"Préstame tu mano (y los conquistaremos a todos)."
Por B.B. Asmodeus.
...
Parejas: Kou Seiya (Sailor Star Fighter)/Usagi Tsukino (Sailor Moon). Shingo Tsukino/Personaje sorpresa. Menciones de Mamoru Chiba/Setsuna Meiou (Sailor Pluto). Menciones de Usagi Tsukino/Otros. Antiguo Usagi Tsukino (Sailor Moon)/Mamoru Chiba. Menciones de otras más, pero revelarlas arruinaría el suspenso. XD.
Categoría: Yuri (M/M). Shounen-ai (H/H). Het (M/H). Universo Alterno, Drama, Romance, Sobrenatural, Acción/Aventura, Humor. Lemon. Muerte de Personaje Secundario.
Rating: NC-17/M.
Sinopsis: U-A. Esta es mi versión de Tokio de Cristal a.k.a. Shingo Tsukino creía conocer el mundo de su hermana, creía saber las razones egoístas detrás de su ausencia en la familia. Sin embargo, con la ayuda de personas inesperadas, será arrojado a uno de los escenarios más horrorosos: La Guerra Universal. Entonces aprenderá, de que tanto, lo había estado protegiendo la Neo-Reina Serenity.
Nota 1: Este monstruo comenzó como un regalo de disculpa por borrar "Loyalty & Holler" de mi cuenta. Verán por qué en este apartado.
Disclaimer: Blah, blah, blah, Sailor Moon no me pertenece. Excepto C'ønnor-kun. Él es todo mío. ¿Uy, spoilers?
...
Nota 2: Por más que deseé alargar este capítulo, no se logró. Mil disculpas.
...
...
3
...
C'ønnor estaba haciendo origamis con las facturas del escritorio de Odango, para cuando Seiya entró a la oficina. Había platos con restos de pizza vegetariana en la mesa del centro, señal de que el chiquillo, Luna, y la baka de Usagi ya habían saciado su hambre.
Seiya estaba siendo insultada, lo sabía.
"Hola, chibi."
C'ønnor estiró una estrella de papel en su dirección. Seiya lo aceptó solemnemente, insertándola en el bolsillo frontal de su saco. El niño movió su cabeza con aprobación. Parecía estar de buen humor. Seiya sonrió, retirando unos cabellos rebeldes del flequillo de su pequeña frente. "¿Odango?"
"Con Luna-san en el balcón. Están escogiendo vestidos."
"¿Vestidos?" Frustrada por la causa tan mediocre, Seiya se abrió camino hacia el balcón. Luego gruñó. "¿Me puedes decir que estás haciendo?"
Luna saltó desprevenida, la montaña de vestidos en sus brazos tambaleándose peligrosamente.
Usagi, sin embargo, ni siquiera pestañeó, oprimiendo ciegamente comandos en su Ipad. "Trabajando." No se había molestado con cambiarse fuera de su atuendo de Juntas Reales, aunque sus tacones colgaban del respaldo de una de las sillas, atados de los ajustadores del tobillo. Descansaba sus pies en el cojín de otra de las sillas opuestas a ella, su falda negra arrugada, y mal doblada del borde, por su postura incorrecta. Su blanca blusa había sido garafateada con tinta azul y salsa (de la pizza, Seiya suponía).
"Escoger vestidos y estar en Skype con Minako no es trabajar."
"Lo es, si la razón para escogerlos es subastarlos para caridad. Y estoy mandando unas notificaciones a las Outers Senshis, no en Skype."
"No se suponía que trabajarías hoy. Tenías una cita conmigo." Ignorando a Luna, Seiya caminó hacia su esposa, indignada. Le quito su Ipad a la rubia ágilmente, levantándola lo más alto posible, mientras Odango intentó recuperarla con sus cortos brazos.
"Por favor, por favor, no la rompas, Luna la acaba de comprar." Odango chilló molesta, sus labios formando un diminuto puchero, todavía con rastros del durazno de su lipstick. "Me gusta ésta, es rosa, ¿ves? Muy difícil de conseguir."
"Me importa un bledo si tiene alas y cuerno de unicornio, Odango. Dejaste plantada a tu familia esta noche, deberías estar avergonzada."
Odango frunció su entrecejo y dejo de brincar. "La cena no es hoy, Seiya."
"La cena fue hoy."
Negando con su cabeza la imposibilidad de tal evento, las colitas de Odango golpeando su propio rostro, Usagi consultó con una mirada a su asistente. "Luna—"
"Te lo dije, Usagi-chan. Pero, no me prestaste atención. Lo apunté en tu agenda y dejé diez recados en tu escritorio para que no lo olvidaras, pero, me temo que C'ønnor hizo un zoológico de origamis antes de que los leyeras."
