Ron Weasley se levantó con el alba, se arregló lo mejor que pudo y se dispuso a ir a primera hora al banco. Tenía que saber qué demonios había hecho los gemelos para saber cómo solucionarlo, esos malditos nunca pensaban en las consecuencias de sus actos, no pensaban más que en sus ambiciones y eso dejaba a Ron con ganas de golpear todo lo que estuviera a su alcance. Al llegar al banco no pudo sino sentirse peor, estaba totalmente fuera de lugar y todos lo miraban por encima del hombro como si el no fuera alguien digno de ese lugar. Pero fuera o no fuera digno eso era lo menos importante, lo que lo llevaba a ese lugar era lo mismo que llevaba a los demás, el maldito y necesario dinero. El dinero era algo que él odiaba y amaba a la vez, lo odiaba porque no podía tenerlo, pero cuando lograba tenerlo era entonces que lo amaba con locura.

Luego de una hora, de varios gritos y amenazas, y cargado por los guardias de seguridad, era echado a patadas del lugar. Pero es que lo que esa gente decía era absurdo, ¿Cómo los gemelos pudieron hipotecar la granja en esa cantidad de dinero? ¿Y cómo pretendían que ellos pagarían esas cuotas tan altas? Aun sentado en el suelo, en el mismo lugar en que los guardias lo habían lanzado, continuaba el pelirrojo evidentemente desesperado, sus manos iban de su rostro a su cabello en un ritmo descontrolado y desesperado. ¿Cómo iba a decirles eso a sus padres? ¿Cómo iban a salir adelante? ¿Cómo lograrían mantener lo poco que tenían?

Un mes, solo tenían un mes para pagar la primera cuota y desde ya sabía que no lograrían tener esa cantidad de dinero en sus manos... aunque si Charlie, Percy, y Ginny conseguían trabajos de medio tiempo quizá podrían reunir lo suficiente para pagar... si, esa era la única solución posible, y aunque igual estarían escasos de dinero al menos podrían permitirse pagar la reciente deuda. Y con esa idea se fue a su casa rezando porque sus hermanos pudieran conseguir un trabajo lo suficientemente rápido.

Después de explicar lo sucedido en el banco con detalle a toda la familia todos lo miraron con las bocas abiertas y los ojos desorbitados, ¿de verdad los gemelos habían hecho aquello? Nadie podía salir de su estupefacción ni mucho menos decir algo lo suficientemente coherente ante aquella descabellada situación. Sin embargo, Ron les dijo la idea que había tenido hacia unas horas, y aunque sería difícil para sus hermanos todos aceptaron. A Percy tuvieron que convencerlo de mil maneras posibles, pues era un estudioso obsesivo sin contar con que era el último año de su tan preciada carrera, sin embargo acepto ayudar después de mucho razonar.

...

Hermione había decidido buscar un marido para complacer a Harry, pero la verdad es que no era tan sencillo. Nadie estaba dispuesto a casarse con ella, y ella en realidad no estaba dispuesta a casarse con nadie. Cada vez que era rechazada no podía evitar sentir una enorme dicha, sin embargo, debido a su promesa hacia todo lo posible, incluso suplicar porque alguien la aceptara, pero nadie estaba tan loco como para ceder ante sus ruegos.

Ya harta de la situación decidió encaminarse a la imprenta, estaba dispuesta a hacer una publicación para buscarse un marido, había leído varios libros donde pasaba algo similar y funcionaba, a ella con toda seguridad le funcionaria también. Después de todo solo necesitaba a alguien dispuesto a casarse con ella para que Harry estuviera tranquilo, y ella haría hasta lo imposible porque Harry estuviera tranquilo. Porque en el mundo no importaba nada más...

Pero ella de verdad no quería perder ni su libertad ni su identidad, y estaba segura que cualquier hombre con quien se casara querría quitárselos a como diera lugar. Apenas había pasada tres días y ya extrañaba las reuniones de las suffragettes: sus propuestas, sus debates, su ímpetu por lograr ser escuchadas en un mundo llenos de hombres tontos e inseguros. Porque ella estaba segura que los hombres no cumplían sus exigencias por pura inseguridad; inseguridad de no poder continuar actuando como si las mujeres fuera inferiores a ellos, eso era totalmente absurdo, las mujeres y los hombres eran totalmente iguales tanto para bien como para mal. Extrañaba poder gritarles esas cosas en la cara a los estúpidos diputados cuando pasaban por su lado.

