• Los personajes de Naruto le pertenecen a Kishimoto.
• Genero: Drama/Aventura/Romance.
• Categoria: M
• Advertencias: Este finc puede contener escenas violentas, explícito contenido sexual y palabras soeces.
•Memoria•
Había pasado una larga y tortuosa semana desde la desaparición de Hinata Hyuga. Tanto miembros de la rama secundaria como de la rama principal se mantenían buscando sin descanso a la heredera. Inclusive el Hokage había puesto Anbus a disposición del clan Hyuga. Todo el mundo sabía que el Byakugan no debía de caer en manos equivocadas, o de lo contrario no se sabía lo que podía pasar.
Todos los Hyuga estaban preocupados. La mitad de ellos se preocupaban por el bienestar de la dulce y amable niña, mientras la otra mitad se preocupaba por el Byakugan.
Hiashi, mientras tanto, estaba sumamente preocupado y desesperado. Pero no, no estaba preocupado por el donjutsu familiar. Estaba preocupado por su hija. Por su pequeña Hinata. No comía, no dormía bien y lo único que hacía día tras día era pensar en su hija perdida. Quería correr y buscarla hasta debajo de las piedras, pero lamentablemente él estaba atado a el consejo de su clan.
"—No dejarás tu puesto Hiashi. Para eso están los miembros de la rama secundaria. Tu solo procura tu liderazgo y deja los sentimentalismos a un lado."
Eso fue lo que uno de los viejos le había dicho al escuchar su petición para ir en busca de su hija. Malditos bastardos, ellos no sabían lo que era perder a un hijo pequeño. Hinata estaba en riesgo de tantas cosas. Incluso, podría estar muerta en ese mismo instante.
Empuño sus manos y apretó sus párpados.
Sintió deseos de llorar desesperadamente, sintió deseos de gritar ayuda al cielo, sintió deseos de regresar el tiempo para decirle a su hija que la amaba.
Le había fallado a Hikari.
—Perdóname — susurro al viento, tratando de que por ningún motivo se asomara alguna lágrima traicionera. Si, quería llorar...
—Hiashi-sama.
Pero alto. Él era el líder del clan más poderoso del mundo ninja, no podía llorar. Alzó la cabeza lentamente al escuchar esa familiar voz tras él. No hizo otro movimiento y quedó en su lugar sin decir nada, esperando a que la persona continuara con lo que tenía que decir.
Ambas personas se mantenían mirando el gran y hermoso ocaso que les regalaba la tarde. De haber sido otro día y de haber sido otra situación, ambos habrían disfrutado del espectáculo, pero en ese momento... el cielo no les regalaba ni una sensación.
Se escuchó un suspiro seguido de unas pisadas que se detuvieron hasta quedar frente a él.
—Hiashi-sama, déjeme ir en busca de Hinata-sama.
El chico le llegaba a la altura de la nariz así que bajo un poco la mirada. Hiashi lo miró con sus orbes opacos para después volver la mirada al cielo. Mantenía sus brazos tras su espalda mientras su espalda se conservaba firme.
—Eres demasiado chico para ir, Ko. El consejo estaría en desacuerdo — dijo con voz gélida.
Ko frunció el ceño.
—Hiashi-sama, con todo respeto pienso que eso está fuera de lugar en esta situación.
Hiashi asintió para sorpresa de Ko.
—Lo sé.
—Entonces déjeme ir.
—No.
Ko respiro con fuerza. No iba a rendirse tan fácil. Iba a hacer lo posible por encontrar a Hinata. Costará lo que costará. Ella le importaba, ella era importante para el. Por nada del mundo dejaría que la dañaran.
Sin importarle su orgullo, se arrodillo en el suelo y pego su frente al pasto del jardín.
Hiashi lo miró con genuina impresión.
—¡Se lo ruego, Hiashi-sama! Déjeme ir a buscar a Hinata-sama. Juro por mi vida que daré mi mayor esfuerzo para encontrarla — suplico aun con la frente pegada al suelo.
Hiashi estaba atónito. Sabía que Ko era apegado a Hinata ya que él había sido su guardián desde que nació, pero... jamás se imaginó que ese noble joven la quisiera tanto. Una parte de su interior se conmovió ante el acto del joven.
