Árboles Secos

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Capítulo 2

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Caminamos en silencio.

Realmente agradecía, que Nott fuera un hombre de pocas palabras y con sentido común. Éramos los últimos en salir de aquella cálida vinoteca, por insistencia de Frank, nos habíamos quedado hasta lo último, con intenciones de volver a ver a aquella "arrebatadora mesera", como el había insistido en llamarla, repetidas veces, pero su turno había finalizado y ella ya se había retirado.

El local cerró y nos despedimos ahí mismo, afuera del local, nos hospedábamos en distintos hoteles, así que nuestros caminos se separaban. Nos dimos las manos, un par de "buenas noches", y seguimos con nuestro camino.

Yo me encontraba más callado de lo normal, su aparición de Granger no significaba gran cosa en realidad, pero me asombraba ver lo bien y feliz que se veía, ¿no había sido ella, la que había luchado por los derechos de igualdad en el mundo mágico? Se la veía mucho más feliz lejos de todo aquello, siendo una simple mesera.

-fue una buena noche… - comentó Nott – vi que te interesó aquella obra de ballet, deberíamos ir…

-¿desde cuando te interesan las actividades muggles? – pregunté con una sonrisa, caminábamos lento, con las manos en los bolsillos, sin prisa alguna

-desde que las muggles que aparecen en aquel folleto, son por demás de lindas… - respondió con una media sonrisa, levantando los hombros tratando de quitarle importancia

-podríamos ir mañana por la noche… creo haber leído, que comienza a las 19:00 pm.

-¿y luego? – preguntó mirándome de reojo

Yo me mantuve callado unos largos segundos, pensando en que haríamos luego de terminada la obra, no es que tuviéramos la necesidad de quedarnos más tiempo en París. En realidad nuestro trabajo allí ya había terminado. Henry y Frank volverían a Nueva York y nosotros en teoría deberíamos volver a Londres.

Pero aquellos rizos volvieron a mi mente como si de un flash se tratara.

-y luego… podríamos volver a aquella vinoteca nuevamente – comenté de manera casual

No lo miré, pero podría jurar que Nott me miraba de manera burlesca.

-me parece bien… quien sabe logro invitar una copa de vino a la bailarina francesa – dijo con una media sonrisa

Yo sonreí y asentí, en realidad aquella idea no estaba para nada mal. Tal vez una cita era todo lo que necesitaba en aquellos momentos.

Cuando Elian le había dicho que podía retirarse, ella no dudó dos veces, tomó su cartera y con un beso en la mejilla se despidió de él. No pudo evitar dar una última mirada hacia la mesa que ocupaban aquellos simpáticos hombres, suspiró y salió de allí.

Quería llegar a su apartamento , quitarse aquellos zapatos, y sumergirse en su tina con agua caliente, tomar una buena copa de vino y dormir plácidamente hasta que su estómago le pidiera comida al día siguiente.

Su apartamento estaba relativamente cerca, solo a un par de cuadras de la vinoteca donde ella trabajaba. Vivía en un pequeño pero pintoresco apartamento, la sala y cocina eran juntos, los separaba un pequeño mesón de mármol, con cajones blancos. Contaba con una sola habitación y un baño privado, también tenía un guardarropas realmente espacioso, dado el tamaño de su apartamento, amaba su tina blanca de patas doradas que daba a un hermoso balcón que se unía junto a su habitación. Lo había decorado con muchas flores blancas.

En realidad no es que ella ganara mucho como mesera, es más, lo que ganaba le daba para pagar sus cuentas y comer. Había heredado la casa de sus padres, la casa donde ella había vivido toda su infancia junto a ellos, esa casa había decidido alquilarla, gracias a esa renta, es que podía tener un mejor estilo de vida. El ministerio de magia le había ofrecido una jugosa cuantía mensual por haber sido una de las heroínas de guerra, ella se había negado rotundamente. En cambio a eso, prefirió firmar un contrato donde aquella mensualidad, destinada a su cuenta en Gringots, fuera destinado a los niños que habían quedado huérfanos a raíz de la guerra.

En algún momento, Elian le había preguntado, si ella nunca había tenido la intención de estudiar, de ser profesional, "alguien en la vida". Ella simplemente le sonrió y le dijo "tengo todo lo que necesito".

