LIFESTYLE


Jitomatazos, abucheos, intento de linchamiento y amenazas con armas punzo cortantes. Al final del capitulo, por favor.

Nota/Disclaimer/Negación/Aviso/etc…: Naruto y Cía. NO me pertenecen, esto es por mero entretenimiento sin fines de lucro; de lo contrario: Sakura no sería tan mala mentirosa. Y en su búsqueda por Sasuke por fin se encuentre a Suigetsu.


No sé…

º º º

El viento siendo cortado por el filo de las armas, estelas de polvo y gritos de dolor y agonía. Cuerpos inertes cayendo al piso y la sangre derramada...

Y en medio de todo el caos…

°O°O°O°

El niño se agachó para recoger del suelo lo que aparentemente es una moneda, justo en ese instante una filosa hoja de una espada pasa por encima de su cabeza, alcanzando apenas a rebanarle unas hebras de su cabello...

...cosa que por lo visto esto tiene sin cuidado al pequeño. Tiene preocupaciones mayores que haber salvado el pellejo, literalmente, por los pelos.

— Oh no, es solo la envoltura de un dulce… — dice él en voz alta y obviamente bastante decepcionado tras revisar su hallazgo.

Los gritos de dolor que se escuchan de fondo no parecen inmutar a este niño, quién está entretenido revisando la envoltura del dulce con bastante interés.

— Mhmm… se me antojo un chocolate… — piensa para si mismo en voz alta, a la par que su estomago ruge a causa del hambre.

El ruido del metal chocando hace eco por todo el lugar y la polvareda inunda todo el sitio, imposibilitando una visión clara. El niño... el bendito niño se encontraba más ocupado revisando los bolsillos de su pantalón.

— Mhmm… No tengo dinero, creo que deje mí mesada en casa — ponderaba seriamente. Para cuando había terminado su búsqueda infructuosa, el ruido ya había cesado, noto entonces poco más de una docena de hombres se hallaban tirados en el piso, inertes. Aunque por lo visto aún vivos.

Estando de pie, en el medio de todo ese caos, se encontraba un hombre joven. De piel pálida y complexión delgada, quién se apoyaba cómodamente sobre el mango de una enorme espada que había clavado al piso y veía divertidamente al niño con cierto aire prepotente; aunque el niño de igual manera lo retaba con la mirada acompañada de un puchero, realmente sin hacerle mucho caso al desastre que les rodeaba.

— Creo que mataste a este — señalo el niño a un sujeto tirado muy cerca de él. Tenía un gran corte en un costado y prácticamente no se veía que respirara.

— ¡Mierda! —

— ¿Eeh? — pregunto el niño con sorna mientras le brillaban sus ojos con malicia por un instante. Sin duda era hijo de su padre.

— No le digas a tu madre que dije eso en voz alta — se apresuro a decir el hombre, fracasando en disimular su temor.

— Que lo digas no es el problema, el problema es que lo digas frente de mí. Ya sabes.— decía Ren mientras se encogía de hombros, restándole importancia —No es bueno para mis oídos, eso dice ella —

Suigetsu puso los ojos en blanco.

— No le digas a tu madre que lo dije de todos modos. Como sea, creo que se me paso la mano con este bastardo — añadió Suigetsu, más preocupado por su vocabulario que por haber matado a un hombre al parecer— Por lo visto he perdido un poco el tacto y la habilidad por no haber usado a mi amiga un tiempo — señalando con un gesto a su gran arma a su costado.

Perdió práctica por no haber usado a su 'amiga' ¿dice? Bueno, no puede culparlo, esa espada pesaba más que su mismo hijo. Y que decir que este individuo ha cargado más tiempo a esa espada que a su propio retoño.

Tener celos de una espada… eso si es raro, meditaba Ren con una mirada sombría. Él desde hacía un tiempo tenía una batalla personal y privada contra esa espada por obtener la atención de su padre. Por más ridículo e inverosímil que sonará, pero era la realidad. Ren luchaba contra un pedazo de metal, ese cacharro, por tener un poco más de la atención de su propio padre.

Ugh.

Otra cosa que le causaba apetito era enojarse. Así que…

— Cómprame dulces — casi ordeno. No, de hecho, si ordeno.