Se agacho un poco a su altura y tomo el hombro de Ko, indicando que se levantara del suelo.
—Levántate, Ko.
El chico lo miró con sorpresa. Después de unos segundos se levantó del suelo, sin importarle que sus ropas se hubieran llenado de pasto y un poco de tierra. Miró a su líder con impaciencia.
Hiashi lo miro con seriedad, puso su mano en el hombro del castaño y lo apretó sutilmente.
—Encuéntrala, Ko. Tráela a casa —su voz casi fue de un tono de súplica, una que solo Ko pudo percibir cuando las palabras salieron de sus labios. Ni siquiera el mismo Hiashi fue consciente de su tono.
Ko sonrió con sosiego y agradecimiento. Hizo una marcada reverencia a el hombre que tenía al frente.
—¡Juro que no lo defraudare! — vocifero con decisión. Enderezo su espalda y sin decir una palabra más, corrió hacia dentro de la mansión Hyuga. Era momento de empacar todo lo que necesitaría para su misión.
Hiashi saco el aire lentamente, sentía como si Ko hubiese dicho la verdad absoluta, confiaba en que el podía traer a su niña a casa. Si, se alegraba de haber escogido a Ko como el guardián de su hija.
Takeshi suspiro con cansancio.
¿Hace cuánto que no limpiaba esa vieja y sucia choza? No. La verdadera pregunta era, ¿De cuándo acá el limpiaba una choza? Ah, sí, desde que tenía a una niña viviendo con él.
Si, había pasado exactamente una semana desde que encontró a la niña. Una semana desde que ella perdió la memoria y una semana sin saber por dónde comenzar a buscar a los padres de la chiquilla.
Lo pensó toda una noche y creyó necesario irse de esa zona. Ya no estaban en la primera pequeña cabaña, sino que ahora estaban en una mucho más alejada de esa. Si los asaltantes volvían seria obvio que buscarían primeramente por el área donde la niña se había perdido así que era peligroso permanecer por tanto tiempo en ese lugar.
Si, él tenía muchos escondites.
Cuando llego a dicho lugar se dio cuenta de algo. Esa "casa" no era habitable. Hace demasiado tiempo que no iba a esa choza así que era normal ver tantas telarañas, polvo, basura e incluso insectos por doquier.
Si quería vivir ahí tenía que limpiar, así que ni corto ni perezoso comenzó con su tarea.
Justo cuando pensó que el trabajo seria solo para él, vio a la niña que comenzaba a desempolvar muebles y paredes, quitando sin miedo ni asco las telarañas que se hallaban en los rincones.
Sonrió por inercia al verla. Al parecer no era tan quisquillosa ni mimada como parecía serlo.
Trapearon, barrieron, desempolvaron y acomodaron toda la casa. Desde la pequeña sala hasta las dos habitaciones del lugar. Cuando vieron todo limpio y acomodado, ambos pensaron lo mismo.
"Parece bastante acogedora"
Justo cuando Takeshi iba a felicitar a la niña por su gran empeño y trabajo, fue interrumpido bruscamente por el sonido del estómago de la pequeña.
Hinata se sonrojo y llevo sus brazos con brusquedad hasta su abdomen.
Takeshi rio con fuerza.
—Pareces un pequeño tomate — exclamo aun riendo.
Hinata ladeo la cabeza sintiéndose avergonzada.
—Ey, no te preocupes. Es normal que las tripas suenen cuando ya hace hambre — la animo con una palmada en la cabeza —. ¿Qué tal si vamos al pueblo para comprar un poco de víveres?
Hinata asintió un poco menos sonrojada.
En silencio, Hinata siguió al hombre hacia afuera de la cabaña.
Mientras caminaban por el bosque y el hombre parloteaba sobre cosas que ella ralamente no les prestaba atención, se dedicó a pensar un poco y tratar de recordar su vida.
No había ni un rostro, ni un nombre, ni una cosa que le recordara quien era. No recordaba su nombre, no recordaba quienes eran sus padres ni recordaba de donde venia.
Lo único que sabía era que el hombre que tenía frente a ella era su única "familia". Él se portaba tan bien con ella. No era grosero, era paciente y amable. Además, se divertía con él. Decía cosas que la hacían reír con frecuencia. Era agradable estar con ese hombre.
