Tenía veintidós años cuando los rayos atravesaron su cuerpo y catorce años después aun llevaba las marcas con ella.

En el momento en que la prueba finalizó y las luces se apagaron, el domo se levantó lentamente pero Bonnie seguía luchando contra las presas que la sujetaban y cuando por fin se liberó, su cuerpo cayo de la camilla pero ninguno fue capaz de acercarse a ella para asistirla.

Sus manos intentaban con violencia aferrarse al suelo bajo suyo pero era inútil, sin conseguir ayuda de los presentes y con dificultad para ponerse de pie, sus omóplatos se corrieron algunos centímetros y mientras su piel se abría, dos medianas alas se expandieron a lo largo de su cuerpo.

Su camisa se había rasgado y caído al suelo y solo su ropa interior quedaba al descubierto. Las alas se desplegaron cuando los médicos intentaron acercarse y envolvieron su cuerpo como un escudo protector.

Pero Bonnie no recordaba haber desplegado las alas pero si recordaba el dolor que había sentido cuando su piel se cortó.

Luego de que las alas hubieran bajado la guardia, los médicos levantaron a Bonnie y, en vez de acostarla sobre la camilla, decidieron que era mejor mantenerla en los corredores médicos en una sala privada. Constantes diagnósticos demostraban que estaba en perfecto estado pero la radiografía tomada al momento en que los rayos gamma se habían soltado decían lo contrario.

Sus pulmones tenían entonces una pequeña y rara estructura y la caja torácica había cambiado, no solo de tamaño, sino que también de forma. La estructura ósea de Bonnie era completamente distinta a su última radiografía. Y eran más que obvias las razones. Ahora tenía alas.

Su abuelo llegaba tres veces todos los días a visitarla, y aunque Bonnie no despertaba, él se sentaba junto a ella para contarle como avanzaba su estado médico.

A la tercera semana, Bonnie abrió los ojos y los ojos de su abuelo fueron los primeros en verla. No tardo en preguntarle cómo se sentía y declarar lo mucho que él lo lamentaba.

―Si pudiera volver el tiempo atrás y revertir lo que te ocurrió, cariño, créeme que lo haría.

Pero no fue capaz de hablar porque la primera vez que lo intentó, todo en su interior le dolió. La segunda, y temerosa de que volviera a dolerle, la voz simplemente no salía. La tercera vez que lo intentó y con solo intentarlo, la sangre le brotó de forma espontánea, como si hubiera recibido un golpe.

Y entonces, al recordar que, en su interior los órganos o parte de ellos estaban cambiando, volvieron a hacerle nuevas pruebas. Y en la siguiente radiografía sus pulmones estaban apenas unos centímetros más unidos, dejando un evidente lugar entre en los omóplatos. Ahí mismo, donde las alas se habían desplegados por primera vez.

Tenía las marcas en la espalda, el abuelo intentaba curar las primeras heridas, aquellas tan violentas que le cortaron la piel. Habían hecho una división, el abuelo podía notarlo entonces cuando estuvieron menos rojas y un poco más aliviadas, como si se hubieran secado.

Solo deseaba que no le doliera la próxima vez que las alas decidieran salir.

Pero si tenía alas, tenía la duda de qué otras cosas habían causado los rayos gamma en el cuerpo de Bonnie. Podía ser cualquier cosa.

Lectura mental y hechicería. Pero no de la mala, tenía la habilidad de cambiar de forma, no solo a ella misma sino que también a las personas, los objetos y lugares. Tenía la habilidad de cambiar el entorno con solo imaginarlo. Y hacer que los demás creyeran y cayeran en el hechizo.

Los siguientes años fueron de gran ayuda para entrenar sus habilidades, y cuanto más pasaba el tiempo entrenando, más buena se hacía. Y no era muy difícil encontrar personas como ella, había conocido a muchos con condiciones similares. El gobierno fue de gran ayuda para el entrenamiento, aunque nunca faltaba oportunidad en la que no intentaran hacerle algunas pruebas. Decían que solo era rutina, pero ella no era estúpida y sabía que la estaban usando.

Ordenaron destruir el arma de rayos gamma y construir una la cual pudiera clonarse, tener miles de una misma y que fueran exactamente igual de potentes. Sin radiación en este caso.

Cuando el gobierno quiere proteger a su país, siempre lo hace con ideas terriblemente alocadas.

Conoció a un joven militar por aquellos días cuando entrenaba, le habían enseñado incluso artes marciales, era buena atleta y tenía movimientos hábiles. Siempre podían necesitar a alguien como ella entre sus filas.

Jack Goldwin, aunque todos lo llamaban Jaxberg por el simple hecho de burlarse de él, pero lo apreciaban, era un muchacho que hacía amigos con facilidad igual que Bonnie. Y se enamoraron. Y a él no le importaba el hecho de que Bonnie fuera diferente, decía que eso la hacía incluso más hermosa.

