CAPÍTULO 2: EL HÉROE DE HYLIA
Acto seguido de que Hylia se desvaneciera, Link y Orville se dirigieron a las mazmorras, lugar donde también se hallaba la herrería. Link cargaba entre sus brazos la Espada Maestra, pudiendo sentir el frío del metal a través de la tela que la envolvía. Cuando bajaron el último escalón, se encontraron con dos puertas: la de la derecha conducía a las mazmorras, y la de la izquierda tenía un cartel colgado indicando que era la herrería. Link miró fijamente la entrada a las mazmorras y recordó el sufrimiento que padeció cuando estuvo encerrado en aquella lúgubre celda. Sin embargo, todos esos malos pensamientos desaparecieron con el recuerdo de la hermosa y radiante sonrisa de la diosa Hylia.
- ¿Link?- preguntó Orville sacando al caballero de sus pensamientos.
- Orville, será mejor que me dejes trabajar solo. Sube arriba con el resto del ejército y lucha por defender la Tierra de Hylia.
Orville asintió y subió las escaleras para regresar con sus compañeros. Link se dio la vuelta y entró en la sala que tenía enfrente. Cerró la puerta con un golpe sonoro debido al eco de la estancia y analizó el espacio. Era una sala circular de grandes magnitudes, en la que entraba una luz muy tenue a través de una elevada ventana. Había varias antorchas encendidas distribuidas por las paredes. Link encontró todo tipo de instrumentos necesarios para trabajar metales: hornos, yunques, moldes, martillos pinzas, etc. En un anexo de la sala se hallaba un almacén de armas, escudos y armaduras para los soldados del ejército, que prácticamente estaba vacío debido a la guerra que se avecinaba.
Link encendió los hornos y preparó todas las herramientas que necesitaría. Cuando tuvo todo preparado, cogió la Espada Maestra y la colocó sobre un yunque. Agarró un martillo, dispuesto a partir la espada en pedazos, sin embargo, cuando alzó el martillo para golpearla se detuvo. Una débil y fría voz le hablaba a Link. No sabía de donde procedía la voz. La voz llamaba a Link. Después de buscar con la mirada por toda la habitación, Link paró de buscar cuando su vista se encontró con la espada. La voz provenía de ella. Link escuchó con suma atención las palabras de la espada. Cuando esta terminó su intervención, Link se quedó desconcertado. Tomó la espada y la observó sin dar crédito a lo que le había dicho. "Ningún objeto podrá quebrar mi hoja. Solo el honor podrá vencer a mi filo".
Link estaba confuso. ¿Cómo iba a partir la espada sin el honor que antaño tuvo? ¿Cómo la forjaría de nuevo y salvaría su hogar? La respuesta a todas esas cuestiones era sencilla: no podría. No quería fallar a su pueblo, y mucho menos a la diosa Hylia. No podría salvarlos de las garras del Rey Demonio. Link empezó a angustiarse de una forma alarmante. Desesperado, cogió la espada con ambas manos, la golpeó contra la pared. La espada se mantuvo intacta. Link atacaba a la pared con la espada, descargando toda la rabia que le provocaba esta situación, pero la espada permanecía íntegra. Estuvo horas intentando romperla, sin embargo todas fueron en vano. Link acabó exhausto y con la frente empapada de sudor.
Pocas veces en su vida Link se había rendido, y esta fue una de ellas. Dejó que la espada se resbalara de sus manos y cayera al suelo. El sonido de la espada cayendo al suelo resonó por toda la estancia y resonó en la mente de Link. Ese era el sonido de la derrota. El sonido de la perdición de su pueblo. El sonido del corazón desgarrado de Hylia. Todos aquellos que depositaron sus últimas esperanzas en él, que lo liberaron y lo nombraron como su héroe, morirían asesinados por las tropas del Rey Demonio. Él también moriría, pero eso no le importaba. Era más terrible haber dejado morir a lo que más amaba. Link se quedó inmóvil, jadeando y cabizbajo, lamentándose por el destino de los habitantes de la Tierra de Hylia.
- Link, Héroe de Hylia- le llamó una melodiosa voz.
Link se sobresaltó al reconocer aquella dulce y maravillosa voz. Levantó la cabeza y vio a Hylia enfrente de él, cerca de la puerta de la herrería. La miró a sus resplandecientes ojos y su imaginación los recreó llenos de dolor y lágrimas. Imaginó su semblante roto de dolor viendo morir al pueblo que amaba. Link dejó escapar las lágrimas de sus ojos, y con un hilo de voz dijo:
- Perdonadme, mi señora, pues os he fallado.
