Disclaimer: Harry Potter y su universo son propiedad de JK Rowling
2-EL EXPRESO DE HOGWARTS
El tren se alejó del andén nueve y tres cuartos de King's Cross. Su ligero pero continuo traqueteo despertó a Al de sus ensoñaciones. Se encontraba junto a Rose en mitad del pasillo del tren, con su equipaje bloqueando el paso. Debían encontrar un compartimento donde sentarse y dejar sus cosas. Quizá como primera aventura fuera un poco normalita (para la mayoría de la gente probablemente no fuera siquiera una aventura), pero Al estaba decidido a que fuera el primer gran paso de su particular odisea.
-Venga, busquemos un compartimento.-dijo, tratando de contener la emoción.
-En el andén estuve hablando con Molly y Lysander, y me dijeron que nos guardarían un sitio. Deberían estar un par de vagones más adelante.-dijo Rose.
-¡De ninguna manera!-protestó Al, indignado.
-¿Ein?¿Qué tiene de malo?-preguntó Rose, confundida por tal reacción.
-¿No lo entiendes, Rosie?¡Para estar con nuestros primos y amigos ya hemos tenido once años! Lo que tenemos que hacer es buscar un compartimento con alguien de nuestra edad que no conozcamos y hacernos amigos suyos. Esa es la gracia del viaje.-explicó Al.
-Pe...pero ya lo había planificado. No puedo cambiar de idea ahora.-contraargumentó Rose.
-¡Olvida los planes!¡Hablas como el tío Percy! Es más, justo ahora que Molly se libra del tío Percy de verdad, sería una faena que tuviera que hacer el viaje con una Percy en miniatura.
-No soy una Percy en miniatura.-dijo una visiblemente enojada Rose. Suspiró y finalmente cedió.-Está bien, busquemos un compartimento libre de Weasleys.
-¡Ese es el espíritu, Rosie!-dijo Al con júbilo.
Los dos niños avanzaron con sus maletas en dirección a la locomotora. En el primer vagón al que accedieron miraron si había sitio libre en alguno de los compartimentos, pero no era así. Al no dejó de notar como alguno de los alumnos se quedaba mirándole a través de la ventanilla, lo que le producía cierta incomodidad. Pero no tardó en olvidarse de ello, ante la llamativa escena que se producía en el fondo del vagón. Ante uno de los compartimentos, una docena de los alumnos más mayores, todos ellos chicos, se apiñaban en torno a la ventana del compartimento, mirando en su interior con evidente satisfacción.
-Me preguntó que ocurrirá ahí.-comentó Rose.
-Vamos a verlo.-dijo Al despreocupadamente, y se encaminó hacia allí.
-¡Espera!¿No se suponía que estábamos buscando sitio?
-Rosie, ¿Qué hemos dicho de planificarlo todo? Además, no nos llevará más de un momento.
-Vale, de acuerdo.- aceptó Rose, aunque eso de burlarse de sus planes empezaba a molestarla seriamente.
Los dos niños llegaron a la altura donde empezaba la pequeña aglomeración y se abrieron paso, debiendo separar a alguno de los chicos con empujones. Incluso escucharon como alguno de ellos protestaba diciendo que esperasen su turno, pero no tardaron en tener acceso a la ventana y echar un vistazo a lo que atraía a tanta gente allí. Al mirar, no les sorprendió lo que vieron.
-Por supuesto.-dijo Rose, con cierta nota de aburrimiento en su voz, como si la razón de aquello hubiese sido evidente desde el principio. -Victoire.
Efectivamente, en ese compartimento se hallaba la prima mayor de ambos, Victoire Weasley. La joven hija de Bill y Fleur era a sus diecisiete años, se mirase por donde se mirase, una mujer impresionante. Su larga melena pelirroja, característica del linaje Weasley, resplandecía como si estuviera hecho de puro fuego; sus ojos azules, entreabiertos, eran por contra la misma esencia del mar. Se hallaba recostada ocupando todo el banco, en una pose casual, mientras echaba miradas distraídas a la ventana donde se agolpaban sus admiradores. En el compartimento únicamente estaban ella y su mejor amiga, Desire Wallace, quien también era toda una belleza de ébano, más que capaz de atraer las miradas de la gente aún sin la genética veela con la que contaba su amiga. Fue esta quien se percató de la presencia de Al y Rose en la ventana y se lo hizo notar a Victoire, quien abrió los ojos y les hizo una seña con la mano como saludo.
-¡Guau, Victoire me ha saludado!¡Sabía que aunque hayamos sido compañeros durante años y no recordara mi nombre había una química especial entre nosotros!-dijo extasiado el chico que se hallaba junto a Al.
-¿Qué dices, flipao?¡Me señalaba claramente a mí!-le replicó el que se encontraba junto a Rose.
Y ambos comenzaron a discutir. Los dos primos, por su parte, se retiraron discretamente del lugar y pasaron al siguiente vagón.
-Típico de Victoire.-comentó Al, acostumbrado a que su prima provocase semejantes escenas.- ¿Crees que cambiaría algo si supieran que sale con Teddy?
-Lo dudo mucho.-respondió Rose con una sonrisa irónica.- Además, Victoire es muy diva. Le encanta ser el centro de atención. Por ejemplo, ella es prefecta de Gryffindor, y creo que Desire lo es de Ravenclaw, pero en vez de hacer la ronda como deberían, están ahí tumbadas. Dominique es más discreta en ese aspecto.
