Bueno gente aquí os traigo el primer capítulo del fic, en este ya entramos en el mundo de las Tierras del Dragón o Dragon Realms (sinceramente para mí mejor en inglés :)) antes de nada una aclaración:
Ya sé que en los dos primeros juegos Cynder era de escamas negras pero yo he decidido mantener el color de DotD en el cual se la ve con un color violeta oscuro.
Mundo: Tierras del Dragón
Lugar: En un bosque del Valle de Avalar
Año: Desestimado
Hora: Desestimada
El dragón caminaba por el Valle de Avalar. Admiraba el lugar y su belleza mostrando una sonrisa en su rostro. El Sol del atardecer daba en sus alas de negras membranas y en sus escamas de tonos verde pálido. El dragón caminaba tranquilamente por el Valle, pensando en lo bello que era todo. Sin embargo, después de mucho andar oyó un ruido. Su mirada se centró en el frente y con el máximo sigilo posible, el dragón de escamas verdes avanzó hasta llegar al lugar del que provenía el ruido. Al principio se fijó en el claro, no parecía haber nada hasta que su mirada cayó sobre el cuerpo de alguien. Era el cuerpo de una dragona con escamas de un color violeta oscuro que rozaba el color negro. De su cabeza salían cuatro cuernos blancos, dos a cada lado y uno debajo de otro. En la parte de atrás de su cabeza se podían ver dos púas pequeñas que le salían hacia atrás. A lo largo de su espina no tenía nada, era lisa. Su vientre y las membranas de sus alas eran de un color fucsia intenso, en las extremidades de las alas tenía unas garras afiladas. En el extremo de su cola tenía una especie de cuchilla de hueso que tenía pinta de ser bastante peligrosa. También pudo ver que la dragona estaba llena de heridas y ensangrentada. Su primer impulso fue acercarse a ayudarla pero se detuvo en el momento en que oyó un rugido de dolor y luego una mancha púrpura cruzó la zona para ir a chocar contra un árbol. El púrpura cayó al suelo. Su cuerpo estaba manchado de sangre y lleno de heridas, igual que la dragona. El verde pudo distinguir que su vientre era dorado al igual que sus alas, cuyas membranas eran de tonos marrones y que tenía una cresta dorada a lo largo de la cabeza hasta el lomo y luego algunos pliegues también dorados hasta la cola, donde tenía también un hueso sable con la forma de una pluma dorada. Sus cuernos salían de su cabeza en una trayectoria casi recta, doblándose en la zona central de ambos en dos puntos y terminando en unas peligrosas puntas. Sus garras eran blancas y estaban afiladas, aunque ahora estaban manchadas de sangre.
Sin embargo, cuando se dispuso a salir para ayudarles, un dragón negro aterrizó en el claro, con una sonrisa diabólica en el rostro. El dragón era más grande que los otros dos y que el mismo dragón verde que estaba observando, a su vez, el verde era algo más grande que los otros dos. Lo primero que pudo ver el observador fue que el negro tenía un vientre blanco y las alas también, con membranas de tonos grises. Sus cuernos salían hacia arriba desde detrás de su cabeza y luego se curvaban hacia adelante hasta terminar en punta, lo cual impedía que hiciese daño en una embestida contra la cabeza, pero a cambio podía usarlos para causar heridas allí donde quisiera al poder ver donde ponía la punta del cuerno; a lo largo del espinazo del negro se podía ver una hilera de espinas retráctiles que en ese momento estaban totalmente tensas y endurecidas y en su cola se podía ver una cuchilla de hueso que se curvaba describiendo la forma de una luna creciente con el interior afilado. Sus garras y su boca estaban manchadas de sangre y no tenía aspecto de tener ninguna herida así que la sangre debía ser de los otros dos. El verde se quedó mirando desde la espesura, paralizado por la impresión.
Desde el otro lado el púrpura se había levantado de nuevo y se había adelantado hasta ponerse en medio entre el dragón negro y la dragona violeta.
-¡No te dejaré acercarte! –dijo el púrpura.
Sus patas estaban temblorosas, lo cual denotaba que llevaba peleando ya algunas horas, sin embargo el otro parecía tan fresco como si acabase de empezar la pelea. El dragón negro soltó una carcajada sarcástica mientras le miraba.
