Disclaimer: Harry Potter no me pertenece, son obra de JK. Rowling.

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Capítulo 2

Adara Phelps entro en el cuarto de su hijo, estaba feliz no solo por la fecha en particular que se celebraba ese día, más bien porque ya habían pasado siete años desde que ese hermoso pequeño de ojos esmeralda y rebelde cabello azabache con puntas rojas entrara en sus vidas y junto a él llego Mortem el "adorado familiar animal" de la familia.

Había sido muy extraño cuando en medio de la noche se escuchó que tocaban a la puerta, ella no se encontraba en las mejores condiciones, la pérdida de su hijo y la terrible noticia de que ninguno de sus embarazos llegaría a feliz término azotaba su mente una y otra vez, su esposo trataba de consolarla a su manera y ella lo agradecía, pero a la vez sufría porque sabía que el principal sueño de ambos era tener un niño y formar una familia.

Recordó que cuando eso sucedió se encontraban en la cocina, su esposo había preparado una cena ligera y a su gusto tratando de instarla a comer, ya que llevaba un día entero sin probar bocado y ya lo estaba preocupando lo suficiente para que una expresión se formara en su rostro algo poco común en él, se levantó con la gracia que la caracterizaba e insto a su esposo a acompañarla a recibir a la visita, ella no era una persona que se dejara ver vencida tan fácilmente, podía estar destruida por dentro y aun así ante los demás siempre tendría un actitud firme y decidida por lo menos de su casa para fuera.

Se dirigieron a la puerta de entrada, pero antes de llegar descubrieron en la entrada de su hogar una figura etérea casi irreal, era como ver uno de esos hermosos ángeles de los cuentos de hadas y esas grandes ilustraciones de artistas famosos, pero este era real. Inmediatamente su esposo se puso delante de ella como un escudo para defenderla, ese deslumbrante ser los miro con sus inhumanos ojos plateados, podía sentir como los analizaba buscando algo que al parecer encontró y satisfecho les dedico una sonrisa arrogante.

Adara mentiría si dijera que por un momento no temió por su vida y la de su compañero, la criatura frente a ellos era hermosa y atrayente, pero había algo en ese ser que le provocaba una extraña mezcla de tranquilidad y miedo, en su actitud no había nada amenazante y fuera de esa sonrisa arrogante sus ojos le hicieron saber que no estaba en peligro, aun no dejaba de sentir un escalofrió temeroso recorrer su cuerpo ante su presencia; cuando sintió a su esposo estremecerse sutilmente supo que el compartía sus mismo sentimiento, se acercaron a aquel hambre como en una especie de trance el magnetismo atrayente superando su miedo y este les ofreció con voz suave y engañosa la oportunidad de tener a un niño, un bebe para criar y ver crecer… esta revelación vino con la presentación del niño más lindo que hubiera visto en su vida de rebelde cabello azabache con las puntas de color rojo -como cuando se pintan el cabello y dejan crecer las raíces- piel pálida y un halo brilloso que cubría todo su pequeño cuerpecito.

Había quedado innegablemente prendada de aquel niño, analizo con recelo al etéreo ser, si debía admitirlo esa situación era demasiada perfecta para ser verdad, él podría ser un demonio burlándose de su deseo de ser padres o un ángel que se apiado de ellos, sus ojos se desviaron nuevamente al deslumbrante niño en la cesta y se dio cuenta que no le importaban los orígenes de la criatura, no eran religiosa y si aquel niño era el hijo de un demonio que traería destrucción o un santo que traería salvación poco importaba, solo le interesaba el hecho que sería su niño, su pequeño.

La dama compartió una mirada con su esposo, en los ojos de este también brillaba la aceptación compartida con la de ella, tomando un respiro y con voz firme, pero respetuosa pregunto al etéreo ser que era lo que pedía a cambio de su ofrecimiento, este los miro con aprobación, con su extraña voz le pregunto acerca de que estarían dispuestos a hacer a cambio del niño.

