Días de lluvia.

El distrito de Nerima era conocido en Japón por muchas razones: lo hermoso de sus estanques, la magnificencia de sus casas y templos antiguos y principalmente por lo rápido que solía cambiar el clima en ese bello lugar. La mañana había iniciado claramente fresca, pero ella nunca imaginó que se modificaría dando paso a una fuerte lluvia. Ese día, para su suerte, se le habían atrofiado los frenos a su carro, por lo que se vio en la necesidad de tener que transportarse en un taxi. Pocas veces en su vida había recurrido a esos servicios, pero ese día era prácticamente imposible no usarlo. Después de media hora logró tomar uno vacío, lo que era casi una hazaña en el centro de Nerima, incluso se obligó a pelear con una señora que alegaba que era su turno de abordarlo. Le dijo que estaba embarazada y mientras la mujer observaba intrigada su vientre plano una audaz Akane se deslizaba al interior del vehículo gritándole al chofer que arrancara. Ahora entendía porque llamaban a esa bella ciudad la jungla de asfalto.

Llegó con el tiempo encima, se apresuró al elevador, saludando a todas las personas que se topaba en el camino, apenas lo alcanzó y tuvo mucha suerte porque éste iba vacío. Mientras presionaba el botón correspondiente al décimo piso aprovechó y dio una mirada a su aspecto. Ese día particularmente, había puesto mucho empeño en arreglarse, intentó justificarlo de mil maneras, pero no había otra explicación, quería verse bien porque tenía una cita con esa pareja. Dio una ojeada a su reflejo y descubrió que realmente se veía atractiva. Para la ocasión había decidido calzarse con unas botas de tacón alto que le llegaban debajo de la rodilla, una falda negra que dejaba ver un poco sus muslos, pero sólo un poco, una blusa blanca de cuello de tortuga sin mangas y había rematado su aspecto con un poco de maquillaje en sus párpados. Se veía bien, se veía muy bien.

Cerró los ojos y no pudo evitar recordar otros tiempos, cuando iba al instituto y cierto chico de negra cabellera solía llamarla fea marimacho. Rememoró cuánto dolían sus palabras, no porque fueran ciertas, sino porque provenían de él. No le hubiera importado que todos en la escuela la llamaran fea o tonta, pero si él pensaba eso de ella no podía soportarlo. Sonrió son cierta nostalgia y retuvo un par de lágrimas que amenazaban con recorrer sus mejillas. No era el lugar apropiado para dejarse llevar por sentimentalismos.

Abrió los ojos al escuchar el pitido del elevador anunciando que había llegado a su destino, saludó a los presentes y se encaminó a la oficina de su hermana para ajustar algunos detalles antes de que llegaran los clientes. Mientras se dirigía a su despachó recordó su plática del día previo.

Flash/

Cómo qué es Ranma Saotome el que vino a pedir nuestros servicios? Gritó una sorprendida Nabiki.

Así es Nabiki, y eso no es lo que me preocupa, sino que me inquieta que él y su pareja, la señorita Mía quieren un enlace matrimonial al estilo occidental, por lo tanto tenemos que ver los detalles de la boda, además no desean que se realice en cualquier Iglesia, planean que se lleve a cabo en la Catedral Central y tú sabes que es prácticamente imposible lograr un evento en ese sitio si no se reserva con al menos seis meses de anticipación y ellos quieren que la boda sea en dos meses, además… detuvo su perorata cuando se dio cuenta que Nabiki ni siquiera la miraba, tenía la vista enfocada al enorme ventanal de su oficina y parecía estar meditando en algo muy importante. De repente Nabiki suspiró y la observó detenidamente.

Antes de que sigas Akane, dime, tú cómo estás?...

¿Qué?, pues estoy bien, a decir verdad un poco estresada, pero sabes bien que necesitamos ese dinero, además las ganancias serán muy elevadas y….

Espera un momento Akane, yo no te pregunté por eso, tú sabes bien a qué me refiero. Cómo estás? Y no me salgas con tonterías de trabajo porque en este momento te mando a cocinar con Kasumi para que te de un buen sermón- La mirada de Nabiki era fría, pero de igual forma un esbozo de preocupación se colaba por sus hermosos ojos almendrados.

