Apenas amanecía. Agosto comenzaba y los días pasaban con tranquilidad, aun con la inminente aparición de los espectros. Sin embargo, con la guerra santa a punto de comenzar, eso significaba que el santuario tenía que estar más preparado que nunca.

Shion estaba agotado por la gran cantidad de misiones que había tenido que realizar últimamente, pero no podía quejarse, era su deber como santo de Athena después de todo. Además, si de esa forma podía proteger a sus compañeros, lo haría con gusto.

Y justamente ahora, Shion se encontraba caminando hacia los aposentos del patriarca. Estaba a unos cuantos escalones para llegar del templo de piscis cuando vio los hermosos lirios naranjas que decoraban la entrada del templo de los peces. Recordó la primera vez que los vio, un día después de su cumpleaños, de la nada, Albafica salió temprano a plantar aquellos lirios, los cuales florecían hermosamente embelleciendo la entrada del templo. Shion se extrañó cuando vio a Albafica plantando esos lirios aquel día, sin embargo no pudo más que esbozar una sonrisa ante ese acto. El que el caballero de piscis plantara y cuidara esos lirios, le parecía a Shion una señal de que aun estando aislado entre las rosas sin poder tocar a nadie a su alrededor, Albafica siempre estaría al pendiente del bienestar de los que lo rodean.

Apenas puso un pie en el templo de piscis, Shion elevo ligeramente su cosmos para anunciar su llegada. Espero a que Albafica saliera a recibirlo, pues necesitaba su permiso para pasar a través del lugar. Sin embargo, el peliceleste no salió. Aries volvió a elevar su cosmos una vez más y nuevamente no obtuvo respuesta.

Shion comenzó a preocuparse, sabía que Albafica estaba dentro del templo, ¿entonces por qué no respondía? Sacudió un poco a cabeza tratando de calmarse, tal vez estaba siendo un poco paranoico y Albafica no lo había recibido porque aún estaba dormido o porque estaba haciendo alguna actividad que requería toda su atención. Pero después de pensarlo un poco, Shion descarto esas ideas, Albafica siempre se levantaba con el sol y comenzaba con sus deberes desde temprano, más temprano que cualquiera debía decir, además Albafica siempre rápidamente y a la primera a la entrada del templo cada vez que alguien anunciaba su llegada a través de su cosmos, sin embargo esta vez no lo había hecho.

Shion decidió elevar su cosmos una última vez. Sin respuesta. Comenzó a caminar hacia el jardín de rosas que había en la parte trasera del templo. Albafica ya le había dicho mil veces que nunca se acercara al jardín de rosas, pero en esos momentos la advertencia a Shion le importo un cacahuate, no soportaba la idea de que a su camarada le hubiera ocurrido algo malo y así acelero sus pasos.

En su mente empezaba a formular ideas descabelladas sobre cómo podría entrar al jardín de rosas sin ser herido en caso de que fuera necesario hacerlo. Pero, no lo fue. Apenas llego al borde del jardín, Shion soltó un suspiro de alivio al ver ahí a su compañero. Albafica se encontraba en medio del jardín de rosas muy concentrado en la rosa que estaba frente a él.

Después de unos segundos de observar, Shion pudo darse cuenta de que Albafica mantenía esa rosa bastante apartada de todas las demás, y que con un poco de su cosmos, el peliceleste alejaba la brisa de la pequeña flor. Aries entendió que lo que en ese momento Albafica trataba de hacer era evitar que el veneno tocara aquella rosa.

No entendía cuáles eran las intenciones de Albafica, porque se empeñaba en mantener a una rosa sin veneno cuando todas a su alrededor si la tenían.

Shion carraspeo ligeramente para que Albafica se diera cuenta de su presencia, haciendo que el peliceleste se sobresaltara cuando lo oyó.

—Shion, ¿Cuántas veces debo decírtelo para que comprendas? No te acerques al jardín de rosas—fue lo primero que dijo Albafica cuando volteo a ver a Aries.

