Todo lo verdaderamente malvado empieza por algo inocente.

Ernest Hemingway

- 3 de junio del 2014 -

Scorpius Hyperion Malfoy había nacido en una cuna de oro, todo se lo habían servido en bandeja de plata, tenía unos padres maravillosos y sus abuelos eran aún mejor. Él era, en toda la extensión de la palabra, un niño plenamente feliz.

Claro que papá tenía que trabajar, sus negocios eran importantes y las visitas al Ministerio aún más pero Draco Malfoy siempre tenía tiempo para jugar con él en el jardín, llevarlo de paseo a diferentes parques y leerle un cuento todas las noches antes de ir a dormir.

Su mamá, Astoria Malfoy, lo despertaba todas las mañanas con un beso de buenos días, le preparaba sus comidas favoritas (o se lo ordenaba a los elfos domésticos), jugaba con él, le enseñaba a tocar el piano y de vez en cuando lo consentía, aunque podía ser estricta, ella ya le había explicado que ella no cometería los mismo errores que sus padres habían cometido con ella o los de papá con él. Él no sabía muy bien a lo que se refería pero sabía que era algo verdaderamente grave porque era algo de lo que nunca se hablaba en casa.

Su abuelo Lucius siempre tenía tiempo para jugar con él al ajedrez y de contarle toda clase de historias divertidas y de aventuras sobre dragones malvados que desolaban aldeas y magos poderosos que luchaban con ellos y los vencían en épicas batallas a muerte.

Los abuelos Greengrass lo llenaban de regalos y lo llevaban a todos esos viajes que hacían. Con ellos había recorrido medio mundo, había conocido a mucha gente interesante y había aprendido toda clase de cosas maravillosas sobre la magia, todo lo bueno que podía hacer con ella.

Su tía Daphne y su esposo Theodore Nott eran los que más lo consentían, lo querían como a un hijo y siempre estaban invitándolo a su casa para comer y Scorpius sabía que cuando él iba a su mansión, tendría un regalo y todas las golosinas que mamá no lo dejaba comer. Desafortunadamente él no tenía primos porque la tía Daphne no podía tener hijos por eso él les decía que los quería mucho y eran sus segundos papás, eso siempre los hacía felices.

Pero de entre todos los miembros de su familia, a la que más quería Scorpius era a su abuela Narcissa. Esa mujer de porte majestuoso y mirada fría se trasformaba por completo cuando él le sonreía. Ella siempre estaba al pendiente de él, lo consentía, lo llenaba de besos y abrazos, le dedicaba su completa atención y le decía cuanto lo quería todo el tiempo; le preparaba el más delicioso helado de chocolate que hubiera probado jamás y lo quería más que a su propia vida. Scorpius sabía eso porque ya lo había defendido con uñas y dientes en alguna ocasión aunque esperaba que no tuviera que volver a hacerlo. No quería que nadie lastimara a su abuela, ella era buena, nunca haría nada malo.

- Flash back -

Cada uno somos nuestro propio demonio y hacemos de este mundo nuestro infierno.

Oscar Wilde

Scorpius se levantó esa mañana aún más feliz que todas las que podía recordar en sus cuatro años de vida. Su abuela le había prometido que lo llevaría ese día al Callejón Diagon a comprar una varita experimental.

Apenas el día anterior había tenido su primera explosión de magia accidental. Él había creído que se llevaría un castigo ejemplar por haber hecho explotar el jarrón favorito de mamá pero había resultado todo lo contrario: todos los adultos habían saltado de alegría y lo habían llenado de abrazos, besos y felicitaciones; la cena familiar terminó convertida en una de celebración en la que hasta su madre le había permitido comerse una doble ración de su pastel favorito, algo que nunca antes había sucedido. Pero las alegrías no habían terminado ahí, su abuela lo llevaría a comprar una varita en el Callejón Diagon. Nunca antes había estado ahí y eso sólo hacía aún más divertido y emocionante.

El lugar era maravilloso, aún más de lo que los cuentos del abuelo Lucius y su papá podían transmitir en sus historias; las tiendas le ofrecían fascinantes oportunidades, toda clase de aventuras a vivir; él quería entrar en todas ellas, conocer cada uno de sus rincones y saber qué es lo que contenían.

La gente también era interesante. Él nunca había visto a tantos magos juntos, a su casa sólo iba su familia y algunos cuantos amigos cercanos de sus padres y sus abuelos, por eso los observaba detenidamente y buscaba encontrar algo que le ayudara a conocer su historia, algún gesto que los delatara y él pudiera sentirse conectado con ellos.

Había tantos y tan variados magos que él se sentía mareado al no poder enfocar correctamente su atención en alguien, quería conocerlo todo, saberlo todo sobre todos aquellos que lo rodeaban en ese momento que no quería irse jamás de ese Callejón tan maravilloso. Pero alguien llamó poderosamente su atención, un niño de unos ocho años corría por la pequeña plaza, reía y saltaba por el lugar como si le perteneciera, como si él fuera el único ahí. Scorpius quiso acercarse a él, conocerlo, hacerlo su amigo e invitarlo a su casa, que conociera a su abuela y a sus padres, hasta quería tener su cabello tan peculiar, ese azul turquesa que sobresalía en medio de los colores tan conocidos como aburridos: rubios, castaños, negros y pelirrojos. Un color que probablemente su mamá no aprobaría pero que él quería tener más que nada.

-¡Abuela! Mira lo que encontré.

El niño detuvo su interminable risa para mostrarle a su abuela una piedra perfectamente redonda y brillante del suelo. Scorpius observó también detenidamente a la mujer, la sonrisa que le dedicó a su nieto fue tan bonita como la que Narcissa le dedicaba a él. Ahora también quería conocer a esa mujer, quería tenerla cerca, tenía que ser tan buena como su abuela, seguro que ellas se llevarían muy bien.

Scorpius comenzó a escribir toda una historia en su cabeza: el niño del cabello azul turquesa y él serían los mejores amigos del mundo, sus abuelas también serían amigas y platicarían mientras sus nietos jugaban en el jardín. De esa forma él podría tener algo que deseaba desde hacía un tiempo, un hermano; eso sería ese niño para él, el hermano que su mamá ya no podía darle.

Su abuela le sonrió nuevamente y le ofreció un enorme helado que el niño acepto gustoso; parecían completamente felices y Scorpius se sintió aún más atraído por ellos, sus ganas de acercarse eran cada vez más poderosas, dio unos pasos con su mejor sonrisa y elevó su mano a modo de saludo, como había visto hacerlo un montón de veces a su papá cuando llegaban sus amigos a visitarlo. Esa seña llamó la atención de la mujer, Scorpius quedó sorprendido por lo bonitos que eran sus ojos castaños pero en cuanto sus miradas se encontraron su semblante cambió por completo: la sonrisa de sus labios se borró y la amabilidad en sus ojos cambió por el odio más profundo que él hubiera visto jamás; se quedó congelado en el exacto lugar en el que se encontraba, desilusionado por el terrible fracaso que había experimentado, su primer intento de hacer un nuevo amigo no había dado frutos porque la bruja se levantó inmediatamente y se llevó a su nieto, alejándose de él y de sus ilusiones.