Aquellos sueños habían quedado atrás, no quería tener nada que ver con sus sufrimientos y preocupaciones del pasado, había luchado mucho tiempo, para poder superar aquellos dolores, o al menos disminuirlo. Porque cuando nadie la veía y se encontraba en la soledad de su hogar, ella se permitía recordar, recordar a aquellos que amó y que ya no estaban.

Algunos días pensaba, tal vez si no hubiera sido tan obstinada y valiente, sus padres estuvieran vivos, si no hubiera metido su nariz en aquellos problemas ajenos, si se los hubiera llevado lejos…

Porque después de todo, no era su maldito problema, ¿no era eso lo que solían decir aquellos magos y brujas? Que era una sangresucia, una aberración que no tenía derecho a sus poderes, pues bien, no era su problema, pero quiso insistir, quiso ser fiel a sus amigos y a sus creencias.

¿Qué había ganado con todo ello? Nada, un gigantesco nada.

Así que, allí estaba ella, metida en una tina de agua caliente, viviendo en París, como una muggle común y corriente. Si quiera recordaba la última vez que había ocupado su varita, y pensándolo bien ¿Dónde había metido aquel trozo de madera?.

No mantenía contacto con ninguno de sus antiguos amigos, solo con Ginny y muy de vez cuando, siempre y cuando ella usara un ordenador para comunicarse o un teléfono, nada de chimeneas encantadas o cartas vía lechuzas.

Había tomado una sola copa de vino, pero ahora que lo pensaba bien, una botella entera sería muy placentero.

La obra de ballet había sido fascinante, era una noche de domingo, acompañado por Theo, decidieron ir y conocer de que trataba esta danza, que los muggles insistían en alabar, y realmente había sido una sorpresa al verse tan sumergido en la historia que contaban, a mi lado derecho, Theo se veía tan impresionado como yo de principio a fin.

Como buenos Slytherin, no podíamos irnos de manos vacías, fuimos hacia los camerinos a modo de felicitar a las bailarinas, terminamos saliendo de allí, con dos despampanantes rubias, ambas de nacionalidad Francesa.

Nos pidieron unos minutos, para darse el tiempo de cambiarse y salir por ahí a dar una vueltas. Salimos a las calles de París con dos hermosas mujeres colgadas de nuestros brazos, aquello era sencillamente magnífico.

Como si mis pies estuvieran bajo algún encantamiento, terminaron entrando a aquella vinoteca tan pintoresca, aquella que habían visitado la noche anterior, nos sentamos en la misma mesa, esperando atención, mientras las dos chicas parloteaban sin cesar.

Theo participaba fervientemente en sus conversaciones, ¿y quien no? Era un pecado rechazar un buen polvo, y aquellas dos, realmente prometían uno muy bueno.

Cuando estaba a punto de quejarme, sobre quien nos atendería, estaba algo ansioso, pude ver sus rizos castaños nuevamente acercarse hacia nosotros, vestía muy similar a la noche anterior, con la única diferencia que el día de hoy, no traía camisa y si una blusa blanca que se le ajustaba mucho más a su pequeña cintura.

-Buenas noches, mi nombre es Hermione… ¿tienen algún pedido especial o prefieren ver nuestra carta de vinos?-preguntó ella de manera amable con aquella sonrisa en los labios, una sonrisa la cual yo me preguntaba cuando se gastaría, parecía un ensayo, así como su presentación y su semblante amable, algo no se sentía, real.

-¡Hermione! – exclamó la rubia que acompañaba a Theo- ¿Comment ça va? – preguntó ella, algo asombrada y con una sonrisa genuina en los labios

-Très bien ¿et toi? – respondió con una pequeña sonrisa en los labios, se la veía tranquila, pero la forma en como golpeaba el lapicero contra el cuadernillo de anotaciones, daba la impresión de que algo en su interior le inquietaba.

-cuanto tiempo… pensé que habías vuelto a Londres… Hermione estuvo con nosotros una temporada, era muy buena bailando… - comentó la rubia haciéndome levantar una ceja, algo sorprendido, la rubia parecía realmente sincera.

-amabilidad tuya, ¿Qué les traigo de beber? – preguntó ella con una sonrisa en los labios, cambiando de tema tan rápido que nos dejó algo sorprendidos y aturdidos, pestañeando un par de veces y sin saber exactamente que responder.

Granger, Granger… canté su nombre en mi mente…

Las chicas tartamudearon un poco, aún sintiéndose fueras de lugar.

