Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. Inspirada en la peli The Family Man. Solo la trama me pertenece.
Hola :D, muchísimas gracias por sus reviews, alertas, favoritos.
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Edward se empezó a despertar esa mañana como siempre.
Levantó sus manos para estirarse un poco y arrugó la cara antes de abrir los ojos.
Inmediatamente notó algo extraño.
Un peso en su estomago que no tenía por que estar allí. Abrió los ojos extrañado y levantó un poco la cabeza un poco para ver qué estaba sucediendo, tal vez era una almohada o la sábana, pero al enfocar la mirada quedo paralizado.
Era una mujer.
Él no estuvo con ninguna mujer la noche anterior, de eso estaba completamente seguro.
-¿Qué demonios? – preguntó mirando el cabello marrón que abarcada todo su estomago y que no le permitía ver a la cara de la mujer que estaba invadiendo su espacio personal.
-Mmmm – escuchó que ella decía mientras se removía en su estomago – diez minutos más Edward…
A Edward le dio un vuelco el corazón por el susto y asombro que sintió en ese momento ¿Bella?, era su voz - ¿Estoy soñando? – preguntó mientras por primera vez levantaba la mirada y se daba cuenta que no estaba en su cuarto y que no había ningún tipo de decoración modernista y minimalista que acostumbraba usar y que le gustaba. La cama era de madera oscura en vez de metal blanco, el aspecto era hogareño y aburrido en vez de sofisticado. En conclusión, esa no era su casa y ese no era su cuarto – Si, estoy soñando – declaró un minuto después no menos asustado por el descubrimiento, ya que se sentía lo suficiente real para saber que iba a acabar mal.
-Si Edward yo soy tu sueño vuelto realidad – contestó Bella sin levantarse de su estomago, en voz soñolienta, que Edward no podría determinar si hablaba en sueños y si se estaba burlando de su observación racional y lógica.
-¿Podrías quitarte? – le preguntó Edward un poco molesto y todavía aturdido.
Bella se desperezo moviendo las manos y frotando su cara en el estomago haciendo que su erección matutina creciera un poco mas y que él maldijera por lo bajo apretando la mandíbula – Yo duermo cada noche allí – dijo señalando el otro lado de la cama que tenían las dos almohadas intactas sin levantar su cara del estómago – y tú me traes a tu cuerpo en mitad de la noche, no te quejes si no te dejo salir en las mañanas – terminó en tono jocoso mientras Edward la veía como si estuviera loca.
-¿Quién eres? – le preguntó ya un poco desesperado.
Bella rió y se acercó a él para acariciar su mejilla. Él no se movió, solo la observó, su cara soñolienta, su cabello revuelto, mientras le hacía ese gesto cariñoso y posesivo – Y me criticas a mi por despertar un poco lenta cada mañana – dijo acostándose en su lado de la cama y cerrando los ojos – Amor soy Bella… tu esposa – se rió un poco – la única que tienes en caso que te preguntes cuál de ellas…
Edward se levantó de la cama en un salto. Miró a todos lados buscando un escape y vio la puerta en el final de la habitación. Tragó grueso mientras se preguntaba qué bebió la noche anterior que hizo que tuviera esa pesadilla – Tengo que despertar – anunció con voz ansiosa mientras buscaba algo que cubriera su pecho desnudo. Encontró una franela blanca y se la colocó sin pensarlo mucho
-Despierta – dijo Bella volteándose mientras se acomodaba para dormir – pero déjame dormir diez minutos más – añadió bostezando y colocándose en posición fetal.
Edward quedó paralizado un segundo mientras la veía envuelta en las sabanas y luego buscó algo que ponerse en los pies, encontró unas gomas y mientras se la ponía desesperado, la puerta, su único lugar de escape, se abrió ampliamente golpeando la pared.
-¡Mami! – gritó una pequeña de unos siete años de edad, y para que el pánico de Edward que ya estaba apunto del colapso creciera aún mas, notó que la niña tenía el mismo tono de su cabello, y los inconfundibles ojos marrones de la mujer que estaba medio muerta en la cama.
La niña sonreía ampliamente y se tiró en la cama matrimonial moviendo a Bella como si quisiese despertarla. Escuchó como Bella sonreía – Ya no necesito los diez minutos Edward – declaró mientras agarraba a la niña y la tiraba en la cama para hacerle cosquillas.
Edward empezó a respirar aceleradamente mientras veía la escena. Pasó un minuto hipnotizado al observar como madre e hija jugaban en la cama, como si fuera costumbre y de esa forma comenzaran cada día.