Akane suspiró y agregó. Estoy bien. Saotome no significa un impedimento o una motivación para hacer mi trabajo. Su regreso no es otra cosa que azares del destino que a mí no me interesa investigar, mantendré esto en una línea meramente profesional así que no te preocupes hermana.

Ambas mujeres se miraron fijamente a los ojos, una con un preocupado semblante y la otra con la peor máscara que pudo construir en ese momento.

Fin del flash/

Tocó de forma sonora la puerta y un "Adelante" se escuchó desde el interior de la oficina, se introdujo en ella y pudo observar a una ocupada Nabiki que tenía varios juegos de hojas esparcidos por su escritorio. Apenas volteó a verla y le dirigió una pícara mirada, invitándola a que se sentase. Cuando al fin tomó su lugar Nabiki comenzó a hablar.

Estuve toda la noche despierta trabajando en algunos detalles sobre lo que me comentaste. Ya tengo listo un plan de trabajo que organicé- diciendo esto le pasó un legajo de hojas en la que estaba detalladamente establecidos cada uno de los aspectos en un cronograma- como puedes ver está indicado la fecha, hora y lugar donde irán a ver a las personas encargadas: floristas, meseros, sastres, coristas, etc.

Akane no pudo articular palabra y quedó realmente sorprendida por la destreza de su hermana. Cada detalle por más mínimo que fuera ya había sido contemplado.

Entonces sólo tengo que concretar la cita con las personas responsables y le confiaré a Kahome la tarea de llevar a los interesados- dijo Akane revisando cada palabra escrita en esa lista.

No querida Akane, en esta ocasión no será así. El día de ayer recibí una llamada del padre de Mía, el señor Fijiyama, y me pidió específicamente que tú, Akane Tendo, te encargaras de orientar a su hija en cualquier decisión. Me explicó que Mía, al igual que nosotras no cuenta con una madre, en base a eso y tomando en cuenta las buenas referencias que su hija le dio sobre ti pidió particularmente que tú te hicieras cargo- Nabiki no pudo contener una mirada de preocupación, pero a la vez de picardía. Mientras que Akane por su parte no salía del asombro- Creo que no es necesario que agregue que ofreció a pagar el triple por todas las molestias que te tomarás.

Yo…. Akane no pudo decir nada más porque en ese instante llamaron a la puerta.

Pase- y de inmediato dos personas hicieron acto de presencia. Mía llevaba puesto un coqueto vestido amarillo con detalles en café que resaltaba el hermoso color de su cabello. En las manos tenía un abrigo beige, que al parecer era elegante, y unos discretos tacones dorados que hacían que se viera bonita y distinguida. Ranma por su lado portaba una camisa azul marino que destacaba el color de sus ojos, unos jeans negros y su cabello parecía un poco revuelto, pese a estar atado en su trenza.

Akane giró la silla y ambas hermanas se pusieron de pie, saludando a los presentes.

Buenos días-dijeron ambos al mismo tiempo y por la indiferencia con que se miraron Nabiki dedujo que Mía no sabía nada de su pasado, así que decidió seguirles un poco el juego.

Señorita Mía, joven Saotome, un placer, mi nombre es Nabiki Tendo, un gusto- Y alzó la mano para recibir el saludo de ambos. De forma inmediata los invitó a sentarse y así comenzó a explicarles cada uno de los detalles, no sin antes analizar las reacciones de los presentes. Todo indicaba que la única interesada en la boda era Mía. Ante cada comentario u opinión Saotome no hacía más que responder con monosílabos y perder su vista en el inmenso ventanal que retrataba la ciudad. En algunas ocasiones su mirada viajaba a donde se encontraba Akane y no podía evitar maldecir a sus adentros lo excepcional que se veía.

Akane por su parte explicaba las actividades a realizar por parte de Mía, resolviendo dudas y mostrándole las mejores opciones. En instantes posaba de manera imprecisa su vista en Ranma y se sonrojaba en el acto ocasionando un leve temblor en sus piernas.

La junta duró aproximadamente una hora. Pero quedó definido el plan de trabajo. Pese a que Akane intentó safarse del compromiso de acompañar a Mía en todo momento de la planeación, no pudo evitar acceder ante la insistencia de la novia. Cuando le comentaron a Ranma que sería precisamente Akane la que se encargaría de llevarlos y traerlos sus ojos se abrieron desmesuradamente y se le escapó de sus labios un "Demonios". Ante esa indiscreción Nabiki sonrió y en su mente fue tejiendo varias dudas que con el tiempo se encargaría de esclarecer.