-No entiendo como no ha querido venir nunca a Hogwarts.
-Ella está muy contenta yendo a estudiar a Beauxbatons. Es muy buen colegio, por lo que he leído, pero yo prefiero Hogwarts por mucho.
-En fin, allá ella. Nosotros sigamos con lo nuestro.-dijo Al.
En ese vagón sí había compartimentos ocupados con sitios libres, pero los alumnos no parecían ser de primero, así que siguieron adelante. De uno de ellos salió un chico, algo mayor que ellos pero menor que Victoire, al que Albus reconoció como uno de los hijos de la mejor amiga de su madre, Luna Lovegood. Ahora, lo que no sabría decir es cual de ellos era.
-Rosie, Al ¿Qué tal?-les saludó.- Lysander me dijo que él y Molly os estaban esperando. Están en ese compartimente de ahí delante, a la derecha.
-Eh...gracias, Lorcan. Enseguida vamos.-dijo Rose, ruborizándose casi intantáneamente, aunque Lorcan no se fijo, presuroso por llegar al baño del tren.
-Así que era Lorcan. Nunca soy capaz de distinguirlos.- comentó Al.
-Bueno, se acabó. Vamos con Molly.-dijo Rose.
-¿Qué?¡No!-se quejó Al. Aquella era su primera aventura. No podía terminar de una forma tan cutre.
-Si no vamos, cuando me encuentre con Molly lo voy a pasar fatal.
-¡Venga ya!¡Ni que estuviéramos rompiendo las reglas o algo así!¡Solo es un viaje en tren!
-Pero tendremos que pasar por enfrente de su compartimento. SI nos ven pasando de largo me voy a morir de vergüenza.
-Oh, por favor.-dijo Al sin dar crédito. Le encantaba estar con su prima, pero no se podía negar que como compañera de aventuras era una verdadera lata. Pero tampoco era cuestión de hacerla pasarlo mal, aunque lo pasase mal por detalles que a él le resultasen ridículos.-Haremos esto, pasaremos a cuatro patas y no nos verán.
-Va...vale. Hagámoslo.- claudicó Rose, agachándose.
-Ve tú primero, yo te sigo.
-Voy.-confirmó Rose.
La ventana del compartimento estaba un metro sobre el suelo, por lo que no había opción de que Molly o Lysander viesen el pequeño cuerpo de Rose a través de ella, pero eso no fue óbice para que la primogénita de Hermione Granger y Ron Weasley atravesase el corto tramo que les separaba del siguiente vagón con tanto cuidado como si estuviera infiltrándose en la guarida de un dragón. Al principio, a Albus le resultó exasperante, pero la verdad es que viendo la intensidad con la que se lo estaba tomando Rose acabó pareciéndole divertido, y en el retorcido y lleno de normas universo de su prima, incluso admirable. Él, por su parte, tras un leve vistazo con el que confirmó que Molly y Lysander no estaban agazapados vigilantes ante la ventana del compartimento, cruzó andando tranquilamente arrastrando el equipaje de ambos, sin que Rose lo notara. Cuando finalmente llegaron al final del vagón, Rose se levantó triunfante.
-¡Guau, lo hemos hecho!-exclamó, exultante.
-Bien por ti.-la felicitó Al.
-¡Adelante, a por el siguiente vagón!-dijo, imbuida del espíritu aventurero de Albus, y cruzó de vagón.
Mientras, Al le dedicaba una sonrisa y un encogimiento de hombros a un desconcertado Loncar Scamander que regresaba a su compartimento.
Nada más entrar en el vagón que tenían a continuación, Al oyó una voz que conocía bien.
-¡CUIDADO!-les gritó James a los recién llegados.
Y es que una especie de cohete se dirigía directamente hacia ellos. El chico que acompañaba a James sacó su varita, y con ella redirigió el cohete, que viró el rumbo cuando estaba apenas a unos centímetros de la cara de Rose. El cohete siguió danzando por el vagón, pero lo que permaneció fue un pestilente hedor.
-Cohetes fétidos.-dijo Rose con desagrado.- Típico del mayor dúo de gamberros que ha dado el mundo mágico: James Potter y Fred Weasley.
Los dos aludidos se lo tomaron como un gran elogio y sonrieron. A James le brillaron sus ojos marrones. Tenía el pelo negro alborotado de su padre, pero su cara no podía recordar más a su madre.
-Cohetes fétidos teledirigidos.-la corrigió Fred. El joven mulato de pelo negro era de los escasos Weasleys que se habían librado del pelo rojo seña de identidad de la familia, pues había salido a su madre, Angelina Johnson.- Con el genuino sello de calidad de Sortilegios Weasley.
-Los artículos de Sortilegios Weasley están prohibidos en Hogwarts, y por extensión las normas de Hogwarts también se aplican en el Expreso de Hogwarts.- les riñó Rose.
-Rosie, Rosie, Rosie.- dijo James negando con la cabeza.- lo que realmente quiere decir esa norma es que están prohibidos en presencia de un profesor o prefecto de Hogwarts. Y aquí no hay ninguno de los dos. Según el horario de los prefectos le tocaría ronda a Victoire, pero está...
-Sabemos donde está.- intervino Al.
-Y está liada con Teddy. Tremendo.- dijo James, aún atónito por su descubrimiento.