Después de ese periodo de inercia decidió que debía actuar y salió de la habitación, ignorando el llamado de la mujer de la cama, que se parecía a aquella que él conoció hace mucho tiempo y que ahora estaba completamente fuera de su vida.
Vio la escalera y bajó corriendo de ella. Observó toda la casa mientras encontraba la puerta de salida, todas las habitaciones eran iguales, hogareñas, simples, había juguetes derrapados en algunas esquinas y en la sala un gran sofá con una televisión en el frente.
Encontró la puerta de entrada y salió tomando grandes bocanadas de aire. Estaba en un sitio extraño, ciertamente no era su apartamento y no era Seattle. Vio al cielo y estaba húmedo, sin sol, solo nubes. Frente a la casa había un gran bosque y todo era verde, oscuro, tétrico, parecía salido de un cuento de horror de esos que le contaba su madre cuando era un niño.
-¿Dónde mierdas estoy? – preguntó en voz alta mientras salía del porche y veía estacionado un volvo gris en la entrada y una camioneta roja que merecía estar en el relleno nacional o en un museo.
-Estas en Forks - Washington – le dijo una voz a su espalda y Edward se volteó asombrado.
Frente a él estaba el mismo indio americano del día anterior. Pero era un hombre completamente distinto.
El día anterior vestía ropa extraña, casi pordiosera, el jean estaba un poco roto y francamente hasta olía un poco extraño; pero el día de hoy estaba vestido inmaculado con una camisa blanca y un jean, que si no estaba equivocado, hasta debía valer la mitad del valor de la casa de donde había salido.
-¿Seth? – preguntó Edward unos segundos después - ¿Qué demonios esta pasando?
Seth sonrió mientras lo veía tranquilamente – No lo metamos en esto, ¿sabes que no tenemos un trato amigable con él verdad?
Edward lo vio mas asombrado si era posible y respiraba entrecortadamente - ¡¿Qué? – gritó fuertemente. Empezó a moverse ansiosamente y Seth lo tomó del brazo en un segundo.
Edward casi lo empuja y lo aleja de él pero no pudo, ya que en ese momento sintió como si dejara de existir por unos segundos y todo se volviera oscuro. Al abrir los ojos estaba dentro del bosque que había visto frente a la casa, pero en una parte abierta, en una especie de prado.
-No quería que asustaras a tu nueva familia, por eso te traje hasta aquí para que conversemos – dijo Seth mientras se apoyaba en un árbol.
-¿Mi nueva qué…? – preguntó Edward negando con la cabeza mientras se agarraba el tabique de la nariz tratando de calmarse. Quien lo conociera sabía que al hacer eso estaba a punto de perder la poca paciencia que poseía y que lo más aconsejable es que se alejaran de su lado, pero el imbécil que tenía al frente no tenía ese preciado conocimiento por lo que seguía en el mismo sitio sonriendo como si supiera lo que estuviera pensando - ¡Esto es una pesadilla! – Gritó al fin unos segundos después - ¡ayúdame a despertar! – le imploró.
-No Edward, esto no es una pesadilla, esto es una pequeña visión.
Edward que estaba caminando de un lado a otro estresado y preocupado por lo que estaba pasando quedó paralizado y lo miró fijamente - ¿Visión? – preguntó con voz muerta.
-Es como una visita, una mirada a una vida distinta… tu vida.
-¡¿De qué estas hablando maldita sea? – preguntó Edward acercándose a él como si fuera a matarlo, pero cuando estaba a un segundo de distancia Seth se apartó de él, desapareciendo y apareciendo en el otro extremo del prado.
Edward volteó a verlo de nuevo frunciendo el ceño. Estaba loco, lo que acababa de pasar no pudo ocurrir en la realidad, en ese momento vio donde estaba y se dio cuenta que eso que acababa de ocurrir fue el medio por el cual llegaron a ese sitio.
-Esto es tu regalo… te lo dije el día anterior.
-¿Quién eres? – preguntó Edward por segunda vez en ese día y en ese momento estaba seguro que no quería escuchar la respuesta.
-Soy un ángel – dijo Seth mirándolo fijamente.
-¿Qué? – Preguntó Edward perplejo - no… no es cierto – dijo mirando al suelo – estoy loco… tanto trabajo me enloqueció.
