Cansado
Hacía ya dos años de que habían enterrado el cuerpo de Sasuke.
No le importaba.
Hacía ya dos años con un vacío insoportable.
No le importaba.
Hacía ya dos años que su marido le maltrataba.
No le importaba.
Hacía ya dos años que se había enamorado.
Eso sí le importaba.
Naruto es un profesor del instituto Konoha, todos los días acude a clase, todos los días vuelve a su casa y todos los días llora arrinconado en una esquina.
Quizá merecía que eso hubiese ocurrido.
Quizá Itachi tenía razón cuando le decía que le gustaba el dolor.
Quizá Sasuke fue su única salvación.
Naruto pensaba que su enamoramiento no era real, que solo había sido un juego para él, que solo le utilizó. En parte era cierto y en parte no.
Ambos se habían utilizado pero para ninguno fue un juego y mucho menos no se habían enamorado. Pero es que era un amor tan extraño… después de cuatro años sin verse… y aún no lo había olvidado.
Tal vez, si se suicidara, se diera el caso de que se reencontrase con Sasuke y así salir de ese tormento. Pero sabía que no se lo merecía, sabía que no podía. Se reía de su antigua imagen; el sensei alegre que viviera felizmente en un mundo de fantasía plagado de mentiras.
Todavía recordaba el día en que Itachi le propuso acostarse con alguien, apretó los puños con rabia. Itachi lo había preparado todo para que eso ocurriera.
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Cuatro años antes…
Naruto se encontraba sentado en el sofá negro que estaba a la izquierda de la mesa de Itachi. Se encontraban en su despacho, Itachi actualizando unos archivos y Naruto esperándole para regresar a casa y contarle la buena noticia del día. A Naruto le gustaba mucho el despacho del azabache. Los ventanales mostraban unas muy buenas vistas de Kioto. Las estanterías estaban perfectamente ordenadas y limpias y el gran escritorio de Itachi presidía la sala. El portátil y la lámpara eran de color gris. Un curioso color. Pero él los prefería morenos…
Ne Ita-koi le llamó Naruto.
Dime Naru respondió Itachi sin quitar la vista de su portátil.
Me van a trasladar al instituto Konoha, un profesor se ha puesto enfermo dijo feliz sentado en el sofá del despacho de su prometido.
Hmm "Allí estudia Sasuke…" pensó Itachi.
De repente una idea retorcida se le vino a la mente y decidió ponerla en práctica. Con una mueca que daba miedo le propuso a su prometido:
Naruto, antes de que nos casemos, yo quiero estar seguro y que tú estés seguro de que nos amamos dijo Itachi con rostro de preocupación fingido.
¿Eh? ¿Por qué dices eso? Preguntó extrañado poniéndose serio y mostrando su verdadera edad.
Bu-bueno yo… dijo titubeando intencionadamente no quiero que te arrepientas de esto.
No lo haré Ita-koi dijo Naruto acercándose a su prometido y depositando un beso en sus labios.
Pero… Naru susurró entre sus labios.
Poco después Naruto e Itachi se fundieron en un apasionado beso que Naruto utilizó como distracción. Funcionó a la perfección ya que el rubio sabía cómo excitar al amo de su corazón. Itachi deslizó las manos a la espalda de Naruto y le atrajo hacia sí. Ambos se sumergieron en una batalla por dominar el cuerpo del otro y finalmente Naruto terminó cediendo.
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Naruto-Sensei llamó un alumno.
¿Sí Sai-kun? Preguntó amablemente.
No entiendo este problema
Naruto se acerca al alumno que más dificultades tiene con la materia.
Sai en un chico de piel nívea, ojos negros y afilados y perlo oscuro y corto. Naruto odia y ama a ese alumno por parecerse y no parecerse tanto a Sasuke.
Cuando las clases terminan, Naruto se dirige diligentemente a la mansión Uchiha en la limusina que le ha obligado a usar Itachi.
La mansión es antigua, de madera y por las noches o cuando le viento la mece, cruje. Tiene tres plantas de las cuales no conoce casi nada, necesita la ayuda del personal para poder orientarse, esa casa es como un maldito laberinto. Su estudio en grande y huele a pino. Suele estar medio vacía, solo el personal imprescindible habita en ella.
Itachi pasa la mayor parte del tiempo en su trabajo y el que no se va a ver con su amante. Por lo menos los golpes han cesado. Ya estaba cansado de tapar los moratones con maquillaje.