La junta fue terminada y la persuasiva novia les solicitó que los acompañaran a comer para poder festejar que su sueño se estaba cumpliendo. Por más que intentaron deslindarse, ninguno de los presentes pudo hacerlo y no les quedó más remedio que acompañarla. Nabiki les pidió unos momentos para poder dejar algunas indicaciones a sus trabajadores, Akane por su parte comentó que tenía que pasar antes a su oficina a dejar unos documentos, pero todos acordaron verse en el estacionamiento en quince minutos.

Cuando se cumplió la hora, una consternada Akane tomaba el ascensor y pensaba en algún inteligente pretexto para poder evadir la invitación, lo que menos necesitaba en ese momento era festejar la boda de Ranma. No se le ocurrió nada. Llegó al estacionamiento caminando de forma pausada y en el lugar indicado ya se encontraba Nabiki, Mía y Ranma. Desde el momento en que se iba acercando pudo sentir la mirada penetrante de su exprometido y no pudo evitar ruborizarse.

Al llegar se dio cuenta que ya había sido distribuidos los espacios y por lo tanto ella y Nabiki viajarían en su carro y Ranma y su prometida en el de él. Al momento de informarle esto, Akane recordó que no llevaba su auto y le pidió a Nabiki que se fueran en el de ella, pero ésta dijo que era imposible. Que algún cretino había encerrado su vehículo y que por más que el encargado intentó ayudarla no pudo sacarlo.

Akane frunció en entrecejo pensando que era una estrategia de Nabiki pero en cuanto dirigió su vista al lugar esa idea quedó descartada: el flamante Volvo plateado de Nabiki estaba pegado a dos camionetas, haciendo imposible introducirse en él. Akane bufó molesta y no le quedó más remedio que comentar.

Entonces nosotras nos iremos en taxi, mi hermana tiene atrapado su coche y mi auto está en casa porque esta mañana le fallaron los frenos. Así que indíquenos el lugar y nos veremos ahí- Mía miraba a Akane reprochándole su comentario y en tono divertido agregó.

No hay problema, Ranma y yo venimos en carros separados. Así que Nabiki se puede ir con él y yo me voy contigo Akane, así podemos platicar sobre la boda. Comentó Mía.

Akane miró con pánico a su hermana, pero ésta tenía la mirada que usaba cuando estaba confabulando un plan maravilloso o cuando intentaba extorsionar a alguien. Akane no se dio cuenta en qué momento unos brazos femeninos la guiaban y la introducían dentro de un vehículo.

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El camino al restaurant había sido demasiado incómodo. Nabiki no dejaba de mirarlo y pese a que él intentó seguirle en juego, pronto se aburrió y se cohibió ante lo absurdo de la situación. Lo tenso en el ambiente era palpable, así que sólo le quedaba tratar de intimidarla.

Valla Nabiki se nota que no has cambiado en estos años, y por lo que veo lograste cumplir tu sueño, dirigiendo una empresa.

Ella lo miró fijamente y con un tono meloso de voz agregó- ya ves Ranma si uno lucha por lo que quiere puede obtener muchos beneficios, claro que eso no es una cualidad que se les de a todos.

Algunos no tenemos todo lo que se necesita para triunfar de esa manera, creo que en ocasiones es necesaria cierta malicia para los negocios. Debo de admitir que antes no la tenía, pero ahora… creo que aprendí con la mejor maestra- dijo lo último entrecerrando los ojos y mirándola desafiante.

Valla Saotome, me alagan tus comentarios, nunca creí que hubiera sido tan importante en tu vida. Jajaja prácticamente tu sensei en los negocios. Dijo con un fingido orgullo en la voz.

Te equivocas Nabiki, aunque aprendí buenos trucos contigo, mi mejor maestra fue tu hermana. De ella aprendí todo no necesario para el engaño- mencionó Ranma apretando de manera brusca el volante.

Una sorprendida Nabiki se quedó un momento sin palabras y sólo atinó a decir- ¿de qué hablas?

Y ahora resulta que no sabes? Valla creo que el engaño es una cualidad de familia-

A mí no me salgas con tus tonterías Saotome. Habla claro o mejor no digas nada- en ese instante se pararon debido al tráfico. Ranma alcanzó a observar a su exprometida sonriendo en el carro que tenía adelante. Un sentimiento de culpa se instauró en su rostro y sólo pudo agregar. Tienes razón Nabiki lamento haberte dicho eso.