-Hacen una pareja ideal, no sé a que viene tanta sorpresa.- dijo Rose.
-Se. Estaban. Dando. El. Lote.- explicó James muy despacio, desesperado porque comprendiesen la trascendencia del asunto.
-A todo esto, ¿Qué hacéis aún por los pasillos?- preguntó Fred- Todo el mundo está sentado ya, salvo el niño rubio despistado aquel y, bueno, nosotros.
-Queríamos encontrar un compartimento con alguien de nuestra edad para, ya sabéis, ir haciendo amigos. Pero vayamos a donde vayamos, hay Weasleys por todas partes.- dijo Al.
-Sí, somos como una plaga.-se rió Fred.
-Si eso es lo que queréis, en ese compartimento hay uno de primero.-dijo James señalando el compartimento de su izquierda.- Está solo, no sería mala idea que le hicierais compañía.
-Muy bien, pues ahí iremos ¡Gracias, James!- dijo Al llevando sus cosas donde su hermano le había indicado.
-¡Con suerte será buen amigo tuyo si os mandan a Slytherin!- reanudó su broma de por la mañana James.
-¿Sabes qué? Igual sí que termino yendo a Slytherin.- dijo Al entrando en el compartimento.
-Espera. ¿Qué?
Pero James no obtendría jamás respuesta, pues Rose cerró tras de sí la puerta del compartimento.
Efectivamente, como James había dicho, el habitáculo tenía un solo ocupante. Un chico, más bajo y delgado que ellos, de pelo corto rubio oscuro, ojos saltones azules, que vestía un jersey marrón claro y vaqueros negros. Al verlos aparecer, se les quedo mirando, aunque de forma diferente al resto de alumnos que lo habían hecho hasta ahora.
-Perdón. ¿podemos sentarnos?- preguntó Rose con educación.
-Sí, claro. Por favor.- respondió el chico.
-Gracias.- dijo Al, colocando en los laterales del compartimento su equipaje y el de Rose, pero cargar con ambos era algo pesado para él.
-Deja, permite que te ayude.- se ofreció el chico, y juntos lo colocaron sin esfuerzo, tras lo que se sentaron frente a frente, con Al al lado de Rose.
-Mi nombre es Rose Granger-Weasley.- dijo esta, extendiendo la mano hacia él.
-Peter Van Zant.- correspondió este a su saludo.- Encantado.
-Y yo soy Albus, Albus Potter. Puedes llamarme Al.
-Potter...- musitó Peter mientras saludaba a Al.- Ese nombre me suena, pero no sé de qué.
-Su padre es un auror muy conocido, igual es eso.- explicó Rose.
-¿Auror? No sé que es eso.- dijo Peter con tono casi de disculpa.- Mi familia no es muy activa en el mundo mágico.
-Oh, perdona. ¿Tus padres son muggles? Mis abuelos, los padres de mi madre, sí lo son, e incluso ahora se siguen sorprendiendo de la magia.- dijo Rose.
-En mi caso es un poco más complicado que eso.- dijo Peter.
-¿Y eso?- se interesó Al.- O son muggles o son magos.
-Ya, claro. Es una larga historia.- se excusó Peter.
-Aún queda tiempo para llegar a Hogwarts. Podemos intercambiar historias. Si quieres.- dijo Al.
-De acuerdo.- aceptó Peter. -Veréis, mis padres sí que son muggles, pero no son para nada ajenos a la magia. Mi madre es una squib, así que mis abuelos son magos. Ellos son los más entusiasmados con que lo sea yo. La familia de mi padre, en cambio, son todos muggles, pero que han estado involucrados siempre en el mundo mágico. Descendemos de un linaje de magos muy prestigioso en el continente, pero en algún momento, hace cientos de años, se dividió en dos ramas, una muggle, que fue la que se estableció en Inglaterra, y otra de magos, que se quedó en el continente y se extinguió hace algunas décadas.
-Vaya, así que aunque seáis de familia muggle ya conocíais la magia.- dijo Al.
-Así es.- confirmó Peter.
-Fascinante.- dijo Rose.- Ahora es a mí a quien le suena tu apellido. ¿Es posible que seas descendiente del gran Frederik Van Zant?
-En mi familia Frederik es un nombre común.- explicó Peter, y Al creyó ver una sombra de tensión en su cara al hacerlo.- Pero uno de ellos es él, en efecto. Fue a partir de él que se dividió la estirpe.
-¿Quién es Frederik Van Zant?- preguntó Al, confuso.
-Fue un director de Beauxbatons muy famoso.- contestó Rose.- Casi tan importante para ellos como Dumbledore para Hogwarts. Se le conoce sobre todo por sus investigaciones sobre la melomagia.
-¿La meloqué?-siguió preguntando Al, cada vez más confuso.
-Es la relación entre música y magia.- relevó Peter a Rose en sus explicaciones.- Básicamente, era una forma de hacer magia mediante instrumentos musicales en vez de varita, o incluso mediante el canto.
-Fue muy importante en ciertas épocas de los siglos XVII y XVIII, más en la Europa continental que aquí.- prosiguió Rose, encantada de poder demostrar sus conocimientos.- Pero su uso decayó y hoy prácticamente está abandonada. Lo cuál es lógico, con la varita solo necesitas saber magia, con la melomagia además de saber magia debes ser un virtuoso con el instrumento que uses.