-¡Ja! No me importa el orden. Si tengo que matarte a ti primero o a ella, los dos vais a morir y así vengaré a mi Maestro. –dijo el negro levantando su cola y azotando con ella al púrpura, derribándolo junto a la otra dragona que estaba despierta y observaba la escena, tal vez demasiado débil para levantarse.
Sus ojos de color verde intenso como el de una joya estaban fijos en el púrpura y su expresión mostraba una gran preocupación. El púrpura por su parte se quedó en el suelo, aguantando el dolor del golpe, que le había dejado una nueva herida a lo largo de una pata y le impediría levantarse. La dragona miró al negro e intentó levantarse, pero sus patas le fallaron y volvió a caer al suelo.
-Sois persistentes. –dijo el negro- Mejor para mí, ¡así podré seguir haciéndoos sufrir! –dijo el negro levantando una de sus zarpas preparado para atacar a la dragona y seguramente causarle otra herida- ¡Quédate en el suelo! –rugió el negro mientras atacaba.
Ella cerró los ojos, preparándose para recibir el ataque, sin embargo este nunca llegó, lo que si llegó fue el sonido de un golpe contra algo.
-¿Qué significa esto? –dijo el negro de pronto.
Curiosa, la dragona violeta abrió los ojos para ver como un dragón de escamas verdes estaba plantado delante de ella. Sus zarpas traseras estaban clavadas al suelo utilizando sus garras para procurar una garre firme. Por otra parte sus zarpas delanteras estaban intentando sujetar la arpa del dragón negro. El tamaño del verde era más grande que el de ella y el del púrpura pero seguía siendo más pequeño que el dragón negro, sin embargo, la fuerza que estaba utilizando para detener el ataque del de mayor tamaño era tremenda. Impresionada, la dragona se quedó mirando al verde, casi sin creerse que tuviese tanta fuerza.
Pasado un momento el verde clavó su cola en el suelo utilizando su hueso-sable para así empujar tanto con las patas como con la cola al negro y lograr así alejarlo de los otros dos. Sin decir nada solo les miró un momento, en ese momento la dragona se fijó en sus ojos. Eran totalmente negros, tanto la retina como el iris, la luz del sol se reflejaba en esos orbes oscuros que no parecían transmitir emociones ni nada por el estilo, sin embargo, la sonrisa que vio luego en su rostro logró apartar esa sensación incómoda de la mirada vacía. Antes de poder hablar el dragón negro se lanzó de nuevo al ataque.
-¡No te metas en esto si no quieres morir! –dijo golpeando al verde en el costado con una zarpa.
El ataque fue fuerte y mandó al verde volando hacia un lado del claro. Sorprendentemente, la dragona se fijó en que a pesar del brutal golpe, el dragón verde no parecía estar herido aunque sí había sentido el golpe, sin embargo se mantenía en pie.
-Bien, Cynder la traidora y Spyro el dragón púrpura, ¿dónde estábamos? –dijo alzando su cola, esta vez iba a ser un ataque dirigido a matar.
-¡Tú estabas a punto de salir volando! –gritó el verde que embistió con toda su fuerza al negro, rajándole con sus cuernos al chocar contra él y lo arrastró un par de metros, alejándolo de ellos.
-¡Maldito entrometido! ¡Si tanto quieres morir entonces te concederé tu deseo! –dijo el negro apartando al verde de un empujón con su cola para luego encararlo.
Cynder se quedó observando un momento, a su lado, Spyro también tenía sus orbes de color amatista fijos en el dragón que estaba intentando ayudarles.
