¡Hola! Aquí les dejo el segundo capítulo de la traducción.

Se que me tardé un poco, pero tuve muchas tareas para el colegio. Espero que les guste, próximamente subiré el otro capítulo. ¡Léanlo!

Disclaimer: No tengo derechos de autor sobre la trilogía de los Juegos del Hambre.

Una vez más, lo traduje de Colheita y todos los errores u horrores son mi responsabilidad.


- El último primer paso -

El alivio ahora es evidente en las conversaciones que empiezan los tributos una vez que dejan el escenario y las cámaras finalmente se apagan. Los Mellark y los Rankine, junto a los amigos de Grey y de Peeta se van despacio hacia el edificio de la Justicia, con los hombros caídos por el peso del adiós. Había algo que me apretaba el pecho, un sentimiento no resuelto. Prim me toma de la mano con una triste sonrisa y me dice "vamos a casa, Kat." empujándome con ternura.

Caminé durante cinco minutos por la calle con mi madre y con Prim antes de poder verlo al otro lado, un brillante diente de león amarillo que se asomaba entre la grama, saludando con determinación en el viento. Tragué en seco.

Cada oportunidad que tuve de agradecerle en estos últimos cuatro años bailaban delante de mis ojos rápidamente: al día siguiente, cuando las miradas se encontraron en el patio de la escuela, un poco antes de que el diente de león me trajera de nuevo a la vida. Cada día que pasamos juntos en clase. Las pocas mañanas en las que Gale y yo negociábamos con su padre y él venía casi siempre salpicado de harina y sudor del trabajo con el horno. Cada tarde durante el recreo para almorzar que compartíamos desde que recuerdo, intentando captar la mirada del otro de vez en cuando, por razones que no logro entender. A veces cuando salíamos al mismo tiempo del clases, hasta que la calle nos dividía.

Ahora no puedo ni pensar en el por qué de no haberle dicho jamás aquella simple palabra, gracias. Al comienzo fue muy difícil solía ser muy orgullosa, no lo podía ver a los ojos. Y entonces, a medida que los días se volvían semanas y las semanas se volvían meses y luego años, parecía algo imposible. Ciertamente, él ni si quiera se debe acordar de mí ahora.

Pero yo sí recuerdo la manera como sus ojos me seguían por el camino algunas veces cuando supuestamente yo no me daba cuenta; cómo yo sentía su mirada cuando le llevaba los trabajos a la mesa del profesor en clase. La forma en la que sus ojos se fijaron en los míos hoy, como si yo fuera la persona que él buscaba entre la multitud.

Observo a Prim – sana y salva, adorable como siempre y a pesar de que es una niña delgada, su rostro no es hueco y vacío como el de las otras niñas de su clase. Porque puedo alimentarla, puedo cuidarla. Porque Peeta me ayudó una noche, por ningún otro motivo aparte de – no sé. Por ningún motivo.

Sin avisar, mis ojos empiezan a llorar, lo que es casi que más sorprendente que todo el resto de las cosas que pasaron hoy, considerando el hecho de que no recuerdo haber llorado desde que mi padre falleció. El diente de león sigue bailando con el viento, atormentándome Muy gentilmente libero mi mano de la de Prim. Aún no puedo ir a casa.

El camino de regreso al edificio de la Justicia no me retrasaría en nada y me quedé parada al descubrir que sólo han pasado veinte minutos desde la cosecha y la fila de visitas de Peeta es enorme. Pienso humildemente en lo corta que la mía sería si estuviera en su lugar, me imagino si él habrá salvado más vidas además de la mía...

No me parece bien ponerme al final de la fila con las personas que realmente hablaron con Peeta y entonces me vengo directo al baño, espiando por la puerta cada minuto que pasa. Delly Cartwright sale del cuarto, con los ojos rojos de tanto llorar. Mi estomago me aprieta. Un grupo grande de la clase entra y sale rápidamente, ciertamente no tuvieron tiempo de hacer nada más que darle unas palmaditas en la espalda, o lo que sea que los chicos hacen a nuestra edad.

Puedo imaginar en dónde estará la bruja de la madre de Peeta, aliviada totalmente cuando parece que ya él se ha ido. El que resta de la fila entra y sale mientras que los últimos minutos de Peeta en el Distrito 12 pasan. Al último chico lo llevan para afuera los agentes de la paz y cierro firmemente las manos. Es ahora o nunca.

