Capítulo 2

Kyuurei

5 de abril. 07:43 AM, casa de los Echizen.

—¡Ryoma! ¡Ryoma! ¡Llegarás tarde, jovencito! —Nanjiro no podía creer el descaro que tenía su mocoso, el solo hecho del solo osar llegar tarde el primer día de clases—, ¡Ryoma!

—Ahh... Oyaji, cinco minutos más.

—¡Entras a las ocho y solo faltan quince minutos para las ocho, Ryoma! Levántate que tu madre te va a dejar hoy. Anda y báñate rápido.

—... Oyaji tonto.

Rinko miraba a su hijo bostezar y tomarse la leche con una lentitud asombrosa, el menor tenía las tostadas en una mano, pero dudaba que se las comiera en el colegio, Rinko sabía lo mucho que su hijo odiaba el desayuno occidental; sin embargo, ella no tenía tiempo de elaborar algo más si consideraba lo mucho que se demoraba en preparar un desayuno japonés sin tener que levantarse antes de las cinco de la mañana. Además, tenía que pasar a buscar a Nanako en unas horas, lo cual tenía a Rinko un poco preocupada por todas las cosas que traería su sobrina política.

—Ya llegamos, Ryoma —dijo una vez que llegaron a la esquina de la escuela—. Por favor, pórtate bien y recuerda que aquí nadie te conoce. No alardees como tu padre y evita los problemas.

—No soy tan niño, mamá.

—Sólo hazlo por favor —Rinko miró frustrada por unos segundos al menor, ¡claro que era niño! Con suerte tenía doce años.

—Ya. Nos vemos en la tarde.

Seishun Gakuen.

El niño de cabellos oscuros con reflejos verdosos miró la escuela, una tradicional escuela japonesa como las que aparecían en los mangas. La escuela tenía algunas áreas verdes en la entrada, pero él conocía muy bien la distribución debido al pequeño recorrido que hizo unos días antes de ingresar, precisamente el mismo día que rindió el examen de nivelación.

Había visto las canchas de tenis en mantención, y si bien no era lo que esperaba —Seishun Gakuen siquiera poseía un gimnasio—, le gustaba el aire poco tradicional que tenían las canchas al estar rodeadas de árboles.

Se veía tranquilo, no como su anterior institución donde tenía gimnasios, un calendario de torneos interescolares conjunto con los del circuito juvenil, el circuito junior y los Grand Slams. Era como volver a lo básico.

Ryoma pasó desapercibido entre la gran masa que eran los estudiantes con pantalones negros y camisas blancas al igual que la chaqueta clásica, era el típico gakuran. El prendedor que poseía la suya oraba un I y era algo molesto cuando rozaba con su quijada, pero creía que podía acostumbrarse a lo rígido que se sentía su uniforme.

Sin duda alguna, las chicas seguían siendo chismosas aquí o en el otro lado del mundo. Ryoma las observó susurrar y juntarse para chillar aún más fuerte. Rodó sus ojos, él estaba demasiado absorto en sus pensamientos como para seguir mirando.

Tras ingresar al edificio pudo ver a todo el alumnado sacarse los zapatos y colocarse otros. Ryoma se maravilló de toda la situación, así que por esa razón tuvo que comprarse más de dos pares, tendría que acostumbrarse a estas ajenas tradiciones.

Buscó su casillero y no se impresionó al ver la cantidad de habitáculos que podían existir en un mismo pasillo. Eran grandes estanterías con siete filas de altura, nada muy grande para estar al alcance de todos los alumnos, pero supuso que los mayores tendrían los suyos arriba al ser obviamente más grandes de estatura.

Su cubículo, el C-3 18C, estaba en un rincón cerca de las puertas exteriores y era uno de los primeros. Caminó pasivamente hasta colocarse frente él, colocó la llave y sacó el nuevo par de zapatos colocando los viejos en el mismo lugar, así mismo unos cuantos libros que sabía no iba a ocupar y no quería andar cargando. No era un gran casillero como los de Estados Unidos, pero alcanzaba a deshacerse de cosas innecesarias por un tiempo y así evitaría traer el bolso muy cargado considerando que también traería el de tenis a penas se hiciera regular o miembro... Por lo menos eso le había dicho Sumire-sensei.

