Capítulo 2: 15 años después.
Quince años después…
Edward Pov.
-Alice… Por favor solo déjame atender tranquilo a mis pacientes - hablé y del otro lado de la línea se escuchó un bufido.
-Edward, estás haciendo enojar a tu pequeña hermana y sé que no quieres ver eso. Ahora levanta tu lindo trasero de donde estés sentado y dirígete a buscar a Bella, para traérmela y atacarla con compras, sabes que me lo debe- me amenazó y no pude reprimir una pequeña sonrisa, mi hermana siempre atacaba a Bella con "las compras del mes".
Habían pasado quince años desde que habíamos entregado a nuestra hija, de los cuales ocho años fueron los más duros, sobre todo para Bella, pero al pasar el tiempo y con el apoyo de todos, logramos salir adelante y ahora ambos estábamos con un trabajo estable. Al salir de la secundaria había entrado a estudiar medicina en la universidad de Yale, mientras que Bella entro a estudiar literatura en la universidad de Boston, nos habíamos alejado por bastante tiempo, pero al terminar nuestros estudios habíamos regresado a vivir juntos y ahora todo marchaba de forma normal. Al estar separados, la superación a la adopción fue más difícil para Bella y es por esto que demoró más años en sanar esa herida que nuestra hija había dejado en ambos.
Vivíamos en una casa en Seattle, no era muy grande, pero tampoco pequeña, con Bella teníamos un proyecto de vida alto y esperábamos formar pronto una familia. Alice y mis padres vivían en Forks, mientras que Emmett y su novia Rosalie vivían a unas calles de nosotros, por lo que solíamos juntarnos a cenar o solo pasar el rato. Mis padres viajaban junto a Alice cada fin de semana, solo estábamos a una hora o menos quizás, con toda la tecnología que el mundo entrega hoy en día, era más fácil manejarse de un lugar a otro.
-Alice debo colgarte… me llaman en urgencia - le dije al escuchar el altavoz del pasillo.
-Los espero mañana a comer, ya que no quieres traer a Bella hoy - sonreí, mi esposa era muy joven aún para morir por un caso tan mísero como estar horas de compras.
-Nos vemos Alice… saluda a mamá y papá, adiós- corté el teléfono y salí de mi consulta para dirigirme a la acción.
Bella Pov.
-Isabella Swan… un gusto- me presenté a la profesora que traía un kínder a mi biblioteca. Habían pasado los años y había logrado estudiar Literatura y formar una vida estable. Puse una Biblioteca en el centro de Seattle y esta tenía buena clientela, ya que era la más grande de todo el lugar y solía tener una variedad de libros que satisfacían los gustos de cada persona.
Los colegios frecuentaban venir con los cursos más pequeñitos, ya que la literatura era algo esencial en sus vidas y para hacer sus clases más entretenidas venían para que cada niño eligiera el libro que le llamaba la atención.
Miré la hora y faltaban tres horas para que saliera y pudiera irme a casa, largué un suspiro, ya que estaba agotada, ayer me había quedado hasta tarde escribiendo mi nuevo libro y no había dormido lo suficiente. Intenté hacer caso omiso al sueño que me embargaba y camine junto a la profesora para mostrarle la sección infantil.
-Bueno, pueden sacar cada libro que deseen, pero luego deben dejarlos cerca de la zona para que sea más fácil después ordenarlos – comenté y la profesora asintió sonriente.
-Niños deben ser ordenados, ya escucharon, ahora pueden sacar el libro que gusten - los niños caminaron hacia diferentes lados del lugar en busca de sus tomos favoritos.
-Emma- llamé a mi ayudante, al escuchar mi llamado caminó en dirección a mí y sonrió.
-¿Qué pasa?- preguntó.
-Puedes ayudar a esta profesora para que los niños no se vallan a otras zonas, por favor – asintió sonriente y dejó el libro que tenía en las manos a un lado de los estantes.
