Notas Iniciales: Y aquí estoy una vez más, aprovecharé ahora que estoy libre.

Un enorme agradecimiento a: Chetadoman, por su comentario en el capitulo anterior, en serio yo estaba seguro que el fandom estaba abandonado en su totalidad así que encontrarme con esta grata sorpresa fue motivador. ¡También a mi me encanta esta saga! Aunque no haya avanzado mucho en cuanto a franquicia, los pocos videojuegos que StarFox tiene valen mucho la pena. Espero continúes sintiendo interés por mi pequeño proyecto, prometo esforzarme.


Cap 2. Impacto

Krystal se deslizó con gracia natural por el centro comercial, dedicándole miradas discretas a cada articulo expuesto en los locales en busca de un atuendo conveniente pues un capricho de esa clase estaba bien de vez en cuando así que no pensaba limitarse en comprar lo que más le apeteciera en esos instantes ya que el dinero lo tenía y el tiempo libre para usarlo también. Sin embargo, un puesto ambulante que ofrecía gorros de diversos diseños llamó su atención debido a una pequeña sección del periódico más comercial de Corneria y se acercó hasta él tomando uno entre sus dedos sonriendole amablemente al vendedor para extenderle el precio exacto del diario cuyos artículos retrataban en la pagina principal las noticias más importantes de la semana donde resaltaba la fotografía de "La Gran Explosión Espacial" remarcada por un recuadro. Ya habían pasado dos días desde aquel misterioso fenómeno galáctico pero aún no existía una explicación concreta sobre ello, sólo vanas especulaciones de escasa credibilidad. Y Krystal estaba inquieta por encontrar la respuesta a este sentimiento de inquietud mortal que la abordaba al pensar en aquella luz blanca. ¿Qué era y por qué sintió un impacto espiritual apenas verla con sus ojos? Pues al entrar en contacto creyó escuchar una voz agonizante provenir justo del interior, mas esta señal sin precedente real desapareció como si en realidad jamas hubiera existido. Pensó en solicitar un permiso de investigación al equipo, de montar su Arwing para entrar, pero se abstuvo de cualquier impulso emocional en el momento que las ondas se desintegraron completamente frente a sus expectantes ojos, por ello en la actualidad estaba igual de intrigada por conocer la verdad y, aunque seguía sin mencionarlo a sus amigos, sabía que también ellos sentían curiosidad -podía escucharlo de sus mentes- pero no estaban igual de interesados como ella así que decidía callar en cada ocasión. Leyó algunos párrafos del articulo en cuestión que sostenía entre sus dedos con la delicadeza propia de su personalidad y levantó la mirada al cielo azul proyectando en su mente el recuerdo de las luces de colores destellando en el cielo nocturno, sintiendo una indescriptible emoción palpitar en sus venas, agitado, casi como si lo hubiera estado esperando, como si un escenario de viejos tiempos diera lugar en el sitio menos esperado que acumula memorias que no desconoce del todo, provocandole una fina melancolía a su alma entera.

De pronto un choque hizo que saliera de sus cavilaciones, incitándola mirar con sorpresa al sujeto que había impactado contra su hombro, descubriendo a una figura unos centímetros más alta a su estatura, que vestía ropa sencilla pero concordante a su porte elegante y felino. La gata de rosado pelaje se giró para encararla, ofreciéndole un gesto de disculpa con el brazo y los dedos de sus manos extendidos. Krystal sintió algo en su pecho al verla.

—Perdona, estaba distraída— dijo esta con una sonrisa de amabilidad que a Krystal logró avergonzarla al percatarse que se había quedado en medio de la concurrencia obstruyendo el paso de forma desconsiderada así que optó hacerse a un lado para permitir fácil acceso a lo largo de la banqueta. Enrolló el periódico en sus manos.

—Descuida— respondió y la vio seguir su camino al mismo ritmo.

