Las Guerras Invernales: La gran nevada.
Al inicio, las tres tribus de ponis tenían las cosas claras respecto al funcionamiento de las cosas, los ponis terrestres producían mucha comida, la cual se suministraba a los pegasos que traían el clima y a su vez a los unicornios quienes tenían poderosos hechizos para ayudar en todo lo demás, siendo de mayor importancia el poder para traer el ciclo de la noche y el día, la vida era simple, tranquila y a su vez monótona.
Sucedió en un día soleado como cualquier otro, nosotros los Alicornios teníamos nuestra vivienda en los pueblos de los ponis terrestres, quienes nos habían aceptado al ser una clara minoría y, aunque nosotros como adultos podíamos ver las claras miradas furtivas y de inseguridad de los ponis del pueblo, las únicas dos potrillas que vivían conmigo de nuestra especie se veían felices, jugando con los demás ponis del pueblo y llevando una vida inocente y feliz. El día comenzó como era costumbre, ponis bajando a sus huertos para sembrar, regar o cosechar según era el caso, todo parecía tranquilo y normal.
—¡Erald! Vamos no te quedes allí como una estatua ¿No vas a ir a trabajar hoy? — Menciono una suave voz mientras observaba a los ponis haciendo sus tareas matutinas, al dirigir la mirada vi a Celestia corriendo junto con su hermana hasta donde yo estaba —¿Sabes que debemos ganarnos la vida cierto? —
—Sin lugar a dudas Celestia, pero lamentablemente para ti y tu clara afición por que los demás trabajen, hoy es mi día de descanso— Conteste a la potrilla con una sonrisa en el rostro.
—¿Así que no tienes trabajo? Debes estar bastante loco para despertar tan temprano si ese es el caso. — Dijo Luna, la cual estaba al lado de su hermana, su voz era un poco más gruesa que la de su hermana, echo algo extraño si sabes que ella es la menor. A pesar de todo ella tenía razón, sin embargo, algo había hecho que me levantara temprano, una corazonada, aquella sensación que tienes cuando sabes que algo malo puede suceder en cualquier momento, aunque no se lo dije en ese momento a ambas.
En esas épocas era bastante joven, aunque no tanto como un potrillo, tenía una melena larga de color blanco la cual combinaba con mi pelaje gris. Mi estatura era muy superior a la de los ponis terrestres, echo bastante notable ya que las miradas de desprecio eran muy comunes para mí, nunca le tome gran importancia para ser sincero
—Bueno, tal vez es la costumbre. — Le conteste a Luna, tratando de disimular lo suficiente mis verdaderas razones, a decir verdad, mi talento, al contrario de lo que muchos creían era la adivinación, se trataba más de una cierta inspiración, podía saber si algo estaba mal o bien con tan solo echar un vistazo, y vaya que en ese momento tenía una grande molestia en mi interior. —Por cierto, ustedes dos… ¿No deberían estar estudiando o algo por el estilo? —
—Deberíamos, tú lo has dicho Erald, aunque creo que nuestra profesora no iba a poder acudir hoy— Contesto Celestia con una clara sonrisa por tener el resto del día libre. —Por cierto ¿Te diste cuenta que últimamente ah echo un poco de frió? Se supone que estamos en pleno verano.
—Claro que me eh dado cuenta, espero que los pegasos no estén pensando en acabar el verano tan pronto, las cosechas aún no están del todo listas— Respondí ante aquella pregunta, claro que en ese momento cualquiera podría sospechar que el cambio extraño del clima se debía a que los pegasos estaban tramando algo, mucho más si añadimos el hecho de que en cuestiones diplomáticas los ponis terrestres estaban cansados de que los pegasos exigían cada vez más y más cantidades de comida por traer los diferentes climas.
—No sean ridículos ustedes tres— Una voz interrumpió desde la casa vecina, un poni ya en edad avanzada acababa de salir de su hogar, el viejo Matt era un gran gruñón, odiaba a los de mi especie y todas las demás que no fueran terrestres, siempre queriendo lanzar críticas y conspiraciones por todos lados. —Los unicornios sin duda son los culpables, nadie ha visto a un solo Pegaso desde hace dos semanas y esa magia que usan los unicornios es claramente la responsable… ¡De seguro nos están maldiciendo por haber entregado menos suministros que el mes pasado!