―Por favor, señora Longbottom ―rogaba la voz de una chica muy cerca del lugar por el que Hermione transitaba―, de verdad necesito el empleo, hare lo que me mande. Ya he trabajado aquí con anterioridad y usted dijo que acudiera de nuevo si necesitaba trabajar nuevamente.

―Lo sé, Ginevra ―replicó la señora Longbottom con voz suave hacia la chica pelirroja que tenía frente a ella―, pero de verdad que no tengo un puesto vacante, sé muy bien que eres muy buena trabajadora y te tengo mucho aprecio, pero la verdad es que tengo más empleados de los que necesito.

Hermione no pudo evitar detenerse a mirar la escena, lo cual era extraño porque ella nunca metía sus narices en asuntos que no le atañían, pero la discusión logró capturar su atención, la chica llamada Ginevra, una hermosa pelirroja de ojos color chocolate, lucia desesperada; mientras la señora Longbottom una anciana conocida por tener el carácter de una piedra, parecía sentirse mal por esa chica y la miraba con autentico aprecio. Sin saber por qué lo hacía se acercó a las dos mujeres.

―Yo puedo darte un empleo ―dijo llegando ante ellas, la chica llamada Ginevra la miró con el entrecejo fruncido y sus labios formaron una fina línea, sus ojos estaban humedecidos, pero de ellos no salió ni una sola lagrima, se irguió hinchando su pecho de manera orgullosa.

―Sé que dije que haría lo que fuera, pero siempre y cuando sea un trabajo decente.

Hermione se quedó sin habla por unos segundos mientras su cerebro intentaba encontrarle sentido a las palabras de la chica, cuando por fin lo hizo no pudo sino reírse con fuerza, incluso cerro los ojos y se llevó las manos al estómago. Se sintió afortunada de poder reír de esa manera a pesar de las adversidades recientes. En ese momento le encanto la chica, a pesar de la desesperación era fuerte y estaba dispuesta a darse su puesto como fuera, tenía una buena personalidad y eso le gusto.

―El trabajo que quiero darte es decente ―replicó Hermione una vez pudo parar de reír, sin embargo la chica no dejaba de fruncir el ceño ni de mirarla con desconfianza―, la señora Longbottom me conoce. Ella puede darte seguridad de que no te miento.

Ginevra volteó a ver a la anciana quien le sonrió con cariño y asintió con la cabeza ante una pregunta sin formular.

―Ve con ella, querida, es una mujer decente y tiene mi total confianza ―aseguró la anciana sin dejar de sonreír―, se la encargo, señorita Granger ―dijo dirigiéndose a Hermione y entrando a su casa sin decir nada más.

―Soy Hermione Granger ―se presentó la castaña tendiéndole una mano y sonriendo con amabilidad.

―Ginevra Weasley ―respondió la chica estrechando su mano―, pero prefiero que me digan Ginny.

―Ven, Ginny. Tengo un trabajo perfecto para ti ―dijo Hermione sin dejar de sonreír y olvidando por completo el anuncio que quería poner. Las mujeres caminaron con tranquilidad hacia la casa de la castaña, hasta detenerse en la puerta de esta―. Veras, Ginny, lo que necesito es alguien que atienda a mi hermano Harry, pero él no debe darse cuenta... es decir, para él solo serás una chica del servicio más, pero quiero que estés pendiente de él, que lo cuides y veas que nada le haga falta...

―No entiendo por qué no me contrata directamente para atenderlo ―dijo Ginny sin entender.

―Porque lo conozco y si se entera se molestará ―respondió Hermione dando un suspiro―, pero ese sería básicamente tu trabajo, aunque también deberás ayudar con lo que se te mande, limpiar, cocinar, poner la mesa... todas esas cosas, pero si algo pasa con mi hermano me avisas enseguida... necesito a alguien al pendiente de él.

