Hola! Aquí traigo el segundo drabble de esta pequeña tabla de pecados... espero que os guste
Gracias a Lalapotter y a Alana Black Potter, por cierto, soy mujer, habrá mas Hermione/Sirius mas adelante, es mi primer fic de HP, estoy tanteando el terreno... prometo que a partir del siguiente habrá mas "contacto" por asi decir
Muchas gracias!!
2º pecado: la Gula!!
Neran.
Un apetito voraz
Hermione observaba a Croockshanks con aire distraído, pinchándo la comida en su tenedor mientras el animal devoraba con avidez el plato de comida para gatos que ella acababa de ponerle delante de su aplastada cara.
Pensaba en lo raro que era que Sirius no hubiese bajado a comer, cuando tampoco había desayunado. Qué extraño, él no solía perderse ninguna comida. Masticó sin ganas el bocado que se había metido en la boca, imitando a su hambriento y panzudo gato. Nunca comprendería ese apetito desmedido de Croockshanks.
Sus ojos se dirigían automáticamente hacia la puerta de entrada a la cocina mientras esperaba que alguien mas entrara por esa puerta. Su corazón se aceleró cuando la gatera se agitó al abrirse la hoja de madera. Solo era Harry, falsa alarma.
Continuó con su comida, con los ojos fijos de nuevo en su gato. Había llegado a pensar que era un pozo sin fondo. O a lo mejor es que tenía hambre. Se levantó para coger el enorme saco de comida de gato y volcar un poco mas en el plato del animal, pero la pesada bolsa se escurrió entre sus dedos, dejando esparcido por el suelo la mayor parte de su contenido.
-Mierda... –Maldijo por lo bajo.- Croockshanks, no te comas todo eso o reventarás... Voy a buscar algo para recogerlo.
Tardó un poco mas de lo que esperaba, revolviendo por ese desordenado armario de las escobas. Regresó diez minutos después, lo justo para darse cuenta de que el zampabollos de su gato casi había limpiado ya todo el estropicio a golpe de mandíbula.
-¡Croockshanks! –le gritó indignada, el maldito gato siempre hacía lo que quería, igual que él. Sirius.
El animal bufó, enfadado por la interrupción de su copiosa comida, y trató de andar con sus patas patizambas hasta la gatera de la puerta de la cocina sin tambalearse demasiado. Era misión imposible.
Hermione y Harry contuvieron la sonrisa mientras el gato introducía la primera mitad de su rechoncho cuerpo por el estrecho hueco de la gatera.
Pero ninguno de los dos pudo contener la risa al escuchar el maullido de indignación al otro lado de la puerta.
-¡Croockshanks! –Dijo Hermione, divertida, con las risas de Harry de fondo.- ¡Si no hubieras comido tanto ahora no te hubieras quedado atascado en la gatera!
Otro maullido, ahora mas fuerte y lastimero que el anterior. Los chicos estallaron en ruidosas carcajadas.