Sonrió ante algo que le dijo mientras él también le devolvía la sonrisa.
—Anda, debemos de apresurarnos, no falta mucho para que oscurezca — apresuro su paso mientras miraba el cielo. No conocía mucho esas zonas, pero igualmente pensó que era mejor volver a la cabaña cuanto antes.
Hinata asintió ante lo dicho por el hombre y apresuro su paso hasta quedar a la par de él.
—¿Qué quieres comer? A mí se me antoja un delicioso plato de takoyaki — la boca se le hizo agua al solo pensar en ese manjar. Esa era su comida favorita de todos los tiempos. Además, era barato.
Hinata pensó un poco y después alzo los hombros.
Ella no recordaba cuál era su comida favorita. Es más, ni siquiera recordaba muchas comidas. Lo único que podía recordar eran las verduras a vapor y el arroz que Takeshi cocinaba para ella.
—Ah, cierto — enuncio, recordando que la chica no tenía muchas memorias —. No te preocupes, pequeña H — le acaricio la cabeza —. Debe de ser difícil no acordarte de nada sobre ti, pero ¿sabes qué? Yo creare nuevos recuerdos para ti.
Hinata parpadeo impresionada. Alzo su mirada y lo miro con emoción en su rostro.
—¿De veras, Takeshi-san? —cuestiono con ilusión, sintiéndose emocionada ante la idea de tener nuevos recuerdos.
—¡Claro! Sera divertido.
Después de esa pequeña conversación, siguieron caminando hacia su destino. No tardaron demasiado en llegar a la aldea, ya que no era tan lejana de la cabaña, así que una vez llegaron a ella sus pies fueron directamente hacia los puestos de comida que había en el lugar.
La pequeña aldea se veía llena de civiles que iban y venían, comprando cosas en los mercados que aún estaban abiertos o simplemente comprando comida rápida de los locales. Era agradable estar rodeada de tanta gente después de solo haber estado encerrada en una cabaña. Admitía que era aburrido, pero Takeshi siempre la hacía reír con sus ocurrencias y demás.
Llegaron al local de comida y Takeshi se encargó de hacer sus pedidos. Le dijo que se sentara fuera del local mientras el compraba las cosas y ella obedeció como toda niña obediente. Se sentó sobre una roca que había fuera del puesto y comenzó a jugar con sus pies, moviéndolos en la tierra y dibujando cosas con ellos. Ella no era consciente de que muchas personas que pasaban por ahí se le quedaban mirando con extrañeza y algunos otros con malicia.
Después de unos minutos Takeshi por fin había salido del local con un par de bolsas en su mano.
—Listo — exclamo cuando llego a su lado. La sonrisa que mantenía su rostro se esfumo al percatarse de las miradas ambiciosas de los aldeanos. Para él fue más que obvio lo que pasaba ahí. La niña aun llevaba las ropas con las que la encontró, las cuales se veían finas y costosas. Eran claras las intenciones de las personas que veían así a la pequeña —. Oye, H.
Hinata parpadeo y alzo la mirada para verle.
—¿Si, Takeshi-san?
—¿Por qué no vamos a comprarte algo de ropa? Esa esta algo desgastada, ¿no crees?
Hinata llevo su mirada hacia sus ropas y las analizo con detalle. Ella no les veía problema a sus prendas, lo que menos quería era hacer gastar dinero a Takeshi y mucho menos si se trataba de comprar ropa para ella.
—Yo... no le veo nada de malo a estas ropas — comento mientras lo miraba con la cabeza ladeada.
Takeshi suspiro y acaricio su cabeza.
—Aun así, no creo que sea cómodo llevar las mismas ropas siempre.
—Pero usted siempre lleva puesto lo mismo — acuso mientras lo miraba de arriba para abajo. Y si, el hombre llevaba siempre un haori color negro y unos pantalones del mismo color mientras que sus pies calzaban unos getas. Dichas prendas estaban desgastadas, sucias y hasta apestosas.
Una gota gorda de sudor rodo por la nuca del hombre. Rasco su cabeza avergonzado y rio un poco.
—Tienes razón. Creo que yo también comprare ropa — tomo la mano de la niña sorpresivamente y comenzó a caminar por las calles. Los aldeanos tenían que ver que la niña venía acompañada o de lo contrario tratarían de robársela.
