Hola aquí les traigo el segundo capítulo de esta genial historia espero que les guste.
Quiero agradecer a todas las personas que me dejaron reviews que me agregaron a sus historias favoritas y en sus alertas.
(muchas gracias por tu comentario, pero quería aclárate que la historia no es mía si no de Naobi Chan, yo solo la estoy adaptando al IchiRuki, es una gran historia espero que la sigas leyendo y espero tu comentario de este capítulo) yuuki kuchiki (la verdad el fic es muy bueno y te vas a enamorar de Daisuke y cuando Ichigo se de cuenta se va a caer para atrás, espero que te guste este nuevo capítulo)Ghost iv ( espero que con este cap puedas ir entendiendo mejor la historia, los hecho de cómo legaron a todo se revelaran mas adelante, me gustaría saber que piensas de este capítulo) Shinigami055(muchas gracias por siempre darme tu apoyo, en cuanto a Senna te juro que la odiaras mas en este fic y si quieres ayuda para asesinarla me ofrezco de voluntaria, espero leer tu comentario de este capítulo)
Disclaimer: Bleach y sus personajes no me pertenecen son propiedad del grandioso Kubo Tite y Vendo recuerdos es historia original de Naobi Chan yo solo soy un medio para traerles esta genial historia.
Si mas disfruten el capítulo.
Vendo recuerdos
Presente
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Rukia se metió bajo las mantas de la cama y un suspiro abandonó sus labios. Acababa de salir de la habitación donde Dais descansaba en su recién estrenada cama, él dormía plácidamente y una sonrisa surcaba sus labios. El viaje en avión del día siguiente lo tenía tan ansioso que le había costado dormir, pero finalmente se había entregado a los brazos de Morfeo.
Rukia apagó la luz de lámpara y se quedó mirando su cuarto iluminado por la leve penumbra que se colaba por la ventana, una farola de la calle le daba de lleno. Miró los dibujos que la cortina dibujaba en su techo y dejó que su mente vagara de nuevo a los recuerdos, recuerdos de su vida en Forks.
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25 de Febrero de 2006
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Rukia avanzaba por la terminal del aeropuerto de Seattle a paso rápido, tenía la mirada clavada en el suelo y una mano dentro de su bolsillo aferrando desesperadamente los cuatros mil dólares que había conseguido ahorrar para su estadía en la universidad. Entre regalos e navidad y cumpleaños, sumados a lo que ganaba como niñera de la pequeña Ayaka Kurosaki solo había conseguido reunir esa pequeña cantidad. Pensaba pagar un billete de avión con ellos y alquilarse un apartamento hasta que decidiese que hacer con su vida.
Llegó a la ventanilla de vuelos nacionales y pidió un billete para el primer avión que saliese y que le diese tiempo a abordar.
- Phoenix, Arizona -dijo la chica de la aerolínea con voz monocorde.
Rukia lo pensó, era una ciudad soleada y lo suficiente lejos para no encontrarse con nadie de Forks. Además, seguro que sería un lugar ideal para criar a su bebé... se paralizó con ese pensamiento, inconscientemente ya había decidido tener a ese bebé, no entraba en sus ideas el quitarle la vida a un ser humano y más cuando ese ser humano era un pedacito de Ichigo.
Aceptó sin pensarlo mucho más y cuando quiso darse cuenta ya estaba sentada en ese avión tumbo a la otra punta del país. Estaba siendo una cobarde, no se había despedido de nadie, a su padre le había dejado una carta bajo su almohada y a su madre no le había dicho nada. Sus amigos se enterarían después que su padre, cuando él los llamara preguntándoles si sabían algo de ella.
El teléfono móvil comenzó a vibrar en su bolsillo, se había olvidado de apagarlo, lo cogió y sus manos temblaron al ver el nombre de Matsumoto en el indicador. Lo pensó durante unos segundos, si no contestaba se volvería loca, movilizaría todo Forks en cuestión de minutos e incluso podría imaginársela montando una batida para buscarla por los bosques de los alrededores. Con un nudo en la garganta pulsó la tecla de descolgar y se lo llevó hasta su oído.