-Entonces es algo que ni siquiera se usa. Que útil.- ironizó Al.
-¡Al, no seas grosero!- le reprendió Rose.
-Lo que está muerto debe permanecer muerto, es ridículo hacer como si siguiera vivo.- comentó Peter, mirando el paisaje que el tren dejaba tras de sí.
Los tres niños quedaron en silencio un par de segundos. Silencio abruptamente roto por la repentina apertura de la puerta del compartimento.
-¡Disculpad!¿Está libre este sitio?- les preguntó el chico rubio que habían visto en el andén.
-Claro.- dijo Peter, y el chico se sentó a su lado.
Al y Rose se quedaron mirándole fijamente, y la chica señaló:
-Eres Scorpius Malfoy.
-Y tú eres Rose Granger-Weasley.-replicó Scorpius.- Y tú eres Albus Potter.
-Yo soy Peter Van Zant.- dijo Peter.- Pero creo que aquí pasa algo que no entiendo.
Al supo que Peter estaba en lo cierto. Él tampoco entendía del todo por qué, pero de repente el compartimento quedó envuelto en un clima de tensión. Como si viejos fantasmas buscasen retribución, pensó Al. Se preguntó si su padre había tenido alguna historia con el padre de Scorpius en el tren. Luego pensó en las palabras de Peter " Lo que está muerto debe permanecer muerto, es ridículo hacer como si siguiera vivo", y no pudo más que estar de acuerdo: aquello era ridículo.
-Encantado de conocerte, Scorpius.- dijo Al.- Creo que nuestros padres ya se conocían.
-Sí. Mi padre no habla mucho de ello, pero admira al tuyo.
-¿Ah, sí?¿Y eso?- preguntó Al, que no se esperaba aquello.
-Bueno, ¿Quién no lo hace? Tras la Batalla de Hogwarts...- iba a responder Scorpius, pero Peter los interrumpió.
-¡Claro, la Batalla de Hogwarts!¡Por eso me sonaba tu apellido!
-¿Eh?-se sorprendió Albus.
Por supuesto, conocía, como cualquiera en el mundo mágico, la Batalla de Hogwarts. El enfrentamiento definitivo entre las fuerzas del bien y los ejércitos del mal. Fue allí donde murieron los padres de Teddy, o su tío Fred. Sabía que sus padres habían estado allí, pero para él aquello no era nada especial ¡Todos los adultos que conocía habían participado!
-Mi padre me dijo que debía ganarte en todo, no debe caerle muy bien el tuyo.- dijo Rose con una ligera sonrisa.
-Supongo que no. ¡Pero no te creas que seré un rival fácil de batir!- dijo Scorpius, animándose.
-¡Ja! No tienes nada que hacer.- se jactó Rose, medio en broma medio en serio.- He estudiado los libros que nos han mandado, y ya me los sé de memoria.
-Cualquiera puede aprender la teoría.- repuso Scorpius, sacando su varita.- ¡Es la práctica lo que diferencia a los mejores!
-Si tan seguro estás, deberíamos apostarnos algo para ver quien saca mejores notas a final de año.- dijo Rose con euforia.
-Ey, ey, ey, ¿Eso no será pasarse mucho, primita?- dijo Al, que conocía bien la naturaleza competitiva de la pelirroja.
-Sí, quizás me he venido un poco arriba...- admitió esta.
-Entonces eso significa que gano por eliminación.- dijo Scorpius con una sonrisita de suficiencia.
-¡De ninguna manera!- protestó Rose.- ¡Hagamoslo!
-Si insistes...- aceptó Scorpius como si no fuera con él la cosa. -¿Qué nos jugamos?
Rose se quedo pensando que sería lo adecuado para poner el juego en semejante reto. Al cabao de un rato, sin decir nada, fue hacia su baúl, y tras apartar unos cuantos libros, extrajo uno en concreto, que enseñó a los presentes.
-¡Los Cuentos de Beedle el Bardo!- anunció.- Una antigua edición en rúnico legada a mi madre por el mismísimo Albus Dumbledore.
Si pretendía impresionar a los presentes, desde luego lo había conseguido. Albus no daba crédito a lo que acababa de pasar, y se preguntaba si le había imbuido demasiado espíritu aventurero a su prima. Peter también estaba asombrado, pues pese a su origen muggle el nombre de Dumbledore era bien conocido por cualquiera algo vinculado a la comunidad mágica. Y Scorpius miraba el libro que sostenía Rose dándose cuenta de que había llevado su juego más lejos de lo que le hubiese gustado.
-Oye, eso parece muy personal, quizá no sea buena idea...- comenzó a decir Scorpius.
-¡Ajajá!¡Entonces es cierto lo que dice mi padre de la cobardía de los Malfoy!- se burló Rose.
Al supo en seguida que su prima había dado en hueso, al ver la expresión del rostro de Scorpius, de repente desencajado por las involuntariamente duras palabras de la hija de Ronald Weasley. Como había hecho ella instantes antes, fue a su baúl y de él saco lo que parecía una pequeña cajita, con dos orificios en medio.
-Ojalá Estuvieras Aquí- dijo Scorpius solemnemente.
-Esto...¿De que estás hablando?- preguntó Al sin entender que quería decir Scorpius.
-Es un cassette.- explicó Peter.- Es un sistema de reproducción de música muggle de hace décadas.