Su esposo tomo su mano, ella la apretó un poco dándole seguridad para las palabras que diría a continuación y que seguramente serian su condena de ser aquello en verdad la tentación de un demonio, con la mirada firme su amado pronuncio aquellas simples pero verdaderas palabras.

-Lo que sea…

Por su parte Adara sintió un cálido cosquilleo apoderarse de ella al ver a su querido esposo enfrentarse a tal situación solo por hacerla feliz y sintió que su amor por él creció aún más, su atención fue reclamada nuevamente por la criatura que les ofrecía al niño, ella se adelantó y con cuidado extrajo al durmiente de la cesta donde se hallaba y lo acuno en sus brazos encantada al sentir el suave tacto del niño, sintió a su esposo abrazarla desde su espalda y por fin después de mucho tiempo se sintió completa, al fin tenia a la familia que tanto había deseado.

El extraño hombre hablo en ese momento rompiendo el feliz momento que compartían, por un momento se habían olvidado de él, este les había dicho que el pequeño se llamaba Harry James Potter y que cumplía al concluir el séptimo mes, por ultimo dejo bien en claro que él permanecería al lado del niño siendo él quien se encargaría de educarlo, los miro fríamente al decir esas palabras dejándoles advertidos de no interferir con su trabajo, al final les informo que se "comunicaría" con ellos solo de ser necesario.

-Simples mortales, es un mocoso especial el que les estoy dando… espero que sepan apreciarlo y agradecérmelo.

Fueron sus últimas palabras antes de que, frente sus sorprendidos ojos, aquel ser etéreo muto su forma a la de una pequeña serpiente de oscuras escamas y ojos plateados rasgados por una fina línea negra, la ahora serpiente se arrastró hacia ellos y subió por una temblorosa Adara hasta llegar a sus brazos donde se encontraba el menor e introducirse –literalmente- en el menor, inmediatamente Adara reviso preocupada al niño y revelo una inusual marca en forma de serpiente de donde se asomó como una bruma la cabeza de la criatura para luego desaparecer.

Trato de calmarse, en ese momento entendió que había quedado sobre ellos la enorme responsabilidad de criar a un niño sumamente especial y diferente, que tal vez vendría con cosas escalofriantes y momentos difíciles, pero en su interior sintió que todo eso valdría la pena. Miro con todo el amor que sentía por él a su esposo y este le dio una cálida y comprensiva sonrisa de esas poco frecuentes en su serio rostro, solo eso necesito para saber que nada más importaba ya solo le quedaba acostumbrarse.

-¿No podías elegir algo más… desapercibido y menos mortal?- pregunto intrigada y reprobadora a la marca de serpiente, pero con una enorme sonrisa, expectante y feliz por fin tenía una familia.

Al día siguiente se movilizaron para adoptar legalmente al pequeño Harry Potter, por respeto de sus antiguos padres habían decidido dejarle el nombre, así pues el pequeño paso a ser Harry John Phelps Golski hijo adoptivo de Adara Phelps de soltera Golski y Christopher Phelps, había sido un proceso relativamente fácil gracias a las influencias de su esposo el cual provenía de una larga lista de políticos y empresarios de los cuales aunque no heredo la profesión si los contactos y relaciones con personas importantes en muchos ámbitos.

-Te agradezco el favor Sachar- dijo Christopher mientras recibía los documentos de adopción debidamente firmado y aprobado de las manos de la morena mujer de azules ojos conocedores, Sachar Jhosefin era una de las jueza más reconocida del momento y amiga de la familia Phelps.

-A sido un placer Christopher, yo más que nadie se lo mucho que deseas tener un hijo- concedió Jhosefin mirándolo comprensiva.

-Sí, ahora por fin lo tengo- dijo revisando los documentos que lo hacía legalmente padre.

Jhosefin miro al joven frente a ella con felicidad, a pesar de que Christopher no siguiera con el linaje político de su familia no se podía negar que era un Phelps, para ella era como un hijo ya que lo había visto crecer, gracias a la asociación con su familia cuando apenas iniciaba su carrera y podía preciarse de ser unas de las pocas personas que podía leer la felicidad y emoción en su inexpresivo y sereno rostro que en esos momentos leían analíticamente los documentos.