- Rukia... te he llamado a tu casa y Byakuya me ha dicho que has salido sin tu camioneta... ¿se puede saber dónde estás? –Matsumoto Rangiku siempre era así: directa. Decía lo primero que se le pasaba por la cabeza y no media las consecuencias. Si estaba feliz lo demostraba, si estaba triste también y como en esta ocasión, si estaba preocupada preguntaba directamente sin dar ningún tipo de rodeo.
- He salido a pasear -el nudo de su garganta a duras penas la dejaba respirar y mucho menos hablar, su voz sonaba ahogada y a punto del llanto.
- ¿Te encuentras bien? -peguntó Matsumoto frunciendo el ceño- ya sé que esa perra ha vuelto y Ichigo ha caído como un perrito faldero... ¡será calzonazos!
Un sollozo salió de la garganta de Rukia incapaz de soportarlo más.
- Cariño lo siento... no tenía que haber mencionado nada... -se disculpó su amiga- ¿qué te parece si mañana hacemos algo juntas para que te animes?
Rukia sonrió con tristeza.
- Sería genial Matsumoto... -dijo a media voz.
- Entonces paso por ti a eso de las ocho, estén lista en el porche así no tardaremos en llegar a Port Angeles -dijo su amiga con toda esa alegría que la caracterizaba.
Rukia contuvo el impulso de rodar los ojos, hacer algo juntas para Matsumoto implicaba centro comercial y tarjetas de crédito.
- De acuerdo Matsumoto -se sintió mal un momento por mentirle a su mejor amiga, pero no quería implicarla en eso. Cuantas menos personas supiesen donde estaba sería mejor. Menos implicados significaba menos posibilidades de que la verdad saliese a la luz- te quiero Mat... gracias por estar siempre ahí.
Matsumoto se quedó muda unos instantes sorprendida por esa declaración tan inesperada, pero sonrió.
- Yo también te quiero Kia -canturreó feliz.
- Nos vemos -dijo Rukia antes de colgar y apagar su teléfono.
Se quedó mirando el aparato fijamente y con un suspiro lo dejó en el compartimento para la basura. Tenía que dejar todo su pasado atrás, comenzar de cero.
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Presente
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Rukia se despertó sobresaltada a la mañana siguiente, había soñado con esos ojos miel taladrándola, acusándola de haberse alejado llevándose a su hijo con ella. La puerta de su habitación se entreabrió y otros ojitos mieles se asomaron por la rendija. En momentos como ese el corazón de Rukia daba un vuelco, le recordaba tanto a Ichigo que en ocasiones tenía que morderse el labio para no comenzar a llorar.
- ¿Tás espierta? -preguntó Dais en un susurro.
Rukia sonrió y haciéndose a un lado separó las mantas para hacerle un huequito a su hijo.
- Ven cariño -palmeó el colchón a su lado.
Dais sonrió ampliamente y cogiendo carrerilla se subió a la cama de un salto. Rukia lo envolvió entre sus brazos y besó su coronilla repetidas veces para tranquilizarse.
- Mami... ¿el avión no se va a caer? -preguntó inocentemente.
Rukia reprimió una carcajada y respiró hondo para serenarse.
- No mi vida, los aviones son como los pájaros, no se caen -explicó pacientemente- cuando llegue el tío Renji puedes preguntarle que él sabe mucho de esas cosas.
- Mami...
- Dime... -Rukia ya estaba acostumbrada a la larga lista de preguntas que su hijo siempre tenía pese a ser tan pequeño.
- ¿El abelo Bayku es bueno?
Rukia contuvo la respiración y soltó el aire lentamente.
- Sí que lo es -dijo con voz estrangulada- lo que pasa es que quizás esté un poco enfadado porque nunca vamos a verlo.
- ¿Po qué nunca vamos? -preguntó De nuevo.
Rukia abrió la boca para contestar pero el sonido de su teléfono móvil la salvó de tener que hacerlo. Ella buscó el aparato en su mesita de noche y se le cayó el alma a los pies cuando vio el nombre su padre en el indicador. Le hizo un gesto a Dais para que se mantuviese en silencio y después descolgó.