-No te preocupes Bella- luego de agradecerle a Emma me dirigí hacia la zona de los adolescentes, en esta zona estaban todos mis libros favoritos, los que me habían acompañado desde pequeña.
Camine sonriente al ver a jóvenes riendo y mirando los libros de su interés, cuando una pequeña cabeza pelirroja me llamó la atención, me dirigí hasta donde se encontraba y pude ver que era una linda niña de pelo largo rojo. Miraban con atención un libro sobre el cuerpo humano y pronunciaba palabras que no logré entender.
-¿Eres del kínder pequeña?- me senté a su lado y la pude ver saltar ante mis palabras, ya que estaba demasiado concentrada.
-Yo… lo siento…- murmuró cabizbaja al sentirse descubierta.
-No te preocupes… ¿Qué lees?- tomé el libro y lo cerré "Es demasiado pequeña para poder comprender esto" pensé al leer la tapa que decía "anatomía del cuerpo humano" -. ¿No crees que eres muy pequeña? – pregunté dulcemente devolviéndole el libro.
-Mi mami es doctora ¡Y yo de grande quiero ser como ella! – exclamó feliz, una sensación de nostalgia llego a mí, generando preguntas sobre la que hubiese sido mi hija ¿Ella habría querido ser como nosotros?
-Tienes suerte, ojala lo seas…- le sonreí y la niña sonrió en modo de respuesta, mostrando sus pequeños dientes.- Ahora debemos ir porque tu profesora debe estar preocupada por ti.
-La señorita Russel no se da cuenta cuando un alumno no está…- se encogió de hombros.
-Pero aun así, no debes estar aquí, ven- me levanté y le tendí la mano, ella la tomó y rápidamente se levantó.
Luego de haberla dejado con sus compañeros, volví a mi labor y el día se me pasó demasiado rápido, pareciera que hubiesen pasado minutos cuando mire el reloj y ya era hora de irme. Me puse la chaqueta y le entregué las llaves a Emma para que ella cerrara. Me dirigí hacia la salida y pude ver a Edward esperándome apoyado en su auto.
-No sabes cuánto te extrañe- murmuró contra nuestros labios unidos.
-Yo también te extrañe hermoso- me reí y lo abracé.
-Mi hermana mañana quiere atacarte, irán de compras luego del almuerzo- me quejé y este se largó a reír. Es que era inevitable que Alice no me llevara de compras por al menos un mes.
Nos dirigimos a casa mientras le contaba todo lo que había hecho en el día.
-Mañana después de que vuelvas de la tortura al estilo Alice, podríamos salir a cenar como recompensa al haber sobrevivido a eso – me dijo Edward cuando estábamos en la sala de nuestra casa.
-Eres el mejor…- apoyé mi cara en su pecho y aspire su característico aroma –. Te amo…
-Yo más - levanté la cabeza para mirarlo - No digas nada, sabes que siempre termino ganando - negué y me dispuse a bajar del auto.
Estaba preparando la cena para Edward y para mí, ya que hoy no vendría nadie a vernos y tendríamos una rutina normal. Pensaba en las distintas cosas que la vida me había dado y las que me había quitado, estaba tan sumida en mis pensamientos que el sonido del teléfono me sobresaltó.
-¡Yo voy!- gritó Edward bajando las escaleras y se escuchó como contestaba. Me volví a sumir en mi tarea y voltee a ver a Edward cuando llegó a la cocina con el teléfono en las manos, venía más pálido de lo normal, pero aún así una pequeña sonrisa estaba en su rostro.
-¿Quién era? – pregunté y el dejó el teléfono en la mesa de la cocina.
-No podrás creerlo- soltó y eso me asustó.
-Edward… me asustas ¿Quién era?- volví a preguntar y apagué la cocina para girarme completamente a mirarlo.
-La encargada social…-
Edward Pov.