—Lo lamento—se disculpó el lemuriano—pero necesitaba pasar a ver al patriarca, y me preocupe cuando no respondiste a las veces en las que eleve mi cosmos, no es algo usual en ti…—

Albafica dejo de escuchar a Shion, pues en ese momento piscis ya se encontraba pateándose a sí mismo mentalmente. ¿Cómo había sido posible que no hubiera sentido el cosmos del caballero de aries dentro del templo de los peces estando el también ahí? Estaba seguro que en ese momento, incluso el ejército de Hades entero habría podido pasar por ahí y Albafica ni en cuenta. Dio una fugaz mirada al jardín que lo rodeaba, para después mirar a su camarada parado justo en la orilla del jardín. Albafica estaba seguro de que, de haber sido necesario Shion habría saltado al interior de jardín de rosas envenenadas sin dudarlo solo por él, y eso era algo que no podía permitir. Si por alguna causa del destino, a Albafica le llegaba a suceder algo, no quería que Shion, ni nadie, se acercara a él, pero eso era algo que al lemuriano le costaba entender, o mejor dicho, parecía no querer entender.

De la misma forma en que Shion se había preocupado innecesariamente por él desde el día en que se conocieron, Albafica también se preocupaba por Shion. A pesar de que las intenciones de Aries siempre habían sido buenas, Albafica se preocupaba de que esas mismas intenciones lo llevaran a cometer alguna estupidez.

—Disculpa las molestias que te cause al hacer que vinieras hasta el jardín de rosas, estaba distraído—dijo Albafica antes de soltar un pequeño suspiro—tienes permiso para pasar a través del templo—

Shion estaba a punto de irse, cuando noto que piscis retomaba su anterior actividad, pero se quedó al notar un detalle importante. El hermoso brillo que habían tenido sus ojos antes de que el llegara, ahora habían sido remplazado por lo que parecía ser un sentimiento de… ¿tristeza? Después de meditar un poco las actitudes de su compañero, en especial el fuerte sentido del deber que poseía Albafica, y lo que acababa de pasar, pudo entender un poco lo que podría estar pasando por la mente del santo de piscis. Por alguna razón que desconocía, esa rosa era especial para Albafica, pero el peliceleste también tenía un importante deber como caballero de Athena , cualquier descuido por parte del santo de los peces podría terminar en tragedia. Por más cruel que sonara, no podía permitirse distracciones tan importantes como esa, aun si causaban su felicidad.

—Albafica—le llamo Shion haciendo que el peliceeste volteara—estaba pensando en que tal vez puedo ayudarte con eso—dijo señalando a la rosa. —si la cuestión solo es mantenera alejada del veneno, creo que puedo hacerlo—

Albafica arqueo una ceja, un tanto intrigado por la ayuda que Shion le estaba proponiendo. Estuvo a nada de decirle que no era necesario, pero su mente no tardó en hacerle recordar el cómo no había podido sentir la llegada de Shion hace un rato, haciéndole dudar en su futura respuesta. La rosa era importante para él, por supuesto que sí, pero su deber como caballero también lo era.

Shion estaba seguro de que un "no, gracias" iba a salir de los labios de Albafica, como siempre lo hacía cuando el lemuriano trataba de ayudarle en algo. Sin embargo se sorprendió un poco cuando el peliceleste volvió a hablar

— ¿Qué tienes en mente Shion?—

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Paso casi un mes, y Shion estaba más cansado que de costumbre, aun asi, se encontraba reparando armaduras. Si de por si hace un tiempo habían aumentado los ataques de los espectros, ahora el cansancio aumentaba por "ese" detalle.

Le había dicho a Albafica que él podía hacer una pequeña barrera para poder cubrir a la flor de la brisa que se extendía en el jardín, algo así como la técnica de su muro de cristal, pero una versión diminuta exclusivamente para la rosa. Sin embargo mantener esa pequeña barrera a diario por un mes, había sido un tanto más agotador de lo que había pensado. Sin embargo al ver como Albafica regaba y cuidaba esa flor todos los días, hacía que el esfuerzo valiera la pena.

Por eso se sorprendió un poco cuando esta misma mañana, el peliceleste le dijo que ya no era necesaria su barrera. Hubiera querido preguntarle lo que había ocurrido con la rosa, pero al parecer Albafica iba a salir del santuario en ese momento, y si se trataba de alguna misión lo mejor era que se fuera de una vez, además, el mismo estaba preparándose para hacer guardia en uno de los pueblos cercanos al santuario.

Cuando termino con la armadura que estaba reparando, se vendo las muñecas y puso las partes faltantes de su armadura en su lugar, para finalmente salir de su templo.

Al parecer el día de hoy tendría que hacer guardia en Rodorio. Rodorio era un pueblo muy calmado, pero el patriarca le había dicho que las estrellas pronosticaban que en los próximos días el mal comenzaría a asechar cerca de la aldea, por eso el deber de Shion era cuidar la aldea durante esa tarde.