- Hola papá -dijo con fingida alegría.
- Rukia... ¿A qué hora sale tu vuelo? -peguntó Byakuya Ilusionado.
- A las doce papá... llegaré a media tarde -contestó ella con una sonrisa.
- De acuerdo... iré al aeropuerto a buscarte, tengo unas ganas de verte... ya son tres años Rukia, no sabes lo que te he echado de menos.
Rukia sintió como una losa de una tonelada caía sobre su espalda...
La culpa.
- Papá... -su voz a penas fue audible pero Byakuya contestó con un "¿Sí?" al otro lado para su desgracia- ¿Puedes preparar la habitación de invitados? Llevaré compañía.
Byakuya se quedó paralizado durante unos segundos pero después una sonrisa surcó sus labios creyendo que comprendía muchas cosas por fin.
- ¿Es un chico? ¡Ya decía yo que tu ausencia tenía un motivo de peso! -gritó eufórico.
- Sí papá... es un chico -afirmó Rukia en un susurro sonriendo al ver como Dais jugueteaba con los dedos de sus pies.
- ¿Lo quieres? -preguntó Byakuya un poco avergonzado.
Rukia miró de nuevo a Dais con un nudo en la garganta... ¿qué si lo quería?
- Lo amo... -musitó.
- ¡Bolita, ya he llegado! -se oyó la voz de Renji gritando por el pasillo- ¡son casi las diez, si no te apresuras no llegaremos al aero...! -se quedó paralizado al ver a Rukia hablando por teléfono y sus mejillas adquirieron un adorable tono rosado.
Rukia rió entre dientes y negó con la cabeza.
- Nos vemos en unas horas papá... -dijo al teléfono.
- De acuerdo... Bolita -dijo Byakuya en tono de burla.
Rukia rodó los ojos ante su apodo y colgó el teléfono.
- ¿Cuándo dejarás de llamarme así? -preguntó irritada taladrando a su amigo con la mirada.
- Es que estaban tan mona con esa pancita... me gusta recordarte así -dijo Renji sin perder la sonrisa.
- ¿Qué pancita? -preguntó Dais con su pequeño ceño fruncido.
- Tu mamá te tenía dentro de su pancita cuando no eras más que un cacahuete, y después se puso redonda como una bolita cuando tú creciste -explicó Renji haciendo varios movimientos con sus manos simulando que su estómago era más grande.
Rukia le tiró un cojín a la cara que no se esperaba y se quedó paralizado mirando a su amiga con gesto amenazante. Dais rompió en carcajadas y Rukia saltó de la cama y se encerró en el baño para evitar cualquier posible venganza. Se apoyó en la puerta cerrada y suspiró pesadamente, Renji nunca cambiaría, siempre sería ese chico que estaba a su lado para tenderle una mano cuando más lo necesitaba.
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17 de marzo de 2006
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Rukia todavía podía recordar la angustia que sintió al llegar a una ciudad nueva sin conocer absolutamente nada ni a nadie. Los primeros días los pasó en un motel hasta que pudo conseguir un apartamento que pudiese pagar con sus ahorros sin que se le acabasen el primer mes. Por suerte encontró un ático amueblado cerca del centro a los pocos días a un precio razonable y en bastante buen estado.
Lo primero que hizo en cuanto se instaló fue trasladar su matrícula del instituto de Forks a las clases nocturnas del instituto de la ciudad. Había decidido que tenía que encontrar un trabajo para el día dejando las noches para estudiar mientras su bebé no naciese. Quería que su futuro no cambiase en exceso, al menos poder estudiar y encontrar un buen trabajo para sacar a su hijo o hija adelante.
Una semana después de su llegada encontró trabajo como limpiadora en unas oficinas, no era un trabajo muy duro ni muy remunerado, pero mientras no encontrase nada mejor le era suficiente. Las oficinas pertenecían a un magnate de la construcción Kojiro Abarai, viudo y con dos hijos de más o menos la edad de Rukia.