Krystal se descubrió atraída por esa silueta descomunal pues en ese planeta de caninos era inusual ver otras especies rondar las avenidas como cualquier ciudadano. Por supuesto que no era nada raro que extranjeros de otras galaxias visitaran las ciudades de Corneria ocasionalmente pero para Krystal era una sorpresa identificar a una felina entre las aglomeraciones quizás porque había creído eran los únicos visitantes. Decidió volver a sus propias actividades pues se estaba haciendo tarde y le había prometido a sus camaradas que prepararía un poco de comida decente pues ella personalmente ya se había cansado de ingerir platos a domicilio y les había afirmado que la mejor manera de ahorrarse gastos innecesarios era asegurar la comida de la semana ya que mientras siguieran ocupando el espacio y el Great Fox como vivienda no tendrían que pagar alquiler. Además, era un método femenino de agradecerle a Fox por su compresión y liderazgo, le debía mucho a su compañerismo y quería demostrarle gratitud siendo útil en las actividades cotidianas mientras no fueran contratados. Sonrió inconscientemente para si misma, abrazando este cálido sentimiento creciendo en su interior pues creyó no volvería a experimentar esta conformidad con un grupo; y todo se lo debía a Fox por aceptarla pese a que no se conocían entonces, después de que este la sacara del cristal donde fue confinada en su intento por liberar a los espíritus Krazoa. Así, todavía sonriendo, se apresuró culminar su trabajo hasta que una voz a un costado suyo la incitó detenerse una vez más.

—Oh, Krystal.— La joven zorra miró hacia donde provenía aquella voz tan familiar con obvia sorpresa antes de aproximarse con una nueva sonrisa al viejo conejo que le saludaba desde la distancia y a quien no dudó devolverle el saludo con discreta felicidad.

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Las horas dentro del Great Fox no eran los momentos más gratificantes pero la privacidad lo valía siempre que no cruzara las compuertas fuera de su habitación e intentase pasear por los pasillos hacia los distintos salones. Para empezar, no necesitaba ver a Slippy ni a nadie que consiguiera sacarlo de quicio pues creía que incluso ROB obtendría la capacidad para crisparle los nervios justo ahora que estaba mortalmente aburrido. Falco no sabía cuántas veces había reproducido las mismas pistas musicales guardadas en la memoria del aparato de vieja generación que apresaba con las plumas de sus alas ni cuántas veces lo haría si continuaba ahí encerrado. Seguro que habría mejores cosas qué hacer además de yacer recostado en su cama pero no se le ocurría actividad alguna para distraerlo de su flojera. Para su suerte la puerta se abrió sin su consentimiento, haciéndole levantar las plumas de su nuca por reflejo, dispuesto a picotear a su interruptor cuando levantó la vista y descubrió la silueta de Fox, relajándose por alguna extraña razón a la cual no dio nombre.

—Tengamos una partida de naves con las consolas, Falco— sugirió el mamífero entrando en el cuarto sin apartar la mirada de su amigo quien volvió a su posición inicial bajando el volumen del reproductor mientras el otro se ubicaba justo delante de la cama.

—No tengo ganas.

—Ni las tendrás si continuas aquí, en seis horas no te has asomado siquiera.— Fox se cruzó de brazos dejándose tomar una postura reprobatoria hacia el fastidiado faisán que se acomodó sobre la superficie acolchonada tratando de ignorar a su invitado. —A este paso terminarás convirtiéndote en un ermitaño.

—¿Ah, si? No es mi culpa que no haya nada divertido por hacer.

—Vamos, Falco. ¿Seguirás con esa actitud distante durante todo el mes? Sabes que si hay algo que te preocupe lo puedes consultar conmigo, me preocupa la estabilidad del equipo.

—Estoy decidiendo mudar de plumas este año o el siguiente. ¿Qué me aconsejas tú, Foxie?

El joven zorro se tensó al instante y luego se frotó la frente con una sonrisa resignada, entendiendo la burlesca indirecta ofrecida por su egocéntrico amigo. Sabía que no sería sencillo entablar una conversación seria con él después de que rechazara cada una de las pequeñas ofertas de integrarse una vez más al grupo pero Fox estaba dispuesto a conseguir su objetivo que consistía en derrumbar las solidas barreras del faisán y llevarlo consigo a la superficie; y lo conseguiría costara lo que costara. No era la primera vez que entraban en disputa después de todo y Fox quería evitar otra de sus reconocidas rabietas que usualmente evocaban calurosas discusiones entre ambos, lo cual ahora era muy peligroso pues sentía que la mínima palabra ofensiva quebraría el equilibrio que de alguna manera siempre yacía intacta entre los dos pese al recurrente desacuerdo existente.

