Disclaimer: YOI no me pertenece. Si fuera mío habría más fanarts de JJBek o al menos sabría dibujar para hacerme los míos propios –in pain–

Advertencia: este fic contendrá BL/yaoi, violencia, angst y una que otra mala palabra junto con temas subidos de tono. Si te sientes incómodo/a o no te gusta la temática, eres libre de cerrar esta pestaña y buscar algo más acorde a tus gustos para leer! Rated M para el futuro aunque todavía vamos en la parte suave y fluffy.


Los primeros pasos son los más complicados

A pesar de que todo había parecido bien en principio, mantener a un amigo como Otabek Altin era más difícil de lo que Jean-Jacques Leroy podía siquiera imaginar. Porque por más que trataba, muchas veces le costaba entablar conversaciones con él y terminaba armando eternos monólogos que recibían como respuesta un gesto vago o un murmullo poco comprensible que le dejaba frustrado.

Pero era tendiente a dar la batalla y no rendirse, por eso no se dejó amedrentar a pesar de la difícil tarea que parecía ser llamar la atención del chico. Hasta que logró encontrar algo aparte del patinaje de lo que podían hablar: música y vehículos. Desde pequeño a JJ le habían dado la opción de aprender unos cuantos instrumentos y además poseía buena voz y una gran colección de discos y similares de los grupos y artistas que le gustaban. Y sobre el otro tema, aunque el canadiense no conocía mucho si podía notar la emoción del menor, no por los vehículos en general, si no por motocicletas, por alguna razón que no lograba entender. A Otabek parecían brillarle los ojos mientras le comentaba de los últimos modelos que aparecían y Leroy estaba seguro de que aunque no tuviese la edad para subirse a una seguramente lo haría con gusto.

Podía no tener amigos pero sí tenía contactos, así que una vez logró llevarlo a una exposición de esos monstruosos transportes y se sintió más que bien pagado cuando luego de la jornada, por primera vez en todo ese tiempo, el kazajo al fin aceptó ir a conocer su casa y su familia el siguiente fin de semana. Jean estaba tan emocionado que no podía contener su sonrisa y los nervios, estuvo hablándole del chico nuevo a su madre toda la semana, cada día que llegaba a casa de la escuela para pedirle que fuera todo perfecto -era la primera vez que llevaría a un amigo a conocer su residencia- y estuvo la otra mitad de la semana recordándole cada ciertas horas al otro chico que tenía una cita con él.

El día tan esperado llegó. JJ esperaba con la ansiedad multiplicada por mil tras la cortina de la ventana principal de la casa. Pero Altin no aparecía. La hora de la reunión pasó y el chico fue perdiendo lento pero seguro su optimismo. Ya con media hora de retraso no podía esperar que su compañero se presentara, así que bajo la mirada preocupada de su madre se fue a su habitación fingiendo que estaba bien aunque no se sentía así.

Apenas estuvo allí dentro miró todo lo que tenía, su pequeño reino, y lo sintió más solitario que de costumbre. Revolvió en su armario hasta dar con una caja bien adornada y sacó de ella unos cuantos peluches que guardaba en secreto para que sus hermanos menores no le perdieran el respeto ni la admiración. Se abrazó a uno de ellos, un oso con cara feliz y se metió bajo las cobijas de su cama conteniendo los deseos de llorar. No era su estilo hacerlo por mucha tristeza que sintiera.

Los golpes suaves en su puerta unos minutos después le hicieron reaccionar con un bufido, definitivamente no quería que su madre fuera ver cómo estaba ni que intentara animarlo.

Estoy ocupado, vuelva más tarde… –dijo y se enterró por completo en la ropa de la cama mientras la puerta se abría sin su permiso–. ¡Dije que estoy ocu-Otabek?!

La impresión fue tan grande luego de sacar la cabeza de la cobija, que de un salto abandonó la cama olvidando que todavía cargaba con ese peluche, y pensando que estaba soñando, se lanzó sobre su compañero de clases para abrazarlo del cuello.