En ese momento, el negro atacó con sus zarpas, siendo estas detendias por als zarpas del verde, que aunque fuese más pequeño que el negro, lograba detener sus ataques. El choque de las garras emitía sonidos diferentes a cuando ellos estaban luchando contra el negro. En momento las colas de ambos entre chocaron, fue entonces cuando los dos debilitados dragones vieron como si unas chispas de fuego saltasen del choque, algo muy extraño a decir verdad, pero no tuvieron tiempo de fijarse cuando el negro dio un salto hacia atrás para evitar el ataque del verde y luego inspiró profundamente para luego liberar un chorro de llamas negras sobre el verde, quien solo extendió sus alas negras y se alzó al cielo para evitar el ataque antes de que este le diese de lleno. Una vez en el aire y aprovechando la posición de altura, el verde realizó un picado contra el negro, quien apenas había tenido tiempo de alzar también el vuelo, embistiéndole con fuerza y derribándole contra el suelo. Acto seguido, el verde realizó varios ataques con sus zarpas, hiriendo al negro en el lomo antes de saltar y golpearle la cabeza con la cuchilla de hueso de su cola. El ataque cruzó la cara del negro, haciéndole rugir de dolor. Cuando pudieron verle la cara, vieron que el verde le había rajado la cara, pasando muy cerca del ojo izquierdo del dragón negro, quien parecía indignado por verse superado por alguien más joven que él. Cuando se levantó, dispuesto a seguir peleando, los dos estaban en el límite del claro, a punto de meterse en la espesura del bosque. En ese momento el verde saltó sobre la cabeza del negro y luego saltó hacia arriba, empujando y estampando la cabeza del negro contra el suelo. Con ese salto, el más joven alcanzó una gruesa rama de un árbol y de un fuerte golpe de cola la partió. La rama cayó directa sobre el dragón negro, golpeándole en la base de la cabeza y noqueándolo de inmediato. Con su enemigo derribado, el verde se fijó en ellos y se acercó. Cuando lo hizo, Cynder pudo ver que sus garras, sus cuernos y su hueso-sable eran tan negros como sus ojos. Esos orbes sin emociones que ahora les miraban. Spyro fue el primero en levantarse e interponerse en el camino del dragón verde, que se detuvo en cuanto el púrpura le mostró los colmillos y le siseó en un intento de intimidarle.
-¡No te acerques más! –dijo con desconfianza.
El verde solo se quedó quieto. Decidiendo obedecer al púrpura se sentó sobre los cuartos traseros y entonces habló.
-¿Estáis bien? –preguntó con una voz vibrante pero al mismo tiempo suave.
La voz sonaba calmada, lo cual sorprendió a los dos dragones que estaban delante de él. Spyro por su parte, al oírle, levanto la cabeza, perdiendo por un momento su actitud amenazadora.
-Entiendo que quieras protegerla, pero a penas puedes mantenerte en pie por ti mismo. –comentó el verde.
Tenía razón, el púrpura sentía como sus patas temblaban después de todo lo que había pasado. Al final cedió y cayó al suelo.
-¡Spyro! –dijo Cynder, acercándose a él casi arrastrándose al no poder levantarse.
-Estoy bien, Cynder. Estoy despierto. –respondió el púrpura.
-No me des esos sustos. –le protestó ella dándole un pequeño golpe en un costado, al cual el gruño ligeramente pero del que también se rio.
-Perdonad, parejita amorosa, pero no creo que queráis haceros arrumacos cuando uno, estáis sangrando a chorros y dos el responsable de esas heridas solo está inconsciente justo detrás de mí. –dijo el verde acercándose hasta quedar al lado de ellos.
Ese comentario hizo que Cynder sintiese sus mejillas ardiendo y, al mirar a Spyro pudo ver que estaba ligeramente sonrojado, luego los dos miraron de nuevo al verde.
-¡No somos pareja! –dijeron al mismo tiempo, causando que el verde levantase una ceja, puede que sus ojos no mostrasen emociones pero sus expresiones eran claras.
-Bueno, debo haberlo entendido mal entonces. –dijo mientras se agachaba para coger a Spyro por el lomo con la boca.
-¿Qué haces? –preguntó el púrpura con un sonrojo más marcado todavía.
-No puedes levantarte, estás débil, agotado y tenemos que irnos. –dijo el verde dejando a Spyro sobre su lomo- No quiero estar aquí cuando ese despierte, no creo que se haya tomado bien haberle derrotado delante de vosotros dos a quienes intentaba matar. Debe de sentirse muy humillado. –dijo para luego coger a Cynder, que no dijo nada, solo se dejó coger y poner sobre el lomo del verde.