-En efecto. Wish You Were Here, sencillo del álbum homónimo de Pink Floyd de 1975. Es el primer objeto muggle de mi pequeña colección, así que es tan importante para mí como para ti ese libro. Probablemente más.- puntualizó Scorpius..
-De acuerdo. Trato hecho, quien gane se lo lleva todo.- zanjó la cuestión Rose, acercando su varita a la de Scorpius, y este hizo lo mismo. Cuando estuvieron a escasos milímetros, saltó una pequeña chispa.
-¿Eres hijo de muggles?- le preguntó Scorpius a Peter al volver a su asiento, con mucho interés.
-Sí, más o menos.- repitió Peter.- Mi madre es squib y la familia de mi padre ya había estado relacionada con la magia antes.
-Desciende de Frederik Van Zant.- señaló Rose, pero a Scorpius no pareció impresionarle demasiado.
-¿Y cómo es?- preguntó con interés.
-Pues no sé. Normal, supongo.- dijo Peter.
-Eso es lo que me parece más impresionante, que vivir sin magia, progresando por puro esfuerzo, os parezca una cosa normal.- dijo Scorpius maravillado.
-Veo que te apasionan los muggles.- comentó Al.- Y eso que me pareció oír a mi tío decir que tu familia es de sangre limpia.
-Sí, los encuentro fascinantes.- admitió Scorpius.- A mi abuela le horroriza, pero a mis padres les parece bien. Ojalá tuviera algún pariente muggle...
-Yo tengo un tío muggle, primo de mi padre, creo, pero nunca le veo.- dijo Al.
-Yo tengo a mis abuelos.-comentó Rose.- Y aparte está nuestro abuelo Arthur, que es de sangre limpia, pero un fanático de todo lo relacionado los muggles.
-La convivencia con los muggles es el camino de los magos. Eso dice mi padre.- dijo Scorpius.
-Las relaciones abiertas entre magos y maggles a lo largo de la historia suelen ser tensas.- señaló Peter, con gesto tenso.
-Por eso creo que la asignatura más importante que tendremos es Estudios Muggles.¿Os podéis creer que antes de que McGonagall fuera directora no era obligatoria? Quien sabe la de cosas que se podrían haber evitado con solo enseñar sobre lo que es diferente.- dijo Scorpius con mirada melancólica.
Al pensó que Scorpius hablaba de una experiencia propia, pero prefirió no preguntar nada. Al cabo de un rato, llamaron a la puerta. Una señora portaba un carrito repleto de golosinas de todo tipo. Compraron unas cuantas, en especial varias ranas de chocolate, puesto que Ron le había pedido a su hija que si tenía oportunidad le buscase el cromo de Agripa, pero no hubo suerte. Acabaron intercambiando los cromos entre sí, discutiendo quien era mejor mago o bruja, y elucubrando sobre quien ganaría en un duelo, si Circe o Morgana. En definitiva, echando unas buenas risas.
-Anda, mira que casualidad.-le dijo Rose a Peter.- Tu antepasado, Frederik Van Zant.
Rose le enseñó el cromo al resto del grupo. En él se veía a un mago bastante mayor, de melena y barba rubia, aunque surcadas por mechones blancos. El mago les obsequió con una tímida sonrisa, aunque a Al le pareció que, aún siendo un dibujo, el mago estaba preocupado por algo. No era el único que pensaba de una manera semejante.
-Parece triste.- comentó Peter, tomando el cromo que le ofrecía Rose, y guardándolo en su bolsillo.
-Creo que este te interesará bastante, Al.- dijo Scorpius pasandole otro cromo.
Albus lo cogió y le echó un vistazo. Se trataba del cromo de Albus Dumbledore. La imagen de este parecía muy intimidante y solemne, pero a diferencia del cromo de Van Zant, los azules ojos de Dumbledore le devolvían la mirada, tras unas gafas de media luna, con expresión divertida y jovial.
Al había crecido escuchando grandes historias de Dumbledore. Cuando su padre hablaba sobre él lo hacía con mucho cariño, sabía que su relación había sido muy cercana. Tan cercana como para ponerle a él mismo su nombre en su honor. Y entonces, un pensamiento que jamás se había planteado cruzó por su mente. ¿Sería capaz él, Albus Potter, de estar mínimamente cerca de la talla de aquel hombre?¿Había siquiera alguna expectativa al respecto? Entonces recordó lo que su padre le había dicho en el andén antes de que el tren partiera.
-Mi padre me dijo que me pusieron el nombre de dos directores de Hogwarts.- empezó a decir.- Y que uno de ellos era el hombre más valiente que jamás conoció.
-¿Ah, sí?- dijo Scorpius mientras ojeaba los cromos que había obtenido.- ¿Cuál es el otro?
-Severus.
Scorpius levantó la mirada de los cromos para decir.
-¿Severus?¿Severus Snape?
-Supongo que sí.- contestó Al. La verdad es que nunca había reflexionado sobre ello hasta ese momento
-¿Snape? No me suena ese nombre...- dijo Rose, extrañándose a sí misma por no conocer ese dato.
-Fue director únicamente el último año de mi padre, entre la muerte de Dumbledore y la Batalla de Hogwarts. Antes era el Jefe de Casa de Slytherin, y el principal mentor de mi padre. Él dice lo mismo que el tuyo, que era el hombre más valiente que conoció. Mi abuela Narcissa tiene incluso mejor opinión de él.