Según los dichosos papeles de orientación y el pequeño paseo que había dado el otro día, su salón se encontraba pasando el edificio, cruzando el pequeño patio interior, en el tercer piso del edificio lateral.

Salón 2-2.

Su horario informaba que tenía inglés —¡cuán irónico sonaba eso! — y no estaba preocupado por llegar tarde, pero sería una verdadera tortura escuchar cosas que él sabía desde pequeño.

Había mucho barullo por los pasillos, ventanas abiertas y habladurías sobre las semanas de vacaciones y quién sabe qué otra cosa. Lo cierto es que por fin parecía no llamar la atención de cualquier persona que quisiera algo de él...

Se sentía normal... Hasta ordinario diría. Por algún motivo le incomodó tanto como lo atrajo, eso de no llamar la atención, pero estaba acostumbrado a ello, se le hacía ajeno y molesto.

Esperó de pie al localizar su salón, eso es lo que le había dicho el director que tenía que hacer: esperar al profesor que impartía clases para presentarse ante el curso. Pronto la mayoría de los alumnos ingresaron mirándolo como si estuviese perdido, sabía que era más pequeño que el resto, pero eso no le incomodaba en lo absoluto. Cinco minutos después (o por lo menos eso pensó él, aunque los pasillos parecían desiertos) Kitamura-sensei apareció por la esquina cargando muchos papeles y un portafolio. Era mujer, y Ryoma pensaba que tenía unos cuarenta años como mínimo, se notaban las arrugas de edad y también el maquillaje se notaba más.

Sus labios eran de color carmín, su cabello atado en un rodete estricto pero su cabello era demasiado rizado para ello por lo cual tendían a escapar rizos rebeldes. No poseía lentes y sus facciones eran algo rellenas, suponía que eso venía con la edad, pero su madre no se veía así.

Quién sabe.

Cuando la profesora llegó a su lado le sonrió conocedora de quién era, pocos alumnos se cambiaban a estas alturas del año —regularmente lo hacían cuando terminaban primaria o secundaria— pero alejó esos pensamientos al ver que iba a hablar.

—Echizen Ryoma-kun debo suponer. Soy Kitamura Keiko-sensei. Seré tu tutor y profesor de inglés durante tu estancia en Seishun Gakuen. Por lo que me ha dicho el director, viviste la mayoría de tu tiempo en Estados Unidos.

Echizen asintió suavemente.

—De hecho, esta es mi primera vez en Japón. A oyaji y mamá les gusta más EE. UU., pero se me enseñó el idioma y las normas básicas del país natal de oyaji. Mamá siempre vivió en Estados Unidos, pero viaja mucho de todas formas —explicó todo de forma concisa. No lo hacía por alardear ni nada, quería llegar a un acuerdo porque supuso que su profesora pensó lo mismo que él: era inútil enseñar inglés a alguien que ha vivido toda su vida en un país donde su lengua natal es la inglesa.

—Bien, bien. Ryoma-kun, llegaremos a esta solución, no soy tan tonta como para pensar que realmente necesites clases, pero tampoco puedo omitir ciertos aspectos del reglamento en Seigaku —admitía con una sonrisa.

¡Ajá! Vio a la profesora tambalearse un poco con las hojas, por lo cual sin dudarlo le quitó algunas de buena voluntad, no era mala persona, solo quizá un poco cabrón.