Ya no se sentía tan contento como lo había estado esa mañana pero como no quiso preocupar a su abuela continuo sonriendo. La perspectiva de ir a Ollivander lo animó nuevamente, su varita estaba cada vez más cerca; el lugar era pequeño pero eso no le importó porque las estanterías repletas de varitas le hicieron que se olvidara de todo lo demás, en algún lugar estaba la suya, podía sentirlo. Claro que para tener una varita de verdad tenía que esperar hasta los once años pero eso no le importaba, él sólo quería una varita.

La campanilla repiqueteó al cerrarse la puerta, anunciando a su propietario que tenía nuevos clientes que atender. Era joven y salió de la trastienda con una sonrisa, eso elevó aún más el ánimo de Scorpius pero tal como había sucedido con la abuela del niño con cabello azul turquesa, la sonrisa del joven también se borró cuando observó detenidamente a su abuela.

La mirada de odio fue casi tan corrosiva como la que aquella mujer le había dedicado; él no alcanzaba a comprender porque eso sucedía, ni su abuela ni él habían hecho nada malo, nunca le habían causado ningún daño a nadie. Narcissa lo tomó de la mano con fuerza al ver el cambio de actitud en el hombre y a Scorpius le preocupó el miedo y otro sentimiento que no pudo identificar en la mirada de su abuela.

-¿Cómo se atreve? ¿Cómo…? – el hombre parecía incapaz de contener todo el odio que había en su mirada, la varita en su mano lanzó chispas de un verde ponzoñoso que no le gusto nada a Scorpius. El escupitajo que salió de sus labios fue a parar al rostro de su abuela. – ¡Asquerosa moritfaga! ¿Cómo se atreve a presentarse en la tienda de mi tío después de todo lo que le hicieron?

Narcissa retrocedió unos pasos. Había cometido una estupidez, lo había olvidado por completo, el sobrino favorito de Ollivander ahora dirigía la tienda y como el resto del mundo mágico conocía la historia que la ataba al anciano. El miedo la estaba paralizando, ¿cómo había podido llevar a su nieto a ese lugar? ¿Por qué había sido tan tonta como para creer que todo sería olvidado?

Había sido una estúpida, una verdadera estúpida. Lo que habían hecho nunca sería olvidado, nunca los perdonarían y ella no podía culparlos, ellos eran los malos, los villanos en todas y cada una de las historias de terror que atormentaban la vida de los buenos, de los héroes.

Lo que sucedió a continuación fue tan rápido que Scorpius no tuvo tiempo de reaccionar.

-¡Crucio!

-¡NO!

Ambos gritos se mezclaron en sus oídos para luego dar paso al dolor más insoportable que él hubiera sentido jamás, prefería la muerte antes de volver a experimentarlo.

Duró sólo unos segundo pero para Scorpius fue lo peor que había experimentado en su vida, lo siguiente que fue capaz de reconocer fue un grito de dolor por parte del hombre y los brazos de su abuela cubriendo su cuerpo y corriendo para salir de ese lugar, él pudo ver como el brazo del hombre estaba en carne viva a causa de un fuego que se esforzaba por apagar antes de que su abuela saliera por completo de la tienda y se apareciera en medio de su desesperado intento por escapar.

Ese fue el día en la que la perfecta burbuja de felicidad sufrió un daño irreparable.

- Final -

Esa no fue la última vez que Scorpius escuchó esa palabra que no terminó de comprender hasta ese día. "Mortífago" continuó apareciendo en su vida, situación que le creo varios conflictos emocionales porque cada vez que él y su familia estaban rodeados de otros brujos que no pertenecían a su círculo de amigos, siempre era la misma reacción, el mismo odio en la mirada de todo mundo, el mismo desprecio.

Él no podía comprender por qué la gente odiaba tanto a su familia, ellos nunca habían hecho nada malo, nunca pero toda esa gente, todos esos magos y brujas parecían tener otra opinión y todo parecía ir de mal en peor en esos momentos.

Toda la felicidad que Scorpius había experimentado en sus ocho años de vida se vio feamente interrumpida con un suceso que lo hizo desear volver el tiempo atrás y enmendar todos los errores que familia había cometido.

Su abuela, la siempre fuerte y estoica Narcissa Malfoy estaba gravemente herida.

Todo había ocurrido como cuatro años atrás, demasiado rápido como para que Scorpius pudiera comprender lo que sucedía: sus abuelos habían salido a una cita de negocios y habían terminado en un bosque, nadie le explicó cómo es que eso había sucedido, lo único que le dijeron es que había ocurrido un malentendido y se había desatado un duelo entre los presentes, varios hechizos habían impactado directamente en el pecho de su abuela y ahora no sabían si sobreviviría.

-¿Por qué? ¿Por qué no odian si nosotros no hemos hecho nada malo? ¿Por qué odian a la abuela si ella es tan buena?

Esas fueron las únicas preguntas que Scorpius podía pronunciar, lo que lo había atormentado durante años y le había robado la alegría que tanto se habían esforzado por darle en su familia. Quería saber la verdad y la quería saber de una vez por todas.

-Creo que es tiempo de contarle lo que sucedió – su padre lo observó durante unos segundos, intentando decidir entre continuar mintiéndole para que su mundo no se viera afectado o decirle la verdad y perderlo por completo.

-¡Draco! – era la primera vez que en la voz de su madre se escuchaba la suplica pero también había un profundo dolor y algo que Scorpius identificó como vergüenza, misma que estaba en los ojos de su abuela en día que se enfrentó con el vendedor de varitas.

-¡Quiero saberlo todo! – pidió. Ya estaba cansado de tantas dudas, de toda esa idea de falsa felicidad que inundaba a su familia cada vez que la palabra "Mortífago" salía a relucir en sus vidas. Quería saber por qué los odiaban.

-Piénsalo bien, Draco, una vez que lo cuentes todo, ya no habrá vuelta atrás – su abuelo parecía estar aterrado.

-¡Andy! ¡Andy, perdóname! – la voz de su abuela era un doloroso susurro, había vergüenza y arrepentimiento en su lastimero llamado.

-¿Quién es Andy? – cada vez surgían más y más dudas y preguntas en la cabeza de Scorpius – ¿Por qué la abuela la llama desde su lecho?

-Acompáñame.

Scorpius no había comprendido del todo aquello que tanto parecía aterrar a su familia, ¿qué podía ser tan grave?, pero ahora no podía dar vuelta atrás, él fue el que pidió la verdad y tendría que afrontarla como le habían enseñado su padre y su familia, con la cabeza en alto.

El despacho de su padre siempre había sido un límite que él nunca había cruzado, lo que su padre hacia ahí durante horas era un misterio que no había intentado desvelar porque sabía que su padre se molestaría mucho por ese motivo le sorprendió cuando Draco le cedió el paso. El lugar estaba repleto de libros, documentos importantes y una que otra fotografía familiar, las cortinas dejaban entrar la luz del sol pero había velas para cuando trabajaba de noche. Su padre se sentó detrás del elaborado escritorio de fina caoba, él se sentó frente a él.

Scorpius encontró esa actitud demasiado impersonal, todo lo contrario a su relación, era como si de pronto él se hubiera trasformado en uno más de los clientes de Draco Malfoy y estuvieran reunidos para concertar una nueva transacción. No le gustaba pero tal vez era la única forma en que su padre podía explicarle las cosas.

-¿Te has preguntado alguna vez por qué siempre uso camisas de manga larga? ¿Por qué hacen lo mismo el abuelo Lucuis, el tío Theo y el resto de mis amigos?