Hinata trato de llevarle el ritmo, pero fue casi imposible pues el hombre iba demasiado rápido, podría decirse que literalmente la llevaba a rastras. Casi agradeció cuando el hombre paro frente a una tienda.
—¡Mira, aquí hay ropa! — exclamo emocionado ante la idea de no tener que caminar más.
Hinata se dejó arrastrar por el hombre hasta los adentros de la tienda. Había todo tipo de ropa. Para niño, niña, hombres y mujeres mayores. Había de todos colores y de todos los sabores.
Sonrió divertida al ver al hombre tomar una camisa para ponerla frente a su pecho.
—¿Cómo me veo? Seguramente muy sexy — dijo mientras se miraba al espejo —. Vamos, busca ropa para ti — le animo mientras aún se ponía camisas y modelaba con ellas.
Hinata asintió tímidamente. Comenzó a caminar por la tienda, mirando de reojo la ropa, sin prestarle mucha atención. Lo que sea estaba bien para ella, no le importaba mucho si vestía ropas desgastadas o ropas finas.
—Hola cariño, ¿buscas algo en especial?
Hinata volteo hacia la voz melodiosa y femenina que le había hablado. Era una mujer de no más de treinta años, vestía lo que parecía ser un traje de trabajo.
—E-eh, hola — susurro a la mujer que la veía con ojos amables —. Solo necesito ropa.
—Huh, ¿nada en especial?
Negó rápidamente.
—Lo que sea está bien por mi —dijo con sinceridad.
La mujer asintió. Puso su dedo índice sobre sus labios y pensó un poco mientras veía por todos lados. Después de unos segundos chasqueo los dedos.
—Algo cómodo, ¿te parece?
Hinata asintió complacida. Debía de admitir que las ropas que llevaba no eran muy cómodas, se pegaban a su cuerpo y la hacían sudar de más, además debía añadir que no eran muy elásticas. Simplemente no eran unas prendas confortables. Siguió a la amable mujer hasta un punto de la tienda, el cual estaba cubierto por ropa de niña.
La mujer tomo unas cuantas blusas con tonalidades moradas y azules para después entregárselas a ella. Le dio una palmadita en la espalda y le sonrió amablemente.
—Por ahí hay un vestidor, pruébatelas y me dices si te gustan ¿sí? — le señalo un probador a unos cuantos de donde estaban situadas —. En un momento te llevare las prendas de abajo.
Hinata asintió, agarrando bien las prendas que llevaba en manos. Comenzó a caminar hasta el vestidor, una vez llego abrió la puerta y se introdujo en él, cerrando suavemente la puerta corrediza. Frente a ella había un espejo largo que le daba una vista amplia a todo su cuerpo.
Por primera vez desde que fue encontrada por Takeshi, miro su reflejo con claridad. Su piel era extremadamente blanca y suave; lo supo cuando incrédula paso su mano sobre su rostro lentamente. Su estatura era la de cualquier chica pequeña a su edad, su nariz era respingada y sus mejillas parecían dos fresas. Su cabello era azulado y corto, muy corto para su gusto. Y sus ojos azules... los sentía tan impropios, como si no fueran suyos, como si no pertenecieran a ella.
Después de verse unos segundos más, negó la cabeza y siguió con lo que tenía que hacer. Se midió las tres blusas que la mujer le dio y pensó que todas eran lindas. A pesar de no tener ningún estampado, le gustaba el color de cada una tanto como la sencillez. Si, le gustaron.
Salió de sus cavilaciones al escuchar la voz de la mujer que hace poco la había atendido.
—¡Ya traje los pantalones! — exclamo detrás de la puerta.
Hinata abrió lentamente la puerta y se encontró con el rostro sonriente de la mujer, ella extendía los pantalones hacia ella. Rápidamente los tomo y le sonrió con amabilidad.
—Gracias.
—No hay de que dulzura — le dio un giño antes de cerrar la puerta, dejándola en privacidad.
De repente una pregunta hizo eco en su cabeza cuando la mujer se fue y la dejo en soledad. ¿Así de bella seria la sonrisa de su madre? ¿así de amable y bonita seria ella? Deseaba mucho saber cómo era su madre, deseaba saber si su padre la quería mucho, deseaba saber si tenía hermanos.
