Claro de luna

Casi no sentí mi desayuno por la velocidad en que lo devoré. Casi olvidé cerrar la puerta, cuando salí del garaje con mi moto.
Mi cerebro no funcionaba muy bien y creía entender, porque. Cathy me atraía a su forma muy peculiar, aunque oliera tan mal...
Empecé a sentir que mi piel comenzaba a hervir, pero no me sentía mal, aunque parecía que podía freírse un huevo en mi piel.
Mi llegada al colegio fue mucho más temprano de lo que esperaba.
El inspector se veía alegre de verme usar el uniforme y una vez más el se hizo cargo de mi motocicleta. Al parecer ese sería su trabajo cada vez que llegará y no tenía problemas, ya que había confirmado que mi motocicleta estaba bien.
Fui corriendo a la sale de clases, sin darle importancia a la neblina, ni al hecho de que estábamos en "pre-emergencia ambiental".
Al subir las escaleras y entrar al aula vacía, solo había una silueta. La de Cathy.
Todavía quedaba media hora antes de que comenzaran las clases ¡Bien! Tendría que darme una explicación razonable.
Giró la cabeza y me vio con odio desde su asiento, pero no tomé en cuenta su mirada de ojos negros y me senté a su lado.
-¿Te importa?- le pregunté.
-Sí... me caes mal...
-¿Por qué? ¿Qué te he hecho?
-No puedo juntarme con los de La Push...
-¿No vale el hecho de que ahora soy de Ñuñoa?
-Naciste allí... es lo que eres... un quilitue... y probablemente un...
-¿Qué?
-Olvídalo- me dijo con desprecio.
-Me sentaré aquí- le espeté con rabia.
-Como quieras- me dijo con indiferencia.
¡Como me hervía la sangre su actitud! Eran ¡UGH! Me volvía loco de solo pensar en que me odiaba solo por un prejuicio ¡Por ser de La Push! ¡¿Qué tenía eso de malo?! Ser de La Push es algo que a mi siempre me ha gustado, pero en cierto modo, en ese momento quise por un momento dejar de serlo para que Cathy no me odiara.
Toqué sus dedos y noté que estaban helados como el hielo y ella sintió el ardor de mis dedos, como si tuviera fiebre.
Noté en su expresión repulsión. Pero no apartó su mano.
Noté que mi expresión se endureció. Pero no aparté mí mano.
Ambos nos miramos.
Sus ojos negros ¿Habían cambiado a un color ocre dorado?
-Tus ojos...- le dije impactado-. Era negros... pero ahora... wow... creo que tengo problemas de vista...
-Ve al oculista y apártate de mí- me dijo con brusquedad apartando la mirada.
-No tiene sentido- le dije mirándole con ira-. ¡¿Por qué me odias?! ¡¿Qué tiene que sea de La Push?!
-¡¿Por qué no le preguntas a tus amigos licántropos?!
-¡¿Qué?! ¡¿Cómo qué licántropos?!
Catrhy silenció impresionada. Yo no entendía ¿A qué se refería con licántropos? ¿Era un insulto?
-No sabes nada- dijo con tono bajo y puso los ojos blancos por la sorpresa.
-¿Estabas insultando a is amigos de La Push con eso de licántropos?- le pregunté desafiante.
-Sí... son unos animales brutos... por eso lo dije...
-¡Mentira!- le grité.
Se bajó la manga del uniforme y me mostró un gran rasguño en su brazo.
-¿Por qué no le dices eso a Quil Aterea?
-Quil no haría eso- le dijo furioso-, es mi primo, lo conozco y sé que...
Antes de que pudiera terminar, vi que ella me miraba desconcertada llena de ira. No quería verme. Pero no quiso levantarse de su asiento. Sus pechos excesivamente grandes, resaltaron en su asiento, mientras yo me fijaba en su delicada cara, todavía sorprendido. Aunque estuviera enojada, ella seguía teniendo un encanto desconcertante.
-Otra vez ese olor a perro...- dijo con irritación.
-Otra vez ese olor a muerto...- le contesté irritado al ver que se refería a mí.