-Si tan valiente fue, debería salir en algún libro de historia, y no lo hace. Exageran.- apuntó Rose, ligeramente molesta por no saber de quien hablaban.
-Si mi padre dijo eso, es que es verdad.- se quejó Al.- Me lo dijo para que no me diera miedo ir a Slytherin...
-¿Tenías miedo de ir a Slytherin?¿Y eso?- preguntó Scorpius.
-Bueno, es que todos en nuestra familia han ido a Gryffindor. Y como hay rivalidad entre Gryffindor y Slytherin...
-Tonterías.- replicó el joven Malfoy.- Hay rivalidad entre "algunos" Gryffindor y "algunos" Slytherin, no en general. Mirad nosotros, yo voy a ser Slytherin y no veo que estemos siendo rivales.
-Bueno, lo de la apuesta esa que habéis hecho creo que cuente como rivalidad...- puntualizó Peter.
-¿Cómo estás tan seguro de que en casa vas a estar?- preguntó Albus, algo celoso de la convicción de Scorpius.
-Es mi legado, mi sangre. ¿Cómo iba a ir a otra Casa?- explicó Scorpius lo que para él era una obviedad.
-Entonces yo iré a Gryffindor sí o sí, porque sería mi legado..- dijo Al.
-No, no, no, no, no.- le contradijo Scorpius.- A Gryffindor vas por valiente, aunque según mis padres los actos de valor de los Gryffindor suelen ser en realidad actos de estupidez. Si lo que realmente quieres es honrar tu legado, tu casa debe ser Slytherin.
-No lo entiendo del todo.- admitió Al.- Pero eso no suena mal.
-¡Un momento!- interrumpió Rose.- ¿Cómo vas a ir a Slytherin si te gustan tanto las cosas de muggles?
-No veo que tiene que ver una cosa con la otra.- dijo Scorpius.
-Pues que la seña de identidad de Slytherin es precisamente la sangre limpia. Salazar Slytherin despreciaba a los muggles.
-¿Y qué más da eso? No todos los que vayamos a Slytherin somos tal cual era Salazar Slytherin, eso sería ridículo. Decís que vuestra familia es toda de Gryffindor, ¿Son todos iguales entre sí?
-Pues no.- se percató Al.- Te diría que en el pelo rojo sí, pero alguno nos escaqueamos hasta de eso.
-La verdad es que nos has enseñado una bonita lección, Scorpius.- reconoció Rose, satisfecha de haber aprendido algo nuevo. Aunque eso no disminuyó su vena competitiva.- Igual no haces el ridículo del todo en nuestra apuesta.
Scorpius rió y acto seguido se dirigió a Peter.
-¿Y a ti donde te gustaría ir, Peter?
-Pues a mí me da bastante igual. Mis parientes magos más próximos son mis abuelos maternos, él era Hufflepuff y ella fue Ravenclaw, así que no habría ninguna dinastía ni nada por el estilo. No me importaría compartir casa con vosotros, la verdad.
Uno profunda voz que sonó por todo el tren interrumpió la animada conversación de los futuros aprendices de magia, haciendo ese futuro un poquito más real.
-Llegaremos a Hogwarts dentro de cinco minutos. Por favor, dejen su equipaje en el tren, se llo llevarán por separado al colegio.
Al cayó en la cuenta de que todavía no se había puesto la obligatoria túnica de Hogwarts, y seguía llevando la ropa muggle con que había ido a King's Cross. Peter y Scorpius tampoco se habían vestido aún, solo Rose había sido suficientemente previsora, como era usual en ella aunque a menudo se pasase. Al miró a su prima con elocuencia:
-Rose ¿Nos disculpas, por favor?
La pelirroja se dio cuenta de la situación y salió del compartimento, lo que los chicos aprovecharon para cambiarse a última hora. Mientras lo hacían, el tren fue aminorando progresivamente hasta finalmente detenerse. Cuando por fin estuvieron listos, salieron al pasillo, dándose cuenta de que eran de los últimos en bajar del tren. Los tres descendieron al pequeño y oscuro andén de la estación de Hogsmeade. Al no encontraba a Rose entre la multitud. Realmente, era difícil ver nada en la oscuridad de la noche. Una tintineante lámpara rompió la negrura, y Al oyó como una voz que conocía bastante bien decía:
-¡Primer año!¡Los de primer año por aquí!
Al vio a Hagrid, el guardabosques del colegio y gran amigo de sus padres, reunir a todos los alumnos de primero en torno a su enorme cuerpo, iluminado por la luz de la lámpara que sostenía sobre ellos su aún más enorme hermanastro Grawp. La mayoría de los niños miraban asustados al gigante. Este les dedicaba una turbadora sonrisa deforme, que lejos de tranquilizarlos, los asustó más. Al observó que una de las chicas, de cabello oscuro y rasgos asiáticos, empezó a sollozar de puro miedo, y oyó como Hagrid la tranquilizaba. Pero a él lo que le interesaba era ubicar a su prima. Echó un vistazo alrededor, y creyó reconocer a Rose tomando el camino opuesto. Queriendo evitar que se perdiera, giró bruscamente en su dirección, y se estampó de bruces con el muchacho que estaba tras él, cayendo al suelo por el impacto.
-¡Ay!
-¡Cuidado!- le dijo el chico, estando Al ya en el suelo.- ¿Estás bien?