—Gracias. Como te iba diciendo, tendré que poner ciertas condiciones. Número uno: estarás presente en cualquier tipo de examen oficial, no así en las pruebas sorpresa, aunque obviamente no puedo compartir esa información contigo, no tendrás que rendir el examen cuando eso suceda. En cuanto termines el examen oficial (son seis) puedes salir; número dos: tendrás que llegar al salón a la hora de clases y estar por lo menos quince minutos para mostrar tu presencia. No me importa si después sales; número tres: tu presencia siempre será requerida cuando toque tutoría con el curso, bajo ningún concepto puedes saltarte la hora. Todas esas condiciones se mantendrán vigentes durante los dos años de clases siempre y cuando no reciba queja alguna de que has estado provocando problemas en horario de clases o me veré en la obligación de quitarte las regalías y estoy hablando enserio. ¿Entendido? —no había tono condescendiente esta vez, pero no creía que se iba a meter en problemas por estar durmiendo en un lugar oculto

—Sí, sensei —la verdad es que eso era lo que esperaba, quizá no eso de tener que estar presente mínimo quince minutos en clase, pero era mejor eso que una hora pedagógica completa.

—Bien, deja tomar esos papeles, abre el salón y espera hasta que te llame.

—Okey.

Vio a la profesora perderse en el salón cerrando la puerta corrediza, podía escuchar su voz más suave ahora y el taco de sus zapatos resonar por el salón.

Good morning, class 2-2 —saludó con una gran sonrisa al ver la disposición al cual se enfrentaba. Vio a todos sus alumnos sentados en la posición del año pasado y eso le agradó.

Good morning, Kitamura-sensei —corearon vivazmente. Lo cierto era que no le sorprendía las malas entonaciones o el hecho de que no a muchos se le daba el inglés, pero le encantaba llegar por la mañana para verlos sonrientes esperando quién sabe qué cosa.

Good! Espero que hayan pasado unas excelentes vacaciones, clase, veo nuevas caras y otras no tantas. Por favor, tomen con calma el curso y no me hagan ser estricta. Las normas básicas son simplemente tres:

»Uno: cuando comience la clase, no quiero interrupciones tontas a menos que tengan dudas.

»Dos: esta es clase de inglés, por lo cual se dictará en el idioma a enseñar. Si tienen problemas, pueden acercarse al finalizar la clase para mediar un programa.

»Tres: si siguen las anteriores normas, estoy segura que se sorprenderán de lo permisiva que puedo ser dentro y fuera de clase. Si no cumplen con lo requerido, entraremos en problemas

—Ahora, tengo muchas cosas que hacer, pero antes que nada tengo que hacer la introducción de un nuevo alumno. Él es estadounidense pero también japonés, se mudó recientemente al país por razones personales. Por favor, sean amables con él y no me den problemas.

»Echizen-kun, puedes pasar.

La puerta del salón se abrió y ante él apareció un... Niño.

Please, Echizen-kun, introduce yourself in English —dijo la profesora mientras escribía su nombre en el pizarrón grande y claro.

Nice to meet you all. My name's Ryoma Echizen but you can call me Ryoma. I'm from USA, and I like tenis.

El alumnado lo quedó mirando por unos segundos, demasiado confundidos para decir algo. Si bien conocían lo básico, el inglés fluido aún los perdía y solo pudieron capturar el hecho que se llamaba Echizen Ryoma y... Echizen Ryoma-kun.

—¡Buena presentación! Ahora, en japonés por favor, creo que algunos de mis alumnos no han entendido.

Evitó rodar los ojos ante eso y volvió a abrir los labios para pronunciar con un fluido y suave japonés.

—Un gusto en conocerlos, mi nombre es Ryoma Echizen. Soy de Estados Unidos y me gusta jugar tenis —acortó la segunda parte ya que, si bien no recordó en un comienzo, al parecer no era habitual llamar a alguien por su nombre tan pronto, sino más bien ocupar honoríficos.

—¡Hola! —gritaron algunas personas, otras sencillamente mirando a cualquier lado u omitiendo su presencia como se vería en esta clase de circunstancias. La verdad, era un poco raro ver a chicos con características más similares, la mayoría tenía el cabello de color oscuro u otros más alocados.

—¿Alguna pregunta? —indagó la profesora con una sonrisa.

—¿Cuántos años tienes? —dijo una chica cualquiera.

—Doce.

—¡¿Eh?! ¡Doce! Con razón es tan pequeñito...

—¡Qué tierno!

