Hola. Sólo para aclarar, sueños, pensamientos, recuerdos o fantasías, estarán en cursiva.


Capítulo 02.

Perdido.


1.

— ¡Idiota! — Renegó la pelirosa en cuanto vio a su compañero entrar en la habitación. — ¿Has visto lo tarde que es? — Preguntó retóricamente, pero no espero a ver si él había entendido su eufemismo antes de contestarse sola —. ¡El sol se ocultó hace horas!

— No molestes — vociferó él —, ahora no estoy de humor para tus tonterías —. Zoro entró y cerró la puerta de golpe al tiempo que comenzaba a quitarse la ropa y comenzar a tirarla por cualquier parte.

— ¡Idiota! — chilló ella mientras una fila de fantasmas comenzaban a levantar las prendas del suelo —. Estaba preocupada por ti. Uno nunca sabe cuándo Taka no me va a dejarte abandonado y herido en medio del bosque, incapaz de encontrar tu propia nariz...

Las mejillas de Zoro subieron de tonó abruptamente al recordar la manera en que habían vuelto al castillo. La chica no dejaba de quejarse mientras flotaba por la habitación ordenando la estela de desorden que el chico dejaba a su paso, no obstante al no recibir respuesta dejo su cháchara para mirar fijamente a su compañero —. ¿Te has puesto rojo? — inquirió incrédula, justo delante de él, mirándolo a los ojos y provocando que el tono carmesí aumentara.

— Por supuesto que no — bramó haciéndola a un lado —, tengo calor y voy a ducharme.

— ¿Qué ha pasado?

— ¡Aléjate de mí!

— No hasta que me digas lo que sucedió — insistió ella sin dejar de perseguirlo por la habitación hasta que le cerró en la cara la puerta del baño. Suspiró inflando los mofletes, se cruzó de brazos y se "sentó" en el aire con las piernas cruzadas justo detrás de la puerta —. Estas consienten que seguiré aquí cuando salgas, ¿cierto?

— ¡VETE AL CARAJO!

2.

Suspiró cansado por milésima vez ese día. Estaba muy aburrido, ya no podía negar aquel deseo insano que estaba sintiendo desde que se topó por primera vez con aquel joven.

Tenía una copa de vino en su mano derecha, se encontraba sentado en aquella elegante silla donde solía leer. Sin embargo estaba comenzando a fastidiarse demasiado de sí mismo, había sacado aquel papel de su bolsillo demasiadas veces. Retorcía los dedos queriendo hacerlo una bola para tirarlo por la ventana, para no verlo nunca más, pero siempre que se arrugaba un poco se arrepentía y lo extendía bien, volviéndolo a guardar. Lo colocaba en medio de los demás para que no se maltratara el papel por causa de las sales del mar, ni por ninguna otra razón. Estaba seguro que se había obsesionado más de la cuenta, pero prefería no pensar en ese hecho.

Volvió a suspirar consiente de que le era imposible no pensar en él. Había un montón de cosas dándole vueltas en la cabeza, una de ellas era el hecho de que le doblaba la edad, no sabía que le gustaba o con clase de personas se relacionaba. Pero lo que de verdad no podía sacarse de la cabeza era la pregunta de si a aquel muchacho le gustarían los hombres.

Era consciente de que no le era diferente, no después del modo en que se le habían insinuado, o la manera en que lo había mirado, pero también sabia –o creía saber– de los fuertes sentimientos y lazos que lo unían a su capitán... no era la primera vez que veía algo así...

3.


La primera vez que había cruzado su mirada con la del pelirrojo fue después de la ejecución de Gold Roger; la primera vez que había hablado con él había ocurrido días después, en una pequeña y apartada cantina de Loguentown, donde se rumoreaba que solía beber "el rey de los piratas."

Esa noche la única butaca disponible había sido la que estaba junto a aquel pirata, obligándolo a escuchar, durante toda su cena, anécdotas acerca de lo grandioso y maravilloso que había sido formar parte de aquella tripulación. En circunstancias normales se habría levantado e ido, mandando a aquel borracho al demonio y continuando con su camino, pero algo se lo impidió.


4.

[…] Suspiró. Aun así no podía sacarse la idea de tener a Roronoa desnudo entre sus brazos, de probar su semilla, de hacerlo gemir modo ronco y viril, como se imaginaba que lo hacía.

Sabía que en lo se refería a fuerza no había manera de que aquel joven le ganara, por lo tanto, si lo quería podría obligarlo a compartir su lecho, pero no quería eso. Sin darse cuenta aquella obsesión era demasiado fuerte y demasiado confusa.