-¿Por qué no simplemente nos alejamos? Será todo mucho más fácil así.
-En realidad... ¿Por qué no nos llevamos bien? La mayoría de las chicas aquí me persiguen y me agobiaban, eres la única que no, y los chico me odian sin razón... vamos, sé que no te gustaría estar siempre sola en lo que queda de años escolares ¿Qué dices? ¿Amigos?
-Dos años de soledad no es mucho...- me contestó entre risas-. He pasado mucho más que eso sola...
-¿Qué edad tienes?- le pregunté.
-16- me contestó sin dudarlo.
-Vale...
-"Dale"- me corrigió.
-Está bien- le dije riendo-. Entonces ¿Acaso has estado estos 16 años sola?
Ella asintió con tristeza. Trató de ocultarla y casi no la descubro, pero era tan fuerte, que hasta con la mejor máscara de serenidad que pudiese encontrar, no habría podido cubrir toda esa tristeza.
-¿No es hora de que alguien te saqué de ese caparazón?
-¿Por qué tú?
-¿Por qué yo no?
-Sé me ocurren mil razones.
-Son discutibles...
-No todas...
-Nunca sabes hasta que lo intentas- la animé con una sonrisa-. Vamos, sé que eso de "¡TE ODIO!" Que me gritaste ayer es totalmente falso... apuesto a que te gusto.
-Estás muy lejos de acertar- me contestó riendo-. Me gustaría ser Edward para leerte la mente...
-¿Quién es Edward?- le pregunté curioso.
-Un amigo que puede leer tu mente solo mirándote- me contestó con una sonrisa.
-Vale, un psíquico.
-Una vez más, es "Dale", no "Vale". Serás un bicho raro si no cambias tu forma de hablar.
-¿Si soy un bicho raro como tú me tomarías en cuenta?
Cathy y yo reímos bastante con eso.
-Te daré una oportunidad- me dijo Cathy con expresión seria-. Si me demuestras que no eres como todos los de la reserva "La Push"... creo que podríamos llevarnos bien.
-No me gusta tu prejuicio, pero me intrigo por ti... acepto tus condiciones, creo que así va a parar tu prejuicio por La Push.
-Créeme... tarde o temprano sabrás lo que soy y me odiarás...
Me odiarás... como recordé mi pesadilla cuando dijo eso... yo no quería odiar a Cathy y no tenía razones para odiarla, creo que ella quería que la odiara, porque no le caía bien. O con eso trataba de engañarse ¿Habría un motivo oculto para su odio hacia La Push? ¿Sería de familia?
-Estoy seguro de que le caerías bien a Bella- me dijo con una sonrisa desconcertante-. Ella fue amiga de uno de los tuyos.
-¿De quién?- le pregunté antes de recordar que no conocía a Bella, solo la había oído nombrar a Jacob cuando espiaba las reuniones de su grupo en el bosque de la Push-. Espera ¿Quién es Bella? ¿Es alguna hermana o pariente tuyo?
-Bueno... digamos que los Cullen son parte de mi familia.
Los Cullen... ese apellido que mi padre aborrecía tanto sin razón. Ahora me parecía menos fundamentado teniendo a Cathy cerca, aunque el olor a muerto no se desvanecía ¿Por qué seguía ahí?
-Mi padre me ha dicho mucho sobre los Cullen- le comenté-. Pero la mayoría de las cosas son chorradas prejuiciosas que yo no creo...
-Tal vez deberías... los Cullen pueden ser peligrosos.
-¡Bah! ¡Que estupidez! Hace tiempo quiero conocer al doctor Carlisle Cullen, pero papá ha hecho de todo para prohibirlo. Te juro. Confío en que los Cullen no son peligrosos.
-Eres muy abierto de mente- me dijo Cathy todavía sonriendo, mientras pasaba su helada mano por las yemas de mis dedos. Sentí un alivio en la piel por al sentir que se helaba e iba a una temperatura normal-. Me gusta el calor de tu piel.