—Debe ser muy inteligente.

—¡Yo digo que es creído!

—¡Tiene unos ojos hermosos!

La clase pronto estalló en un cotorreo que le hizo doler sus tímpanos. Kitamura-sensei aplaudió para poder callar la clase. Ryoma, por otra parte, miró todo un poco sorprendido, solo era un año menor que ellos, pero creían que un año era mucho tiempo. Los japoneses, a veces, eran raros con sus tradiciones.

—Bien, ya que las presentaciones están hechas, por favor Echizen-kun vete a sentar. Ihara-kun alza tu mano para que Echizen-kun pueda sentarse atrás tuyo, ¿ves tu puesto?

—¡Eh! ¡¿Por qué él sí puede estar hasta atrás?!

La profesora omitió la pregunta y pronto se encontró dando los folios que traía, anunciando algo así como «nivelar el inglés para saber por dónde partir las clases». Miró su prueba de nivelación con desdén antes de sacar el lápiz y comenzar a responder lentamente, no supo cuándo pero se quedó dormido durante el resto de la clase.

Nadie lo notó.

El timbre sonó con tanta fuerza que lo hizo saltar del banco. Enserio, ¿qué pasaba con los japoneses con esos timbres asesina tímpanos? La clase parecía bullir aún más y se agolpaban en la salida para obtener un buen descanso. Kitamura-sensei se encontraba adelante organizando los formularios y se dio cuenta que no había terminado el suyo y, además, lo había babeado.

Caminó lentamente hasta el frente entregando las hojas algo avergonzado de no tener nada más que diez respuestas, pero la profesora pareció comprender y sencillamente rio.

—Sé que estabas durmiendo, en fin, te resumiré la hora. El calendario de exámenes se dará en una semana más, los libros de textos son obligatorios por lo cual debes comprarlos y traerlos durante tu escasa estancia en clases. Los alumnos de primero de primaria en adelante están obligados a escoger un taller extracurricular, el anuncio de cuándo comienzan las inscripciones será en una semana, y de allí sólo posees cinco días para inscribirte. Tendrás que ver el club en el cual estás interesado en los tabloides que están por todos lados, pero fíjate en el de entrada para saber las horas de inscripción. Como sé que tienes clases mixtas, algunas en primero y otras en segundo, está atento a los horarios de los talleres extraprogramáticos, si es así, ven a la sala de profesores para darte un permiso especial que te excusa de ciertas prácticas si topa con tu horario.

—Gracias, Kitamura-sensei.

—No hay de qué, ahora ve a lavarte la cara y quizás comer algo, los recreos son cortos o largos dependiendo de las clases y, si mal no recuerdo, este sólo dura quince minutos, la fila será enorme.

Lo bueno de estar en Japón, pensó Ryoma, era que no iba a ver mucha comida occidental allí. ¡Ahh! Como le gustaba la comida japonesa.

Las introducciones a las primeras clases se desarrollaron más o menos similares, con exámenes de nivelación y presentaciones del curso para el profesor. Luego venía el temario de lo que verían en los primeros meses, el calendario seguía igual y la repetición de la semana de pruebas.

Ryoma solo quería ver una cosa y eran las canchas de tenis.

Las clases terminaron alrededor de las seis, pero el sol aún estaba demasiado fuerte en el cielo. Las nubes se movían perezosas y pronto se vio a sí mismo mirándolas con resentimiento. Bien, era hora de visitar el club de tenis pese a no haber nadie allí.

Las canchas estaban tal y como él recordaba, no había ninguna red puesta ni pelotas rodando por el suelo, tampoco había novatos o miembros del equipo, miró a través de las rejas verdes y altas el espacio que abarcaban el club. Tenían seis canchas en total y todas eran de cemento.

¡Bah! Así no podían entrenar correctamente. Ryoma hizo un mohín al darse cuenta de que no asimiló eso la primera vez que vino. También visitó el club de tenis femenino y era algo similar. No podía negar que Seishun Gakuen era grande, pero no como él esperaba la magnificencia de Los Angeles Saint Youth Elementary School, pero era algo.