Sí, Scorpius se había hecho esa pregunta con anterioridad, inclusive se la había hecho a su madre pero no obtuvo respuesta alguna. Su padre, su abuelo, su tío y todos los amigos de papá, incluso algunas mujeres, siempre llevaban los brazos cubiertos, incluso en los calurosos días de verano en los que jugaban al aire libre, nunca los mostraban; él lo había encontrado curioso porque papá ya salía del baño con la camisa puesta y nunca le había visto los brazos.

-A cruzado por mi cabeza – respondió, no quería darle demasiada importancia a un asunto tan trivial, lo que le interesaba era la verdad.

-Lo que sucedió con tú abuela, lo que ha venido sucediendo a lo largo de los años, tiene mucho que ver con el hecho de que nunca muestre mis brazos, ni siquiera en la privacidad de mi casa – comenzó a explicar Draco, eso hizo que un mal presentimientos se apoderara del humor de Scorpius.

-¿Qué es lo que quieres decir?

Pero su padre no le respondió, sino que comenzó a arremangarse la manga izquierda, lo hizo lentamente y Scorpius pudo ver que esa simple acción parecía resultarle dolorosa; de repente ya no quiso saber nada más, quería continuar creyendo que todo era culpa de los demás, que su familia era buena y que nunca habían hecho nada malo.

-Todo tiene que ver con esta marca.

Scorpius contuvo un grito de sorpresa. La blanca y perfecta piel de su padre había sido mancillada por una marca horrible, una marca, que sin comprender su significado, aterró al niño. Y es que nada bueno podía surgir de esa asquerosa calavera negra con una serpiente saliendo de su boca, incluso parecía tener vida propia, como si en cualquier momento comenzaría a moverse. Le infundió miedo y una terrible desazón al ver el terror con el que su padre la miraba.

-¿Qué significa eso? – Scorpius luchaba por contener el llanto.

-Es la marca tenebrosa – la respuesta de su padre sólo lo hizo sentir aún peor. – Es la marca que nos condena a todos lo que alguna vez transitamos por el camino de la oscuridad.

-No. No, eso no puede ser verdad – la desesperación no lo dejaba respirar, no quería comprender lo que su padre le decía. – ¡Tú eres bueno, el abuelo, la abuela, todos son buenos!

-No siempre lo fuimos – Scorpius no pudo continuar controlando sus ganas de llorar, las lágrimas lo traicionaron al escuchar esas palabras salir de los labios de su padre. – Hijo, quiero que me escuches, quiero que escuches cada palabra que te digo sin interrumpirme, porque si lo haces, la vergüenza que cargo sobre mis hombros no me permitirá continuar – él asintió. – Cometí un error al mentirte, al hacerte creer que siempre fui el hombre que soy ahora pero no podía soportar la idea de perder tú cariño, de ver tú mirada de odio y vergüenza al saber la clase de padre que en realidad tienes… – Draco abría querido bajar la mirada, ocultarse detrás de una máscara pero no lo haría, su hijo merecía conocer la verdad y se la diría mientras lo observaba directamente a los ojos, él no cometería el mismo error de sus padres, si perdía el respeto y amor de su hijo, lo haría mirándolo a los ojos y no oculto detrás de su máscara de mortífago. – La historia comienza aún antes de mi nacimiento…

Draco comenzó a hablar sobre Voldemort, de quién era, lo que pensaba, lo que hacía, de todo el terror que causo, de las muertes que provocó, del daño que causó al mundo muggle y mágico. De la primera guerra, de la participación de su abuelo y su asociación con el mayor mago tenebroso del mundo, de los ideales que defendía y por los cuales había secuestrado, torturado y matado a gente inocente; de su tía Bella, la que él creía que había muerto de una enfermedad grave pero que en realidad había sido asesinada por ser una mortífaga, la seguidora más fiel de Voldemort, de todo el terror que sembró, de todo el daño que causó; le habló de la caída de ese terrible mago, de todas las mentiras que dijeron y usaron para evitar ser enviados a Azkaban, de los años en los que creyeron que estaban a salvo, de las ideas que su padre le había inculcado a él, del odio con el que creció sobre los "sangre sucia", de todas las maldades que realizó cuando fue un estudiante y se creía superior sólo por tener la "sangre limpia"; le habló del regreso de Voldemort y de su unión a él, de ser un mortífago y sentirse orgulloso de serlo, de ser como su padre, de defender sus ideas.

Scorpius quería arrancarse los oídos, dejar de escuchar, de olvidarse por completo de todas las atrocidades que había cometido su familia por defender las creencias de un fanático psicópata, de todo el dolor que había causado. Ahora comprendía el por qué del odio y eso sólo lo aterraba aún más, lo hacía sentir triste.

Continuó hablando de cómo estuvo a punto de asesinar a tres personas inocentes con tal de ganarse la simpatía de ese loco, de cómo presenció asesinatos y no hizo nada para impedirlos. Le dijo que Ollivander había sido su prisionero y su abuela lo había torturado hasta el cansancio sólo para obtener información. Le habló de su participación en la batalla de Hogwarts, de su intención de seguir ayudando a ese loco por ganar, de lo cerca que estuvieron de morir o ser enviados a Azkaban…

-Sólo lo evitamos porque nos rendimos antes de la muerte de Voldemort y porque tú abuela le salvó la vida a Harry Potter – su padre guardó silencio después de eso, intentando descubrir algo en los inexpresivos ojos de su hijo. – Todas esas reuniones en el Ministerio, no eran sobre negocios, sino el juicio que nos hicieron.

Scorpius estaba luchando contra sí mismo. Había escuchado claramente cada palabra que salió de sus labios, las había comprendido a la perfección, imagino cada uno de los horrores que le fueron narrados y se puso en la posición de toda esa gente a la que habían dañado. No podía culparlos por todo el odio que sentían hacia su familia pero tampoco podía dejar de pensar en todo el cariño, el amor, los cuidados y la felicidad que le habían dado; los quería, los quería a todos sin importar lo que hubieran hecho en el pasado, eso había ocurrido aún antes de que él naciera. ¿Por qué toda esa gente no podía ver que habían cambiado? ¿Qué ya no eran los mismos villanos que habían sido antes?

También comprendió que las terribles cosas que habían hecho no podían ser olvidadas, él no olvidaría si alguien hubiera torturado y asesinado a las personas que más amaba…

-Te condenamos a una vida oprobio, degradación, serás juzgado por los pecados que cometimos – Draco, que en toda su narración lo había visto a los ojos, bajo la vista a causa de la vergüenza que sentía y derramó unas lágrimas silenciosas. Eso fue más de lo que pudo soportar Scorpius, él nunca había visto a su padre llorar.

-Yo los quiero por lo que son ahora – le dijo corriendo hasta su lado y abrazándolo. – ¡Ustedes cambiaron, ya no son así!

-No merezco el amor que me tienes.

Eso era más de lo que Draco había esperado que sucediera. Desde que su hijo había nacido, la idea de contarle la verdad, de ver el posible odio que le tendría al enterarse de todo, lo había atormentado, su cabeza se había llenado de terribles historias en la que Scorpius renegaría de ser el hijo de un mortífago, de venir de una familia de asesinos y terminaría abandonándolos. Pero que su hijo le dijera que lo quería y que permanecería a su lado… eso nunca lo había podido imaginar. Lloraron abrazados durante un largo rato, ambos intentando sanar las heridas que había en su alma.