"No metan a inocentes en esto, el error fue tuyo. Tu hermano estuvo esperándote, Odango."
Aparentemente, aún con dificultad para creerlo, Usagi se dejó caer sobre su silla, sus brazos laxos y sus ojos engrandecidos con la reciente epifanía. Seiya sabía muy bien leer el lenguaje no verbal de su chica, podía identificar la culpa llegando a las cejas rubias de Usagi y la neutralidad de las comisuras de sus labios, listos para decir alguna excusa razonable que le ayudara a recibir perdón — Una característica de su personalidad que había adoptado con el puesto real, y una que Seiya odiaba.
"No te molestes, no hay disculpa para tu ausencia de esta noche. Metiste la pata hasta el fondo."
Usagi no fue intimidada, alzó su nariz a los aires, prepotente. "¿Qué era tan especial de esta cena, de todas maneras? Veo a mis padres todo el tiempo."
"Oh, ¿a Shingo-kun, también? Porque si se lo preguntas a él, estoy segura que tendrá mucho que decir al respecto."
Como lo había predijo en su mente, eso le sacó todo el aire a las anclas de la Reina. "Seiya." Odango mordió su labio con sus mejillas ruborizadas (de coraje, Seiya estaba segura). En lugar de continuar, se dio media vuelta para perderse entre los cinco metros de distancia del balcón que estaban libres. La mención de su nombre había vibrado con un tono hiriente, pero Seiya no se ablandaría.
No cuando se trataba de este tema.
"No lo olvidó, ¿verdad?" Discretamente, la doncella que seguía cargando vestidos, susurró. Luna suspiró con preocupación, al sentir el silencio de Seiya como respuesta. "No lo comprendo, ¿tuvo una pelea con él y por eso no quiere verlo?"
"Iie, es más sencillo que eso. Tienen miedo uno del otro. Y es lo más estúpido que he visto. Estos terrícolas son tan raros." Seiya colocó el Ipad a la mesa, terminando de mandar las notificaciones restantes a Sailor Uranus y a Sailor Neptune, para la Misión de mañana. "¿Nos podrías dar un momento?"
"Hai, Seiya-san. ¿Prefieres que lleve a C'ønnor conmigo?"
"Eh. No. Sólo déjale encendida la televisión en la oficina y jala las cortinas de las puertas, ¿por favor? Ah, y dile a Yaten que se levante temprano."
Luna rio como pajarito, tapando sus labios con sus dedos. "Se lo diré, aunque no prometo nada seguro." En cuanto las puertas del balcón estuvieron efectivamente selladas contra espías, Seiya caminó a paso lento, deliberadamente, anunciando su presencia con cada taconazo de sus botines. Usagi estaba recargada sobre el barandal, su cabeza entre sus brazos cruzados. No dijo nada cuando Seiya se acomodó a su lado.
"¿No quieres saber como es ahora?"
"No." Usagi cerró sus ojos, tornando su rostro hacia el lado contrario, caprichosamente.
"Te lo diré, de igual manera. Mmmm, a ver... es de tu estatura. Delgado, algo bronceado. Con buen sentido de la moda. Es todo un bombón, si te soy honesta. Su cabello dorado debe volver locas a las chicas, porque las Inners no dejaban de manosearlo y de inflar su ego con elogios. Hasta llamó la atención de la frígida de Yaten, y ya sabes que tan difícil es que aprecie a otro ser humano, que no sea su adorada Luna."
Silencio. Pero, Seiya sabía que estaba siendo escuchada.
"Es bien educado y da la impresión de ser tímido. Pero, no lo es. Para nada. Es muy valiente. No temió en preguntarme sobre C'ønnor directamente. Quería saber su edad y donde lo habíamos encontrado. Quería conocerlo."
Nada.
Seiya roló sus ojos. "Tu madre me dijo que es muy inteligente pero, que se niega a entrar a la universidad todavía. Está muy preocupada por él... Por su futuro."
Cuando no obtuvo respuesta otra vez, Seiya se enderezó. Se separó de su esposa con la intención de regresar a la oficina para comenzar a preparar a C'ønnor para su hora de dormir — una mano voló de repente para detenerla, jalándola de su brazo descubierto por la manga remangada, dedos callosos cubriendo parte de su tatuaje Azuriyo. Seiya lo permitió, sus ojos buscando los de Usagi. Los encontró, cargados de remordimiento.
"Perdóname. Yo en serio..."
"No me mientas, Odango. Sé que no lo olvidaste. C'ønnor está vestido para la cena. Estabas dispuesta a ir. Pero te acobardaste a último momento, ¿no es así? ¿Por qué?"