-Tú la refrescas...- le dije algo sonrojado-. Creo que tengo fiebre.
-Me habías preguntado de quien era amigo Bella- me recordó. Yo ya había olvidado su explicación de quien era Bella y me dio vergüenza volver a preguntarle-. Su amigo es... era Jacob Black ¿Lo conoces?
-Sí... se come mi tradición familiar...
-¿Cómo así?
-Siempre compito con papá en mi cumpleaños a "¿Quién se come una vaca entera primero?" Pero antes de poder participar, Jacob Black se la come antes de que pueda dar el primer bocado.
Cathy río muy divertida. A pesar del molesto olor que sentíamos ambos la estábamos pasando bien hablando. La mantenía muy entretenida con mis historias. Llegué a contarle de la vez en que mamá cayó en mi torta de cumpleaños e instintivamente Jared y Paul comenzaron a comerse el merengue que había en su vestido. Cathy parecía a punto de desmayarse de risa. Su risa cruzaba mis oídos como un suave zumbido, aunque algo en mi interior lo sentía como molesto.
Nuestros compañeros comenzaron a llegar y al vernos juntos comenzaron a cotillear acerca de sí habría cierta "relación entre nosotros". Creí escuchar a Marissa romper alrededor de doce lápices ese día.
A la hora de almuerzo, la misma muchedumbre de chicas se me lanzó encima, pero yo añadí a Cathy, lo cual alejó a unas pocas, mientras las otras miraban con curiosidad.
-¿Y qué?- preguntó Marissa con una sonrisa malévola-. ¿Están juntos o qué? ¿Son novios?
-Somos enemigos naturales, que intentan coexistir- le explicó Cathy con mucha gracia.
No entendí lo de enemigos naturales, ni me importó.
Marissa estuvo sofocando la mayor parte de la conversación hasta volverse el centro de atención de todos, excepto de mí y de Cathy, lo cual al final del almuerzo la hizo enfurecer y tomó un repentino voto de silencio que duró hasta la mitad de Matemáticas en donde le gritó a la profesora, porque no entendía un ejercicio de "ecuaciones de la recta".
-Puede preguntarle a Sean o a Catalina- le dijo la profesora con tono suave a pesar del grito. No me caía mal. La señora... perdón "tía Casandra", como le dicen aquí a los profesores era una buena profesora-. Ambos son muy buenos en está materia.
-¡Bah!- gritó Marissa-. Tía... Sean no me puede explicar, porque está explicándole a Catalina.
-¿Por qué tendría? Catalina entiende todo.
-¿Entonces Catalina no debería explicarle a alguien?- le preguntó Marissa con malicia a la profesora.
-Sí, a ti ¡Catalina!
Cathy atendió al llamado como una flecha frustrando el plan de Marissa de que yo le explicara la materia, por lo cual pasó la hora de matemáticas escuchando a Catalina que parecía saber mucho más que yo acerca del tema.
Marissa casi no escuchaba las explicaciones de Cathy y gritaba a cada momento "¡No entiendo! ¡No entiendo!" Hasta que la profesora... perdón... hasta que la tía Casandra la hecho de la sala de clases y ella se quedó en la escalera como una niña de cinco años que acaba de ser castigada.

Al final del día Cathy aceptó la idea que la había propuesto de ir al cine a ver "Resident Evil 3". Una buena película de zombis a la cual Cathy pareció ciertamente interesada, aunque no mucho en realidad, diría que su interés fue de cortesía.
-Me encantaría- me dijo extendiendo el olor a muerto, pero lo ignoré para apreciar sus preciosas facciones de la cara-. Nos vemos en el Cine Hoyts en una hora.
-De acuerdo- le dije subiendo a mi moto-. ¿Tienes coche?
Me mostró un hermoso coche, del tipo jaguar, rojo carmesí, que además brillaba como si lo acabara de comprar, bastante grande y además, del año actual.
-¿Lo compraste hoy?- le pregunté aturdido.
-Nos vemos en el cine- me dijo sonriendo, mientras entraba a su auto.