―De acuerdo ―asintió Ginny, le parecía una petición extraña, pero ella necesitaba el trabajo con urgencia y se alegraba de haber encontrado uno tan pronto―. Señora, ¿el trabajo es a puerta cerrada? De verdad me gustaría poder ir a casa cada noche.

―Bueno la verdad me resultaría útil tenerte siempre aquí ―murmuró Hermione llevándose una mano a la barbilla mientras analizaba la situación―. ¿Sabes qué? De acuerdo, trabajaras a jornada completa y podrás irte a casa cuando esta termine. Me agrada, señorita Weasley, y eso no puede decirlo cualquiera.

Hermione rio de su propio chiste y entró en la casa seguida de Ginny mostrándole todo a su paso, ese había sido un buen día después de todo, y aunque no hubiera podido conseguir marido ella no podía estar menos feliz, tener esposo estaba sobrevalorado y ella lo sabía. Pero también sabía que más temprano que tarde tendría que conseguir uno, pero, ¿Quién estaría tan desesperado como para hacerlo?

Harry estaba en su despacho leyendo informes y firmando contratos, a pesar de ser joven sabía cumplir perfectamente sus obligaciones, pues su padre adoptivo lo había enseñado desde que lo adopto y ahora era totalmente apto para cumplir sus funciones de dueño de una gran empresa familiar; su trabajo consistía básicamente en leer contratos e informes y firmar dando su aprobación cuando le parecía que todo estaba en orden. Hermione llegó con Ginny al despacho para presentarlos, tocó la puerta y mientras esperaba que Harry le contestara se volvió hacia Ginny y le dijo:

―Ahora te presentare a mi hermano, ya sabes lo que necesito y el por qué te estoy contratando: debes cuidarlo sin que él sepa que lo haces.

― ¿Por qué...? ―la pregunta de Ginny quedo en el aire cuando Harry abrió la puerta con cuidado.

―Hola, Harry ―saludo Hermione dándole un pequeño beso en la mejilla que él respondió con una sonrisa―. Vengo a presentarte a la nueva empleada, la acabo de contratar.

― ¿Nueva empleada? ―repitió Harry frunciendo el ceño―, no sabía que necesitábamos una...

―Una mano extra no está demás, la chica necesita el empleo, y Kreacher y Winky necesitan ayuda muchas veces ―explicó Hermione con rapidez, para Ginny era muy obvio que mentía, y aunque Harry fruncía el ceño cada vez más en señal de desconfianza, no dijo nada más y asintió cuando ella concluyó.

Fue entonces cuando Harry se giró hacia Ginny, sonrió a la chica y alargó su mano hacia ella. El corazón de Ginny se desbocó, el hombre tenía una sonrisa hermosa, y sus ojos verde esmeralda lucían tan tristes que denotaban sufrimiento, aun así sus ojos sonreían a Ginny, y esa expresión logró que su corazón brincara con más fuerza que antes; ella podía sentir el calor en sus mejillas, pero ni Harry ni Hermione dieron muestras de haber notado el sonrojo de la chica.

―Ella es Ginevra Weasley ―explicó Hermione sonriendo mientras Ginny tomaba la mano que Harry le extendía, sintiendo un cosquilleo al juntar su piel con la suya―, pero prefiere que le digan Ginny.

―Ginny Weasley ―dijo Harry sin cambiar su expresión―, es un gusto, señorita Weasley, espero que nos llevemos bien y este usted cómoda con el empleo. Mi nombre es Harry, Harry Potter.

Ginny solo logró asentir olvidándose por completo de cómo demonios era que se hablaba, a pesar de que abrió y cerró su boca varias veces, no salió de ella sonido alguno. Tenía unas ganas enormes de salir corriendo y que ese hombre no notara su nerviosismo, él la ponía nerviosa, él hacía que su corazón saltara en su pecho con una fuerza abrumadora. Pero debía ser profesional, necesitaba el empleo... Harry volvió a encerrarse en su despacho dejando a Ginny con un inexplicable vacío en el estómago, y aunque hace unos segundos pensó en huir sin dejar rastro, ahora solo deseaba volverlo a ver.