Deseaba tenerlo en su cama, hacerle el amor, pero ya no estaba seguro de que aquello haría que dejara de estar tan interesado, ya no estaba seguro que tras tomarlo aquella obsesión desaparecería.

Había demasiados pensamientos en su cabeza, y ya estaba cansado de darle vuelta a lo mismo sin encontrar una respuesta coherente y satisfactoria. Roronoa Zoro se estaba volviendo algo más que un rival, al menos en su mente y en sus fantasías, y seguía alimentando aquella obsesión, estaba seguro que en algún momento podría incluso, llegar a perder la cabeza.

Suspiró y se talló los ojos, estaba cansado. Lo mejor era volver a su habitación y tratar de dormir, quizás podría salir a una isla cercana por un par de días, tal vez si distraía a su cuerpo y a su mente con alguien más podría dejar de pensar tan insistentemente en el muchacho de cabello verde.

5.

Suspiró tras recostarse en la tina y echar la cabeza hacía atrás con los ojos cerrados, pero cada vez que hacía aquello, la cara del shishibukai se había cruzado por su mente; y se descubrió fantaseando con tener al poderoso y elegante hombre entre sus piernas mientras se estimulaba inconscientemente —. Tsk —. Renegó para sus adentros al no poder entender lo que estaba pasando.

« ¿Desde cuándo? » Necesitaba saberlo. Necesitaba saber en qué momento había pasado aquello, en que momento su mente había comenzado a tener aquellas absurdas ideas, en que momento Taka no me había pasado de ser su rival, a ser el objeto de sus fantasías.

Suspiró sonoramente y se talló la cabeza con brusquedad. No lo entendía. Había estado demasiado ocupado con sus entrenamientos, con sus sueños, con conseguir aquello que había prometido... La imagen de su capitán ocupó su mente, haciéndolo sacudir la cabeza con brusquedad. « ¡No! » Se reprendió enfadado. Aquel no era momento para desviar su mente en banalidades y cosas absurdas, debía volverse más fuerte, por sus nakama, por Luffy...

— Roronoa... — la chillona y penetrante voz de la chica pelirosa del otro lado de la puerta lo volvió a la realidad —. ¿A qué hora vas a salir? ¡Me está dando sueño!

Una vena se saltó en la frente del espadachín —. Pues lárgate a dormir y deja de estarme jodiendo.

— ¡Serás idiota! — la voz indignada de la chica no se hizo esperar —. ¡Eso me gano por preocuparme por un neandertal sin sentimientos como tú! — Zoro sabía que aquel insulto era sólo un reproche de la joven hacía sí misma, en ese tiempo juntos había aprendido a conocerla un poco, sin embargo en esa ocasión soltó algo que el peliverde nunca se habría esperado —, además, si te estuviera jodiendo, no estarías de tan mal humor.

Las mejillas del espadachín se volvieron rojas nuevamente, y agradeció cuando reconoció el sonido de los fantasmas y la chica gótica alejándose en el aire. ¡Menuda cría tan más atrevida!

Finalmente, y por primera vez en su ocupada y ajetreada vida, se dio cuenta que jamás se había detenido a pensar en cuáles eran sus preferencias sexuales... había asumido que debían gustarle las mujeres y de vez en cuando conseguía alguna para tratar de satisfacer sus instintos, pero ahora que se detenía a pensarlo podía darse cuenta que nunca se había interesado realmente en ninguna, no luego de la muerte de Kuina.

Complicado.

Aquello era demasiado complicado para su gusto. Él no solía pensar tanto en nada, pero tras haber tenido aquella fantasía, tras haber deseado aquellos ávidos labios y haberse perdido en los penetrantes ojos dorados de Mihawk...

¡Maldito sea!

Su cuerpo comenzó a tensarse al pensar en aquello, e inevitablemente su miembro comenzó a cobrar vida, recordándole que no había terminado de estimularse aún. Enredó su virilidad entre sus dedos mientras cerraba los ojos y se permitía aquella fantasía que prometía alcanzarle un pronto orgasmo. Deseaba estar con Mihawk, tenía que aceptarlo, deseaba besarlo, tenerlo entre sus brazos y tomarlo con fuerza y derramarse una y mil veces dentro de él...

— Ahh... — un jadeo ahogado acompaño el orgasmo que le sobrevino a esos pensamientos. Se rio de sí mismo ante aquella idea mientras luchaba por regular su respiración, probablemente aquel hombre no dejaría que lo tomara, y él mismo no estaba seguro de querer que alguien se lo hiciera a él.