No me moví hasta que Cathy comenzó a poner marcha atrás su ostentoso auto, por lo cual tuve que partir yo también.
Al llegar a casa, noté que mamá me había dejado una lista de sugerencias y me había pedido que marque una "x" en lo que más me gustaba como alternativas para baños.
Marqué rápidamente tres x sin pensar en tres baños que parecían modestos, pero bonitos.
Me cambié el uniforme de inmediato y fui como una flecha a mi habitación o pieza como le dicen aquí en Chile y me puse dos litros de colonia y perfume encima, ya que sabía que a Cathy no le gustaba mi olor.
Me volví a poner desodorante y salí en marcha para ir al cine.
No necesitaría la moto, ya que solo estaba a dos kilómetros y todavía tenía una hora, además amaba caminar, por lo cual fui a pie, escuchando mis canciones preferidas en mi MP3, aunque mi mente solo rodeó a Cathy. Estaba nervioso. No era oficial, pero... ¿Sería una cita? Probablemente sí.
Tenía que ir bien preparado ¿Estaba bien ir con la ropa de siempre? Bueno, si no le gusta mi yo normal, entonces ¿A dónde iría a parar nuestra relación? ¡ESPERA! ¿Estaba pensando en una relación? ¡AGH! Era muy pronto. La conocía de un día y ya me gustaba. De pronto los mitos sobre la imprimación no me parecieron tan locos después de lo que me estaba ocurriendo.

Llegue diez minutos antes de lo previsto al cine y ahí me encontré con Cathy como si estuviera allí desde hace mucho tiempo.
-Llegaste temprano.
-Sí... bueno... es mejor comprar las entradas con anticipación.
-Temía que no vinieras.
-¿Por qué?
No respondió. Olfateó mi cuello con recelo. Parecía que no le gustaba el olor, pero no lo encontraba "tan insoportable" como yo temía.
-Hueles a perro perfumado- se burló con una sonrisa que apuró los latidos de mi corazón.
-Tú a muerto perfumado- le contesté, sintiendo un perfume extremadamente caro y fino, aunque no podía esconder la esencia de muerto.
-Te lo agradezco- me contestó halagada-. Entremos.
-¿Segura que quieres ver Resident Evil?- le pregunté inseguro.
-Sí, me encantan las masacres causadas por monstruos míticos- me contestó con un tono de voz que me pareció sarcasmo, mientras la niebla seguía cubriendo los cielos de Santiago-. Vamos.
Entramos muy rápidamente a la boletería. Compramos las entradas y yo me compré unas palomitas (que aquí se llaman cabritas) extra-grandes para mí. Le ofrecí unas a Cathy, pero me dijo que no tenía hambre.

Al salir del cine, ambos reíamos a chorreadas, ya que hicimos una competencia en medio de la película de encontrar la mayor cantidad de efectos falsos. Cathy me destrozó, ya que encontró 15 y yo solo 7. Aún así ambos disfrutamos de la película, aunque me pareció que Cathy, apenas si veía la pantalla... varias veces creía que me miraba. "¡OH NO!" me dije a mí mismo "Creo que en verdad me gusta" pensé.
-Sabes... a pesar de tu olor... me caes bastante bien- me dijo con una sonrisa-. Aún siento deseos de matarte...
-Bien, mientras no cometas un homicidio te respetaré- le dije pensando que era una broma.
-Te llevaré a casa- me dijo, mientras observábamos como el crepúsculo caía en la ciudad-. De seguro querrás volver a casa pronto.
-Sí- mentí.
Quería pasar más tiempo con Cathy. Esa era la verdad. Quería escuchar algo de su historia ahora.
Pero no pude. Después de subirme en su ostentoso jaguar rojo, en menos de dos minutos llegamos a mi casa y a penas si tuve tiempo para hablar con ella.
-Me gustó la canción que escuchamos- le mencioné-. Se ve bastante antigua.
-Claro de luna, de Debbusy... es un clásico de los 50, me lo dio Edward.
-Parece que frecuentas bastante a los Cullen.