Usagi la soltó y batió sus brazos con frustración. "No lo sé, ¿está bien? ¡No lo sé, Seiya!"
"Esa no es una buena respuesta." Seiya recargó una de sus manos en el cristal del balcón, la otra yendo a su cintura. Era la pose que utilizaba para regañar a C'ønnor cuando lo encontrando escribiendo sonetos en las paredes con plumón permanente. Escazas veces fallaba.
Los hombros de Odango temblaron, sin embargo, se mantuvo firme con sus razones irracionales. "Lo siento, en verdad lo siento por decepcionarte, Seiya-chan. Por favor, perdóname."
Seiya la analizó con su mirada por un largo momento. Finalmente suspiró.
"Pues yo lo siento más, Usagi, porque ésta vez una disculpa no es suficiente."
La dejo ahí. Cuando entró a la oficina, C'ønnor miraba un programa especial de la Guerra de Troya, totalmente absorto, rodeado de un nido de origamis. Por supuesto que eso era lo que elegiría ver el nerd de su hijo. "Vamos, es hora de ir a la cama. Mañana será un gran día. Tenemos que madrugar si quieres alcanzar a despedir a tu Mamá-Odango."
"¿Peleaste con Usagi-san?" Siempre curioso, el chiquillo preguntó después de -cuidadosamente- colocar un fragmento de pasta dental en su cepillo. No era pasta de este mundo, sino echo de sustancias de guritita, un mineral de su planeta de origen.
"Ya sabes que no te incumbe los asuntos de adultos, chibi."
"Noewro aguhgy tou—"
"Escupe primero."
Obediente, C'ønnor enjuagó su boca, después de hacer unas exageradas gárgaras. Le gustaba cuidar su voz para sus clases de canto. Además, era imperativo para él estar preparado para el recital del cumpleaños de la Neo-Reina. "No deberías estar celosa de Diamante-san, por más que coquetee y sea encantador, Usagi-san no te traicionaría de esa manera. Te ama mucho."
Seiya casi terminó tumbada sobre la tina del baño en la búsqueda por su jabón facial. "Eso no era, para nada, el problema, Sr. Freud. Pero, gracias por el consejo."
"¿Sabes? El sarcasmo es considerado un mecanismo de defensa que se utiliza cuando una persona no desea admitir—"
"A la cama. Ahora."
El chibi cerró, perfectamente, el frasco de enjuague. "¡Oh, oh! ¿Puedo terminar de ver el programa sobre Troya primero? Quiero saber que sucede con el Príncipe Héctor. Estoy seguro que le ganará al bruto de Aquiles."
"¿Estás pidiéndome permiso o avisándome de tus planes?"
C'ønnor le enseñó sus dientes recién lavados, según él mostrando su lado encantador. Seiya estaba contenta de que, los días donde se podía ver a un C'ønnor manipulando por quedarse despierto una hora más, estaban multiplicándose. Eran preferibles que los días donde se rehusaba a salir de su recámara, perdido en sus recuerdos, solamente por escuchar el estruendo de una taza cayendo sobre el suelo. "¿Quieres verlo conmigo? Héctor me recuerda a Sailor Star Fighter. Ambos son muy fuertes pero, prefieren usar su inteligencia en combate ante todo."
Seiya tuvo que reír ante las tácticas aduladoras. "Está bien, está bien. Espérame en tu habitación, todavía tengo que lavar mi cara."
"¡Arigatou!"
"¡Pero, no subas a Ced a la cama! ¡Todavía no te recuperas de tus alergias!" Fue muy tarde, el chibi era un remolino de pijamas de dragones chinos a medio camino de su recámara ya, sordo a las condiciones de su tutora. A lo lejano, Cedric maulló, seguramente rogando por ser subida a la cama.
Seiya siguió su rutina nocturna, cansada y no sin algo de hambre. Había estado muy molesta como para disfrutar de la comida. Se acostó con C'ønnor a ver una historia que ya conocía de memoria, consolando al chibi cuando el desenlace no lo dejó nada satisfecho. Lo besó de Buenas Noches y se despidió con una promesa de llevarlo al Museo la próxima semana. Ya en su propia cama, dio unas diez vueltas, el sueño eludiéndola.
No podía dormir sola.
Debajo de las puertas de la gigante habitación adjunta a la recámara Real, la cual servía de ropero de la Reina, estaba marcada una línea de luz miel, de vez en cuando, siendo interrumpida por la sombra de los pies de Odango. Había sido construido desde antes de que Seiya se mudara al Palacio. Su propio guardarropa apenas acaparaba una fracción del contenido total, los vestuarios de Usagi rebasándola con cada gancho. Hasta sus uniformes de la secundaria y de la preparatoria estaban guardados ahí, envueltos en plástico para su mejor cuidado. Seiya suponía que era una excelente idea donar todos esos vestidos a la caridad, o se verían en la necesidad de construir otro maldito ropero.
