La espera en el hospital se había hecho eterna. Los médicos y las enfermeras se movían de un sitio para otro, como locos y parecía que no se hubieran percatado de que ellos estaban allí.

Sam miró a su hermano que estaba sentado a su lado, con los ojos muy abiertos, mirando en todas direcciones y parecía algo asustado por el barullo que estaba sucediendo a su alrededor. Sin decir nada, Sam, deslizó su mano sobre los hombros de Dean y este le devolvió la mirada.

Sam le sonrió pero no pudo evitar que sus ojos expresaran la tristeza que sentía su corazón por ver a su hermano en aquel estado.

Dean lo miraba de una forma tan infantil, que casi no pudo reconocer donde se encontraba el Dean que él conocía, el que se sentía culpable por la muerte de su padre, el que adoraba al Impala más que nada en el mundo, el que estaría observando a las enfermeras en busca de su siguiente cacería particular.

En lugar de eso Sam sólo vio inocencia, en sus ojos verdes, la misma dulzura infantil que su padre debía de haber visto en él tantos años atrás y que él nunca había llegado a conocer.

Una camilla pasó a gran velocidad cerca de donde se encontraban ellos y el hombre que se encontraba tumbado sobre ella, no hacía más que gritar y tratar de levantarse, mientras la sangre emanaba profusamente de una herida de bala en su estómago.

Con un movimiento rápido, Sam sintió como Dean se agitaba en su asiento y se apretaba contra su cuerpo y su mano se aferraba desesperadamente a su pierna, casi clavando sus dedos en ella.

"No pasa nada, los médicos le curarán y pronto estará bien." Miró de nuevo la herida de su hermano, mientras acariciaba su pelo para reconfortarlo; afortunadamente, sólo se trataba de sangre seca y había dejado de sangrar, pero seguía sin tener muy buena pinta.

"¿Cuándo nos iremos de aquí?" Al escuchar lo que parecía más una plegara y a pesar de haber transcurrido ya una hora, Sam no se había hecho todavía a la idea de que el que hablaba era realmente su hermano, pues prácticamente había desaparecido el tono fuerte y sereno que tanto le caracterizaba y se había transformado en una voz débil y tremendamente asustada.

Antes de que pudiera responder Sam vio que un médico se acercaba a ellos. "Siento mucho haberles hecho esperar, pero estamos un poco sobrepasados estos días." Les indicó que le siguieran y Sam vio un gesto de extrañeza en la cara del médico cuando vio cómo Dean se agarraba a su brazo cuando Sam se levantó, intentando que se quedara a su lado. Sam sonrió al doctor y con un gesto le dijo que ya se lo explicaría.

Al comenzar a caminar, se dio cuenta que Dean continuaba haciendo toda la fuerza de la que era capaz para detenerlo. Se volvió hacia él y puso sus manos sobre los hombros de su hermano y con voz dulce comenzó a hablarle.

"Quedamos en que verías al doctor. Además voy a estar contigo todo el tiempo y no dejaré que te ocurra nada malo. Cuanto antes entremos, antes nos marcharemos." A pesar de no estar del todo convencido, Dean se mordió el labio y aceptó ir con él.

Tras hacerle un examen preliminar, durante el cual, Dean no había permitido a la enfermera que le separara de su hermano, y comprobar que no había ningún daño cerebral, el médico limpio la herida y se dispuso a ponerle algunos puntos.

Sam escuchó a su hermano protestar ligeramente y apretar con fuerza su mano, pero no dijo nada, sólo mantuvo su mirada fija en Sam todo el rato, o en el que creía que era su padre, como si de esa forma se sintiera más reconfortado, al fin y al cabo, por mucho que se tratara de una versión infantil de Dean, seguía siendo el mismo que no expresaba el dolor, ni debilidad, de ningún tipo, bajo ninguna circunstancia.

Cuando hubieron terminado, el doctor Reynolds le pidió a Sam que saliera con él, porque quería comentarle algo, mientras Dean se quedaba con una enfermera.

- o -

"¿Cómo está mi hermano?" Sam pudo leer en la expresión del médico, la confusión por el comportamiento de Dean, pero la verdad era que Sam todavía no había pensado en ello. Sin embargo, su única preocupación en ese momento era el estado físico de Dean.

"Físicamente bien, aunque su hermano necesita reposo por el golpe en las costillas y le recomendaría una noche en observación para estar seguros de que no surgen complicaciones." ¿Golpe en las costillas? Había estado tan preocupado en estado mental de Dean, que no se había molestado en comprobar al salir del orfanato si algún otro daño en su hermano. Desde luego aquella situación estaba desbordándole.

Sin embargo después pensó en lo de quedarse allí la noche y Sam pensó entonces en lo que diría su hermano al respecto, porque una característica que Sam estaba seguro que Dean tenía desde el mismo día de su nacimiento, era que no le gustaban los hospitales y mucho menos tener que pasar la noche en uno. "Lo que me preocupa es su estado mental, quiero decir, si el golpe le ha producido algún daño psicológico."