-¿Quién es Andy? – preguntó después de lo que a Draco le pareció una eternidad.

-Es la hermana mayor de tu abuela – la respuesta de su padre lo dejó sorprendido. Su abuela sólo había hablado de su hermana Bellatrix, nunca le dijo que tenía otra hermana.

-¿Cómo…?

-La familia de tu abuela, los Black, creían en los mismos ideales de Voldemort, odiaban a los sangre sucia, a los muggles y estaban convencidos de que debían morir – comenzó a relatarle. – Andrómeda, Andy, es la hermana de en medio, ella se enamoró de un mago hijo de muggles y se escapo con él, abandonando a su familia. Todos renegaron de ella, la borraron del árbol genealógico y se olvidaron de que alguna vez había existido, o eso hasta que Voldemort regresó. Tu tía Bellatrix se obsesionó con deshacerse de ella, de su descendencia.

-¿Lo hizo? ¿Asesinó a su propia hermana? – Scorpius no podía creerlo, eso iba aún más allá de sus fuerzas, él nunca haría una cosa así, nunca.

-No – la escueta respuesta de su padre lo preocupó aún más, había algo aún más terrible detrás de eso. – Su esposo, Ted Tonks tuvo que huir al ser un sangre sucia, pero los carroñeros lo asesinaron al resistirse a la captura. Ellos tuvieron una hija, Nymphadora, ella era una auror que lucho durante la batalla de Hogwarts, Bellatrix la asesinó…

El corazón de Scorpius se encogió de miedo. Había visto fotografías de su tía por la casa y siempre le habían causado una desagradable sensación pero ahora, al enterarse de todo eso, simplemente no podía creer que su abuela aún las conservara. ¿Cómo podía hacerlo?

-…ella estaba casada con otro mago, Remus Lupin, también murió a manos de otro motífago en medio de esa batalla. Tú… – Draco titubeó al decirle lo que venía a continuación. No quería arriesgar más de lo que ya había arriesgado a su hijo.

-¿Qué? ¿Qué puede ser tan terrible que no puedas decírmelo después de todo esto?

-No es algo terrible – le respondió su padre. – Es sólo que no sé cómo es que esta información podría afectarte; ya has visto la forma en que la gente reacciona al estar cerca de nosotros y lo que tengo que decirte podría cambiar muchas cosas.

-¡Por favor, sólo dilo!

-Nymphadora y Remus tuvieron un hijo. Él, al igual que Andrómeda, sobrevivió. Se llama Teddy Lupin y tiene alrededor de 16 años.

-¿Estás diciendo…? Yo tengo un… ¡Tengo un primo! – con todas las malas noticias de las que se había enterado en ese día, nunca pensó que recibiría una que le alegraría en verdad. Por fin tenía al alcance lo que había soñado durante mucho tiempo: un primo, lo más cercano a un hermano que podía tener, alguien más de su edad, alguien con quien compartir todo el cariño que tenía, alguien con quien realizar travesuras, alguien…

Fue en ese momento que recordó al niño de cabello azul turquesa y todas las historias que se había inventado en ese limitado periodo de tiempo. Ese niño que se había convertido en un amigo imaginario que lo acompañaba en sus solitarios juegos en la mansión. Ahora tendría a alguien real con quien hacer todo aquello que había soñado.

-No quiero que te hagas muchas ilusiones, Andrómeda nos odia a todos y dudo mucho que quiera tener una relación con nosotros, mucho menos permitir que su nieto…

Pero Scorpius no lo escuchaba, sus oídos y su imaginación lo habían llevado muy lejos, a ese lugar donde su familia volvía a ser feliz y él tenía un primo, un verdadero primo. Tal vez no sería el niño que había imaginado, pero eso ya no importaba.

- 20 de agosto del 2014 -

Se dirigió nuevamente al Callejón Diagon. Ese tenía que ser el día, tenía que ser porque de lo contrario no sabía que sería de él.

Scorpius había pasado las dos últimas semanas recorriendo el Callejón Diagon en busca de dos personas que solamente había visto una vez en toda su vida: una mujer de cabello y ojos castaños y un niño con cabello azul turquesa. Su padre le había hablado de ellos, le había mostrado una imagen de los dos en el Profeta y él estaba bastante confiado en que los encontraría, tenía que hacerlo porque la salud de su abuela dependía de ello.

El ánimo de Scorpius decayó. Desde que su abuela había sido atacada, no había recuperado su salud, los sanadores no les daban esperanzas. La edad de Narcissa no era la mejor para recibir esa cantidad de hechizos y esperar una pronta recuperación pero él sabía que su abuela podía soportar eso y más, en todo caso, lo que la tenía postrada en cama y sin ánimos, era la terrible culpa que cargaba en sus hombros.

Ahora que lo sabía todo, él podía comprender el por qué de la tristeza que siempre había estado presente en los ojos de su abuela, las lágrimas que derramaba cuando creía que nadie la veía y su insistencia en que él aprendiera a perdonar, a no odiar a las personas, a ser un buen niño… todo lo que ellos no habían sido.

Scorpius sabía que estaba pidiendo demasiado. Que las heridas que tenían las personas por la guerra no sanarían del todo y que la hermana de su abuela había sufrido, probablemente, más que todo el mundo por las acciones que habían realizado miembros de su familia. Pero él les explicaría la situación, él les haría ver que su abuela había cambiado, que el resto de su familia también lo había hecho, que ya no eran los monstruos que ellos recordaban… habían aprendido de los errores de su pasado y los habían corregido con él; él no odiaba a los magos nacido de muggles, nunca los llamaría sangre sucia y mucho menos se uniría a ningún mago tenebroso, en todo caso, lucharía contra él y todo se le debía a las enseñanzas que fu familia le había inculcado.

En esos momentos encontraba irreal que el niño que había conocido cuatro años atrás, el que él había querido conocer y hacer su amigo, era en realidad su primo. Encontraba verdaderamente extraña la forma en que trabajaba el destino, el cual había puesto en su camino a dos miembros de su familia aún antes de saber que lo eran. Todo en su cabeza daba vueltas, la historia que le había contado su padre más de dos meses atrás, toda la información que había recolectado sobre Teddy y Andrómeda, la precaria salud de su abuela y ese recuerdo donde su tía abuela lo observaba con verdadero odio cuando apenas era un niño de cuatro años.

Había pensado presentarse directamente en su casa, conocerlos y contarles toda la historia pero el odio de Andrómeda lo hacía recular; no se sentía con las fuerzas necesarias para enfrentarla, sentía que le lanzaría un cruciatus en cuanto lo viera parado afuera de su casa. Por eso había tomado la decisión de acercarse primero a Teddy, él parecía ser bueno, amable, comprensivo y aún no tenía la edad necesaria para hacer magia fuera del colegio, tal vez ese era el principal motivo por el cual lo había elegido a él y no a su abuela.

Ni siquiera el mejor helado de Florean Fortescue logró subirle el ánimo. Había pasado las dos últimas hora recorriendo el Callejón sin encontrar ningún rastro de Teddy, ni de su cabello azul turquesa, tal vez lo había cambiado después de todo era un metamorfomago, pero algo dentro de su interior le decía que no, que ese continuaría siendo el color. Ya quedaban pocos días para el ingreso a Hogwarts y Teddy como el resto de sus estudiantes debía que comprar los libros y demás materiales. Tenía que hacerlo.