Nabiki iba a replicar cuando volvieron a avanzar y se estacionaron en el lugar conocido como La posté, un codicioso restaurant del centro de Nerima. Akane y Mía ya había descendido del Mustang y entregaban las llaves a los encargados del estacionamiento. Ranma se apresuró a salir y le tendió la mano a Nabiki para que bajara.

Juntos se dirigieron a una de las terrazas y fueron tratados con elevada cortesía, al parecer hasta esos lugares había llegado la fama de Ranma. Akane se sentía fuera de lugar ya que las personas iban vestidas de forma muy elegante y discreta. Meditó un poco sobre ello y pronto recompuso su semblante, se dijo a sí misma que ella era Akane Tendo y nadie podía menospreciarla.

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Ranma miraba atento y de forma inconsciente cada una de las expresiones de Akane, primero la vio encorvarse y casi ocultarse al interior de su silla, después hizo varias caras graciosas como muestra de que estaba pensando en algo importante y de un momento a otro un aura de batalla emergió de ella y de forma casi inconsciente lleno todo el ambiente. Así era ella, demasiado inocente y cautivadora, se recreó con sus expresiones y supo que a una mujer como esa era imposible no amarla. Sonrió y una leve carcajada surgió de sus labios ocasionando que sus interlocutoras volearan a verlo intrigadas.

Cuando se percató de su error, intentó justificar sus acciones diciendo que le parecía sumamente graciosa la decoración del restaurant. En definitiva ninguna le creyó, pero prefirieron olvidar sus comentarios. El mesero se acercó y les tomó la orden. A fuera la lluvia continuaba en todo su apogeo, una distraída Akane se divertía contando el número de mesas y la cantidad de señoras que llevaban sombreros. Su hermana siempre vestía de forma elegante, acorde al puesto que ostentaba en la empresa como directora general y más tomando en cuenta que ella era la encargada de negociar con los inversionistas. Ella por su parte siempre usaba ropa un tanto casual, a ella le tocaba la parte ruda del trabajo donde tenía que moverse para conseguir los mejores precios, los modelos más hermosos y los espacios adecuados. En sus andares por el mundo de los eventos sociales había tenido la oportunidad de conocer a una gran cantidad de restauranteros, ya que en algunas situaciones las parejas en cuestión solicitaban que específicamente el menú fuera de algún chef de renombre. Lo que era motivo de gran orgullo para Akane es que los postres elegidos siempre eran los de su hermana, así que Kasumi no tenía nada que envidiarles a los grandes reposteros.

Llevaron la comida y una botella del mejor vino de la casa en honor a tan memorable festejo. En el transcurso de la tarde hablaron de muchas cosas, de la vida de Mía, de los logros de Ranma, de la importancia que tenía la empresa en la región y de algunos cómicos acontecimientos que habían tenido que pasar en el desarrollo de las bodas.

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A Ranma Saotome la situación que estaba viviendo le parecía de lo más absurda, si hace una par de días le hubieran dicho que dentro de poco estaría comiendo con su exprometida y hablando cordialmente se hubiera carcajeado ante lo irónico de la situación.

Desde el momento en que su novia le comunicó el deseo de casarse en Nerima supo que encontrarse con ella era una posibilidad, pero nunca creyó que el destino fuera tan caprichoso como burlarse de él de esta manera. Y ahí estaba él, disfrutando de una rica comida con Akane Tendo y perdiéndose en cada una de sus sonrisas. Sus sonrisas, cuánto había extrañado eso de ella.

Cuando huyó de Nerima, hace ya bastante tiempo, pensó que nunca regresaría. Volvió en algunas ocasiones, de incognito y sólo para asegurarse que ella estuviera bien. Recordó cierta ocasión cuando escuchó una conversación que su madre sostenía con Kasumi por teléfono y alcanzó a oír cuando su progenitora decía que lamentaba mucho la salud de la pequeña Akane y que esperaba que pronto mejorara. A diferencia de él, sus padres seguían en contacto con los Tendo, pero la relación había cambiado mucho con los años, pese a que nunca se lo dijeron supo que uno de los pactos de esa "renovada" amistad era no volver a mencionar su nombre en presencia de la hija menor de los Tendo.