Sam lo miró dubitativo, desde luego, no podía contarle la verdad, decirle que había sido por culpa de un fantasma y lo que fuera que le había hecho en aquella habitación, pero tampoco estaba muy seguro de por donde podía salir, a parte de darle una buena paliza por lo que le había dicho el doctor. "Si hubiera estado a su lado, si me hubiera hecho caso no se hubiera ido sólo. Dean te dije que tenía un mal presentimiento con ese lugar. ¿Por qué no te fías de vez en cuando de mi?"

"¿Cree que su estado ha podido ser causado por el traumatismo?" De alguna forma esperaba que el médico le dijera que si, que su estado infantil había sido causado por el golpe y que en pocos días y con algo de medicación y mucho descanso se encontraría bien, pero por otro lado, pensó que eso podía llegar a ser algo horrible, ¿y si le decía que no se recuperaría?

"No estamos seguros." El médico se volvió hacia la habitación y se detuvo un momento en Dean. "Hace un tiempo le habría dicho, sin ningún lugar a dudas que si, que se trataba de un trastorno de la personalidad causado por el traumatismo, pero su hermano ya es tercer caso que nos llega con ese comportamiento infantil y esto parece una epidemia."

Sam, entonces recordó a Peter y la noticia del periódico, que les había llevado allí en un primer momento. "¿Y cómo se encuentran los otros pacientes?"

Tenía la esperanza de que le dijera que, al menos en el primer caso, a los pocos días había vuelto a la normalidad sin más, que no tenía explicación para ello y que el ataque del espíritu había sido pasajero y que todo había sido un mal sueño para el paciente.

Sin embargo, cuando volvió a mirar en los ojos del doctor Reynolds, supo que no era así.

"Al primer paciente que llegó lo trasladamos a Psiquiatría, aunque no hemos conseguido que mejore y el paciente anterior a su hermano, se lo llevó su hermana, dijo que se encargaría de él. Aunque sinceramente, no se que decirle."

- o -

Al entrar de nuevo en la habitación, Sam comprobó que Dean parecía no haberle echado de menos. Sentado con las piernas cruzadas, parecía llevar una entretenida charla con una de las enfermeras. Sam sonrió al ver que de todas formas, Dean seguía estando allí y que el gusto en mujeres no había cambiado con los años.

Al verlo entrar, Dean trató de levantarse de la cama con rapidez, pero al sentir que la habitación comenzaba a girar y que el costado le dolía con intensidad, volvió a dejarse caer sobre ella.

"Tienes que tomártelo con calma, que por muy dura que digas que tienes la cabeza, necesitas descansar." La enfermera le revolvió el pelo, se levantó de la cama y después de arroparlo con mucho cuidado, se dirigió hacia Sam. "Tu hermano es adorable, siento mucho que le haya sucedido esto, porque estoy segura de que debe de ser un encanto de hombre." De repente pareció darse cuenta que estaba hablando con Sam y cambió de tema con rapidez. "Por cierto me llamo Monica y si necesitáis cualquier cosa, no dudes en llamarme, estaré aquí toda la noche."

"Gracias." Mientras veía como Monica se alejaba, Sam giró sobre sus propios pies y la vio marcharse.

En otra circunstancia, no le cabía ninguna duda de que Dean ya habría conseguido su número de teléfono y mientras vio contonearse sus caderas, no pudo reprochárselo. Al escuchar la voz de su hermano, que lo llamaba, Sam volvió a la realidad.

"¿Ya nos podemos marchar?" Los ojos de Dean brillaban como no lo habían hecho en las últimas horas y Sam odiaba tener que arruinarle el feliz momento.

Se acercó a la cama y se sentó a su lado, poniendo su mano sobre la de Dean. "No, lo siento, pero es mejor que durmamos aquí esta noche. El médico quiere estar seguro de que estás totalmente bien."

Dean bajó la mirada y Sam se dio cuenta que su expresión había cambiado completamente. "Nunca cumples tus promesas, siempre hay algo más importante, si mamá estuviera aquí..." Aunque apenas había sido audible, aquella frase hizo que Sam pudiera escuchar el sonido de su corazón al romperse.

"Dean, ¿Por qué dices eso? Te prometo…"

"Es igual, no hace falta que prometas algo que no vas a cumplir." Dean se recostó en la cama y desvió la mirada hacia la ventana.

Sam no sabía que decir, ¿realmente Dean siempre había pensado eso de su padre, tan mal lo había pasado? Apenas recordaba nada anterior a sus cuatro años y para entonces Dean ya era el hermano que el siempre había conocido, el que le cuidaba bajo cualquier circunstancia, el que anteponía la felicidad de Sam a la suya propia y nunca le había escuchado decir nada en contra de su padre.