Cuando dieron la una de la madrugada, Seiya no pudo más. Se envolvió en su bata de dormir.
No tocó, solamente deslizó abierto uno de los portales.
"Ni siquiera pienses en donar ése vestido." Habló sin pensar, actuando en impulso al procesar la imagen de Odango acariciando los diamantes del corsé de su vestido de bodas.
Usagi le mandó una mirada petrificante por el susto causado. Odiaba que Seiya apareciera de repente. Sus pómulos rosados hipnotizaron los ojos de Seiya por un instante, tremendamente kawaii con su espontaneidad.
Se recargó en el marco con sus brazos cruzados, registrando piernas desnudas nacaradas—tenía que admitirlo, había sido lo primero que había admirado de Sailor Moon cuando se habían conocido—reveladas a beneficio de los cortos pantis, estilo bóxer, de Hello Kitty que Odango usaba para dormir. Vestía una camiseta gastada de los Chemical Brothers (recuerdo de su luna de miel). Sus odangos dorados permanecían intactos, aunque con hilos de cabellos salidos por todas partes.
"Es el vestido en el que mejor te haz visto."
"Dudo que todavía me entre." Usagi murmuró, sus yemas aun recorriendo la franja de diamantes del vestido, su propio anillo de bodas absorbiendo la luz para resplandecer como estrella.
"¿Planeas venir a la cama algún día o vas a acampar aquí?"
"Me faltan uno cuantos vestidos por escoger." Si Seiya era obstinada, Odango podía ganarle. Para demostrar lo anunciado, la rubia dejó su vestido de novia para desganchar uno rojo que Seiya recordaba de uno de sus cumpleaños. Era bonito, pero Seiya había disfrutado más quitárselo que verlo puesto. Usagi lo aventó a una de las sillas, no molestándose en verlo más de una vez.
Sin hablar, Seiya se adueñó de la primera estructura que sostenía ganchos de vestuario, escogiendo el amarillo que no le había gustado para nada, y tres de los negros que Usagi nunca debería usar, por la inmensa seriedad que estos plasmaban. "Listo, estos deben ser suficientes, ¿verdad?"
Usagi suspiró, pero aceptó los vestidos para acomodarlos sobre las sillas. Re-tomó su Blackberry para mandar, sin duda, un memorándum a la pobre de Luna sobre recogerlos el día de mañana, puesto que Usagi no estaría presente para bajarlos ella misma.
Seiya la esperó, alzando sus cejas impaciente cuando Odango levantó su rostro.
"Pensé... que todavía estabas molesta conmigo."
"Lo estaba, pero ahora solamente te extraño."
Honestamente, odiaba pelear con Usagi, aunque a veces fuera necesario. Seiya había pensado mejor su previo plan y había sufrido algunas ediciones. Uno de sus objetivos anteriores había sido dejar que Odango se marinara en culpa un buen rato, pero ahora le resultaba un plan muy cruel. "Ven aquí." Estiró su propia mano adornada con sus anillos matrimoniales.
Usagi no respondió de inmediato, pero sus grandes ojos se suavizaron. "Tienes razón en enojarte, Seiya. Aunque das miedo cuando lo haces—"
"No, fui muy dura. Lo siento—"
"—Te prometo que compensaré lo de hoy, te lo prometo. " Tan solemne como sus promesas ante la Corte Real, Seiya tenía que sentirse conmovida por ser tomada tan en serio. No era de sorprenderse, no. La Neo-Reina consideraba a su Consorte su mano derecha, era la persona en la que confiaba más—pero, a Seiya todavía le era difícil creer donde había terminado. Esta vida no la había adivinado, ni en un millón de años, cuando había sido mandada a cumplir la misión de Kakyuu-hime.
Mínimo, tenía que pellizcarse cinco veces al día.
Seiya abrazó fuertemente a su Odango, cuando la distancia fue cerrada entre las dos, cubriendo su fría espalda con su propia bata de seda. "¿Le dijiste Buenas Noches a C'ønnor?"
"Estaba dormido cuando fui a verlo, pero se dará cuenta que estuve ahí por todos los origamis que recogí de mi escritorio y que tiene que regresar a su estado normal. Ese diablillo hizo palomas con mi contratos de Importación de Francia, ¡Luna me va a matar!"
Seiya río con ella, pero por dentro, preocupación revolvía su estómago. "Necesita lentes. Lo he atrapado forzar su mirada cuando ve televisión, y ayer, mientras leía las biblias de Tolkien."