En aquella ocasión, cuando se enteró sin proponérselo, del estado de salud de Akane tomó el primer vuelo que encontró a la ciudad de Nerima, se hospedó en un pequeño hotel y salió dando brincos al dojo Tendo. Cuando llegó estuvo tentado a pasar y saludar, pero lo creyó inapropiado. Como pudo se escabulló hasta quedar en el techo de su prometida y espero a que todos los ruidos menguaran. Eran casi las dos de la mañana cuando se dejó sentir un silencio total en el dojo, con sumo cuidado intentó abrir la ventana, pero para su sorpresa ésta tenía cerrojo.

Desde la marquesina de la ventana y estando él de cabeza. Pudo observar el bello rostro de Akane cubierto por los finos rayos de luna que se colaban por su ventana. En ese instante quiso olvidarse de todo el miedo, rencor y dolor que lo obligaron a huir de Nerima años atrás.

Quedó perdido entre las sombras de esa noche y se asustó cuando la susodicha abrió tenuemente los ojos enfocando su mirada en él. Un estridente trueno cortó lo peculiar de la situación y cuando ella abrió los ojos nuevamente él ya no estaba, alarmada se levantó, quitó el cerrojo de la ventana y subió rápidamente al techo. Él estaba ahí, casi podía jurarlo, pero lo fresco de la mañana y lo alto de su temperatura no ayudaron en nada para salir y buscarlo.

Él la miraba oculto desde las sombras, tentado a salir en su encuentro. Se estaba mentalizando, tomando valor, llenándose de energía, cuando Kasumi la llamó para evitar que el fresco de la mañana le hiciera daño. Estuvo una semana completa velando su sueño, regresaba al hotel de día para dormir y en la noche volvía al dojo Tendo para cuidarla. Ella nunca supo que él había estado ahí, sin embargo ella dejó de poner el cerrojo en su ventana. En una sola ocasión, cuando la fiebre se agravó de forma alarmante él se atrevió a pasar y velar su sueño de una manera cercana. Esa noche ella no abrió los ojos, pero siempre supo que estuvo bien cuidada.

Al cumplirse una semana de incognito en Nerima y ante los constantes cuestionamientos de su familia decidió que era necesario volver. Akane ya se encontraba mejor y su presencia era innecesaria en ese lugar. La última noche cuando se disponía a despedirse sin palabras pudo divisar la figura de un caballero postrado en la entrada de la habitación de Akane: era Ryoga.

No fue necesario decir nada más, se dirigió al hotel, solicitó la cuenta, pidió que las cosas de su habitación fueran enviadas a Tokio, se maldijo por haber sido tan estúpido y sentimental y tomó el primer vuelo de regreso a su hogar. Nadie se había enterado de su estadía en Nerima y así debería de seguir.

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La comida había transcurrido sin percances, los platillos habían estado exquisitos y para deleite de Akane solicitaron que les llevaran el carrito de postres, ante lo cual ella se regocijó: probó la gelatina artesanal, el pastel de chocolate, los duraznos en almíbar, la carlota, los flanes, las natillas de chocolate, las fresas con crema, los helados… al final de la tarde y ante lo suculento del menú sólo buscaba con la mirada aquello que cerraría su día, una deliciosa rebanada de….

Disculpe tendrá un una rebanada de pastel de fresas, bañado en almendras y cubierto de chocolate alemán- dijo un Ranma despreocupado y con un brillo extenuante en los ojos.

Sí señor, en un momento se lo traigo.

Akane se detuvo a pensar un momento, no quería que pensara que él la seguía conociendo bien. Pero por Dios! Era una rebanada de su pastel favorito. Así que sin pensarlo dos veces agregó- yo también quiero un poco… y una taza de café!-

En seguida señorita, no tardo.

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Una satisfecha, muy satisfecha Akane abandonaba el lugar tarareando un canción, detrás de ella venía un despreocupado Ranma con la mirada divertida y con las manos en los bolsillos y detrás de éste las dos mujeres restantes hablando de negocios.

Él podía observar disimuladamente la espalda de su exprometida, sus curvas y lo bonita que se veía cuando comía y se comportaba como una niña. Siempre que salían en tiempos pasados era así: acababa con todos los postres, y lo dejaba desfalcado, pero para él el mayor pago era su alegría.