Seth rodó los ojos aburrido, como si esas palabras de Edward las haya escuchado muchas veces en lo largo de su existencia y suspiró resignado – Edward no estas loco, soy un ángel, mírame…
Edward levantó la mirada y abrió la boca asombrado al ver detrás del hombre en forma de sombras blancas traslucidas las alas más grandes, majestuosas y hermosas que él haya podido presenciar en su vida. Seth por un segundo había dejado de tomar forma humana, ya no era un indio americano, ya no tenía ropa de marca o estaba inmaculado, solo era una figura en ese prado, asexual, gigante y hermoso… completamente hermoso.
Esa demostración duro exactamente dos segundos, los segundos más largos de la vida de Edward ya que estaba impresionado por lo que acababa de ver. Luego de ese tiempo Seth volvió a la forma en que lo conoció y Edward cayó al suelo, sin fuerza, sentándose, completamente impresionado y analizando el hecho de que con eso le habían demostrado a él, un simple humano, que existía una fuerza superior omnipresente.
-Después de la pequeña demostración – dijo Seth suspirando – pasemos a lo que en realidad nos importa, la razón por la que estamos aquí.
-¿Qué quieres de mi? – preguntó Edward sin mirarlo. Era demasiado por procesar y él no entendía nada.
-Siempre tan egocéntrico e idiota Edward Cullen – anunció Seth bufando - Siempre pensando que eres lo más importante del universo y que todos llegan a ti por interés a tu persona ¿no te has dado cuenta que eres un simple mortal? una diminuta hormiga en el gran universo
Edward levantó la cabeza mirándolo acusadoramente – Pues estas aquí por una razón y me escogiste a mí, a una simple hormiga, así que algo tienes que querer.
Seth se carcajeó fuertemente mientras negaba con la cabeza – Realmente voy a disfrutar esto Edward Cullen. Estas aquí porque sorprendiste hasta la parte más alta de nuestra organización – Edward asintió, eso se lo había dicho la vez anterior – Me encargó de los casos especiales, de las segundas oportunidades, y esta pequeña "visita" solo la reciben pocas personas, unos cuantos elegidos a los que se les otorga la opción de ver como fuera su vida si hubiesen tomado una decisión distinta.
-Yo estoy conforme con mi vida, así que puedes decirle a quien quiera que decidió que busque a otro idiota, que no lo quiero… - dijo Edward molesto.
Seth sonrió ampliamente – No funciona así Edward, tienes que descubrir lo que se te quiere enseñar, tienes la oportunidad de vivir una vida distinta.
-¿Y que pasa con mi vida? – preguntó Edward levantándose del suelo de nuevo, alejando la impresión que había causado lo que le había contado – Mi empresa, ¿quién la esta dirigiendo? Tengo que ir ya a que mi empresa – dijo asombrado por no haber pensado en eso hasta ese momento. Empezó a caminar fuera del prado, sin saber bien como salir de allí y escuchó a Seth suspirar hondo cada vez más cerca, cuando se dio cuenta lo había vuelto a tomar del brazo y había pasado lo mismo de la otra vez. Sintió como si no existiera y que no podía ver nada.
Cuando abrió los ojos estaba frente a su empresa. Sonrió ampliamente al ver su pequeño imperio y pensó que tal vez despertó de la pesadilla. Todas sus ilusiones se hundieron cuando vio que Seth estaba a su lado parado viéndolo burlonamente.
Edward no se dejo intimidar y siguió caminando hacia su oficina pero al llegar a la entrada el oficial de seguridad lo detuvo.
-Hola Laurent – dijo Edward tranquilamente mientras trataba de entrar.
-Disculpe Señor ¿Qué desea?
-Entrar a mi oficina obviamente – dijo molestó, ya con una persona burlándose de él era suficiente.
-Es domingo, así que nadie trabaja en este día y usted no trabaja aquí, retírese o tendré que llamar a la policía.
-¡¿De qué mierda estas hablando? – gritó Edward enfurecido.
-Cálmese señor – dijo Lauren a la vez que tomaba el radio para llamar a la policía.
-Yo soy el dueño de esta empresa, yo pago tu salario ¡mi nombre esta en lo mas alto del edificio! – gritó fuertemente a la vez que señalaba el aviso y sentía como el alma se le caía al suelo.
No era el imperio Cullen. Su apellido no estaba en el nombre del edificio.
Empresas Vulturi.
Se volteó a buscar a Seth viendo rojo de la rabia. No podía creerlo, su vida, su esfuerzo, todo estaba acabado
¿Qué estaba sucediendo?
Iba a empezar a gritarle pero Seth lo tomó del brazo y cuando volvió a reaccionar se encontraba en el mismo prado - ¡No! – gritó fuertemente mirándolo como si quisiera matarlo. Lo cual era ilógico y estúpido ya que si era cierto lo que había escuchado y visto él era un ángel y era invencible.