―Bueno, ese es Harry. Por las mañanas se encierra en su despacho, pero tú te encargaras de llevarle lo que el necesite ―explicaba Hermione con seriedad―. Él termina sus obligaciones mucho antes del almuerzo, da un paseo por el jardín y vuelve a casa para almorzar conmigo, si no tiene más obligación deambula por la casa sin rumbo, y algunas veces se cuela a la cocina buscando algún dulce o incluso una fruta. Cuando tiene algún otro compromiso sale de casa, pero yo suelo acompañarlo... tu deber es estar pendiente de él y de lo que necesite, y si ves algo extraño en él, que se sienta mal o se canse más de lo debido, me lo haces saber. Ahora vamos a la cocina a presentarte a los otros empleados.

Caminaron en silencio bajando las escaleras con cuidado, Ginny se maravillaba de la gran casa en la que trabajaría, y aunque era bastante parecida a la de la señora Longbottom, estaba adornada bastante más moderna que la de la vieja señora. La casa estaba llena de luz y aunque no sabía por qué le parecía, Ginny estaba segura que había mucho amor encada uno de sus rincones. Tanto Harry como Hermione se apreciaban mucho y se notaba que Hermione se preocupaba por él.

Harry... Harry Potter... Ginny suspiraba bajito cada vez que su nombre resonaba en su mente. Y fue entonces que cayó en cuenta de algo extraño: él se llamaba Harry Potter, y ella Hermione Granger... pero ella había dicho que eran hermanos, ¿acaso no lo eran? Eso era algo muy extraño, pero sabía que era mejor no preguntar al menos por el momento.

Cuando llegaron a las cocinas un anciano y una chica un poco mayor que Ginny estaban charlando seriamente, al parecer repartiendo los deberes del día, el hombre era de una edad avanzada, rostro severo y sin ningún tipo de sonrisa ni en su boca ni en sus ojos; la chica también era seria, aunque más joven que el hombre, Ginny le calculaba unos veinticinco o quizá treinta años, aunque su boca no mostraba ni una sonrisa, su mirada era en cambio suave y transparente y Ginny comprendió que era la mirada de una persona sincera.

―Ginny, estos son Kreacher y Winky ―dijo Hermione señalando a uno y otro con una sonrisa, Ginny se presentó con sus nuevos compañeros de trabajo sonriendo abiertamente, y, aunque Kreacher saludó con la misma expresión dura, Winky fue amable y le dirigió una pequeña sonrisa que la hizo sentir más segura que cuando entró a la cocina―, Ginny es la nueva empleada, los ayudará en lo que necesiten, pero también se ocupará de mi hermano: ella le llevará el té y todo lo que él requiera será su tarea.

No necesito decir que espero que se le dé el mejor de los tratos y el compañerismo que siempre hemos exigido de ustedes, lo mismo para ti, Ginny. Aquí no se permite ni se tolera las peleas ni los malos tratos por parte de los empleados, si hay algún tipo de problema entre ustedes deben hablarlo, si no pueden solucionarlo esperamos que al menos sean lo suficientemente profesionales para ignorar sus desacuerdos, en caso contrario la puerta está abierta.

Hermione recitaba su pequeño discurso con una sorprendente seriedad, y Ginny se preguntó si en algún momento llegó a tomar aire sin que ella lo notara. Sin embargo asintió a todo lo que Hermione explicó, y por el rabillo del ojo pudo observar que tanto Winky como Kreacher miraban seriamente a Hermione prestándole la máxima atención. Cualquiera diría que eran los empleados perfectos y, cuando Ginny comenzó a trabajar con ellos, se dio cuenta que en efecto lo eran.

―Toma ―dijo Winky con voz amable y expresión seria tendiéndole una bandeja―, es hora del té del señor, toma un té con galletas a las diez treinta, a partir de mañana tu prepararas el té, las galletas también las prepararas tú, pues como dijo la señorita serás tú quien se ocupara del señor de la casa.

Ginny asintió tomando la bandeja con cuidado, pero mientras subía al despacho de su jefe sus manos comenzaron a temblar sin poder contralarlas aunque se esforzara por controlarse, y sin que pudiera evitarlo su mente comenzó a divagar imaginando que el hombre la recibiría con la misma sonrisa que antes y sus ojos tristes esforzándose por sonreír... su corazón se estaba volviendo loco, saltaba y se apretaba en su pecho con igual fuerza, y para cuando llegó a la puerta del despacho no solo sus manos temblaban, sino todo su cuerpo.