—Escucha, así nunca llegaremos a ningún lado.

—Acepto sugerencias.

—Bien, entonces...

—Pero te advierto que no pienso doblegarme sólo porque seas tú quien viene a enfrentarme— interrumpió Falco el discurso que el joven zorro había planeado iniciar y este corte abrupto de palabras hicieron al líder retroceder en reacción.

—Está bien.— Fox alzó los brazos a cada costado suyo en muestra de rendición, dispuesto a pisar territorio enemigo. —Hagamos a un lado los títulos y hablemos de hombre a hombre, ¿te parece?— cuestionó el zorro sintiendo rozar el limite de su paciencia pero recomponiéndose en el proceso colocando una de sus manos en la cadera con un semblante impaciente rodeando su silueta. —¿Cuál es tu problema, Falco?

—Mi problema es tu pasividad y esta extraña dependencia a Corneria.

—¿Ah?—. Fox no tardó en desentenderse.

—Aceptemoslo, Foxie. El equipo está perdiendo su brillo.

—La verdad es que no lo entiendo pero todo esto tiene relación con el desempleo, ¿no?— Fox quiso asegurarse pero sólo recibió un bufido sin gracia como respuesta. —Si es por eso, sólo debemos ser pacientes, ¿entiendes? Ha sido menor al acostumbrado pero seguimos teniendo solicitudes importantes.

—¿Y por qué no aceptaste la propuesta anterior?

—¿Tú estabas dispuesto a pelear por rebeldes sin honor?

—Por supuesto— replicó Falco sin siquiera pensarlo y esto descolocó un poco a quien ocupaba un espacio junto a él. —Mientras tenga acción estoy dispuesto a lo que sea, en realidad no me importa si forma parte del gobierno o cualquier otra fuerza militar, para mi sólo importa el dinero, somos mercenarios, ¿qué puede ser más valido que eso?—. Ante aquella sutil afirmación que reflejaba una innata rebeldía el joven zorro encontró un rápido significado a las frases aparentemente desinteresadas de Falco, así como también pudo apreciar la ligera presión en su estomago que ascendió hasta su pecho, apretando sus pulmones con la suficiente fuerza para hacerle consciente de un importante malestar. Porque lo entendía, sabía a qué punto Falco intentaba llegar con esta conversación y eso lo incomodaba, le hacia sentirse impotente.— Quiero volar mi Arwing, Fox. Estoy harto de pisar el suelo como si no existiera alternativa... mis alas no están rotas todavía.

—Entiendo que el sedentarismo no sea lo tuyo pero dame tiempo, Falco. Pronto volveremos a pilotear nuestras naves por el espacio, entre asteroides y destruyendo naves enemigas como en los viejos tiempos... te quedarás hasta entonces, ¿verdad?

Falco suspiró levantándose de su lecho para quedar sentado en el colchón con evidente desgana, considerando inútil el método de convencimiento que Fox usaba en su contra. Lo cierto era que Fox era el único ser en la galaxia capaz de convencerlo pero esta realidad comenzaba a difuminarse, a disolverse como un cubo de azúcar en agua caliente pues las cosas podían invertirse y hacer que el menos indicado de convencer a Falco de aguardar dentro de la jaula en realidad era Fox y que por él era que podría alejarse. Por él, sólo por él.

—Ojala fuera tan simple como decirlo—contestó con inusual serenidad, comportamiento que inquietó enseguida al líder de StarFox, en busca de contrarrestar aquellas palabras con un nuevo argumento, quizás más desesperado que nunca pero la charla fue inesperadamente interrumpida por la llegada de Slippy quien había resbalado en la entrada de la habitación, obligando ambas miradas posarse en su regordeta figura levantándose con dificultad del suelo mientras se frotaba las zonas afectadas por la caída.

—¡Slippy!— exclamó Fox impresionado por aquella entrada a escena. Falco no contuvo un gruñido lleno de frustración, sobándose las plumas de la nuca condoleciente con el suceso.

—Dime que no son otras de tus tonterías porque estoy dispuesto a cumplir una promesa que no mencioné hace dos días en el antro de Corneria.

—¡Nada de eso! ¡Vine a alertarlos!— declaró Slippy recomponiéndose del dolor recién sufrido e ignorando por completo los recurrentes comentarios atrevidos del faisán, luego la rana enfocó su mirada en el líder del equipo. —¡Fox! ¡Peppy acaba de abordar el Great Fox!