Felizmente, uno de los agentes de la paz en la puerta del cuarto de Peeta era Darius, un joven rubio al que le dábamos carne de perro salvaje Gale y yo. Respiro hondo y voy lentamente hacia él. Está emocionado de verme, bastante emocionado diría yo.

"Necesito verlo". Digo suavemente, viendo hacia algún punto en su rostro.

Los labios de Darius se tuercen. "No hay tiempo, Katniss. Debo llevarlo a la estación del tren dentro de poco." Mi mirada se levanta para encontrar la de él, y de hecho debe haber visto la necesidad en ellos antes de que pudiera siquiera decir una palabra ya que él cedió. "Demonios, cinco minutos." él suspira, introduciéndome a la habitación. Cuando me detengo él me vuelve a empujar para adentro.

Peeta se voltea de inmediato. Por la manera como su boca quedó abierta está claro que, la persona que fuera que estaba esperando no era la muchacha que le vende ardillas a su padre. Siento que me quemo por dentro.

Los segundos tan preciosos se van mientras nos quedamos viendo. La mirada de Peeta es fría, pero su postura es fuerte, y una bolsa de galletas está sostenida en su muñeca. Su mirada azul se pasea por mi, completamente incrédulo. Esto es seriamente un error.

Doy un paso hacia atrás y mi espalda queda sobre la puerta, eso parece sacarlo de su silencio. Viene hacia mi dirección y en tan sólo unos pasos atravesa el cuarto. "Katniss?"

Mi nombre saliendo de sus labios me suena familiar, considerando el hecho de que no estoy segura ni siquiera de si él sabe quién soy yo. Las galletas se caen al suelo, derramando las minúsculas burusas de la bolsa por todo el suelo. Sus manos se agitan, como si no supiera qué hacer con ellas. Mis dedos quedaron helados, típica reacción corporal cuando estoy en peligro.

Casi siempre soy elocuente con lo que digo, pero las palabras parecen ahora más difíciles de lo costumbre. "Yo.. Gracias, simplemente gracias." Abro la boca nuevamente con la intención de volver a hablar, pero Peeta habló primero.

"¿Sabías que mi padre quería casarse con tu madre?" Él deja escapar esa pregunta, y a pesar de que mis ojos estén dirigidos hacia sus pies me puedo dar cuenta de que está más cerca que antes, porque sus zapatos marrones están dentro mi espacio personal. Mi mirada se dirige hacia él, en shock. Sin palabras, luego balanceo mi cabeza en forma de negación.

Él sonríe con un poco de tristeza. "Es verdad. El primer día de clases él te señaló." Sus ojos son ahora amigables e imposiblemente azules. "Tu cabello estaba peinado con dos trenzas y tu estabas usando un vestido de ajedrez color rojo." Yo ciertamente no recuerdo bien el primer día de clases, pero recuerdo que mi madre acostumbraba peinarme con dos trenzas cuando era más joven y recuerdo que Prim usaba un vestido que encaja a la perfección con la descripción que acababa de dar Peeta.

Peeta continuó. "Él me preguntó "¿ves a aquella chica de allá? Yo me quería casar con su mamá, pero ella prefirió casarse con un minero, y yo le pregunté que por qué alguien se casaría con un hombre de Costura cuando podía casarse con alguien como lo es mi papá."

Pasé la lengua por mis labios. No se por qué me está diciendo esto, pero ahora estoy curiosa. El pasado de mi madre es un libro cerrado para mi, y es por eso que le pregunto a Peeta "¿qué fue lo que te respondió?". Mi voz está más suave de lo normal, tímida.

Su sonrisa es como el sol y no puedo creer que él pueda parecer tan puro y tan perfecto en una circunstancia como esta. "Él me dijo que era porque cuando tu padre cantaba, hasta los pájaros se callaban para escucharlo." Me sonríe sutilmente.

"Más tarde, en clase de música, el profesor te pidió que cantaras la canción de Vale y tú rápidamente te levantaste. Cantaste y..." Tragó en seco, y creo que sus ojos se fijan en mis labios, pero es difícil saberlo porque tengo lágrimas en los ojos. ".. y hasta los pájaros se callaron para poder escucharte. Fue en ese momento cuando supe que..."