-Soy una pariente algo nueva, así que todos me tratan con bastante cariño. Sobre todo Bella y Alice... sin mencionar a Carlisle y Esme es un amor...
-Debo conocerlos- le exigí.
-Se encuentran en Forks- me respondió con una sonrisa.
-A fin de mes iré a La Push para encontrarme con papá, en ese momento podré conocerlos.
-Preferiría que no...
-¿Vergüenza?
-Eso quisieras- me respondió con una gran sonrisa.
-Buenas noches- le dije con dulzura.
Cerró la puerta de su coche lentamente y yo me fui a la casa.
Busqué en mi ordenador "Claro de luna" y por un rato estuve buscando la canción para poder descargarla y ponerla en mi MP3.
Comencé a escucharla una y otra vez, mientras me paseaba por el patio, hasta que a mi MP3 casi se la acabó la batería (llamada pila aquí).
Cathy se había infiltrado en mi mente más de lo que esperaba. Empecé a creer que el amor a primera vista era real y que Cathy y yo merecíamos estar juntos. Hoy le contaría a mamá sobre eso. Estaba seguro que mañana cuando hicieramos todas las compras en las tiendas de Irarrazabal, me preguntaría por cada detalle, pero no era problema. Siempre le contaba todo a mi mamá. Hablando de padres tenía que escribirle un mail a papá, así que dejé de escuchar claro de luna y me devolví a mi habitación.
Eran las ocho.
Relaté rápidamente en un mail mis dos primeros días a mi padre. No mencioné a Cathy, ya que sabía que tendría prejuicios por su junta con "Los Cullen". Después tendría mis palabritas por sus supersticiones sin sentido, por ahora no me apetecía pelear con él.
Al finalizar el mail y pensar en todas las expresiones y respuestas que me podría dar papá por mi relación con Cathy comencé a enojarme. Algo ardía en mi pecho y me sentía fatal. Estaba por reventar.
Me alegré de que todavía quedara una hora para que llegara mamá. Me sentía fatal. Mucho.
De repente imagine a papá diciéndome "No quiero que salgas con Cathy" y en ese momento exploté. Literalmente. De repente todo estaba oscuro. Abrí los ojos y todo me parecía más bajo ¿Había crecido? La puerta se veía muy pequeña para cruzarla, pero de alguna forma y sin previo aviso aparecí en el jardín.
Para mi surte no había personas alrededor. Entonces vi mis patas y no tenía dos ¡Eran cuatro! ¡¿Qué me estaba pasando?! No entendía nada. Estaba asustado. ¿Estaba loco? Probablemente. Me vi a mi mismo y noté que era un gran perro gigante. En realidad parecía más un lobo.
Sin darme cuenta volví a mi forma humana.
"Esquizofrenia" pensé.
¡Eso era! Me había vuelto loco.
Corrí al ordenador para redactarle un perturbarte corre electrónico a mi padre, que decía así:

Papá:
Hola, ¿Cómo has estado? Bueno... en mi último mail te he descrito casi todo, excepto un episodio esquizofrénico. Por un minuto me pareció volverme un gran lobo gigante. Creo que necesito ir al psiquiatra... por favor llama a mamá al leer este mail.
Lamento que tengas que saber que tu hijo está loco, pero debemos tratar esto pronto.
Quiero que sepas, que loco o no, te quiero mucho... eres el mejor papá.
Sean

Sin duda llamaría a mamá.
Tal vez la locura se debiera al repentino cambio de ambiente. Todavía no me acostumbraba a Santiago. Todavía no me gustaba. Extrañaba mucho La Push, aunque hubiera encontrado a Cathy (mi gran obsesión).
Decidí dormir. Tal vez eso me calmaría. Hablaría con mamá mañana. Seguramente vería lágrimas, mientras ella me fuera a dejar al psiquiátrico, pero así era mejor ¿No?
Me dormí y lo último en lo que pensé fue en las últimas palabras de Cathy "Buenas noches". Como si fuera a tenerlas... y sin darme cuenta... me dormí, pero escuchando una vez más claro de luna, pero sin saber como...