Sucedió lo mismo que la primera vez, todo pareció perder importancia cuando una cabellera azul turquesa apreció en medio de una abarrotada heladería. El corazón de Scorpius comenzó a latir con fuerza, la adrenalina lo impulsaba a gritarle en ese mismo momento a su primo quién era y lo que quería, contarle todas las historias que había inventado teniéndolos a los dos como protagonistas… pero no lo hizo, se conformó con seguirlo a la distancia y buscar el momento adecuando para acercarse a él.

Caminó detrás de él durante algunas cuadras, lo observó hablar con sus compañeros de estudios, era tan amable y decía chistes muy graciosos; puso especial atención a los materiales que compró e imaginó todas las cosas que podría enseñarle habiendo cursado cinco años en el mejor colegio de educación mágica. Lo vio detenerse en una tienda y observar el escaparate durante más tiempo del que había pasado en las demás tiendas, parecía interesado en una pulsera, tal vez tenía novia.

Scorpius estaba tan distraído imaginando un montón de cosas que no se dio cuenta hasta que fue demasiado tarde. Teddy giró sobre sí mismo y clavó su mirada color miel en él. Él tenía aún la vista fija en su cabello azul pero al ver que Teddy lo estaba observando de regreso, desvió la mirada, pero Teddy lo observaba de la misma forma que Scorpius lo observaba a él, parecía que intentaba reconocerlo, tal vez Teddy había sentido lo mismo que él había sentido cuando lo conoció, tal vez también estaba en busca de su familia.

-¿Tú nombre es Teddy? – tal vez no había sido la mejor forma de iniciar una conversación pero no tenía mucho tiempo, su abuela podría estarlo buscando en esos momentos y no quería encontrársela.

-Sí, soy yo – y le ofreció una sonrisa y su mano. Scorpius lo observó nervioso pero aún así le estrechó la mano. Quería decírselo de una vez pero no sabía cómo hacerlo. – ¿Te encuentras bien? ¿Alguien te está siguiendo?

-No, estoy bien – le respondió intentando controlar su nerviosismo. – Es sólo que quería conocerte y hablar contigo – Scorpius vio la extrañeza en los ojos de Teddy pero no le importó, pronto sabría la verdad.

-No comprendo. ¿Por qué quieres hablar conmigo?

-Aquí no puedo decirte nada – los nervios se apoderaron nuevamente de él. – ¿Podemos vernos en el parque que esta a unas cuadras de la entrada muggle del Caldero Chorreante mañana a las diez?

-En verdad no comprendo qué es lo que tienes que decirme – insistió. – Ni siquiera me has dicho tú nombre.

-Mi nombre es…

-¡Teddy!

El grito de Andrómeda lo tomo por sorpresa y lo hizo pegar un brinco a causa del susto. En verdad no quería tener cerca a Andrómeda mientras le contaba su parte de la historia a Teddy, podía ver el odio en sus ojos y sabía que no lo escucharía y tampoco permitiría que su nieto lo hiciera. Y él tenía que convencer a Teddy, tenía que hacerlo, estaba convencido de que la salud de su abuela mejoraría inmediatamente en cuanto se hermana se acercara a ella, aunque solo fuera por unos segundos.

-¡Por favor! Veme mañana, tiene que ver con nuestra familia – le imploró antes de salir corriendo.

- Horas después -

Teddy no durmió esa noche, ni siquiera pudo disfrutar cómo todas las veces anteriores su comida con los Weasley, ni esos momentos robados con Tori lograron sacar de su cabeza a ese niño rubio de ojos azules y a la mujer que era increíblemente parecida a él; sus palabras aún retumbaban en su cabeza "¡Por favor! Veme mañana, tiene que ver con nuestra familia".

¿A qué familia se refería? Teddy no tenía más familia que su abuela Andrómeda, no había nadie más, no tenía primos ni hermanos, ni tíos, nadie sólo su abuela. ¿Y si le estaba jugando una broma? Esa era una posibilidad; todo mundo lo conocía, conocían su historia: su abuelo había muerto a manos de carroñeros en medio de una terrible guerra, sus padres habían muerto en la famosa pero fúnebre batalla de Hogwarts, los habían asesinado a todos, toda su familia había perecido a manos de asesinos fanáticos…

Teddy había crecido escuchando la historia de amor que había unido a sus padres, lo mucho que lo habían querido, fue durante poco tiempo, pero por lo menos los tuvo a su lado unos meses, lo valientes que habían sido al luchar para que él y el resto del mundo mágico pudieran vivir en paz. Su abuela nunca lo había engañado, siempre le había hablado con la verdad, por muy dolorosa que esta había sido, con el tiempo también se enteró de todo lo demás, de todas las muertes que habían ocurrido, de toda la gente buena que nunca pudo conocer: sus tíos Sirius y Regulus, el gran ojoloco Moody, Dumbledore, Snape, Dobby y muchos más que seguramente lo hubieran querido mucho.

Pero también sabía de Voldemort, de sus mortífagos: los Malfoy, Dolohov, los Carrow, los Lestrange, la maldita de Bellatrix, esa mujer desalmada que le había robado la vida a su madre… Teddy aún tenía pesadillas donde esa mujer lo atormentaba, soñaba con terribles escenas donde podía ver el alegre rostro de su madre sufriendo terribles maldiciones a causa de esa mujer para después asesinarla con verdadera sangre fría.

Era verdad que sus padres eran héroes pero eso no le ayudaba a ahuyentar las pesadillas por las noches de luna llena o la tristeza de no tener una familia.

Eso lo hizo recordar al niño. Él le había hecho soñar con algo que nunca se había permitido: una familia propia, una donde todos tenían la misma sangre y podía identificarse con otros, tal vez alguno de ellos tendría sus mismos ojos, el mal temperamento (porque sí, a veces Teddy se enojaba y su abuela sentía que el mundo se venía abajo) o su extraño gusto por el jugo de calabaza con jalea de fresa. Él nunca había soñado con tener un primo o un tío de verdad porque sabía que no los tenía y que por mucho que quisiera a los Weasley y a los Potter y ellos lo quisieran a él, ellos nunca serían verdaderamente su familia.

Teddy aún podía recordar con total claridad la primera y única vez que le había preguntado a su abuela sobre su familia:

- Flash back -

La gente se cree antes una gran mentira que una pequeña, y si la repites con la suficiente frecuencia la acabarán confundiendo con la verdad.

Walter Langer

La navidad se acercaba, esa era la época del año favorita de Teddy porque su abuela relajaba sus reglas y él podía comer todos los dulces, pasteles y demás golosinas que él quisiera, podía salir a jugar a la nieve y hacer ángeles o tener peleas con bolas de nieve encantadas con los tíos George, Ron, Percy y Charlie, también podía jugar con Tori y James, quedarse en sus casas todos los días que quisiera y ayudar a las tías Fleur, Ginny y Hermione con los pequeños Dominique, Rose y Albus. Tenía siete años pero él ya se sentía todo un adulto.

Pero eso último se le olvido mientras jugaba en el parque bajo la supervisión de su abuela. Era su salida especial, solo los dos; habían desayunado panqueques con deliciosos trocitos de fresa y plátano, chocolate caliente y fruta fresca, había comprado castañas calientes afuera del parque muggle y ahora él jugaba con sus amigos, niños muggles que vivían cerca de su casa y con los cuales siempre jugaba cuando iba al parque y tenían este divertido juego llamado futbol en que él era verdaderamente bueno, no podía estarse divirtiendo más o eso por lo menos hasta que los niños tuvieron que marcharse porque todos tenían que reunirse con sus familias para comer.