¡Otabek! ¡Sabía que ibas a venir! ¡No lo dudé ni un momento! –entre risas y sintiéndose tan feliz que le dolía el pecho, tuvo que soltar al otro chico que se había espantado un poco luego de ver su reacción.

–… Lo siento –se disculpó cohibido el menor, la madre del canadiense estaba detrás de ellos emocionada por ver a su hijo tan feliz.

JJ, corazón, tu amigo se retrasó porque nos trajo un pastel para la cena. Ahora diviértanse y si necesitan algo solo tienes que llamarme –le explicó la señora Leroy antes de retirarse.

La puerta se cerró detrás del kazajo quien suspiró un poco cansado por todas las cosas que le habían sucedido ese día y que casi habían impedido que se presentara. Pero al parecer su compañero no terminaba de reaccionar.

¿Jean? ¿Estás bien? –preguntó algo dudoso de su estado mental al notar la cosa que se cargaba en el brazo.

Estoy bien… Soy muy feliz –explicó el mayor de los dos niños y con una sonrisa más brillante que el sol abrió los brazos para señalar sus dominios, cayendo al fin en la cuenta de lo que tenía en la mano–. Oh… esto… es el señor Joyeux –explicó ligeramente avergonzado y le sonrió a su oso antes de guardarlo en su respectiva caja para acomodarla en el armario.

Con todo ya arreglado y bajo la mirada siempre impertérrita de Altin comenzó a alardear de su habitación enseñándole casi todos los secretos que tenía. A pesar de que el comienzo de la jornada no había sido el mejor, indudablemente pasaron buenas horas juntos. Incluso fue capaz de escuchar la risa de Otabek por primera vez, y decidió entonces que haría su mejor esfuerzo por tenerlo contento más seguido. Sabía lo difícil que era estar en un país extraño sin su familia, como había intentado en sus años previos buscando otro entrenador que no fueran sus padres, así que quería que ese callado chico se sintiera en casa cuando estaba con él, que al menos pudiera relajarse. Si eran amigos, era normal, ¿No?

La cena con el pastel y su familia también estuvo bien. Los canadienses eran bastante amables con el niño recién llegado y le hicieron algunas cuantas preguntas básicas, alegrándose por saber que su hijo tendría un compañero competitivo en el mundo del patinaje y a sabiendas de que eso serviría para hacerlo mejorar. Los hermanos pequeños de JJ también dieron una pequeña demostración de lo graciosos que podían ser mientras simulaban ser los cortesanos y fieles seguidores de su hermano mayor, el rey de la casa.

Poco tiempo quedaba de la jornada que habían pasado juntos y Jean comenzaba a impacientarse mirando el reloj. No porque quisiera echar al kazajo, sino porque deseaba que el tiempo se detuviera de una vez para extender esos momentos.

¿Siempre eres así de callado? no pudo contenerse de preguntar el patinador canadiense lo que llamó la atención de Altin.

A veces –apenas explicó el otro y recibió un bufido de parte del mayor.

Cuando hablamos de motocicletas sueles soltar la lengua mhm… ¿Tal vez es porque necesitas tener un tema que si te interese para poder conversar? resolvió como si de un misterio se tratara el mayor y su mano se quedó en su barbilla mientras intentaba idear un plan para hacer que el otro hablara.

Puede ser... –le dio la espalda algo incómodo por saberse el objeto de atención de otra persona, más si esa otra persona lo miraba como si se tratara de un espécimen de laboratorio.

Leroy por su parte siguió esforzando su mente en buscar algo más con lo que poder encantar al otro para que no se fuera tan rápido de su lado, y todavía más importante, para que quisiera ser realmente su amigo. En esos pensamientos se encontraba su mente mientras esperaba que Otabek terminara de mirar las fotos que acababa de encontrar sobre uno de los muebles de su habitación. El de tez más pálida encontró entonces un sello ahí, fuera de lugar en la mesa, que parecía ser un adhesivo con la marca propia de su acompañante. ¿Tan famoso era ya? Se giró a mirarlo intentando evaluar lo que veía en el que se autodenominaba rey y que le sonrió como esperando algo.

