! –ella obedeció por instinto ante la voz afable del psicólogo.

El terror inundo todo su ser, trato de cubrirse el rostro con la palmas de sus manos, pero simplemente su cuerpo no le respondían. Solo bastaron unos segundos para comprender que sí seguía observando aquella visión, ella moriría. Hasta ese momento aquella palabra cobro sentido: ¨Muerte¨.

Finalmente su cuerdas vocales lograron reaccionar –No...– y con la mano derecha aventó con una fuerza descomunal; aquel maligno objeto. El espejo cayo pesadamente sobre el suelo y grito lastimeramente.

–Serena, mi amor –dijo su novio; quien al escucharla gritar desde la sala de estar no dudo en entrar a rescatarla. Trato de abrazarla, pero en su histeria no se lo permitían y sin querer ella le araño el rostro. El joven vio con rencor al psicólogo, pero estuvo a punto de golpearlo al ver el espejo roto a un lado del divan.

–¡Novio... no... permitas... que se me acerque...! –dijo Serena entre alaridos de dolor.

Continuara...


Hola, antes que nada tengo que aclarar que no se nada sobre los métodos o de como son las sesiones con un psicólogo, espero la última parte de este capitulo, sea coherente, ya que todo proviene de mi imaginación y de lo que he visto en la tele... XD Este capitulo se lo dedico especialmente a: monsemoon (muchas gracias por tus lindos comentarios, soy muy feliz cuando los leo :) y a ogba95. Nos leemos.