Suspiro con tristeza. Seguro tenía una familia muy hermosa, rodeada de calidez y de amor. Seguro ella era muy feliz con ellos y seguro ellos ya deberían de estarla buscando. Tarde o temprano los encontraría y sabía que los amaría demasiado.
Sonrió un poco más animada por sus pensamientos y comenzó a probarse los pantalones.
Hiruzen suspiro con cansancio y miró tras la ventanilla del cuarto de hospital. En él se veía un pequeño niño rubio que estaba descansando inerte sobre la incómoda cama de la clínica. En su nariz mantenía la cánula binasal y su brazo estaba conectado al suero intravenoso.
Lo observo un largo tiempo, preguntándose el por qué no fue capaz de cuidar más de él. Se supone que había hecho una promesa, una que hasta ese momento no había sido capaz de cumplir con éxito. Minato seguro debía estar enojado al ver como "cuidaba" a su hijo.
Flash Back.
—Explíqueme, Hokage-sama — el hombre frente a él se veía alterado, preocupado y muy molesto — ¿Qué hacia ese niño en el territorio Hyuga a tan altas horas de la noche? ¿Qué hacía con mi hija?
El viejo quito la pipa de su boca y la puso en su cenicero, entrelazo sus manos y las puso sobre el escritorio.
—No se la razón del por qué Naruto estuvo ahí, pero lo único que si puedo asegurarle es que en ningún momento sus intenciones fueron malas.
Hiashi paso su mano sobre su rostro.
—¿Y si quien secuestro a mi hija realmente venia por el niño de Minato?
—Según tengo entendido, uno de los miembros de su clan declaro haber visto cuando el hombre tiro al vacío a Naruto mientras se llevaba a la heredera de su clan. ¿Qué coherencia tiene eso?
El Hyuga, impotente, golpeo con fuerza contenida el escritorio del Hokage. Cubrió su rostro con una mano e inclino su espalda contra el respaldo de su asiento.
—Lamento mucho que estés pasando por esta situación Hiashi, pero debes de controlarte antes de actuar sin raciono. Permíteme poner a tu disposición a unos de mis mejore Anbu para comenzar con la búsqueda de Hinata.
—¿Dónde está el niño? —pregunto sorpresivamente, ignorando por un momento las palabras del Hokage.
—Naruto está en el hospital ahora mismo —respondió con rapidez.
—Quiero hablar con él, quiero saber qué es lo que el miro anoche — pidió con desespero y ansiedad, haciendo que la mirada del Sarutobi se tornara triste.
—Aun no despierta, parece ser que está en coma —respondió con pesar.
Ambos quedaron en un profundo silencio, cada quien pensando en niños diferentes. Hiashi en su hija y Hiruzen en el niño que no pudo proteger. Ambos muertos de la preocupación, ambos decepcionados de sí mismos. Ambos impotentes...
—Le tomare la palabra respecto a los anbu — hablo Hashi con voz apagada, se levantó de su asiento y con la mirada perdida, hizo una leve reverencia —. Con su permiso, Hokage-sama —se despidió con su característica voz, esa que era fría y sin sentimientos.
Fin de Flash Back.
—Hokage-sama —
Salió de sus cavilaciones, viro lentamente su cabeza y miro por encima de su hombro. Era la doctora que estaba encargada del niño que él había descuidado.
—Furukawa-san — nombro para después volver su mirada al niño — ¿Cómo está?
La mujer castaña suspiro y se situó a un lado del hombre para observar el mismo punto que él.
—No da señales de querer despertar, lleva una semana así. Por otro lado, no parece empeorar, sus heridas no fueron tan graves gracias al... al Kyubi —susurro lo último —. La explicación más obvia a su estado es el que el Kyubi hizo su primera "aparición", eso debió dejarlo tan exhausto. El poder del zorro es demasiado grande para un cuerpo tan pequeño.
—Entiendo — tomó su sombrero de Kage y lo puso sobre su cabeza —. Hágame saber de inmediato cualquier cosa sobre Naruto.
La mujer asintió con rapidez mientras veía a su Hokage, el hombre veía con infinito pesar al pequeño que estaba sobre esa cama. Ella misma viro su mirada hacia el niño y pensó en lo cruel que era a veces la vida, jugando con personas inocentes.