-Respira, muchos hombres han vomitado al enterarse que no tienen nada de lo que lucharon y sinceramente no me gusta el vomito – dijo moviendo la nariz en desagrado.
Edward respiraba entrecortadamente. Todo por lo que luchó y por lo que se sacrifico, perdido - ¿Cómo? – preguntó en un susurró.
-Estas en otra vida Edward Cullen, en una donde no creaste tu empresa, en una donde decidiste distinto.
-Pero… ¿qué pasara en mi vida verdadera?
-Esta suspendida – dijo Seth mirándolo aburrido – Cuando acabes aquí volverás a tu vida normal, despertaras en tu cama al día siguiente al que nos vimos.
Edward respiró aliviado, había una salida para esa pesadilla - ¿Cuánto tiempo? – preguntó ansioso.
Seth sonrió – El que sea necesario para que entiendas lo que ellos quieren.
-¿Qué? – preguntó Edward en un murmullo.
Seth se carcajeó nuevamente y se encogió de hombros – Eres tú el que debe descubrirlo, pero conociéndote, se que te va a llevar bastante tiempo…
Edward asintió ignorando el sarcasmo en la voz del ángel - ¿Cómo me puedo comunicar contigo? ¿Vas a estar conmigo ayudándome?
Seth negó con la cabeza – Este es un camino que debes transitar solo – diciendo eso asintió una vez en forma de saludo y desapareció.
Edward quedó en el prado solo y por unos minutos pensando lo que le había dicho Seth. Estaba allí en otro mundo, donde su vida era completamente distinta y de la que no sabía nada, solo que estaba casado con Isabella y que al parecer tenía una hija de la que no conocía ni su nombre.
Además iba a tener que estar allí hasta entender algo de lo que no tenía ni idea que era.
Unos minutos después se dio cuenta que estaba en el bosque solo y tampoco sabía cómo iba a salir de allí.
Empezó a caminar siguiendo el norte, como lo había enseñado su padre en una de las tantas excursiones que había llevado a cabo en su niñez, y un tiempo después salió por fin del bosque y respiró aliviado al ver la calle de nuevo.
Ahora tenía otro problema.
No tenía ni idea en donde vivía.
Caminó por la calle viendo las casas a ver si de alguna forma reconocía a alguna de ellas.
Media hora después se sentía completamente frustrado por no poder encontrar una maldita casa cuando era capaz de cerrar negocios multimillonarios en una tarde.
Vio pasar un carro y casi hace ademán para detenerlo pero en el último segundo se arrepintió, podría estar empezando a desesperarse pero no era estúpido, no podía decirle a alguien abiertamente que no tenía ni idea quien era en ese mundo. Estaba seguro que eso iba contra las reglas así Seth no se lo haya dicho expresamente.
No tenía que ser muy inteligente para saber que si decía algo así la gente lo tildaría de loco y lo metería en un psiquiátrico y allí si que no tendría la posibilidad de volver a su mundo salvo que lo que tenga que entender es que esta mal de la cabeza.
El carro que estaba pasando se detuvo unos segundos después y Edward frunció el ceño al ver eso. Unos segundos después se bajo del carro un hombre blanco, tan grande que parecía un armario y Edward dejó de caminar completamente confundido - ¿Emmett?
Emmett se bajó del carro tirando la puerta furioso con el teléfono en el oído - ¡Maldita sea Edward! ¿Dónde demonios estabas?
-Yo… - Edward no sabía que contestar y todavía no podía creer que Emmett este frente a él.
No había visto a Emmett en ocho años, desde que se fue a Londres. Habían prometido mantener el contacto, como siempre se hace en esos casos, pero después que volvió de su entrenamiento se concentró en su trabajo, en ganar dinero, en llegar mas alto, y no pudo volver a verlo.
Sabía que se había casado con Rosalie después de terminar la Universidad, porque le envió una invitación a Londres pero él no pudo asistir por el curso y porque sencillamente no tenía los medios económicos para trasladarse libremente de un país a otro.
Siempre pensó que Emmett se resintió por haber faltado a su boda, en especial porque tuvo que rechazar su puesto de padrino, pero no pudo hacerlo de otra manera.
Se distanciaron completamente y eso fue una de las pocas cosas que a él le sintió cuando hizo su cambio de vida al volver de Londres. Haber pedido a su mejor amigo.
Y ahora, en su "visión" o lo que quiera que se llame el mundo paralelo donde se encuentra esta allí, parado frente a él, completamente molesto y hablando por teléfono.