"Con esos libros gigantescos que escoge no me sorprende que este quemándose hasta las pestañas." Usagi dijo antes de besarla. Con su boca bien entrenada para acoger los de su amada, Seiya aceptó ternura aunque estaba de humor para una sesión más avanzada. Succionó el labio inferior a su merced, dejándolo rojo como granada.
Esta noche no era la primera en la que Usagi la dejaba plantada. Peor aún, Seiya no era la única que era dejada plantada frecuentemente. Lo entendía. Lo comprendía muy bien. Eternal Sailor Moon era necesitada en la batalla. La Neo-Reina era necesitada para dar discursos, y para viajar por el mundo con la promesa de paz. Usagi Tsukino era necesitada para las sesiones con el psicólogo de su hijo, para desayunar con su familia todas las mañanas, jugar Wii los sábados con C'ønnor y Seiya; así como, también, para alejar las pesadillas de ambos. Odango era necesitada para hacerle el amor a su esposa; para abrazarla, besarla y no preocuparla con los tratos ilícitos que circulaban en la Guerra.
De lo que Seiya no estaba segura era si Usagi estaba recibiendo lo que ella necesitaba. Seiya hacía todo a su alcance para que eso fuera posible, pero Odango, por alguna razón, luchaba contra su corriente. Estaba comenzando a evitar socializar. No aceptaba las invitaciones de sus amigas de salir a despejar el estrés. No acompañaba a Seiya y C'ønnor a sus incursiones por la ciudad. Parecía que estaba casada con Luna por todo el tiempo que pasaban juntas y, ni a Yaten ni a la Reina Consorte le simpatizaba la noción.
"Le encanta estacionarse en tu silla, ¿sabes? Se siente todo un amo y señor."
"Ah, ¿a quién me recuerda?" Usagi se burló dejando caer su cabeza hacia atrás, sus brazos colgando del cuello de Seiya. "Mmm, sabelotodo, sangrón, vanidoso, cosquilludo con su comida, celoso-"
"-No todos pueden ser barriles sin fondo como tú. Y no soy celosa, solamente cuido lo que es mío. Ya sé que ustedes los terrícolas son más liberales en estos aspectos, pero luego se preguntan por qué son tan altos las índices de divorcios de este planeta."
Usagi retorció su nariz como conejo, honorando su nombre. Tenía unas pronunciadas ojeras que Seiya consoló con diminutos besos. "¿Oh, sí? Que yo sepa Taiki es proveniente de Kinmoku-sei también, ¿y cuando la haz visto hacerle escándalos a Artemis?"
"Oi, escándalo es una palabra muy fuerte, ¿no crees? Y Taiki no cuenta, esa mujer es un témpano."
Usagi se carcajeó con un dulce tenor, todo rastro de mal humor desvaneciendo de su rostro. Bien. Era un crimen ver a Odango triste o decaída.
"Baka. Uno solamente tiene que mencionar a Diamante-san para conocer a la ogra que vive dentro de ti."
"Diamante-san te desviste con la mirada, cada vez que están en la misma habitación. Hasta Sailor Uranus quiere hundir su puño en esa cara pervertida."
"Sabe que soy una mujer felizmente casada." Inocente, su Odango rozó la punta de su nariz contra la suya. "Sabe que solamente tengo ojos para ti."
No siendo tan abierta como ella, Seiya hundió su rostro en el perfumado cuello de Usagi en réplica, inhalando vainilla con nuez. Su corazón se contorsionó dentro de su pecho, electrizado con ambrosía al escuchar la confesión tan sincera de la Reina. Nunca se cansaría de acoger tan preciosas palabras de Odango, nunca. Eran una brisa cuando Seiya tenía cólera por el estrés.
"¿Estás preocupada por la misión de mañana?"
Siempre lo preguntaba cuando tenían que realizar una, porque servía para desahogar tensión en vez de guardarla. Usagi se retorció un poco sobre su pecho, ya acostadas sobre la cama. Levantó su rostro y, efectivamente, su mirada estaba húmeda con angustia. Seiya acarició su mejilla para tranquilizarla.
"No quiero dejar abajo a Diamante-san. Está confiando en mí lo más preciado que tiene, Seiya. Hay tantas cosas que pueden salir mal."
"Sí, pero no lo harán. Lo lograrás. Tienes a Sailor Uranus como guardaespaldas y a Sailor Neptune como Líder de Defensa. Las mejores. Las Inners estarán cuidando de tu carga fielmente, no permitirán que nada le suceda. Y... bueno, nosotras estaremos aquí con Sailor Saturn y Sailor Venus. ¿No confías en nosotras para defender Tokio de Cristal en tu lugar?"
Frunciendo su ceño, Odango la miró como diciendo 'no seas tonta'. "No confío en mi."