El joven se agachó para ayudar a levantar a Albus. A él no le había afectado en nada el choque, cosa lógica ya que era un chico bastante más alto y corpulento que el propio Al, de tez oscura y pelo corto negro.
-Gracias.- dijo Al mientras este le alzaba sin mucho esfuerzo.
-¿Qué estabas haciendo? Los de primero tenemos que ir por ahí.
-Estaba buscando a...- empezó a decir Al, pero al mirar en la dirección donde creía estaba Rose se dio cuenta de que en realidad era Victoire. Las había confundido por su melena roja.- Nada, olvídalo. Espera ¿eres de primero?
El chico le dedicó una media sonrisa que Al interpretó correctamente como que estaba más que acostumbrado a esa pregunta. Era claramente el más alto y grande de todos los allí reunidos.
-Me llamo DeMarcus.- se presentó.
-Yo Albus. Llámame Al.- aunque no hubiera hecho falta que se presentase porque al instante siguiente ya se ocupó Hagrid de presentarle a todos sus compañeros.
-¡ALBUS POTTER!- bramó con jovialidad.- Deja de perder el tiempo y ven acá de una vez.
Todos los rostros se giraron hacia él. Al, ruborizado se aproximó al grupo junto a DeMarcus, colocándose a Peter y Scorpius, quienes le aguardaban. Una vez allí, Al reconoció a la verdadera Rose, quien estaba consolando a la visiblemente asustada muchacha que había visto sollozando antes.
-¿Estamos todos?- preguntó Hagrid, mientras se cercioraba que estaban todos los alumnos que debían estar.- Bien. Seguidme por aquí. Grawpy, tú vete ya. ¡Decid adiós a Grawp, chicos!
El gigante le cedió la lámpara a Hagrid y a continuación desapareció entre la maleza colindante, despedido con algún aliviado "Adiós, Grawp" por parte de los alumnos. Estos siguieron a Hgrid por un estrecho sendero rodeado de tupidos árboles. Era comprensible que Grawp se hubiese marchado por su lado, ya que no había forma de que cupiera por esa senda.
-Al doblar esta curva, tendréis la primera visión de Hogwarts.- anunció Hagrid.
Según iban doblando la mencionada curva, se sucedían las exclamaciones de sorpresa y asombro. Incluso Al, que ya lo había visto en un par de ocasiones, no pudo reprimir un aullido de emoción al vislumbrar el impresionante castillo, con sus grandes torres, que pronto se convertiría en su hogar.
El sendero que habían seguido desembocaba en un enorme lago, completamente negro bajo el manto de la noche. En la orilla había una pequeña flota de botes sin remos.
-¡Cuatro alumnos en cada bote!- les gritó Hagrid.
Como estaban a la cola del pelotón, Al, DeMarcus, Peter y Scorpius fueron los últimos en subir a un bote. A Al le hubiera gustado compartir ese momento con su prima, pero al instante se dio cuenta de lo irónico de ese pensamiento, siendo él quien la había incitado en el tren a buscar nuevos amigos. Aún así, mientras los botes surcaban las lisas aguas del lago rumbo al castillo, buscó a Rose con la mirada, encontrándola en uno de los primeros botes, mirando ensimismada al castillo. En ese mismo bote, una chica de pelo corto negro estaba sentada de perfil en la popa con los ojos cerrados, que parecía estar disfrutando de la ligera brisa. Al pensó que aquella pose era bastante peligrosa, y como respondiendo a lo que pensaba, la chica abrió los ojos. No le miró directamente, Al solo apreció brevemente un ojo marrón antes de que se sentase como el resto de los alumnos, pero, de alguna extraña manera, Al supo que había sido él quien la había hecho reaccionar.
-¡Cuidado con las cabezas!- les indicó Hagrid, pues los botes se aproximaban al peñasco sobre el que se erguía Hogwarts. Atravesaron una cortina de hiedra y desembarcaron en un muelle subterráneo bajo el castillo. El guardabosques les guió a través de unos escalones tallados en la propia roca desnuda hasta una gran puerta de roble.
-Hemos llegado. Por fin.- dijo Rose extasiada, colocándose al lado de su primo.
Hagrid llamó tres veces a la puerta, y de inmediato esta se abrió. El enorme vestíbulo, iluminado por resplandecientes antorchas y con un techo tan elevado que ni se veía, se abría ante ellos. De frente, una elegante escalera de mármol conducía a los pisos superiores, y entre los alumnos y dicha escalera, un hombre de mediana edad, de pelo castaño con las sienes plateadas, vestido con una holgada túnica naranja verde esmeralda, les aguardaba.
-Profesor Bullock, los alumnos de primer año.- dijo Hagrid.
-Gracias, Hagrid. Ahora me ocuparé yo de ellos.
-De acuerdo. Nos vemos en el Gran Comedor.- dijo Hagrid, cediéndole el mando de los chicos. Antes de retirarse, les susurró a los hijos de sus amigos.- Hasta ahora, Rosie, Al.
Los alumnos entraron al vestíbulo. Numerosas voces se oían provenientes del portal situado a su derecha. Al supuso que ahí debía estar el Gran Comedor, donde le esperaba su hermano James. Nuevamente, se preguntó si iría a Gryffindor como toda su familia. Pero el profesor Bullock no los llevo allí, si no que los llevó a una modesta habitación anexa, totalmente vacía. Al comprobó que el resto de alumnos estaban como mínimo tan nerviosos como él.