Suspiró. Probablemente aquella noche le costaría trabajo conciliar el sueño.

6.

Revoloteó por el castillo un rato, vociferando maldiciones en contra del neandertal con el que compartía la habitación cuando una autoritaria voz la hizo parar.

— Pensé que esta noche no tendría que verte por el castillo, chica fantasma.

— ¿También vas aportarte como un neandertal, Taka no me?

El shichibukai no pudo evitar fruncir el ceño —. ¿También?

La chica comenzó a volar en círculos alrededor de él —. Zoro es un desagradecido — le explicó con pesar —, sin importar lo mucho que me preocupe por él, que lo cuide o que atienda todas sus necesidades, él siempre se comporta como un cretino —. Mihawk parpadeó un par de veces intentado procesar aquella información —. Ahora resulta que no quiere que lo joda — resopló con rabia contenida —. ¡Abrase visto semejante tonto!

— Quizás... deberías tomártelo con calma y... intentar hablar con él...

Perona ni siquiera notó lo que le costó a aquel hombre decir aquellas palabras —. Supongo que debería intentarlo — meditó —, después de todo necesitaré ponerle sus vendas cuando salga de la ducha —, finalmente volvió a sonreír de manera alegra —. Gracias, creo que no eres tan tonto después de todo — tras decir aquello se alejó, revoloteando feliz, sin percatarse de la tempestad que acababa de provocarle al pelinegro.

Tragó saliva, intentando calmar la presión que sentía en el pecho... ¿pero qué se supone que esperaba? ¿Qué esperaba que pasara entre dos jóvenes que compartían la misma habitación?

Se reprendió a si mismo por ser tan imbécil, y respiró hondo, tratando de controlar esa inexplicable sensación de vacío que se había apoderado de él, sensación que le cortaba el aire y le calaba hasta en los huesos.

7.

Estaba enfadado. Se había puesto mal los vendajes, se había tragado el orgullo y había salido en ropa interior a buscar a la pelirosa para que lo curara. El shichibukai no le permitiría entrenar si veía lo mal que estaban aún sus heridas, y no tenía tiempo que perder. Lo necesitaba su capitán.

No se imaginaba lo difícil que había sido para el muchacho de goma pasar por todo aquello sólo, no se podía imaginar donde podría estar entrenando para volverse más fuerte... ¿realmente estaría a salvo de la marina?

Tenía que encontrar a Perona y convencerla de que lo ayudara, aunque eso significara disculparse —. Mph... —, sólo pensar en eso lo ponía de mal humor. En ese momento unos pasos lo pusieron en alerta, pero al instante descarto aquella sensación al recordar donde se encontraba y por qué —. ¿Tampoco puedes dormir? — soltó de manera brusca en cuanto aquella figura tomó forma delante de él.

Mihawk no pudo evitar estudiar todo su semidesnudo cuerpo. Aquel muchacho andaba por el castillo únicamente con el bóxer puesto, aunque mucho de su cuerpo seguía vendado, el shichibukai no podía evitar estudiar cada centímetro de él.

— Estaba por irme a la cama — explicó, tratando de sonar neutral.

— Si, también yo — atinó a decir el peliverde —, pero todos los pasillos de este jodido castillo son iguales.

El shichibukai frunció el ceño —. ¿No acabas de ducharte?

— ¿Eso que tiene que ver? — gruñó Zoro de mala gana.

Mihawk no pudo evitar una media sonrisa al recordad los rumores acerca del sentido de orientación del muchacho, pesé a que le doliera tenerlo delante en aquellos momentos, siempre parecía ingeniárselas para robarle una sonrisa. ¿Cómo era posible que le sonriera con tanta sinceridad a alguien que le hacía doler el alma con sólo pararse frente a él? —. Podrías intentar regresar sobre tus pasos — sugirió abriéndose paso a un lado del más joven y continuando su camino, necesitaba desesperadamente alejarse de él, porque una idea absurdamente ridícula estaba empezando a consolidarse en su mente, y aun no estaba listo para asumirla como una posible realidad —. Buenas noches, Roronoa.

— Descansa –— respondió en voz baja mientras pensaba que regresar sobre sus pies no era una mala idea, y seguro no lo sería para cualquier otra persona, pero para él y su caprichoso sentido de orientación habría sido lo mismo que le señalaran a donde ir. Así que en lugar de dar la vuelta y caminar junto a Mihawk rumbo a las habitaciones, siguió derecho completamente seguro de aquel era el camino por el cual había llegado.

CONTINUARA...