...

Audrey temblaba de pies a cabeza mientras leía y releía el papel en sus manos, pero es que era imposible, lo que afirmaba esa hoja no podía ser verdad. Pero sin embargo lo era, ella sabía que era verdad... tenía miedo, mucho miedo... no sabía cómo las personas se lo tomarían, no sabía cómo Percy se lo tomaría, seguramente de muy mala manera... y eso era lo que más le asustaba: la reacción de Percy. Lo mejor era hablar con él lo antes posible, pero él estaba en la universidad y aún faltaban tres largas horas para que saliera de clases.

Comenzó a desesperarse al ver su reloj, no soportaría tres horas de angustia, tres horas de sufrimiento en las que no sabría qué hacer. Pensó en ensayar lo que le diría a Percy, pero lo desechó de manera automática pues sabía que olvidaría todo lo ensayado y le diría lo primero que saliera de su boca. Pero, ¿Cómo había pasado aquello? Bueno, ella si sabía cómo había ocurrido... pero aun así... aun así nunca se le hubiera ocurrido pensar que eso podía pasar.

Resignada caminó arrastrado los pies a una cafetería cerca de la universidad de Percy y decidió esperar comiendo algo dulce, quizá un poco de chocolate aliviaría su ansiedad. No supo si fue gracias al chocolate o que pudo distraerse mirando a las personas a su alrededor, pero Audrey logró soportar esas tres horas; sin embargo al darse cuenta que Percy pronto saldría su corazón volvió a dispararse y sus manos comenzaron a sudar. Caminó como una autónoma hasta la entrada y espero...

Los minutos pasaron tan lentos como si fueran horas, ella estuvo a punto de echar a correr un par de veces, pero sus piernas no reaccionaron así que se quedó ahí plantada hasta que Percy apareció. Al verla sonrió con esa sonrisa que solo ella podía provocar, porque Percy Weasley era un hombre que siempre le hacía caso a su cerebro, y los sentimientos eran lo último que pasaba por su mente, pero una vez que veía a su linda Audrey su cerebro se derretía y solo mandaba el corazón, porque ella lo hacía perder la razón y eso le encantaba.

La saludó con un pequeño beso en la mejilla y una radiante sonrisa, sin embargo ella lucía preocupada, estrujaba sus manos una y otra vez con un nerviosismo impropio de la mujer; ella siempre era dulce y alegre.

― ¿Sucede algo? ―inquirió Percy preocupado.

―Bueno... la... la verdad... yo... yo... tú... ―balbuceó Audrey cada vez más nerviosa, lo cual no pudo sino alertar a Percy, algo grave había sucedido.

―Amor ―la llamó acunando su rostro en sus manos y subiéndolo para que ella lo mirara a los ojos―, me estas asustando, ¿Qué sucede?

―Percy... yo no sé cómo decirte esto... pero... ―Audrey sabía que no podría decir nada más, así que sacó la hoja del bolsillo de su abrigo y se la tendió a Percy, quien frunció el ceño y tomó la nota confundido.

Miró el papel por largo rato sin entender lo que sucedía, aunque en realidad la hoja lo decía todo. Pero eso no podía ser verdad, lo que ahí decía no era verdad. Audrey no podía... ella no podía... ¿o sí?

― ¿Qué significa esto, Audrey? ―gruñó molesto.

―Creo que está más que claro, Percy ―contestó Audrey sin mirarlo a los ojos―, lo siento... yo no sé... yo... yo...

Audrey comenzó a llorar, lo único que quería en ese momento era que Percy la abrazara y le asegurar que todo estaría bien, que él estaría con ella. Pero eso nunca sucedió... Percy no se movió ni una sola vez para consolarla ni mucho menos. Continúo observando ese maldito papel en el que se leía su sentencia en pocas palabras. "Prueba de embarazo: positiva". ¿Por qué tenía que ocurrir eso justamente ahora? Justo ahora que la granja estaba en riesgo, justo ahora que además de estudiar debía trabajar para poder pagar las cuotas de la hipoteca, justo ahora que su familia podía darse menos lujos que nunca, justo ahora que ni siquiera sabían si tendrían lo suficiente para comer. Y ahora ella le decía que estaba embarazada, eso era más de lo que Percy podía soportar. Necesitaba irse de ese lugar, necesitaba no ver a Audrey y pensar con claridad.