¿Qué es eso del JJ Style? –preguntó por su cuenta el kazajo para sorpresa del otro.

Oh pues... ¡It's JJ Style! señaló el canadiense formando la pose que había creado un par de años antes para sí mismo aunque luego se puso a reír–. No sé explicarlo bien, solo que… siempre he creído que puedo hacer las cosas a mi modo, que tengo que hacer lo que crea que es correctointentó explicarse mientras se tomaba la nuca con una mano, tal vez no era lo más claro que podía decir.

Otabek lo meditó unos minutos antes de asentir ligeramente. Leroy lo miró con la duda marcada en su expresión, ¿Realmente le había entendido?

Yo también quiero mantenerme firme a mis convicciones –explicó el kazajo mirando al otro con expresión seria. Era una de las razones por las que había aceptado a moverse de lugar de entrenamiento, si no podía seguir el modo de los rusos el iba a buscar su propio camino. Y se mantendría fiel a eso que había decidido a pesar de su corta edad.

Suena muy bien si lo dices así… aceptó JJ en voz alta y luego de que se le ocurriera una brillante idea usó su diestra para tomar la de Altin–. Otabek. Somos amigos, ¿cierto?preguntó con algo de duda pero también queriendo creerlo posible–. Es decir, ¿podemos ser amigos?se corrigió para que no fuera forzado.

El silencio del otro niño le sugirió que había problemas. Por eso apretó más con sus dedos la piel del otro, sin hacerle daño pero sin permitirle alejarse. Necesitaba esa respuesta.

Ehem… Ajá… Supongo –respondió algo seco el chico aunque fue más por lo extraño que se sentía que el otro le tomara la mano sin más y para peor, con tanta insistencia.

Vamos a hacer una promesa de amigos, de esas que tienes que cumplir por siempre… ¿Qué te parece?! soltó la idea Leroy y lo miró con ojos brillantes.

–… Está bien. ¿Qué quieres exactamente? –su usual desánimo al hablar no parecía hacer mella en el ánimo de su acompañante.

Prometo que siempre voy a ser fiel al JJ style y que no dejaré que el mundo me obligue a cambiar señaló solemne mientras apretaba todavía entre sus dedos los del chico–. ¡Haré que el mundo gire a mi ritmo!

Nada más escucharlo la sonrisa del kazajo se hizo presente y terminó por contagiarse de la energía del otro y apretó también sus dedos a forma de respuesta.

Me parece bien Jean, prometo que siempre voy a ser yo mismo –dijo imitando el tono solemne que había usado el otro adolescente.

¡No se diga más! ¡Y quien rompa la promesa tendrá que nadar desnudo en un lago congelado!como siempre el de las ideas insensatas le agregó algo de emoción al asunto.

Se quedaron hablando largo tiempo luego de eso, inventando más castigos para el que fuera primero a romper esa especie de pacto sagrado que acababan de formar. La madre de Jean fue quien tuvo que separarlos porque era hora de que Otabek se fuera a su casa, ya habían venido a recogerlo. Claro que ninguno de esos dos sabría hasta años después lo difícil que sería mantener una promesa así, podrían sonar grandes y creerse también mayores al hablar, pero apenas eran unos niños y el mundo todavía no les daba la bienvenida a las dificultades del mismo.


Notas Finales:

Hola de nuevo, aquí estamos con una nueva entrega de madrugada (BCS no tengo capacidad de dormirme temprano cuando debería/puedo)

En mi headcanon este capítulo está ambientando cuando tanto JJ como Beka tienen 14 años, es decir, unos seis meses luego del anterior. JJ siempre ha sido un chico solitario a pesar de tener a su familia (HC), así que se divertía desde pequeño hablando con sus muñecos/peluches/juguetes y les tiene mucho cariño.

Gracias por los follows y los comentarios. Este capítulo también fue beteado por Maiev-S, gracias muchas por la paciencia y las ideas!

Se siguen agradeciendo los comentarios/críticas constructivas/galletas y ahora sumamos helado porque donde vivo hace un calor horrible.

Saludos!