Al ser solo algo más grande que ellos los dos no tenían mucho espacio para estar cómodos, prácticamente estaban pegados el uno al otro y eso el verde lo sentía. También se dio cuenta de que el cansancio pudo con los dos jóvenes que estaban sobre él al sentir sus cabezas reposando en su costado. Con paso tranquilo pero rápido, el dragón avanzó por el bosque hasta que se topó con un claro en el que había dos filones de cristal, uno era rojo y el otro verde, los dos brillaban con poder. Sin perder mucho tiempo, el joven verde dejó a los dos durmientes en el suelo con cuidado, cerca de los cristales, luego dio un rodeo para quedar tras ellos y utilizó sus zarpas para destruir el filón rojo, dejando los trozos esparcidos alrededor de los dos jóvenes. Un instante después, los trozos de cristal rojo se alzaron mágicamente del suelo y se lanzaron sobre los dos jóvenes. Ante los ojos del verde las heridas de los dos dragones empezaron a cerrarse hasta dejar parecer que nunca habían estado ahí. Después hizo lo mismo con el cristal verde y pasó lo mismo. Los cristales se regeneraron después de algunos minutos, saliendo del suelo de golpe hasta alcanzar el mismo tamaño que tenían antes de ser destruidos. Por su parte, el verde se sentía cansado así que decidió poner distancia entre él y los otros dos y tumbarse, cerró los ojos y se sumió en el sueño.
Spyro fue el primero en despertar algunas horas después. Se sentía mucho mejor y descubrió pro qué cuando se giró para mirar tras de sí y vio los cristales cerca de él y de Cynder, quien parecía profundamente dormida. Cuando se quiso dar cuenta, Spyro estaba mirándola fijamente con una sonrisa en el rostro. Estaba veliz de que ella estuviese allí, a su lado, viva. Entonces empezó a repasar todo lo sucedido. Habían partido después de que Ignitus ordenase a todos que buscasen refugio bajo tierra. Mientras intentaban cruzar el anillo de fuego que impedía llegar hasta la guarida de Malefor, el Guardián del Fuego se había sacrificado para que él y Cynder pudiesen alcanzar su guarida y derrotarle. Cuando por fin se enfrentaron a Malefor y los ancestros le encerraron en el corazón del mundo mientras este estaba siendo destruido. Despues recordó que utilizó su poder para hacer retroceder el tiempo sobre la tierra para volver a juntar todo y salvarlos a todos. Todavía recordaba las palabras que había oído mientras se concentraba, palabras que solo había podido decir Cynder, ya que era la única que estaba junto a él allí abajo. Después de eso no recordaba cuanto tiempo había estado dormido pero cuando despertaron los dos se dedicaron a disfrutar del mundo que habían salvado antes de poner rumbo a la ciudad para decirles a todos lo que había sucedido, aunque fuese obvio para todos que habían salido victoriosos ya que el mundo no había sido destruido. Sin embargo, luego había aparecido aquel dragón negro, quien se había presentado como Dark y clamaba ser uno de los generales del Maestro Oscuro. Había intentado matarlos y lo hubiese conseguido de no ser por la aparición del dragón verde que en ese momento yacía dormido frente a ellos. La mirada de Spyro cayó sobre quien les había ayudado, ahora tendría una mejor oportunidad de observarle. El cuerpo del dragón verde tenía un aspecto fuerte y resistente y había demostrado que no era solo apariencia. El dragón estaba tumbado, rodeándose a sí mismo como si estuviese protegiendo algo que estuviese dentro de su abrazo. Spyro se levantó y se acercó a él para observarlo más de cerca. Sus cuernos salían rectos hacia atrás desde la zona trasera de su cabeza, girándose ligeramente hacia abajo. Después se fijó en sus garras, no eran muy diferentes de las suyas, a excepción del tamaño. La cola estaba situada de forma que el sable de la punta estaba muy cerca del morro del dragón, el hueso sable era ligeramente curvado y en el lado afilado se podía distinguir un dentado, seguramente para hacer un mayor daño. Después de eso, Spyro se fijó en su rostro, el dragón parecía estar calmado, lo cual le inspiró confianza. Por último le miró las alas. Eran del mismo color verde que su cuerpo pero las membranas eran de un tono negro y para terminar el vientre y el pecho del dragón eran de un tono amarillo pálido.
-Spyro, ¿pasa algo? –oyó de pronto la voz de Cynder tras de sí y se giró para verla antes de sonreír.
-No, tranquila, solo estaba observando a… -en ese momento se dio cuenta de que el dragón verde no les había dicho su nombre.
-Parece que nos olvidamos de las presentaciones. –comentó Cynder soltando una risilla.
-Aun así, nos ha ayudado. –dijo el púrpura.