-el vino que nos aconsejaste anoche estaría bien… Hermione – dije mirándola fijamente, ella me observó por unos largos segundos, con aquellos grandes ojos color avellana, pero finalmente sonrió y asintió.

Pronunciar por primera vez su nombre en voz alta, me hizo sentir un cosquilleo en los labios, no tenía ni la más mínima idea, de que me había llevado a hacerlo, o tal vez si, el hecho de que ella pusiera su atención en mi y viera en mis ojos que yo, Draco Malfoy, recordaba quién era ella, Hermione Granger, heroína de guerra, ese era un buen motivo.

-claro que sí, ¿puedo traerles algo para picar? – preguntó ahora refiriéndose a las chicas, como si lo reciente fuera algo totalmente natural.

-una tabla de charcuterie, estaría bien – respondió una de ellas, no supe cual, en realidad no tenía mucho interés en descubrirlo, mis ojos seguían puestos en Granger.

-perfecto, enseguida vuelvo con su pedido, si necesitan algo más, solo deben llamar – terminó por decir, dio media vuelta y yo ahí mantuve mi vista, viéndola alejarse mientras contorneaba sus caderas de aquella forma tan peculiar.

-siempre ha sido rara… - comentó una de ellas, ahora si llamando mi atención.

-¿conocen a la mesera? – pregunté, sabiendo la respuesta, es más, lo habían acabado de decir, que Granger solía bailar ballet, pero había decidido alejarse, aún así, decidí abordar el tema nuevamente.

-oh sí, estuvo con nosotros un par de meses, dado a que nunca había bailado y no estaba familiarizada con el ballet, lo hacía muy bien, tranquilamente hubiera conseguido un papel en la obra, tal vez con un poco de esfuerzo y dedicación, lograba un papel más importante – comentó ella.

Sabía por demás que Granger, de habérselo propuesto, sería la protagonista de aquella obra, nada podía pararla cuando ella se lo proponía, la pregunta era ¿Qué sucedió?, Tampoco hubo necesidad de preguntar.

-pero era muy rara – comentó la rubia a mi derecha – el ballet es una danza donde debes entregar alma y corazón, y Hermione, simplemente no parecía estar dispuesta a entregarse… - dijo ella levantando los hombros, quitándole importancia en el asunto – o… tal vez su pequeña estatura la desmotivó - dijo con una sonrisa

Frunció el ceño, pensando que Granger no era tan pequeña, estaba seguro que al menos llegaba a los 1.65 o tal vez 1.67, claro que al lado de las dos rubias que fácilmente llegaban a los 1.80, ella realmente se vería pequeña. Por otro lado, ¿Granger desmotivada? Buen chiste.

-sabes que eso no es un problema… - comentó la rubia en su delante – es más… cuando se trata de una danza de par, es más fácil manejar una bailarina pequeña y liviana… pero claro la altura es la elegancia personificada – terminó por decir, mirando a Theo con una sonrisa de autosuficiencia.

La noche transcurrió tranquila, el par de rubias no paraban de hablar, Theo parecía un niño de 5 años en navidad, como si tuviera dos enormes regalos en su delante y no supiera cuál abrir primero, y yo, simplemente me mantuve al margen. Mis ojos de vez en cuando la recorrían al acercarse a las mesas para atender a las personas que llegaban.

El local no estaba específicamente lleno, tampoco era algo que ella no pudiera dar cuenta por si sola, pero verla caminar era algo, placentero, por así decirlo. Tenía un lindo par de piernas, caderas redondeadas, glúteos redondos y una muy diminuta cintura, juraría que con un solo brazo lograba envolver su cintura. No pude evitar sonreír de medio lado al darme cuenta de mis pensamientos.

La rubia a mi costado al parecer contaba alguna anécdota graciosa y tal vez pensó que el motivo de mi sonrisa era debido a ello, se apegó a mi brazo y siguió hablando. Theo, siempre tan perspicaz, no pudo evitar sonreír burlesco y negar con la cabeza, mirándome con disimulo, su mirada gritaba, "¿quieres parar por un momento?", obviamente refiriéndose a mi intensa y para nada disimulada observación hacia Granger, yo simplemente sentí comezón en el ojo izquierdo y decidí rascarme con el dedo medio, dedicándole un gesto obsceno, haciéndolo reír levemente.