―Nos vemos después ―dijo de la manera más calmada que encontró.

― ¿Te...? ¿Te vas? ―logro decir Audrey entre lágrimas―, pero... pero, Percy...

―Audrey, necesito tiempo para digerir la noticia... han pasado muchas cosas en estos últimos días y solo quiero estar solo ―explicó Percy pellizcándose el puente de la nariz en un intento por tranquilizarse―, nos vemos mañana y hablamos.

Sin decir nada mas Percy se fue, dejando a Audrey con un vacío en el pecho donde antes había un corazón roto, la actitud de Percy la dejo desconcertada y deprimida, no quería pensar en que el amor de su vida la dejaría sola y con un hijo...

...

No tenía ganas de manejar, no tenía ganas ni de salir de su casa siquiera; pero como todo en su vida no importaba lo que él quisiera, lo único que importaba era lo que su padre le ordenaba. Así era siempre, Lucius ordenaba, Draco obedecía... le molestaba, le molestaba no poder replicar ni exigir su libertad. Así que ahí estaba, conduciendo su auto rumbo a la estación de tren en busca de su futura esposa a la cual prácticamente no conocía.

Inhalaba y exhalaba a intervalos largos luchando por tranquilizarse, los nudillos los tenia blancos de tan fuerte que apretaba el volante. Hubiera preferido casarse con la desesperante de Granger y haberlo elegido él, antes de casarse obligado con Astoria. Pero así era siempre, y él siempre terminaba resignándose a todos los mandatos de su padre, ¿Por qué? En realidad no lo sabía. Quizá su padre lo asustaba más de lo que admitía, o si no era porque así había sido criado, para obedecer, y lo tenía tan arraigado en su mente que ahora lo hacía de manera automática, aunque aquello le molestara.

Llegó a la estación a tiempo decidido a encontrarla rápido e irse a su casa lo más pronto posible, quizás así pudiera deshacerse de ella y salir por una horas. Pero entonces se paró en seco, ¿Cómo demonios la encontraría? él ni siquiera estaba seguro de recordarla, no estaba seguro de tener la imagen correcta en su mente. Prefirió sentarse en la banca más cercana al andén por el que sabía el tren llegaría, extendió sus brazos a lo largo del respaldar de la banca y dejó que su rostro demostrara toda su molestia y frustración. Nadie se acercaba a él, y así era mejor, no estaba de humor para aguantar tonterías de gente desconocida.

― ¿Draco? ¿Eres tú? ―dijo una voz melodiosa que no lograba esconder la timidez de la chica.

Draco subió su mirada con su típica expresión de fastidio al ser interrumpido, sus ojos se fijaron en una hermosa chica, vestía un largo vestido gris que resaltaba su figura, su elegante sombrero de ala ancha le confería a su rostro cierta belleza que lo inquietó, sus ojos de un azul mar lograron atrapar los suyos, su largo cabello negro enmarcaba una tés blanca y cremosa; la mirada de Draco se desvió de los ojos de la chica el tiempo suficiente para contemplar brevemente su boca, labios finos curvados en una sonrisa de color rosa natural. Era una chica hermosa que emanaba una calidez que Draco no llegó a entender del todo, pues a él nunca lo habían tratado con ningún tipo de calidez. Draco tragó grueso poniéndose inexplicablemente nervioso.

― ¿Astoria? ―la chica asintió ensanchando su sonrisa. Sin embargo, Draco tan frio como siempre le tendió la mano sin dirigirle una sonrisa o una palabra cálida―, hace mucho que no nos veíamos, casi no te reconocí.

―Sin embargo yo te reconocí al instante ―replicó la chica sin dejarse amilanar por la fría bienvenida―, no has cambiado nada.