No podía creerlo.
-Si, ya lo encontré – dijo Emmett con voz más calmada y amorosa. Era obvio que hablaba con alguien querido – habla con Bella y dile que deje de llamar a los Hospitales y la morgue – lo miró con el ceño fruncido – por ahora tiene todas las extremidades completas… pero adviértele que no se enoje si llega sin un brazo, tengo hambre… - dejó de hablar escuchando paciente al teléfono mientras lo miraba reprochándole con la mirada -¡Rose…! – hizo un pequeño mohín como si fuese un niño. Edward sonrió, su amigo no había cambiado – No desayune gracias al imbécil – Edward frunció el ceño, al parecer él era el imbécil – esta bien, no le romperé ninguna extremidad – suspiró hondo mientras trancaba el teléfono.
Edward sonrió ampliamente, tenía tiempo que no lo hacía y sus músculos se tensaron reclamando el trabajo – Emmett… - dijo asombrado - ¿Qué haces aquí?
-Maldición Edward – dijo negando con la cabeza y caminando hacía el auto - ¿Qué mierda haces tú a cinco kilómetros de tu casa, sin carro, y vistiendo como un pordiosero?
Edward bajó la mirada para ver su ropa y se asombró, tenía un mono gris que obviamente servia únicamente como una pijama, una franela blanca con una gran mancha en el pecho y las gomas era cada una de un distinto color, al parecer por la rapidez de su huida ni siquiera se percató que las gomas eran distintas – Salí a caminar un rato y me perdí – dijo unos minutos después, ya dentro del carro y con Emmett manejando rumbo a su casa.
-¿Te perdiste? – Preguntó él incrédulo negando con la cabeza – Hace cinco horas que saliste de la casa, Bella estaba preocupada porque no le dijiste a dónde ibas, hasta la peque había empezado a llorar una hora atrás porque no entendía por qué su madre estaba tan angustiada…
-¿La peque? – preguntó Edward confundido.
-¡Tu hija! La peque… - Emmett lo vio exasperado - ¡Nessie Edward! Nessie tu hija ¿Qué te sucede hoy? – lo miró confundido
-¿Nessie? – preguntó perplejo, ¿su hija se llamaba como el monstruo del lago? ¿Cómo no lo encarcelaron por escoger ese nombre?. Se tapó la cabeza con sus dos manos, esa niña lo iba a odiar toda su vida y sinceramente él no podía culparla.
Emmett suspiró hondo y vio el camino fijamente – Lo sé, no te gusta que llamemos a Vanessa así, pero le pega, es un monstrico pequeñito y ¡ese es su nombre! – continuó gritando y Edward se encontró sonriendo, se llamaba Vanessa no Nessie. Suspiró aliviado, de verdad pensaba que en ese mundo paralelo se había vuelto loco.
-¿Qué haces aquí Emmett? – le preguntó de nuevo.
-Buscándote, en vez de ir a atender el parto de un caballo en la Push…
-Claro… eres veterinario – dijo acordándose
-De día – dijo Emmett sonriendo – de noche soy cosas mucho más interesantes, sobre todo para Rosalie – dijo levantando las cejas sugestivamente.
Edward se carcajeó y miró el camino – Así que vivimos en la misma ciudad – dijo en voz alta.
-Claro, somos vecinos. Sinceramente Edward ¿Te caíste en esa caminata? No puedo jugarme contigo así, siento que me aprovecho de ti…
-Eso nunca te ha detenido antes – dijo Edward viendo las calles solas y un poco tristes.
Emmett se carcajeó – Tienes razón Eddie, eso nunca me ha detenido.
-No me llames Eddie – dijo exasperado y molesto, nunca le había gustado ese nombre, lo odiaba.
-Está bien Eddie no lo haré.
-¡Emmett! – gritó Edward pero se calló al mismo tiempo que se detenía el vehiculo.
Frente a él estaba la casa que había abandonado horas antes y en la puerta estaba Bella parada con las manos dobladas debajo del pecho y expresión ansiosa y molesta en su rostro.
Emmett rió entre dientes – Amigo no quisiera ser tú en estos momentos.
-No tienes idea – dijo Edward, mientras se bajaba del carro con movimientos más lentos de los normales.
Estaba entrando a terrenos inexplorados y no tenía ni idea que iba a hacer, tenía una nueva vida de la que no conocía nada, y más importante frente a él estaba la mujer que lo abandonó muchos años atrás, y por razones que él no comprende en ese mundo, en ese momento ella es la Señora Cullen.
Su esposa.
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