Miré como mi hermosa esposa procesaba la noticia, yo también había quedado sorprendido, pero, sin embargo, no sabía la razón de su llamada.
-¿Qué quería?- preguntó en un susurro. Ella al igual que yo no habíamos sabido de la encargada desde que entregamos a la bebé y su llamada se me hacía sospechosa.
-Nos pidió que fuéramos mañana a la central, no me dijo la razón- comenté sentándome y apoyando el codo en la mesa para luego apoyar mi cabeza en la palma de mi mano.
-¿Crees que haya algún problema grave?- se sentó a mi lado y tomé sus manos entre las mías.
-No lo sé, pero algo me dice que no es bueno – suspiré, estaba agotado y preocupado.
-Bueno… eso lo veremos mañana, ahora ¿Quieres comer? – sabía que Bella intentaba salir adelante, había superado la mayor parte de la perdida, pero el entregar a nuestra hija quedó con una herida que nunca se sanará por completo.
Comimos y luego de alistarnos para dormir nos acostamos abrazados, a los pocos minutos ella cayó en un sueño profundo y yo la seguí al poco tiempo.
Me desperté sin apuros, hoy tenía el día libre y lo aprovecharía al máximo, miré hacia mi pecho y encontré el pelo de Bella esparcido por él y su cabeza recostada en mí, sonreí ante la suerte que la vida me había dado en hallarla. Como aún era temprano comencé a planear en qué haríamos, pero la voz de la encargada social llegó a mis oídos y recordé lo del día anterior.
-Bella…- comencé a moverla, debíamos irnos, por lo que la encargada me había comentado, nos necesitaba cerca de las diez, miré el reloj y eran las ocho y media, la hora exacta para comenzar a levantarnos. – Amor…- susurré en su oído pero se solo se movió -. Debemos levantarnos…
-Cinco minutos más…- pidió y me reí, parecía una niña pequeña.
-Debemos levantarnos… -volví a susurrarle.
-Cuatro minutos más - habló adormilada apretando su abrazo a mi cintura.
-No podemos…- acaricié su pelo y soltó un suspiro. Comenzó a moverse y de a poco se fue levantando hasta quedar sentada –. Buenos días dormilona.
-¿Por qué me has despertado? - se quejó haciendo un leve puchero, sabía que se levantaba todos los días demasiado temprano y los días libres los disfrutaba al máximo, pero debíamos cumplir con la encargada.
-Recuerda lo de ayer - la vi sorprenderse, al parecer se había olvidado al igual que yo.
-Verdad…- se levantó y la miré desde la cama -. ¿No pensarás levantarte?- preguntó desde el baño mientras le echaba pasta a su cepillo de dientes.
-Báñate tu primero, luego yo- vi como hacía un mohín y sabía perfectamente la razón.
-¡Es injusto! Tú te has despertado primero, deberías haberme dejado a mí en la cama- me reí y me encogí de hombros.
-Si así lo quieres- me levanté y tomé una toalla del estante cuando llegué al baño –. Sabes que me demoro más que tú en la ducha- caminé hasta la ducha y di el agua.
-Creo que he cambiado de opinión- agarró la toalla de mis manos y me echó del baño, rodé los ojos, siempre tan típico de ella, sabía que se demoraría cerca de una hora, así que preferí bajar a hacer el desayuno.
Luego que ambos estuvimos listos y desayunados, nos subimos al auto y emprendí camino hacia la central, hace demasiado tiempo que no iba a ese lugar, pero aun mi memoria se sabía el camino con exactitud. Sabía que la encargada me había dado la dirección, pero no fue necesario mirarla. Estaba nervioso y no sabía lo que podía pasar, pero pedía porque no fuera malo.
Estacioné el auto en uno de los espacios vacíos y nos bajamos. Tomados de la mano caminamos hasta la entrada y un guardia de seguridad nos abrió la puerta.
-Gracias- dijimos ambos y nos dirigimos a la recepción.