La primera semana de trabajo, Rukia tenía que lidiar con sus nauseas y sus mareos. Por suerte Nanao, una de sus nuevas compañeras, estaba siempre ahí para cubrirla en caso de necesidad. También tenía el turno de tarde, y a no ser que fuese un caso excepcional, casi nadie estaba por allí y ella podía trabajar a su ritmo.
Los estudios iban mejor de lo que esperaba, por suerte se le daban bien y sus notas apenas notaron el cambio, todo parecía marchar demasiado bien.
Un día extremadamente caluroso Rukia estaba recolocando unos archivadores en la oficina principal, la de Kojiro Abarai, sintió un leve mareo pero se sujetó a la mesa para mantenerse en equilibrio. Sentía el sudor perlando su frente y en ocasiones una nausea que la obligaba a respirar hondo durante unos segundos.
No oyó que alguien entrase en la oficina, pero cuando se giró se llevó el susto de sus vida al encontrarse a un chico tras ella. Se llevó las manos al pecho y ahogó un jadeo al verlo, pero consiguió recomponerse y aguantar la compostura lo mejor que pudo.
- Lo siento... no quería asustarte -se disculpó aquel chico- solo venía a buscar unos papeles.
Rukia lo miró atentamente, parecía de su edad o quizás un par de años más mayor, aunque era alto y fuerte. Su piel bronceada y sus ojos negros le llamaron mucho la atención pero lo disimuló y continuó con su labor como si nada pasase.
Volvió a sentir un mareo y se sujetó con fuerza de nuevo a la mesa, eso no pasó desapercibido para el chico, que la miró con los ojos entrecerrados durante unos segundos.
- ¿Te encuentras bien? -preguntó preocupado.
- Sí... -Rukia asintió levemente- es solo por el calor...
Pero no pudo hacer nada más cuando sintió que sus rodillas se debilitaban y caía irremediablemente al suelo sobre la suave moqueta.
- ¡Mierda! -oyó como maldecía el chico.
Sintió sus fuertes manos sujetarla y llevarla hasta un sofá donde la tumbó, o eso supuso ya que estaba en una superficie mullida.
- ¡Hisagi! ¡Llegaremos tarde! -gritó una voz desde el otro lado de la puerta del despacho, Rukia tenía consciencia aunque sus parpados pesaban y no era capaz de moverse. El chico a su lado soltó una sarta de maldiciones y le pasó un paño húmedo por la frente- ¿Qué haces...? -se oyó la otra voz más cerca, la puerta se abrió y hubo unos segundos de silencio- ¿Qué le has hecho? -preguntó aquella voz en tono acusador.
- ¡Yo no le he hecho nada! -se defendió el chico a su lado que correspondía al nombre de Hisagi- se ha desmayado sin más...iré a buscar a alguien... tú quédate con ella.
Sin esperar contestación se puso en pie y salió de la habitación, Rukia se removió intranquila, no quería un médico, sabía de sobras lo que le pasaba, no necesitaba que alguien le dijese lo inconsciente que había sido al quedarse embarazada solo con dieciocho años.
- Tranquila -susurró una voz a su lado.
Rukia abrió los ojos lentamente y se encontró con otro par de ojos cafes, pero estes eran más cálidos que los anteriores, su piel morena, su cabello rojo largo... tendría dieciséis, no era más que un niño y la estaba cuidando a ella.
- Mi hermano Hisagi ha ido a buscar ayuda... ahora vendrán -dijo en un murmullo.
Rukia negó frenéticamente con la cabeza.
- No... no es necesario -murmuró incorporándose lentamente.
- Pero te has desmayado... un médico debe revisarte al menos... -protestó el chico sujetando su brazo para evitar que se incorporase del todo.
- No necesito ningún médico... sé lo que me pasa -dijo ella intentando sonar ácida, pero su voz apenas salió en un murmullo.
- No te pega -rió el chico.
Rukia lo miró con los ojos entrecerrados.
- El ser así de borde... seguro que no eres así -explicó acomodando un mechón de su pelo tras su oreja.