Estaba intentando hacer todo lo posible por ignorar su insistente mirada, ¿acaso no estaba acompañado de dos despampanantes rubias? ¿Por qué tenía que gastar su tiempo observando cada uno de mis pasos?, siempre estuve orgullosa de aquel don de interesarme más por mis actividades, que por un idiota que simplemente quería saciar su curiosidad, ignorando su insistente mirada olímpicamente.

Porque justamente era eso lo que Malfoy quería, saber exactamente como había ido a parar en París, siendo mesera de una pequeña vinoteca ¿no? Tenía que ser eso, ¿Qué otro motivo tendría el para mirarme tan fijamente?

Después de eso, la noche realmente estaba tranquila, ni que decir el movimiento, contando que estábamos en épocas de verano, en teoría temporada alta, pero aún así, allí estaba yo, bromeando con mis compañeros de trabajo, ya que habían pocas mesas que atender.

-Hermione… ¿conoces a aquel hombre que no te quita la mirada de encima? – preguntó Elian, mirando de reojo a Malfoy, por algún extraño motivo, Elian siempre traía una copa en una mano y un paño en otra.

-para nada… - mentí con descaro - ¿Por qué? – pregunté fingiendo interés

-pues porque no te quita la vista de encima – comentó el nuevo mesero, el joven de 16 años, si no mal recordaba un español de nombre Antonio – cuando yo miro a una chica de esa manera, es porque pues… quiero… ya sabes… con todo incluido – dijo con una sonrisa de oreja a oreja, aquello me hizo rodar los ojos y reír

-créeme… él no… - dije negando con la cabeza y sonriendo, era absurdo

-pero si dices no conocerlo… ¿Cómo estás tan segura? – preguntó dudoso

-pues….pues… porque yo lo digo y punto, y por último no tienes edad para meterte en charlas de adultos, ¿no tienes obligaciones? – lo regañé apuntando hacia una mesa de recién llegados, escuché como bufaba y tomaba entre manos el cuadernillo de anotaciones

Elian me miraba con una ceja en alto, como si estuviera estudiando mis reacciones.

-sabes Hermione… nunca me ha gustado involucrarme con mis trabajadores, ya sabes… mientras menos sabes de su vida personal, más fácil es despedirlos cuando se amerita… - comentó de manera casual – trabajas para mi hace ¿3 años? – preguntó pensativo

- 4 años, 6 meses y 19 días… para ser exactos… - dije restándole importancia con un moviendo de manos al ver su mirada algo asustada

- ¿llevas un calendario? – preguntó – de todas formas… - continuó sin dejarme responder y decirle que "si" pero mejor así - … tu vida debería tener un rumbo sabes…

- ¡uy! Me llaman por allá – dije al ver la mano de Malfoy indicando que le llevara la cuenta – conversamos luego… - le dije con una sonrisa para luego enviarle un beso

- ¡salvada por la campana! – dijo elevando la voz, lo cual me hizo reír levemente, pero yo ya estaba a medio camino llevándole a los Slytherin y a sus respectivas rubias la cuenta de la noche

Entregué la cuenta y me alejé lo suficiente, era de mala educación que el mesero estuviera pendiente de la cantidad de dinero que traía el cliente, además, era Malfoy, no había necesidad de ver la cantidad de dinero que traía, era obvio que traía encima más de lo que ella ganaba en el año entero, se burló.

Ellos se levantaron de la mesa, despidiéndose de ella, Malfoy no volvió a mirarla en ningún momento y agradeció por ello, una vez que ellos se alejaron y salieron del local, agradeciéndole a Elian en el proceso, ella procedió a acercarse a la mesa para recoger lo que parecía ser la propina.

Sus ojos se agradaron al ver la cuantía que él había dejado sobre la mesa, vendría ser un poco más de lo que ganaba en un mes de trabajo en aquella vinoteca, miró la puerta por donde el se había ido, incrédula, ¿sería común en el dejar esa cuantía? ¿Lo hacía por ser ella? ¿Intentaba humillarla, mostrándole la cantidad de dinero que tenía para derrochar? ¿Qué mierda intentaba demostrar él?

-¿en serio no conoces al magnate? – preguntó Antonio, quien, al igual que ella, no podía dejar de mirar la cantidad de dinero dejado sobre la mesa

Esta vez no fui capaz de responder, me mantuve callada, limpié la mesa donde ellos habían estado minutos atrás, y el dinero lo puse en el frasco comunal, normalmente nos lo repartíamos entre los meseros y chef de cocina al finalizar el mes.