—¿En serio? Esas son buenas noticias— dijo el joven zorro pues tanto Fox como Falco sintieron el impacto de la noticia y no evitaron demostrar su sorpresa en su rostro.

—Si. Ahora está en el cuarto de comando con Krystal.

—Pues vayamos a darle la bienvenida— asintió Fox sin borrar su sonrisa un instante antes de girarse a sus espaldas donde el ave azul continuaba sentada. —¿Vienes, Falco?

—Bien, ¿por qué no?—. Falco no dudó ponerse de pie esta vez con una sonrisa pedante estirándose en las comisuras de su pico. —Sería bueno verle la cara a ese conejo decrepito después de tanto tiempo. Al parecer aún no se ha olvidado de los viejos amigos, me pregunto si terminó por extrañar meterse en problemas.

Fox movió la cabeza de forma positiva una sola vez y esto bastó para que los tres emprendieran marcha a la zona mencionada por Toad entre animados comentarios, recuerdos de las primeras misiones que llevaron a cabo como el nuevo y reconstruido equipo Star Fox, el cual formaba parte del tema principal de la conversación junto a las experiencias que enfrentaron dentro de la guerra de Lylat contra Andross mientras sus Arwings volaban con desenfreno sobre las atmósferas de los mundos y áreas componiendo el sistema planetario. Ningún detalle parecía escaparse de la charla, tal que Falco dudó un instante alejarse de nuevo de este maravilloso grupo de ineptos, eran demasiadas remembranzas, tantas memorias jugando en contra de sus actuales deseos que volvía a sentir las rejas de su jaula cerrarse alrededor. Y observó a Fox y Slippy un momento, rescatando la adrenalina, la euforia que le hacía sentir combatir junto a ellos, el conjunto de emociones que le abordaban cada vez que vencían a su oponente o se burlaban entre si por sus absurdos errores. Deteniéndose un instante sin que sus compañeros lo notaran se preguntó qué debía hacer; era esta la cadena que le impedía irse y quería deshacerse de ello como fuera aunque no estaba seguro lo quisiera en serio. Alzó la cabeza retornando su andar, aunque un poco menos seguro, en busca de una decisión sin arrepentimientos.

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Pronto todo el equipo recibía a Peppy en el salón de comando, saludos que no tardaron en plagar de felicidad al viejo conejo una vez vio a esos jóvenes pilotos frente a frente después de varios meses sin comunicación alguna. Krystal le dedicó una sonrisa cómplice al piloto retirado mientras Fox y compañía terminaban por romper distancia entre ellos, siendo el zorro quien primero lo recibió con los brazos abiertos, evidenciando al instante ese pelaje marrón y sus largas orejas puntiagudas ahora ligeramente caídas por la edad. Peppy había crecido mucho desde la última vez que lo vio, incluso pareciera que sus lentes habían aumentado su graduación considerablemente pero estos detalles Fox optó por ignorarlos hasta que tuvo la dicha de estrechar un corto abrazo con aquel venerable piloto de batalla que al fin podía subsistir una vida tranquila en el retiro y estaba feliz de ello.

—Me alegra verte, Peppy— dijo el zorro tras haberse apartado del complacido conejo quien liberó una agradable risa que interceptó con añejas memorias a todos los presentes. —Estás muy conservado para tu edad. ¿Sabes? Deberías volver a usar un Arwing— bromeó.

—Humm. Suena muy tentador pero me temo que no puedo conducir Arwings ahora, Fox, sólo naves para transporte personal. Estoy feliz de verte también.

—Oye eso. El viejo asegura que aún puede mover esas enormes patas, ¿uh? Cuántos quisieran tener esa agilidad con cien años encima.

—Cincuenta y seis años para ser precisos— respondió Peppy a las calumnias hechas broma del joven faisán sin llegar a sentirse molesto, de echo, era esa clase de comentarios atrevidos que esperó escuchar de él desde el momento que lo vio cruzar las compuertas junto a todo el equipo y también le complacía verlo ahí pues en algún momento llegó a sospechar que los únicos integrantes a quienes vería después de Krystal era a Fox y Slippy a bordo del Great Fox. —Siempre tan simpático, Falco.