Y no tardaron demasiado con el matrimonio. Solo un año después y estuvieron casados. Y dos años después habían llegado los gemelos. Dos hermosos niños con los mismos ojos verdes de su madre y el cabello tan pálido como su padre. Y eran una familia feliz.

Lo eran. Hasta que los gemelos mostraron tener habilidades. Algo que a Jack no le molestó al principio pero que lo enfurecía con el paso del tiempo. Más habilidosos eran sus hijos, más furioso se ponía el padre.

―Solo son niños, Jack.

―Tienen nueve años, Bonnie. No es normal.

―Si ser diferente no es normal entonces tendrás que disculparme.

―Yo te conocí así, como eres y me enamoré de ti. Esto es diferente.

―No, no lo es. Es exactamente igual.

―No puedo soportarlo, Bon.

―Son tus hijos.

Ella jamás levantaba la voz, jamás discutía con su marido. Solo lo escuchaba gritar y eso era todo. Soportar sus rabietas. Incluso la primera vez que la golpeó ella no dijo nada, no discutió y no hizo uso de sus poderes, porque sabía que podía detenerlo, pero ella no era así y tuvo que soportar cosas como esas durante meses. Hasta que al fin supo porque se sentía tan molesto.

Él no poseía habilidades, no era igual a ellos, su familia era diferente y superior y él solo era un simple militar enclenque que hacía amistades por su simpatía. Y eso no lo completaba, no era feliz con solo eso. Él quería ser diferente, igual o mejor que su familia. Mejor que su esposa y mejor que sus hijos. Con habilidades inigualables, quería ser poderoso y que la gente le temiera. Ya no quería ser Jaxberg porque a la gente le gustaba burlarse de él, quería ser Jaxberg para que la gente lo respetara.

Y un día, sin saber cómo había ocurrido, Jack se deshizo de todo aquello por lo que alguna vez había luchado, todo aquello que había conseguido con amor. Lo había perdido todo.

Con una gema, con una simple gema que había conseguido en el mercado negro y que había llegado a ella con ayuda de un hechicero oscuro.

―Solo tócalos con la gema y su poder será todo tuyo.

Y lo hizo. Bonnie llego a casa cuando Jack estaba tocando con la gema a uno de sus hijos, el niño gritaba y se retorcía pero no era capaz de separarse de la gema, no hasta que su padre se dignara a apartarla de él.

Ella corrió hacia ellos, golpeo a Jack en el brazo y la gema se separó de su hijo de inmediato. Su hijo cayó al suelo y fue en ese momento cuando vio a su otro hijo de la misma manera, ambos dos, inmóviles para siempre.

Sabía que tenía que hacer algo de inmediato, pedir ayuda, convocar a su abuelo y a su equipo, pero su esposo la sostuvo del brazo y enfrento sus rostros. El frío de la gema le quemaba el pecho, ahí donde Jack la estaba presionando y pudo ver como los ojos de su esposo se volvían completamente blancos mientras ella se sostenía de sus brazos. Su cuerpo emanaba luz brillante, como si la gema tratara de hacerlo estallar, una luz violeta que le impedía ver con claridad.

Jack cayó al suelo y con él la gema. Estaba indiscutiblemente quieto, como sus hijos en el suelo y la gema, sobre los pies de Bonnie, brillaba con una tenue luz morada. No tuvo miedo de inclinarse y tomarla entre sus manos, tal vez la gema podía reanimar a sus hijos.

Pero por más intentos que había hecho ninguno de los dos abrió los ojos.

Jack estaba custodiado en la sala del hospital y el mismo día en que ella se despedía de sus hijos, él escapo hábilmente. Y esa fue la última vez que lo había visto y deseaba no volver a verlo nunca más.

Y no volvió a verlo, y se preguntaba si era realmente lo que ella quería.

La gema estuvo en manos del doctor Mayers por un tiempo hasta que el gobierno lo obligo a entregarla. Se descubrió que Jack había robado no solo los poderes de los niños sino que también la vitalidad de sus cuerpos, los había drenado hasta la muerte. Y cuando intento hacer lo mismo con Bonnie, simplemente había fallado, entregándole a ella mediante la gema, parte de los poderes de sus hijos.

Y no dudaban en que él también los hubiera recibido, ambos estuvieron en contacto con la gema en el mismo momento.

Como funcionaba, era un misterio que no pudieron descubrir. La gema en sí era una incógnita. Pero había quienes querían sacarle provecho y fue por eso que el gobierno se la quitó al doctor Mayers. Y pasó a manos de SHIELD, de quienes no se dudaba que podrían revelar el enigma.