"Bienvenida"
Cuando alguien se ve frente a algo desconocido, baraja posibilidades sobre de qué se podría tratar. Este no era el caso. La mente de Amanda estaba totalmente en blanco. Ni la más mínima idea de qué podrían estar haciendo esos siete chicos (uno de ellos con facciones muy femeninas) parados frente a ella con la sonrisa congelada. Yui debió de haberse equivocado de lugar. Sí, eso debió ser.
Dio media vuelta y se dispuso a salir de allí con dignidad, pero sintió un suave apretón en su brazo. Volteó nuevamente y vio a Yui sonriendo.
-"Sí, es aquí"- le dijo respondiendo a su pregunta mental.
-"¿Y qué se supone que haga yo aquí?"
-"¡Es un Host Club!"- aclaró emocionadamente Yui.
-"…Entonces… ¿Qué se supone que haga yo aquí?"- repitió la recién llegada.
-"¡Elige a uno!"- contestó la pelinegra con el mismo tono de voz emocionado.
-"¿Uno?... ¿Un qué?"
-"…A uno de ellos"- respondió Yui como si la respuesta fuera obvia, mientras señalaba a los miembros del Host Club, estos sólo esperaban sin atreverse a interrumpir.
-"¿Acaso los venden? No puedes ir por ahí escogiendo seres humanos"- escupió Amanda tratando de imaginarse qué clase de estupideces harían en un club como ese, luego se volteó a mirarlos para descubrir que seguían en la misma posición en la que estaban cuando ella entró. Por alguna razón esto la irritó – "Me quiero ir…"
-"Esto puede tardar un poco."- suspiró Yui mientras tomaba asiento e invitaba a Mai a imitarle-, "Bien chicos, continúen con lo que estaban haciendo mientras yo le explico."
A medida que recibía respuestas a sus interrogantes y se informaba sobre aquel extraño grupo, la idea le parecía más ridícula…pero también más interesante. ¿Realmente había hombres que "arrendarían" su compañía? Una idea que sólo a la gente rica se le ocurriría. Un Host Club. No sonaba nada mal…es más, sonaba excelente.
-"¿Ha tomado ya la princesa su decisión?"- preguntó un joven delgado y rubio, que Yui había dicho se llamaba Suou Tamaki, mientras pasaba una de sus pálidas manos por el rizado cabello de Amanda.
Mala idea, pésima idea. Tanto los modales como la apariencia de aquel ser tan principesco eran magníficos, pero si había algo que a Mai de verdad le molestaba era que le toquen el cabello. Si el que hubiera cometido tal acto hubiera sido uno de sus ex compañeros de escuela, le hubiera apartado la mano bruscamente y quizás comenzado una pelea, pero en lugar de eso se removió incómoda .Era su primer día en un instituto totalmente diferente y el pobre chico no podía haber sabido que a ella no le gustaba que le hicieran eso.
-"Tamaki, a ella no le gusta que le toquen el cabello."- dijo Yui-"Es algo…salvaje."
-"Si no me equivoco, pasó los primeros 13 años de su vida en África"- agregó uno de los miembros del club mientras se acomodaba las gafas. Su nombre era Kyouya Ootori, según susurró Yui.
-"Disculpa ¿Nos conocemos?"- le preguntó Amanda confundida a aquel elegante ¿joven? No. De alguna forma le daba la impresión de ser un hombre…un poderoso hombre de negocios. Sería mejor no hacer nada que le molestara.
Kyouya sonrió sombríamente.
-"A mí también me sorprendió el primer día. Él seguramente sabe todo acerca de todos los que están en el instituto…Tal vez incluso a qué hora vas al baño."
-"No instalo cámaras en las mansiones de los alumnos,"- se defendió Ootori mientras tecleaba en su ordenador portátil-" sólo estoy bien informado."
Amanda torció sus labios en una mueca. No estaba segura de si quería que alguien supiera todo sobre ella, menos aún si a ese alguien lo acababa se conocer… Porque lo acababa de conocer, ¿verdad?.