—¿En serio se puede tratar de una maldición? — Luna menciono un poco extrañada con ese hecho, sabiendo que la magia, aunque poderosa, era difícil de dominar como para crear un hechizo de esa magnitud —Creo que no podría ser Señor Matt, necesitarían un largo dominio para alcanzar este territorio— Termino de decir Luna
—¿Y cómo estas tan segura? Espero que no estén practicando tal cosa ustedes pequeñas… Alicornio—Menciono el viejo Matt con una mirada de desprecio en su rostro, si hubiera sido una época diferente sin duda le habría dado una paliza, pero debía contenerme, los ponis terrestres fueron los únicos que nos dejaron vivir en ese poblado a mí y a las dos potrillas, con la condición de no usar ni el vuelo ni la magia. Aunque eh de admitir que todas las noches me dedicaba a enseñarles tanto a Celestia como a Luna las artes mágicas, por lo menos las mas básicas, puesto que tarde o temprano las necesitarían usar.
—Jamás nos atreveríamos a hacer eso señor Matt, no después de que nos acogieron en este poblado— Menciono Luna al escuchar las palabras de interrogación del anciano, sin duda Luna era bastante astuta e inteligente, al igual que su hermana puesto que ambas lograron dominar con gran maestría lo poco que les había enseñado, sin duda era grandes prodigios, y me lamentaba de no poder hacer que exprimieran tremendo potencial.
—Les creo pequeñas, de igual forma no creo que sean capaces de hacer un levantamiento solo ustedes tres…— Menciono el anciano con un aire de paranoia en su voz, tanto yo como las hermanas solo nos limitamos a rodar los ojos cuando escuchamos aquello —En fin… sea lo que sea seguramente es cosa de las demás tribus, sin duda ya no se puede vivir en paz con esos anormales cerca de nuestro territorio— Termino de decir antes de volver a entrar a su casa, dando un fuerte portazo al cerrar.
—Bueno pequeñas, ¿Quieren entrar? Les puedo preparar chocolate caliente—Dije con una sonrisa la cual correspondieron de inmediato las dos hermanas.
Al entrar en mi casa, la cual no era precisamente la más grande o lujosa de ese poblado, cerré la puerta una vez ambas potrillas estaban dentro y de inmediato un resplandor purpura de mi cuerno lleno la habitación, una jarra de chocolate comenzó a calentarse por sí sola mientras que las cortinas moviéndose al son de la magia se cerraban para evitar que los ponis como el viejo Matt vieran lo que sucedía.
—No entiendo Erald ¿Por qué estos ponis terrestres le tienen tanta aberración a la magia? — Pregunto Celestia, siempre era la primera en tener dudas y curiosidad por las actitudes hostiles de todos en el pueblo hacia las demás tribus de ponis.
—Bueno, quisiera creer que es el miedo a lo que no conocen… pero los ponis terrestres piensan que es injusto que otras tribus tengan habilidades que los dejan en desventaja. — Mencione, tratando de guiarme en lo que había visto y escuchado, puesto que incluso yo tenía la misma duda siempre.
—Pero ellos tienen una gran fuerza y espíritu, no entiendo como un poco de magia o vuelo pueden afectarles— volvió a decir Celestia, teniendo una gran confusión en su rostro mientras que su hermana movía una silla con su magia para poder sentarse.
—Tienes toda la razón, pero esto es lo que tenemos y debemos mantenerlo así ¿De acuerdo? — Les mencione a ambas antes de empezar a servir el chocolate caliente en tres tazas.
—De acuerdo— Contestaron las dos al unísono, tomando con su magia las tazas una vez estuvieron listas.
Pasaron un par de horas las cuales aprovechamos para tomar una rápida lección de magia, aprovechando que todos los demás estaban ocupados en sus actividades laborales, también platicamos un poco sobre todo aquello del cambio de clima, algo que no solo tenía preocupas a los ponis terrestres, sino que sabía que esto podía tensionar las cosas con las demás tribus. Aunque no era de importancia para mí, debía mantener la tranquilidad y medir mi comportamiento por aquellas dos potrillas, era el único en ese momento que podía apoyarlas en caso de que un ataque de odio por parte de los demás surgiera de repente.
Mientras la plática seguía su curso y el día seguía como era costumbre, no tardo en suceder algo que nadie, ni siquiera yo esperaba, algo que cambiaría el rumbo de todo a partir de ese día.
Las alarmas del pueblo comenzaron a sonar con gran estruendo, siendo estas dos campanas del tamaño suficiente como para alertar a cada ser vivo que estuviera cerca del poblado de inmediato supe que algo grave estaba pasando.
—¿Qué es ese ruido? — Grito Celestia para poderse escuchar, mientras se tapaba los oídos con ambos cascos —¿Acaso la líder de los terrestres está visitando de nuevo?
—¡No lo creo! — Conteste mirando a ambas hermanas, haciendo rápidamente una señal para que salieran de la casa conmigo, claramente era algo malo, y era mejor saber de una vez que estaba pasando.
Al salir junto con Celestia y Luna, no tardo mucho para que el resto del pueblo se nos uniera, invadiendo rápidamente las calles del poblado para poder saber qué es lo que estaba pasando, claramente el viejo Matt estaba en primera fila entre aquellos que tenían gran influencia con el alcalde. Aproveche esa oportunidad para poder acercarme lo suficiente y escuchar lo que estaban diciendo.