— Ya sabes que tú madre no consciente a eso antes de la cena —

Oh vaya, aquí tenemos la no muy común faceta paterna de su progenitor: en la que frunce el ceño y da un pseudo sermón a su hijo. Hay ocasiones en las que su padre, en verdad parece su padre, principalmente cuando se trata de negar cosas que no son sanas y buenas para él. Justo como ahora: en las que prefiere negarle un inocente dulce a su niño, en lugar de evitar usarlo para ganar dinero, usándolo de carnada para que los ladrones de este lugar trataran de asaltarlo y él lograra despacharlos y conseguir la recompensa por sus cabezas.

— Tampoco mamá consciente que tú digas palabrotas enfrente de mi… —

Touche.

Eso lo tomó con la guardia baja, Suigetsu lo pensó un momento.

— No le digas eso a tu madre y es un trato —

— Palabra. — sonrío triunfante el crío al salirse con la suya mientras juraba con su mano derecha sobre su pecho.

º

Ya después de un par de horas, se podía ver al par de hombres caminar tranquilamente entre la muchedumbre de la calle principal de aquel pueblo. Era un pueblo mercantil y la calle estaba llena de negocios y mercancías, que atraían a un montón de gente dificultando así su andanza.

El niño se hecho un par de golosinas a la boca y escondió la bolsa entre sus ropas, mientras él y su padre viraban en una esquina y llegaban a un estrecho callejón bastante tranquilo y bonito.

Caminaron un par de metros y se encontraron en una humilde pero presentable fachada.

— Oh, ya regresaron — se escucho una voz al fondo del inmueble. Una mujer joven, pelirrosada y bonitos ojos verdes, salió del fondo acompañando a una mujer mayor que iba tomada de su mano.

Ren apenas entro cruzo la puerta, salió disparado a la sencilla salita de estar, para echarse a uno de los mullidos sillones mientras su padre arqueaba una ceja y recargaba su gran espada en una de las paredes.

— No sabía que traías trabajo a la casa — murmuró él divertido el peliblanco a su mujer.

Su esposa le mando una mala mirada mientras se despedía de su paciente en la entrada y se iba.

— Estoy rendida — se quejaba ella mientras se sobaba sus hombros — Demasiada gente hubo hoy en las consultas y tuve que traer a un par de ellos porque no podían esperar. — terminaba de explicarse mientras se iba a sentar a otro de los sillones y de paso le acaricio el cabello a su niño. — Y a ustedes ¿Cómo les fue? —

Suigetsu sonrió petulantemente — Digamos que no tendrás que preocuparte por prepararnos las comidas durante un buen mes — le presumía mientras tintineaba frente a ella una bolsita negra, rebosante de monedas por lo visto.

— Solo tienes que preocuparte por hacer las maletas otra vez — hablo de pronto su hijo mientras este colgaba su cabeza al filo del sillón. Le gustaba hacer eso, por alguna razón, dejar al aire su cabeza y sentir como la sangre se acumulaba en sus sienes.

Sakura volteo a ver al niño, perpleja y parpadeando un par de veces, entonces volteo a ver a su esposo con una mirada sombría que no presagiaba nada bueno, pues Suigetsu sintió los familiares escalofríos y prefirió hacerse el inocente. Sakura solo le quedo suspirar rendida y masajearse la sien.

— Pero ahora no fue la culpa de papá — abogó el niño mientras se sentaba de piernas cruzadas en el sillón y abrazaba un cojín — Cuando fui a pedir la recompensa por el grupo de matones de hoy –como siempre-, en la Comisaría de este pueblo, los encargados de ese lugar me hicieron muchaaaas preguntas. Fueron muy insistentes. Algo en mi les llamo la atención, supongo y en cuanto salí, me di cuenta que me seguían. Logré perderles pero no dudo que hayan sospechado algo o que vayan a reportarlo a sus superiores — agrego encogiéndose de hombros.

— Así que es mejor irnos de aquí antes de que vuelvan a pillar al mocoso y vean quienes andan con él. De todos modos ya llevamos mucho tiempo en este pueblo y ya iba siendo hora de irnos — agregó Suigetsu. — Mañana temprano nos marchamos de aquí — explicaba como si fuera cualquier cosa el cambiarse de casa tal y como cambiarse los calcetines.

— Imposible — se enfado Sakura — Mañana por la mañana iba ir a atender a Emiko-san con su embarazo. Aún le falta un mes, pero me temo que tendrá complicaciones y lo mejor será adelantarlo de una vez y quiero supervisar eso yo misma. Si todo va bien podremos marcharnos por la noche. —

— Vale. De todos modos arreglaremos las cosas antes de irnos. El niño y yo te esperaremos a las afueras del pueblo para que en cuanto termines, nos marchemos cuanto antes de aquí.—

— Está bien —

— ¿Entendiste? —

— Si, papá — contesto el niño con poco entusiasmo.

