Cuando algo cambia en la vida de alguien al principio nada es fácil, pero es cuestión de la persona adaptarse con rapidez o simplemente mantenerse en la sombra recordando lo antiguo y comparando a las personas he incluso el lugar.

Fue esto lo que me sucedió a mí al cambiar de preparatoria y a mi como para otros muchos el cambio en un comienzo no fue nada agradable pero para mi al contrario el integrarme no fue difícil uniéndome a un grupo de amigas con los mejores de los corazones. Todas y cada una de ellas eran de una manera completamente distinta, estaba la estudiosa, Ángela, aquella que aun siendo divertida y risueña era responsable y se preocupaba por sus estudios y por los estudios de todas aquellas que formábamos parte del grupo. Luego estaba Rosalie, una chica espectacular no solo en su imagen sino también en el terreno personal, aun así siendo tan espectacular como antes descrita tenia un punto egocéntrico que muchas veces la hacia querer guiarse únicamente por la imagen, cosa en la que muchas de nosotras no estábamos de acuerdo. Y finalmente Alice, mi pequeña Alice, aquella a la que siempre era la primera en confesarle todo lo mio, todo aquello que me hacia no dormir algunas noches. Ella era mi hermana de el alma, una hermana que aunque mucho tarde en encontrar su cariño no me costó tanto obtenerlo.

Bueno pero dejando las presentaciones de lado vallamos al día, el día que por primera vez vi al que se convertiría en mi amor y mi tormento.

Mis amigas y yo nos encontrábamos sentadas en un banco, después de una larga mañana en la preparatoria oyendo a nuestros incansables he insoportables profesores, hablando de nuestras cosas cuando un grupo de chicos, pertenecientes a un instituto cercano al nuestro, en el que nunca habíamos reparado. El grupo estaba compuesto por tres chicos de buen ver, uno alto y rubio, luego estaba el mas bajito de los tres con caballo castaño, y finalmente estaba el, el único que desde un comienzo llamo nuestra atención, pero sobre todo la mía. Él nos miro directamente, no se si a alguna en especial, o el grupo en general, pero cuando eso ocurrió, pudimos ver sus verdes ojos, aquellos que brillaban como las dos esmeraldas mas vivas y preciadas nunca antes vistas y que combinaban perfectamente con su desordenado cabello cobrizo su tez blanca, y con mejillas ligeramente sonrosadas que le daban todavía un aire mas atractivo. Andaba de una manera que dejaba claro que él se creía un tanto superior a las demás pero yo una vez más guiada por mi ingenuidad simplemente con aquella mirada que nos dirigió hacia nosotras quede prendada y no vi aquello de lo que mas tarde me daría cuenta.

Pero ha decir verdad no fui la única del grupo que había puesto mis ojos en el y en los demás del grupo y desde entonces cada tarde después de nuestra jornada de estudio nos sentábamos en ese banco y los veíamos pasar y nos deleitábamos con su imagen. Aun cuando siempre nos sentábamos allí nunca tuvimos el valor de saludarlos, en cambio con muchos aquellos que ya se habían acostumbrado a vernos allí si llevábamos a cabo este gesto y los mirábamos directamente, cosa que yo personalmente nunca fui capaz de hacer con nuestros chicos misteriosos aquellos que poco a poco empezaron formar de forma extraña parte de nuestra vida ya que a partir de entonces no solo los veíamos al salir de la preparatoria sino que nos los encontrábamos en muchos rincones, en el parque al que íbamos al salir los sábados, en una pequeña cafetería...

En fin que de una manera u otra el destino queria que ellos formaran parte de nuestra vida