Draco tomó las maletas de Astoria y la condujo a su auto casi sin verla, la chica sin embargo caminaba cerca de él casi dando saltos de emoción, nunca antes se había visto una pareja más dispar, solo quizá la de Percy Weasley y Audrey Kent. Pero Astoria se sentía feliz, ella siempre había amado al hombre que pronto se convertiría en su esposo; desde que él era el novio de su hermana a ella le gustaba verlo a escondidas o deleitarse escuchándolo tocar el piano con una pasión descomunal, ¿Cuándo podría pedirle que le tocara una pieza? Quizás ese día nunca llegaría, pero a ella le gustaba fantasear con que sí, que algún día podría amarla lo suficiente para tocar para ella y solo para ella. Ella sabía que era un matrimonio obligado, nadie se lo había ocultado, pero era la obligación más hermosa que pudieron darle, y tenía puesta toda su fe en que el alguna vez la miraría con amor, que al conocerla él la amaría.

...

Ginny se quedó paralizada en la puerta del despacho de su jefe, él estaba sentado tras su escritorio sin poder respirar con normalidad, ella no tenía ni idea de qué hacer; se acercó a él poniendo la bandeja sobre el escritorio, sus manos temblaban sin control al ver que él estaba cada vez peor, se terminó de acercar y tomo su rostro para que pudiera verla, en la mirada del hombre se podía leer el pánico que estaba sintiendo en ese momento.

―Mírame ―dijo Ginny con suavidad intentando demostrar una seguridad que no tenía―, respira junto conmigo, todo estará bien, ¿de acuerdo? Confía en mí, respira como lo hago yo.

Ginny comenzó a respirar despacio y sin prisa, a intervalos constantes que Harry se esforzaba por seguir, después de unos cuantos segundos él ya respiraba con normalidad. Los ojos de ambos no se separaron en ningún momento, solo podían confiar el uno en el otro; él confiaba en que ella lo ayudaría y ella confiaba en que él estaría bien si hacia lo que ella decía.

―Gracias ―dijo él con la voz y con sinceridad una vez que pudo respirar con normalidad, sin embargo Ginny se quebró y comenzó a llorar descontroladamente. Sin recordar quienes eran ni donde se encontraban lo abrazo con fuerza.

―Por dios, me asuste tanto ―decía entre lágrimas cada vez más fuertes―, ¿Cómo se te ocurre darme semejante susto? No vuelvas a hacer eso.

Harry no pudo reaccionar, se quedó tan quieto como una estatua sin terminar de entender por qué aquella chica se aferraba a él de esa manera, supuso que la situación la superó y por ello no le llamo la atención, además acababa de salvarle la vida en cierta manera. Sin embargo no supo cómo consolarla y hacerle ver que ya todo había pasado. Ginny lloraba cada vez más fuerte, no estaba segura de lo que sentía por ese hombre que ante ella comenzaba a mostrarse no solo triste, sino también frágil. Para ella aquello era nuevo, sus hermanos eran muy distintos unos de otros, pero ninguno de ellos era frágil en ninguna forma, todos eran hombre fuertes a los que nunca había visto ni llorar ni mucho menos estar al borde de la muerte por ninguna razón. Y ahora casi ve morir a este hombre sin entender por qué demonios sucedía.

El té se había enfriado cuando Ginny logró tranquilizarse, se separó de Harry lentamente sintiendo sus mejillas rojas al darse cuenta de la cercanía, debía recordar que era una mujer soltera y Harry era un hombre, cualquiera podría malinterpretar la situación y dejarlos en un compromiso. Se limpió las lágrimas con el delantal de su uniforme y se dispuso a volver a calentar el té, sin embargo Harry le dijo que no era necesario, que no tenía ganas de tomar té por el momento.

Ginny salió del lugar dispuesta a encontrar a la señorita Granger para informarle de lo que había sucedido, estaba segura que la señorita se esperaba ese suceso en cualquier momento y que era exactamente por ello que la había contratado. Pero, ¿Qué tenía él? No se atrevía a preguntar, principalmente porque no era algo que a ella le atañera, pero de verdad quería saber. Al encontrar a la señorita le explicó lo sucedido, la mujer tensó el rostro y pronto silenciosas lágrimas caían de sus ojos.