-Bienvenidos a Hogwarts.- dijo el profesor Bullock.- Mi nombre es Francis Bullock, soy el director adjunto de este centro, y también seré vuestro profesor de Transformaciones. Quizá os estéis preguntando porque no hemos entrado al Gran Comedor, donde en breve se celebrará el banquete de comienzo de año. La razón es que antes de eso debe celebrarse el rito de la Selección. Para quien no lo sepa, Hogwarts fue fundado por cuatro poderosos magos, y aún a día de hoy el alumnado de esta institución se divide en cuatro casas en su honor. Las casas serán vuestra familia aquí, vuestros triunfos serán los de vuestra casa, y vuestras derrotas, también lo serán. Cuando hablo de triunfo y derrota lo hago en sentido literal, a final de año la casa que más puntos haya acumulado, ganará la Copa de las Casas. La Selección, como habréis adivinado, no es si no el medio de asignaros a la casa que mejor encaje con vuestras virtudes: Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin, esta última bajo mi cargo. Aparte de ello, tras los trágicos sucesos ocurridos en este mismo castillo hace unos años, aunque antes de que vosotros nacierais, tendréis a vuestra disposición diferentes Clubes Interclase que servirán para fomentar la cooperación y amistad entre las distintas casas, de los que os informarán los prefectos de la casa que os toque a lo largo de la semana próxima. La ceremonia empezará en pocos minutos, esperadme aquí y os avisaré cuando todo esté preparado.
El profesor Bullock salió de la habitación. Al notaba como el corazón le latía con fuerza. El momento que tanto había temido y deseado era inminente. ¿Cuál sería su casa?¿Cómo honraría su legado? Pronto lo sabría. Al menos, podría estar con su hermano y sus primos en esos Clubes Interclase...¿Pero qué estaba pensando? Albus se dio cuenta de que, por algún motivo, ya daba por supuesto que no iría a Gryffindor. Y eso ya no le daba miedo.
Un agudo chillido interrumpió sus pensamientos. Era la misma chica asiática que se había asustado antes de Grawp. Aunque esta vez con más motivo incluso, pues tenía al lado a un fantasma más que siniestro, de rostro demacrado e inexpresivo, manchado de sangre plateada.
-Barón, basta de juegos. Estáis asustando a los niños.- le reprendió el fantasma de una mujer alta y hermosa, de larga melena y aura arrogante y autoritaria. El fantasma ensangrentado murmuró algo que a Albus le sonó a protesta y se alzó hacia el techo, donde otra docena de fantasmas cruzaban de pared a pared, y a los que se unió. El fantasma que había ayudado a la chica le acarició la mejilla y la dijo con un tono mucho más dulce.- No has de temer al Barón, muchacha.
-No...no entiendo que pasa...- dijo la chica medio sollozando.
-Si tienes miedo de lo que no entiendes, entonces la manera de superar ese miedo no es otra que aprender. Aprende, aprende todo lo que puedas y un poquito más. Ese es el consejo de tu amiga, la Dama Gris.- dijo la mujer, y se alejó flotando con el resto de fantasmas.
La chica parecía mucho más calmada. Al supuso que vendría de una familia muggle y todo aquello la pillaba por sorpresa. Pero el consejo que le había dado la Dama Gris le parecía muy válido para su propia situación. Scorpius había dicho algo similar en el tren. Aprender lo que desconocemos. Miró fijamente las puertas que le separaban del Gran Comedor, de su hermano, de su legado. Las puertas que le separaban de la Selección. Y supo que no la temería más. En vez de eso, aprendería de ella.
PRÓXIMO CAPÍTULO: Hijos de sus padres
¡Hola de nuevo! Como os prometí, el protagonismo pasa a ser 100% de la nueva generación, con Albus, Rose y Scorpius a la cabeza. También algún personaje propio que he presentado aquí y allá. Algunas cositas sobre las que me gustaría hacer partticular hincapié:
Los Weasley: hay UN MONTÓN. Y sencillamente no tengo hueco para darles protagonismo a todos en la historia (aunque tendrán sus momentitos de gloria, eso sí, sobre todo Victoire. Y no digo más). He aprovechado la "aventurita" del tren para presentar a los que están en Hogwarts, pero aquí os dejó una pequeña lista para que los ubiquéis mejor:
-Victoire: 7º curso. Prefecta de Gryffindor. Hija de Bill y Fleur.
-Dominique: 4º curso. Estudia en Beauxbatons. Hija de Bill y Fleur.
-Molly: 4º curso. Sale con Lysander Scamander. Hija de Percy.
-Fred: 3º curso. Compañero de gamberradas de James. Hijo de George y Angelina.
-James: 3º curso. El primogénito de Harry y Ginny, of course.
El resto no están en edad escolar, pero quizá los veamos por Navidad.
Severus. Ya os aviso de que soy fan de Snape a fuego. Para mí es EL PERSONAJE de Harry Potter, así en mayúsculas. Pero no obstante para la Historia (la de los libros de texto, no la historia del fanfic) parece como si nunca hubiese existido. ¿Por qué? Aaah, para saberlo tendréis que seguir leyendo el fic.
Peter. Ummm, su apellido me resulta familiar...¿Tendrá relación con la trama del fanfic? Spoiler: sí.
¡Hasta la próxima!