Sin embargo continuó con lo que estaba diciendo, sabiendo que por mucho que tratara de evitarlo, Dean le estaba escuchando. "Dean, Te prometo que no me voy a separar de tu lado." Dean se volvió hacia él, con lo que parecía ser una terrible angustia en la mirada.

"Hasta que te salga otro trabajo y decidas dejarme con alguien, igual que has dejado a Sam con Caleb."

"No, esta vez no me voy a marchar y ya te he dicho que Sammy es muy pequeño y se asustaría estando aquí." Dean se acurrucó en la cama, de la misma forma que lo había encontrado en el orfanato, con la cabeza contra la almohada, ocultando su rostro. Entonces lo escuchó llorar. "Dean, vamos ¿Qué pasa?" Sin pensar en nada más, Sam se movió y se sentó en el cabecero de la cama y esperó.

"Me duele la cabeza y este sitio no me gusta." Sam sonrió con tristeza.

Lo cierto era que ese hospital no era un lugar muy acogedor, con tanto griterío que llegaba desde la sala de espera y los pasillos. Sin decir nada, se levantó otra vez y cerró la puerta, esperando un momento para comprobar que la habitación casi estaba en silencio.

Se volvió a sentar en la cama junto a Dean y ahora fue este el que se dio la vuelta, apoyando su cabeza sobre el pecho de su hermano y con ambas manos sujetó con fuerza su cintura. "No quiero que te vayas."

Sam notó el cuerpo de su hermano agitarse ligeramente entre apenas disimulados sollozos. "Ya te he dicho que no me voy a mover de aquí, no hay trabajo que pueda separarme de ti." Sam sintió que hacia mucho que no decía nada con tanto convencimiento como aquella frase. Dean lo necesitaba en ese momento más que nunca y no pensaba marcharse por nada del mundo. "¿Qué tal si dormimos un poco?" Dijo mientras acariciaba la cabeza de Dean.

"No tengo sueño." Si el algún momento Sam había creído que su hermano sonaba con tono infantil, ese acababa de ser el instante más claro.

"¿Quieres que pongamos la tele?" Dean asintió, mientas se acomodaba todo lo junto que podía a su hermano.

Sam trató de hacer memoria sobre lo que su hermano solía ver en la televisión cuando era un crío, pero al escuchar la risa de Dean mientras veía la televisión, se olvidó de aquello y disfrutó del momento.

- o -

Media hora después, Dean se había quedado dormido, sin haberse movido de donde estaba, abrazado al cuerpo de Sam, con sus manos atrapando su cintura, con la misma fuerza que cuando había estado despierto y por un momento, Sam suspiró algo aliviado al ver a su hermano relajado y por un momento, mientras lo veía dormir tranquilo, igual que todos los días, creyó que se trataba del mismo de siempre y que todo había vuelto a la normalidad de repente.

Sin la presión de que Dean estuviera bien, al menos en lo que a la herida de la cabeza se refería y por lo que acababa de descubrir, a sus costillas magulladas, Sam pudo comenzar a pensar con claridad, mientras que sus dedos masajeaban lentamente la espalda de su hermano.

Trató de pensar en cual podía ser la solución para sacar a Dean de aquella pesadilla, pero sin su ordenador o sus libros, se sentía la persona más inútil del mundo. Dean se removió en sus sueños y entonces volvieron a la mente las duras palabras que poco rato antes le había dicho, creyendo que se trataba de su padre.

Nunca había pensado que Dean estuviera tan dolido con su padre, lo había visto siguiéndolo a ciegas, sin preguntarle nada, sin dudar de su palabra, durante todos aquellos años, que nunca hubiera podido pensar, que en el fondo y en el más absoluto de los silencios, Dean le reprochara casi lo mismo que Sam le había dicho a la cara tantas veces.

Un sentimiento repentino de culpabilidad, comenzó a crecer en el interior de Sam, por haber sido tan egoísta y no haberse dado cuenta de lo que realmente había necesitado Dean.

Tanto le había protegido, tan cegado había estado por las ganas que tenía de alejarse de su padre y de marcharse de una vez a la universidad, que no había pensado en todo lo que Dean había llegado a sacrificar, a esconderle de sus verdaderos sentimientos, para que él pudiera ser mínimamente feliz. Entonces se dio cuenta de lo poco que realmente conocía a su hermano, al verdadero Dean que se ocultaba tras la fachada de tipo duro y hermano mayor.

"Te prometo que te sacaré de esta, cueste lo que cueste. Siempre me has sacado de todos los problemas y ahora me toca ayudarte a ti." Como si lo hubiera escuchado, Dean suspiró levemente, como si eso quisiera significar un "te quiero." Sam besó con dulzura la frente de Dean y moviéndose muy despacio, consiguió deslizarse un poco hacia abajo y cerró también los ojos. "Yo también te quiero."