Mala suerte. Está casa le había gustado mucho, tenía un par de lindos y cómodos sillones. Y ahora, otra vez, tendrían que irse.

— ¡Ahora a cenar! — abría la puerta Suigetsu cortésmente y haciendo cierta reverencia con aire socarrón. — Será nuestra última cena en este pueblo hasta saber si algún día podamos volver aquí, así que aprovechemos. —

Antes de que Ren lograra poner un pie fuera de su casa rumbo a la calle, su madre lo tomo por la parte de atrás de su playera y sin mucho esfuerzo, lo levanto hasta que estuviera a la altura de sus ojos y la encarara.

En cuanto el niño vio el ceño fruncido en la mujer, supo que lo había descubierto. Sakura metió su mano entre la ropa de su hijo y saco la bolsa de golosinas que el chiquitín ocultaba.

— ¿Qué te he dicho sobre no comer golosinas antes de la cena? — pregunto molesta y tintineando el objeto del delito frente al niño.

— ¡Papá me los compró! — se defendió el niño.

— Pequeño traidor… —

— ¿Ah, si? — ahora Sakura dirigía –nuevamente- su fría mirada inquisidora sobre Suigetsu (quién trago saliva pesadamente) mientras que ella con su puño reducía a polvo el contenido de la bolsita y lo tiraba en el cesto de basura.

Y allí iban sus dulces, miraba Ren con cierta desilusión cuando su mamá había despachado sus golosinas sin mucho tacto.

— Tú te quedas sin postre después de la cena — le indico su madre — Y tú… — lanzándole una mirada a su padre — ya nos las arreglaremos después… — continuo muy digna y ofendida en cuanto salía de la casa con paso firme.

Suigetsu y Ren intercambiaron miradas por un segundo entre ellos y luego a Sakura. Se encogieron de hombros al mismo tiempo y salieron de casa. Pudo haber sido peor el enfado de Sakura.

°O°O°O°O°O°

Así era la vida de Ren desde que tenía uso de razón.

Si él aprendió a caminar, fue por la gran necesidad de que tenían que mudarse de en cuanto sitio la gente comenzaba a notar su existencia.

Una vida de prófugo que había aprendido a conllevar, siendo que sobre sus hombros no había ningún cargo que él hubiera cometido.

Él no, sus padres sí.

Los vio de reojo mientras caminaban por las ruidosas y atestadas calles de ese pueblo que abandonaría mañana. Ellos dos parecían bastante normales… bueno, quizás a excepción que su madre tenía el color del cabello rosa (ROSA, por favor!) y unos preciosos esmeraldas, que si no eran suficiente para llamar la atención entonces, lo era pues su exótica y joven belleza que llamaba la atención de cuanto hombre cruzase su camino y, su padre no prestaba atención, ya fuera por que no se daba cuenta (cosa que dudaba) o simplemente no tenía importancia. Eso si, cuanto hombre rebasara el radio de un metro de distancia e invadiera espacio personal de SU mujer, entonces salía a relucir un frío instinto asesino dispuesto a desollar vivo al pobre diablo. Eso era respecto a su mamá, pero de su padre… bueno, el color de ojos y cabello de su padre tampoco se quedaba tan atrás y su peculiar dentación tampoco. Y no es que tampoco fuera buen mozo. También él ejercía cierta atracción al sexo opuesto, sin embargo, él si no dudaba una que otra vez flirtear. Ren estaba seguro que era por su propio ego y orgullo como hombre, algo innato en los varones imaginó el niño. Pero también no dudaba que era solo por causarle molestias y enojos a su madre. Si, su padre era masoquista o algo así, por que le encantaba ver a su esposa molesta, gritándole o dándole algún buen golpe por su impropio comportamiento. A su padre le gustaba ver a su madre celosa por él…

— 'Tu madre se ve muy linda cuando está enojada' — le confeso su papá alguna vez.

Serán peras o manzanas.

Pero ese extravagante porte y físico que tenían ellos… si, era natural que por consecuencia, él fuera cierto niño encantador al heredar sus genes.

De todos modos, sus padres llamaban mucho la atención físicamente, por lo que solían andar con capuchas, cosa que la gente no tomaba en cuenta por la zona y hora que era, ya bastante tarde. Sus señas físicas son las que les causaban el mayor número de problemas, eso los habían bastante identificables.