Cuando llego al pequeño pueblo, sintió a calidez de sus habitantes. Comenzó a caminar entre las calles mientras contemplaba la sencilla belleza del lugar. Algunos habitantes del lugar se sorprendían al verlo pasar, en especial los niños pequeños.

Se la paso observando lo que había a su alrededor, pero hubo algo en especial que llamo su atención y que hizo que rápidamente se ocultara detrás de un puesto cercano.

Y es que, no era el único caballero dorado en Rodorio en esos instantes.

-o-

Albafica saco cuidadosamente aquella rosa de su armadura, tratando de tocarla lo menos posible. Aun no tenía ni una sola gota de veneno, era completamente pura. Muchos pensamientos inundaban su mente en esos instantes, haciendo que después de unos instantes tuviera nervios. ¿Qué iba a decir cuando llegara ese momento? Había tanto que quería expresar, y no sabía cómo hacerlo. Tal vez , la soledad en la que había vivido desde hace tiempo atrás, era la que ahora hacia que fuera tan difícil agradecer a alguien.

Metió la rosa nuevamente en su escondite y siguió con el camino que tenía paneado desde que llego a Rodorio el día de hoy.

No podía ser tan difícil el poder expresar agradecimiento, ¿cierto? No debía serlo, en especial tratándose de alguien tan importante como ella.

Ella, a pesar de ser alguien ajeno al santuario, a pesar de que aún era una niña, en varias ocasiones ya le había hecho llegar el aprecio que tenía hacia él.

Se sentía en la necesidad de responderle. De hacerle saber que estaba infinitamente agradecido por esas muestras de afecto hacia su persona y la confianza que había depositado en él. De que tanto la vida de aquella niña, como la de todos en Rodorio, eran motivación suficiente para que sus miedos en batalla se disiparan por completo. De que ya se había jurado protegerla, tanto a ella como al pueblo en el que vivía, aun si eso le costaba la vida, porque no quería verla sufrir.

Pero antes de llegar a la florería, sus pasos se volvieron un tanto indecisos.

Aun no había encontrado las palabras para expresar todo lo que sentía, incluso las palabras en las que pensaba no le parecían suficientes como para decir lo que sentía en su pecho.

¿Y si no podía protegerla? Ese era otro miedo que llego en esos instantes, que llegaría a pasar si Albafica no era lo suficientemente fuerte.

—Agasha…—murmuro el nombre de la castaña sin darse cuenta, porque a pesar de que no lo pareciera, aquella niña era más importante de lo que había llegado a pensar, aun si hubiera parecido como si el peliceleste apenas se hubiera dado cuentas de que la niña existía, la realidad era que durante todo ese tiempo apenas y podía mantenerla alejada de sus pensamientos.

Ella era su motivación ahora, ella habia sido la razón por la cual habia cultivado con esmero aquella rosa que tenía oculta entre su armadura, y sabia lo mucho que le importaba a Agasha, por eso ya no podía darse el lujo de dudar.

Sus pasos retomaron su seguridad inicial y antes de darse cuenta ya se encontraba a unos pasos de la florería.

Afuera de esta se encontraba la joven que el caballero de los peces había esperado ver. Estaba a punto de decir su nombre, pero no fue necesario. Agasha volteo apenas oyó el sonido que provocaba Albafica con su armadura.

El rostro de Agasha no sabía si expresar sorpresa o felicidad al ver al peliceleste ahí. Antes de que Agasha pudiera hacer algo, una rosa fue lanzada hacia ella. Aun trabajando en una florería, Agasha nunca había contemplado una rosa tan maravillosa como esa.

—Gracias por creer en mi—musito el caballero—prometo que te protegeré cueste lo que me cueste—

Y sin detener sus pasos, Albafica se fue del lugar de la misma forma en la que había llegado.

Fue un encuentro que no duro más de un minuto, y a pesar de eso, a cantidad de sentimientos que se transmitieron en ese tiempo eran invaluables para la castaña.

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y fin! o al menos eso creo...no podría escribir otra parte sabiendo que Albafica morirá, si la inspiracion lo permite, deberia escribir un fanfic en donde Albafica no muera y donde la diferencia de edades entre el y Agasha no este tan marcada.

tutuli80: la verdad era que este, al ser una cosa que ya habia escrito hace mucho tiempo atrás, estaba planeado para ser un one-shot, sin embargo olvide indicar que estaba completa XD, asi cuando dijiste que lo hiciera mas largo, me pareció una buena idea hacer otro cap, el cual disfrute bastante en escribir. Espero que te guste.

gracias por leer :3