Seiya comprendía que Usagi no se refería a sus habilidades como Sailor Moon (las cuales continuaba menospreciando un poco, a pesar del buen trabajo que desempeñaba), sino del peligro que ella misma representada como blanco de ataques sorpresas. Sailor Galaxia tenía Animamates en todas partes y quería capturar el Cristal de Plata de la Neo-Reina a toda costa. Si se enteraba de la misión de mañana, la mera presencia de Sailor Moon ponía en riesgo toda la operación.
Sin embargo, el Príncipe Diamante no confiaría en nadie más con esta misión.
"En caso de alguna emergencia, tenemos un plan alternativo, Odango. Deja de preocuparte o llamarás a la mala suerte." Jaló una colita juguetonamente, obligándola a acostarse de nuevo.
"Demo-"
"Duérmete ya o no podrás levantarte mañana."
"Mmmg." Usagi se estiró más cómodamente sobre su propia almohada, enredando sus piernas con la de Seiya. Soplidos chillaron fuera de su nariz, mientras su cuerpo se relajaba, sus parpados caídos, exhaustos. Seiya la observó con un nudo en su diafragma, esta vulnerabilidad que nadie conocía de la Neo-Reina, encendiendo sus instintos protectores. Desató los dorados odangos de su cabello, la práctica rigurosa convirtiendo a Seiya una experta. Era algo tan sencillo, y siempre se le olvidada a Usagi realizarlo, aunque tuviera que pagar su distracción con dolor de cabeza. "No me gusta... que peleemos."
"A mi tampoco." Seiya susurró con sus dedos peinando los mechones de su amada, arrullándola con toda la intención. "Demo, Odango..."
"...¿Hai?"
"No olvides tu promesa, ¿está bien?"
"... Iie, iie. No lo haré." Los ojos de Odango se abrieron apaciguadamente, brillando en la oscuridad. Seiya recorrió su mano por todo el sendero de una de sus piernas desnudas, refrescando el mapa de piel porcelana que guardaba celosamente en su memoria. Conocía cada milímetro de esta mujer, cada vello, cada cicatriz, cada curva y cada plano. "Oi, pensé que querías... que durmiera. No hagas trampa, Seiya."
Sin palabras, Seiya se sentó sobre la cama, la mirada láser de la Neo-Reina acariciando su piel. Odango la observaba, hipnotizada, a pesar del debate de sus párpados por desear caer en paz. Su bata de algodón raspó la piel sensible de su torso, el tumulto de sustancias afrodisiacas que sus genes alienígenos estaban liberando a su sistema, acentuando el hambre que Seiya necesitaba saciar esta noche.
Esto no había estado en sus planes. Dormir había sido su única meta cuando había traído a Odango a jalones—Sabía bien, que tan tentador podía ser tocar el cuerpo de su esposa después de experimentar emociones fuertes, que tan sólo la punta de su dedo sobre un poro la encendía—Pero, Seiya nunca había sido famosa por su auto-control.
De todas formas, ¿cómo podía resistir tocar a su propia esposa? Era una idiotez.
Desabotonó su bata turquesa, sus yemas resbalándose entre los diminutos topacios que servían como botones. Odango continuaba contemplándola, sus labios ligeramente abiertos.
Seiya sonrió. Satisfecha.
Este tiempo, estos minutos y segundos, le pertenecían a ella. Nadie más podía interferir.
"No hay nado malo en ayudarte a dormir mejor, ¿ne Odango?" Se acostó de nuevo, destapando una vista que tembló con la brisa de la noche. "¿No me extrañaste para nada este día?"
Como si ésa hubiera sido la pregunta mágica, Odango roló con gracia animal sobre el cuerpo de Seiya, bañando su ombligo desnudo con un beso que tumbó todo pensamiento racional de la consciencia de Seiya. Usagi retomó la tarea de sus dedos, intercambiando de peatones para abrir la larga pieza de lencería por su cuenta. "Quiero desaparecer contigo..."
Una mano exploró el territorio de sus senos y Seiya inhaló, naufraga a las maravillosas sensaciones. "Puedes hacer todo lo que plazca conmigo, Odango, lo sabes."
"Quiero... acabar con esta Guerra, no ver ni un sólo papel que tenga que firmar, o pasar otro día encerrada en esa estúpida oficina... Lo terminaré todo. Verás. Entonces te raptaré, te llevaré a conocer la Luna, ¿te gustaría?"
"Por supuesto… Ah."
"Bailaremos, aunque yo sea un caso perdido y siempre te pise los dedos con las botas…"
"Nos quitaremos los zapatos."