Ellos le contaron que todas sus familias se reunían en una casa y tenían una enorme cena familiar, los visitaban sus abuelos y venían tíos con sus primos de todas partes del país, de lo mucho que se divertían jugando con ellos y de todos los regalos que recibían. Teddy quiso contarles de lo que hacía él en la Madriguera pero no pudo hacerlo porque entonces tendría que decirles también sobre la magia y eso era algo que no podía hacer.

-¿Tú familia también te visita en Navidad? – le preguntó Alex, uno de sus mejores amigos muggles.

-No, sólo somos mi abuela y yo – respondió Teddy con tristeza.

-¿No tienes tíos o primos?

Pero Teddy ya no tuvo tiempo de responder porque la madre de Alex se lo llevó a él y al resto de los niños porque ya era tarde y su familia los esperaba.

El regreso a casa fue bastante más tranquilo que la ida al parque. La pregunta de Alex aún rondaba su cabeza y había hecho que muchas preguntas se dispararan en su interior pero no sabía cómo hacerlas. Cuando su abuela hablaba de su familia sólo se refería a su abuelo Ted, a su hija y a su nuero, no había nadie más y Teddy nunca había preguntado por sus bisabuelos o si alguna vez había tenido tíos o tías.

Andrómeda estaba preparando la cena cuando se dio cuenta de algo: durante toda la tarde no había escuchado romperse ningún jarrón en la sala o en el piso de arriba y que también Teddy había estado muy callado y serio desde que habían regresado del parque, eso no era normal en su nieto, mucho menos con la navidad tan cerca porque por esos tiempos, Teddy estaba tan emocionado que rompía todos sus jarrones antes de que pudiera repararlos mediante magia.

-Abuela – la sorpresiva aparición de su nieto le sacó un susto. Teddy nunca era tan silencioso.

-¿Qué ocurre querido? – le preguntó mientras tomaba la ensaladera de cristal que tanto le gustaba.

-¿Dónde están tus padres? – esa pregunta, en ese momento fue como un balde de agua helada. Sus manos perdieron fuerza y la ensaladera se hizo añicos al chocar contra el suelo. Teddy nunca pensó que una pregunta tan sencilla pondría tan mal a su abuela.

-Están muertos – esas palabras salieron de sus labios como si tuvieran vida propia, no era una mentira pero tampoco era la verdad. – ¿Por qué preguntas ahora? Nunca antes lo habías hecho.

-Tenía curiosidad por saber de dónde vengo y quién fue mi familia – Teddy no estaba mintiendo, esa siempre había sido su eterna duda. – Tú nunca hablas de ellos, ni siquiera conozco sus nombres.

-Se llamaban Luis e Isadora, ellos murieron aún antes de que naciera tú madre – no tenía el valor de decirle la verdad, no podía decirle que sus bisabuelos eran Black y que habían renegado de ella porque se había enamorado de un sangre sucia, que la borraron de su vida y que apoyaban al hombre responsable de la muerte de su abuelo y padres.

-¿Tienes hermanos o hermanas?

-No, fui hija única – tampoco podía decirle que tenía dos hermanas, mismas que tenían esposos mortífagos y mucho menos podía decirle que Bellatrix, su hermana mayor había asesinado a su sobrina sólo porque era hija de un sangre sucia y se había enamorado del licántropo que era su padre.

-¿Por qué nunca hablas de tus papás? – los ojos de Teddy eran los mismos de su madre en esos momentos: grandes y brillantes ojos negros, al igual que los de Ted, su amado esposo.

-Porque su muerte fue muy dolorosa para mí y porque no quería que también sufrieras por ellos – había tanta sinceridad en las palabras de su abuela que Teddy no tuvo dudas.

-Yo nunca te voy a dejar, abuela, yo siempre voy a estar contigo y te voy a querer por todos ellos para que ya no te sientas triste.

Y Teddy abrazó con fuerza a su abuela, tanto que la hizo llorar de felicidad o eso es lo que pensó Teddy en esos momentos pero Andrómeda también lloraba por la vergüenza que le producía mentirle a su nieto, pero no podía decirle la verdad, no podía contarle toda la inmundicia en la que estaba metida su familia y tampoco podía romperle el corazón al decirle que su propia tía había asesinado a su madre.

- Final -

Su abuela no podía haberle mentido, ese niño estaba equivocado, él no tenía más familia que su abuela pero…pero tampoco podía negar que al estrechar la mano de ese niño había sentido algo, un sentimiento al que no había podido ponerle nombre pero que era real, definitivamente real.

Al día siguiente, Teddy salió de su casa después de desayunar con su abuela y se despidió diciéndole que había quedado con unos amigos, su abuela no sospechaba nada, después de todo no tenía por qué hacerlo.

No quería utilizar la Red Flu porque de esa forma su abuela sabría a dónde se dirigía y no quería preocuparla por si todo resultaba ser una broma de mal gusto, tampoco quería aparecerse, ya podía hacerlo pero le resultaba desagradable. Tomó el autobús, sabía moverse tan bien en el mundo muggle como en el mágico, así se lo había enseñado su abuela y él tenía que reconocer que ambos mundos eran maravillosos a su manera, después de todo él no quería ser uno de esos magos anticuados que no se acercaban al otro mundo sólo por ignorancia.

Cuando llegó al parque no le fue difícil localizar al niño, quien sobresalía inmediatamente de todos los demás que andaban por ahí. Era el único que estaba elegantemente vestido y no corría por el lugar como un desquiciado, aunque Teddy se dio cuenta de que intentaba entablar conversación con algunos de los niños pero sin mucho éxito.

-Hola – saludó Teddy y el niño dio un respingo. – ¿Siempre eres así de nervioso?

-No acostumbro pasar mucho tiempo entre muggles – le respondió con una sonrisa a modo de disculpa. – Soy Scorpius, por cierto, no alcance a decirte mi nombre ayer.

-¿Scorpius? ¿Ese es tú nombre, en serio? – y soltó una carcajada, nunca había escuchado un nombre tan raro para un niño. – Te llamaré Scor.

Scorpius se hubiera molestado por la carcajada que había soltado Teddy pero no lo hizo porque por primera tenía un apodo, un apodo que le había puesto su primo.

-Tal vez es algo fuera de lo común pero la familia de mi mamá tiene la costumbre de nombrar a sus hijos en honor a las constelaciones o estrellas – le dijo y le recordó a Teddy el motivo de su reunión.

-¿Cuándo dijiste que esta reunión tenía que ver con nuestra familia, a qué te referías? – Teddy de pronto se sintió escéptico y Scorpius algo desilusionado, no quería llegar tan pronto a esos temas, primero quería conocerlo.

-Tú abuela y mi abuela son hermanas.

Esas palabras sorprendieron a Teddy. De todas las teorías que se habían formado en su cabeza, el que su abuela tuviera una hermana no había sido una de ellas; él había pensado que tal vez se trataba de un primo de un primo del hermano del primo de un tío lejano de su abuela, de esos parientes que no sabes que tienes porque sus ramas en el árbol genealógico están kilometralmente alejadas. Teddy sintió que se enfurecía, después de todo sí se trataba de una broma.