—Pero, ¿cómo sabías que estaríamos cerca de la órbita de Corneria?— Slippy quiso saber.

—Lo supuse en cuanto vi a Krystal comprando en el centro comercial.— La aludida asintió con la cabeza, afirmando el comentario del conejo. —Dudo que alguno de ustedes se atreviera dejar ir a un elemento tan competente como ella.

—Espera, ¿estás diciendo que el resto no somos competentes también?

—Eso dependería de la opinión popular, ¿no crees, Slippy?— evidenció Falco con sorna. Y sin contar al desafortunado afectado de aquella insinuación descarada, el resto rieron con la broma antes de volver su atención al invitado de honor.

—Pero cuéntanos, Peppy, ¿cómo has estado?

—Pues bien, he pasado unas vacaciones muy relajantes, especialmente desde la llegada de la primavera pero existe algo que me ha tenido inquieto y por eso decidí venir a consultarlo con ustedes.— Fox se mostró interesado por aquello que Peppy Hare mencionaba así que dejó que lo ameno del encuentro declinara. —¿Alguno posee información sobre La Estrella?

—¿Te refieres al fenómeno galáctico que ocurrió hace poco?— Fox buscó asegurarse y Peppy asintió con un gesto duro, desequilibrado por una incorregible inseguridad.

—Según las estadísticas, esto no se trata de nada alarmante pero mis instintos gritan porque algo no está bien. Algunos aparatos han dejado de funcionar sin motivo tras esa explosión, incluso varias maquinas de reconstrucción automáticas que el General Pepper había autorizado después de las recientes invasiones se congelaron por completo. Los encargados de su funcionamiento aseguraron encontrarlas en perfectas condiciones pero, cuando intentaron encenderlas, las computadoras inteligentes se quemaron como si algo las hubiese sobrecargado. Sospecho que habrán muchos casos como este en un futuro y temo que descienda a peor si no actuamos antes de que algo terrible de lugar en el Sistema Lylat.

—Entiendo pero, ¿por dónde podríamos empezar? No existe ningún indicio que nos lleve a un enfrentamiento directo con los causantes, quizás sólo se trate de errores insignificantes.

—No lo creo, Fox— le interrumpió Slippy tras meditarlo por su cuenta un momento. —He visto con mis propios ojos la construcción de esa pesada maquinaria que maneja el ejercito de Corneria y puedo asegurar que el sistema goza de una aversión muy sofisticada hacia los fallos, no hay manera de que existan errores insignificantes causando daños colaterales de la noche a la mañana. Tal vez esa explosión de luz en el cielo pudo enviar ondas extrasensoriales capaces de alterar el uso de inteligencia artificial. Krystal lo dijo también esa noche, ¿cierto? La esfera de luz desprendía espíritu pero al mismo tiempo no existía. En otras palabras, era algo fuera de nuestro entendimiento.

Fox lo pensó con más detenimiento, deslizando su mirada a la silueta pensativa de Krystal.

—Krystal, ¿exactamente que fue lo que sentiste la noche de la explosión galáctica?

—Sólo puedo decir que sentí un cúmulo de sentimientos confusos, sentí dolor y temor pero también nauseas. Era como si un agujero negro intentase tragarse a Corneria pero al mismo tiempo lo escupiera de su órbita. No lo dije hasta ahora porque estaba tratando identificar cada sentimiento pero aún en la actualidad todo sigue en penumbras.

—Ya veo. Eso es un problema.

—Es posible que estén exagerando las cosas, ¿verdad?— Falco se introdujo con hosquedad a la conversación. —No es bueno que sometamos nuestros cerebros con pensamientos innecesarios. Este suceso es lo mismo que si pusiéramos a juicio la existencia de dios.

—¿Qué hay de los espíritus Krazoa que mantienen unido el planeta Sauria y los poderes telepáticos de Krystal?— Slippy realizó su observación. —¿Me vas a decir que eso no es algo sobrenatural, distinto a todo lo que conocemos?

—Bien, en ese caso, pregúntenle a ella y a esos espíritus pulpo enmascarados— replicó Falco desviando la mirada después de cruzar los brazos en un gesto de obvia indignación, repentinamente irritado con la platica pues Slippy tenía un punto a su favor.