—Furukawa-san.
Furukawa parpadeo repetidas veces y miro al hombre que ya le había dado la espalda.
—¿Sí? —después de unos segundos de silencio, el hombre hablo.
—Cuide de él, por favor.
Furukawa miro con impacto la espalda del hombre y después de haber salido de su estupefacción, asintió con certeza y decisión.
—¡Si!
Después dicho todo esto, el Hokage salió del pasillo del hospital, dejando a la mujer frente a la habitación del pequeño niño.
Furukawa suspiro y miro dentro del pequeño cuarto. Elevo su mano y la recargo sobre el frio vidrio de la ventana, sintiendo dentro de ella un sentimiento de pena al ver al pequeño rubio.
—Cumpliré y te cuidare muy bien, Naruto-kun.
—Míranos, ¿No nos vemos geniales? —Takeshi modelo un poco frente a la pequeña quien reía ante las ocurrencias del hombre.
—Sí —asintió sonriente.
El hombre llevaba puesto un haori color verde, las mangas tenían al rededor una gruesa línea de color blanco. Sus pantalones igualmente eran blancos y el largo de este le llegaban un a la mitad de la pantorrilla. Sus pies calzaban unos nuevos getas y su cabeza estaba cubierta por un sombrero de paja.
—Bien, creo que es hora de irnos — opino mientras tomaba del suelo las bolsas de las cosas que habían comprado. Ya no había sol en el cielo, pero aun así la aldea seguía igual de poblada y luminosa, eso le daba un poco más de confianza al caminar.
La pequeña niña asintió y comenzó a caminar a la par del hombre. Mientras caminaban con tranquilidad, la chica noto el cómo las ropas si eran tan cómodas como la mujer lo había prometido. En ese momento llevaba un pantalón gris tres cuartos y su torso era cubierto por una sencilla camisa color lila. Estaba contenta con el resultado, ahora podría dormir más cómodamente.
Caminaron un gran tramo de la aldea hasta que llegaron a las afueras de esta, sumiéndose en la obscuridad de la tarde. Se adentraron al amplio bosque y mientras escuchaban el pequeño y casi inaudible canto de los grillos, también se dedicaban a intercambiar unas cuantas palabras.
—De verdad tengo hambre — comento el hombre sobándose el vientre, mirando despreocupadamente el cielo oscuro y lleno de estrellas —. Ya quiero saborear toda la comida que compramos, ¿tú no?
Hinata asintió con una sonrisa. Claro que tenía hambre, si ya había rugido su panza. No comían desde el desayuno y al parecer la fatiga de limpiar esa casa también había hecho que el apetito se abriera mucho más.
—También estoy emocionado por que te compre varias comidas, tal vez pruebes una y recuerdes su sabor. Eso nos ayudara mucho para recuperar tus memorias y...
—Takeshi-san.
Takeshi volteo rápidamente hacia la pequeña que lo había interrumpido, la miro con curiosidad, pero sin enojo por la interrupción.
—Dime.
El semblante de la pequeña se veía triste y apagado, haciendo que el arisco corazón del hombre se comprimiera y doliera por unos segundos al recordar ciertas escenas de su vida.
—¿Usted cree que yo pueda recuperar mi memoria? —cuestiono desesperanzada, sintiendo que jamás la recuperaría —. ¿usted... usted cree que pueda regresar con mis padres?
Takeshi bajo las cejas.
—H, te juro que te regresare con tus padres y juro que tu memoria regresara — prometió con voz consoladora y delicada, un tono de voz que Hinata nunca había escuchado provenir de él. Se sintió confiada ante las palabras del hombre, sintió que lo que decía no era más que la verdad y que el cruzaría cielo, mar y tierra para encontrar a sus padres.
Después de unos segundos, sonrió con agradecimiento.
—Gracias Takeshi-san, usted es una persona muy buena —sonrió abiertamente con las mejillas sonrojadas, cautivando un poco más al hombre que la miro con una especie de cariño. Y es que, era imposible no encariñarse con alguien tan adorable como esa niña. Además, ella le recordaba muchísimo a una persona...