-Mi abuela no tiene hermanas, es hija única.

Scorpius vio el enojo en la mirada de su primo y la desilusión que sentía se hizo aún más pesada. Él ya sabía que las cosas no iban a ser fáciles pero por suerte había llevado pruebas.

-Creo saber por qué tú abuela Andy nunca te hablo de su familia…

-Ella si me habló de ellos – lo cortó de golpe pero el uso del diminutivo del nombre de su abuela lo sorprendió, sólo había escuchado a una persona llamarla así. – Sus padres murieron antes de que naciera mi madre, se llamaban Luis e Isadora.

-No, sus nombres eran Cygnus y Druella y mi abuela se llama Narcissa – Scorpius buscó en las bosas de su abrigo y sacó una vieja fotografía, que después entregó a Teddy.

Teddy había escuchado alguna vez decir al tío Ron un dicho: "una imagen vale más que mil palabras" y en ese momento no hizo más que darle la razón. La fotografía era vieja, de eso no había ninguna duda porque la Andrómeda que le sonreía no era más que una adolescente y abrazaba a otra joven, una niña rubia y de ojos azules, la misma que había aparecido en su casa y a la cual su abuela había abofeteado…

Scorpius había dicho que su abuela se llamaba Narcissa y él la reconoció de los viejos periódicos, era uno de los mortífagos, era la hermana de…

Él nunca había hecho la conexión, después de todo, ¿por qué tenía que hacerlo? ¿Cómo iba él a pensar que su abuela tenía dos hermanas? ¡Y qué hermanas! Dos mortifagas que habían causado dolor y destrucción en el mundo… había visto infinidad de veces el rostro de Narcisa en el Profeta pero nunca no la había relacionado con la mujer que su abuela había abofeteado tantos años atrás, ese recuerdo había quedado olvidado en su memoria hasta que no se había encontrado con ese niño rubio.

El golpe de comprensión le causó un daño físico a Teddy, no se trataba de una broma, tampoco de un familiar lejano, no, eso era una trampa y él había sido lo bastante estúpido como para servirse en bandeja de plata pero no se los dejaría tan fácil, lucharía contra ellos tal como lo habían hecho sus padres, su abuelo.

-¿Dónde están? – esa pregunta desconcertó a Scorpius pero el odio en los ojos de Teddy mató todas sus ilusiones.

-¿Quién? No hay nadie más, sólo yo.

-¿Y tú te crees que yo soy estúpido? – el odio en su interior creció tanto que olvido por completo que aún era menor de edad, que estaba en un parque muggle y sacó su varita para apuntar al pequeño mortifago. - ¿Dónde está el resto de tus compañeros? ¿Dónde están los demás mortifagos?

Scorpius esperaba muchas cosas con esa reunión pero nada como eso. Podía ver como la varita de su primo le apuntaba directamente al pecho y el odio en sus ojos. No podía culparlo, seguramente conocía la historia de su tía Bella y lo que había hecho, además de la de su abuela, todas las cosas malas que había hecho pero eso no lo hacía menos doloroso.

-No soy mortifago – le aseguró levantando las manos en muestra de paz y de que no tenía intensiones de atacarlo. – Mi padre lo fue, mi abuelo también y mi abuela hizo muchas cosas malas pero yo no… yo nunca haría nada malo.

Teddy no quería creerle, no quería sentir ese arrepentimiento en su interior por estar apuntando a un niño con su varita pero lo hizo, se sintió como un desalmado porque había creído en su palabra.

-Lo siento, no quería… es sólo que…

-No te preocupes – Scorpius casi podía sonreír. Teddy le había creído y eso ya era una enorme ganancia. – Si te soy sincero, esperaba una que otra maldición antes de que me escucharas. Conozco tú historia y yo mismo dudaría de alguien con mi pasado.

-Porque no nos sentamos – dijo señalando la banca más cercana. – Así que eres mi primo – Teddy sintió algo extraño al decir eso, algo extraño pero maravilloso. – ¡Esto es sorprendente! Yo nunca creí que tendría uno de esos.

-Sí, lo mismo pasó por mi cabeza cuando me enteré – y ambos compartieron una sonrisa.

-Pero, ¿por qué ahora? ¿Por qué me buscaste hasta ahora? – puede que le hubiera creído cuando le dijo que no le haría nada malo pero Teddy aún tenía muchas dudas. – ¿Por qué no nos buscaron antes?

-Yo no sabía que mi abuela tenía otra hermana y mucho menos que yo tenía un primo.

-¿También te ocultaron la verdad a ti? – Scorpius asintió. - ¿Por qué te la contaron ahora?

Scorpius sabía que tenía que explicarles las cosas pero no sabía cómo reaccionaría cuando se enterara de todas las otras cosas malas que su familia le había hecho a su abuela. Pensó que lo mejor sería explicarle las cosas desde el inicio y no con decirle que Narcissa estaba gravemente enferma porque sentía que de hacerlo así, Teddy pensaría que se trataba de una forma de manipularlo.

Como te decía hace unos momentos, el verdadero nombre de tus bisabuelos es Cygnus y Druella Black…

Y así fue como inició Scorpius, hablándole de la historia familiar de los Black, de la infancia de sus abuelas y del tipo de relación que habían mantenido, de las historias que su abuelo le había contado, del resto de la familia (Teddy reconoció el nombre del tío Sirius y comprendió otras cosas que no había podido comprender de él), también le habló del tío Regulus (su abuela no hablaba mucho de él pero el tío Harry siempre le había dicho que era uno de los hombres más valientes que existieron), le habló de Voldemort y de la relación que mantuvo con su familia, de que su abuela Andrómeda había huido porque no creía en esas ideologías y porque amaba a Ted Tonks. Le habló también de todo el odio que sentían hacia ella porque creían que los había traicionado, le habló de los horrores de la primer guerra tal cual se lo había contado su padre, de la caída de ese mago a manos de Harry Potter, de la participación de toda su familia en la segunda guerra, de todo lo que habían hecho y de su arrepentimiento, de todas las cosas buenas que habían hecho desde entonces.

Scorpius deseaba con todas sus fuerzas que Teddy le creyera, que fuera capaz de ver más allá del terrible pasado de su familia y se diera cuenta que todo era completamente diferente ahora, que él era bueno y que nunca, nunca haría algo fuera de la ley.

Teddy lo escuchó con atención; él ya conocía parte de lo que le había contado pero escucharlo de sus labios, de la forma en que se lo habían contado su padre y abuelo, fue algo que a él lo llevó a experimentar sentimientos que creyó nunca tendría por las personas que le habían arrebatado a su familia. No sabía qué hacer, una voz dentro de él, una muy parecida a la de la abuela Andrómeda y la del tío Ron, le decía que no podía creerle, que no debía hacerlo, que era como su familia, un mortifago y lo único que quería era hacerle daño. Otra voz, algo así como la del tío Harry y la tía Hermione, le decía que no podía ser malo, que sólo era un niño, su primo y que el hecho de que sus abuelos y padres hubieran cometido errores, no quería decir que él también los cometería.