Cuando las luces se apagan y Naruto cree que nadie le observa, abre la puerta corredera de su cuarto, la que da al patio y se sienta observando las estrellas, hasta que el sol aparece.
El té está amargo y frío de esperar tantas horas.
Con labios trémulos pronuncia su nombre y las lágrimas acuden raudas a mojar su rostro. A pesar de los espasmos producidos por el llanto y el entumecimiento de los huesos, se pone de pie para volver a caer y llorar con amargura.
Quizá había llegado la hora de dar el paso, pero le aterraba encontrarse con Sasuke y que este no le perdonara.
Se quedó dormido sin darse cuenta, hoy el té sabía enrarecido pero nada ya le importaba. Sus fuerzas se estaban escapando.
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Itachi observó el cuerpo inconsciente en el suelo de la habitación, solo un par de horas y Naruto abandonaría este mundo. Ya no había sitio para él, ahora Deidara eclipsaba su ser.
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Abrió los ojos, inmerso en una oscuridad cegadora, su cuerpo se sentía pesado y su mente no trabajaba con normalidad. No sentía ni calor ni frío, tampoco alegría o tristeza. ¿Había encontrado la felicidad eterna?
Un rostro se cruzó por su mente como queriéndolo torturar y recordó aquella noche.
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Cansado de esperar a que Itachi volviese del trabajo a altas horas cuando volvía y del murmullo de las sirvientas que le mostraban lo que él trataba de ignorar. Pensó que ahogarse en alcohol no le vendría mal. Cogió un taxi y pidió que le llevase al local más cercano. Iba vestido con uno pantalones de lino negros y un polo azul celeste. El interior del club tenía un ambiente pesado y el mobiliario era de color rojo y negro. Se sentó en uno de los taburetes de cristal que debían ser muy caros y suspiró desanimado.
¿Qué desea? Preguntó la camarera.
Cualquier cosa con alcohol respondió desinteresado paseando la vista por el local lleno de jóvenes muy apuestos y chicas ligeras de ropa.
Que lo disfrute dijo el barman entregándole el flameado de chocolate, canela, leche y ron.
Dio un par de sorbos cuando se acercaron a donde él estaba un hombre más alto que él y una mujer. Sin prestarles atención siguió bebiendo.
¿Cómo va la noche Hinata? Preguntó el hombre. Su voz era inexpresiva y sexy.
Como siempre, Hebi te espera en tu despacho.
Antes de eso, tomaré una sangría dijo dejando la gabardina en la barra, entre el joven rubio y él.
Naruto derramó por accidente un poco de su flameado sobre el abrigo del hombre y se disculpó torpemente.
Lo-lo siento mucho yo…
Está bien no te preocupes dijo el hombre de unos veinticinco, pelo negro-azulado, tez pálida, labios finos y rosados y ojos rojos afilados.
El traje azul resaltaba su hermosa piel y cabello. Naruto se sonrojó por ello y luego entristeció pensando en lo mucho que se parecía a él.
Sasuke… susurró medio borracho, no estaba acostumbrado al alcohol.
¿Perdona? Preguntó el hombre con la voz más sensual y ronca que Naruto jamás había oído.
¿Te conozco? Me eres familiar pero no logro recordar… confesó entristecido mirándole con una cara que hacía llorar a cualquiera.
Puede que… susurró. En esos momentos la mujer de pelo rosa y vestido negro ajustado de lentejuelas le dijo algo en voz baja al azabache perdona debo marcharme.
Yo... comenzó diciendo pero los desconocidos ya se habían marchado.
¿Pasa algo Sasuke?
Nada en absoluto Sakura contestó con una sonrisa siniestra entrando en el ascensor.
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Era un recuerdo confuso que no estaba seguro de haber vivido realmente. Después de todo él nunca le preguntaba a Itachi lo que le hacía tomar.
Sa-su… no pudo terminar de pronunciar su nombre ya que las fuerzas le abandonaron.
No muy lejos de allí brillaron unos ojos rojos como la sangre y poco después la noche se hizo eterna.
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Joker: El final lo dejo abierto, que cada uno piense lo que desee, solo digo que Sasuke es la persona a la que me refiero en la última línea. No doy más pistas kukuku.
Respecto a las dudas, Itachi ha envenenado a Naruto para poder estar con Deidara.