Dejo de pensar cuando escucho unas ramas rompiéndose a unos cuantos metros de donde ellos estaban. Paró abruptamente y tomo la mano de la niña, confundiéndola ante su acto.
—¿Pasa algo, Takeshi-san? — cuestiono inquieta, pues pudo ver la preocupación en los ojos del hombre.
—Eso no fue un animal...— susurro ignorando la pregunta de la niña, concentrado toda su atención al entorno donde se encontraban. Ese sonido no lo había hecho un pequeño animal pues fue una pisada fuerte. El viento no fue tampoco, pues ni siquiera estaba haciendo viento. Además, sentía una presencia, más bien un chakra. No era tan bueno rastreándolos, pero ese estaba demasiado cerca como para no sentirlo.
—Exacto... no somos animales.
Hinata dio un brinco cuando escucho sorpresivamente esa voz que venía a sus espaldas. Takeshi la puso tras de sí con rapidez, escondiéndola tras su cuerpo y tomándola bien de la mano mientras ella se aferraba a su camisa.
Takeshi frunció el ceño y miro con desconfianza al hombre.
—¿Se le ofrece algo? —pregunto serenamente, tratando de no soltar un alarido de dolor ante las pequeñas uñas que se clavaban a la piel de su espalda.
Frente a él había un hombre de aspecto desaliñado, su rostro era cuadrado, sus ojos eran pequeños y negros. En su rostro había una sonrisa perturbadora, la cual le dejaba ver sus dientes chuecos y amarillentos. El hombre de metro ochenta y de cuerpo corpulento causaba una tremenda desconfianza en Takeshi.
—Pues sí, se me ofrece algo — su voz gutural se metió y raspo los oídos de Takeshi —. ¿Por qué no nos evitamos problemas y me das a esa pequeñaja que tienes tras tuyo?
Hinata dio un brinco al escuchar eso. Un miedo recorrió todo su cuerpo, ocasionando que se escondiera más tras Takeshi. No de nuevo, no quería caer en manos desconocidas nuevamente.
—Señor, por favor retírese. La niña es mi hija y no quiero ningún problema con ustedes...
—No nos comemos que sea tu hija, vejete — dijo otro —. Vimos a la niña muy bien vestida en el pueblo. Ropas caras más facciones nobles, igual a niña con padres ricos.
Takeshi supo que su mal presentimiento no había sido en vano. Los habían estado vigilando en la aldea.
—H — llamo la atención de Hinata — corre lo más rápido que puedas.
Miró con impresión y miedo a Takeshi.
—¡Que corras!
Y corrió.
—¡No podrás escapar niñita! — hizo una señal con su mano y un hombre salió corriendo tras la niña.
El resto saco kunais de sus bolsillos para aventarlos al viejo, quien sorpresivamente, esquivo cada uno de ellos, provocando que todos se clavar en árboles y parte del suelo.
Enfurecidos, se lanzaron contra el hombre quien solo esquivaba cada ataque con destreza y habilidad, sorprendiendo a un más a los rufianes. Todos se abalanzaron contra él una y otra vez, sin darle un solo golpe.
En una oportunidad, Takeshi logro tomar la muñeca de uno de los bandidos y sin piedad alguna, la torció con fuerza, rompiendo su brazo.
El hombre soltó un fuerte alarido de dolor mientras los demás observaban impactados al hombre que, con una sola mano, había roto el brazo de un hombre mucho más grande en tamaño y musculatura que él.
Takeshi alzó la pierna y con fuerza la estampo contra la cabeza del hombre, haciendo que este cayera desmayado contra la tierra.
—Les dije que no quería problemas, pero parece que ustedes ya se metieron en uno — Takeshi sonrió algo perverso, poniendo los pelos de punta a los hombres restantes.
En el bosque solo se podían escuchar las rápidas pisadas y la acelerada agitación de Hinata. Estaba cansada, sus piernas no podían más y desgraciadamente para ella, su marcha se estaba aminorando cada vez más.
No quería ser secuestrada de nuevo.
No quería sentir las fuertes sogas sobre sus muñecas, ni la fuerte cinta en su boca. No quería sentir la incertidumbre de nuevo al sentir un paño en sus ojos. Quería recuperar a su familia, quería saber quién era, quería volver con Takeshi.