-Muchos darían sus alas por ayudar al poderoso Dragón Púrpura salvador del mundo. –comentó Cynder.
-Vamos, Cynder. Sabes que tienes tanto mérito como yo. –dijo él mirándola- Los dos derrotamos a Malefor hace unos días.
-Sí, pero no fui yo quien reconstruyó el mundo. –dijo ella soltando un bufido.
-Para mí significó mucho que decidieses quedarte allí a mi lado. –dijo él de pronto tras un rato de silencio- Estaba dispuesto a morir para salvar el mundo sin embargo contigo allí sentí que podía sobrevivir aun después de utilizar todo mi poder para reconstruir el mundo.
Ante esas palabras, Cynder se quedó sin habla, pensativa y ligeramente sonrojada. Spyro no estaba menos sonrojado y no se atrevió a decir más aunque era el momento perfecto para ello. Hasta que por fin reunió el coraje necesario.
-Cynder…Yo… -empezó pero un ruido le impidió seguir.
El ruido había sido un rugido furioso que les había llegado desde la distancia.
-Tendrá que esperar a otro momento, Spyro. –dijo ella mientras se acercó al verde y le movió un poco- Hey, despierta. –dijo ella.
Al ver que el verde no despertaba Spyro se acercó a su cabeza y se la movió un poco, diciéndole también que despertase. En cuanto le agitó un poco la cabeza, el dragón abrió los ojos y se levantó con un poco de pesadez, soltando un gran bostezo cubriéndose la cabeza bajo un ala.
-¡Oh! ¿Os sentís mejor? –preguntó mirándoles a ambos.
-Sí, Gracias pero ahora tenemos que irnos, creo que Dark se ha despertado y no estará buscando. –dijo Cynder haciendo que el verde la mirase fijamente con una ceja levantada.
-Dark es el dragón negro de antes. –le explicó Spyro.
-De acuerdo, déjame pensar. –dijo el verde cerrando los ojos un momento.
El claro se sumió en un silencio tremendo, solo roto por los rugidos de Dark.
Mientras tanto, el dragón verde hacía trabajar su cabeza, pensando en un modo de mantenerse ocultos ante el dragón negro. "Seguro que debe de estar volando, eso le permitiría cubrir una mayor área en menos tiempo." Pensó. "Vamos. Vamos. Vamos. Piensa. Podemos movernos por tierra, manteniéndonos escondidos por los árboles, pero cuando salgamos del bosque no habrá modo de escondernos. Voy a tener que conseguirles tiempo. No me gusta la idea más que nada porque no sé pelear. Vale que antes le di una paliza pero eso es porque no me esperaba…" Continuó barajando posibilidades, posibles modos de evitar enfrentarse al dragón negro y seguir avanzando. El siguiente rugido se escuchó demasiado cerca.
-Rápido a la maleza. –dijo Spyro.
No necesitó decirlo dos veces ya que de inmediato los tres se escondieron entre los arbustos mientras el verde seguía pensando.
-No veo otro modo. –dijo de pronto, haciendo que las miradas de los otros dos se centrasen en él que miraba hacia arriba para ver pasar a Dark sobre el claro en el que estaban momentos antes.
-Oye si estás pensando en quedarte y pelear para conseguirnos tiempo, que sepas que no te vamos a dejar solo. –dijo Spyro.
-De acuerdo, de todas formas no me gusta la idea. –respondió el verde- No tengo ni idea de pelear, antes le pillé por sorpresa. –comentó luego.
-Vencido por alguien que ni siquiera sabe pelear… eso es humillante. –comentó Cynder.
-Esa es otra razón por la que la idea no me gusta. –terminó el verde- El problema de intentar movernos escondidos bajo los árboles es que cuando se acabe el bosque no tendremos dónde ocultarnos. –comentó y tenía mucha razón en eso.
-Dudo que deje de buscarnos y si damos la cara podríamos acabar peor que antes. –dijo Spyro, otro punto válido para evitar a toda costa enfrentarse a ese dragón.
-Malefor… nos persigue incluso estando encerrado. –comentó Cynder.
El verde miró a la joven y pudo ver una expresión furiosa en su rostro, pero no dijo nada, solo mantuvo un rostro inescrutable, como todo dragón, sabía perfectamente a quien se refería.