Llegaron al estacionamiento, y una voz femenina llamó su atención.

Ranma, amor, ¿te puedo pedir un favor?- le llamó Mía

¿He?- Ranma volteó y arqueó una ceja

Que si puedes llevar a la señorita Tendo a su casa, lo que sucede es que tenemos que ir a ver hoy mismo lo de la catedral y la ella tiene que ir por unos papeles para cerrar el contrato-

Claro, no hay problema- en definitiva no era mejor idea, pero tampoco podía negarse a hacerle un favor- vamos Nabiki.

La familiaridad con que la llamó no pasó desapercibida por su novia que pícaramente agregó- Creó que antes de tratarla de esa manera deberías pedir su consentimiento, además querido no es a Nabiki a quien tienes que llevar sino a Akane.

La aludida abrió desmesuradamente los ojos y un pánico se posó en su rostro. Nabiki intervino rápidamente para alivio de Akane- No te preocupes, ambos pueden llamarme Nabiki, además no creo que a mi hermana le moleste si la llaman sólo Akane.

Haaaa!- Gritó una extasiada Mía- en ese caso a mí díganme Mía y a él Ranma. Bueno Ranma, llevas a Akane a su casa?

Cla-claro- qué más podía decir en esa situación.

/

Le abrió la puerta de su auto y ella se introdujo al interior del elegante vehículo, ¿desde cuándo Ranma era caballeroso?. Cuando Akane estuvo sentada pudo percibir claramente el aroma que emanaba del carro, era un olor peculiar, una fragancia masculina que pudo percibir en su dueño desde el primer momento en que lo volvió a ver, sin embargo esa esencia le recordaba algo, aunque en ese momento no supo bien qué era.

Comenzó a avanzar de forma lenta, el tráfico y barullo de la ciudad hacían que su desplazo se volviera lento. Ambos se sentían incómodos pero extrañamente tranquilos. Ranma salió a la avenida central y en ese instante se dirigió a Akane- Al dojo TENDO?.

No, al parque Miramoto, a un lado del hotel SOL, donde me comentó Mía que están hospedados- dijo ella sin voltear a verlo.

Akane Tendo ya no vivía en el dojo, qué había pasado para que ella abandonara su hogar?. Todo eso le parecía muy raro, como si existiera un gran enigma escrito. Qué pasaba con la vida de Akane en ese momento? Vivía a sola sin sus hermanas? O… a menos que ella estuviera viviendo con alguien o peor aún que estuviera casada. Ante esos pensamientos presionó de forma tosca el volante y pisó con más fuerza de la necesaria el freno ocasionando que una distraída Akane se golpeara con el parabrisas.

Haaaa! Fíjate bruto!

Ranma se estacionó inmediatamente, se bajó del auto alarmado, abrió la portezuela del copiloto y bajo a la invitada en cuestión en brazos. Cerró el auto y sentó a su copiloto en una banca que estaba cerca. Akane no salía de su asombro, Ranma la había cargado y ahora miraba de forma angustiante el golpe que había recibido en su cabeza. La examinó con cuidado, se alejó un poco de ella, suspiró de forma cansada y sólo dijo- lo siento.

Ella lo miró confundida y agregó- No te preocupes ha sido mi culpa no tenía puesto el cinturón de seguridad.

Ya sé que ha sido tu culpa, pero eso no borra el hecho de que yo frené de manera brusca.

Qué quería decir el idiota con que ya sabía que había sido su culpa?- qué quieres decir con eso?

Quiero decir que ya sé que fue tu culpa!- dijo él en un nivel de voz exagerado. No se percataron en qué momento habían dejado de hablar y los gritos comenzaron a ser los protagonistas de la discusión.

Ranma miró a su alrededor, la tomó del brazo y la llevó la puerta del carro, la abrió y ella se introdujo. Él retomó su lugar mientras miraba de reojo como ella podía su cinturón de seguridad. Cuando ella se hubo alistado volvió a arrancar.

…..

Hola a todos. Cómo les va de frío? Monikawaii gracias por tus comentarios me han ayudado mucho y creo que tienes mucha razón. Linaakane, Sofi y Karyna gracias por sus opiniones :D

Sin más por el momento me despido. Creo que ha sido el capítulo más largo que he escrito y me siento tan bien que me iré a correr un rato

Abraxos

Jane