También se sentía como un tonto, no había hecho todas las conexiones que hasta ese momento había hecho: conocía el apellido de Sirius y Regulus, sabía que Narcissa había sido Black antes de ser Malfoy, que los tres eran primos, también sabía Bellatrix, y sabía que su abuela, Andrómeda, era prima de Sirius, por lo tanto existía un grado de familiaridad entre su abuela, Bellatrix y Narcissa. Pero Teddy no había querido verlo, había aceptado la verdad de su abuela porque una parte de él no quería estar emparentado con mortifagos… se sintió un ser mezquino, él quería seguir siendo uno de los buenos, uno de los que no tenían lazos con personas como los Malfoy pero ahora que sabía la verdad, ahora que había comprendido las cosas, sabía que todo mundo podía cambiar, que no eran buenos o malos para siempre, que había puntos intermedios, escalas de grises.

-Sabes, yo ya te conocía – le dijo Scorpius después de lo que a Teddy le pareció una eternidad. – En una ocasión te vi con tú abuela, estaban en el Callejón Diagon y tú habías encontrado una piedra brillante en el suelo y querías que ella la viera. Andrómeda me vio cuando te observaba, eso pareció molestarle porque inmediatamente te alejó.

Teddy no supo que responder a eso. Él recordaba ese momento, había sido una de sus salidas especiales pero también recordaba el mal humor que había acompañado a su abuela el resto del día. ¿Qué pensaría ella cuando le dijera dónde había estado y con quién? Porque en verdad los odiaba.

-Tal vez pienses que estoy loco, – continuo – pero me caíste bien en ese momento y deseé que fueras mi hermano, tanto que te convertiste en algo así como un amigo imaginario – Scorpius bajó la mirada al decir eso, sintiéndose cohibido ante la falta de respuesta de Teddy, tal vez no le había creído. – Comprenderé si no quieres saber nada más de mi, después de todo, lo que te dije no es algo que se asimile al segundo siguiente.

Nuevamente no obtuvo respuesta. Teddy parecía incapaz de decir nada y Scorpius comprendió que había fracasado y eso le dolía en el alma porque en verdad había pensado que Teddy le creería y le ayudaría a convencer a Andrómeda para que fuera a ver a su abuela. Aceptando su derrota, se puso en pie, dejaría a Teddy en paz y se marcharía.

-¡Espera! – le pidió Teddy antes de que Scorpius diera el segundo paso.

Todo en su cabeza daba vueltas pero si había comprendido algo era que Scorpius decía la verdad, era bueno y, lo más importante, era su primo. Ahora que lo tenía, no lo dejaría salir de su vida, por mucho que su abuela lo odiara.

-¿Sí? – preguntó Scorpius llenó de ilusión.

-Te creo – no era una respuesta muy elaborada pero era lo único que Scorpius necesitaba. - ¿Así que somos primos? – Preguntó con una sonrisa – Yo nunca había tenido uno de esos, tampoco una tío, todo esto es nuevo para mí y no sé cómo… qué es lo que… creo que me estoy repitiendo a mí mismo – sonrió nuevamente para calamar sus nervios.

-No te preocupes, todo esto es nuevo para mí también – Scorpius no podía haber esperado por algo mejor.

-Tú ya hablaste mucho, Scor, así que ahora me toca a mí contarte algunas cosas para que me conozcas.

-Eso me gustaría.

Y estuvieron hablando durante horas. Teddy le habló de los Potter, los Weasley, de lo que hacía con ellos, de Hogwarts, de sus amigos, de las clases y los profesores, de todo lo que había aprendido y de algún que otro secreto del colegio que había descubierto. Scorpius estaba fascinado, nunca había tenido a nadie con quien hablar, alguien que le enseñara diferentes trucos o travesuras para cuando ingresara al colegio; Teddy era genial, estaba en el equipo de Quidditch de Gryffindor, era prefecto y tenía muchas responsabilidades pero aún así se las arreglaba para meterse en problemas y divertirse con sus amigos.

-Esto de tener un primo de verdad es genial – le dijo al final de su larga conversación. – No quiero que me malinterpretes, quiero mucho a los Weasley y Potter pero yo siempre había quería tener alguien más con mi misma sangre. Antes sólo éramos la abuela y yo.

-Te comprendo – le aseguró Scorpius. Él nunca le pediría que dejara de querer a los demás. – Aunque no somos muy parecidos.

-Eso tiene fácil arreglo – le dijo sonriente. Y haciendo una extraña mueca de dolor, su cabello cambió de azul turquesa al rubio platinado idéntico al de Scorpius, así como su mentón se volvió más afilado, dando a su rostro facciones más angulosas pero conservó sus ojos color miel.

-Te pareces a mi padre cuando era adolescente – le dijo en medio de una carcajada. – ¡Lo que haces es genial! Ojala yo pudiera hacerlo.

-Es algo con lo que se nace – Teddy sabía que eso se escuchaba demasiado socarrón pero eso no pareció importarle a Scorpius – ¿Puedo hacerte una pregunta?

-Claro.

-¿Existe otra razón por la cual me buscaste a mí en estos momentos? Porque siento que aún quieres decirme algo más.

Scorpius no había olvidado en ningún momento el principal motivo por el cual lo había buscado pero la emoción que le había producido el hecho de que Teddy lo aceptara, lo había dejado con más dudas sobre si debía decirle o no. ¿Y si pensaba que sólo lo buscaba por interés? Pero tenía que arriesgarse.

-Se trata de mi abuela, – inició, tenía que buscar las palabras adecuadas para no echar todo a perder – por algo que le sucedió fue que me enteré que tenía otra hermana y yo, un primo.

-¿Qué le sucedió? – preguntó con verdadera preocupación.

-Hubo un accidente y ahora está gravemente enferma – de todas las respuestas que Scorpius pudiera haberle dado, Teddy no se esperaba esa. – Los sanadores ya han hecho todo lo que podían, ahora depende de ella pero al parecer, no quiere mejorarse.

-¿Por qué? – Teddy no podía comprender lo que le decía Scorpius, ¿cómo alguien no quería mejorarse?

-Siente un terrible dolor por todo lo que ocasionó. También desea el perdón de tú abuela pero…

-Comprendo, Scor – le dijo apenado. Recordaba a la perfección la reacción que había tenido su abuela cuando Narcissa se había presentado en su casa, no había muchas esperanzas – ¿Hay algo en lo que pueda ayudarte?

-¿Podrías ayudarme a convencer a tú abuela de ir a ver a la mía? No tiene que perdonarla ni nada de eso, tal vez su sola presencia basta para que mi abuela se recupere. Porque si ella se muere… – pero no pudo continuar porque la sola idea le producía un terrible dolor.

Teddy sintió el peso de la petición de Scorpius sobre sus hombros. Andrómeda Tonks era la mujer más obstinada que él hubiera conocido jamás, cuando tomaba una decisión no había poder humano que la hiciera cambiar de opinión y ya tenía muchas décadas alimentado todo el odio y rencor que sentía contra su hermana y todo lo que representaba. No la estaba juzgando, nunca lo haría porque comprendía y conocía a la perfección todo el dolor que cargaba por la pérdida de su familia.

Pero también comprendía y conocía el dolor que embargaba en esos momentos a Scorpius. Teddy no sabía lo que sería de él si algo le llegara a suceder a su abuela, tal vez se moriría de tristeza…

-¡Claro que te ayudaré, Scor! Para que están los primos si no es para ayudarse cuando más lo necesitan.

Eso fue más de lo que Scorpius hubiera podido soñar. Soltó un grito de alegría y abrazó a su primo en señal de agradecimiento.