—Los espíritus no suelen responder preguntas de los mortales que no están preparados para recibir el conocimiento divino— declaró Krystal. Falco rodó los ojos.

—Simplemente fantástico— aseveró el joven faisán dentro de un acento contaminado de mordaz ironía. —Las criaturas mágicas son de gran ayuda, ¿no, Krystal?

—Mentiría al decir que no es desagradable el silencio de las fuerzas espirituales— confesó la zorra de azulado pelaje dejando en evidencia una expresión de impotencia absoluta, permitiéndose cerrar sus palmas en puños como muestra de su frustración. —He sido testigo ocular de una gran parte de sus poderes pero estos seres jamas han hecho mucho más de lo que se proponen, son las energías que mueven al universo pero aún así se quedan quietas cuando más las necesitan así que no estoy segura que se atrevan a revelar una posible amenaza si estuviera a punto de arribar al Sistema Lylat o cualquier otro.

—Y tampoco nadie nos ha contratado para investigar este incierto peligro— agregó Falco desinteresado. —¿Qué sacamos inquietándonos por algo que no es seguro de que ocurra?

Fox asintió al instante en que la lógica iluminó la razón de su cerebro; Falco estaba en lo cierto, no podían alarmarse por meras especulaciones, no formaba parte de su trabajo, ni siquiera había admonición que diera una afirmante a esta charla llevada a cabo por interés compartido y no ganaban nada preocupándose en investigar algo carente de bases científicas o algún otro testimonio presumiendo estabilidad y credibilidad. De todos modos, esto no tenía nada qué ver con ellos, fenómenos cósmicos y explosiones galácticas no estaban dentro de su jurisdicción sin antes haber recibido una solicitud de agencia, algo que otorgara prioridad a un suceso importante a la cual estuvieran obligados unirse.

—Me temo que te equivocas, Falco.— Frente a las palabras de Peppy, el grupo entero reaccionó con sorpresa, confundidos por lo recién dicho, inclusive Fox se reconoció contrariado. —A partir de este momento estoy solicitando los servicios del equipo Star Fox con mi título de piloto retirado.

Fox -así como el resto de presentes- se sintió impresionado por esta declaración pues se trataba de algo sumamente válido en términos legales. Desde un principio, Star Fox no estaba especializado en fuerza de combate, ya fuera actuar entre las filas de una invasión o como flanco de refuerzos, la muestra estaba en que su padre había sido solicitado antes para investigar las extrañas manifestaciones provenientes del planeta Venom. Y que viniese Peppy a la Great Fox aprovechándose de estos huecos en su trabajo era casi hilarante, sin mencionar que se trataba de un antiguo integrante por excelencia del grupo.

—No hablarás en serio— pronunció el faisán dejando entrever en su semblante agrio una ligera mueca de pánico, acentuada por su reconocido acento de desacuerdo.

—Hablo muy en serio— espetó Peppy, terminante. —Y espero hagan un buen trabajo a partir de mañana, cuando los rayos de luz llenen los cielos de Corneria los estaré esperando en las oficinas generales de la fuerza militar corneriana.

Las miradas de Peppy y Fox se clavaron entre si por lo que parecieron horas antes de que una sonrisa se formara en las facciones del zorro quien reprimió una risa divertida extendiendo sus manos con rendición para luego aproximarse a su mentor en aceptación.

—Muy bien, tomamos el trabajo. Pero te advierto que no habrán rebajas por cualquier motivo y sabes bien que nuestros servicios no son nada baratos— diciendo esto Fox extendió la mano hacia Peppy quien correspondió cerrando el trato en el acto.

—Cuenta con ello, Fox— dijo el conejo con una sonrisa denotadora de su entera confianza en todo el equipo. Falco se resignó a dejar emerger una sonrisa al igual que Krystal quien parecía complacida con esta manera tan familiar en que se daban las circunstancias. Fue entonces cuando Slippy comenzó a articular una serie de preguntas de rutina referentes al nuevo trabajo que les aguardaba. Y después de aclarar cada punto importante, Krystal invitó al grupo a la cocina para comenzar a preparar los alimentos prometidos, por lo que nadie se opuso aceptar para enseguida ofrecerle a la zorra ayuda. Entre risas, todo el personal del Great Fox continuo su rutina sin grandes cambios, cada uno sumergido en su tranquilidad.