—¡Vuelve aquí pequeñaja! — después de esa desagradable voz, se escuchó una estruendosa y asquerosa risotada.
Hinata comenzó a llorar, pero no dejo de correr en un momento, esperanzada en que Takeshi estuviera bien.
Odio el haberlo dejado con esos hombres, seguramente él ahora estaba...
—¡H!
Sus piernas se detuvieron inmediatamente, ocasionando un leve derrape. Volteo tan rápido como sus piernas se lo permitieron y vio con sorpresa a Takeshi frente a ella, dándole la espalda.
— Quédate atrás de mí.
Aun impresionada, solo atinó a soltar un sonido de afirmación.
Mas adelante se pudieron escuchar las pisadas del otro hombre.
Cuando llegó al lugar, el bandido frunció el ceño al ver a Takeshi parado frente a él.
—Viejo decrepito, ¿dónde están mis compañeros?
Takeshi sonrió de medio lado, ocasionando que el bandido se enfureciera.
—Ellos están en un lugar mejor, y tú, también lo estarás — rápidamente hizo unos sellos — ¡Suiton Suidanha!
El hombre frente a ellos abrió los ojos con impresión y miedo latente.
Un fuerte ruido, un grito ensordecedor y luego nada...
Hinata cerró los ojos cuando sintió algo cálido caer en su mejilla. Justo cuando iba a ver hacia el frente, Takeshi se puso frente a ella, tapando su mirada.
—¿Estas bien? — preguntó el hombre con preocupación.
—Si, muchas gracias Takeshi-san — sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas nuevamente — ¿Do-donde están...?
—No volverán a molestarnos — respondió rápidamente, claramente evadiendo el tema, pero Hinata no se dio cuenta de eso, ella solo se alegró al saber que no los molestarían más —. Bien, vamos a casa — la tomo de los hombros y le dio una media vuelta para comenzar a caminar hacia la cabaña, dejando atrás el cuerpo del bandido, el cual, estaba partido a la mitad.
Apretó con fuerza el pañuelo blanco que estaba en su mano.
Sin duda, ahí había estado ella. Restos de soga, un pañuelo y cinta arrancada e inservible.
Sonrió de medio lado, con cejas caídas.
—Lograste escapar, Hinata-sama — susurro al viento.
—Ko, tenemos que irnos.
Ko volteo a ver al anbu que se acercaba a él.
—¿No seguiremos buscando? Es más que obvio que Hinata está por aquí, en algún lado... ¡Tal vez logro escapar!
—Ya buscamos por toda el área, Hinata-sama no está por aquí. Debemos ir a la aldea para informar sobre el progreso.
Ko apretó el pañuelo.
—Me podría dar un momento, ¿Por favor? — pidió en un musito.
El anbu quedó en silencio unos segundos antes de asentir lentamente. Dio media vuelta y comenzó a caminar hacia el lado contrario, dejando solo a Ko.
Al encontrarse solo, Ko se permitió derramar una lágrima. Fue pequeña, delgada y fría. No quería ponerse a llorar, ya que a Hinata no le agradaría que el llorara por su culpa. Metió su mano dentro del bolsillo de su pantalón y saco el origami que Hinata le había regalado tiempo atrás.
"— Consérvala y cuando aprendas a hacer origami me la entregas —"
— Hinata-sama, prometo que la encontrare y prometo que aprenderé a hacer figuras tan bellas como la de usted — alzó la figura de origami al cielo, deslumbrándola con el brillante y grande sol —. Es una promesa, de guardián a.…hermanita — dicho esto, se acercó al árbol en donde encontró las sogas y, en un agujero de este, dejó escondida la hermosa flor que Hinata había hecho con sus propias manos.
Dio una reverencia y después de esto, se marchó.
Continuará...
N/A: Aquí estoy, la escritora de fanfic que se tarda 84 años en actualizar. Espero que la espera haya valido la pena. De verdad lamento tardarme, podría prometer que no volverá a pasar,pero es imposible. Si tienen alguna pregunta, no duden en hacerla. En fin, espero que les haya gustado, muchas gracias por sus comentarios de aprobación a este nueva historia. Los amo muchito, ¡nos leemos despues!
Agradecimientos a: Melania Uchiha Uzumaki, eliuska20, , Tsukimi, Valerie Hyuga Senju.