Caminó por los pasillos de tierra hasta llegar a otros clubes, el de natación parecía llamativo con los filtros de agua funcionando, el agua cristalina y que se movía suavemente, quería entrar a las piscinas, pero pudo apreciar al cuidador de los campos. En total, solo se hallaban dos piscinas olímpicas, una techada y la otra al exterior.

Seigaku estaba bien, y parecía ser exactamente lo que necesitaba, por lo menos eso pensó por ahora.

—¡Ey, seishonen! ¿Qué tal tu primer día como estudiante japonés? —preguntaba burlón su padre. El menor rodó los ojos con cansancio antes de farfullar algunas palabras que sabía eran incoherentes, pero lo hacía para molestar al viejo.

Su padre era demasiado empalagoso y molesto cuando quería. Ryoma miró la revista que tenía escondida entre sus ropas y le sorprendió ver que las chicas realmente tenían ropa (aunque sea escasa, pero tenían).

—¿Oyaji? —alzó sus ojos gatunos a su padre quien lo miró por dos segundos antes de sentir la mano de Ryoma quitándole la revista. Su hijo podía no decir muchas cosas, pero sí manifestarlas en su rostro con pequeños signos.

—¿La quieres, Ryo-chan? —dijo pervertidamente —, ¡Mah! Ten cuidado que Nanako-chan puede verla y eso no sería bonito, ¿ara? —dijo alzando una ceja cantando la canción «mada mada» mientras se alejaba a molestar a su madre.

Con que era eso.

No le sorprendía que su padre viera revistas pornos —en . Ryoma vio cosas que definitivamente no debería haber visto hasta unos años más—, pero no comprendía que en Japón todo lo relacionado con sexo fuese tan restringido.

Lo que Ryoma tenía en las manos era un simple catálogo de ropa.

—Ryoma, ven a que te presente a Nanako-san.

—Tía, no incomode a...

—No es molestia, además tienen que conocerse, son primos. ¡Ryoma!

—Ya, ya, mamá, ya voy —tiró la revista al basurero y caminó a la cocina en donde encontró a su prima ayudando a su madre a desembalar la vajilla.

—Ryoma —exclamó feliz su madre —, que bueno que estés en casa. Mira, ella es Nanako-san. ¿No es hermosa? Estará con nosotros mientras dure su carrera y pueda establecerse. Le di el dormitorio que está cruzando las escaleras, pensé que era mejor que tú tuvieras un baño para ti solo, lamentablemente la habitación es más pequeña que la que tenías. ¿No te molesta, cierto?

—No. Encantado de conocerte. Soy Ryoma —estrechó la mano de su prima y la apreció por un momento. Si mal no recordaba, ella tenía ya dieciocho años, mínimo medía 1.60 cm, su cabello caía largo como cascada por su espalda y su estrecha cintura acompañaba sus ondeantes caderas. Ella tenía la piel más pálida que la de su padre —no dorada como él creía— y sus ojos tenían el mismo color que el reflejo de sus cabellos: azul marino.

—Encantado de conocerte, Ryoma-san. Soy Meino Nanako, espero no ser una molestia.

—Nadie es más molesto que oyaji, créeme —admitía en son de broma, aunque su prima pareció no comprender porque lo dijo con tono plano y aburrido. Su madre, en cambio, se rio. Ella sí comprendía su raro sentido del humor.

—Ara, ara, Ryoma. No seas malo con tu padre. Anda a cambiarte y juega con él que ha estado aburrido durante todo el día, luego en la cena nos dirás cómo te fue en la escuela y tú también, Nanako-san. ¿Qué tal la universidad?

No quería escuchar charlas de chicas, no que creía que su madre preguntara idioteces, pero ya tenía suficiente de chicas emocionadas por un día. Cogió a Karupin por el camino y acarició su panza mientras se dirigía a su habitación, ya conocía el templo y sabía que solo habían dos habitaciones con baño: la matrimonial y una mediana con un baño que incluía una tina.