-Tranquilízate Cynder, no pasará nada. Si tenemos que luchar lo haremos. –le dijo Spyro.
-Vosotros tenéis a gente esperándoos de vuelta en vuestro hogar, ¿cierto? –preguntó el verde de pronto, su tono de voz había cambiado, ahora parecía estar vacío de emociones.
-B-bueno sí… -dijo Spyro.
-Tú también, ¿no? –preguntó Cynder mirándole, a lo cual el dragón respondió soltando una pequeña carcajada entre dientes.
-Ojalá… mi familia y mis amigos murieron hace algunos días y yo he estado vagando sin rumbo desde entonces. –dijo- No tengo… nada que perder… y aúna sí conservo mi deseo de vivir. –dijo mostrando una sonrisa forzada mientras tenía los ojos cerrados.
Los dos jóvenes dragones esperaron ver lágrimas cayendo de sus ojos. La voz del verde sonaba rota por el dolor pero sus ojos estaban secos. Sin decir nada, El verde extendió las alas y se alzó al cielo, saliendo de entre los árboles. Buscó en todas direcciones hasta que encontró a Dark, volando directo hacia él a gran velocidad. Sin perder un momento batió sus negras alas con fuerza, procurando mantener la distancia todo lo posible.
Por otra parte, Spyro y Cynder se quedaron mirando un momento antes de emprender su camino bajo la sombra de los árboles del bosque.
Caminaron en silencio durante unas horas hasta que por fin llegaron al final del bosque. Antes de salir miraron hacia arriba, buscando cualquier indicio de Dark pero no vieron nada así que decidieron avanzar, saliendo al descubierto. Después bastante camino, llegaron a un pueblo rodeado por una muralla de madera. Las casas estaban hechas de madera con tejados de paja y en el centro había un poste. Los dos jóvenes dragones reconocieron la villa como la Villa de los Cheetahs en la que habían estado aquella vez después de haber sido liberados por Hunter de aquellas catacumbas donde despertaron después de tres años congelados en el tiempo. Los Cheetahs les recibieron con vítores y gritos de alegría, algunos incluso se acercaron a ellos a hacerles preguntas, sin embargo el Jefe Prowlus les echó una zarpa al pedir a todos que les dejasen espacio para respirar.
-¿Qué os trae a nuestra villa? Spyro. Cynder. –preguntó con un tono de voz sereno y calmado pero firme y serio.
-Nos gustaría poder descansar un poco en un lugar seguro antes de seguir hacia Warfang. –respondió Cynder.
-También querríamos esperar a que un amigo nos encuentre. –dijo Spyro.
-¿Un amigo? –preguntó el jefe- No he oído de más dragones por el valle. –dijo luego llevándose una mano a la barbilla mientras cruzaba el otro brazo sobre el pecho.
Antes de poder seguir la conversación un Halcón apareció en las alturas y aterrizó en el hombro del Jefe, trayendo una carta entre sus patas. El jefe cogió la carta y la leyó antes de volver a enrollarla.
-De acuerdo, podéis quedaros, si os apetece algo de comer podemos compartir algo de pescado con vosotros pero lo que cojáis de más deberéis reponerlo. –les dijo.
-¿Qué dice esa carta? –preguntó Cynder.
-A eso iba. Es de Hunter. –dijo y se la enseñó a los dragones que la leyeron y sus rostros adquirieron una expresión de mucha preocupación conforme intercambiaban miradas.
Por otra parte el Jefe Prowlus escribió una respuesta rápida y se la dio al Halcón para que se la llevase a Hunter. El Halcón partió con la respuesta y el Jefe hizo una señal a los dos jóvenes para que le acompañasen a su casa. A decir verdad estaba siendo mucho más hospitalario que la otra vez.
N/A: gracias por las review me han empujado a acelerar mi proceso creativo para subir este capítulo aunque creo que algunas partes han quedado algo flojas :P pero bueno espero que os haya gustado tanto como mí, sobretodo por ese pequeño momento de amor xD sí a veces soy malo, otra veces un sádico ya lo veréis ya *evil grin* Todavía no me decido a qué nombre usar para el protagonista estoy dudando entre una sugerencia de un lector y uno que se me ha ocurrido a mí pero ninguno me convence a ver si consigo pensar en algún nombre basado en el elemento hierro de la tabla periódica