Así lo habían hecho en la recepción de su boda. Usagi había querido bailar, muy animaba con las siete margaritas que se había encabezado de una sentada, y Seiya, muy ansiosa de tener cualquier excusa para manosear a su esposa por debajo del vestido, la había consentido. Ella también había hecho un considerable inventario con las margaritas, el vodka y el Kahlúa—de ahí proviniendo su valentía.
"Mmmm." Usagi lamió todo un tramo de piel súbitamente, comenzando del ombligo hasta llegar su clavícula. "Jazmín."
"Ya sabes que significa eso, entonces. Ponte a trabajar."
Bufando un sonido incrédulo, Odango levantó su cabeza despeinada para mirarla cara a cara. "Ooh, Seiya-chan, eres tan romántica. Por favor, no sigas, tus dulces palabras me harán sonrojar."
Seiya giró sus ojos; abrió sus piernas en respuesta. "Me dejaste plantada esta noche. ¿No crees que merezco una mejor muestra de tu arrepentimiento?—Quítate eso—Ven aquí."
Usagi se arrancó el logo de los Chemical Brothers de su pecho, obedientemente. Evadió la boca de la mencionada, para aterrizar en su cuello ofrecido, mordiendo ligeramente la piel de su cónyuge. Seiya gimió con goce, alentándola con firmes caricias propias. Presionó sus caderas juntas, introduciendo una de sus manos bajo los pantis de Odango.
Con un maullido, Usagi separó sus cabezas. "Ano... ¿cómo...?"
Seiya sabía qué quería esta noche, pero la habitación de C'ønnor estaba muy cerca, no podían arriesgarse a hacer más escándalo. Tendrían que esperar. Lo bueno que, apenas, estaba entrando a su ciclo kinmokusiano. "Lo que sea, lindura. Lo que se te antoje."
"Te llevaré a donde quieras." Emocionada con el prospecto, Odango capturó su boca por un momento que no fue suficiente. "Nos fugaremos juntas todo un fin de semana, solamente tú y yo."
"Esa es una de las mejores promesas que he recibido, en mucho tiempo."
Sus deberes habían absorbido tanto de sus vidas personales que la última vez que habían disfrutado de un pequeño descanso había sido su Luna de Miel (y hasta ese lapso había sido corto).
Durante su primer año de matrimonio, la pareja se había entregando al placer de múltiples aventurillas secretas, escapándose entre Juntas Reales y las conclusiones de Misiones, adoptando sus disfraces de civiles para pasear por la ciudad; para fingir estar en primeras citas bajo otros pseudónimos. Desafortunadamente, esa fase de su relación había sido efímera entrando al segundo año. Las invasiones del Sistema Solar de Black Moon había robado toda su paz y tiempo libre. Sailor Star Fighter había sido llamada al frente de batalla como Comandante, para defender el territorio de su aliado; Eternal Sailor Moon había sido necesitada en el Planeta Omega, para responder a la alarma de auxilio de su gobernante, para no ser devorados por la Oscuridad de las Guerras Civiles.
Los dos años que habían proseguido habían sido... difíciles.
Inclusive antes de que llegara C'ønnor a sus vidas.
Seiya gimió vulnerable contra la almohada, sus nudillos pálidos atándose a los hombros descendientes de Odango, la ultra-sensibilidad del descontrol de sus hormonas provocándole un golpe de nostalgia, un golpe de rotundo deseo por regresar a aquel día de picnic. Un picnic donde Usagi Tsukino había reído bajo las sombras del árbol de cerezo, todavía ingenua a los horrores a los que tendría que enfrentar. Donde Kou Seiya se había sonrojado al tener que explicar los rituales de cortejo de la cultura Kinmokusiana, incluido el significado de su tatuaje Azuriyo.
Dicho tatuaje que quemaba la piel de su brazo, en ese mismo momento.
Odango la tenía extendida sobre la cama, jadeando frágilmente como alas de mariposa. La volvió loca con sus caricias, con sus labios, con sus dedos—La invadió de meloso goce, precipitándola a su cúspide con feroces besos sobre la íntima corona de su pelvis. Hasta la punta de sus vellos, Seiya fue cautivada por la sensación de la lengua de Odango, trazando, saboreándola con desmesurada gula.
Podía ser que la biología terrestre fuera muy similar a la kinmokusiana, pero de hecho, sí existían diferencias imperativas. La más marcada consistiendo en la fluidez de la sexualidad de las dos razas. La anatomía de Seiya estaba equipada con unas cuantas más sorpresitas que las de una simple mujer terrícola.
Y vaya que Odango ya se estaba encargando de explotar cada una de ellas a su beneficio, electrizando sus nervios, hilando diminutas explosiones desde su clítoris hasta a sus otros puntos especiales. Puntos que tuvieron a Seiya convulsionándose, encima de las sábanas de algodón egipcio.