Aquella insistencia en la mirada de Malfoy no me traía buena espina…

La noche había sido, particularmente entretenida…

Era lunes por la mañana, estaba sentado en la poltrona del cuarto de hotel, tomando un café y leyendo el periódico, levanté la vista unos segundos, me distraje de mi lectura y observé a la muggle con la que me había acostado la noche anterior. Sin duda una mujer glamurosa, bien dotada y con unos movimientos que parecía enseñado por los dioses.

Pero aquello no me había relajado ni un poco, la noche anterior había vuelto a recordar y soñar, en mi sueño, Lord Voldemort seguía vivo, pude ver a muchos muertos, mis padres, Potter, Granger… desperté y solo vi la claridad de la luna, el olor a jazmines de la hermosa rubia a mi lado, solo había sido un sueño.

Mi padre en Azkaban y mi madre viviendo su vida como un alma en pena, por verse obligada a estar lejos de su esposo, no era realmente una vida digna y ahora Granger, aunque todo en ella apestara a felicidad, algo me decía o gritaba en mi interior, que ella estaba rota, tal vez, tanto o más que yo.

Desde la noche del sábado mi mente me gritaba que me alejara, que volviera a Londres a atender mis negocios, negocios que no avanzaban a ningún lugar si su dueño y señor no llegaba a firmar papeles, mi mente me decía que dejara de jugar al payaso.

Le había dicho a Theo, esa misma mañana, mientras fumaba un cigarrillo para calmar los nervios…

"nos vamos al medio día, el traslador ya está listo"

Pero lo que mi mente no entendía, o tal vez si… ya que todo va de la mano, es que yo siempre había estado obsesionado con ella.

Verla de manera tan repentina, había sido fatal para mi.

De niño, solía ser caprichoso, insensible y terriblemente competitivo, decía odiar a la sangresucia, ella representaba todo lo contrario de lo que se me había enseñado desde la cuna, tenía las mejores calificaciones y era mejor que el en absolutamente todo. Me sentía mejor cuando la hacía llorar, creo yo que desde ahí era un niño algo enfermizo, ya que insistía en obtener su atención de la peor manera posible.

De adolescente, me volví aún más caprichoso, aún más insensible, pero también me había vuelto envidioso, siempre había tenido todo en la vida, nada se me era negado, pero había algo que yo no podía obtener, ni con dinero, ni con influencias, y de comentarles a mis padres, seguramente me harían una buena sesión de torturas, así que, lo guardaba en el fondo de mi ser, como el mayor secreto de mi vida, esto que deseaba, era lo que todos los demás adolescentes tenían a su alcance, la amistad que ella les ofrecía, pero allí estaba yo, el enfermizo Draco, insistiendo en llamar su atención, a punto de insultos.

Luego vino la guerra mágica, y ahí entendí, de la peor forma, que fui criado por dos incompetentes padres, que si bien ellos tenían sus creencias, no debieron inculcarlas y obligado a su hijo a mantener esas mismas creencias erróneas.

Voldemort, era sólo un mestizo a más, un idiota con aires de grandeza, poderoso si, pero un completo idiota, sádico, enfermo y todo lo que vivió en la mansión Malfoy, su propia mansión, siendo ocupada por aquel ente, lo hizo entender, cuan equivocado estaba y lo errónea que había sido su crianza, con aquellos perjuicios contra la sangre.

En aquel entonces, solía pensar mucho en ella, solía pensar, si algo hubiera sido distinto, si se hubiera acercado a ella de manera humilde, buscando su amistad y comprensión, apostaba que ella lo habría aceptado sin pensar dos veces. Por eso no delató a Potter cuando lo trajeron con el rostro desfigurado, por eso a final de cuentas decidió cambiar de bando, salvó su vida de Granger, un par de veces, aunque ella no estuviera consciente de eso.

Había algo, un pequeño detalle, que el no se perdonaba… haber llegado tarde… no haber llegado a tiempo para salvarles la vida a sus padres muggles.

Lanzó sobre la mesa, aquel periódico que tenía entre sus manos, odiaba recordar, odiaba sentirse débil, se levantó de la poltrona y sin siquiera pensarlo realmente, se vistió y se dirigió al único lugar donde podrían decirle donde encontrarla. La vinoteca.