La verdad es que no era ni la mitad de su anterior dormitorio, pero podía acostumbrarse debido a la tranquilidad de la casa, sin tantas llamadas o el innegable lujo que tenía su chalet en Miami.

Cuando entró a su habitación encontró cajas sobre una mesa, su cama estaba hecha y parte de su armario lleno. Dejó al gato en su cama y cogió una toalla, sabía que su gato no se quedaría quieto por mucho tiempo, por lo cual arrojó una pelota de lana, observó jugar a su himalaya por un tiempo con una sonrisa tranquila.

—¡Seishonen, un partido!

Suspiró arrojando parte de su ropa ya al suelo.

—¡En unos minutos!

—¡Maah! ¡Ryo-chan!

Oyaji-baka.

Ryoma giró las perillas para que saliera el agua por la regadera y se permitió relajar por unos minutos. La vida parecía tranquila al fin.

En el primer piso, Rinko miró lo animado que se encontraba su marido, casi como si fuera eternamente navidad, sabía que no se equivocaba cuando pensó en volver al país natal de Nanjiro. Cuando eran novios, ella recordaba muy bien las historias que Jiroh decía sobre sus oponentes, lo entusiasmado que estaba y lo bueno que era la escuela excepto la vieja loca de su entrenadora, «Baa-san», según él.

—Fue una buena idea, nee, Nanako-san. ¿No crees que mi marido se ve algo feliz? —dijo con una gran sonrisa.

—Se parece a un niño, Rinko-san.

—Ryoma parece más relajado también.

—¿Ryoma-san?

—Lo verás cuando lo conozcas más. Mi Ryo siempre ha sido así producto de Jiroh, él siempre hizo todo lo contrario a su padre sólo por molestarlo y terminó siendo muy introvertido, no es que no tenga amigos, solo le cuesta mucho hacerlos, pero por último sé que serán para toda la vida.

»Mi Ryo últimamente ha estado muy deprimido, por eso nos mudamos, no queríamos que fuera como esos deportistas que se creen pueden tenerlo todo o se quedan a mitad de carrera. Jiroh y yo queremos que brille, ¿comprendes?

Su sobrina la miró atentamente mientras hablaba, cavilando sus palabras como buen oyente y no tenía ninguna duda de que ella sería una buena influencia para su hijo. Karupin llegó maullando luego de un tiempo y supo de inmediato qué sucedía.

—La entiendo —respondió después de un tiempo.

—Nee, ¿por qué no vas a ver jugar a Jiroh con Ryoma? Sé que son un buen espectáculo, nunca me canso de verlos.

La mirada soñadora de su tía le dio mucho en qué pensar. Nanako tenía mucho que aprender.


Sé que me demoré un montón editando, pero he estado algo ocupada, lo siento m(_ _)m. He estado mega ocupada con mi práctica, informe de práctica y estudiando para mi examen de grado, pero ahora (debido a mi prolongado corte de luz y seudosemana de descanso) pude avanzar en la edición.

No sé cómo lo hice antes, pero ahora realmente investigué edades, el sistema escolar japonés, exámenes libres y demases. All those plotholes drove me mad… So, Ryoma tiene entre 11-12 años cuando ingresa a Seigaku y está actualmente en su primer año de escuela «junior high», son tres años en los que está allí hasta los, aproximadamente, 14-15 años. Esa edad es la que tiene Tezuka y el resto de los «terceros años» de Seigaku. Todo es extremadamente raro porque, obviamente, tanto en el manga como en el anime se ven todos muy adultos, llega a ser molesto.

En fin, Ryoma dio exámenes libres que permitió que se saltara algunas clases, mas la mayoría de ellas están en primer año, ergo, el número en su gakuran.

Si tienen dudas no cavilen en preguntar. Como siempre, gracias por su paciencia y comentarios, es bueno saber que pese a todos los años en HIATUS de esta historia, aún hay personas que la siguen. Pueden encontrarme también en Tumblr y AO3 bajo el mismo seudónimo: Derwyd (links en mi perfil).

Nos vemos en otra actualización.

Saludos,