Se arrodilló ante ella, agachó la cabeza y dejó que la culpa lo destrozara. Hylia solamente lo miró sin decir nada.
- No soy capaz de forjar la espada que me entregasteis. No puedo puedo salvar a mis amigos ni a mi querido hogar de. No tengo honor para luchar contra el mal. Soy y seré la causa y decepción de todos ellos.
Hylia se fue acercando lentamente, percibiendo el dolor y la angustia que atormentaba al caballero.
- No merezco blandir esta espada. No merezco llevar el título de "héroe". No merezco llevar este uniforme. No merezco que me miren a la cara. No merezco que estéis delante de mí, escuchando mis lamentos,mi señora, y tampoco merezco amaros.
Hylia se quedó estupefacta ante la confesión de Link. No se esperaba que fuera a decirle algo así. Link también compartía la sorpresa por sus palabras. Haber confesado inconscientemente eso hizo que Link se diera cuenta de un nuevo sentimiento que había florecido en su alma. Se había enamorado perdidamente de ella. Había sido como un flechazo. Desde el momento que la vio por primera vez sintió una fuerte atracción hacia ella. También tuvo la sensación de que estaba destinado a amarla. Sin embargo, sabía que todo eso era mentira, pues no era digno del afecto de una dama de su calibre, y su confesión solo había servido para provocarse más sufrimiento.
- Perdonadme, mi señora, por este insulto a su nombre. Está claro que un simple mortal desdichado y sin honor no puede amar a una diosa como vos, y mucho menos ser correspondido. Ya tiene muchas cosas de las que preocuparse como para fijarse en una pobre e inútil alma como la mía.
Hylia, conmovida por sus palabras, se agachó a su lado aproximándose a él, sostuvo su cara delicadamente con sus suaves manos y conectó su mirada con la suya. Secó sus lágrimas con tiernas caricias.
- Link, mi héroe amado...
Acabó con la distancia que los separaba y besó los labios de Link. Fue un suave contacto quizo estremecer a Link. Ambos sintieron miles de emociones sacudir sus corazones, impresionados por como sus sentidos se revolucionaban ante tal acción. Link sintió como los labios de su amaba quemaban los suyos, experimentando al mismo tiempo el morir de amor. Sus labios eran dulces, y eso maravillaba al caballero sobremanera. Hylia sentía como ese beso le estaba robando el aliento. Nunca pensó que llegaría a sentir algo así, y mucho menos por un humano. Se separaron lentamente, pero mantuvieron un casi inexistente espacio entre sus labios. Link acarició las ruborizadas mejillas de su amada mientras admiraba sus ojos. Hylia sentía perder la razón por el caballero. Ambos se habían olvidado de su entorno y del peligro que se acercaba y, para desgracia de los dos enamorados, tenían que volver a la realidad.
- Link, te escogí a ti por la pureza de tu espíritu. No existe hombre más valiente y honorable que tú en toda la Tierra de Hylia. Eres el único que puede quebrar la Espada Maestra, forjarla otra vez y usarla para vencer al mal. Eres su dueño.
Link e Hylia se incorporaron e Hylia le tendió la espada a su amado. Link cogió el arma y pasó sus dedos por la hoja. En un rápido movimiento, Link rompió la espada con sus propias manos. A consecuencia de eso, hirió sus manos, provocando que el caballero se queje de dolor, y estas comenzaron a sangrar. Hylia las tomó y usó su magia para curarlo.
- Hylia, no hace falta...
- No digas nada, Link.
Cuando sus heridas dejaron de sangrar, Hylia siguió sosteniendo sus manos. Link no puedo resistirse a besarla de nuevo, y así lo hizo. Amaba la cálida sensación que inundaba su cuerpo cuando lo hacía. Hylia tampoco podía evitar deleitarse con los labios de su amado. El lento y acompasado ritmo que llevaban les hacía sentirse desfallecer. Acabaron separándose por la necesidad de aire. Link mantuvo los ojos cerrados y el agradable tacto de sus labios grabado en la piel de los suyos, a la vez que sostenía las delicadas manos de su amada. Hylia también permaneció con los ojos cerrados, sintiendo la jadeante respiración de su amado chocar contra la suya.
- Link...- susurró Hylia- Salva mi tierra, vence al Rey Demonio... y vuelve a mi lado.
- Derrotaré a ese villano, devolveré la paz a tu tierra y regresaré contigo para amarte hasta el fin de los tiempos. Te lo prometo.
Hylia sonrió ante su respuesta. Link abrió los ojos buscando los de su amada, pero esta ya había desaparecido. Link recogió los pedazos de la espada e inmediatamente se puso a trabajar.