Rukia retrocedió ante sus cercanía.
- No voy a comerte... aquí el que devora a las chicas es mi hermano... yo soy un santo a su lado -se defendió alzando las manos.
Rukia sonrió ante el gesto y suspiró.
- ¿Por qué no quieres un medico? -preguntó de nuevo el chico en un susurro mientras le tendía un vaso de agua.
- Sé lo que me pasa, no estoy enferma y tampoco tiene cura... bueno sí -se corrigió rodando los ojos-, en unos meses estaré como nueva.
El chico sonrió y tomó una de sus mano entre las suyas, Rukia intentó alejarla, pero la sensación de su piel, tan cálida sobre la suya que estaba templada le hizo sentirse bien y dejó que mantuviesen ese pequeño contacto.
- ¿Qué te pasa? -preguntó el chico con voz dulce.
Rukia suspiró y bajó la mirada...
- Estoy embarazada... -dijo en un susurro.
El chico se quedó paralizado y con el ceño fruncido, hasta que tomó una bocanada de aire y miró a Rukia a sus ojos.
- ¿El padre don...? -dejó la pregunta inconclusa porque Rukia comenzó a negar enérgicamente con la cabeza.
- No hay padre... -admitió avergonzada.
El chico suspiró de nuevo.
- ¿Tu familia...? -Rukia volvió a negar con la cabeza.
- Está muy lejos... en Washington -admitió de nuevo.
Sin mediar palabra el chico la abrazo y se mantuvo así unos minutos. Lejos de sentirse intimidada Rukia se sintió bien, por primera vez en muchos días estaba recibiendo un abrazo reconstituyente y lo necesitaba tanto...
- ¿Hace mucho que trabajas aquí? -preguntó Renji de repente.
- No... solo unos días... -contestó Rukia con la voz amortiguada contra su pecho.
- ¡Eso es genial! -gritó eufórico.
Rukia se alejó de él lentamente y lo miró a los ojos.
- ¿Por qué es genial? -preguntó con cautela.
- Mi padre está buscando una recepcionista, y tú eres la persona adecuada, será un trabajo menos cansado y tendrás tu permiso por maternidad cuando corresponde. Incluso podrás dejar después al bebé en la guardería de la empresa -explicó con una radiante sonrisa.
- No... -Rukia negó con la cabeza- no quiero que me ayudes, puedo buscarme la vida yo sola.
- Así que... ¿eres de las tercas? -preguntó de nuevo el chico sonriendo- Soy Renji y cuando yo digo que trabajarás de recepcionista, lo harás -intentó poner un gesto duro y amenazante como lo hacía su padre pero no le salió y los dos estallaron en carcajadas.
- Te lo agradezco... de verdad, pero no puedo aceptar tu ayuda -dijo Rukia de nuevo.
- Claro que puedes... y lo harás -afirmó convencido- ¿Cómo te llamas?
- Rukia -dijo en un murmullo- Rukia Kuchiki.
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Presente
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Esa fue la primera vez que conoció a Renji y desde ese día fueron inseparables...
Rukia suspiró y secó su cuerpo frente al espejo después de una larga ducha relajante. Cuando salió del baño se encontró a Dais correteando en ropa interior por su habitación y Renji corriendo tras él con una camiseta entre sus manos.
- ¡Eres una pulga! -gritaba Renji divertido- ¡cuando te pille te voy a hacer tantas cosquillas que te acordarás de este día toda tu vida!
- ¡No me pillas! -reía Dais colocándose tras el cuerpo de su madre.
- Eso no se vale... los escudos humanos están prohibidos -se quejó Renji haciendo un gracioso puchero.
- Venga niños... -protestó Rukia quitándole a Renji la camiseta de las manos- llegaremos tarde si no dejáis de jugar.
- Sí mamá... -dijeron los dos a coro antes de estallar en carcajadas.
Muchas gracias por leer el segundo capítulo de esta genial historia, ¿me quieren regalar un reviews? No sean malitos.
Que viva el IchiRuki, cuídense mucho y nos leemos pronto.