Y ellos no querían ser identificados y por ende encontrados. Ni ellos ni su hijo.

Ren no sabía o no estaba seguro al cien por ciento por qué de esta situación

No conocía los detalles y aunque los supiera, estaba seguro que no los comprendería del todo, no a su edad. Debía reconocer que le sorprendía grandemente como fue posible que sus padres hayan terminado liados, juntos, casados y con un hijo, ¡Él, ni más ni menos! No olvidando sobre las posibles consecuencias que el estar juntos podría acarrearles.

Algunas veces se preguntaba si él mismo era esa razón. Le daba temor saberlo, pero cierto orgullo e importancia lo invadían porque eso significaba que sus padres lo querían mucho como para haber renunciado, sacrificado y arriesgado tanto, como para seguir juntos y criarlo a él. Así que prefería no pensar en eso mucho.

¿Cómo su madre: ninja de élite de su villa natal y una de las mujeres más fuertes de la nación del fuego y algunas otras potencias ninjas, de carácter serio y fuerte, fuera a terminar metiéndose con un ninja renegado, de otra nación ninja, frío asesino, burlón y de muchas luces pero oscuro futuro?

¿Y como entre tantas particularidades que ellos tenían, él parecía no haber heredado aparentemente nada de ellos?

Se preguntaba así mismo mientras comenzaba a comer su tazón de Ramen lentamente. Estaba muy distraído con sus pensamientos como para reclamarle a su padre que ese día habían ganado mucha pero mucha plata y el muy tacaño solo les iba a invitar ramen.

Echo un vistazo a su derecha y allí estaba su padre, riñendo a su madre por que ella no se terminaba por decidir que quería comer y casi amenazándola con sus palillos.

Echo un vistazo a su izquierda y allí se encontraba su madre sentada, quién aún seguía revisando el menú por algo interesante para ella.

Misterios de la vida, dedujo mientras arrugaba la nariz al no entender cosas de adultos.

º

Ellos ya esperaban fuera del pueblo, el Sol se ocultaba entre las montañas y las sombras comenzaban a aparecer y su madre, a la distancia, ya venía a paso lento.

— Te gusta tomarte tu tiempo ¿eh? — le dijo a forma de saludo Suigetsu en cuanto ella llego con ellos.

— Por si les interesa, fue una niña y preciosa, por cierto — respondió ella con cierta sorna.

— ¿Niña? — expreso en voz alta Ren.

– Quizás en unos años podrás verla. Si volvemos a este pueblo no olvides visitarla. — le comento su madre. — ¿Y a dónde vamos? — pregunto.

Silencio entre ambos hombres.

— ¿No me digan que no han pensado a donde vamos a ir ahora? — pregunto con un tono muy molesto la mujer.

El niño se hizo a un lado, dejando a su padre como única cosa viviente en el campo de visión de su madre y por tanto, como único responsable y objetivo de su furia fría.

— Han estado aquí esperando horas por mi ¡¿y me dices que no has pensado cual será nuestro siguiente destino?! — reclamaba.

— Eso es fácil — respondió tras superar el miedo inicial a su mujer. — Lo primero que topemos — se encogió de hombros y acomodándose su espada a su espalda.

— ¿Y que será ahora? — preguntaba con cierta acidez. — ¿Una villa, un pueblito, establos, al aire libre tal vez…? —

— No suena mal, la verdad. Hace mucho que no pasamos la noche bajo las estrellas — reflexionaba Suigetsu mientras se llevaba su mano a su mentón en un gesto muy meditativo y serio.

— No estés bromeando otra vez, Suigetsu —

— ¡Oh, vamos, Sakura! —

Y allí van otra vez los dos… Peleando y alegando algunas veces por la más pequeña de las cosas.

Ren se mantenía al margen de la discusión y se sento en el piso, a espera a ver a que horas terminaban su pelea. Era su rutina. Pero era divertido verlos gritarse como lo hacían ellos. Por que sabía que por más que ellos se insultaran o se dijeran de cosas, se amaban.

Así eran sus padres y así los quería.

Eso si, solo esperaba que se dieran prisa. Pronto anochecería y a como siguiera el asunto, en poco tiempo no serían capaces ni de ver lo que había frente a sus narices por que todo estaría oscuro.

Momentos como estos, extrañaba sus sillones mullidos y lo calientitos que eran…

ºOºOºOºOºOºOºOºOº

Revisado 10/01/2014


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º jesica-haruzuchia, name, oO haru-chan Oo & Kikyoni º

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