Una vez terminado todos los trámites necesarios él se levantó del asiento que había estado ocupando frente al escritorio de la jueza y nuevamente agradeciéndole se marchó.

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Harry desde temprana edad demostró una inteligencia superior a cualquier niño, y eso lo demostró cuando al despertar este se enteraron que con solo un añito ya era capaz de caminar y decir unas cuantas palabras, la principal de todas era "no", al principio había sido difícil, el niño parecía verlos como los extraños que eran, rechazando la presencia de ambos, debieron tener mucha paciencia y con algunos cuantos mimos poco a poco lograron que se acostumbrara a ellos y por fin que después de unas difíciles semanas el pequeño empezó a reconocerlos como sus nuevos padres.

Demás está decir que la nueva madre estaba embelesada con las hermosas esmeralda que eran los ojos de su niño que siempre la veía como si la analizara y que de vez en cuando para completo desconcierto de ambos se volvían dos pozos negros que resultaban ser atemorizantes, pero para ellos ese miedo se eclipsaba con la angelical sonrisa del menor. A sus casi cuatro años ellos se sorprendieron gratamente cuando se dieron cuenta que había aprendido a leer, la vanidosa serpiente le había enseñado, ella era la que más tiempo pasaba con él, nunca lo escucharon quejarse por el contraria parecía disfrutar de las –a su parecer- titánicas clases de la serpiente.

Con sus seis años cumplidos en verdad era considerado un prodigio, se había adelantado tanto a todos sus compañero que en esos momentos no podían hacer más que conseguirle tutores privados, siempre respetando su horario de estudio con la serpiente ¿cómo no ser así? si a su pequeño le encantaba leer, podía devorarse un libro de más de quinientas páginas en menos de dos hora, su memoria y nivel de compresión era increíble y Mortem –como se llamaba su serpenteante compañero- no podía estar más orgulloso. A pesar de eso él pequeño siempre tenía tiempo para salir con ellos y disfrutar de su tiempo en familia, más que todo desde que su tío John Golski el cual siempre los metía en las circunstancias más inverosímiles gracias a su trabajo como "arqueólogo" –que para ella solo era su excusa para viajar por el mundo cumpliendo sus caprichos- había vuelto a su vida después de estar casi tres años en una excavación en Egipto.

Aunque no todo había sido fácil, Mortem no solo se había concentrado en enseñarle conocimientos mundanos, también le había enseñado a controlar su magia y poder, más de una vez los tres –John incluido- habían participado en esa educación, aunque solo para socorrerlo si algo salía mal o proporcionando los sitios adecuados para realizar tal o cual práctica.

Ella no era ninguna tonta y sabía que a pesar de ser los "padres" del niño y cuidar de él, ellos solo eran la tapadera y los que proporcionaban diversión y cuidado a Harry, ya que su educación había sido tomada por la oscura serpiente. En verdad se había sorprendido cuando supo que su pequeño era en realidad un mago.

Había pasado por diferentes etapas hasta que llego a la aceptación, aceptación que la llevo a agradecer la presencia de la vanidosa serpiente ya que ni ella ni su esposo y mucho menos John serian capases de enseñar y educar a Harry en un concepto tan lejano a su comprensión como era la magia o ese tal mundo mágico, pero eso la llevo a descubrir un mundo completamente nuevo y mirar las cosas de un modo diferente… aunque eso no quería decir que le doliese menos el no poder ser de mucha utilidad para su niño.

Poco a poco y con el pasar de los años se habían acostumbrado tanto a la magia y a las cosas "extrañas" que ya eran inmunes al miedo o susto que estas pudieran causar a cualquier otra persona, por el contrario se maravillaba ante el don de Harry.

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-Harry ¿estás listo?- pregunto Adara saliéndose de sus pensamientos y regresando a la realidad.

-Sí madre, ya estoy listo- le respondió cortésmente el menor ya vestido con una camisa blanca, corbata, chaleco y pantalón de color negro, se veía tan elegante y distinguido.