―Harry... ―murmuro entre lágrimas―, ¿Qué debo hacer, Harry? Debo cumplir mi promesa cuanto antes, pero nadie quiere... nadie está dispuesto a aceptarme...

―Señorita... ¿está bien? ―se aventuró a preguntar Ginny al no entender lo que decía.

―Aunque, quizás... si pagara por ello... si, quizá podría encontrar a alguien lo bastante desesperado para hacerlo a cambio de dinero ―Hermione comenzó a desvariar sin parar de llorar, se había olvidado por completo de que Ginny continuaba frente a ella.

― ¿Señorita Hermione? ―inquirió Ginny con suavidad comenzando a asustarse con el comportamiento de su jefa. Hermione la miró después de unos segundos perdida en sus pensamientos y frunció el ceño.

―Señorita Weasley ―dijo con una repentina calma que logro asustar a Ginny―, ¿Por qué necesitaba tanto este empleo?

― ¿Disculpe? ―Ginny estaba sumamente confundida, ¿Por qué ella le preguntaba eso? ¿Por qué no había corrido al lado de su hermano después de lo que ella le había dicho?

―Usted necesitaba el empleo con urgencia, ¿Por qué? ―insistió Hermione con un pensamiento repentino, se estaba volviendo loca seguramente, pero ella necesitaba cumplir la promesa hecha a su hermano cuanto antes para que él pudiera estar tranquilo.

― ¿Por qué le interesa, señorita? ―esquivó Ginny la pregunta nuevamente, no se sentía cómoda hablando de su vida personal con una desconocida, aunque fuera su jefa.

―Cuando te vi hablando con la señora Lombotton me pareció que estabas desesperada por obtener el empleo, ¿Por qué? ―insistió Hermione.

―Pues... la verdad... si le interesa saber, mi familia tiene una deuda muy grande con el banco ―dijo Ginny rindiéndose, estaba incomoda, pero era más que obvio que la señorita no dejaría de insistir.

― ¿Ah sí? ―el rostro de Hermione se ilumino de pronto, solo debía saber unas cuantas cosas más y haría su oferta―, y de cuánto es la deuda.

―Es bastante elevada, señorita. Mis hermanos y yo debemos trabajar mucho para pagar las cuotas...

― ¿Hermanos? ―interrumpió Hermione de repente, eso era precisamente lo que ella quería escuchar― ¿Cuántos hermanos tiene?

―Seis, pero por el momento podría decirse que tres, uno está en el extranjero y los otros dos se fueron sin despedirse...

― ¿Qué edad tienen tus hermanos? Los que están aquí me refiero...

―Bueno... ―comenzó Ginny con incomodidad, esa mujer era tan extraña que la asustaba en cierta manera, y eso no era normal en Ginny, a ella casi nada la asustaba―, Charlie cumplirá los veintiocho en un par de meses, Percy tiene veintiséis y Ron veintidós...

― ¡Ah! ―exclamo Hermione como si lo que acabara de revelarle fuera de suma importancia―. Ginny, ¿podrías traer a tu hermano Ron mañana?

― ¿A Ron? ¿Para qué quiere que lo traiga? ―el ceño de Ginny estaba tan fruncido que no quedaba ningún espacio entre sus cejas.

―Quiero proponerle un trabajo... para ayudarlos ―respondió Hermione tan rápidamente que hizo que Ginny terminara de desconfiar de ella―. Bueno, debo ver a Harry. Esperare a tu hermano mañana temprano.

Hermione se fue sin darle tiempo a Ginny de replicar. Ginny se encontraba en un dilema, era cierto que necesitaban dinero para pagar sus deudas, pero qué clase de empleo pudiera darle la señorita Granger a Ron sin saber qué clase de habilidades tendría. Prefirió no decir nada, si todo salía como Ron lo había planeado no necesitarían otro empleo, las cosas estarían bien y ellos saldrían adelante. No importaba lo desesperado de la situación, no terminaba de confiar en esa extraña conversación. Su jefa parecía una buena mujer, pero también parecía haberse vuelto loca de pronto, quizá la noticia de lo que le había ocurrido a su hermano le hubiera aflojado un tornillo.