"¿Qué supiste?" Mi voz no me pertenecía, estaba susurrando y contrastaba perfectamente con mi lenta respiración. Pensaba "Peeta Mellark me va a besar." Porque se aproximaba cada vez más y sus manos descansaban suavemente en mi cintura y su rostro se acercaba y...

"¡Gracias!" Digo de repente, moviéndome rápidamente y pasando lejos de sus brazos. "Sólo te quiero agradecer..." Mis ojos se secaron y mi rostro está rojizo, por alguna razón creo que estoy arrepentida de haberme salido de donde estaba, alejarme tanto de él. Había decidido hace algún tiempo que jamás alguien me besaría, y sería casi inevitable que fuera por Gale Hawthorne. Por ende me pareció mal haberlo impedido, y puede que él muera en unos días de cualquier forma, pero sus manos eran tan calientes y sus ojos tan azules que no pude hacerlo.

"¿Por qué?" él pregunta, y su voz está tensa ahora. La culpa me atrapa de nuevo, pero por una razón totalmente diferente. "Por el pan." le dije, "Aquella noche, me salvaste. Sólo que no pude, todo este tiempo yo.. gracias."

El está claramente confundido "¿El pan? Katniss, aquello fue.." se aproximó otra vez, pero ahora un poco más delicado, "Yo simplemente no podía verte de aquella forma, yo solo.. No lo soportaba."

"¿Por qué?" La pregunta fue sincera y salió antes de que yo lo pudiera impedir. Sus ojos se fijan en mí una vez más y se aproxima; yo ni siquiera estoy segura de que él sepa lo que está haciendo.

"Tú sabes por qué.." me dijo, y su voz me conmueve. "Katniss, tu tienes que saberlo, debes saberlo."

La verdad me asusta, me corta como vidrio y sí, yo se por qué. Creo que en cualquier otra circunstancia yo jamás le hubiera creído, pero él fue sentenciado a muerte hoy, no tiene motivos para mentirme, no creo. Cierro los ojos por un largo rato, luchando contra la ansiedad de huir. Estoy segura que los cinco minutos que Darius prometió se habían ido hace horas. ¿No debería andar buscándome? ¿No debería venir de una vez? ¿Ahora?

Mis ojos se abren de nuevo y mi mirada está completa por Peeta; él se acercó más que nunca, huele al pan que debe haber cocinado en la mañana con su padre. Esta vez sus dedos se levantan para acariciar mi rostro y no lo impido, se inclina en mi dirección. Sus labios presionan suavemente los míos una sola vez, y se aleja, su mirada me analiza. No estoy segura de lo que encuentra, pero se inclina de nuevo y ese beso ahora es un poco más que un simple beso, no estoy segura de cómo pasó, pero estoy bastante segura de que lo estoy besando otra vez y con más sabor aún. Mis manos agarran sus hombros con fuerza y las de él toman mi vestido. Algo crece dentro de mi, algo caliente que empieza en mis dedos y lo halo hacia mí, justo en el momento en el que la puerta se abre.

"El tiempo.." Nos separamos. Darius parece aterrado y culpado al mismo tiempo "..terminó."

Yo afirmo, un tanto contrariada, "Correcto." Mis ojos se voltean hacia Peeta que está totalmente devastado, quedo perpleja porque no creí que fuera capaz de hacerlo sentir así. Antes de siquiera poder convencerme de lo contrario como lo he hecho durante años, levanto mi mano y acaricio su rostro. No se por qué lo estoy incentivando, pero me parecía incorrecto dejar las cosas de aquella forma.

"Peeta," mi voz es fuerte y mis palabras son simples. "Por favor, no mueras."

Su mano se levanta para cubrir la mía. "Lo intentaré." me lo promete, de verdad. Entonces me voy hacia la puerta para irme de una vez, pero antes de que Darius la cerrara miro hacia atrás solo una vez más; la expresión de Peeta es como un flechazo en mi espalda.

No estoy segura de lo que hice, pero pareciera que la chispa que se encendió hace años atrás, en la lluvia, finalmente está caliente . Se que si él vive, uno de nosotros se quemará.

Es imposible decir cual de ambos aún, pero así será, lo sé.


¡Gracias por leer este segundo capítulo, espero que realmente les esté gustando!

Ya empecé con la traducción del tercer capítulo, lo subo en una semana como máximo.

¿Merece reviews?

- Ana Ferreira *w*