En el ojo de su mente, visualizó el momento que había cambiado su vida inminentemente: cuando sus temblorosos dedos habían levantado el velo de novia del rostro de la Neo-Reina Serenity, lágrimas sumisas orillándose en sus ojos, al ser presentada con tan potente belleza.
Había sido el día más aterrador de su existencia.
Seiya mordió una fracción de la almohada para evitar hacer ruido, las endorfinas de su orgasmo emplastándole una gigantesca sonrisa.
Acostando a Odango en la misma posición, que ella misma había ocupado previamente, Seiya se tomó un minuto para contemplarla.
En seis años, Usagi no había cambiado para los ojos de su Consorte. Todavía seguía siendo aquella jovencita que había contestado al mensaje de su melodía con su resplandeciente estrella, vestida con amatistas, llorando en la soledad de los Jardines Reales.
Sin embargo, objetivamente, Seiya no era sorda a los comentarios de sus compatriotas, Yaten y Taiki. Usagi lucía estresada, decaída en ciertos días, no se podía negar. Estaba adelgazando. Tenía pesadillas que hacían temblar el ala entera del Palacio, y cuando no era su turno, se desvelaba para ahuyentar las pesadillas de su amada Consorte o las de C'ønnor—o en algunas veces, las de ambos.
Odango acarició su mejilla, con una pequeña sonrisa formándose alrededor de sus jadeos. Seiya besó sus dedos, apoderándose del índice para succionarlo a los adentros de su boca. Lo limpió, con igual devoción prosiguiendo con los otros tres. Se postró encima de su amante, alimentándose del néctar transpirando la piel de Odango, lamiendo una línea entre sus pechos como se le había previamente realizado a su persona. Besó el lunar que adornaba la curva de su seno izquierdo, calmando las leves marcas rosadas, causadas por el brassiere. Un regocijado suspiro fue su recompensa. Luego unas risitas, cuando Seiya insertó la punta de su lengua sobre el orificio de su ombligo.
Cuando sus labios hinchados lograron su cometido, retorciendo el cuerpo de Odango con una oleada intensa de éxtasis minutos después, su sabor fue compartido con un beso profundo y caótico. Seiya se enredó en el asilo de los brazos de su esposa, su lengua arrullando a su amada a llevar un ritmo menos precipitado. Odango gimoteó como réplica, sus dedos clavándose en los glúteos húmedos de su esposa, con avaricia. Algo que le gustaba hacer con frecuencia, sin o con ropas vistiéndolos.
Seiya rio suavemente. Frotó su nariz con la su mujer cuando sus labios se cortaron con un salivado SMACK.
Sus frentes congeniaron entre el silencio de la recámara, presionándose juntas.
Usagi embozó una sonrisa. Sus pupilas resplandecieron con inmenso sentimiento. Su media luna creciente apareció bajo su flequillo.
Seiya le dio la bienvenida.
Beso su mentón, luego la punta de su nariz, continuando con su entrecejo y concluyendo con el signo de su descendencia Lunar. Odango hizo un sonido risueño, jalándola para agregar otro dulce beso en el repertorio. Terminaron acostadas cara a cara, cada una apoyada sobre su costado, las sábanas cubriéndolas completamente por cortesía de Seiya.
En el instante que los párpados de Odango cayeron, ya no volvieron a abrirse, sus dedos entrelazados aflojándose, mientras Morfeo se la llevaba lejos de aquí.
Supongo que averiguaremos si dices la verdad mañana. Seiya pensó, una de las tantas promesas de Usagi quedándose consigo más que otras.
Irremediablemente, Shingo Tsukino atravesó su cabeza, tan lleno de ira durante la cena, cuando la ausencia de su hermana se había podido palpar como hecho. Seiya le daba la razón, y al mismo tiempo, no podía. Porque el pobre muchacho no tenía idea de lo que sucedía detrás de los bastidores de la vida de la Neo-Reina.
Seiya suspiró, acurrucándose al calor de su compañera. Tal vez esta obsesión por reconciliar al par de Tsukinos provenía de la cultura de Kinmoku inyectada en sus genes, donde la familia siempre tenía el más grande énfasis.
Y... de acuerdo, quizás, también estaba siendo influida por su propia experiencia, por saber como se sentía crecer sin tener una familia propia.
No obstante, los por qué y cómos no tenían importancia, de todas maneras. Seiya se encargaría de dejarlo claro, de construir los puentes para que esos dos se encontraran. Podía ser que Odango lo había perdido de vista por la pesadez de la corona sobre su cabeza, pero, pronto lo volvería a comprender.
Pronto recordaría de quienes, en realidad, eran los que le daban fuerzas para seguir adelante.
...
...