-Te vez muy guapo- dijo haciendo sonreír al menor- ven para arreglarte el cabello

Lo guio hacia la peinadora donde el menor se sentó, y mirándolo con adoración tomo un cepillo de suaves cerdas y comenzó a peinar el sedoso cabello de dos colores, para controlar el rebelde cabello lo habían dejado crecer, en esos momentos le llegaba a media espalda cayendo en suaves ondas que tenían un degrades de color desde el negro hasta el rojo fuego, ella adoraba peinar tan inusual pelo y deleitarse en su suave textura, tomo la parte de arriba del cabello y lo tejió en un pulcra trenza dejando el resto caer suelto sobre la espalda del menor.

-Ya estás listo.

Harry se miró en el espejo y aprecio el peinado, hermoso, como siempre eran los peinados de la dama, estaba feliz ese día celebrarían el cumpleaños de su madre e iban a ir a un lujoso restaurant, agradecía la familia que tenía lo llenaban de alegría y calidez.

Una vez listos se dispusieron a bajar, su madre le ofreció la mano y él la tomo de manera galante como todo un caballero emprendiendo su camino fuera de su cuarto. Desde que tenía memoria Harry siempre recordaba sus espectaculares salidas y viajes con sus padres en las cuales casi constantemente contaban con la presencia de su tío como adición a tan memorables eventos, su familia no era descomunalmente rica, pero si tenía el suficiente poder económico para vivir de manera acomodada y dándose el gusto de viajar continuamente, su padre tenían un viñedo a las afuera de Londres donde estaban muchas de sus mejores memorias, pero más que eso era una de las principales empresas de la que su padre era dueño.

Caminaron con paso lento tomados de la mano y bajando las escaleras llegaron a la planta baja donde aguardaba su padre con una expresión serena, pero indescifrable. Su padre Christopher Phelps era una persona con porte elegante y profesional con una destacable altura, ya rosaba a los treinta, pero aun así era muy guapo. De cabello castaño claro y ojos morados, pensó en lo cariñoso y entregado que podía ser aunque esta era una faceta de él que solo era vista por ellos.

Volteo a ver a su madre que miraba con cariño en su padre, Adara Phelps una mujer que ese día cumplía los treinta años, era la envidia de muchas debido a su belleza que se acentuaba con los años, largo cabello rubio, ojos azules como el cielo y labios rojos como la sangre, tan fina y delicada como una rosa, siempre sonriente, siempre amable… pero al igual que las rosas tenía sus espinas que aparecían cuando menos lo esperabas y eso era algo que le encantaba de ella, porque después la veía toda sonrojada por mostrar tales modales frente a él.

Una vez reunidos en la entrada, salieron hacia la tranquila noche y montaron en el auto, el ojimorado lo puso en marcha dando inicio a la celebración de esa noche. Minutos después de un relajante recorrido llegaron al restaurant, Christopher le abrió la puerta del auto a su esposa y ofreciéndole la mano la ayudo a bajar. Harry observo el lugar, era hermoso de altas paredes con columnas que sostenían el techo, del centro de este salía un enorme candelabro que parecía hecho de cristal, en la parte posterior del mismo se encontraba una tarima donde en esos momentos se hallaban tocando una pequeña orquesta una suave música de fondo.

-Buenas noches sean bienvenidos señores- les dijo cordialmente el maître acercándoseles – ¿mesa para tres? O ¿Tienen reservación?

-Una reservación a nombre de los Phelps- respondió el ojimorado.

Con un asentimiento el maître comenzó a revisar en una lista y una vez que los encontró en esta, fueron conducidos al interior del edificio a través de una puerta ubicada cerca de la tarima que llevaba a unas mini habitaciones privadas, el maître les indico cual era la suya y con un leve ademan de la mano se despidió después de entregarles el menú e indicarles que en breve vendrían por su pedido. Sobre la mesa se encontraba una botella de vino en una cubitera con hielo y vasos dispuestos para tres personas.