—¡Pero por todos los ponis que esta pasando! — Dijo con gran enojo el viejo Matt al alcalde, el cual estaba tan sorprendido como todos los demás —¡Quería tomar una larga siesta y sus tontos vigilantes comenzaron a hacer el escándalo del siglo!
—¡Entiendo perfectamente Matt, pero estoy igual de sorprendido que usted! Esas campanas son solamente en caso de suma emergencia como cuando viene a visitarnos nuestra señora líder— Contesto de vuelta el alcalde, el cual trataba de hacer señas a los vigilantes para que pararan el ruido, aunque sin mucho éxito debido a la gran cantidad de ponis que estaban estorbando la vista.
No paso mucho para que varios de los ponis que estaban hasta delante comenzaron a gritar y soltar ruidos de pánico, trataba lo mejor que podía de ver que es lo que estaba pasando, pero no tenía éxito, en ese momento sentí como jalaban de mi melena, al voltear hacia abajo pude ver a Luna que al igual que su hermana estaba tapándose los oídos.
—¡Deja que me suba en tu lomo, tal vez pueda ver que está pasando! — Menciono con la voz más fuerte que pudo, al escuchar su idea asentí de inmediato agachándome brevemente para permitir que Luna pudiera subir sobre mí y después volví a pararme dejando que ella fuera la que observara el panorama.
Casi de inmediato se escuchó como Luna soltaba un leve grito, al ver con un poco de temor lo que fuera que estaba delante de nosotros, fue en ese instante que supe que algo malo debía de ser.
—Es… es… ¡Una tormenta! — Grito como pudo, alertando no solo a mí, también a los que estaban a nuestro alrededor con la misma confusión que nosotros —¡Una tormenta de nieve! — Fue en ese momento que mi corazón comenzó a latir mucho más fuerte, ¿Cómo demonios iba a haber una tormenta de nieve en estas épocas? Sin embargo, poco a poco pude confirmar este hecho, al ver con mis propios ojos que una gran cantidad de nieve se acercaba a gran velocidad contra el pueblo, esta estaba alcanzando cada vez mayor altura, la suficiente como para enterrar a todos con gran facilidad.
Pronto el pueblo paso de un estado de incertidumbre a uno de pánico completo, los ponis comenzaron a amontonarse unos sobre otros solo para poder pasar y correr a refugiarse antes que los demás, las calles estaban inundadas de ponis corriendo por todas partes, incluso el viejo Matt junto con el alcalde estaban en pánico total, corriendo como locos.
—¡Debemos ir adentro ya! —Grite a Celestia para después correr hacia mi casa nuevamente, seguido de ella y con Luna aun sobre mi lomo, logramos llegar a tiempo, cerré rápidamente con llave la puerta para evitar que la nieve rompiera fácilmente aquella desgastada madera mientras que las dos hermanas me ayudaban con gran rapidez a asegurar cada una de las ventanas, estaba sin duda sorprendido de lo calmadas que estaban pese a la situación.
—¿Ya esta todo? — Pregunte de inmediato, sabiendo que el tiempo no estaba en de nuestro lado
—¡Todo está asegurado! ¿Ahora qué? — Contesto Celestia, esta vez sí pude notar la gran preocupación que había en su rostro, al igual que Luna.
Sin más pérdida de tiempo, corrí cerca de ellas y formé un escudo con mi cuerno, tomando la peor situación posible como escenario y al mismo tiempo, deseando que no sucediera. Lo que paso después jamás lo olvidare, el cómo las campanas dejaron de sonar, desprendiendo aquel sonido sordo que solo lo ocasionaría un fuerte golpe seguido del grito y llanto de todos los ponis que aún seguían fuera, para que después se silenciara todo en un horrendo estruendo de casas y aboles destruyéndose, solo pudiendo imaginar como la gran cantidad de nieve sepultaba a todos los pobres ponis que se quedaron fuera.
Cerré los ojos cubriendo con todo mi cuerpo a las potrillas al saber que el techo de la casa se había rendido ante el gran golpe de nieve, pudiendo recordar tantas cosas en ese momento, concentre toda mi energía en el escudo, deseando que tuviera la fuerza suficiente para salvar nuestras vidas.
¡Hola a todos! Espero que disfruten este nuevo capitulo que les traigo.
Déjenme saber sus opiniones y pensamientos sobre la historia, tratare de publicar capítulos con frecuencia, pero dejando el suficiente espacio para llevar una buena organización y no terminar como loco innecesariamente xD
En fin esto es todo por el capitulo de hoy, ¡Nos vemos hasta el próximo!