-Hola, ¿En qué los puedo ayudar?- preguntó una chica que estaba pendiente más de la computadora de quienes atendía.
-La encargada de adopciones nos ha llamado ¿Podrías avisarle que hemos llegado por favor? – asintió mientras escribía en la computadora.
-¿Nombres?- le iba a decir el nombre de mi esposa y el mío, pero Bella se me adelanto.
-Edward e Isabella Cullen- sonreí. Amaba su nombre junto a mi apellido, me hacía sentirla mía.
La secretaria reaccionó casi al instante y nos miró a ambos.
-¡Claro! ¡Ustedes son! La encargada los está esperando en el quinto piso - ¿El quinto? Yo que recordara la encargada atendía en el séptimo.
Caminamos hacia el elevador y apretamos el botón del piso correspondiente, podía notar como Bella miraba todo atentamente, claro, todo estaba igual y a ambos nos traía malos recuerdos. Sentimos como el elevador llegó a su destino y abrió sus puertas, tiré de mi esposa y entramos a la sala. En esta se encontraban dos chicas, más la secretaria del lugar el que estaba lleno de cubículos para trabajar. Nos encaminamos hasta ella, pero antes de llegar la voz de la encargada nos llamó.
-Edward e Isabella Cullen- nos volteamos y la vimos parada al lado de uno de los tantos cubículos que se hallaban en el lugar y nos hizo señas para que nos acercáramos, con Bella obedecimos y llegamos hasta ella.
-¡Pero qué gusto volverlos a ver! Los estaba esperando- miré con perplejidad a la mujer y al parecer notó mi expresión. –Es muy importante-.
Bella Pov.
-Es muy importante…- sus palabras resonaban en mi cabeza, quería salir de ahí y encerrarme en mi habitación, llorar hasta que las lágrimas se me agotasen. Este lugar me traía tantos recuerdos, recuerdos que odiaba, y que con mucho dolor y esfuerzo había intentado borrar, pero al venir habían vuelto tan rápidamente como una estrella fugaz.
-¿Por qué nos ha llamado?- formulé, me costó decirlo, tenía un nudo acumulado en la garganta.
-Tomen asiento- nos invitó y nos mostró dos asientos de a un lado del escritorio, con Edward nos sentamos y ella nos imitó sentándose en el suyo.
-Verán- comenzó y juntó sus manos -. Ustedes dieron hace quince años a una bebé en adopción, su caso no era igual al de los…
-¿Hasta dónde quiere llegar?- la voz de Edward fue dura, sabía que las palabras de la encargada me hacían demasiado daño.
-Lo siento, pero es demasiado complicado- removió sus manos -. Hace dos días los padres adoptivos de su hija han muerto…- soltó de repente y me sorprendí demasiado porque fuera al grano tan rápido. Como una curita, díselo rápido y el dolor y la sorpresa serán más fáciles de superar.
-¿Cómo?- volvió a preguntar mi esposo y yo apreté su mano, recibiendo un apretón de vuelta.
-Verán, los padres adoptivos de ella han sufrido un accidente automovilístico, dejando a ambas hermanas huérfanas… - no dejaba de estar sorprendida ante las palabras de la mujer que teníamos enfrente, mi bebé había quedado huérfana. De pronto sentí como lágrimas se acumulaban en mis ojos y sin poder evitarlo solté un sollozo.
-¿Qué pasa amor? – miré a Edward quien no estaba mejor que yo, pero se mantenía al margen.
-¿Es que no lo ves? Se ha quedado huérfana…- lloré y Edward rió.
-No has estado escuchando Bella… - bajé la mirada, solo había escuchado el comienzo.
-Bueno lo vuelvo a repetir… - me sequé las lágrimas y presté atención –. La niña ha quedado huérfana junto a su hermana, pero ya lo hemos hablado con los directores de la agrupación y todos están de acuerdo, ante a su caso, decidimos… decidimos que si ustedes querían ella automáticamente pasaría a tener su apellido – no daba crédito a las palabras de la encargada, no podía creerlo, mi bebé de vuelta, simplemente no me imaginaba con ella en nuestra familia en estos momentos.