-Feliz cumpleaños querida/madre- dijeron tanto el padre como el hijo besando cada dorso de las manos de la única dama presente en el lugar.

La felicidad que inundaba a su madre era palpable y eso lo enorgullecía, sabía que muchas personas con las que se relacionaba su padre criticaban el hecho de que nunca habían realizados las pomposas fiestas de cumpleaños que ellos gustaban hacer solo para celebrar la miseria de un año menos de vida, para él era más gratificante su tradición, ese era un momento de relajarse y uno de los pocos en los que se olvidaba del estudio y era solo un niño "normal" con sus padres, cada cumpleaños hacían lo que el celebrado quería, aunque por lo general siempre pedían lo mismo.

En el caso de su padre continuamente iban a ver o practicar algún deporte, a él le encantaba viajar a los sitios exóticos del mundo y con la dama de su corazón su madre visitaban como en esa ocasión los restaurantes más lujosos y su tío era otra historia él sí que era impredecible y eso lo volvía emocionante, para ellos esa costumbre de picar el pastel y dar regalos era algo que carecía de sentido.

-Gracias Chris, Harry- respondió su madre con una cálida sonrisa- espero disfruten el lugar, este restaurant lleva poco tiempo abierto, pero según me informaron su comida es exquisita- dijo tomando el menú y comenzando a ojear entre la selección de comidas y postres.

Los dos varones en la habitación se miraron y sonrieron disfrutando de la emoción que reflejaba Adara.

La cena estuvo deliciosa y la conversación amena, el mesero había traído rápidamente su pedido, hablaron de lo lastimoso que era que John no hubiera podido acompañarlos debida a la excavación que estaba haciendo en algún sitio de Sudáfrica. Degustaron la comida y la acompañaron con una copa de vino, Harry acostumbraba siempre a degustar los vinos cosa que le fue enseñada por su padre desde la tierna edad de cuatro años, primero la observación, determinar el tipo de vino y su grado de envejecimiento, determinado por la conjugación del color y los reflejos, luego a través del olfato se determina la calidad, la intensidad y la persistencia del sabor y finalmente probarlo para obtener otras sensaciones, además del sabor, como la textura del vino, el cuerpo, la aspereza del tanino y la sensación picante del gas carbónico, si era amargo, ácido, salado o dulce.

La sensación residual que permanecía después de haber tomado el vino, ayudaba a evaluar su calidad y persistencia… y le encantaba cuando su padre le felicitaba por acertar en todo, luego del plato principal se fueron a los postres, Adara pidió un delicioso soufflé de chocolate, Christopher había optado por solo tomar un café, Harry por su parte pidió un pastel de chocolate cubierto de chocolate.

Después de que hubieran cenado y comido su postre regresaron a su hogar, fue un viaje tranquilo, la ojiazul miro con adoración a Harry que se había quedado dormido en la parte trasera del auto, a sus ojos parecía un angelito.

-No lo despertemos- susurro a su esposo cuando llegaron de vuelta a su hogar y este asintió, se bajaron con cuidado de no hacer ruido y abriendo la puerta de atrás del carro tomo al niño con cuidado de no despertarlo y lo llevo a su habitación donde lo deposito con suma delicadeza en la cama y procedió a quitarle la corbata y los zapatos.

Adara se acercó a la habitación de su hijo y se recostó de la puerta, mirando a Chris arropar al durmiente y como Mortem salía de debajo de la almohada de la cama y después de mirarlos con sus rasgados ojos plateados que parecían ciegos sacando su bífida lengua tanteando el ambiente paso a revisar al pequeño y luego de que Christopher se alejara se introdujo en la serpiente dibujada que se encontraba en la piel del menor, la serpiente siempre tenía esa costumbre de examinar al ojiesmeralda cada vez que llegaba luego de que salían sin él, a ella le daba risa ese comportamiento protector por parte de la vanidosa serpiente que siempre decía que no le importaba nadie más que él mismo, Christopher se unió a ella en la puerta y luego de un dulce beso se alejaron de la habitación de su hijo cerrando la puerta tras ellos.