Su hotel no estaba realmente muy lejos, vistió como un muggle y salió algo apresurado, sus piernas eran largas y no demoró mucho en llegar al lugar deseado, pero al ver que el lugar estaba cerrado se sintió estúpido, y una vez sus nervios se habían calmado, se sintió más estúpido aún, se sentó en la vereda al frente del local y sostuvo su cabeza entre sus manos.

¿Que mierda iba a decirle a Granger?

"hola soy Malfoy, ¿te acuerdas de mi?" o tal vez "hey Granger, ¡soy yo! ¡ Tu archienemigo del pasado! Vine a decirte que anoche te mire el culo durante toda la velada"

Genial… simplemente genial…

Estaba a punto de levantarme, cuando vi un señor mayor acercarse a mi, tenía una expresión rara en el rostro, algo singular…

Era obvio, verme ahí sentado como un idiota, hablando solo y luciendo como maniático, ciertamente no era nada bonito de verse.

-¿te puedo ayudar en algo? – preguntó él, yo simplemente me levanté y le di una leve sacudida a los pantalones que traía puesto, quitando una suciedad imaginaria

-no realmente, pero… gracias – murmuré dispuesto a irme

-soy el dueño de este local… - dijo de manera significativa, apuntando la vinoteca, traía en manos unas llaves, las que ciertamente abrían la puerta de entrada – te reconocí, viniste dos noches seguidas y anoche dejaste una jugosa cuantía para una de mis chicas.

Yo simplemente me mantuve callado, mis labios se hicieron una fina línea, genial… ahora me vería como el acosador de una de sus meseras…

-¿quieres pasar? – preguntó de manera lenta, abriendo la puerta de su local

Yo seguía mudo, a pasos lentos me acerqué a la entrada y suspiré, ya que… de todas formas no perdía nada, un par de palabras con el viejo no cambiaría nada ¿o sí?

El dejó un par de cosas sobre el mostrador, tomó dos copas en una mano y una botella de vino en la otra, con un asentimiento de cabeza, me indicó que me sentara, y así lo hice, sintiéndome levemente incomodo.

El quitó el corcho de la botella y procedió a verter un poco de vino tinto en cada copa y luego tomó asiento en mi delante.

-incómodas a Hermione – dijo de manera directa, sincera y cortante, tomó un sorbo de su vino – explendido… - dijo el confundiéndome por un momento, pero luego caí en cuenta que exclamaba por el vino que había acabado de probar – pruébalo… es magnífico… - incitó y así lo hice

-es muy bueno… - concedí luego de mojar mis labios en el líquido rojizo

-no creas que con dejarle una gran suma de dinero vas a lograr que ella se sorprenda, ella es distinta, no es como las mujeres que estas familiarizado – dijo tomando nuevamente de su copa

Yo simplemente sonreí…

-lo sé, es muy probable que el hecho la haya humillado – comentó el enfermizo Draco Malfoy, aquel idiota que no sabía como más llamar su atención

El pestañeó un par de veces sintiéndose confundido…

-¿conoces a Hermione? – preguntó sin dejar de observarme

-no, sólo de vista… - respondí, y pensándolo bien, no era ninguna mentira, no la conocía, no sabía absolutamente nada de ella y el que hayamos compartido una educación en Hogwarts y una guerra en bandos contrarios, no nos hacia realmente conocidos.

-ya veo… bueno tendrás que ser más sutil, Hermione es… especial, y también tendrás que esperar su turno, recién comienza a las cuatro de la tarde – dijo para levantarse y tomar la copa entre sus manos

-en realidad, me voy al medio día a Londres…

-pena por ti… - comentó sin una pizca de remordimiento, yo fruncí el ceño, realmente odiando a aquel vejestorio en aquellos momentos.

Él estaba ocupado en la barra, sería tan fácil hechizarlo y extraerle la información que yo necesitaba, pero allí estaba, el nuevo y renovado Draco Malfoy, advirtiéndole que si lo hacía de aquella forma no llegaría a ningún lugar, ¿Dónde estaba el enfermo y egoísta Draco? Cuando necesitaba de él, se esfumaba.

-gracias por el vino… - murmuré de repentino mal humor

-cuando gustes… - respondió el, levantando una mano a modo de despedida, sin siquiera dignarse a levantar la mirada.

Salí del local y una repentina idea cruzó mi mente, no había sacado vacaciones en muchos años, tal vez quedarme unos días en París, me haría un bien tremendo. Después de todo, ¿quién no necesita un descanso de vez en cuando?

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