-Cla…claro, si tu lo quieres- miré a Edward y este me miró dolido.
-¿Piensas que no quiero? …- negué, solo había sido una pregunta estúpida. Miré a la encargada esta vez con los ojos con lágrimas acumuladas de felicidad y esta nos miraba con una sonrisa.
-Bien, solo tendrán que firmar unos papeles que estarán dentro de dos días y ella ya será parte de su familia otra vez- sonreí feliz y Edward me abrazó.
-¿Dónde dormirá ella en estos días? – pregunté preocupada y la encargada suspiró.
-No queda otra que en el orfanato, han pasado automáticamente a ese lugar, pero son bien tratadas – me puse a pensar en la hermana de nuestra hija, ella debía quedarse en el orfanato.
-Y, ¿Qué pasa con la hermana? – recordé a la niñita morena que entró radiante el día en que entregué a mi bebé, ella no debía tener a nadie.
-La cadena de su familia tiene unos tíos que ya han firmado por ella, será entregada mañana - al oír las palabras solté un suspiro, lo decía con tanta facilidad, yo que recordara en una central de adopción el niño entregado no se devolvía, esto parecía una tienda de juguetes.
-Pero… no puede ocurrir todo tan fácilmente- negué con la cabeza aturdida.
-Hannah y John se preocuparon de buscar a niñas que hayan sido entregadas por obligación, por si pasaba lo que está pasando en estos momentos, ellas tuvieran una familia que las quisiera aún – sonreí aliviada, esperaba que Hannah y John tuvieran una linda vida en el otro lado. Eran las mejores personas.
-Bueno… si solo nos llamaba por eso, vendremos a firmar en dos días - la voz de Edward me sorprendió, se había mantenido en silencio todo el tiempo y una sonrisa en su cara mostraba que estaba igual que yo de feliz con la noticia.
-Sí, los esperaré - nos levantamos y la encargada nos habló antes que saliéramos -. Si quieren pueden conocerla- me mordí el labio nerviosa, no había pensado en ese detalle y ¿Si ella no me quería por haberla dado en adopción? Ella no conocía nuestra historia a lo mejor.
-Claro- contestó un ansioso Edward y tiró de mí para que siguiéramos a la encargada.
-Edward y ¿Si no quiere vernos? – comenté asustada.
-Solo demuéstrale que eres buena - me abrazó y besó mi frente cariñosamente.
Llegamos hasta el lugar donde estaba la secretaria y pude darme cuenta que se hallaban dos niñas, una morenita y otra de pelo castaño, son ellas, me reproché por no haberles prestado atención al llegar. La encargada se acercó a ellas y le habló a la chica castaña, mantenía la cabeza gacha y se pasaba la mano por la cara cada treinta segundos.
-Hey- le habló dulcemente la encargada -, tienes visita- vi como le sonrió y la adolescente soltaba un pequeño sollozo, algo que me partió el corazón, me dolía verla así, siendo que no la conocía con profundidad.
La mujer nos miró y nos indicó que debíamos hablarle.
-Nos vemos en dos días, no se preocupen, estará en buenas manos - asentimos y se fue, con Edward no sabíamos que hacer, pero luego de pensarlo y tomar el valor suficiente me acerqué a ella.
-Hola…- me agaché hasta quedar a su altura -. Soy Bella ¿Cómo te llamas? – vi como levantó su cabeza unos ojos enrojecidos y del color verde tan característico de Edward me miraron.
-April…
Nota autora: Hola!Aquí les traigo otro capi, es pronto como algunas me pidieron gracias por todos los follow y los reviews espero que me den muchos más con este capi informándome que tal les pareció. Un beso y nos leemos prontito!
Val.
